Dominación - Voyerismo

Espiando a mi madre y a su nuevo novio

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RESUMEN

Un chico de 18 años sufrirá la irrupción del nuevo novio de su madre en casa, el cual sacudirá los pilares de dignidad y decencia de su propia madre ante los ojos del chico.

Mi nombre es Daniel, aunque todos me llaman Dani. Tengo 18 años y vivo con mi madre, pues mis padres están divorciados desde hace solamente un año. Mi madre y yo nos llevamos muy bien, estamos muy unidos, digamos que con mi padre nunca me llevé muy bien, ella siempre es la que ha estado a mi lado y ha sido mi gran apoyo. Soy un chico moreno, ojos marrones, 1.70 de estatura, muy delgado, poquita cosa, aunque dicen que me parezco mucho a mi madre.

Mi madre se llama Marta, sin embargo, aunque es mi madre, he de decir que es un bellezón, de los que hacen girar la cabeza. Tiene 38 años, pues me tuvo con 20 años, es delgadita, con unas piernas firmes y envidiables, y mide aproximadamente 1.65 de estatura, es muy bajita, o como siempre dice cuando le comentan algo referente a su estatura, bajita pero manejable. Ella es morena, con ojos verdes oscuros, una piel muy pálida, eso lo he heredado de ella, unos buenos pechos, gastando una talla 100 de sujetador, aunque en casa nunca suele llevarlo, salta a la vista. Tiene unas nalgas tersas y firmes, muy blanquitas también, es un blanco integral el de su cuerpo. Ella y mi padre siempre se llevaron, simplemente, ni mejor ni peor, simplemente se llevaban, aunque parece que mucha “vida matrimonial”… no hacían, aunque tampoco ha sido un divorcio traumático. Cada uno dormía en una habitación, simplemente tenían un trato cordial, más que de pareja, de compañeros de piso, aunque en lo que respecta del trato hacia mí no había cambiado.

Mi padre, vive solo en un piso de aquí de Madrid, y mi madre y yo en el piso en el que hemos vivido siempre, ya que mi padre de acuerdo amistoso así lo decidió sin necesidad de trámites ni burocracia.

Mi madre y yo lo pasábamos muy bien juntos, veíamos películas por las noches, nos contábamos nuestras cosas, yo le contaba mis asuntos amorosos con mis novias, y en eso ella siempre me aconsejaba, vamos, una relación excelente de madre e hijo, casi de amigos.

Hasta que poco a poco, empezó a salir, con un amigo decía, por lo que cada viernes ya no veíamos películas, ya se iba con su “amigo”. Al mes ya salía también los sábados, luego los jueves…y así sucesivamente hasta que todos los días a las 21:00 se marchaba con su “amigo”.

No me hablaba de él, simplemente decía que era un buen amigo, que se lo presentó mi padre, ya que era amigo de él, y simplemente se estaban conociendo. Todavía recuerdo uno de los momentos en que vino de esa cita con su “amigo”, llegando a las 3:00 de la mañana, encontrándome yo todavía despierto, tirado en el sofá viendo una película. Cuando entró lo hizo rápido, más de lo habitual, por lo que fui a ve lo que ocurría y, al verse sorprendida de forma inesperada, pues no esperaba que fuese a su encuentro, se giró y pude ver grandes chorros blanquecinos por el pelo y la cara, las mejillas, así como su ropa. Al agacharse a recoger el jersey del pijama que se le había caído, debido a que lleva una falda corta, pude observar que no llevaba bragas, y que sus nalgas estaban completamente rojas, con marcas de manos.

—Pero… ¿Qué te ha pasado en la cara y el pelo? —Le pregunté extrañado.

—Eeeehhh…nada…nada…cenando…se me cayó la salsa encima y… ¡ya está, venga, sal de aquí que me tengo que vestir! —Me dijo casi echándome del cuarto.

No tenía por qué no creerla, por lo que no di mayor importancia al tema y todo transcurrió con normalidad, si no fuera porque, al día siguiente, pasó de nuevo y, esta vez sentía curiosidad por la rojez de las nalgas, por lo que una vez más, fui tras ella y, esta vez, traía puesto unos tejanos ajustados, que por cierto realzaban toda la preciosa figura de su cuerpo. Esta vez no la avasallé, simplemente miré por la rendija de la puerta y, pude observar que, una vez más, llevaba toda la cara llena como de pegotes blancos y grandes manchurrones por toda la camiseta negra, aunque lo que más me llamó la atención, fue que, al quitarse el pantalón vaquero y agacharse a recogerlo, pude apreciar perfectamente como toda la raja de su culo, completamente depilada, al igual que su coño, y su ano se encontraba muy dilatado y con líquido blanco que salía de él deslizándose por su pierna, y una vez más varias marcas en sus rojas nalgas de manos muy grandes. Tampoco le di mayor importancia, dado que mi madre siempre me había parecido una mujer muy de su casa, nada buscona de hombres ni una mujer facilona.

Los días pasaron y esto venía repitiéndose ya cada día, llegué a pensar que lo que le seguía observando cada día en el dilatado ano, sería posiblemente alguna pomada para la irritación o yo que sé…

Ya por la mañana le pregunté por el amigo este, que tal.

—Oye mamá…¿Qué tal el amigo este con el que vas? —Le pregunté.

—Bien, es muy majo, me lo paso muy bien con él, nos estamos conociendo ¿Sabes? —me dijo con sonrisa tontorrona.

—¿Quieres decir qué…? —Dije sin necesidad de acabar la frase mirando a mi madre con una media sonrisa.

—Sí…me gusta, estoy muy a gusto con él, congeniamos, tenemos cosas en común —Me dijo algo más seria.

—¿Cosas, como qué? —Le pregunté con curiosidad.

—Pues…no sé…pues cosas…¡A ti que más te da! —Me dijo dándome con el codo en el brazo y yendo hacia la cocina.

Me quedé con ganas de preguntarle porqué traía siempre el culo rojo, pero pensé que habrían estado mucho tiempo sentado en algún banco de piedra o alguna cosa por el estilo y, puesto que mi madre es tan blanca de piel, a la mínima de cambio le queda marca de cualquier mínima cosa.

—¿Y por qué no lo invitas a casa aunque sea a comer para que lo conozca? —Le pregunté.

—Pues…sería buena idea…vale, se lo preguntaré a ver que dice —Me contestó con una amplia sonrisa.

Ella marchó a trabajar y yo a estudiar, puesto que los exámenes universitarios me quitaban mucho tiempo.

A las 20:00, vino mi madre de trabajar, pero cuando abrió la puerta no venía sola. Junto a ella venía un chico alto, de unos 32 años, unos 6 años más joven que mi madre.

—Hola Marcos —Me dijo mi madre —este chico es Jesús —Me dijo presentándome a su amigo.

—Hola chaval —Me dijo dándome un cachete en la cabeza, dejándome con la mano colgada.

—jajajajaja, que bruto eres Jesús, vas a asustar al niño —Le dijo mi madre riendo mientras él solamente le miraba con una media sonrisa.

Yo quedé ridiculizado y, encima mi madre me había llamado niño delante de ese tío, jamás me había llamado niño…

—Bueno Marta ¿Me has invitado a cenar, no? —Dijo a mi madre agarrándola con una manaza de la nalga, y estrujándosela con fuerza delante de mí.

—chchchchch… Jesús, que está el niño, venga… —Le dijo al chulo de mierda al oído, el cual el marcaba su precioso culo de forma impresionante.

El más adrede, le dio un pedazo de nalgada mientras la besaba, provocando un respingo de mi madre, recibiendo otra más sobre su pantalón vaquero, por cierto, muy ceñido, el cual marcaba sus preciosas nalgas.

—¡Venga va! Id los dos al comedor en lo que yo preparo la mesa —Nos dijo a los dos.

Los dos marchamos hacia el comedor, y él se acomodó en el sillón individual, mi sillón, justo donde yo me iba a sentar antes de que el chulo de mierda me diera un empujón para echarme a un lado.

—¡Donde vas, niñato! —Dijo apartándome como si fuera un puto piojo.

El tío tenía los dos brazos musculados y tatuados que, aunque sin ser exagerados, se notaba que estaban trabajados, aunque tenían más pinta por el moreno de su piel, que eran músculos más de la obra que del gimnasio.

—¿Sabes, esta noche creo que me voy a quedar a dormir? ¿Qué te parece? —Me dijo con una sonrisa de prepotente en la cara.

—Pues…no sé…pero no hay camas, tendrás que dormir en el sillón… —Dije ignorante de mí.

—¿Para qué si tengo la de tu “mamá”? jajajaja —Me dijo sin cortarse ni un pelo.

—No sé…no creo que mi madre… —Contesté sin terminar la frase, dando a entender perfectamente lo que pensaba.

—¡Nos jugamos algo a que hoy duermo en su cama? Jajajaja ¿Pero chaval, donde te crees que está tu madre todo el tiempo que no pasa en casa contigo, niñato, jugando al parchís? —Me dijo dejándome clavado en el sitio.

—Supongo que…contigo…claro… —Dije totalmente cortado.

—¿Y que crees que hace tu madre, punto de cruz? ¿Serás cara carpeta? —Me dijo el chulo de mierda, no atreviéndome a plantarle cara —Me voy con tu madre, aquí pierdo el tiempo —Me dijo levantándose del sillón y marchando hacia la cocina.

Me quede mirando la tele un poco, esperando que mi madre hiciese la cena, por lo menos cuando más tardaran menos tenía que soportar a ese gilipollas, acababa de llegar y ya venía en plan vacilón. Al rato comencé a oír una serie de golpes, estruendos que venían del pasillo, por lo que fui muy lentamente por el pasillo, provenían de la cocina. Oía las voces.

—¡De rodillas, guarra! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaaaassssss! ¡Así, puta! ¡Plaaaaaaaaaaaaasssssssss! —Oía decir al culo de mierda.

—Nos va a… oír el… niño… —oía decir a mi madre.

—¡Plaaaaaaaaaaaassssssssssssss! ¡Que se vaya acostumbrando a la zorra que tiene por mamá! —Decía a mi madre.

—¡Así, a cuatro patas como las perras, con el ojete bien abierto! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssss! —Oía desde la puerta.

No tenía el valor de asomarme, estaba nervioso, el corazón me latía con fuerza pareciendo que se me iba a salir del pecho en cualquier momento, mis pulsaciones habían aumentado y comenzaba a sudar. Me armé de valor y fui aproximándome a la puerta poco a poco, centímetro a centímetro.

—¡Marrana! ¡Plaaaaaaaaasssssssss! —Decía Jesús a voces.

Oía chasquidos…como de algo líquido, como cuando te frotas las manos con jabón con fuerza.

—¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Ooooo…oooo…oooooohhhhhhh…jooo….der….oooooohhhh….! —Escuchaba decir a mi madre.

—¡Voy  a cerrarte la boca de guarra que tienes, más que nada para que no nos oiga el mocoso! —Dijo el gilipollas, no solo insultaba a mi madre, si no que se permitía en tan solo tres cuartos de hora aproximadamente que llevaba en casa, el venir de esa forma y tratarnos de esa manera.

—¡Mmmmm…mmmm…mmmmmm…!—Parecía que los sonidos de mi madre habían sido amortiguados.

—¡Aaaassssiiiii…mira que bieeennn…! ¡Perra! ¡Plaaaaaaaaaaaasssssssssssssss! ¡Asssiii…jajajaja si tu hijo viene verá la madre que tiene tan puta! ¡Plaaaaaaaaasssssssssssss! —Seguía diciendo Jesús.

—¡Menuda mamona, menuda medre guarra tiene tu hijo! —Oía decir al macarra.

—¡Aaaaaaaaaagggghhhhhhhh! ¡Aaaaaaaaggggggghhhhhhhh! —Parecían arcadas mezclada con tos y fuertes chasquidos de saliva.

—¡Venga coño…! ¡Adentro, más adentro! —Decía él —No recuerdo como se llama tu hijo, repítemelo —Decía Jesús.

—…aaaa…iii…eeeellll… —Las palabras que intentaba emitir mi madre eran ininteligibles, parecía que tuviese la boca completamente llena.

—¡No te entiendo, guarra! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaasssssssssss! ¡Repite el nombre de tu hijo! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssss! —Le repetía a mi madre, oyéndose sonidos como de palmadas.

—¡aaaaa…iiiiiii…eee….lllll…! —Volvía a repetir sin mucho éxito.

Pensaba en qué podría estar haciéndole ese animal, ese desalmado, seguro que nada bueno. Quería asomarme, pero el temor no me lo permitía, estaba petrificado, aunque quería marcharme para  no seguir escuchando, la curiosidad era poderosa, quería saber más.

—¡Ya sé! ¡No sabes hablar con la boca llena! ¿No? —Decía él —Bien, pues ya que no entiendo el nombre de tu hijo, dime el de tu ex marido ¿Cómo se llama el picha floja del padre de tu hijo? ¡Plaaaaaaaaaaaaaasssssssssssss! —Esos sonidos no sé lo que eran exactamente.

—…iiiiiii…eeellllll… —Emitía mi madre.

—¡Sigo sin entenderte, mamona! ¡Un poquito más adentro…! ¡Joder, babeas como una cerda! ¡Pero mira como cuelgan las babas, parecen lianas! —Decía Jesús —Y ahora…te tapo la nariz, a ver que tal así ¿Cómo decías que se llama? ¡Y mírame a los ojos mientras te metes mi rabo en tu boca, hasta el fondo, me gusta ver como babeas y lagrimeas, puerca!

-¡…iiii…uuuuuuuuuuuuugggggggghhhhhhh! —Tras la primera vocal que se escuchó salir de su boca, lo que parecía una tremenda arcada salí de su garganta, acompañada por una intensa tos.

—Mira que buena utilidad doy a las paletas de la sartén ¿Eh? Ideales para nalguear ese culo de marrana jajajajaja ¿Qué diría tu hijo si te viera con los pantalones vaqueros y las bragas bajadas hasta las rodillas, mientras te nalgueo con la paleta con la que estabas dando la vuelta a los filetitos de tu hijo? ¡Por no decir del tenedor que tienes metido por el ojete por el mango, con el que va a pinchar sus deliciosos filetes! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssss! ¡Plaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssss! —Le decía Jesús, dejándome totalmente paralizado física y psicológicamente —¿Qué diría tu hijo si supiera las folladas que te daba en la cama de matrimonio mientras estabas todavía casada con el picha corta de tu marido? —Esto me dejó absolutamente derrotado, no podía creerlo, el tono de él no parecía falso, y tampoco oí a mi madre negarlo

¿Mi madre había sido infiel a mi padre? ¡Eso no…no podía ser…! ¿Con este? ¿Cambiar a mi pobre padre por este animal degenerado?

—…ooo…oooo…heeeee… —La vocalización de mi madre era ridícula, continuaba intentando decir el nombre de mi pobre padre.

—¡Menudas folladas te daba eh, te dejaba el culo que no te podías ni sentar, jajajaja! —Decía el miserable macarra.

No podía creer lo que estaba escuchando. En cuestión de una hora mi mundo pasó de a ser de color azul maravilloso, a caer sobre mi cabeza y ser todo caos y destrucción.

—¡Chúpame el culo, marrana de mierda, me voy a correr! ¡Me voy a correr en el plato de tu hijo! —Dijo Jesús, mientras mi sentía una explosión en mi pecho y mi estómago se me disolvió, se convirtió en  puré de patatas rancio.

—¡No…por favor…cariño, a mi hijo no lo metas…! —Dijo mi madre saliendo en mi defensa.

—mmmm…vale, de acuerdo, pues te comerás tú la ensalada con salsa de la mía, menuda corrida voy a pegar, tengo kilos de semen acumulados de todo el día…¡Buuuufffff! —Dijo bufando como un toro bravo.

Oía perfectamente los chupeteos de mi madre, los que debía estar propinándole al ojete asqueroso de ese subnormal prepotente, no podía creer que mi madre se dejase someter a semejante abominación, no merecía ni si quiera llamarse persona, era un puto animal. No comprendo como mi madre, una persona recatada y educada, podía estar cediendo a semejantes barbaridades ante este sinvergüenza.

—¡Buuuuuuuuuuuuufffffffffffffffffffff! ¡Asssssiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Oooooooooooooooohhhhhhhhhhhh! ¡Acerca tu ensaladaaaaaaa, cerdaaaaaa! —Bramaba el asqueroso.

Oí como se movían los cubiertos de la mesa, por lo que supongo, mi madre le estaba obedeciendo y llevando la ensalada.

—Sujétala mientras me pajeo el rabo… ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh! ¡Yaaaaaa lleeeeeegaaaaaaaaaa! ¡Toooooooomaaaaaaaaaaaaaa! —Supongo que empezaría a correrse de forma abundante en la ensalada de mi pobre madre.

Yo no podía oír más, por lo que decidí volver de puntillas al salón, pensativo y cabizbajo, inmerso en mis pensamientos rememorando que momento del pasado se hizo algo mal para llegar a esto. Intentaba entender como mi madre cambió a esta alimaña por mi padre, atento, bueno, amable y muy trabajador.

A los 10 minutos, oí como mi madre me llamaba a cenar.

—¡Daniel, cariño, a cenar! —Me gritó desde la cocina.

—¡Voy! —Contesté.

Fui hacia la cocina y, cuando entre en ella, ahí estaba mi madre, con los ojos rojos, supongo que por la congestión de tragarse el cipote a la fuerza impuesta por el animal y, al susodicho, sentado en el centro de la mesa, triunfal, como el macho de la casa.

Mi madre se pudo a repartir filetes y los platos individuales con ensalada, pude observar como, la suya, estaba por encima totalmente bañada por una sustancia que, bien podría pasar por queso si yo no supiese de donde procedía.

—¡Qué! ¡Tiene buena pinta la ensalada de tu madre, eh! —Me dijo dándome una palmadita en mi hombro.

—Sss…iii… —Dije sonriendo como un estúpido, alzando la vista para mirar a mi madre, la cual se había puesto completamente colorada.

—¿Te gusta el queso como a ella? —Me preguntó.

—Bueno…sssiii… —Contesté absolutamente cohibido por la situación.

—¡Pues no se hable más, toma el plato de tu madre, otro día le hago queso casero a ella, que a ella le tengo ya bien llena de su ración diaria! —El cabrón, hizo un cambio de platos, el mío se lo dio a ella y el de ella a mí.

El cabronazo lo tenía todo planeado, tanto mi madre como yo caímos en la trampa. Ninguno de los dos sabíamos que decir, ella no podía decir que era semen, por otra parte, yo no podía decir que había espiado todo lo que habían hecho. Mi cara empalideció, mi estómago se cerró completamente. Mi madre se quedó mirando hacia la mesa, callada, con sentimiento de culpabilidad, aunque, con motivos, puesto que ella era cómplice de todo, esto no hubiese pasado si hubiese tenido el valor de negarse a ello.

—¿No lo pruebas? —Me dijo sonriendo —¿Quieres que primero lo pruebe tu mamá? ¡Bien! —dijo el macarra agarrando el tenedor para pinchar un buen trozo de tomate totalmente impregnado de semen espeso y caliente.

Mi madre, mirándome fijamente, como queriéndome pedir perdón de forma telepática, abrió la boca como una autómata, tragando todo lo que le dio.

— ¿Ves? ¿A que estaba rico, cielo? —Preguntó con cierto grado de ironía a mi madre.

—Sus…ssiii… —Contestó de forma casi inaudible.

—¡Pues venga, ahora tú! ¿O desprecias nuestra cena?—Me dijo de forma autoritaria.

—Nooo…claro que no… —Contesté intimidado por su tono imperativo y casi agresivo.

Ante tal situación, comencé a comer la ensalada, debatiéndome entre las nauseas o morirme allí mismo, aunque preferí las nauseas, ya que cuando acabé, fui derecho al baño a intentar vomitar, aunque sin lograrlo. Al final me quedé con el semen de asqueroso animal en mi estómago, digiriéndolo.

Cuando salí del baño me crucé con él, el cual iba a mear.

—Oye, chaval, siento haberme comportado así, vamos a empezar de cero… ¿Te parece? —Me dijo en un tono que me pareció sincero.

No se me podía quitar de la cabeza que el hijo de puta, me había hecho comer su propio semen, delante de mi madre, que el ordeñó de su rabo mientras “mi” madre le estimulaba chupándole el ojete para echar semejante corrida. Con todo y con eso…porque no, decidí perdonarle y darle la mano, a lo que respondió también dándome una palmadita en el hombro.

Justo antes de meterse en el baño, se volvió.

—Oye, colega ¿Por qué no nos intercambiamos los números de teléfono, y así de vez en cuando nos mandamos algún Whatssap, no? —Me dijo en tono amigable.

—Mmm…vale, sí —Le contesté sacando mi móvil de mi bolsillo, mientras el hacía lo propio.

Una vez nos lo dimos, me despedí de mi madre para ir a dar una vuelta, prefería volver cuando él no estuviera y de alguna forma, formatear mi cerebro respirando algo de aire, ordenando mis ideas. Supongo que, con un poco de suerte hablaría con mi madre intentando ponerle las cosas feas, decirle que no lo veía para él, o ya inventaría algo, pero seguro que se podía hacer algo para que aquello no siguiese adelante. No comprendía como mi madre se mostraba tan sumisa y servicial con semejante sinvergüenza, ella, una mujer con clase.

Miré la hora y, llevaba casi 3 horas fuera, por lo que supongo que ya no estaría en casa y se habría marchado. De pronto, un sonido proveniente del móvil me avisó de que tenía un mensaje en el móvil, un Whatssap,  por lo que decidí mirar, viendo que era de Jesús, alguna gilipollez. Al abrirlo vi que me había mandado un vídeo, por lo que lo abrí y…¿Pero qué coño…?

Era una grabación en la que…salía mi…salía mi madre, salía encima del un pedazo de rabo enorme, era gordísimo, larguísimo, era…Jesús, ese puto macarra, mi madre estaba sobre él, con las manos atadas a la espalda, con lo que parecía ser un… ¡Unos calzoncillos míos! ¡Mi madre permitió que el cabrón le atase con unos calzoncillos míos? Lo peor era que…que…el hijo de puta había escrito en rotulador en las preciosas nalgas de mi madre…”VOY A ENCULAR A TU MAMÁ, DANIEL”…

Continuará…

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