Amor Filial

Convierto a mi sobrino en mi esclavo sexual

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  • Autor: tranque
  • Publicado 27/06/2016
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  • T. de lectura [ 60 min. ]

Categorías eroticos

RESUMEN

Yo no quería cuidar a mi sobrino, por eso decido, con una amiga, en que él sea el que me tenga que servir, pero la situación se nos va un poco de las manos.


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ESTE RELATO HA SIDO ROBADO DE cuentorelatos.com

Era jueves y me llama mi hermano temprano, a eso de las ocho de la mañana, antes de ir a trabajar para pedirme un favor y si lo podía ayudar. Me sorprende porque no es común que me llame.

Me presento, mi nombre es Mariela tengo 26 años, vivo en las afueras de la ciudad, en una casa modesta pero cómoda, vivo sola, nunca me case y todavía ni pienso en eso. Me dedico a dar clases de arte o dibujo para niños en una primaria local, nada de otro mundo.

En casa disfruto del arte, la pintura, la escultura y cualquier tema que sea relacionado con eso, pienso alguna vez dejar la escuela y depender de mi arte, pero tal vez sea un sueño. Soy aficionada al yoga, me ayuda a relajar y mantener el cuerpo.

Mi vida en cuanto a mis amistades es normal se podría decir, tengo una amiga del alma con la cual comparto todos mis secretos, la conozco casi desde los 20 años se podría decir que somos inseparables y compinches en muchas aventuras. Muchas veces las aventuras incluyen hombres, pero sólo nos ayudamos a que se nos hagan más fácil atraparlos, pero es algo normal y divertido como cualquier relación entre amigas. Ella es médica de profesión y se especializa en oftalmología, no tiene tanto tiempo libre como yo porque trabaja en un hospital cercano y como hay pocos profesionales muchas veces está saturada de trabajo.

Volviendo al llamado de mi hermano, me comentó que pasaría unas vacaciones con su esposa de tres semanas aproximadamente, para festejar el décimo aniversario de casados, irían a Qatar y que, si yo me podría ocupar de su hijo, mi sobrino, durante sus vacaciones, ya que su abuela o sea mi madre que siempre se encargaba de cuidarlo para esa fecha no se encontraría en su casa, porque también disfrutaría de unas vacaciones con sus amigas de un centro de jubilados. Yo no le quise confirmar nada, pero él sabía que yo no tenía una moneda, le dije que me llame el lunes y le podría confirmar. Entonces él me dijo que trate de hacer todo lo posible que me iba a traer un buen regalo de sus vacaciones, que no podía dejar a su hijo, Leandro, sólo en su casa, que, aunque tenía 18 años, aún era muy chico y poco responsable. Mi hermano esperaba una respuesta positiva, yo como siempre me hice rogar un poco, pero me comentó que saldría de vacaciones el fin de semana siguiente así que me pidió que me apure con la respuesta.

El sábado por la mañana me encontraría con Silvia, mi mejor amiga, y le comentaría la situación para que me ayudase a tomar una decisión.

Llegó el sábado y voy por el hospital donde trabaja y empiezo a contarle sobre el favor que me pidió mi hermano, y que yo perdería un mes cuidando a mi sobrino, ella, debo admitirlo es más inteligente, me aconsejo que ayudase a mi hermano, sabiendo la buena posición económica en la que se encuentra y por el regalo que te haría si lo ayudase.

—Silvia te explique cómo es la situación, yo no quiero clavarme en casa en mis vacaciones

—bueno, bueno, bueno, como si fueras una millonaria que puede ir a pasear por el mundo

—sí, ya sé, voy a estar casi siempre en casa sola, porque vos vas a estar trabajando.

—sí, ves que exageras

—pero, yo no quiero ser la madre de mi sobrino, hacer todo, limpiar, darle de comer, es esclavo.

—esclavo, jajajaja, ¿pero cómo está tu sobrino?

—¿Cómo, cómo está?

—sí, como está, como tu hermano

—¿y que tiene mi hermano?

—está re fuerte, jajaja

—es común

—sí, alto, musculoso, ojos verdes, jaja, común

—bueno, porque vos te calientas con cualquiera.

—A porque vos no, jajaja, sos la peor. Bueno y tu sobrino como está.

—es chiquito, pero es parecido a mi hermano cuando era chico.

—Entonces que más quieres, dile que sí y planeamos algo para que él te ayude y te mime.

—jajaja, ¿pero qué cosa?

—bueno tengo un plan, el martes te cuento.

Llegó el lunes, me llama mi hermano y le digo que sí, que acepto, que le voy a cuidar a su hijo, y que me debe una. Mi hermano me agradece. Me dice que se queda más tranquilo y que me iba a recompensar. Después hablo con mi cuñada, que es medio pesada, y me da las recomendaciones de la comida y horarios, yo hago como que la escucho, y espero al martes para no tener que aplicar ninguna recomendación de ella.

Llega el martes y después de mis clases voy al encuentro con mi amiga para que me ilumine con su imaginación. La encuentro en la guardia del hospital y me dice que vayamos al comedor que me contará su plan mientras tomamos un café.

—Y Silví dime tu gran idea, jajaja.

—bueno, mira, el viernes a la tarde te llevan al crio, ese primer día tendrás que hacer de madre, seguir las recomendaciones de tu cuñada, cenar y durante la cena comentarle que haces como artista, como te gusta trabajar con esculturas, con pinturas y aguafuertes. Cuando terminen lo llevas al taller para mostrarle como trabajas y los peligros que conlleva.

—¿Qué peligros?

—¡Tonta! Los ácidos que usas en las aguafuertes o en las esculturas

—bien, pero que tiene que ver eso.

—Espera, espera, ahora te cuento cual es mi plan, no seas apurada. Primero le tienes que mostrar algunas de tus esculturas y los métodos que usas, para que le quede bien claro que es muy peligroso cuando se trabaja con ácido y le muestras con algún ejemplo cómo se hace, como usas los elementos de seguridad, guantes y antiparras. Principalmente tienes que hacer mención a esos riesgos, me escuchas.

—sí, dale te escucho, pero para que quieres que le cuente algo tan aburrido a un chico que sólo piensa en video juegos, tetas y culos.

—bueno, tienes que preocuparlo con el tema para prepararlo para el sábado.

—¿y que tiene que pasar el sábado?

—bueno, escucha atentamente, no me interrumpas si quieres pasar unas buenas vacaciones para tener a tu sobrino como un mucamo, que te sirva y haga tus mandados y la comida. El sábado es el día que tienes que aprovechar porque yo puedo ser la mejor cómplice, yo estoy en el hospital, casi no hay trabajo y menos por las vacaciones.

—¿y cómo?

—no seas ansiosa, escucha, el viernes a la noche después de hacer lo que te explique, le dices que los sábados por las mañanas trabajas en las aguafuertes y que usarás los recipientes con ácido, vos tienes que cambiar el ácido de los recipientes por agua y simulas un accidente en los ojos me llamas e inventamos que pierdes la vista por un tiempo y él tendrá que hacer todo el trabajo.

—jajaja ¿pero él se lo va a creer?

—claro que sí, sigue mi recomendación y lo tendrás trabajando de sirviente.

—jajaja, bueno estás loca, probemos, hablamos en la semana

Yo confiaba en la inteligencia de mi mejor amiga, bueno tal vez sobrevaloro demasiado rápido la inteligencia ajena, pero no me imagine todas las locuras que se desataron por no tener en cuenta pequeños detalles que cambiaron la meta del plan que yo creía perfecto, pero como toda locura puede llegar a ser divertida.

Antes quiero describirme, para que me imaginen como forma de poder acercarlos a la realidad, aunque esto no sea importante, pero quiero ponerle cuerpo a su imaginación. Yo soy de tez muy blanca, salí a mi mamá, pelo casi colorado pero no llegaba a ser pelirroja, tenía los ojos grandes y de color gris muy clarito, mi altura era media tirando a bajita, las proporciones de mi cuerpo, algo que tal vez les interese, o sea las medidas de mi cintura, mi culo y mi tetas, jajaja, bueno en verdad no eran muy exagerados no les voy a mentir, mis pechos son como dos tazas de té y casi así de duros, mis pezones son de un color rosa clarito pero bastante puntiagudos con las puntas sobresaliendo como dos deditos de bebe, mi cintura era chica no era de engordar o se me iba todo a la cola que era redonda y blanquita. Casi siempre llevaba vestidos de tipo hindú o sino mamelucos de trabajo especialmente cuando trabajaba en las escultoras. No me preocupaba como me veían yo quería estar cómoda. La comodidad también la llevaba en mi ropa interior, casi siempre bragas de algodón, algunas veces tangas y casi nunca llevaba sostén, era más cómodo y no lo necesitaba. Bueno no los quiero aburrir más con los detalles.

Llegó el viernes, día en que me traerían a Leandro, eran como las cinco de la tarde y llegaron mi hermano y su hijo, yo lo esperaba en la puerta porque me dijo mi hermano que estaba apurado y lo dejó como si fuera un paquete, cosa que no me importó. Algo me alegró, nunca vi a mi cuñada.

—hola Mariela te dejo a Leo que estoy apurado, ya te contó mi mujer que tienes que hacer así que me voy.

—bueno, está bien, chau.

En eso lo veo a Leonardo, estaba mucho más alto desde que lo vi la última vez, hace como dos años atrás, ya que las últimas veces que me junté con mi hermano, él no estaba o su madre no quería que lo viera, sigue siendo una bruja mal parida, pero eso es otro tema.

Lo miro y me doy cuenta que como diría mi amiga, está re fuerte. Pero yo igual lo veía como un niño. Se notaba que hacía mucho ejercicio o jugaba al futbol, porque era flaco, pero tenía las piernas muy musculosas, los ojos verdes los mantenía como me acordaba y hacían juego con su piel morena. Trae dos bolsos con ropa y una Play con la que pensaría jugar, supongo.

—Leo ¿Cómo te va tanto tiempo?

—todo bien, también en la escuela, no tengo ninguna materia pendiente, así que no voy a tener que estudiar estas vacaciones.

—me alegro, bueno vas a tener tiempo libre para ayudarme en mis cosas.

—jajjaja, yo no sé hacer nada, sólo estudio.

Me respondió el pajero, como diciendo que no me iba a ayudar en nada.

Entonces decido poner en marcha el plan de Silvia rápido, para no dejar pasar la oportunidad que tendría al otro día, sábado, con mi amiga en el hospital, aunque mi sobrino estaba muy bien para su edad, no se me olvidaba por un minuto que no quería ser su madre durante tres semanas.

Fuimos a cenar y después a poner en práctica, como me indicó la genial de mi amiga, su elucubrado plan. Después de cenar vamos a mi taller y le muestro a Leo todo lo relacionado con mi arte y sus riesgos. El día anterior ya había arreglado con ella los horarios en que la llamaría el sábado y cómo hacerlo.

—vez Leo estas son mis pinturas y esculturas, mira te explico cómo trabajo con ellas.

El me miraba, pero realmente no se en que estaría pensando, bueno en mis tetas y culo supongo, como todo pajero de su edad, pero bueno yo seguía con mi discurso y le recalco bien el asunto del ácido que aplico en las esculturas y sus cuidados.

—vez Leo esto lo tienes que sumergir unos minutos, bla, bla,bla, bla,

Ya no me acuerdo que le decía, después termino a eso de medianoche y le explico en que habitación tiene que dormir y lo despido. Yo con la excusa de tener que terminar de limpiar me quedo por el taller y comienzo a cambiar el ácido de las bateas por agua del grifo, luego me voy a dormir esperando la mañana del sábado. A eso de las nueve de la mañana me levanto y paso por la habitación de mi sobrino y le grito para que se levante a lo que sólo se da vuelta para seguir durmiendo. Yo pienso que este pajero no se va levantar y se me va a pasar el horario que arreglé con Silvia en que la llamaría, así que voy de nuevo y le aviso más fuerte casi gritando y le digo:

—Leo, vamos levántate ya es tarde, yo mientras voy a trabajar y quiero que me ayudes.

Pero era imposible, se nota que a sus 18 años los huevos le pesaban como 50 kilos, cansada decido ir al taller y empezar con el plan.

Ya estando en el taller empiezo, eran las diez de la mañana y tenía hasta las doce para llamar a Silvia. Tomo agua con las manos y me la llevo a los ojos y me los mojo, pero como me dijo mi secuaz, me tenía que poner muy poco de lápiz de labio para enrojecer los parpados y dos gotas diluidas de limón en los ojos y así quedasen colorados por dentro y una gota de uso oftalmológico que se usa para dilatar las pupilas, para un fondo de ojos. Tomo coraje y después de “maquillarme los ojos” me pongo las gotas de Silvia y las gotas de limón en los ojos, en eso me arden como el carajo y empiezo a gritar, cosa que tenía que hacer en forma fingida pero la situación le dio más realismo.

—¡Ay!¡Ay!¡Ay! Leo ayúdame, ven Leo.

Grito de forma desesperada para que me escuche el tarado, no quería perder la oportunidad, y grito más fuerte.

—¡Ayyyyyyyyy Leo! ¡Me arde!

En eso escucho unos ruidos y siento que llega al taller corriendo.

—¿Qué pasa tía? ¿Qué pasa?

—me quedé ciega.

Decreto yo, para asustarlo. Cerraba los ojos y no logro verlo bien, sabía que él estaría mirando mis ojos.

—¿Cómo te quemaste?

—Me salpicó el ácido, no sé qué hacer, tráeme un balde con agua rápido.

En eso, cuando el sale disparado en busca del agua, abro y miro que se iba corriendo en slip, una imagen que me sorprende, le veo una cola firme y redonda, pero no quiero imaginar mas no me quiero distraer, en eso entra corriendo con un balde en la mano y de frente, no pude evitar verlo, pero tuve que cerrar los ojos apretándolos para que viera que no podía ver. En esos segundos que no habrán sido más de dos, veo un bulto en el slip que me sorprendió enormemente, me tuve que resistir a la tentación, el plan era más fuerte.

—Leo arrima el balde y ponlo cerca de mi cara así puedo lavarme con agua.

Lo hace y yo procedo con la limpieza, mientras protesto por mi torpeza con la manipulación del ácido. 

—fui muy tonta, fue mi culpa, tendría que haber esperado a que te levantes.

—fue mi culpa, yo no me levanté.

—no, Leo no fue culpa tuya, fui yo la que no supe operar el ácido.

—perdona, tía.

Yo lo hice sentir culpable por no levantarse, aunque no lo planee, mejor que se joda.

—mira como tengo los ojos, yo los abro despacio.

Aunque veo, veo todo turbio, se nota que las gotas de mi amiga estaban teniendo efecto.

—que pasa Leo, que pasa estoy ciega.

Lloro para dramatizar más la escena, aunque el llanto en parte era real porque hasta yo tenía miedo, ya casi no veía de verdad.

—Leo busca en mi cartera una libreta que tengo el número de una amiga oftalmóloga y llámala y le explicas que estoy ciega. Se llama Silvia.

El teléfono estaba en la casa y escucho que está hablando con Silvia, pero no sé qué están hablando. En eso escucho ruido y veo entrar una figura turbia que me empieza a hablar.

—Tía ya hablé con tu amiga y me dijo que viene de forma urgente y nos lleva al hospital. Yo me voy a vestir y vengo, me aconsejo que no toques los ojos.

Mejor no podría salir el plan, tenía al estúpido de mi sobrino listo para ser esclavizado, parecía otras de las aventuras que hacía con Silvia con algún muchacho que nos gustaba, pero este no era el caso.

Escucho el timbre y Leo sale corriendo para traer a mi amiga. Yo llorando la recibo dramatizando más la situación.

—Vamos Mariela no llores, pones mal a Leo.

—sí, fue mi culpa.

Dice mi sobrino a lo que ella le pide.

—Leo ayúdame ve a la cocina y moja unas toallas del baño con agua, toma hielo de la heladera y tráelos.

Me quedo sola con Silvia y comenzamos a hablar en voz baja.

—estúpida me arden los ojos por el limón.

—era una broma, pensaba que te ibas a dar cuenta y no te lo pondrías, jajaja.

—estás loca.

—jajaja que fuerte que está tu sobrino, ya quiero chuparle la pija.

—pero sos una tarada, no ves que estoy ciega.

—ya se me está haciendo agua la vulva.

—pero Silv estás recaliente.

—dale, dale cuando venga de la cocina te llevo al hospital y hacemos que te curo. No seas boba que dentro de un rato vas a empezar a ver mejor, solo se te dilataron las pupilas, ya vas a querer que tu sobrino te dilate el culo.

—que boba.

Entra Leonardo y Silvia me tapa los ojos con las toallas y le dice a mi sobrino que me ayude a subir al auto que íbamos al hospital.

Llegamos al hospital y entro con mi amiga a una salita, pero le dice a Leonardo que la espere afuera, es una zona vedada al público. Las dos ya dentro de la sala comenzamos a reír, yo ya empezaba a ver mejor y ella me muestra que me va a colocar. Eran unas antiparras como de buceo con ojos individuales, después de colocarlas en su lugar me envuelve con gazas con solo una vuelta en el frente para que yo pudiera ver casi con total normalidad, pero desde afuera y por el bulto que hacia todo el vendaje parecía que hubiese tenido un accidente de automovilismo. Cuando ya terminó de montar la ilusión, llama a mi sobrino.

—Ven Leo.

—sí en que puedo ayudar.

—mira, yo te voy a llevar a casa con tu tía, pero tú te tienes que ocupar de las tareas de la casa, limpiar, cocinar o comprar la comida.

—sí, no hay problema.

—Pero piensa que si estás decidido vas a tener que ayudarla en todo por casi dos semanas que es lo que calculo le tomará en recuperar la vista, yo igual la visitaré para las curaciones y te daré indicaciones.

—si no hay problema, todo fue mi culpa.

—fue un accidente.

Después de un viaje relativamente corto del hospital a casa, llegamos y tanto Silvia como Leo me ayudan a bajar del auto, yo disimulaba mi caminar como con miedo a caerme, para ese entonces ya veía perfectamente a través de las finas gazas que tenía como barrera en mis ojos.

Ya se habían hecho como las siete de la tarde así que dentro de poco tendríamos que comer y después ir a dormir. Entonces mi amiga le dice a mi sobrino como para que las deje un rato sola que vaya a comprar algo para comer y este va.

—bueno ya se fue, ves bien ahora.

—si veo normal, pero porque le dijiste dos semanas que voy a estar ciega, me parece exagerado.

—que no quieres un esclavo, ojalá pudiera tenerlo yo en casa.

—pero como hago para limpiarme, bañarme, no puedo sostener esta mentira mucho tiempo.

—pero sos tarada, no sos la única ciega del mundo. Vas a tener que aprender a ser ciega, pero viendo es más fácil. Yo mañana vengo a la mañana y te ayudo. Ahora cuando llegue Leo le enseño alguna de sus tareas para tu cuidado.

—pero no te pases.

—estás loca, te va a gustar.

Después de un rato llega mi sobrino con la cena y la lleva a la cocina. Silvia lo llama y empieza con las enseñanzas de mi cuidado.

—Ven Leo ayúdame. Tienes que ser consciente que ella no puede ver nada de nada, así que vos vas a ser sus ojos, mira ahora te enseño donde tiene su ropa y en que cajones, para que sepas donde buscar cuando te pida algo.

Yo trato de no voltear la cabeza, pero veo que ella le muestra mis cajones donde guardo mi ropa interior, le indica cuales son las bragas y tangas que uso, mis sostenes, siento un poco de vergüenza, pero al fin y al cabo es sólo ropa.

—ves Leo acá tiene toda su ropa, así que cuando te pida algo se lo alcanzas. También si lo necesita la tendrás que acompañar al baño cuando tenga que ir, ahora vamos a cenar y la ayudo con su baño, prepara todo para la cena, mientras yo la llevo al baño para que haga sus necesidades.

Silvia me toma del brazo y me lleva al baño, lo dejamos en el comedor preparando la mesa, ya en el baño empezamos a hablar en voz baja. Mientras tanto me apuro en subirme el vestido, me bajo las bragas y me siento en el retrete, ya no aguantaba más, desde la mañana no pude ir, para nosotras es algo común orinar, pero está ves no aguanto y tengo que defecar, ella tendría que aguantar el olor, pero ella me metió en esto.

—¡Diiiiiiiios! Que comiste.

—ahora te aguantas, vos me metiste en esto, jajaja.

—bueno, pero apúrate.

Me dice mientras se tapa la nariz. Pero después de unos minutos se acostumbra. Y se empieza a reír y yo me rio con ella.

—estamos locas, jajajaja.

— sí, jajaja, pero habla bajo.

—sí, jajaja.

—después me tienes que bañar, jajaja.

—si tenemos que hacerle creer que eres una pobre cieguita, jajaja.

Me termino de limpiar y volvemos a comer, ya sentados en la mesa mi sobrino ve como Silvia me ayuda dándome en la boca la comida con una cuchara, mientras tanto yo miraba a través del vendaje la cara de mi sobrino y como miraba todos los detalles, como aprendiendo.

En eso Silvia se levanta y le dice que terminamos y le indica que vaya a lavar los platos, que nosotras iríamos al baño para que me pudiera bañar y después llevarme a dormir.

Llegamos al baño y me dice que me saque la ropa y me duche, yo le recuerdo que soy una cieguita, entonces me dices.

—bueno estas en mis manos entonces, vamos metete en la ducha que te baño, jaja.

—como no.

Me saco la ropa abro la ducha y me meto, ella mientras tanto agarra el jabón y una esponja y comienza a pasarme por el cuerpo, yo me rio era parte de un juego muchas veces no habíamos bañado juntas en algún gimnasio, pero nunca era ella la que me tendría que bañar. Mientras me bañaba me decía hablando en vos baja.

—guarra, así te va a bañar tu sobrinito, jajaja.

—jajaja, que cabeza podrida.

—espera, no traje tu ropa, ahora lo llamo a Leo para que la traiga.

—no, no, no espera.

—no tengas miedo me la traerá a la puerta.

—pero, pero….

—Leeeeeeeeo, Leeeo.

Lo llama y a través de la puerta le pide la ropa para cambiarse.

—Sí, Silvia que quieres.

—Mira trae del cajón de la habitación de tu tía, unas bragas y la remera que está sobre la cama que usa para dormir.

—bueno ya vengo.

Mientras tanto Silvia comienza a sacarme el jabón del cuerpo, con el agua de la ducha mientras me pasa las manos por todo el cuerpo.

En eso llega Leo y le dice:

—acá tienes.

Entonces Silvia se da vuelta de golpe y abre la puerta de golpe, y veo a mi sobrino con la ropa en la mano, mientras yo estaba completamente desnuda ante él, veo que se pone como un tomate y agacha la vista de golpe, yo siempre con las vendas en los ojos hago como si no viera nada, Silvia le agradece y cierra la puerta.

Murmurando y en vos baja le digo:

—sos tonta, me dejas así desnuda delante de mi sobrino.

—jajajaja, ya verás que te hice un favor, yo quisiera estar en tu posición.

Me termino de vestir y salimos del baño, yo caminando tanteando las paredes del pasillo mientras me acompaña de la mano Silvia. En ese momento estaba enojada, pero a la vez me estaba excitando. Llegamos a la cocina y está Leo mirando TV y mi amiga le dice.

—bueno Leo por hoy yo ya terminé, mañana, domingo me doy una vuelta para ver cómo anda y si la tengo que ayudar en algo, pero te la recomiendo, ahora vos tienes que encargarte de cuidarla.

—sí, no hay problema Silvia, mañana nos vemos.

Silvia me saluda y se va. Me quedo un rato en el comedor y le digo:

—Leo perdona que te moleste, te hago pasar unas vacaciones de mierda, ¿me puedes acompañar a mi habitación?

—sí, tía como no, te ayudo, vamos.

Se levanta y me toma del brazo y me acompaña, llego y me recuesto con esos ridículos vendajes, pero no me los podía sacar se acabaría la magia.

Ya en la cama mi cabeza comienza a ser lujuriosa, me acuerdo como me vio en el baño, allí toda desnuda con mi piel brillosa por el agua, mis tetas con sus rosas pezones y mi vulva a la vista como un línea rosada, yo siempre me depilo completamente, así que con esa imagen se fue a dormir y seguro se estaba pajeando en mi honor.

A la mañana temprano, me despierto, sabía que hasta al mediodía mi amiga no se acercaría por casa, así que decido levantarme, en eso escucho un ruido cerca de la puerta y pregunto.

—Leo, sos vos.

—si tía, te puedo ayudar en algo.

—bueno sí me acompañas al baño.

—sí, permiso.

Entonces entra y me toma del brazo, me levanto y empiezo a caminar, siento su mano fría, como con miedo cuando me toma del brazo. Entonces decido hablar para entrar en confianza.

—qué problema éste, lástima que no esté tu abuela para ayudarme. Mira lo que te hago hacer.

—no hay problema, yo fui el culpable, así que eres mi responsabilidad hasta que estés curada.

—ya te dije que no tienes la culpa, pero no quiero que le cuentes de este accidente a tus padres cuando vuelvan, no quiero que tu madre se enoje conmigo.

—siempre se llevaron mal ustedes dos.

—bueno, desde que nos conocimos, tenemos diferente carácter.

—pero yo nunca me voy a pelear con vos, te voy a deber siempre por lo que te hice.

—eres muy bueno, pero no te quiero hacer perder el tiempo, puedo conseguir a alguien que me ayude.

—no tía yo soy responsable.

—como quieras.

Llegamos al baño y me deja cerca del retrete, yo mientras hago que tanteo como si no lo viera. Leo me dice:

—salgo y me quedo afuera, vos llama si necesitas algo.

Veo cómo sale del baño sin quitarme la vista de encima, caminando de espaldas como que no quería perderme de vista, yo antes que salga me voy levantando la remera que uso para dormir sin bajarme las bragas hasta que salga. Luego cierra despacio la puerta y siento su presencia muy cerca de la puerta, la verdad no quería cagar con alguien tan cerca escuchando, pero era una costumbre que no podía evitar así que cierro los ojos pensando en que no haría ningún ruido, pero como siempre ocurre uno propone y Dios dispone. El silencio era de cementerio, el domingo ayudaba, y mi sobrino escuchando detrás de la puerta. Empiezo y hago fuerza para orinar en eso se me escapa un pedo, no supe que hacer, pero no me quedaba otra alternativa que seguir no podía dejar el trabajo por la mitad, así que empuje con todas mis fuerzas, salió de golpe un tronco de una pulgada de diámetro, que al caer en el fondo del retrete hizo un ruido como de un pato cuando llega a una laguna, yo trate de toser, pero no existe camuflaje para ese ruido. Me limpio, me lavo, espero un rato a que se disipe un poco el olor y cuando estoy lista lo llamo a Leo.

—Leo estas cerca.

—Sí, si tía.

—puedes ayudarme y me llevas a la habitación. 

—sí, como no.

En eso abre la puerta y veo algo que me sorprende, tenía una erección increíble, llevaba unos pantalones cortos de algún equipo de futbol con lo que seguro dormía, como eran flojos no dejaban nada a la imaginación y él confiado en mí ceguera no disimulaba su erección. Era increíble que lo haya excitado cagando algo que a mí me perecería repugnante, pero los hombres son un misterio.

Llegamos a mi habitación y me deja en la cama, le pido que me alcance uno de los vestidos del primer cajón y le digo que me voy a cambiar para desayunar. Que después lo llamaría para que me lleve a la cocina. Me dice que él mientras va a preparar las cosas, hace un ruido con la puerta, veo que sale y no cierra la puerta de la habitación del todo, así que supongo que quiere espiarme desde el pasillo, yo no le puedo decir que cierre la puerta, me delataría así que me paro y me coloco de espaldas a la puerta, me quito la remera con la que duermo y quedo en bragas y con toda mi espalda desnuda, estoy un rato en esa posición sabiendo que me mira, sabía que sólo un pequeño pedazo de tela separa su mirada de mi blanco culo. Luego me pongo el vestido y lo llamo. Tarda en llegar unos diez segundos, parece que disimula y hace que se encuentra en la cocina, llega, me toma del brazo y me lleva a la cocina, todavía se encontraba con la pija parada.

Llegamos a la cocina y desayunamos, le digo que tome un papel y le dicto una lista para comprar, cuando se levanta veo que continua con una erección increíble, ya me estaba calentando. Termina con la lista y lo mando a comprar en un Mercado de cerca. Espero a que se vaya y me apuro, salgo corriendo al baño para hacerme una paja impresionante, me vine como tres veces seguida, parecían chorros de orina, nunca me había pasado.

Cerca del mediodía llama Silvia y me avisa que está viniendo para acá. Yo le comento a Leo que ella vendría a casa para ver como andaba de mis ojos y cuánto tiempo me faltaba para recuperar la visión. Yo siempre usaba un tono de preocupación cuando le hablaba trataba de hacerlo sentir culpable.

—Leo estoy muy cansada de no poder hacer nada, no te puedo ayudar, no quiero que está desgracia te haga enojar y me dejes.

—No, tía yo nunca te dejaría sola, quieras que me pidas cualquier cosa y la puedo hacer, no quiero que te pase nada.

—eres muy bueno, veamos que dice la doctora, espero que esto no dure tanto tiempo como dijo, no quiero estar así dos semanas.

—no te preocupes, no tengas miedo, ya va a pasar.

En eso siento un ruido y es Silvia que llama a la puerta, le digo a mi sobrino que vaya a abrir.

Entra y me saluda con un beso en la mejilla.

—¿Cómo anda la cieguita?

—ya estoy podrida, me quiero curar rápido.

—bueno vamos a ver como tienes los ojos.

Traía un maletín que usa en el hospital y saca como una especie de lupa con una luz en la punta, me saca el vendaje y esa especie de antiparras, empieza a mirar mis ojos. Leonardo miraba desde la otra punta de la cocina.

—¿te arden?

—no ya casi nada.

—Eso es bueno, te voy a sacar las vendas y darte estos anteojos para el sol bien oscuro, así la luz no siga lastimando tus ojos, por lo menos hasta que recuperes la vista, no podemos correr ese riesgo, porque los daños pueden ser peores, también será más cómodos para la vida diaria.

Ella se encargó de dar el diagnostico frente a mi sobrino para que escuche y le quede bien claro que estaba ciega. Después lo mira a mi sobrino y le dice.

—Leo, vos estas encargado de cuidarla bien.

—sí, lo prometo.

—chicos, le tengo dar una noticia, me tengo que ir a un Congreso fuera de la ciudad por dos semanas, así que será muy importante que Leo se pueda encargar de todo. Veo que es muy bueno y no creo que tendrá problemas.

—pero, pero…, como que te vas (le dije como enojada).

—No te preocupes, en el hospital queda una guardia yo le voy dejar los teléfonos a Leo, pero no creo que los necesites, vas a recuperar sola la vista, cuando vuelva veremos qué pasa, pero yo te digo que son dos semanas, pero veremos. Leo yo ahora voy a ayudar a Mariela a bañarse mientras tú, lleva a lavar la ropa el lavadero de la otra cuadra, pero espera a que te alcance primero la ropa que lleva puesta Mariela.

—sí, espero en la cocina.

Después me lleva caminando al baño hasta que llegamos, yo con mis lentes oscuros parecía ridícula en esa situación, pero ya saben cómo piensa mi amiga. Comenzamos a hablar en vos baja, igual sabía que Leo estaba lejos en la cocina y no nos escuchaba.

—Bueno, sácate toda la ropa que se la doy a Leo para que la lleve a lavar.

—vos estás loca porque no me dijiste que te ibas a ir.

—Perdona, no pude, pero no voy a un Congreso, me voy a la playa con el radiólogo, no lo tenía planeado, pero sabes como soy.

—¿pero cómo voy a hacer con este pibe? Me parece que me espía. Y lo vi con la pija parada por la casa, casi todo el día, no sé cómo hace, pero se ve que lo estoy calentando y él no trata de disimular porque piensa que estoy ciega.

—jajajaja, eres terrible.

—no ¡vos me metiste en esto!

—jajaja que más quieres, disfruta y aprovecha.

—sos una guarra, es muy chico, bueno por lo que vi no tan chico.

—ves que te gusta, tienes que calentarlo hasta que se prenda fuego, después lo vas a usar como tu consolador personal.

—jajajaja está loca.

—bueno, dale sácate la ropa y se la alcanzo a Leo.

—pero los calzones también.

—que quieres que te lo limpie yo, jajaja para que está el esclavo.

En eso quedo desnuda y entro a la ducha. La escucho llamar a Leo. Le adivino las malas intenciones y toma la cortina y tiro rápido para cerrarla, sabía que no me vería desnuda sin mi consentimiento.

—Leo, toma la ropa y llévala a la tienda de lavado, también agarra la que está en el cesto del lavadero.

—bueno ahora voy.

Juntó la ropa y salió. Apenas salió me acordé que era domingo y estaría cerrada la tienda, así que vendría rápido y me apuro a bañar, mi amiga se ríe por mi apuro porque se dio cuenta que cerré rápido la cortina para que no me viera mi sobrino, ya dije que era muy inteligente y también media degenerada. De pronto se escucha un ruido cerca de la puerta de entrada y nos dimos cuenta que era Leo, de pronto Silvia se acerca rápido a mí y me dice:

—rápido, rápido dame la esponja que te tengo que bañar.

Yo asustada por el apuro se la doy y comienza a enjabonarme de nuevo, me pasa jabón rápido por todo el cuerpo. Se le cae la esponja, pero sigue con sus manos, me doy cuenta que lo hace a propósito porque veo su cara. De repente escucho a Leo detrás de la puerta.

—tía, estaba cerrado.

—claro no me di cuenta que hoy era domingo, perdona.

Le digo levantando el tono de voz para que me escuche, entonces veo que Silvia se separa de mí y abre un poco la puerta del baño para hablar con Leo, no tuve tiempo de correr la cortina, pero como solo entorna la puerta creo que no puede ver nada.

—Leo, gracias igual, lleva la ropa al cesto del lavadero, yo tengo que seguir un rato con Mariela.

—bien.

Se da vuelta y viene a mí, en eso le indico con una seña con la cabeza, por si Leo estaba cerca, que había dejado la puerta entornada, ella me mira y sonríe con cara de venganza. Yo indignada espero que me siga lavando, ya no me quedaba otra. Sólo se escuchaba el sonido del agua caer y mientras ella tarareaba una canción. Siento que sus manos tratan de excitarme a propósito. Me pasa la mano por mi vulva con descaro, mete los dedos bien adentro para ver si reacciono, yo trato de no darle el placer. Mientras me manosea con las manos enjabonadas miro por sobre su hombro en dirección a la puerta que se encuentra un poco abierta y veo una sombra en el pasillo, supongo que estaría mi sobrino y creo no equivocarme. Silvia me mira con su mano en mi coño y dice:

—como tienes estos pelos, vamos a tener que cortar un poco, a ver date vuelta.

—están bien así.

—dale, voltea.

Le sigo el juego y me pongo de espalda, ella toma mi cabellera y la escurre, luego pasa sus manos por mi espalda y baja por ella, de pronto llega a mi culo y lo frota, pero un dedo comienza a apretar la entrada de mi ano, yo me resisto, pero el jabón hace que ceda de inmediato, en segundos tenía su dedo en mi agujero entrando y saliendo buscando mi reacción, pero yo la dejaba. Me hace girar nuevamente tomándome de un brazo y me dice:

—espera, voy agarrar la Gillette del armario y te pelo toda.

Yo, ya no decía nada, estaba indignada, excitada, o entregada, como en shock, sabía que mi sobrino me podría estar viendo en parte o en su totalidad desnuda y ahora en manos de Silvia.

—ahora abre las piernas que te afeito.

Le expongo mi vulva y ella con sus dedos separa mis labios y los mueve para depilarme, luego me dice:

—ya está ponte de espalda y abre el culito.

Me sorprende, pero la obedezco. Me inclino y le muestro el ano, ella con su máquina me afeita bien alrededor del agujero, y después pasa el dedo, y lo mete de nuevo para buscar una reacción, no le doy el gusto, aunque me lo daba ella.

—Listo ya está ahora te enjuago y te visto.

—Gracias Silvia.

Miro hacia la puerta y veo una sombra que se desvanece lentamente en el pasillo, sabiendo que Leo ya se había deleitado con esa imagen. Miro la cara de Silvia y veo una sonrisa, yo la miro y le digo bajito.

—sos una guarra.

—shiiiiiiii, te puede escuchar, jajaja.

Me termina de vestir y salimos del baño, yo con esos ridículos anteojos negros y ella con una sonrisa complacida. No me había dado cuenta que ella se había mojado el delantal de doctora que traía y como era obvio no llevaba sostén y se le transparentaban bien sus oscuros pezones, supongo que tampoco hizo ningún esfuerzo en taparse cuando le agradeció a Leo en la puerta del baño.

Llagamos a la cocina y vemos a Leo disimulando, estaba jugando con la Play, cosa que no había tocado antes.

—bueno Leo acá te traigo a tu tía toda limpita, espero que la cuides igual que yo.

—nunca podré ser tan bueno como su amiga.

—ay tonto, puedes ser mejor seguro. Ahora comemos que yo me tengo que ir.

Ya eran como las dos de la tarde cuando terminamos de comer, hablamos en la comida de cualquier tipo de tema, yo seguía con mis anteojos negros, ya me estaba acostumbrando. Después y antes de despedir a mi amiga ella me toma de un brazo y me dice al oído que no sea tonta, que aproveche. Luego se va nos da besos y nos dice que siguiéramos en contacto durante su “congreso”.

Llega la noche, cenamos y vamos a dormir, antes le pido que me acompañe al baño. Me siento para orinar, siempre suponiendo que él estaba escuchando detrás de la puerta, luego termino y lo llamo para que me acompañe a la cama.

Me acuesto en la cama vestida y espero a no escuchar ningún ruido cercano y me visto para dormir.

En la mañana del lunes estoy despierta y sólo se escuchan los sonidos de los pájaros cantando. Hace calor, ya que es verano y se espera un día agobiante. Me siento en la cama mirando la puerta y de repente quedo sorprendida, quedo casi inmóvil, veo a mi sobrino cerca del marco de la puerta mirándome, ahí me doy cuenta que yo tenía que ser ciega y él sabía eso. Entonces tanteo el mueble buscando mis lentes y me los pongo, él me sigue mirando en silencio. No sabía qué hacer, me decido y busco el vestido y lo tomo en mis manos como acomodándolo para vestirme. Lo veo en slip y empalmado, con su pija parada como lo vi el sábado pasado. Pienso rápido y decido repetir la misma imagen de igual forma que el otro día. Entonces me levanto y me coloco de espaldas a la puerta y quedo nuevamente mostrándole mi braga que esta vez era una de seda blanca. Me pongo le vestido y vuelvo a sentarme. Miro hacia la puerta y él ya se había ido. Espero un rato y decido llamarlo para que me ayude a levantarme.

—¡Leo! ¡Leo! Puedes venir.

Espero y escucho desde la otra habitación.

—Si tía en un rato voy.

—Bueno tranquilo.

En unos cinco minutos escucho y lo veo bajo el dintel de la puerta en slip, siempre con su pene erecto, ya se estaba haciendo costumbre.

—permiso tía.

—pasa Leo, perdona que te haya despertado, pero no sé qué hora puede ser

Mientras digo eso, él viene caminando y su slip parece que lleva una víbora que se quiere escapar de una bolsa, como ya les dije muchas veces él creía que yo estaba ciega.

—no pasa nada, son cerca de las diez.

—uy que tarde se hizo, no me di cuenta.

—no hay problemas estamos de vacaciones, vamos.

Me toma del brazo y me lleva al baño, como todas las mañanas hago caca, mientras lo imagino tocándose el pene atrás de la puerta. Después lo llamo para desayunar.

Ya en la cocina el prepara el desayuno, camina de un lado para el otro, hace café y prepara unas tostadas, yo siempre mirando de frente como supongo hacen los ciegos sin mover mucho la cabeza, pero veo todos sus movimientos y los de su pene. Le empiezo a hablar mientras prepara el desayuno.

—Leo parece que va a hacer calor hoy, si quieres ir por ahí no te preocupes por mí y ve a algún lado.

—no hay problema tía me puedo quedar jugando con la Play, por si necesitas algo.

—pero no vas a estar metido acá todo el día.

Mientras hablo observo algo que empieza a hacer y quedo en shock. Mientras me sigue hablando con toda naturalidad, veo con sorpresa que se corre el slip para un costado y saca su erecto pene casi sobre la mesa, luego toma las tostadas y las empieza a frotar con su pene, su cabeza era roja casi morada y estaba toda brillosa parecía la fruta prohibida del paraíso. Yo no podía decir ni una palabra, sólo miraba el espectáculo. No llegó a eyacular y la guardo nuevamente en el slip, luego le puso mermelada y me las ofreció en un plato.

—toma tía aquí tienes, no sé cómo estarán, pero te aviso que soy muy mal cocinero jajaja.

Encima se reía el muy guarro. Yo no podía pensar, estaba enojada, contenta, sorprendida, excitada. Pero tendría que seguir con su juego, había cambiado el juego de Silvia por el de Leo, estaba resultando yo la esclava de estos dos guarros. Entonces tanteo la mesa y después el plato, tomo una y me la llevo a la boca y la muerdo, en eso lo veo a Leo festejando en silencio, sin emitir sonido, con los brazos levantados y agitándolos como si hubiera convertido un gol.

—MMMmmm, muy buenas, está tienen otro gusto, están como más saladas, debe ser tu mano de cocinero. Muy buenas.

En eso veo que en puntas de pie camina sigiloso hacia la pileta saca su hinchada pija y expele con fuerza tres chorros de semen. Abre la canilla para disimular el ruido como yo hago en el baño cuando hago caca. Yo no daba más tenía orgasmos que disimulaba hablando.

—¿Qué haces?

—nada estoy lavando mi taza.

—bueno toma la mía y lávela por favor.

—sí, tía.

Ya metiendo su verga no del todo flácida en su slip viene, se lleva la taza y la lava.

 —Me iré al patio a escuchar música me puedes acompañar y después tráeme la radio. 

—sí, tía espera que voy al baño y te acompaño.

Se levantó y tuvo que ir al baño para limpiarse y ponerse algo para salir al patio, lo podrían ver mis vecinos. Salimos y me deja sentada al sol con unos auriculares escuchando música. Después del rato no podía dejar de pensar en su pene y en lo que había hecho, luego me dormí en la silla.

—luego de dos horas me toca el hombro y me avisa que me había quedado dormida.

—tienes razón.

—estas muy colorada.

—si tienes razón, me quemé con el sol. No me di cuenta.

—vamos adentro.

Me acompaña, ya eran como las cinco de la tarde. Estaba con calor, muy transpirada y quemada por el sol, llegamos adentro y le digo si puede ir a comprarme una crema humectante a la farmacia, sabía que tardaría mínimo dos horas en regresar, también le encargue algo de comida para la cena. Voy al baño y orino. No dejo de pensar en las tostadas y toda la situación. Cuando llega son la ocho de la noche, sabía que tardaría estaba lejos la farmacia. Entonces le digo que me ducho y después cenamos, le pido que busque en los cajones de mi habitación una braga y la remera con la que duermo. Me acompaña al baño ya adentro los dos le digo:

—Leo indícame donde está el jabón y la esponja, y pon la ropa sobre el retrete.

—si, como no.

—gracias después cierra la puerta por favor.

Miro que está vestido como cuando llego de las compras, acomoda la ropa, él me indica el lugar del jabón y la esponja y sale por la puerta y la cierra, pensé en que trataría de dejarla entreabierta, pero habrá pensado que era muy arriesgado y que lo podría atrapar espiando.

Me desnudo para entrar a la ducha y veo la piel de mi cara, las piernas coloradas hasta un poco más arriba de las rodillas y los brazos y hombros también. Me baño y aprovecho para masturbarme, eran increíbles los orgasmos que tenía, no me conocía. Me seco con la toalla y tomo la ropa para vestirme. En eso veo que la braga que me trajo no era tal, era una tanga de lycra pequeña que dejaba mis blancas nalgas al aire, las usaba para salir, pero la elección ya estaba hecha. Me visto y lo vuelvo a llamar.

—¡Leo! ¿Puedes venir?

Llega abre la puerta, le alcanzo la ropa que me saqué y mientras me lleva del brazo a la cocina a cenar veo que lleva a su nariz mis bragas y respira profundamente, no podía creer lo que hacía, pero seguro que mi extracto lo excitaba. Le dije que el martes llevara todo a lavar que me estaba quedando sin ropa que ponerme.

Hablamos un rato y pasamos al living, él a mirar televisión, yo a simular que no la puedo ver. Pasa un rato y le pido que me acompañe a la habitación que voy a dormir, y le digo que él puede seguir mirando le tele si quiere.  Ya en la habitación me deja sentada en la cama y le pido que me traiga la crema que compró en la farmacia.

—gracias Leo, puedes dejar un poco abierta la puerta hace calor y apagar la luz.

—sí tía, la dejo unos centímetros abierta así entra aire.

Veo que se aleja y la deja unos centímetros abiertos, sí unos cincuenta centímetros, también deja la luz prendida, él sabía que no me quejaría si era ciega, ya sabía que iba a espiarme de nuevo, creo que también yo lo necesitaba. Me da un beso.

—buenas noches tía.

Se va por la puerta, pero sé que no muy lejos. Me levanto y como a la mañana me pongo de espalda y me saco el vestido, me quedo mostrando mis nalgas, pero antes de colocarme la remera tomo la crema y empiezo a pasarla por mis piernas y mi cara, en eso me siento y quedo en tetas frente a él, pero sigo como si no estuviera en el pasillo, termino de pasarme la crema por casi todo el cuerpo y luego me pongo la remera. Como de reojo paso mis ojos con la mirada fija sobre la puerta y lo veo desnudo y pajeándose, me acuesto y trato de dormir.

Ya era martes, me levanto temprano y me cambio, no lo veo tal vez se quedó dormido.

Espero como media hora y lo llamo como el día anterior. Le pido ayuda y como el día anterior desayunamos, repite la misma rutina, con las tostadas yo lo veo y cada vez deseo más esa leche, pero no quiero pasar un límite, luego lleva la ropa para lavar y regresa como en cuatro o cinco horas. Llegamos a la noche y me acuesto, pero sin pasarme crema, quería calentarlo más de los que estaba, como diría Silvia lo quería prender fuego.

Lo nuestro ya era una rutina con pocas variantes yo me hacia la ciega y él me espiaba y se pajeaba, y después yo me pajeaba.

Ya era viernes y me llama Silvia para saber qué había pasado y le cuento, no con muchos detalles porque él estaba cerca, pero lo suficiente como para que ella con su mente podrida me saque de esa rutina. Me da un número de teléfono y me dice que la llame cuando esté sola.

Espero a que mi sobrino se vaya a bañar y la llamo, desde la cocina veo la puerta del baño y lo veo pasar desnudo y entrar como si yo no existiera. Entonces la llamo.

—hola Silv, estamos solas podemos hablar.

—escucha atentamente, tienes que pensar en algo para lastimarte las manos.

—estás loca, ¿para qué?

—tienes que hacerte dependiente de él en un 100%

—pero como hago estás loca.

—hay que tenderle una trampa. Mira tienes la piel muy sensible y blanca tienes que comprar anilina colorada y pasar un poco por tus manos, quedaran rojas y eso le hará creer que te quemaste.

—pero como hago para comprar la anilina si soy ciega, tonta.

—te la haré llevar por Carla la enfermera del hospital, tienes que mandarme un mensaje cuando el tonto de tu sobrino haya salido de casa por algo.

—¿Cómo simulo la situación para que me crea?

—piensa en algo, con la comida, cualquier cosa.

—bueno eres una genio, ya va a salir del baño te dejo, gracias guarra.

—espera, espera cuando te quemes dile a Leo que me llame y yo lo voy a aconsejar.

En eso lo llamo a Leo cuando veo que empieza a salir del baño.

—¡Leo, puedes venir!

—sí tía, ahora voy ¿qué quieres?

Veo que, así como estaba, desnudo, viene caminando por el pasillo con la toalla rodeando su cuello, puedo ver su flácida pija tambaleándose como un largo badajo, así se detiene y se apoya en el marco de la puerta de la cocina. Yo le comienzo a hablar y veo que su pene comienza a crecer de a poco, pero sin parar, de nuevo lo tengo empalmado.

—Leo, mañana sábado quiero preparar algo yo de comer, estoy cansada de comer todo comprado y no es justo que tengas que darme de comer otra semana.

—pero no hay problema tía, así estamos bien.

Mis ojos no podían quitar los ojos de su pene, suerte que mis lentes ayudaban para ocultarlos.

—ya lo tengo decidido, mañana cocino yo.

—como quieras, tía.

—te hago una lista y a la mañana vas a comprar.

Mientras hablamos se acerca lentamente y arrima su pene erecto a centímetros de mi cara, yo estaba sentada y casi sentía el olor a semen, pero no me podía mover para verlo mejor, yo me lo quería poner en la boca.

Después cenamos y seguimos con la rutina.

A la mañana me lleva a la cocina y le dicto una lista con cosas difíciles de conseguir en un solo comercio, quiero que tarde un poco en conseguirlas y lo mando a comprar. Cuando estoy segura que él sale de mi casa me apresuro a mandar un mensaje a Silvia para que me traigan el sobre de anilina. Luego de media hora escucho el timbre de entrada, miro por la ventana y veo a la enfermera con el recado.

—hola Mariela, te mandó este sobre la doctora Silvia, me dijo que era algo urgente para un trabajo que estabas haciendo.

—si muchas gracias doña Carla, era algo importante para un trabajo y no podía pasar por el hospital, muchas gracias.

Le doy unos billetes, que, aunque no quería aceptarlos, después los acepta.

Empiezo rápido con el engaño, tomo el sobre y voy al taller, lleno un recipiente con agua tibia, vierto el polvo y meto las manos unos 5 minutos, las saco y veo los resultados. Era espectacular, me las seco y seguían rojas, no lo podía creer, tal vez era la mejor obra de arte que había hecho hasta la fecha, estaba contenta. Tiro las evidencias y voy rápido a la cocina a preparar la escena.

En la cocina prendo una hornalla del calentador, lleno una olla con agua y un poco de aceite y lo tiro al piso, mojo todo, luego me siento en el piso en un costado y me dispongo a esperar para sorprender a mi sobrino.

Pasa una hora, ya era cerca del mediodía y escucho ruidos en la puerta, entonces me mojo rápido las manos y me tiro unas gotas en la cara para simular que estaba llorando. Para dramatizar más la escena me orino en el lugar, estuve reteniendo toda la mañana. Entonces veo que entra a la cocina con una bolsa en cada mano con los recados que le pedí.

—¡Que pasó tía!

Grita asustado y tira las bolsas al piso y viene corriendo.

—Leo soy una tonta, me tropecé y me quemé las manos, no sé qué hacer.

Mientras lloro él me sostiene con sus brazos y me levanta del piso.

—mira Leo soy una asquerosa, estoy toda orinada, no puedo más.

—eso no es nada tía, no pasa nada, mira como tienes las manos.

—siiii, me arden mucho.

—¿Dime que puedo hacer? ¿Te llevo al hospital?

—No, toma el número de teléfono que me dejo Silvia y la llamas.

Toma el teléfono y llama, luego comienza a hablar con ella, no puedo escuchar lo que dice, pero supongo, él toma un papel y un lápiz y anota algo. Luego de hablar unos minutos me dice:

—Tía tengo que salir urgente a comprar esto y vengo.

No me da tiempo a preguntar nada y sale corriendo. Quedo sola sentada en la cocina y veo la escena y me río, por lo que estaba haciendo, tomo el teléfono y la llamo a Silvia y le pregunto qué le dijo para que salga corriendo.

—jajaja, lo asusté un poco al pajero, le hable de cómo tendría que hacer la curación y los recaudos que tendría que tomar. También le recomendé que compré unas cremas y vendas, pero no te va a hacer nada son inofensivas para la piel.

—pero que le dijiste.

—ya te vas a enterar, disfruta que te queda una semana de ciega, tonta, hablamos.

Me corta dejándome en la duda y me pongo a esperar sentada, no me había dado cuenta que retuve mucho tiempo la orina, se concentró y el olor era tremendo, pero pensaba que eso no le disgustaría a mi sobrino.

Escucho ruido, me acomodo y veo que entra a la cocina.

—tía acá estoy.

—donde fuiste.

—perdón por dejarte, fui a la farmacia para comprar esta crema y vendas, ella me explico que tendría que hacer. Primero te tengo que lavar bien las manos.

Me toma del brazo y me lleva al baño, toma mis manos y las lava un rato largo con abundante jabón y un líquido que trajo de la farmacia.

Luego me lleva a la cocina y me dice que me siente en una silla.

—espera, espera pon una toalla estoy toda orinada.

Me hace caso, después me siento y empieza a pasar la crema, luego toma las vendas que compró y empieza a vendarme. Termina y me dice:

—bueno tía ya terminé, ahora no tienes que tocar nada con las manos, ya me aclaro Silvia todo el cuidado.

—pero como voy a hacer, tengo que limpiarme, bañarme no puedo dejar que hagas todo, no lo digo por mí, no te quiero obligar a cuidarme, no quiero que tu mamá se entere de todo, me mataría, mi hermano no me hablaría más, no, no puedes.

—pero tía, yo te prometí que sería un secreto que no contaría nada, o tienes vergüenza de mí.

—no a esta altura nada me puede dar vergüenza te veo como a un hermano, pero la verdad no quiero que termines sintiendo asco de mí, mira como estoy toda sucia.

—ni pienses eso, déjame limpiar la cocina y después te limpio. 

Espero sentada y lo observo limpiar, noto su erección en el pantalón, pero no tan notable eran jean ajustados. Termina y me dice:

—voy a cambiarme y vuelvo.

Vuelve con una playera y pantalones cortos, me toma del brazo y me dirige al baño.

—bueno tía perdona, pero te tengo que sacar la ropa para lavarte.

—sí, no hay problema Leo, has lo debes. 

Levantó mis brazos y me saca el vestido, me da vueltas y me desabrocha el sostén y lo saca, sus manos temblaban, toma de la cintura mis bragas mojadas y las desliza despacio hasta sacarlas, veo que las toma en sus manos y se las lleva su cara y las aprieta fuerte sintiendo el olor. Yo siempre mirando fijo al frente.

—tía tengo que tomar dos bolsas de nylon de la cocina y vengo.

Me deja ahí parada toda desnuda, esperando a que me toque, mi corazón latía a doscientos. En eso entra y empieza a cubrirme las manos. Luego me toma de una mano y me mete en la ducha.

—tía perdona, pero te tengo que tocar para bañarte, perdóname.

—no hay problema no tengas vergüenza.

Abre la ducha y comienza a echar jabón sobre mi cuerpo, luego toma la esponja y me la empieza a pasar por el cuerpo, brazos, cara, espalda, tetas, panza, piernas, por último, la pasa por mi vulva y luego por mi culo, no era descarado como fue Silvia, solo pasaba la esponja. Después de unos minutos me pone debajo del agua y saca todo el jabón. Toma unas toallas y me envuelve en ellas, me guía con sus manos y me saca del baño, muy despacio, todo ese tiempo no dijimos una palabra, era lo más erótico que pasé en mi vida, estaba que volaba de excitada. Luego me lleva a mi habitación toma una bragas del cajón y un sostén, me las coloca, levanto los brazos y me coloca una playera que saca del mismo cajón. Me acuesta en la cama.

—ahora tía tienes que descansar, yo voy a lavar todo y luego paso por si necesitas algo.

Después de un rato escucho que pasa y me hago la dormida, él apaga la luz pienso que él sabe que tuvo suficiente por un día y lo escucho alejarse.

No aguanto más de unos minutos y me llevo los dedos al clítoris y me masturbo hasta quedar dormida.

Me despierto temprano a la mañana, pero decido no llamarlo, espero que venga a levantarme. A eso de las diez de la mañana siento ruido y me hago la dormida, en eso escucho una voz suave cerca de mi oreja.

—tía, tía ya es hora de levantarse.

—gracias, me quedé dormida.

—espera que te ayudo.

Estiro los brazos desperezándome y después me toma de uno para llevarme al baño. Él estaba sólo con el slip y como era lógico empalmado. Ya en el baño me pregunta que quería hacer.

—Leo, por favor lávame la cara primero.

—claro tía, puedo orinar primero.

—si tonto, yo no miro, jajaja.

Quería romper el hielo, no quería que fuese un velorio. Él también se larga a reír y me quedo mirándolo por el espejo esperando que empiece, él no imaginaba que yo miraba su reflejo con todo detalle. Saca su hermoso pene de su slip, parado completamente, y veo que comienza a hacer fuerza para que salga la orina, supongo que estaba tan excitado que tendría prioridad el semen, vaya a saber, después de unos segundos pregunto.

—y Leo que paso te quedaste dormido. Jajajaa.

—no tía ahora va.

En eso siento que sale un chorro con una fuerza increíble, pero no acierta al retrete, con fuerza direcciona el chorro hasta que logra dominarlo. Se le deshincha un poco y lo guarda nuevamente. Se pone al costado mío y sin lavarse las manos toma el jabón y me lo pasa por la cara.

—¿me imagino que te levaste las manos?, jajaja

—uy perdona tía.

—jajaja, está bien igual es agua no hay problema.

Termina con mi cara, me vuelve a colocar mis lentes negros y le digo:

—por favor toma el cepillo y lava mis dientes.

Veo como agarra el cepillo y ante mi asombro saco el pene ya flácido del slip, arrima el cepillo y se lo pasa por su brillosa cabezota, después lo carga con dentífrico, que ideas locas tenía. Lo lleva a mi boca y me lava los dientes como cuando tenía cuatro años, era hermoso.

—Bueno ahora me toca a mí hacer pis, levántame la remera para que no se moje y luego me bajas las bragas y me sientas.

Me hace caso y espera a mi lado, yo hago fuerza y largo un chorro fuerte. Le digo:

—se nota que somos familia, tenemos la misma presión para hacer pis, jajaja. Bueno toma papel y límpiame.

—no quieres hacer caca.

—no, no tengo ganas ayer no comimos nada, paso la hora volando.

En eso veo que corta un pedazo chico de papel higiénico, pero no le puedo decir nada, no estoy viendo, lo pone entre mis piernas, yo lo ayudo separándolas un poco y me limpia despacio, el papel enseguida se rompe y siento sus dedos rozándome los labios de mi vulva. Toma más papel y vuelve a limpiar.

—parece que ya está seca, súbeme las bragas y vamos a la cocina.

Lo veo que se lleva las manos a la nariz, parece que es un fetiche que tiene con mis olores, inmediatamente se los chupa, su reacción se nota en el bulto de su slip.

Me sienta en la cocina y desayunamos, hace lo mismo que siempre con las tostadas con la diferencia que me las tenía que dar en la boca, me alimentaba como a una bebita.

Terminamos de desayunar y le digo igual que siempre que vaya a comprar algo para comer al mediodía. Ya volvíamos a la rutina, era domingo y estaba pasando muy rápido.

Terminamos con el almuerzo y le digo que limpie todo, me hace caso, yo no me había cambiado, seguía con la misma ropa con la que dormí. Me lleva al living hablamos de algo y me deja escuchando música, después le digo que se vaya a bañar que yo lo haría más tarde. A eso de las siete ya estaba oscureciendo y le digo que me ayude a bañar y al igual que el día anterior me baña. Pasa de igual forma la esponja por mi cuerpo. Me seca y me lleva a mi habitación. Me trae mi remera, pero le digo que no me iba a poner ropa interior, no era necesario, hacía mucho calor para dormir con eso puesto.

Me deja acostada y se retira, me da un beso y se despide. Está vez deja, como casi siempre lo hacía, nuevamente la luz encendida. Sabía que me quería espiar por la noche.

Pasan como dos horas y no logro dormir. Me doy vuelta y veo a Leo desnudo, parado muy cerca de mi cama, yo estaba tapada sólo con la remera, entonces decido, siempre haciéndome la dormida, girar para el otro lado y le dejo el culo bien a la vista para que lo contemple, en esa posición hago como que ronco para demostrar mi sueño profundo. Sé que me estaba mirando, pero no lo veía sólo veía su sombra que era más baja, lo imagine con su cara muy cerca de mi culo. Quise que tuviera alguna reacción y que no sea sólo un mirón, entonces me tiro un pedo que no calcule saldría tan oloroso. No veo ninguna reacción inmediata en la sombra, pero después de unos 40 segundos, se incorpora y se aleja despacio, antes de abandonar la habitación apaga la luz. Creo que estaba satisfecho. En la oscuridad me doy vuelta y veo que ya no está, llevo mis manos a mi vulva y entierro los dedos para masturbarme y esperar al lunes.

Ya había amanecido, pero era temprano todavía, hoy sentía que necesitaba ir al baño y poder cagar como lo hago todas las mañana, aunque ya me vio desnuda y tocado todo el cuerpo, en realidad sólo hubo pequeños roses entre sus mano y mi piel, siempre se interponía el papel higiénico, la esponja, la toalla cuando me secaba y pequeños toques cuando me vestía. Espero despierta en la cama, no me atrevo a llamarlo para que me lleve al baño. Después de dos horas tengo que llamarlo ya no aguanto.

—¡Leo! ¡Leo!

Después de unos minutos llega, se nota que se quedó profundamente dormido. Llega con su slip a la puerta y espera mis órdenes. Me sorprende porque no lo veo empalmado como siempre.

—Hola Leo, buen día. Perdona que te haya despertado.

—no hay problema tía ya me estaba levantando.

—mira tengo que ir al baño, tengo ganas de hacer caca me vas a tener que ayudar.

Veo que casi al mismo tiempo que armo la frase se le levanta la pija, jajaja, era un calentón.

—si como no, tía no hay problema.

—pero mira que hoy va a ser más asqueroso.

—no puede ser asqueroso limpiarle la colita a una bebita, jajaja.

—jajaja, ya no soy una bebita.

—como que no tienes una cola redondita y muy blanca como un bebe.

Me decía esto mientras íbamos camino al baño. Ya en el baño me lava la cara y los dientes. Después me sienta en el retrete no hizo falta bajarme nada porque no llevaba nada.

—¿quieres esperar afuera?

—no, no hay problema ¿puedo ducharme mientras tanto?

—claro, como quieras, si no tienes vergüenza que te mire desnudo, jajaja.

—no te pierdes nada.

—pero no lo puedo saber (le digo)

En eso se mete a la ducha y no tarda nada en enjabonarse y en correrse, algo lógico por lo que le pasaría por la cabeza, mientras aprovecho para hacer fuerza.

—MMMmmm… Mmmm…

De repente cierra el grifo y se comienza a secar, yo casi no había empezado a cagar, me apuro.

—MMMmmmm, haaaaaaaaaa…

En ese momento escucho caer en el retrete un consistente sorete, largo y por lo que siento cremoso, producto de un día sin cagar. Mientras lo noto como paralizado, pero enseguida se vuelve a colocar el slip, y se comienza a empalmar nuevamente. El olor era tremendo y supongo que él lo sentiría más fuerte. Le digo:

—creo que ya terminé.

—espera, espera que termino de secarme y te ayudo.

—pobre, disculpa por el olor.

Veo que esa situación lo excitaba por eso me mentía, quería seguir sintiendo ese olor, y mirarme en esa posición, era un guarro, pasaron unos largos minutos.

—bueno, ya está ¿te limpio?

Se arrima con la verga tiesa dentro del slip.

—Pero, mira lo que te hago hacer, Leo.

Me levanto un poco mientras él toma papel abundante y después empieza a frotarlo en mi culo, lo pasa de abajo hacia arriba y veo por el espejo como mira el papel y se lo arrima a la cara, después toma más papel y lo pasa de nuevo, yo mientras tanto miro de reojo el retrete y no entiendo cómo pudo haber salido eso de adentro mío, era largo duro y grueso, veo como Leo también lo mira como hipnotizado. Después me dice:

—listo, ya está limpio.

—te olvidas de adelante.

Las mujeres somos matemáticas cuando hay un dos, seguro que hay un uno.

Me limpia, y me lleva a la cocina. Me saca las vendas de las manos y me pasa crema y cambia los vendajes.

—te duelen.

—si me arden.

—me dijo Silvia que te iba a durar por lo menos una semana y que no debía cortar con las curaciones.

—bueno ella es doctora, así que me vas a tener que aguantar así hasta el fin de semana.

—como no tía.

—ya van ocho días y no te puedo ver la cara, me estoy olvidando como eres.

—jajaja, no te pierdes de nada.

—¿tienes novia?

—…nooo tía

—¿eres gay?

—noooo, ni loco.

—bueno no te enojes, pregunto.

Se pone a preparar el desayuno mientras la ciega lo mira. Como era costumbre saca su erecta verga y esta vez me sorprende, primero pasa la mermelada sobre las tostadas y después como enojado y por venganza, le eyacula arriba, con la cuchara la mezcla y me las alcanza a la boca.

—gracias, ¿cambiaste de marca? ¿Es mejor esta marca de mermelada?

—sí, tía me dieron esto en el mercado, toma ¿quieres más?

En eso consiente que estaba comiendo semen, le pido con gusto dos más. Después y volviendo al tema.

—¿pero tuviste novia?

—poco.

—¿Qué es poco?

—bueno una amiga del colegio.

—pero te la fallaste o la tocaste.

—sí, la toque.

—como a mí.

—no un poco por arriba de la ropa.

—pobre, suerte que soy fea y vieja, sino estarías excitado todo el tiempo.

—bueno...

—que te excito.

—si mucho, pero puedo controlarlo.

—no quiero, torturarte no quiero hacerte daño si no quieres seguir dime y le pago a alguna vieja para que me cuide.

—no, no, ya te lo prometí, no puedo, igual es toda mi culpa y estoy obligado.

—bueno, hoy quiero caminar un poco, estoy cansada de estar encerrada. Y hace calor acá adentro todo el día, al medio día me cambias y vamos al parque.

—si tía, hagámoslo.

A eso del mediodía lo llamo para que me cambie y vamos a mi habitación. Le digo que tome unas tangas del cajón y un pantalón jean que sabía me quedaba apretado, no soy de usarlo mucho pero hoy quería que me los pusiera mi sobrino. Sentada en el bore de la cama me saca la remera y quedo desnuda, él toma el sostén y yo le digo que no hace falta que me ponga una musculosa que hay en el cajón, la toma y me la pone, yo era consciente que tenía los pezones erectos y se marcaban en forma descarada.

—te queda como a Silvia.

—¿Por qué como a Silvia?

—te marca los pezones.

—que a ella se los vistes.

—sí, cuando te termino de bañar estaba mojada y se les veían.

—es muy linda ella.

—si lo es.

Luego me puso la tanga bien adentro de mi culo y me coloco primero una pierna y la otra en el pantalón. Como era muy apretado lo pudo subir hasta debajo de mi cola y ésta lo trababa, le digo si me doy vuelta, dice que sí, él se aguacha y empieza a tirar para arriba, yo sentía que mis nalgas se subían en conjunto y de apoco van cediendo, hasta que sube de golpe y queda atrapado en la raya de mi blanco culo.

—espero que me hayas limpiado bien, sino lo voy a dejar todo sucio, jajaja.

—si tía, no te preocupes.

Salimos a caminar a eso de las dos de la tarde, el calor era realmente insoportable, llegamos al parque, yo con mis anteojos de sol y las manos vendadas, el que nos veía pensaría que tuve un accidente, pero no había nadie en la zona, eran vacaciones y todos se marchan. Después de una hora de dar vueltas estaba toda transpirada, especialmente los pantalones estaban todos mojados.

—¿creo que estoy toda mojada? ¿Puedes tocar y comprobar?

—sí, tía, espera que pase una mujer que está corriendo y te toco.

Veo que se acerca corriendo y antes que termine de pasar ante su mirada, mi sobrino empieza a meter sus manos en el medio de mi culo. Yo hago como si no me hubiesen visto pero creo que me excito muchísimo la imagen.

—si estas empapada.

—bueno, volvamos.

Llegamos como a las cinco de la tarde a casa, le propongo que comamos temprano, que compre algo liviano para comer y después me baño. Primero le pido que me lleve a la habitación a cambiarme. Me deja en tetas y después me empieza a bajar el pantalón, con el pantalón arrastra mi tanga, sale más fácil estaba lubricada por la transpiración. Hasta yo sentía el olor que emanaba. Él toma la tanga se la lleva a la nariz y le siente el olor.

—¿te pongo la tanga de nuevo?

—no, no hay problema déjame sin nada así me ventilo, ponme sólo la remera larga.

Me toma del brazo y me lleva a la cocina, después sale a comprar algo para comer. Yo quedo en la cocina pensando con las manos entre mis piernas y me pajeo.

Llega a casa, prepara todo y cenamos, después le pido que lave todo y ordene, que más tarde me tendría que bañar.

Después de unas horas estoy lista para bañarme y le digo:

—me quieres llevar a bañar ahora o más tarde.

—vamos ahora, como quieras.

Me lleva al baño, me prepara el envoltorio de mis manos y me saca la remera que llevaba, quedo desnuda y me mete en la ducha.

—Leo, perdona que te lo pida, pero tendrás que usar las manos para limpiarme, si quieres puedes ponerte guantes de látex que uso con las esculturas.

—¿Por qué? ¿Para qué?

—es que vas a tener que limpiarme por adentro, la vagina, el culo, necesito estar limpia por dentro las mujeres no podemos, no limpiarnos mucho tiempo ahí dentro se nos puede infectar, la última vez me limpie cuando todavía me podía limpiar yo sola. No quiero que lo hagas con asco por eso lo de los guantes.

—no te tengo asco, tía, que más quiero eres hermosa y te puedo tocar.

Quedo en silencio por lo que escucho, pero no digo nada, sólo espero empiece a pasar jabón en mi cuerpo y el rose de sus manos. Primero el pelo con el que hace abundante espuma, después baja a mis pechos, toca mis pezones que se comienzan a poner duros y sobresalidos, pienso que él se da cuenta por eso insiste muchas veces en lavarlos. Luego baja por mi estómago hasta mi vientre y llega a tocar los labios de mi vulva.

—no tengas asco, mete el dedo adentro y lava bien, por favor.

Siento como penetra su dedo lentamente y comienza a moverlo.

—más adentro por favor.

Le digo en voz baja, casi un susurro, entierra más su dedo y lo mueve, en eso tengo un orgasmo que me mueve con espasmo.

—¿te lastime?

—no, no Leo sigue, sigue es que me dio frio.

Luego saca el dedo y lleva las manos hasta abajo y lava mis piernas. Me doy vuelta y comienza a subir hasta mi culo, se detiene y salta hasta mis hombros, después empieza a bajar por mi espalda, llega a mi culo y desliza su dedo índice por mi raya y trata de hundirlo en mi ano, pero se le complica y no entra.

—a ver prueba si me inclino un poco.

En eso me inclino y le muestro el ano con descaro. El arrima su dedo y por fin entra la punta, pero siente que no entra, que se resiste. Le digo:

—empuja sin miedo, y mételo bien al fondo tiene que quedar limpio.

Toma coraje y me ensarta hasta el fondo y empieza a moverlo como limpiando, de repente tengo varios órganos seguidos y me corro con abundante líquido. Él se detiene, saca el dedo y me dice:

—te orinaste, ahora te limpio de nuevo adelante.

Me da vuelta y mete dos dedos en mi vagina y los mueve tirando agua con la otra mano. Yo no podía decir una palabra.  Sigue así un rato y comienza a enjuagarme. Después cubre todo mi cuerpo con una toalla y me lleva a la habitación. Me sienta en la cama envuelta con la toalla.

—quieres que te ponga una remera o ropa interior.

—no, gracias, Leo, estoy cansada me voy a acostar con la toalla y me voy secando.

—bueno, si quieres algo me avisas.

Siento que se retira ya no noto el bulto de su slip, creo que quedó agotado, creo que eyaculo varias veces mientras me bañaba. Me recuesto en la cama y quedo dormida.

El lunes más largo de mi vida había terminado, sólo quedaban cuatro días hasta el fin de semana, se preguntarán porque, sólo cuatro días si los padres saldrían tres semanas de vacaciones y quedarían casi dos semanas más, bueno como toda mujer sabe, llevamos una herida abierta desde que nos convertimos en mujeres, sangramos regularmente y nos sentimos molestas, Silvia me conocía por eso puso los plazos, ella sabía que era muy regular y la semana que viene o antes estaría menstruando, no quería darle ese espectáculo a mi sobrino. Todo tiene un límite o eso pensaba.

Martes por la mañana ya despierta me pongo a pensar en la cama, decido que tengo que tratar de salir de por lo menos una de mis penurias, o dejaba de ser ciega de a poco o me curaría milagrosamente de mis manos. Elijo la primera opción, el poder ver no impediría que me toque, también podría interactuar con él de otra forma, ver sus reacciones a mi mirada. Me quedo desnuda y sentada en la cama, como me había dejado en la noche y lo llamo.

—Leo, Leo, puedes venir.

Después de un rato se asoma desnudo por la puerta.

—Si tía, buen día.

—¡Estoy empezando a ver!

En eso veo que se pone muy rojo de golpe y lleva su mano a su erecta verga, trata de taparla con las dos manos, pero le asoma la cabeza, no la podía dominar.

—si veo, algunas sombras, antes veía como una nube gris, ven, ven quiero verte de cerca.

—espera, espera tengo que ir al baño.

—no seas malo.

—no tía ya vengo me hago encima.

Se va corriendo seguro que a vestirse. Después de un rato, llega con la remera y el pantalón corto del primer día.

—acá estoy tía.

—ven a ver si te veo.

Se acerca y le digo:

—acércate mas.

—estoy a tu lado

—claro, sólo veo tu sombra, pero ya es algo.

—ya te estás curando de a poco. Quieres que te ponga ropa.

—jaja, disculpa me había olvidado que estaba desnuda, te molesta que ande desnuda por la casa, igual ya me conoces.

—mejor tía así no tengo que llevar a lavar la ropa.

—jajaja que vivo siempre pensando en ti. Bueno si no te molesta me quedo desnuda, ahora llévame al baño.

Me lleva al baño y al igual que el día anterior repetimos el mismo ritual, me siento hago fuerza mientras él me mira, ya no se mete a bañar, temía una recuperación milagrosa, toma papel y me limpia, pero siento que el papel era poco porque que se rompe y su dedo termina de limpiarme el ano. En eso miro por el espejo, toma el dedo y lo lleva a su nariz y de inmediato lo pone en su boca. Fue algo increíble, me encendió, verlo comiendo mi mierda, algo que nunca imaginé cuando planee con mi amiga que sería mi esclavo, sólo era para que prepare la comida y limpie, esto supero con creces mis expectativas.

Termina de limpiarme y me lleva a la cocina, así como estaba, desnuda, me sienta para el desayuno. Desayunamos como el lunes y con los mismos aderezos, está vez eyacula de espaldas como con miedo a que lo pudiera ver.

Todo el día estuve desnuda, me llevaba para un lado y para el otro, pero vestido con su pantalón corto, ya no lo veía desnudo, sólo excitado, le estaba comiendo la cabeza y eso cada vez más me excitaba. Él no podía sacarme la vista de encima. Llego el momento del baño y con normalidad le pido que me ayude y limpie bien profundo, me dejó agotada por las veces que acabe durante el baño. Me llevó casi tambaleante a la habitación y ahora sí apago la luz.

El miércoles a la mañana cuando lo llamo le quiero dar una buena noticia, que puedo ver, lo recibo desnuda en la cama, llega vestido con su pantalón corto y remera, seguro que ya calculaba la posibilidad que esto ocurriera. Lo miro y veo su cara se decepción, entonces trato de transmitirle mi alegría de haber recuperado la vista.

—¡Hola Leo! ¡Ya casi te puedo ver!, gracias a Dios, puedo distinguir tu cara, tu ropa, medio turbio todo, pero puedo ver, gracias me has curado

—tía, que bien, pero fuiste tú sola.

—no, si no fuera por vos, todavía sería ciega. Ven que te doy un beso.

Lo abrazo y le doy beso en la boca, él queda mudo, yo hago como que estaba festejado y le pido que me lleve al baño. En el baño el bajaba la vista con vergüenza, no lo conocía, yo hacía como si nada, esperaba como cualquier otro día a que me limpiara, supongo que su depresión era porque todo acabara cuando pueda usar mis manos.

Desayunamos ya sin aderezo y me mantenía desnuda como con naturalidad, mientras el lavaba las tasas y el plato de las tostadas yo caminaba por la cocina, me daba vuelta para que él me mirara. El día continuó como los anteriores, comimos y terminamos con el baño diario y después a dormir, ya lo notaba más animado después de los manoseos.

Llega el jueves y me despierto temprano, quiero sorprenderlo, le quiero dar una sorpresa. Me levanto y como ya era costumbre empiezo a caminar desnuda por el pasillo en dirección a su habitación, la puerta estaba abierta y lo veo todavía dormido y todo desnudo. Es la primera vez que veo su pene flácido y pequeño, recostado para un costado, casi me excitaba más sorprenderlo de esa forma, yo ya conocía cada vena de su verga y su enorme, roja, suculenta y fragante cabeza, por eso para mí, ver su verga rendida me parecía tierno y erótico a la vez.

Le empiezo a hablar despacio para no asustarlo.

—LLLeeeeo, LLLLLeeo, despierta.

De repente se despierta y se sorprende, me mira arrodillada a su lado, pero no se olvida que está desnudo, y trata de levantarse.

—ya puedo ver, Leo.

Veo como su pene comienza a ponerse erecto rápidamente y se da cuenta y trata de taparse.

—no tengas vergüenza, Leo, ven al baño y ayúdame a limpiarme.

En eso me levanto y voy caminando lentamente al baño, llego y me siento a esperarlo, comienzo haciendo fuerza para cagar como todos los días y orino, termino y quedo esperando. Pasaron unos minutos y entra vestido con sus habituales cortos. Pero no puede disimular su erección, se notaba que la había acomodado para un costado, pero se marcaba en todo su largo.

—ya está terminé.

—ahora te limpio.

Toma el papel y comienza por el culo, lo miro a los ojos y baja la vista.

—no tengas vergüenza, yo estoy desnuda, si quieres me puedes poner algo.

—no tía te prefiero así.

—como quieras Leo, vamos desayunamos y hablamos.

Me lleva a la cocina y mientras hace el desayuno le pregunto mirando su verga.

—¿No te duele tenerla tan apretada? ¿Porque no te quedas desnudo?

—no puedo me da vergüenza.

—de mí, que soy como una parte de tu cuerpo, vamos anímate.

En eso me mira y queda completamente desnudo, la verga estaba hinchada pero flácida, supongo que, por el miedo, de a poco comienza a elevarse.

—¿eso es por mí?, pensaba que era asco lo que te daba. La tienes muy linda y grande.

—gracias tía.

—la puedo ver más de cerca, quiero ver todo es muy feo estar ciega.

El despacio se arrima y me la acerca sosteniéndola entre sus manos, para como a unos treinta centímetros y la mueve para los costados mostrándomela.

—tienes una pija hermosa, desayunamos y quiero que me hagas las curaciones en las manos y después me bañes así desnudo.

—si tía todo lo que quieras.

Pasamos una hora desayunado y curando mis manos, cuando termina me levanto y empiezo a caminar hacia el baño y lo llamo, el me sigue unos pasos más atrás totalmente empalmado.

—empecemos.

Levanto los brazos y cierro los ojos y siento como con empieza a frotarme todo el cuerpo con fuerza, me mete los dedos en la vagina y en el culo con mayor violencia que lo habitual, yo no paraba de tener orgasmos que sacudían mi vagina, yo temblaba, en eso abro los ojos y veo como eyacula sobre mi vientre con los ojos cerrados.

—perdón tía.

—no tengo que perdonar nada.

Y le doy un largo beso en la boca.

Me seca y me envuelve con la toalla y vamos por el pasillo a la habitación, me siento en la cama y le digo:

—quiero que me hagas otro favor, me puedes chupar toda, no aguanto más.

No dice nada, me recuesta, se arrodilla y comienza a lamerme desesperado la vulva, metía la lengua lo más profundo que podía, después me da vuelta y hace lo mismo con mi culo. Empiezo a tener varios orgasmos seguidos y eyaculo mucho líquido, estaba en el cielo, estuvo más de media hora así. Él se para de golpe agarra su verga y la apunta sobre mi panza, acaba con fuerza, era increíble. Cansados nos acostamos, pasó un rato y comenzó de nuevo, su lengua era un regalo del cielo. Ese día ni comimos pasamos todo el día, desnudos en la cama. Dormimos toda la noche uno al lado de otro. Antes de dormirnos le digo que mañana se la iba a chupar yo.

Llegó el viernes, por la mañana me despierto y le digo que mis manos ya tienen que estar curadas, pero antes le chuparía la verga como se lo prometí. Me siento en un borde de la cama y él se para a mi lado, me arrima la pija a la boca y empiezo a chupar con unas ganas tremendas, siento su grosor y dureza, siento sus serpenteantes venas, su enorme cabeza casi toca mi garganta y me ahoga. En eso un fuerte chorro de semen golpea mi garganta y me hace escupir y tragar al mismo tiempo, pero él sigue como poseído. Yo no podía parar y él no podía de dejar de tenerla parada. En esa posición estuvimos una hora.

Antes del desayuno le pido que me lleve al baño, comienzo con mi rutina de todas las mañanas, pero Leo tal vez pensando que sería el último día en que me podría tocar y limpiar con sus manos entra excitadísimo al baño. Yo cagando y el jugando. Me tomó por sorpresa su alegría, parecía un cachorrito. Me tenía atrapada en mi trono, yo haciendo fuerza y él riendo, se para delante de mí, acerca su parado rabo y me cachetea la cara, me la pone debajo de mi axila izquierda y hace como como que me quiere follar el brazo, era una locura. Termino con dificultad de cagar y le pido que me limpie. Le levanto el culo y le digo.

—¡Vamos limpia guarro!, jajajaja.

—¡Yo, guarro!

En eso rápidamente raspa mi ano con dos dedos, alza la mano y me la pasa por la cara. Me paro de golpe y le grito.

—¡Sucio! ¡Asqueroso!

Él sólo ríe, arrima su cara y empieza a besarme, mete su lengua en mi boca y la mueve, yo sentía su verga durísima apoyada en mi estómago, no paraba de besarme, hasta pude sentir el gusto de mi mierda. Luego de largos minutos nos metimos en la ducha y comenzó a lavarme, metía sus dedos en todos mis agujeros.

Mientras estábamos en la ducha fuimos sacando las vendas de mis manos, ya las tenía “curadas”, al mismo tiempo las usaba, lo primero que pude tomar entre mis manos fue su miembro erecto y duro y me lo llevé a mi boca, acabó en pocos segundos nuevamente en mi boca, ya no necesita las tostadas para tragar su semen que ahora me ahogaba. Pensarán que con tanto juego masturbatorio, la penetración ya sería un hecho, pero no, estábamos lejos. Mi sobrino era un pequeño chihuahua y yo una hembra gran danés en celo. Quería que no me llegase a penetrar con su rabo, lo quería todo el día excitado, embrujado por mis feromonas sólo para darme placer. No quería que una penetración rompiese la magia. Una mujer sabe que un consolador puede reemplazar a un hombre en el goce de la penetración, yo no quería convertir en eso a mi sobrino, no lo quería agotado a mi lado y mirando el techo después de un par de embestidas.

Llegamos envueltos en unas toallas a la cocina yo con la idea de convencerlo que no me podría penetrar porque era su tía, mientras le hablaba se arrimaba lentamente a mi cara y comenzaba a besar, no lo podía evitar, parece que lo estaba en enloqueciendo.

Este fue el viernes en que ya no necesitaba de cuidados por obligación, yo los quería por gusto y tenía al candidato perfecto para complacerme. Logré convertirlo en mi esclavo. Sabrán que la esclavitud muchas veces perdura en el tiempo porque la opresión que la provoca desencadena en la cabeza del esclavo un fuerte sentido de esperanza que lo convence de no enfrentar esa opresión por miedo a que la esperanza desaparezca. Yo estaba dispuesta a alimentar ese círculo vicioso para darme placer y goce a costa de su placer y gocé.

El viernes se fue y luego llegó el sábado como antesala de la última semana. El domingo volvía a la ciudad mi mejor amiga Silvia, quería contarle todo, hasta el último detalle, quería que pasase de ser cómplice a participe de nuestra relación. No podía dejar de contar las horas para que llegase el momento de poder concretarlo.

Pero creo que ya me extendí mucho y seguro he cansado, pero prometo que, en un próximo relato, si quieren, les cuento como funcionó el trío y en qué condiciones dejamos a mi sobrino Leo. Pero también como involucramos a la mal nacida de mi cuñada. Disculpen que le haya contado lo escatológica que fui con mi sobrino.


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