Mi tía me sedujo II

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RESUMEN

Ella solo gemía y gritaba de placer. “Si puto, cógeme por el culo.” “Que rico se siente amor, dame más fuerte” “Este culo va a estar así siempre que quieras”. Sólo soporté unos 5 minutos más entre ritmos lentos y rápidos.

Agradezco enormemente que se tomen el tiempo para leerme y sobre todo, también agradezco sus comentarios, asiduos lectores (aunque me agradaría más retroalimentación). Me siento honrado de que pueda foguearme en el bello arte de la escritura y la redacción. Pido una disculpa por la tardanza, pero el trabajo y mis actividades como músico me absorben de una manera impresionante por estas fechas; sin embargo, me tomé un tiempo para ordenar el recuerdo de esta buena historia que me contó un amigo. En esta penúltima parte, llega casi a su final el relato que me contó “Mario”… Desconozco el cómo o si habrá continuado después de los sucesos que relataré a continuación o cómo habrá evolucionado la situación. Sin más, la segunda parte de la historia que me contó mi amigo…

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—Por lo menos – dijo mi tía – ya le puse el cuerno una vez. Después de quién sabe cuántas zorras se ha tirado ese cabrón, ya estoy sintiendo el desquite.

—¿Segura que quieres seguir con esto? – dije un tanto inseguro – podrías estar con cualquier otra persona. Debes de tener muchos pretendientes…

—Ay Mario, no mames – respondió mi tía agarrándome el paquete con descaro – Si tuviera tantos pretendientes, ¿estaría aquí contigo rogando que me vuelvas a coger y lo hagas cuando quieras? – y al notar que no contestaba, añadió – Si, si hay pretendientes, pero no creo que ninguno se preste a lo que quiero. Además tú no lo haces nada mal amor y me calientas muchísimo.

Aquellas palabras que sentí sinceras me excitaron. Mi verga, aun en una de las manos de mi tía, comenzó a despertar y ella lo notó expresando una sonrisa. La atrae hacia mí y la besé con lujuria. Con una de mis manos me apoderé de su culo y lo sobé con brío mientras ella me masturbaba de manera frenética. La empujé después de un momento de magreo y me levanté. Ella, instintivamente abrió las piernas y la penetré nuevamente. ¡Qué rica estaba mi tía! Doble sus piernas abiertas, las pegué lo más posible a su pecho y la taladré sin piedad en aquella posición. Ella profería alaridos ensordecedores mientras comenzaba a insultarme de nuevo. La calentura colmaba nuestros cuerpos y nuestras mentes otra vez.

“Ay, qué rica verga mijo, sigue así” “Vamos cabrón, dale duro a tu tía, dale duroooo!” “Si pendejo, así, fuerte… más, maaaaaas… MAAAAASSS!”

Mientras la penetraba con furia y sin piedad, apretaba sus pechos de vez en vez o le daba algún cachete en los muslos. En un momento de excitación extrema, llegué a escupirle en la cara y ella ni siquiera rechistó, al contrario. Mi saliva aterrizó en sus mejillas y cerca de su boca. Ella me miró con lujuria y, con sus dedos, recogió mi escupitajo y se lo llevó a la boca de la manera más lúbrica posible.

Aquello me calentó muchísimo y aumenté el ritmo, a pesar de que ya era bastante rápido. Presa de la pasión y el momento, apreté sus pechos con fuerza desmedida y ella explotó. Gritó estrepitosamente y me empujo fuera de ella mientras se encogía y formaba un ovillo con su cuerpo. Confuso, intenté penetrarla nuevamente pero ella me detuvo y en un susurro alcancé a oír un débil “dame un momento”. A los pocos segundos ella tuvo una pequeña serie de convulsiones y se volvió a quedar acurrucada.

Fueron a lo mucho 3 minutos, pero para mí fue una eternidad y, durante ese tiempo, luché porque no se me bajara la erección. Pero mi tía se recupero y con una sonrisa de oreja a oreja se levantó y me beso de forma inusitada. Fue con amor y con pasión a la vez. Fue un beso tiernísimo y a la vez muy mojado.

—Gracias por uno de los mejores orgasmos que he tenido. Hace mucho que nadie me hacía llegar al cielo. – me dijo mi tía después de aquél beso – Sobrinito, soy tuya. Ahora y cuando quieras. Si me coges así de bien, siempre vas a tener sexo. Quizá no sea tan loca como Angie o una joven incansable, pero si una mujer ávida de sexo. – tomó mi verga con una mano y la otra la posó sobre mi pecho – Perdona que te hiciera esperar, pero me diste un gran orgasmo. En recompensa, dime qué quieres y yo lo hago… Me tienes calientísima – y tomó una de mis manos y la colocó en su vagina. Estaba ardiendo

—¿Lo que yo quiera? – pregunté con alevosía

—Lo que quieras Mario. Mi culo es virgen, si lo quieres… Nadie lo ha penetrado más que con algunos dedos. Cógeme por ahí si quieres. Hazme fotos o un video. Lo que quieras cabroncito. Soy enteramente tuya. – dijo con emoción

—¿Nadie te ha cogido por el culo? – pregunté incrédulo. Ese culo era un monumento a la belleza y no creía que fuera completamente virgen.

—Nadie. Sólo Jesús y con los dedos. Sé que duele un poco, pero estaría dispuesta a intentarlo, si quieres. – respondió con timidez

—Pues me cortaste un poco zorra – dije intentando sonar un poco ofendido, pero lo cierto es que me sentía halagado de haberle proporcionado tanto placer a una mujer. Introduje dos dedos en su concha, ya empapada por culpa de mis dedos y añadí – pero por ahora quiero que te tragues mi leche.

—Pensé que jamás me lo pedirías… -  dijo con una sonrisa en el rostro y de inmediato se hincó

Mi tía era grande mamando verga. No pasaron ni 10 segundos y yo ya empezaba a gemir como un burro. Ella, de vez en cuando, volteaba la mirada y me observaba con aquellos ojos color miel tan tiernos. Su cara era un poema y cada vez me excitaba más. Acariciaba mis huevos mientras continuaba su trabajo de felación. Pasados unos 20 minutos, estaba a punto de terminar y le avisé. Ella se despegó de mi miembro y me soltó “Dame tu leche papasito, que esta zorra se la va a tragar toda” y se engulló nuevamente mi pene. Instantes después regué su boca con una ración impresionante de semen, a pesar de que, momentos antes, había descargado dentro de ella.

No dejó una sola gota y le levantó feliz. Yo terminé rendido y, sin importarme nada más, la besé. Metí mi lengua hasta el fondo de su boca y amasé sus hermosas, suaves y firmes nalgas. Nos acostamos en mi cama y unos minutos después, nos quedamos dormidos.

Y así fue mi primera vez con mi tía. Al día siguiente nos aventamos un mañanero breve, pero delicioso, pues ella tenía que irse a trabajar.

Descubrí que me había mentido con respecto a las llaves de su casa, pues al salir del edificio, se había cambiado y bañado. Menuda zorra, jejeje. Yo decidí no ir a la facultad y tomarme un día para asimilar todos los eventos sucedidos.

En primer lugar había tenido sexo con mi tía. ¡Mi tía! Y no sólo sexo. Había sido una cogida de fabula. Descubrir que mi tía era una zorra pervertida me hacía pensar tantas cosas. En segundo lugar, le estaba poniendo los cuernos a su marido conmigo, su sobrino. Eso era tremendamente morboso. Sexo filial y además infidelidad. De sólo pensarlo se me paraba nuevamente. En tercer lugar, teníamos una semana para dar rienda suelta a nuestros deseos, pero... ¿qué pasaría después? Sin duda alguna, tendría sexo siempre que quisiera con ella; sin embargo, ¿y si la familia se enteraba? ¿Qué pasaría si mi primo o mi tío nos descubrían? ¿Qué pensaría la familia?

Mil y un preguntas rondaban por mi mente mientras desayunaba y miraba las caricaturas infantiles de la televisión matutina. Distraído, adelanté algunos de mis deberes escolares y ordené un poco el departamento.

En la limpieza se me fue el tiempo y dieron las 3 de la tarde, hora en la que llegaba mi tía. Estaba ansioso y caliente. Me quedé en bóxer y una playera mientras esperaba a mi tía comiendo sobras de lo que mi madre había dejado en el refrigerador. A los pocos minutos escuché el coche de mi tía entrar al estacionamiento e irremediablemente me puse nervioso. Escuché sus pasos, pero entró a su departamento.

Curioso, me asomé por la ventana, pero no la vi. Estaba ya en su casa. Y esperé. Esperé y mucho tiempo. No me despegué de la ventana durante una hora y ella ni siquiera se asomó. A pesar de que habíamos cogido la noche anterior y en la mañana, quería sexo. Estaba cansado, pero la idea de volver a sentir ese culo sobre mis manos, era más fuerte. Así que, con la premisa en mi mente de que debíamos aprovechar la semana, bajé a su departamento.

Toqué el timbre ansioso y aguardé. “¿Quién?” escuché decir a mi tía. Respondí con la voz más gruesa que pude hacer con mi nombre. “¡Mario!” escuché su voz ansiosa y pasos apresurados para abrir la puerta. Y ahí estaba ella, con un pantalón de vestir, saco y blusa. Maquillada ligeramente y feliz. Crucé con cautela el umbral de la puerta y al escuchar como cerraba la puerta no me contuve más y perforé su boca con mi lengua mientras la tocaba por todas partes.

Ella correspondió gustosa y se dejó hacer. “Ay Mario, que energía. Me encanta cuando un hombre está ansioso y tan “cariñoso” dijo entrecortadamente mientras la iba desnudando. No tardé mucho en tenerla en ropa interior y ella ya me tenía desnudo y con la verga a punto de explotar. Se hincó y comenzó a mamar como desesperada. ¡Qué delicia! Era toda una maestra.

Estábamos en eso cuando sonó el teléfono. Ella aminoró su marcha, se despegó lentamente de mí y fue a contestar el teléfono. “Hola mi amor, ¿qué tal Puebla?”  dijo con el teléfono en mano, una sonrisa tierna y pícara y regresó a mí. Yo estaba de piedra: era mi tío al teléfono. Sin importarle nada, ella se volvió a hincar y, aún hablando con su esposo, reanudó su labor. “Todo bien amor… Ah, es que estoy comiendo una “paleta” que uno de “mis niños” me regaló” dijo descaradamente mientras seguía mamando. Lo hacía ruidosamente sin importarle que su esposo escuchara.

Debido al morbo de la situación (mi tía haciéndome una mamada y al mismo tiempo, hablando con el cornudo de mi tío) estaba dejándome llevar y solté un leve gemido. Ella se detuvo en seco y me miró severa, pero sonriendo levemente. Se llevó el dedo índice a los labios, indicándome que guardara silencio y siguió con su afanosa lamida. Tuvo una charla superficial con su marido mientras mamaba mi verga y colgó.

—Ese wey es un pendejo – dijo algo enojada – sólo habla para ver si no le estoy poniendo el cuerno

—Y ¿no? – dije riendo

—Pues se lo merece. Tiene a este cuero y no lo aprovecha. Mejor que lo aproveche otro. Por wey – decía sacándose mi verga de la boca y cuando terminaba alguna frase volvía a engullirla.

—Pues aprovechemos el tiempo que nos queda – añadí

—¿No estás cansado de ayer y de hoy en la mañana? – me preguntó con una sonrisa cómplice

—La verdad es que tengo ganas de más. Hacía más de dos meses que no cogía. Sólo tuve sexo con mi mano y no es lo mismo. – respondí entre gemidos y tras escuchar una leve risa añadí – Además quiero abrirte ese culo tan rico que tienes tía

—Ok… - me miró y aminoró la mamada – pero prométeme que tendrás cuidado. Si me duele mucho, paramos.

—Lo que te prometo es que te voy a hacer gritar, hija de tu puta madre – dije con tono dominante, tomé su cabeza y le encajé mi verga de nuevo en su boca. Solo la vi sonreír.

Minutos después terminé de nuevo en su boca y tragó gustosa mi ración de semen. Por inverosímil que parezca mi erección no disminuyó después de venirme. Levanté a mi tía y la conduje hacia el cuarto donde mi tío y ella dormían. De caminó le solté una buena nalgada y ella soltó una risita. La aventé en la cama y la penetré lentamente tras despojarla de sus últimas prendas. Ella lo agradeció con un gemido y comenzó a moverse rítmicamente con mi semilento, pero constante mete y saca.

Pasado un cuarto de hora, le dije que se pusiera a cuatro y lo hizo felizmente. La penetré de nuevo y chupé mi dedo pulgar hasta dejarlo rebosante de saliva. Abrí sus nalgas un poco y observé su ano. Era hermoso. Pequeño, ajustado y café. Comencé a frotarlo con mi pulgar y en un momento dado lo introduje. “¡Oh si cabrón, hazme tuya!” “¡Que rico coges sobrino!”

Movía mi pulgar dentro de su culo mientras mantenía un ritmo normal. Buscaba dilatarlo lo más posible para que la penetración no le doliera y lo disfrutara tanto como yo lo iba a hacer. Yo estaba en la gloria penetrándola, pero estaba muy lejos del orgasmo. Saqué mi pulgar y lo chupé. Lo introduje de nuevo, con firmeza, pero sin ser brusco. Lo retiré completamente y repetí la jugada.

Al parecer a ella le gustaba aquel tratamiento, pues cada vez gemía más y ella misma aumentaba el ritmo de la cogida que estaba recibiendo. Al mismo tiempo, chupé mi otro pulgar y forcé su entrada. Entró con asombrosa facilidad. Seguí con la cogida mientras que con mis pulgares dilataba su oscuro agujero. Ella sólo gemía y gemía mientras se movía como poseída. Después de unos 15 minutos de estar así, se la saqué y le solté una buena nalgada en el culo. Ella me volteó a ver con una sonrisa. “¿Por qué paras?” me preguntó y le solté otra nalgada. Gimió levemente y lo volvió a preguntar.

—Quédate como estas puta – le espeté – que ahora si te voy a dar por el culo

—Si me duele, paras cabrón. Al fin y al cabo, tienes una boca y una vagina a la que cogerte cuando quieras. – dijo autoritariamente

—Te va a doler, pero te va a gustar tía – le dije albureramente – ya verás que sí.

Me acerqué a ella y le di un lametón que abarcó su concha y su culo. Ella se estremeció y comenzó a gemir nuevamente. Devolviéndole el tratamiento oral que me había proporcionado hace unos momentos, logré lubricar su culo lo suficiente. De vez en vez metía uno o dos dedos en su orto para que no perdiera la elasticidad. Paré y la penetré por la concha una vez más. Mantuve un ritmo frenético por unos instantes y se la saqué. “Ahora si vas a ver lo que se siente ser culeada pendeja. Va a ser como un dolor de muelas: te va a doler, pero no vas a querer que te la saque.” Ella asintió a mis palabras y alzó un poco más su imponente culo. No me contuve más y le solté una fuerte nalgada. Comencé a introducir mi pene y ella soltó un respingo. “Mastúrbate lentamente” le ordené. Sentí como dirigía sus manos a su vulva y obedecía. Mi verga fue entrando poco a poco.

—¿Te duele? – pregunté preocupado

—Un poco, pero es soportable – me respondió

—Voy a seguir entrando. Va a la mitad – la previne

—Ok

Seguí avanzando hasta que entró casi por completo. Todo este proceso se realizó en silencio. Dejé mi verga reposar dentro de sus entrañas un momento para que se acostumbrara a su tamaño. Instantes después comencé a moverme lentamente. ¡Vaya que estaba apretada! Que delicia. Terminaría pronto si no me concentraba. Poco a poco aumenté el ritmo hasta llegar semilento.

—¿Te esta doliendo? – pregunté de nuevo

—Sorprendentemente no amor – dijo en tono normal – de hecho lo estoy comenzando a disfrutar

—Entonces voy a aumentar de ritmo – le dije

—Como quieras… me está gustando… pero dame otra nalgada. Fuerte, pero sólo una – me ordenó

Feliz, cumplí su orden. Ella gemía cada vez más y yo aumentaba de velocidad. Se la saqué entera y se la clavé de un solo golpe. Ella gritó de placer y dolor pero se movía. Sin más la taladré inmisericordemente. Ella gemía y le solté una que otra nalgada. “¿Te gusta zorra?” le decía “¿Te gusta que tu propio sobrino te haya desvirgado el culo?” “Eres una puta, una pendeja calientavergas”.

Ella solo gemía y gritaba de placer. “Si puto, cógeme por el culo.” “Que rico se siente amor, dame más fuerte” “Este culo va a estar así siempre que quieras”. Sólo soporté unos 5 minutos más entre ritmos lentos y rápidos. Le avisé que me venía y escuché un determinante “Lléname las entrañas con tu leche, hijo de tu puta madre.”

Exploté dentro de su orto, pero no disminuí la cogida. Aunque un hombre se venga, puede seguir unos instantes más antes de perder la erección. Y aproveché esos instantes, pues sentía cercano su orgasmo. Y al soltarle una última, pero fuerte nalgada se separó de mi y volvió a ocurrirle lo de la noche anterior. Se colocó en posición fetal y se convulsionó levemente. Yo solo la observaba con lujuria. En aquella posición podía ver perfectamente su vulva y su culo.

Una oleada de ternura perversa me cruzó el cuerpo y me recosté a su lado, abrazándola. Acariciaba su espalda mientras se recuperaba y le susurré, de la manera más tierna que me fue posible, un “gracias”. Al poco rato ella se recuperó, se volteó hacia mí y me besó. Se acurrucó sobre mi pecho y permanecimos abrazados un buen rato. El silencio, sólo roto por nuestras respiraciones agitadas, se terminó cuando hablamos.

—¿Te gustó tía? – le pregunté por fin

—Mario, me puedes coger por el culo siempre que quieras. – dijo – He tenido un orgasmo tremendo. Jamás imaginé que fuera tan delicioso. Mi culo es tuyo pendejo. Todo tuyo.

—Y vaya que tienes un culo, cabrona – respondí satisfecho – pero ahora si estoy algo cansado

—Yo también – convino conmigo – Después de tanto tiempo de no coger, necesito acostumbrarme a tu brío. Espero esto sea sólo el comienzo…

—Uy tía, la promesa de poderme coger a una vieja tan buena como tú cuando yo quiera, es demasiado buena para desaprovecharla – respondí – Te voy a dar verga hasta que te hartes, puta

—Eso espero amor, eso espero – dijo y añadió incorporándose un poco – Pero tenemos que tener cuidado que mi marido ni tu primo se enteren de esto. Debemos de ser muy cuidadosos. ¿Está claro?

—Mis huevos pendeja, yo te voy a coger cada vez que se me venga en gana – le dije pícaramente, pero al notar su dura y seria mirada añadí – Si, tendré cuidado.

Sonrió y me besó lentamente. Tomé uno de sus pechos en mis manos y lo amasé fuerte. Soltó un suspiro combinado con un gemido y se recostó nuevamente en mi pecho. Yo seguí acariciando su pecho suavemente y no noté cuando me quedé dormido.

La semana fue una jodienda en extremo abrumadora. Al no haber tenido oportunidad de coger durante un par de meses, estaba peor que un burro en primavera. Mi tía agradeció la ración diaria de 2 o 3 cogidas.

Pero, por desgracia, la semana terminó y, tanto ella, como yo, no sabíamos que hacer. Fuera del sexo (que era riquísimo), también era mi tía. Una mujer impactante en todos los sentidos. Ante la vida y las demás personas era muy tierna, dulce y siempre ponía buena cara al mal tiempo. Pero, cuando estaba en la cama, se transformaba en un ser completamente diferente. Era una loca incorregible, perversa y sumamente malhablada.

Quizá esa “unión de dulce y sal” fue lo que me conquistó. Y fue el sábado en la noche, cuando después de una rica, pero breve sesión anal, hablamos de que pasaría después de que volviéramos a nuestras “rutinas de vida”.

—Ya mañana regresa tu tío y tu primo – me dijo mientras acariciaba mi flácido miembro. Estaba recostada en mi regazo y su respiración, antes agitada, se comenzaba a normalizar. - ¿Qué crees que deberíamos hacer Mario?

—No sé cómo le vamos a hacer, pero yo quiero seguir cogiendo contigo – dije con seguridad

—Creo que va a estar difícil mi amor – respondió con sinceridad y melancolía en la voz – pero antes déjame hacerte una pregunta… ¿Qué es lo que sientes por mi?

Aquella pregunta me tomó por sorpresa. Era la clásica pregunta de mujer con trampa y, lo peor era que, si respondía erróneamente, la fantasía hecha realidad, se esfumaría. ¿Cuál sería la respuesta que ella esperaba? Al no saber que responder, mi mejor opción era la honestidad… y que pasara lo que Dios quisiera.

Inmediatamente acudieron a mi mente recuerdos de mi tía y míos. Aquel juguete costoso cuando era pequeño. Las noches en que me ayudaba con las tareas. Las salidas familiares y las alegres charlas. Su apoyo a todos cuando mi abuelo murió. La deliciosa lasagna en navidad (platillo suyo por excelencia) y la ayuda que siempre me brindó. La sencillez y practicidad que la caracterizaba. Su buen humor que pocas veces decaía. Su sonrisa, siempre amable y aquella voz eternamente dulce. Sus ojos color miel y sus bellas mejillas sonrosadas sin necesidad de maquillaje. Y me di cuenta de que, fuera del contexto sexual, aquella mujer me había cautivado como pocas. Sentía un amor muy difícil de explicar, pero era profundo. Era una combinación muy extraña entre lo carnal y lo filial. Es difícil decir lo que sentía.

—Aún es confuso para mí tía – dije después de un rato de meditarlo. Ella se incorporó y me miró a los ojos. En ese momento de desarmé. – Fuera de que el sexo, que es… puta, increíble… hay algo más. Te amo… Te amo tía. Te amo como mi familia. Te amo como mujer.

 No sé si era la respuesta que esperaba, pero de inmediato me plantó un beso. Sentí su lengua buscar la mía lentamente y simplemente correspondí. Fue un beso en extremo tierno, pero también cachondísimo a la vez. Instintivamente, la abracé y la atraje hacia mí.

Nuestra piel desnuda se rozaba, y cambiaba la temperatura del ambiente. Ese beso duró más de lo adecuado y sentía como mi virilidad comenzaba a despertar, a pesar de que instantes antes, había inundado sus entrañas con mi semilla. Sus manos acariciaban todo mi pecho mientras yo cubría su espalda con el mismo tratamiento.

Me incorporé y la coloqué suavemente debajo de mí. La miré a los ojos mientras acariciaba tiernamente uno de sus pechos con una mano, mientras que la otra mano se mantenía firme en su nuca. Ella me mantuvo la mirada y busqué penetrarla.

Entré firme y fácilmente. Ella suspiró de placer mientras la taladraba lentamente. De alguna manera, sus ojos eran como imanes a los míos y, aunque mis manos y mi cuerpo hacían lo que debían hacer, nuestras pupilas nunca perdieron el contacto. Todo transcurrió en susurros y un silencio casi reverencial, sólo roto por los sonidos que generaban nuestros cuerpos. Aquello fue una verdadera experiencia religiosa y no lo que predican en las iglesias.

Nos consumimos, nos amamos, nos desvivimos el uno por el otro durante media hora. Al terminar dentro de ella, caímos suavemente en su cama y dormimos.

Nos despertó el sonido de la puerta de su departamento al abrirse. ¡Oh por Dios! ¡Alguien había llegado! Reparé en el reloj del buró al lado mío y el alma se me vino a los pies. Once de la mañana del domingo. No podía ser que alguien hubiera llegado a esa hora. Lo más seguro era que fuera mi tío.

Había que actuar con prontitud. Inmediatamente me paré, tomé mi ropa y me metí al baño y abrí la regadera. De esa manera mi tía podría alegar que se estaba bañando y ella podría esconderse conmigo. Pero cuando pensé bien las cosas, caí en cuenta de mi error.

Si efectivamente mi tío estaba en la casa, nada le impedía entrar al baño con mi tía ahí. Seríamos descubiertos. Aún así, no se me ocurría otra cosa mejor que hacer. Mi tía estaba pálida, desnuda y paralizada a medio levantar en la cama, escuchando…

—¡Mamá! Ya llegué – se escuchó la voz inequívoca de mi primo - ¿Hay alguien?

—¡Joaquín! ¿Cómo te fue mi amor? ¿Todo bien? Perdona, me agarraste bañándome, hijo – dijo mi tía rápidamente mientras corría a mi lado y cerraba la puerta del baño tras de sí.

—Si mamá todo bien, aunque estoy cansado. Yo también me voy a bañar. – dijo mi primo e inmediatamente se escuchó la puerta de su cuarto abrirse. Momentos después, se escuchó la puerta del otro baño y la regadera abrirse.

Los dos soltamos un suspiro contenido. De inmediato me vestí con el mayor sigilo que pude, mientras que mi tía abría la regadera y se metía a bañar. Con una preocupación visible en el rostro, me corrió de su casa.

Pasaron alrededor de dos meses sin que pudiera estar o si quiera hablar con mi tía. Al final de ese día, mi tío regreso y no pude pasarme por su departamento. Los días siguientes ella me evitaba y, aunque le marcaba al celular o le mandaba mensajes, nunca obtuve respuesta. Estaba confundido, pero seguro de mis sentimientos hacia ella. Pero… ¿qué sentía ella hacia mi? ¿me correspondía o sólo quería tener sexo?

Mi mente era un mar de confusión. Hasta que un día, se me presentó la oportunidad perfecta para hablar con ella. Mi abuelo murió hace algún tiempo ya, pero cada año vamos a misa en su honor. Es una bonita tradición mexicana… Y gran parte de la familia se reúne. Después todos vamos a casa de mi abuela y comemos juntos. Y fue ahí donde se me presentó una buena oportunidad para, intentar algo…

—Voy por las tortillas – dijo mi tía a toda la familia que estaba reunida en la sala de mi abuela - ¿Hace falta algo más? ¿Refrescos o crema?

—No hija, está bien – respondió mi abuela – Tráete 3 kilos

—Yo te acompaño tía, para que no cargues – me apunté inocentemente yo

Por fortuna, nadie quiso ir y, aunque mi tía parecía incomoda, no tuvo más remedio que aceptar. Por mi parte, tenía dos cuadras enteras para ver que podía sacarle. Fuera de que mi verga estaba en ayunas de sexo, lo más importante para mí era saber que pensaba ella.

—¿Por qué no has contestado a mis llamadas? – dije inmediatamente cuando la puerta de la casa de mi abuela se cerró

—Mario, no quiero hablar de eso – me dijo sin mirarme

Esperé a que estuviéramos un poco más lejos y perdí los estribos. La tomé por un brazo, apreté fuerte y la empujé contra muro. Ella se resistía, pero la sujeté con mis dos brazos. Afortunadamente la calle estaba desierta y nadie nos vio. La miré a los ojos y la besé. Ella se resistió un poco, pero instantes después correspondió con su lengua taladrando en mi boca.

—Cómo extrañaba esto Mario – me dijo después de un largo y muy mojado beso. Nuestras respiraciones estaban agitadas

—¿Por qué? – le grité

—Está bien. Si quieres hablarlo, vamos a hablar. Pero no me culpes después – me sentenció y me soltó un rápido beso y caminó delante de mí. Yo la seguí – Mira mi amor… entiendo que tengas bastantes sentimientos encontrados hacia mí. Pero lo nuestro no puede ser.

—Pero yo jamás insinué nada… Tú fuiste la que me preguntaste y fui sincero contigo. Y tú nunca me dijiste nada… - le espeté algo airado

—Mario, cállate y escúchame – dijo firmemente y la obedecí

—Está bien. Pero yo también tengo cosas que decirte – le dije

—En primer lugar, tu primo sospecha que tengo un romance, aunque dudo que sepa con quien. Pero, por el amor de Dios, no debe enterarse. Creo que si nos pilló el domingo, pero no sabe que eres tú. Eso me asusta mucho. ¿Te imaginas si él o alguien de la familia se llega a enterar? – me dijo preocupada y un poco enojada al mismo tiempo y continuó – Por Dios Mario, cometimos incesto… un delicioso y excitante incesto… pero incesto al fin… ¿Te imaginas lo que pensaría tu abuela… o tus papás? Creme que si por mi fuera, te saco la verga ahorita mismo y te hago una mamada hasta que me des la leche que tanto extraño… pero no podemos. No podemos cabrón…

—No… no sabía… - dije incómodo. Ahora me sentía como el mayor idiota del mundo. No había pensado en eso. ¿Por qué no se me ocurrió antes? – Perdona tía…

—¿Es que acaso no lo notas cabrón? – me dijo enojada y yo quedé más confundido que antes - ¿Es que acaso no pudiste llegar a pensar que quizá yo también sentía lo mismo por ti?

—Yo…

—Mira Mario. Yo también siento algo por ti. Fuera del amor de familia, también siento algo por ti. Eres un buen niño. De verdad que sí y cualquier mujer sería afortunada al tenerte. Eres amable, eres tranquilo, noble. También eres muy guapo y eres genial en la cama. Pero, no sé qué pretendías al decirme que estabas enamorado de mí. ¡De tu propia tía!

—Pero…

—Mario – me interrumpió – Lo nuestro no puede seguir. Quizá ahora es fácil decir todas esas cosas. Pero, créeme, lo sé por experiencia, esas cosas derivan y se convierten en algo más. Tú aún eres joven y tienes toda una vida por delante. Lo que sientes y lo que yo siento por ti…

—¿Qué es lo que sientes por mí? – le pregunté mirándola a los ojos

—Yo también te amo Mario… yo también estoy enamorada de ti – me soltó con una mirada sincera y al borde de las lágrimas – Pero esto no nos va a llevar a ningún lugar bueno…

Me tomó de la mano y me besó tiernamente. Por alguna razón, sentí que la conversación estaba terminada. Era implícito un silencio para meditar las cosas. Hicimos el encargo de las tortillas en silencio y justo cuando estábamos en la puerta, antes de entrar me susurró “actúa normal. Nadie se debe de dar cuenta. En la semana te llamo. Te extraño” y sin más entró.

Y así entre charlas fugaces y encuentros mínimos, pasaron 6 meses. Meses en los cuales no recibí ni una manuela (expresión mexicana referente a la masturbación) por parte de mi tía. Y, por inverosímil que parezca, no podía sacarla de mi mente.

A raíz de aquella conversación, mi mente voló y voló lejos. Cada pensamiento que tenía, tenía que ver con ella. Mi tía, por su puesto, tenía razón en todo lo que me había dicho; no podía negar eso. Sin embargo, no podía dejar de pensar que hubiera una manera de lograr estar con ella. Y, observando la televisión, me surgió una buena idea de una excelente serie gringa.

Yo traté de acercarme a mi tía. La busqué, la llamé, incluso la intentaba atrapar en aquellas reuniones familiares en las que apenas me dejaba manosearla. Pero me dí cuenta de que, quizá, lo mejor no sería seguir insistiendo. Posiblemente a algunos les parezca repulsivo y me tachen de ser un pésimo hombre, pero bien dice el dicho: “en la guerra y en el amor, todo se vale”.

Ella, hasta cierto punto, me lastimó. Quizá no conscientemente, pero lo hizo. Su distancia, su indiferencia y el hecho de saber que ella sentía el mismo sentimiento y el mismo deseo, pero no hacer nada, me frustraban a niveles que no conocía. Así que, le devolvería el golpe. Pero sería un golpe bajo y en donde más le doliera: en su orgullo y en sus celos.

Si ella no me quería cerca, estaba bien. Ahora sería yo quien la atraería hacia mí. Claro si mi plan funcionaba… pero, ¿saben algo?, funcionó.

Me di a la tarea de conseguirme de nuevo novia. Y sencillamente fue demasiado rápido e inesperado. A las dos semanas de pensar en esta idea, recibí una llamada de mi ex: Angélica. Para no hacer el cuento largo, regresé con ella. Y curiosamente estaba matando muchísimos pájaros de un solo disparo, porque… siendo honestos, Angélica era mi novia. Fuera de todo el plan, sentía algo también muy fuerte por ella y, si tenía suerte, me ayudaría a superar este fracaso “familiar”; además de que podría volver a tener sexo y el plus de que mi tía (si era cierto lo que me confesó) se pondría un poco o un mucho celosa.

No fue difícil re introducir a Angie en el contexto familiar. Todo encajó perfectamente y nosotros dos, volvimos a las andadas. Sexo a full. No parábamos. Vaya que la extrañaba.

Bueno, para no extenderme mucho, resultó que después de un mes, fue la casualidad de que mi padre cumplió años y se armó una fiesta de niveles mayores. Toda la familia, amigos y vecinos nos reunimos para un buen rato de alcohol y risas. Me encargué de que Angie estuviera presente y tenerla muy caliente. El punto era que mi tía me viera con ella. Y cómo me comportaba con ella.

Y sucedió. Durante la fiesta noté como me miraba mi tía. Aunque permanecía siempre sonriente, de repente me miraba con unos ojos bastante despectivos. Aquello fue un triunfo para mi y se sintió de maravilla.

Presas del alcohol, Angie y yo, estábamos calientes y no perdimos oportunidad de perdernos un poco. Y mi siguiente acción quizá se haya pasado un poco de la raya, pero fue así. Le pedí a mi primo que me prestara las llaves de su depa, para echarme un rapidín con mi novia. El accedió con una mirada cómplice y me dijo que tuviera cuidado.

Al subir, venía manoseando a Angie. No es por nada, pero está bastante bien. Es un poco gordita, pero no mucho. Tiene buen culo, pero lo que más resalta es su pecho. Tiene 120 de puras tetas. Y completamente naturales. Es hermosa. Tiene los ojos verdes, cabello negro y un look de niña dark que la hacen muy sexy. Chaparrita y con unas manos delicadas.

En el barandal que da al patio de los departamentos, la besé ardorosamente y me fijé discretamente como mi tía tenía los ojos casi desorbitados. Sin más le sonreí con descaro y me metí a su departamento. Y todo lo vio ella.

Yo me concentré en Angie esperando en los días siguientes y con ansias la reacción de mi tía. Al cerrar la puerta ella ya se estaba quitando la playera que traía dejándome ver un bra negro y sus tetas a punto de desbordarse.

—¿Quieres verga zorra? – le dije mientras me desabrochaba apresuradamente el pantalón

—Oh si papi, vamos a recuperar el tiempo perdido

Se arrodilló y en cuanto mi verga salió al aire libre la engulló. Angie daba unas mamadas de ensueño. Además posee una garganta muy profunda, pues se engulle todo mi miembro sin problema. Ella me ha dicho que ha mamado miembros más grandes y no tiene problema.

Ella continuó con su mamada mientras yo le ordené que se quitara el bra, cosa que hizo al momento. El ver sus tetas me calentó mucho más. Son gigantescas y además tiene un pezón de lo más pequeño. Eso me incita a pellizcarlo. Cosa que hice mientras ella seguía. Le encanta el dolor en sus pechos.

No podía más. Necesitaba sexo. Le dije que parara, porque la quería penetrar. Ella se levantó y nos dirigimos a la sala y aproveché para soltarle una nalgada que me agradeció con una leve risa. Mientras se desabrochaba su pantalón, aproveché para magrearle esas hermosas sandías.

—¡Pegame puto! Como me gusta… - me espetó cuando aprisionaba sus pechos – ¿O ya no te acuerdas todo lo que me hacías?

—Como quiera la putita

Y le solté dos fuertes cachetes en sus pechos que culminaron en un gemido y una sonrisa de oreja a oreja por parte de ella. Su pantalón pronto se separó de su cuerpo y no esperé a que se quitara sus pantaletas. La moví a un lado y la penetré de un solo y furioso envite. No esperé a que se recuperara. Tan caliente como estaba, la cogí con fuerza y a un ritmo frenético desde el inicio. Ella sólo gemía de placer. De vez en cuando le soltaba fuertes golpes en las tetas. Incluso ella me las ofrecía para pegarles. “Si cabrón, ya te extrañaba” “Pégame aquí… aquiiiii… son todas tuyas… maaa… aaayyyy… machacalas…”

No pasaron más de 10 minutos cuando estaba a punto de correrme. Le avisé y ella me suplico que terminara en sus tetas. Cumplí felizmente su deseo y justo cuando acababa en sus tetas, miré hacia la puerta y vi a mi tía observándonos. Me quedé de piedra…

CONTINUARÁ...

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