Vente dentro de mi

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Amor Filial

(Erotismo y Amor)


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RESUMEN

De cómo mi papá me manoseó la noche en que perdí mi virginidad y terminé con la vagina inundada de semen.


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  • Autor: Dulce Fuego
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  • T. de lectura: 30 min.
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Hoy quiero compartir contigo cómo fue la noche en que perdí mi virginidad. Para mí las primeras veces tienen siempre la cualidad de ser inolvidables. Hay muchas primeras veces en mi vida, pero una de las que más me ha gustado es la primera vez que mamé verga, y que fue la de mi tío Pablo, el mismo hombre que el día de mi despertar sexual me había mandado a la escuela con el coñito húmedo a causa de una caricia furtiva que me hizo bajo la falda al despedirnos, la primera vez que se la chupé a mi tío nunca lo olvidaré, porque la experiencia hizo que desde entonces me encante sentir la verga de mis amantes en la boca. Recuerdo también la primera vez que toqué un pene, aunque fuera sobre la ropa, cuando la mañana del día en cuestión, llegué temprano a la escuela y mi novio me dio un fajesito rápido en el salón de clases. Aún hoy, luego de algunos años y de haber terminado nuestro noviazgo, nos seguimos viendo para coger de vez en cuando. Ay, Ricardo, te pido perdón por adelantado en caso de que un día veas esto escrito y te enteres de algunas cositas que no sabías de nuestra primera vez juntos, y es que cuando me penetraste por primera vez, alguien más ya se te había adelantado.

Recordarás que al día siguiente de mi despertar sexual sería mi fiesta de cumpleaños; me sentía ansiosa por verme atractiva, anhelaba despertar el apetito de todos los hombres que estuvieran presentes en la casa de mis papás esa noche. Recordarás también que para mí fiesta había elegido un vestido mini, rojo; pues me quedaba perfecto. El corte escotado, sin mangas ni tirantes hacía que mis tetas se vieran aún más deliciosas y mis piernas lucían su belleza con total descaro por la faldita que me llegaba a penas unos 3 centímetros abajo de mis jóvenes y firmes nalgas, los músculos de mis muslos y mis pantorrillas se veían aún más torneados por la aparente tensión que me provocaba en ellos el andar casi de puntitas con mis zapatos altos. Esa noche decidí que además de no usar sostén, tampoco usaría bragas. Me excitaba la idea de tener mi vagina casi a la vista de los curiosos.

Aquí en México la gente es terriblemente impuntual así que los primeros invitados empezaron a llegar una hora después de lo pactado. La familia de mi madre es muy numerosa, tengo dos tías de más o menos mi edad y una menor que yo, más dos tíos y mi mamá, y varios primos y primas que rondan mi edad. Por otra parte, mi papá solo tiene un hermano, mi guapísimo tío Pablo, que hoy ya está casado, pero sin hijos. En poco tiempo el patio exterior de la casa de mis papás estaba lleno de familiares y mis amigos de la escuela. Desde el principio noté cómo ningún hombre, ni mis tíos ni incluso mi papá, ni mi hermano me quitaba la mirada de encima. Mis tías más viejas estaban escandalizadas con mi atuendo. -Ay hija ¿no se te hace que enseñas mucho con ese vestidito? - Vieja santurrona y envidiosa, pensé yo. -Pues me parece que me queda de lujo ¿no te parece Víctor? - Le pregunté en tono coqueto al hijo de mi tía, mi primo, mayor que yo por dos años. Claro que mi tía se puso colorada de coraje al ver que a Víctor le temblaba la voz y sólo atinó a contestar -Sss sí, Du Dulce, vaya que sí.

Ya más tarde llegó mi tío Pablo a la fiesta, y traía consigo dos cajas de tequila y un montón de cervezas. Y aquella noche corrió el alcohol y sonó la música, bailé casi con todos los hombres que habían asistido a mi fiesta, sobre todo con mi tío Pablo y con Ricardo, que era mi novio hacía apenas un día, ellos eran los dos hombres que en esa época me volvían loca. La media noche se llevó consigo a casi todos mis amigos de la escuela, y a mis tías más viejas con sus familias. Cuando me despedí de mi tímido primo Víctor, sentí su aliento alcohólico cuando me abrazó y a modo de despedida me dijo -Qué rica te ves, pinche Dulce, estás muy buena-. Lo acerqué más en nuestro abrazo y le dije al oído en tono de broma -ay primo, cuando quieras te presento mis a amiguitas para que las saludes de beso-. Víctor soltó una risa nerviosa y al romper nuestro abrazo, pasó discretamente sus manos por mi culo en una fugaz caricia.

Luego de despedir a los que se iban, sentí algo cansadas las piernas, los zapatos altos me habían agotado, así que pensé en ir a mi cuarto para cambiarme el calzado. Crucé el patio donde dábamos mi fiesta y abrí la puerta de entrada de la casa, la sala principal estaba casi en penumbras, salvo por un tenue haz de luz que se proyectaba hacia el interior que me permitió ver que en un sillón estaba sentado mi papá, solo, con una cerveza en la mano. Inmediatamente la mirada de mi papá se clavó en mi cuerpo llenándome de una sensación riquísima entre nerviosismo y excitación. - ¿Qué haces aquí, papá? - Le pregunté mientras me acercaba a su lugar. -Ven, nena, siéntate en mis piernas-. Yo obedecí y me senté sobre sus piernas pegando mis nalgas lo más posible a su entrepierna.

-¿ya has probado la cerveza, nena?

-Sí, pero no es mi favorita- Le dije mientras iba recargando mi espalda en su pecho y dejando caer mi cabeza hacia atrás, sobre su hombro, para ofrecerle a mi padre la suculenta vista de mis senos enfundados en el escote de mi vestido e iluminados por la luz que se filtraba por la ventana -¿a ti qué te gusta tomar, papi? le pregunté en tono sensual y en voz baja muy cerca de su oreja y jugando con mi mano izquierda con su cabello. -Me gustas tú, por ejemplo, me gusta esto- Me contestó y sus manos subían por mis costados hasta mis senos, y comenzó a besarme y a lamerme el cuello, mi papá me acariciaba la base de las tetas con la fuerza que el deseo por mi cuerpo despertaba en su ser. Y yo sentada como estaba en sus piernas, con la cabeza echada hacia atrás, sentía en mi culito, la creciente dureza de la virilidad de mi padre y sentía en mi vagina la humedad de la excitación que me provocaban los besos tan ricos que papá me estaba dando en el cuello. -Pero esto me gusta mucho más-. Me dijo, y metió sus manos entre la copa del vestido que cubría mis senos y mi piel desnuda; el tacto de sus manos algo rasposas y calientes atrapando mis tetas me excitó mucho más, y cuando mi papá apretó delicadamente mis pezones y no pude evitar gemir por el placer que me producían sus caricias, ni tampoco pude evitar que mi trasero de jovencita comenzara un lento pero fuerte vaivén sobre la verga cada vez más dura de mi papá. Sacó sus manos de debajo de las copas de mi vestido y poniéndolas sobre mis muslos descubiertos me abrió las piernas y acarició con la yema de sus dedos la suave piel que hay en la parte interior de mis piernas, la más cercana a mi panochita, hasta esa noche aún virgen. Me incorporé sin levantar el culo del regazo de mi padre, planté mis zapatos de tacón de aguja en el piso y arqueé mi espalda, parando mis nalgas y friccionando más fuerte el enorme miembro que sentía debajo de mí. Mi papá metió una de sus manos a su pantalón para acomodarse la verga hacia arriba y disfrutar de mi culo en la zona más sensible de su falo y hacerme sentir la completa longitud de su verga acomodada en la línea que divide mis nalgas. Se escuchó que alguien abría la puerta de la entrada, di un salto para acomodarme en el asiento del sillón junto a mi padre me incliné mi cabeza hacia él como si le prestara atención a algo que decía. Quien nos había interrumpido era mi madre. -¿qué hacen, muchachos? preguntó, tomando asiento en el sillón frente a mi padre y a mí. -Carolina, a la nena no le gusta la cerveza-. Respondió mi papá a la pregunta de mi madre, exagerando su entonación de borracho. -¿Ya estás pedo, cabrón? y tú chamaca, ve por algo para taparte ¿qué tanto andas enseñando? -me ordenó pudorosa. -Vámonos pa'riba borracho- imperó mi madre dirigiéndose de nuevo a mi papá. -'Ta bueno, pues. - Respondió él, estirando los brazos fingiendo estar muy borracho para que lo auxiliáramos a ponerse de pie; me levanté y mi madre hizo lo mismo, y una en cada brazo lo levantamos del sillón. En la mano del lado de mi madre, mi papá sostenía una cerveza a medio vaciar, mi madre se la arrebató y puso una cara seria mientras me pasaba la botella y emprendió junto a mi papá el camino a su recámara. Mi madre se detuvo luego de dos pasos y volteando a ver a mi papá le dijo -Que el borracho de tu hermano quiere llevarse a los chamacos a seguirla en su casa-, luego me miró -y tú ni creas que sales de esta casa vestida como puta, si quieres ir con tu tío, te me cambias- mi papá soltó una carcajada -Si van a estar aquí al lado, vieja, no hagas un drama, pero tú Candy, hazle caso a tu mamá y ponte otra cosa- Mi madre salió de la sala para empezar a subir las escaleras. Fuera de la vista de mi madre tomé la botella de cerveza que había estado tomando mi papá, la puse vertical frente a mi cara e introduje el cuello de la botella despacito en mi boca, simulando hacer una mamada para deleite visual de mi padre.

Luego de que mis papás se encaminaron a dormir, me acomodé el vestido que por la manoseada que me había dado mi papá estaba algo fuera de su lugar, y me dispuse a subir a mi cuarto, pero no pensaba cambiarme de ropa, solo los zapatos. Tenía muchas ganas de seguir la fiesta en la casa de mi tío, que vivía al lado, seguro que eso se pondría bueno, porque todavía estaban algunos de mis amigos y mis primos y sería la mejor oportunidad de buscar un momento a solas con Ricardo y dejar que me desvirgara de una vez. Abrí la puerta de mi cuarto y en la semioscuridad vi que alguien estaba acostado aparentemente boca abajo en mi cama. Sin encender la luz para no despertar a quien yo creía que dormía en mi cama, me acerqué para ver de quién se trataba. Mi hermano me veía con los ojos entrecerrados desde mi cama. -¿qué pedo? ¿qué haces en mi cuarto? - le pregunté -Nada, me dio sueño y la tía Gloria y tu prima la gorda invadieron mi cuarto-. Noté que la respiración de mi hermano estaba agitada y que la posición de sus brazos doblados bajo su cuerpo se veía muy forzada. -A ver, hazte para allá, cabrón, me voy a cambiar de zapatos y me voy a sentar ahí donde estás, estorbo- Le dije mientras estiraba el brazo para pulsar el apagador -¡No! No enciendas la luz, Dulce. - Me pidió mi hermano.

-¿Pues qué te traes? ¿estás vampírico, o qué pedo?

-'Namás no la prendas y ya. - Respondió arrastrándose hacia el centro de la cama siempre acostado boca abajo.

-Ya güey, dime ¿qué chingados te pasa?

-Que nada, Dulce, tengo sueño. Me contestó enojado y volteando la cara al otro lado de donde yo estaba.

Me senté en el borde de la cama y alboroté jugando el cabello lacio de mi hermano Érick. Luego me cambié los zapatos y me dispuse a salir del cuarto. A mí, la actitud de mi hermano se me hizo de lo más raro. Y mi curiosidad para indagar en el asunto me detuvo luego de cerrar la puerta de mi cuarto cuando ya me iba, me regresé y abrí de nuevo la puerta sin hacer ruido. Vi que en mi cama las caderas de mi hermano se movían describiendo frenéticos círculos, él todavía tenía volteada la cara hacia el otro lado, así que no vio que yo había vuelto a entrar al cuarto. Me acerqué más a mi cama, cerré la puerta despacito y comprobé que Érick, mi hermano, se estaba masturbando usando el peso de su cuerpo para frotar su pene contra mi cama. De pronto entre el ruido de su respiración agitada, distinguí que mencionaba mi nombre -Ah, sí, Candy, así, qué buen culo hermanita, te cabe todo... ah... Candy... tu culo. Me acerqué hasta que mis piernas tocaron el borde de mi cama y me incliné hacia mi hermano. -¿te gusta mi culo, Erick? ¿lo quieres? - Le pregunté en voz muy baja y fue como bajar un interruptor en el cerebro de mi hermano, pues sus desesperados movimientos de cadera y sus ruidos cesaron de golpe. -¿quieres el culo de tu hermana? ¿deseas mi culo, Érick?... Silencio... Me recosté junto a él y lo abracé colocando mi cuerpo de costado cerca del suyo y subí mi pierna sobre su cuerpo quieto y volteado boca abajo. -No pasa nada, Érick, está bien, eres hombre y es natural que te gusten las mujeres-. Le dije mientras pasaba mis dedos por su espalda. -Es que me encantas, Candy, es que... estás deliciosa, tus piernas, tus senos, me encanta tu culo, te juro que me encanta, me vuelve loco. Luego le pregunté -¿y tu novia? ella sí que está buena, no te hagas pendejo ¿o esa vieja de la tienda con la que dijo mi papá que andabas? ¿ellas no te gustan? - volteó su rostro hacia el mío, los dos recostados en la misma almohada y frente a frente. -No son nada comparado contigo, Nancy (novia de mi hermano en esos días) coge horrible, y de la otra vieja, no sé por qué mi papá se puso a decir que Grecia (la de la tienda) era mi novia solo porque se enteró que me la había cogido el otro día en su casa-. Érick se acostó de lado, acomodando su cuerpo de frente al mío, yo acomodé alrededor de su cadera la pierna que ya le había puesto encima, en esa posición el borde de la minifalda se me subió a la mitad de mis nalgas. Érick se acercó más a mí, me puso la mano en la cintura y me dijo -Te voy a contar un secreto, pero no le vayas a decir a nadie, pinche Candy, porque te tiro tus cosas por la ventana. - me reí y acomodé mi cabeza sobre la palma de mi mano y mi brazo dibujando un ángulo recto apoyando el codo contra la almohada -¿qué secreto me vas a decir? - le contesté abriendo mucho los ojos fingiendo sorpresa. -Que siempre que estoy caliente, vengo a tu cuarto y me encierro para masturbarme, así como me encontraste ahora, me pongo boca abajo y me pongo a darle duro al colchón imaginando que eres tú la que está debajo de mí, de espaldas y con las piernas abiertas, con el culo bien levantadito para mí, y te dejas penetrar muy fuerte. A veces agarro tus sostenes o tus braguitas de la ropa sucia, me saco la verga y me la envuelvo con tu prenda para tirar mi leche en ellos y no ensuciarte las sábanas, luego otra vez boca abajo contra tu cama, a imaginar que te estoy cogiendo-. Su confesión me llenó de sorpresa y me generó una mezcla entre ternura y excitación, hablar de sexo con alguien siempre me prende, y estando ahí frente a mi hermano escuchando cómo me confesaba que fantaseaba con fornicar conmigo mientras se masturbaba en mi cama, me prendió mucho. -Candy, perdón, ya sé que esto no está bien, solo quería que lo supieras, ni modo, me caíste en la movida y pues esta es la verdad-. Continuó diciendo mi hermano. -Ay, Érick, al contrario, me halaga que, aun siendo tu hermana, sientas deseo por mí, pero quiero saber algo, a cambio de guardarte el secreto ¿si no pensaras que fuera algo malo hacerlo con tu hermana, me cogerías? -

-Claro que sí, no deseo nada como deseo cogerte, Candy. Pero sé que todo esto no es normal y además imagina lo que nos haría papá si se entera, uf, no quiero ni pensar en la forma que me daría muerte por cogerme a su princesa-. Su comentario me dio risa y también me preocupó, pues efectivamente, no sé lo que nos haría papá si se enterara de que Érick tan siquiera me hubiera tocado, eso sin contar con los celos de mi papá, pues ya a esas alturas me deseaba con mucha fuerza y yo le había correspondido.

-Yo creo que no es tan malo, eso de coger entre familia- le contesté a mi hermano -siempre he pensado que la sociedad cree que somos de palo e inhibe nuestros deseos a fuerza de amenazas. Y bueno, como me dijiste tu secreto, te voy a compartir el mío... y es que aún no he tenido sexo, soy virgen todavía

-Vaya, pensé que ya lo habías hecho. Oye, pero ¿no has hecho nada de nada? Un faje, un oral, algo

-Ay, Érick, a lo más que he llegado es a tocarle la verga a alguien por encima del pantalón y a dejar que me metan mano, pero nada más. Y te confieso que, desde hace poco, me siento con muchísimas ganas de probar, de saber qué se siente hacer esas cosas, cómo se siente tocar una verga debajo de la ropa de alguien, qué se siente que me la metan, en la boca o en la vagina, solo me imagino cómo se sentiría ser penetrada, pero no sé cómo se siente y para que lo sepas, en las noches que me pongo cachonda, me masturbo aquí también.

-Sí, ya se, a veces tu almohada huele a tu sexo.

-Es que la pongo en mi panocha para frotarme y sentir más rico jaja. ¿te excitas más cuando mis almohadas tienen mi olor?

-Sí, me prende mucho más que venirme en tu ropa interior-. Cuando me dijo eso, yo llevé la mano que había apoyado en el brazo de mi hermano hacia abajo e introduje mi dedo medio en la humedad de mi vagina, que seguía excitada luego del episodio con mi papá y ahora más, por la situación que vivía con mi hermano; recogí un poco de mi fluido y acerqué mi dedo a la cara de mi hermano, que cerró los ojos mientras disfrutaba el olor de mis jugos y luego procedió a lamerme el dedo en que le ofrecía el olor de mi sexo. -Oye ¿me dejarías conocer la textura que tiene tu verga? Tengo mucha curiosidad por saber cómo es la piel de un miembro- Le pregunté.

-Candy, esto no está nada bien, eres mi hermana, no te puedo ver como un objeto sexual.

-No seas hipócrita, Érick, acabas de decirme cuánto te gusto, ándale, solo un poquito, lo haré con cuidado para no lastimarte, o mejor dime dónde tocar, quiero saber qué se siente, te prometo que es todo lo que te voy a pedir ¿sí me dejas probar?

Mi hermano quitó la mano de mi cintura y de su pantalón desabrochado sacó su pene joven, con una erección muy intensa. -Bueno, puedes tocarlo, pero nada más ¿entendido? nada más tocarlo tantito y ya-. Me acomodé en la cama dejando mi cabeza a la altura del miembro que mi hermano me ofrecía para ser explorado, había muy poca luz en la habitación, así que con la vista solo distinguía un cilindro largo y no muy grueso con una mata de oscuro bello en la base y los huevos; luego palpé el cilindro con la punta de los dedos, primero en el lomo, donde el relieve que formaban unas venas hinchadas me apreció fascinante y me pregunté si un coño sería capaz de sentir esas protuberancias. Llegué con mis dedos a la punta de un glande descubierto que me pareció el casco de guerra de algún personaje de ficción. Por el orificio en el extremo del glande, salía una gotita que no pude ver, solo sentir y que esparcí con mi pulgar por la punta de la verga de mi hermano mientras el resto de mis dedos rodeaban el resto de su palo. -Oh, es bonito, muy suave ¿Sientes rico cuando te sale éste líquido? - Le pregunté a mi hermano, mientras movía lentamente la mano de la punta a la base de su verga. -No siento casi nada cuando el líquido sale, solo siento rico que lo estés esparciendo como lo hiciste-. Me respondió y yo apreté un poco mi mano al rededor del miembro largo y delgado que sostenía, empezando un movimiento ahora desde la base hacia la punta, preguntándome si saldría más líquido por el orificio. Una gota de fluido pre seminal más gruesa que la anterior salió por la verga de mi hermano, y repetí los movimientos circulares esparciendo el líquido, que ahora era lo suficientemente abundante como para esparcirlo sobre todo el glande. Cuando mi pulgar se dirigió a la parte de abajo de la verga de mi hermano, su cuerpo se contrajo y en mi tacto sentí un montículo que parecía un fino nervio en tensión; apliqué el resto del líquido masajeando con más fuerza esa zona y mi hermano lanzó un suspiro y me dijo -Ahí se siente muy rico, Candy-. Como respuesta intensifiqué los movimientos de mis dedos y cambié de posición mi cuerpo hasta quedar otra vez cara a cara con mi hermano. Y mientras le seguía acariciando la polla le pregunté -¿quieres besarme? - y él en silencio se acercó a mí, me tomó por la parte de atrás de la cabeza y comenzó un beso húmedo y con mucha lengua que me provocó más excitación.

Mi recámara comparte un muro con el cuarto de mis papás, conscientes de eso y por la ansiedad que nos despertaba el momento, mi hermano y yo hablamos todo el tiempo en voz baja. Al otro lado del muro, empezamos a escuchar ruidos, y paramos el beso de inmediato y nos quedamos muy quietos, escuchando. Luego los ruidos subieron de volumen y los identificamos... Al otro lado del muro, mi madre gemía dulcemente en pausadas oleadas de ruido, mi papá se la estaba cogiendo. Mi hermano y yo nos volteamos a ver y continuamos con nuestro riquísimo beso, estimulados por los gemidos de mi madre. Érick besa muy bien, y la primera vez que me besó sentí que la manera en que lo hacía podía ser suficiente para hacerme alcanzar un orgasmo. Mientras nuestras lenguas se entrelazaban y abríamos cada vez más la boca, comencé a masturbar en serio a mi hermano, haciendo que gimiera en gruesas notas que vibraban en el interior de mi boca. -Déjame enseñarte algo, Candy-. Propuso mi hermano y me acostó boca arriba en mi cama, luego se agachó hasta que su cara estaba a la altura de mi vagina y una vez ahí, me preguntó -¿te quitaste las bragas, Candy? - volteando a verme desde su posición entre mis piernas que se habían abierto para dar cabida a mi hermano arrodillado e inclinado sobre mi coño. -De hecho, hoy no me puse-. Sonrió y agachándose más me empezó a besar la vulva. Nunca he tenido mucho vello, soy más bien lampiña, y como la noche de mi fiesta había decidido no usar ropa interior, depilé el escaso vello de mi puchita antes de vestirme. Así que mi hermano encontró una superficie suave y sin vello en donde su boca empezó un beso como antes lo hiciera en mi boca. Sus labios encerraban por completo la entrada de mi cavidad y movía la cabeza haciendo lentos movimientos que traté de predecir, pero cuando pensaba que me besaría en círculos, movía su cabeza hacia los lados, y cuando pensaba que lo seguiría haciendo por escuchar mis quejiditos, pasaba su lengua de arriba a abajo, mezclando su saliva con mis abundantes flujos. Luego, su lengua empezó a describir círculos alrededor de mi botoncito, el muy cabrón de mi hermano sabía cómo dar un buen oral a una mujer. Cuando la resbalosa superficie de su lengua acariciaba mi clítoris, tomé su cabeza por el cabello con mis manos y elevé mi cadera con fuerza, haciendo el roce aún más intenso. Mis gemidos, más débiles que los de mi madre, se confundían a veces en una morbosa música de madre e hija disfrutando de los hombres de la casa. Mi hermano comenzó entonces a lamer mis ingles y el interior de mis muslos mientras me introducía en la vagina primero un dedo, luego dos, pero cuando lo hizo, empezó a dolerme, mi vagina no había disfrutado de algo más grueso que uno de mis dedos, así que no estaba acostumbrada. Pero mi hermano persistió y no solo movía sus dedos hacia adentro y hacia a fuera, también los giraba mientras me los metía y los sacaba.

-Date vuelta y ponte las almohadas abajo de tu cadera, Candy, voy a enseñarte otra cosa-. Me indicó mi hermano en voz baja y yo que estaba cachondísima, sin decir nada obedecí sus instrucciones y me tumbé con el vientre hacia abajo y con el culo levantado por las dos almohadas que había colocado debajo de mí. Mi hermano se arrodilló detrás de mí, me abrió las piernas y me levantó la falda que había quedado por casualidad bien acomodada en su lugar, me la subió hasta la cintura, dejando al descubierto mis nalgas. Como yo había estado disfrutando tanto de su lengua en mi clítoris, quise prolongar la sensación y metí mi brazo debajo de mi cuerpo hasta que con la punta de los dedos alcancé mi ardiente botoncito, que comencé a frotar muy fuerte. Ahí estaba yo, como en la fantasía de mi hermano, tumbada en mi cama boca abajo con el culo desnudo y levantado y las piernas bien abiertas y estiradas hacia atrás, solo que esta vez, además me estaba masturbando frente a él. Entonces sentí que mi hermano tomaba mis nalgas, una con cada mano y las abría para luego meter su cara entre ellas y comenzar a lamerme el ano y pasar su lengua a lo largo de toda mi raya. Era una sensación tan intensa que empecé a gemir más fuerte y a masturbarme a una mayor velocidad -Shhh, te van a oír aquí al lado Candy-. Me regañó mi hermano. Yo asentí, y con mi mano libre me cubrí la boca, en un intento por ahogar mis gemidos. Sentía la lengua de mi hermano lamiendo mi ano y luego bajar hasta mi estrecha entradita vaginal. Poco después, mi hermano limitó los movimientos de su lengua a mi ano, soltó una de mis nalgas y probó de nuevo a meterme dos dedos en la vagina. En esa posición, la dedeada que me estaba dando mi hermano no me dolió, al contrario, aumentó mi placer y mi excitación. -Puedo sentir tu himen, Candy, qué rico. - Dijo mi hermano denotando en su voz lo mucho que le excitaba tener los dedos dentro de su hermanita virgen -Se siente cómo aprieta-. Entonces recordé que la vez que me masturbé en el baño de la escuela y me metí el dedo en la vagina, pude sentir cómo mi membranita virginal ahorcaba deliciosamente mi dedo y desee en ese momento que mi hermano fuera el dueño de esa sensación en la punta de su pene, una sensación que no se repetiría jamás para mí. -¿Quieres hacerlo? -. Le pregunté ansiosa a mi hermano. -Me tienes al borde de un orgasmo Érick y quiero venirme con tu verga adentro-. En aquél instante, en verdad deseaba que la primera vez que alguien me penetrara fuera mi hermano, quería su verga dentro de mí. -¿Quieres desvirgarme? - Insistí. y luego de un breve silencio, mi hermano, deteniendo la deliciosa labor que su lengua realizaba entre mis nalgas y me dijo: -No sé, sería muy raro, una cosa es besarnos y mamarte, pero, yo en tu vagina, no sé, de verdad no sé. Se quitó de detrás de mí y luego de decirme que no me moviera, salió del cuarto para volver un medio minuto después, agitado. -Mira, traje un condón, porque sí, tengo muchas ganas de cogerte y sé que en algún momento no me voy a poder aguantar y te voy a dar mi verga. Solo que sí me da miedo que falle el condón y te embarace, por eso, lo que estaba pensando era en cogerte por el culo-. Al notar mi expresión de sorpresa, agregó -Lo voy a hacer con mucho cuidado, Candy, Grecia me dijo cómo era y así me la cogí en su casa. A también a ti te va a gustar- Se quitó el pantalón y el bóxer y luego de frotarse el pene con la mano, se puso el condón. -Está bien, aunque no entiendo por qué el condón si me vas a coger por el culo- le contesté, sintiendo cómo mi hermano tomaba su posición de nuevo detrás de mi entre mis piernas. -Bueno, cógeme por ahí, pero prométeme que no me va a doler mucho- Mi hermano tomó el bote de crema para las manos del buró contiguo a mi cama y me untó una buena cantidad en el ano y sus alrededores. El solo pensar que dentro de poco sentiría la verga de mi hermano bien calvada en mi recto, me puso cachonda al mil.

Érick se inclinó sobre mí, que seguía yaciendo boca abajo con las nalgas levantadas por las almohadas debajo de mi pelvis. Mi hermano introdujo con poca dificultad un dedo en mi orificio anal embadurnado de crema para las manos, y luego introdujo otro, yo ahogué un grito de dolor tapándome la boca con ambas manos y volteé lo más que pude la cabeza para ver a mi hermano, que con la mano que no tenía en mi culo, frotaba su pene envuelto en el látex -Ay no Érick, me duele, me vas a hacer llorar-. Le dije en mi defensa. -Tranquila, tiene que dilatar más- me reconfortó y empezó a mover sus dedos en mis entrañas. El dolor cedió, dando paso a una placentera sensación que era muy intensa en la parte posterior de mi vagina. -Así está rico, sigue. - Le dije a mi hermano y me relajé disfrutando el momento. Supongo que la inexperiencia de mi hermano, mi nerviosismo y el miedo a sentir mucho dolor, impidieron que una vez en posición, la verga de mi hermano no entrara en mi ano más allá de un par de centímetros. -Me duele mucho Érick, me duele- Mi hermano parecía frustrado, su fantasía se estaba viniendo abajo y parecía que su estado de ánimo repercutía en la dureza de su polla, pues se notaba que comenzaba a ablandarse.

-Ven, ponte sobre mí y bésame-. Le propuse sin quererme mover mucho por miedo a que pudiera sentir dolor pues mi hermano aún tenía un poco de su miembro dentro de mi ano. Érick obedeció y el calor de su cuerpo sobre mí, me hizo sentir cómoda y excitada de nuevo, eso sin contar con lo delicioso de nuestro beso, que, al parecer, sumado a la sensación de mis nalgas paradas en la pelvis de mi hermano, le devolvieron el brío su herramienta, y sentí cómo crecía otra vez dilatando mi ano con la puntita de su glande. El miedo a que el aumento de tamaño de la verga de Érick me hiciera sentir dolor de nuevo, me llevó a hacer un movimiento de mi cadera hacia abajo, sacándome por completo el pene de mi hermano. Pareció que ese hecho no le importó a Érick, pues siguió sobre mí, frotando su polla otra vez erecta y con el condón puesto entre mis nalgas resbalosas por la crema que me había aplicado momentos antes. Yo levantaba aún más las nalgas para placer de mi hermano y aproveché la posición para meter mis brazos debajo de mí y llevar mis manos hasta mi vagina, para con una mano abrir mis labios vaginales y con la otra acariciarme el clítoris. Estábamos calientes otra vez y me sentía mejor que al principio, entonces le dije -Ya entra, Érick, desvírgame, soy tu hermana, ya sé, pero te prometo que no diré nada, pero méteme tu verga, ya te dije que en mi primera vez quiero venirme contigo adentro-. Mi hermano dudó un momento, pero luego sentí que se despegaba de mí y se recorría hacia atrás, y un instante después la punta de su verga enfundada en látex buscaba el acceso a mi vagina. Mis manos continuaban dándome placer debajo de mí y cuando el miembro de mi hermano finalmente se encaminaba a penetrarme, lo rodeé con mis dedos para guiarlo y con mi otra mano, separaba mis labios interiores, para abrirle el paso a mi cavidad; sentí la textura del látex envolviéndole el pene a Érick y entonces, llevada por del deseo de ser penetrada por primera vez, tiré del condón hacia afuera, liberando de su envoltura la riquísima verga venosa de mi hermano -Nooo ¿qué haces, Candy? Me preguntó algo asustado- Y le respondí -Métemelo así, quiero sentirlo-, y una vez dicho eso, acomodé la punta de la verga de mi hermano en mi estrecha entradita, e impulsé mi cadera hacia atrás despacio, haciendo que mi vagina engullera casi la totalidad del glande Érick. Me excitó tanto sentir con mis dedos cómo la verga de mi hermano invadía lentamente mi coñito, cómo su virilidad liberada del condón se habría paso en mi estrechez. Empecé a lubricar como una perra en celo, mi cuerpo me pedía más, mi vagina estaba hambrienta de verga. -Hazlo, penétrame ya-. Estoy segura que mi himen en ese momento estaba muy apretado alrededor de la puntita del falo de mi hermano y que él lo estaba disfrutando tanto como yo mientras sentía cómo algo dentro de mí era forzado, a punto de ser roto.

Érick me sacó lo poquito que me había metido de su verga en el coño, tomó impulso y esta vez no se detuvo al sentir mi himen. Al segundo siguiente, mi vagina era penetrada hasta el fondo por la verga venosa de mi hermano. Y él, apoyando sus manos en el colchón y los brazos bien extendidos con el cuerpo boca abajo y el tórax flotando sobre la espalda de su hermanita, quien con las piernas abiertas se le ofrecía como una puta, alzando el culo para que tomara su virginidad; comenzó a bombear con fuerza, a cada embestida que me daba, me arrancaba un gemido de placer y de dolor. Las paredes de mi vagina recién desvirgada tardaron un poco en abrirse ante el invasor pene de Érick y dos finos hilitos de sangre corriendo por el interior de mi muslo izquierdo, acusaban el fin de mi virginidad. Estuvimos en esa posición unos minutos, en los que mi hermano me penetró con fuerza, luego me tomó de la cadera y me puso a gatas sin que su miembro saliera de mi interior. Me tomó por la cintura y desquitó con toda su ira las inmensas ganas que tenía de tenerme así para poseerme. El falo de mi hermano golpeando el fondo de mi estrecha vagina, me hacía sentir increíble, mi vagina respondía con más lubricación a la tibia sensación de la fricción de su miembro en mi cavidad. Me lo estaba metiendo todo y muy fuerte, podía sentir sus testículos chocando contra mis nalgas, abrí más las piernas y apoyé mis tetas contra la cama y empecé a acariciarlas; en esa posición, mi culo tomaba una mayor inclinación y aumentaba la profundidad con la que mi hermano me taladraba. Con la cabeza apoyada en el colchón, miré a mi hermano a los ojos mientras me penetraba muy duro desde atrás, él también me veía y disfrutaba mi expresión inocente de placer y de dolor, mi boquita abierta dejando escapar leves gemidos y mis ojos entreabiertos coronados por mi ceño levemente fruncido denotando que me estaba volviendo loca. Érick acomodó el borde del mini vestido rojo y me cubrió las nalgas con la falda. -Métetelo tú solita-. Me ordenó quedándose quieto en su posición con su pene bien parado dentro de mí y yo empecé a empujar con fuerza mis caderas hacia atrás y hacia adelante haciendo chocar mis nalgas apretadas en la minifalda de mi vestido contra el cuerpo de mi hermano, metiendo y sacando toda su deliciosa verga en cada movimiento, estar ensartada en la verga de mi hermano y darme placer yo solita por orden suya, me puso mal, empecé a sentir mis ya muy conocidas contracciones en las paredes de mi vagina y dejé de acariciarme los senos para taparme la boca, miré fijamente a mi hermano, que tenía sus manos en mi cadera, disfrutándome y mirándome también a la cara, no pude contenerme más, mis ojos se giraron hacia arriba involuntariamente y un grito de gozo se ahogó en mi boca cubierta por mis manos, una fortísima contracción en mi cavidad regó por mis entrañas el más placentero de mis orgasmos hasta ese día y por mucho tiempo después, y como mi clímax me había paralizado, Érick tomó de nuevo la iniciativa, continuando con los movimientos violentos que yo ya no pude hacer, ensartándome bien adentro su pito; luego de disfrutar mi intenso orgasmo, regresé a ésta dimensión y ya mi mente solo pensaba en sentir eso de nuevo.

Luego de que me vine, empapando la verga de mi hermano, Érick sacó su pene de mi interior en un movimiento que supuse previo al cambio de posición para seguirme cogiendo. Volteó a ver su miembro y yo también dirigí la vista hacia ese punto, su erguida asta estaba envuelta en una delgada y brillante capa de un líquido rojo y casi translúcido. Tomó un poco de papel higiénico y se limpió. Yo, más concentrada en el acto sexual que en la sangre de mi himen roto embarrada en la verga de mi hermano, me volteé en la cama, preparándome para ser tomada de nuevo, pero ahora en la posición de misionero. Érick se acomodó entre mis piernas y se recostó sobre mí. No le tuvo piedad a mi estrecha vagina recién descorchada y ni tiempo me dio de guiar con mis manos su verga de vuelta a mi interior, porque justo después de ponerse sobre mí, me encajó su miembro entero en un solo y violento movimiento que me hizo gemir algo más fuerte. Él calló mi gritito cubriéndome la boca con una mano, mientras me acribillaba con su falo repetidamente. Luego de varias embestidas, noté que el pene de mi hermano estaba durísimo dentro de mí, supuse que estaría cerca de eyacular. -Ah, Candy, qué estrechita estás, vas a hacer que me venga-. Me avisó Érick, y subí mis piernas rodeándolo por la cintura para que su pene entrara aún más en mí; él no me quitaba la mano de la boca y con su otra mano acariciaba mis tetas, pero cuando estaba por expulsar su semen me soltó y apoyó ambas manos en el colchón, nuestros ojos se encontraron y me lamió en la boca varias veces para luego separar sus caderas haciendo un intento por quitarse de encima de mí y arrojar su esperma en un lugar que no fuera el interior de la vagina de su hermana; pero se lo hice imposible, lo tenía rodeado con mis piernas y así le impedí el escape; él se detuvo mirándome interrogativo -Érick, no me la saques, vente dentro de mí-. Le supliqué abrazándolo contra mí además de con mis piernas, ahora también con los brazos -No, no Candy no está bien-. Pero ya era tarde para sacar su verga de mi cavidad, antes incluso de que espetara su negativa, yo había empezado ya a mover el culo en círculos mientras apretaba y aflojaba los músculos de mi vientre para darle unos buenos apretones a la verga de mi hermano en mi canal. Érick se quedó rígido por unos segundos en los que yo sentía su semen bañándome por dentro, inundándome la vagina. Yo no paré de moverme y de ordeñarle la verga con los apretones que le daba en mi cavidad, hasta que sentí que ya había terminado de rellenarme su lechita.

-Fue mejor de lo que soñé Candy, pero venirme dentro de ti...

-Yo lo arreglo, hermanito, no te preocupes-. Lo tranquilicé y nos dimos un breve beso de lengüita. Luego, se acostó a mi lado y me dio papel higiénico que usé para secarme el semen y la sangre que me escurría por las ingles hacia las nalgas. Tomé más tiempo de lo que pensaba en esa tarea, cuando me puse de pie, sentí cómo resbalaba por una de mis piernas una gruesa gota de color rosado, resultado del semen de mi hermano y mi himen roto. Érick hizo lo propio con su higiene y yo busqué algún slip para ponerme, Sonreí ante el hecho de que, a mi pesar, finalmente iba a terminar la noche usando bragas bajo mi vestido. Protegí mi slip con una toalla sanitaria y me lo puse. Terminamos de arreglarnos la ropa y de esconder los papeles sucios de sangre y semen y luego mi hermano y yo nos dimos un beso tierno a modo de cierre para mi primera cogida.

Salí del cuarto con una sensación en la vagina difícil de explicar, que me incomodaba al caminar; aunque ya me había cambiado de calzado, sentía mis piernas cansadas. Afuera, la música seguía sonando, aunque a un volumen muy bajo. Cuando salí al patio, uno de mis primos besaba en la boca a mi mejor amiga, mi tío Pablo rompía el silencio de la noche con la música de su risa alcoholizada y al otro extremo del patio, sentado y conversando con dos amigos, estaba Ricardo, mi novio y yo me senté a su lado y me acerqué para decirle -Disculpa la tardanza, mi papá se puso borracho y no se quería dormir, tuve que ayudar a mi mamá y a mi hermano a acostarlo-. Y le di un besito en la mejilla. -Está bien, Candy, tu tío dice que vive aquí al lado y dijo que cuando bajaras nos íbamos todos para allá. Es a toda madre tu tío Pablo-. Y sí, lo es jaja.

Mi amor, así fue la primera vez que fornicó tu putita. Esa misma noche, en casa de mi tío Pablo, Ricardo también me cogería, solo que esa vez, y durante todo el tiempo, le tuve que mentir, porque él no fue mi primer hombre, aunque así lo pensó. Pero la historia de cómo me cogió mi novio poco tiempo después de que me entregara a mi propio hermano, será para la próxima vez.

Recuerda que soy tu puta, siempre, mi amor. Besitos ricos.

Dulce F.

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