Alex, 18 años, casi Alexia de tan lindo (7)

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(Dominación)


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RESUMEN

Los Amos, luego de varios meses, deciden liberar a Alex, pero la reacción del chico sorprende a Ligia, que cuando está por disponer la captura de una nueva víctima es sorprendida nuevamente por Alex.


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  • Autor: señoreduardo
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El tiempo iba transcurriendo y no había día igual a otro en la vida de Alex. Tres o cuatro veces a la semana era usado por los Amos, Ligia lo visitaba a diario en su cuarto, a veces sólo para nalguearlo sin cogerlo con el consolador, otras veces para cogerlo sin chirlos previos y en ocasiones para nalguearlo primero y después usarlo con el consolador. Incluso un par de veces lo había compartido con Mara, su amante.

La dominación total de la mujerona mantenía al jovencito en un estado de excitación permanente, hambriento de vergas, de castigos, de humillaciones y todo eso le era proporcionado sin mezquindad alguna por el grupo de depravados que lo retenía en su poder, incluido el señor Z, asistente a la mansión una o dos veces al mes.

Cierta noche, después de que los Amos hubieron usado a fondo a Alex, por la boca y por el culo como era habitual y en esa oportunidad con la participación del señor Z, hubo un debate entre los cuatro hombres, iniciado por un comentario del visitante mientras los cuatro bebían la segunda ronda de whisky en el living de la mansión:

-Es tan lindo este mocoso que a veces lo imagino vestido de chica.

-¿De veras le gustaría usarlo teniéndolo con ropa de mujer? –preguntó el ingeniero.

El interpelado pareció dudar y luego dijo:

-Mmmmhhhhhh, no sé, creo que no, es solamente una imagen que me viene a la mente. El gran atractivo de este chico es que casi parece una pendeja, pero no es una pendeja y ahí está su encanto.

-Sí. –apoyó el escribano. –De tan lindo que es casi parece una chica, pero es por ese casi que nos gusta tanto. Porque casi parece una pendeja pero no lo es, es un chico y a nosotros nos gustan los chicos.

-¡Los chicos con lindos culos! –agregó el doctor como para que no quedara duda alguna sobre las preferencias sexuales del grupo.

-Claro, doctor, con lindos culos y boquitas mamonas… -amplió el escribano. -Bueno, amigos, de manera que ni soñando se nos ocurriría feminizarlo al nene, ¿verdad?

-¡Noooo! –respondieron a dúo el doctor y el ingeniero.

-Es tan apetecible con esa túnica… -intervino el señor Z con los ojos entornados, viendo a Alex con la mirada de su imaginación.

……………..

Alex sintió algo parecido a un puñetazo en el estómago cuando Ligia, después de habérselo cogido con el consolador tras una buena dosis de chirlos le dijo mientras el chico yacía boca abajo en la cama:

-Te largan, che, los Amos me ordenaron que mañana saque a la calle a las cazadoras y en cuanto traigan a otro chico te largan.

Alex se alzó de pronto apoyado en sus manos y rodillas, se hincó ante la matrona, la miró con expresión demudada y balbuceó con las manos unidas en gesto implorante:

-No… No, señora, por favor, no… No me echen… Dígale a los Amos que no me echen… Yo… Yo ya no voy a poder vivir si no es acá, señora… ¡Por favor!... –rogó al borde del llanto.

Ligia se sentó en el borde de la cama, muy próxima al chico.

-¿De veras no te gustaría volver a tu vida de antes, rico? A tus papis, a tus amigos, a la escuela… Tenés que terminar el quinto año de la secundaria, ¿cierto?... Y después ¿no te gustaría…?

-¡No, señora, no!. –La interrumpió el chico con tono desesperado. -¡No quiero nada de lo de afuera! ¡Quiero seguir acá! ¡Por favor, señora Ligia! ¡Por favor! –y se quebró en un llanto nervioso mientras caía de costado sobre la cama.

“Mmmmmhhhhhh, está entregadísimo”, se dijo Ligia morbosamente complacida y segura de que su plan iba a funcionar a la perfección.

-Bueno, voy a hablar con los Amos y a ver si ellos deciden cambiar de opinión. -prometió mientras acariciaba lentamente las nalgas de Alex, que seguía presa de los sollozos.

Al día siguiente Ligia llamó al escribano y le contó su diálogo con el chico.

-Cuesta creerlo, señora, pero me calienta ese emputecimiento total de este chico… Voy a hablar con los otros dos y la llamo a ver qué resolvemos, aunque le adelanto que estamos necesitando un culo nuevo. Hace meses que le venimos dando a éste.

-Sí, me imagino, escribano, bueno, espero su llamado. –y lo aguardó nerviosa aunque confiada en que todo saldría bien.

Una hora más tarde atendía el llamado del escribano: -Lo que le había dicho, señora, queremos un nuevo culo, un nuevo hocico.

Bueno, escribano, entonces le propongo algo…

-Diga, señora.

-Me gustaría que en lugar de echarlo me lo regalen.

Se hizo un silencio y después se oyó la risita del escribano: -Mmmhhhh, veo que el chico la entusiasma, mi estimada señora…

-Me entusiasma mucho, escribano… Me gustaría hacerlo mío si ustedes tuvieran la generosidad de regalármelo.

-No creo que haya problemas, señora, porque de todas maneras lo estaríamos echando a la calle después de darle la última cogida cuando consigamos carne nueva. Llamo a los otros y le confirmo.

-Bien, escribano, ¿saben ya cuándo van a volver a usarlo?

-Esta misma noche, señora. A las diez estaremos ahí.

Ligia cortó la comunicación excitadísima ante la posibilidad cierta de hacerse del chico en poco tiempo y someterlo a sus designios. Media hora más tarde recibió la esperada buena noticia:

-El chico es suyo, señora, que lo disfrute. –le confirmó el escribano. -¿Y qué piensa hacer con él?

Ligia se lo explicó y el vejete aprobó la idea luego de lanzar una carcajada.

-Ustedes no tendrían problema, ¿cierto? –quiso asegurarse la matrona.

-Claro que no, Ligia, disponga tranquila. Nos vemos esta noche a las diez.

La mujerona no cabía en sí de entusiasmo y excitación. El jovencito sería suyo y ahora cabía esperar que las cazadoras tuvieran éxito rápidamente. Pensó en su amante y se dijo: -Tengo que contarle a Mara… -y al evocarla recordó que hacía más de una semana que no tenía sexo con ella.

-Mañana la hago venir… -decidió.

A las ocho y media hizo cenar hizo liviano al chico, apenas una ensalada.

-Comé que dentro de una hora empiezo a prepararte para la cogida que te van a dar los viejos.

Alex tembló ante la amenaza de su próxima libertad y se atrevió a preguntar con un hilo de voz:

-Se… señora, ¿habló con ellos?...

-Sí…

-¿Y qué le… qué le dijeron, señora?...

-No hubo caso, quieren carne nueva… -dijo la matrona jugando con la desesperación que se expresaba en el rostro del jovencito y sólo cuando lo advirtió a punto de romper en llanto le contó la verdad. El rostro de Alex fue entonces una máscara que iba cambiando para expresar las distintas sensaciones que invadían sucesivamente su ánimo: alivio, alegría, duda, hasta que por fin se animó a hablar mientras sentía un nudo en el estómago y le costaba respirar.

-¿Voy a… voy a ser… a ser suyo de verdad?... ¿No me… no me van a echar?

-No te van a echar, ya te lo dije. Vas a ser mío.

-¿Usted va a ser mi… mi Ama?...

-Exactamente, y tengo planes para vos…

-¿Y dónde me va a tener? ¿Usted… usted vive acá, señora?...

-Sí, tengo mis dependencias acá y ahí te voy a tener. Voy a comprar un futón para ponerlo en el living y hacerte dormir ahí. –detalló aunque reservándose los aspectos centrales de su plan.

El chico pareció meditar durante un momento y luego preguntó con tono apenas audible:

-¿Y usted me… me… me va a usar, señora?...

-Ligia rio entre dientes y preguntó a su vez, entre divertida y excitada:

-¿Me estás preguntando si voy a seguir dándote dedos y consolador?

El chico asintió con la cabeza mientras las mejillas le ardían de vergüenza.

-Eso te gustaría, ¿eh, putito?

Lo admitió con la cabeza, incapaz de articular palabra alguna en tanto se iba excitando cada vez más.

-Decilo. –le exigió la mujerona. Alex tragó saliva varias veces, carraspeó y finalmente pudo murmurar:

-Sí… me… me gustaría…

--Qué te gustaría, putito? –preguntó retóricamente Ligia, que disfrutaba humillándolo.

-Que usted me… que usted…

-Que yo ¿qué, nene putito? –lo apuró y era tal el goce erótico que estaba experimentando que comenzó a mojarse. Le resultaba inconmensurable el placer que sentía en ese momento, con el chico arrodillado ante ella y mirando obstinadamente hacia abajo.

-Que usted me… me dé dedos y… y el… el consolador…

-Ahá… ¿qué te los dé por dónde?

Era tal la tensión que el chico sentía atormentado sicológicamente por la matrona que se le hacía difícil controlar los sollozos que pugnaban por estallarle en la garganta. Por fin pudo decir, con un gran esfuerzo:

-Por… por la cola…

-¡Muy bien, nene putito! ¡Muy bien!... Claro que te voy a dar dedos y el consolador por ese lindo culo de putito que tenés, pero ahora comé que en un rato te vengo a preparar para los Amos. –concluyó Ligia y corrió a masturbarse en sus dependencias: comedor, dormitorio, baño y cocina ubicadas en la planta alta de la mansión, próximas al cuarto donde tenían a Alex.

Más tarde, ya relajada, llamó a su amante.

-Mara…

-Ah, sos vos, me tenías abandonada…

-No, tonta, mucho trabajo acá en la mansión, pero quiero verte y te adelanto algo: me regalaron al chico, ¿te acordás de él, cierto? Lo viste una sola vez que me acompañaste y lo cogimos.

-Claro que me acuerdo, fue morbosísimo como lesbiana que soy darle por el culito a un chico. ¡y con lo lindo que es!... un poco nena sin ser una nena…

-Sí, vos y yo hablamos de eso, nos calienta por esa cosa casi femenina que tiene… Bueno, ¿tenés ganas de que le demos?

-¡Claro! –fue la respuesta entusiasmada de la otra.

-Bueno, las cazadoras salen mañana mismo en busca de otra presa y en cuanto tengamos al nuevo acá el chico es mío. Venite a la tardecita, tipo siete. Nos cogemos a morir y te cuento cuál es mi plan para él.

-¿Tenés un plan?

-Sí, cuando vengas te cuento…

-Adelantame algo, no seas mala… -pidió Mara con voz mimosa tratando de vencer la reserva de su amante, pero ésta se mantuvo inflexible y poco antes de las nueve y treinta de la noche estaba en el cuarto de Alex, dispuesta a prepararlo para una nueva sesión de sexo con los Amos.

Mientras lo llevaba hacia el baño despojado de la túnica y las ojotas el chico preguntó en un murmullo:

-¿Puedo hablar, señora?

-Hablá.

-¿Ya tienen a… a un nuevo chico?...

-¿Estás celoso, nene? –se burló Ligia. –No, todavía no. Mañana pongo en acción a las cazadoras, las mujeres que te agarraron a vos. Te cuento para que veas cómo caíste. Las cazadoras van por la ciudad en busca de un chico que le pueda gustar a los Amos, lindo cuerpito, buen culo, linda cara y cuando lo ubican, ¡zas, palo y a la bolsa! Como hicieron con vos.

Alex estaba erizado de tan caliente, ante la inminencia de ser usado por los tres viejos, y se estremeció cuando Ligia le aplicó en cuatro patas una enema con la pera de goma. El hecho de saber que el chico sería suyo incrementaba su natural sadismo y fue por eso que le metió más agua que de costumbre, para verlo sufrir y así lo advirtió luego de varias aplicaciones. Lo vio mover sus caderas de un lado al otro, lo escuchó jadear, gemir y suplicar al pobrecito, que se sentía inundado por dentro, martirizado por esa insoportable presión que ejercía el agua.

-Tenés que tener el culo bien limpito para los Amos, nene… No quiero ni un puntito de caca… -se burló Ligia y luego dio por finalizada la enema, satisfecha con la dosis de placer sádico que el sufrimiento de Alex le había deparado.

-Bueno, ya está, andá al inodoro y larga todo. –ordenó mientras abría la canilla de agua caliente de la ducha.

Alex evacuó largamente, con un estruendo que acompañaba su alivio al sentirse liberado de esa cantidad de agua que lo había inundado.

-Vamos, a la ducha. –lo llamó la matrona junto a la bañera mientras comprobaba que la temperatura del agua fuera la adecuada.

Cuando el chico terminó de ducharse y antes de permitirle que saliera de la bañera, Ligia le examinó el culo metiéndole el dedo medio hasta el nudillo, para comprobar que estuviera perfectamente limpio. Lo estaba y entonces le aplicó desodorante en las axilas, lo perfumó, le cepilló largamente el pelo, que ya llegaba hasta los hombros, y se lo llevó tomado de un brazo al cuarto. Allí Alex debió ponerse la túnica y calzar las ojotas, luego de lo cual quedó listo para ser llevado ante los tres vejetes.

-Mirate al espejo, putito… Fijate qué lindo que estás con esa túnica… -le ordenó Ligia y Alex obedeció. Se paró ante el gran espejo de pie y su imagen lo excitó aún más de lo que ya estaba. Se miró largamente y sintió que ardía de pies a cabeza. Le gustó su pelo, una cascada rubia y abundante que caía a ambos lados de la cara hasta los hombros. Le gustaron esas formas ambiguas que la seda transparentaba: lo fino y alto de la cintura, la suave y armoniosa curva de las caderas; le gustaron sus muslos, tan largos, tan bien torneados y raramente mórbidos en un varón. Sin esperar una orden de Ligia se puso de espaldas y miró por sobre su hombro para apreciar su culo. Miró largamente esas nalgas que abultaban la túnica transparentándose sugestivamente y sintió como un aguijonazo en el estómago el intenso deseo de ser penetrado, de tragar vergas por el culo una y otra vez, de mamar esas vergas y de tragar leche, mucha leche.

Ligia, a sus espaldas, parecía adivinar lo que el chico estaba sintiendo y por fin dijo, con sus labios curvados en una sonrisa lujuriosa:

-Bueno, vamos, putito… Vamos que los Amos te esperan… -Y al decir esto pensó en lo que le tenía reservado a partir del futuro inmediato.

Cuando Ligia entró en la habitación con Alex los Amos bebían su acostumbrada ronda de whisky antes de cada sesión de sexo con el jovencito de turno. El ingreso de ambos fue saludado con entusiastas aplausos y expresiones obscenas por los tres vejete y Ligia dejó al chico ante los tres Amos, para después ordenarle que se arrodillara. Entonces dijo:

-Señores, tengo que contarles algo que hemos descubierto gracias al señor Z.

El doctor fue el primero en reaccionar:

-¿Algo sobre el putito?

-Claro. –confirmó Ligia.

-¡Cuente, señora, cuente! –apremió el escribano.

-Al nene le gustan los chirlos en la colita… -comenzó a narrar Ligia para el asombro de los tres vejetes. –El señor Z lo castigó así cuando quiso besarlo en la boca y el chico se resistió. Se lo puso sobre las rodillas y empezó a nalguearlo y mientras le pegaba se fue dando cuenta de que al putito lo calentaban esos chirlos; se le movía de un lado al otro, jadeaba y gemía, jejeje…

El escribano lanzó una carcajada y el doctor dijo, entusiasmado: -Es un degeneradito total el nene…

-Quiero ver eso, señora… -intervino el ingeniero.

-Queremos. –corrigió el doctor mientras se sobaba la verga.

-¿Qué es lo que quieren? –preguntó Ligia. -¿Qué lo nalguee?

-¡Sí! ¡Que le caliente con unos buenos chirlos ese culito de nena que tiene! –confirmó el ingeniero y de inmediato Alex estuvo echado boca abajo sobre los muslos de la matrona, sentada en el borde de la cama. El chico se había excitado sobremanera durante el diálogo entre Ligia y los Amos y esperaba con ansiedad extrema los prometidos chirlos.

Ligia contempló durante un rato esas deliciosas nalgas tan indefensas y apetecibles. Las acarició y luego, movida por un impulso irresistible, pasó su mano verticalmente por la hendidura que las separaba para después humedecer con su propia saliva el dedo índice de su mano derecha y hundirlo hasta el nudillo en el orificio anal del jovencito, que corcoveó violentamente al sentirse penetrado.

Era tal la temperatura erótica que reinaba en la habitación que el aire parecía haberse espesado para contener los suspiros, gemidos y jadeos de Alex.

Antes de comenzar la paliza la matrona le ordenó al jovencito que fuera contando cada chirlo y luego dijera “gracias, señora”

-Porque vas a gozar, putito, y es lógico que me agradezcas ese goce.

-Sí, señora… -murmuró Alex y de inmediato la mano de Ligia comenzó a caer una y otra vez sobre sus nalgas, que se iban enrojeciendo y cobrando temperatura en tanto el chico se entregaba sin reservas a ese dolor que sentía como un dolor extraño, intenso y voluptuoso, un dolorplacer, un placerdolor que le había sido revelado por el señor Z y que de allí en más le iba a resultar imprescindible, tanto como ser penetrado y usado por la boca.

-Cinco… gracias, señora… -contaba Alex con esfuerzo, ya que su excitación era tanta que le costaba hablar.

De pronto Ligia se echó a reír e interrumpió por un momento la zurra: -No quieran saber lo caliente que está el putito… dijo después de una sonora carcajada que intrigó a los tres Amos.

-¿Qué quiere decir, señora? –preguntó el ingeniero.

-Siento en mi pierna lo calentito que lo tiene la paliza que le estoy dando… -explicó Ligia en medio de una risita burlona mientras el chico sentía que la vergüenza le hacía arder las mejillas.

Esta vez fueron los tres vejetes quienes estallaron en risas al comprender la aclaración de la mujerona, que había reanudado los chirlos y con ellos la morbosa música hecha del restallar de la mano en las nalgas y los jadeos y gemidos de Alex y los suspiros de Ligia. Por fin, cuando la cola del jovencito lucía ya bien roja, la matrona decidió dar por terminada la zurra y echó al chico al suelo. El ingeniero, con su verga ya bien dura y erecta, se acercó, tomó la cadena del collar y dio un violento tirón al tiempo que vociferaba una orden: -¡De rodillas, nene putito!

-Sí, señor… -murmuró Alex.

-¡Las manos en la nuca! –intervino el escribano. -¡putito y masoca! ¡sos completo, che!

-Sí, señor… -repitió el chico un segundo antes de obedecer mientras se frotaba las nalgas y pensaba que su masoquismo tenía un límite, ya que por nada del mundo querría volver a sufrir la tortura de los azotes con vara y con cinto, que Ligia le había hecho probar para domarlo después de su captura y traslado a la mansión.

-¿Esta bien así, amigos?... ¿de rodillas y con las manos en la nuca para que nos haga una buena mamada o prefieren que sea en la cama? –consultó el escribano a sus cómplices, que aceptaron entusiasmados y calientes la postura en que Alex iba a tomar las tres mamaderas.

-Empezá por mí, putito. –decidió unilateralmente el escribano, con el chico ante él. Los otros dos no se opusieron sino que, por lo contrario, se aprestaron a gozar del espectáculo mientras sobaban sus pijas ya bien duras.

Alex abrió lo más que pudo su pequeña boquita y el viejo empuñó entonces su ariete y sin miramientos lo fue enterrando en la cavidad bucal provocando sucesivos estremecimientos en el chico que ya con un buen trozo en su boca comenzó a succionar mientras movía su lengua por debajo de la verga. De pronto sintió que algo que supuso dedos le andaban por la grupa, sus nalgas eran entreabiertas y eso que imagino dedos pugnaban por entrar en el diminuto orificio de su ano.

-Esperá que traigo la vaselina. –escuchó decir al doctor, pero no debía distraerse de su tarea y siguió mamando mientras, poco después, algo que imaginó dedos le entraba de un solo envión en el culo, provocándole una sensación deliciosa que aumentó su calentura e incluso enriqueció el placer que estaba sintiendo al mamar la verga del escribano.

-¡Dale, dale!… -dijo el doctor alentando al ingeniero que seguía haciendo avanzar y retroceder una y otra vez sus dedos índice y medio en el ano de Alex. El chico movía sus nalgas acompañando el ritmo de esa penetración mientras no dejaba de sorber y lamer la verga del escribano. Estaba cubierto de sudor y presa del fuerte deseo que esos dedos se transformaran en una verga. El escribano no cesaba de gemir roncamente, deleitado por el trabajo que el jovencito realizaba con los labios y la lengua en su pija, que minutos después lanzó en lo profundo de la boca tres chorros de semen que desaparecieron luego de que Alex tragara hasta la última gota mientras el vejete lanzaba varios gruñidos cuasi animales a iba presuroso hacia el lecho, desplazándose con piernas vacilantes.

-¡A mí! –se adelantó el ingeniero y fue a colocarse ante el chico, que continuaba arrodillado, pero el doctor dijo:

-No, andá a la cama, que te la chupe ahí mientras yo le doy por el culo.

Al ingeniero no le disgustó la propuesta y fue a tenderse de espaldas en la cama llamando al chico con un gesto de su mano derecha:

-Vení, nene putito… Mirá cómo tengo la verga… -y rió orgulloso ante la dureza y erección de su atributo viril.

-Y mirá la mía… -reclamó el doctor mientras sostenía su pija con la mano derecha.

Alex miró ambas vergas en tanto respiraba con fuerza por la boca muy abierta, excitadísimo ante la posibilidad de gozar al mismo tiempo por la boca y por el culo.

Ligia, por su parte, observaba la escena con la mente llena de fantasías referidas al uso que iba a darle al jovencito y que le permitiría disfrutar de morbosos placeres.

Ya el ingeniero estaba de espaldas en el lecho y Ligia observaba la escena mojada y tocándose por encima del vestido, mientras su cabeza se llenaba de fantasías morbosas relacionadas con sus planes para con el chico. La excitaba sobremanera saberse y sentirse dueña de un ser humano y, para mejor, de un ser humano tan jovencito, tan tierno y tan ambiguamente hermoso.

Por orden del ingeniero Alex había trepado a la cama y estaba en cuatro patas entre las piernas del viejo, listo para practicarle una mamada. De pronto sintió el inconfundible contacto de unos dedos envaselinando su orificio anal y muy poco después la igualmente inconfundible presión de un glande que pugnaba por entrarle.

-¡Vamos, nene, a chupar! –le ordenó el ingeniero con una ronquera propia de la calentura y entonces se aplicó a cumplir con la tarea. Fue cuando tuvo esa verga dentro de la boca que sintió el dolor que conocía muy bien, ese dolor intenso de los primeros centímetros y que, como de costumbre, fue atenuándose a medida que la verga del doctor iba penetrándolo más y más. Por fin la tuvo toda adentro y sintió alivio ante la prácticamente completa desaparición del dolor y en cambio el enseñoramiento de ese placer que ocupaba su culo, todo su culo mientras sentía los huevos del doctor repiqueteando sobre sus nalgas a cada ir y venir de la pija. Sumergido en ese intenso goce detuvo el quehacer de su boca y se sobresaltó ante el grito imperioso del ingeniero:

-¡Chupá, mocoso de mierda! ¡chupá, carajo!

-Sí… Sí, señor, perdón… ya… ya chupo… -articuló asustado y dificultosamente con la verga en su boca.

-¡Hay que castigarlo por haberse distraído!. –dictaminó Ligia y se colocó al lado del chico, junto a su cadera izquierda, para comenzar a nalguearlo con fuerza. La iniciativa de la mujerona encontró la aprobación exaltada de los tres Amos e incluso el doctor echó un poco hacia tras su torso para facilitar la sorpresiva y por cierto excitante paliza. Alex era un fuego por dentro y sentía la piel erizada de la cabeza a los pies. Respiraba dificultosamente por la nariz sin dejar de chupar y lamer esa verga dura y enorme dentro de su boca que pronto se vio inundada de semen. Apenas un segundo después tres chorros de leche le llenaban el fondo del culo mientras tragaba hasta la última gota el tributo lácteo del ingeniero para después, mientras Ligia le daba los últimos chirlos, estallar en un grito estentóreo y prolongado, liberador de tanta tensión.

El aquelarre sexual siguió por un tiempo más, hasta que los tres vejetes hubieron gozado cada uno del culo y la boca del jovencito. Saciados y exhaustos se quedaron dormidos, el ingeniero y el doctor en la cama, el escribano sobre la alfombra.

Apenas Ligia y el chico salieron de la habitación la mujerona le dijo mientras lo llevaba del brazo:

-Te conozco bien, putito, y sé que estás hirviendo y con ganas de masturbarte. ¿Me equivoco?

Alex tragó saliva y dijo mirando al piso:

-No… No se equivoca, señora…

-¿Entonces?

-No entiendo…

-Quiero escucharte, nene putito.

Alex comprendió lo que el sadismo de la mujerona reclamaba y murmuró:

-Le… le pido permiso para… para masturbarme, señora…

Ligia aspiró largamente por la nariz, complacida y excitada ante la absoluta obediencia del chico y dijo:

-Te autorizo, nenenena… Te llevo al baño de tu habitación y ya sabés, sentadito al revés en el inodoro te masturbás, acabás en la mano y te tomás toda tu lechita…

-Sí señora… Lo que usted quiera…

-Lo que yo quiero es lo que vos también querés, ¿o acaso no te gusta tomar tu propia lechita?

-Sí… me… me gusta, señora Ligia… -aceptó Alex con las mejillas ardiendo como brasas y la verga erecta y dura por la humillación a que era sometido y que tanto lo excitaba.

Llegaron al baño y el ritual se cumplió según lo previsto. Alex se masturbó y bebió luego hasta la última gota de su propio semen. Pero la noche le tenía reservada a Ligia una sorpresa, y muy grata por cierto. Alex se había quitado la túnica y las ojotas y estaba por meterse en la cama con el collar, puesto que no le era permitido quitárselo nunca, cuando preguntó con voz algo temblorosa:

-¿Puedo… puedo hablar, señora?...

La matrona estaba apurada por ir a su cuarto y masturbarse luego de tanta excitación y entonces le dijo:

-Sí, dale, ¿qué querés? Hablá rápido y a dormir y preparáte para lo que te espera en mis manos, porque tengo planes para vos, bomboncito.

“Planes”… repitió Alex para sí mismo y sintió de pronto un deseo intenso de estar por completo en manos de esa mujer que tanto lo excitaba por su forma de dominarlo y de usarlo sexualmente.

-Conozco a un chico… -dijo luego de una pausa y sin poder contenerse.

-¿Qué?...

-Usted me… me dijo que esas señoras iban a salir mañana a buscar a un chico y yo… yo conozco a uno…

Ligia mostraba en su rostro el asombro que le causaba lo que Alex estaba diciendo y ganada por la curiosidad y el interés lo alentó a explicarse.

-Digo que hay un chico, compañero mío en la secundaria, bastante amigo… Es muy lindo… Morochito, de pelo enrulado, lindo de cara, buen cuerpo… linda cola, lindas piernas… Yo lo miraba mucho en las duchas, después de la clase de gimnasia…

-¿Te calentaba? –interrumpió Ligia cada vez más interesada en el relato de Alex.

-No… Usted ya sabe que no me calientan los chicos… Pero lo… lo miraba para compararme con él, creo…

-¿Qué querés decir, nene?... –lo apuró la matrona.

-Que… que a mí me parece que Diego puede ser el chico que me reemplace con los Amos… Yo… Yo le puedo decir cómo agarrarlo, señora… -precisó Alex mientras sentía en su interior un torbellino surgido de esa perversa decisión de entregar a su compañero de clase al apetito sexual de los Amos, de ayudar a arrancarlo de su vida corriente y convertirlo en carne de verga, como lo era él. Se estremeció al asumir en qué especie de demonio se estaba transformando, pero siguió adelante: -Diego va los lunes, miércoles y vienes al gimnasio… Sale a las siete de la casa y camina tres cuadras… Vuelve a las nueve… Lo pueden agarrar a la ida o a la vuelta, señora…

-¿Por qué lo querés entregar?... preguntó Ligia.

-No sé… No sé, señora… No sé… -mintió Alex retorciéndose las manos, con la cabeza gacha y la vista clavada en el piso. Experimentaba claramente esa oscura e incontrolable pulsión de facilitar la captura de su compañero de clase, no solamente para entonces pasar a ser propiedad de Ligia, sino porque lo excitaba morbosamente imaginar al muy lindo Diego en la celda del sótano, domado por la matrona y después, inevitablemente, reducido a ser carne de verga para el goce perverso de los Amos.

“¡¿En qué monstruo me convertí?!” –se reprochó aunque resignado a la imposibilidad absoluta de volver atrás.

Ligia miraba al chico complacida y a la vez intrigada. Si el tal Diego era como lo había descripto Alex, seguramente sería la presa buscada y se habría ganado mucho tiempo. Los Amos tendrían rápidamente nueva carne y ella comenzaría a gozar como dueña de ese chico casi chica que tanto la excitaba. A la vez, le costaba quitarse de la cabeza el interrogante respecto del motivo que alentaba al jovencito para condenar a su compañero de escuela a un futuro de oprobio y forzada homosexualidad.

-¿Qué te parece a vos?, ¿será gay tu compañerito?...

Alex negó en principio con la cabeza y luego djjo:

-No, señora… No creo…

-Bueno, mañana mismo lo vamos tener acá y vos pasás a ser mío… Dame los datos para agarrarlo. ¿Dónde vive y por qué calles camina hacia el gimnasio?

Alex le indicó la dirección y las dos calles por las que el jovencito iba hacia el gym.

-Bien, nene, ahora a dormir y preparáte para lo que te espera en mis manos, porque ya te dije que tengo planes para vos… -dijo la mujerona reiterando el enigma que inquietó y a la vez excitó al jovencito.

“Perdoname, Diego...” –pidió con inconsciente hipocresía antes de caer en brazos del sueño.

(continuará)

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