La chica de baduuuu

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Sexo con maduros


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RESUMEN

Una simple cita con una atrevida chica de Internet acaba en una relación de amor y sexo pasional.


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  • Autor: jose autor
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  • T. de lectura: 23 min.
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Mientras contemplo la pantalla de mi ordenador y le doy vueltas a cuál sería la mejor forma de narrar esta historia real que me ocurrió hace casi tres años, recuerdo la carita seria de tez blanca de aquella misteriosa chica que protagonizó junto a mí este relato que les voy a contar. Lo cierto es que a veces me acuerdo de ella fugazmente pero hoy es distinto. Hoy pienso en donde se encontrará y qué es lo que estará haciendo en los mismos instantes en los que yo pulso cada una de las teclas de mi portátil.

A juzgar por mi experiencia, concluyo que tal vez se encuentre en los asientos de atrás de algún coche dejándose meter mano, o recibiendo una corrida en la boca en algún callejón oscuro de una ciudad bulliciosa o tal vez en estos momentos se encuentre abierta de piernas en una cama recibiendo las embestidas de un completo desconocido mientras fija su mirada de ojos rasgados en el techo de la habitación... tal vez.

Sea como fuere y esté donde esté mi mujercita de ojos rasgados, empezaré esta historia por el principio, por la parte que menos me gusta, la descripción de unos mismo. Si no fuera porque algún conocido con ganas de hacerse una paja podría reconocer mi foto de perfil y enterarse hasta el más mínimo detalle de mis andanzas y mis perversiones más ocultas, colgaría una foto y me evitaría este trámite que tanto detesto.

Verán, me llamo José, tengo 36 años y soy un hombre de aproximadamente un metro ochenta y cinco de estatura. Tengo un físico normal, incluso podría aventurarme a decir que de musculatura definida pero no soy un chico de gimnasio ni mucho menos. El color de mi pelo es castaño claro, tengo los ojos verdes, cara de facciones regulares y frente despejada, así como una nariz recta, pómulos prominentes y mandíbula rotunda... Me considero bastante serio a pesar de que tiendo a sacar la parte graciosa de todo lo que me rodea en un intento de reírme de la vida. Soy extremadamente cariñoso, tierno y detallista con las mujeres, aunque si la ocasión se me presenta con la hembra adecuada, me encanta invertir los papeles a la hora de follar y convertirme en un auténtico macarra de barrio, dominante y cañero. Si no es así y ella prefiere hacer el amor, abrazaditos debajo de las sábanas mientras me rodea con sus piernas, pues tan feliz. Ahhh, se me olvidaba un dato importante teniendo en cuenta que se trata de contar una historia de sexo. Mí polla medirá unos 18 o 19 centímetros. No estoy depilado como los chicos jóvenes de ahora, pero me gusta afeitarme los huevos y la base de la polla para que las chicas puedan chupar mejor. Es más higiénico, lo reconozco. Bueno, no me liaré más con nimiedades e iré directo al grano.

Era una típica tarde de invierno aquí en el norte, de esas en las que te levantas con el cielo encapotado y te acuestas escuchando las gotas de lluvia y las ráfagas de viento azotando las ventanas, vamos, lo mejor contra la depresión. Por si fuera poco, había terminado hacía dos meses una relación de aproximadamente seis años con mi ex novia. Mi polla comenzaba a sentirse muy sola y desatendida y yo empezaba a echar de menos una figura femenina moviéndose por casa en tanga y descalza mientras me cambiaba las cosas de sitio así que hice lo mejor que se puede hacer en estos casos si buscas un polvo rápido. Me registré en una página de ligues, me saqué un par de patéticos selfies y comenzó la fiesta.

Aquel día empecé buscando los perfiles de las chicas más jóvenes. No se asusten por favor, me refiero a los de las chicas que van de los 18 a los 20 años. Son cariñosas, tiernas y fogosas y lo más importante, se dejan querer sin mirarte como si fueses un fajo de billetes. Créanme cuando les digo que conozco esa mirada. Si hay algo que aprendí de mi ex novia fue a distinguirla sin ningún género de dudas. Algunos pueden pensar que es todo lo contrario con las chicas de estas edades, pero por mis experiencias les garantizo que en la mayoría de los casos es así. Tan solo quieren pasarlo bien con alguien mayor que ellas, que las comprendan y las traten como se merecen sin tener que aguantar a los niñatos tontos que según terminan de sacar sus pichitas de entre sus piernas ya lo están publicando a los cuatro vientos entre todos sus conocidos con la intención de fardar, con los problemas que ello conlleva. Llegado a este punto tengo que dejar bien claro que, aunque lo que voy a escribir se trate de una historia real he hecho cambios de forma que no ocasione ni de lejos ningún problema a la chica de la que les voy a hablar, esté donde esté.

Volviendo a lo de las aventuras entre personas de edades distintas debo decir que cuando yo tenía 18 años también soñaba con que una madurita me acogiera en su cama y me enseñara todo lo que yo desconocía en la intimidad y seguridad de su madurez, por lo que no acabo de entender que problema puede haber en una relación de este tipo siempre que sea entre personas mayores de edad. Opiniones a parte, comencé a saludar a las chicas que más pinta de guarrillas tenían, lo admito. Ese tipo de hembritas que posan con los leggins marcando la rajita y enseñando tanga y barriguita mientras sacan la lengua como si fuesen serpientes intentando percibir los rastros químicos que flotan en el ambiente. Ni yo ni mi polla estábamos para andarnos con rodeos así que los dos fuimos directos al grano, pero con mucho cuidado de no resultar obsceno ni ofensivo ya que suele resultar contraproducente...suele. Nunca entenderé como alguien que está enseñando las bragas descaradamente te puede llamar guarro cuando le echas un piropo sutil, y recalco lo de sutil, pero es algo que sucede con demasiada frecuencia siendo tan común y real como la vida misma. En fin, supongo que mujeres y hombres tenemos formas distintas de entender el mundo que nos rodea e interpretar sus señales o que simplemente se es o se deja de ser un guarro dependiendo de si la persona con la que estás hablando te considera de su agrado.

El caso es que cuando más frustrado comenzaba a sentirme por aquellas contestaciones tan desafortunadas, una chica con una única foto de cara en su perfil a la que ni tan siquiera había hablado me mandó un mensaje preguntándome si era yo el de las fotos. Eso es algo que me suele ocurrir en estos lugares. Me ven guapete y piensan que hay tongo. No, no me llamen creído, les puedo asegurar que no lo soy.  Como vi que la chica dudaba de que fuera yo realmente el del perfil le pedí su número y le mande unas fotos mías por wasap que recibió con mucho agrado. Para premiarme por ese acto de confianza ella también me envió alguna, pero para mi sorpresa, en todas ellas aparecía en ropa interior a pesar de no habérselas pedido, por lo que entendí que detrás de aquel angelito de mirada dulce se encontraba una zorrita en potencia con ganas de polla. No me anduve con rodeos. Le invité a tomar algo por Vitoria con la simple intención de conocerla y enrollarme con ella, intuyendo que a la hora de la verdad se cortaría. Que equivocado estaba, esta juventud viene pisando fuerte. A las dos horas de apagar el ordenador ya me encontraba en la zona de las universidades esperándola ansioso, vestido con unos vaqueros, una cazadora de cuero y oliendo a rica colonia. Cuando la vi llegar me quedé de piedra y no porque fuera una chica despampanante, sino porque vestía con estética emo, aunque de forma relativamente discreta. Yo no entiendo mucho de modas, pero debo reconocer que me puso la polla dura al momento.

Calzaba unas zapatillas grises de suela blanca de las que asomaban unos calcetines del mismo color que llegaban hasta la altura de sus rodillas. Llevaba puesto un pantalón extremadamente corto y ajustado de color negro y una simple camiseta de color blanco con un dibujo rarísimo bajo el que escondía unas tetas enormes en relación a la delgadez de su cuerpo. Al reconocerme a lo lejos ella sonrió y se acercó a mi tímidamente dando pequeños pasos mientras agitaba en su antebrazo una sudadera con capucha en la que se distinguían dos orejas de gato, como las que suelen llevar los personajes de los dibujos manga japoneses. A medida que se iba aproximando a mi yo me iba sintiendo más afortunado de estar allí ya que esa chica era preciosa. No sé lo que mediría, pero yo le sacaba más de una cabeza. Lo primero que me pasó por la cabeza fue que con lo delgadita que estaba y lo bajita que era podría pasarme el resto de la tarde follándomela contra una pared sin necesidad de descansar los brazos. Lo sé, resulta un poco bestia, pero es lo que me vino a la cabeza, tengan en cuenta que llevaba tiempo sin follar. Tenía una gran melena negra con un flequillo que tapaba prácticamente toda su frente, una cara ovalada y pálida de rasgos finos y dos ojos marrones rasgados, perfilados en color negro que hacía destacar la esclerótica de sus ojos. Lo segundo en lo que pensé fue en que de verla en ropa interior a verla vestida de aquella forma su aspecto general cambiaba muchísimo. Sin darle mayor importancia la seguí con la mirada hasta que la tuve frente a mí.

-Eres José- afirmó en tono serio.

-Sí. Tú eres Irati ¿Verdad?

En lugar de responder a mi pregunta, aquella chica me miró con expresión severa y me dio un beso en la boca sin decirme absolutamente nada. Yo no me quedé corto y contraataqué metiéndole la lengua en la boca ante lo que ella, por no quedarse atrás, comenzó a lamer mis labios mientras se agarraba a mi cuello, como si aquello fuese la escena de reencuentro de dos novios que llevan tiempo sin verse. Vaya forma de empezar, pensé. Cuando mis labios estuvieron completamente llenos de saliva, Irati se deslizó por encima de mi hombro y comenzó a lamer mi cuello haciéndome sentir una serie de escalofríos que recorrieron todo mi cuerpo. Me daba la sensación de que con aquellos lametones que me estaba dando todo mi cuerpo se recargaba de energía positiva y buenas vibraciones. De forma imprevisible y transcurrido un breve periodo de tiempo dejó de hacerlo y, mirándome fijamente a los ojos con esa mueca de seriedad que la caracterizaba me preguntó:

-¿Tienes novia?

-No. Si la tuviese estaría con ella- respondí de inmediato.

Sin quitarme el ojo de encima, como si estuviera contrastando mi respuesta con lo que decían mis pupilas, permaneció unos pocos segundos inmóvil hasta que volvió a centrar su atención en mi cuello pero esta vez, en lugar de lamerlo, comenzó a practicarle pequeños chupones mientras jadeaba excitada al notar como yo metía las manos entre sus nalgas y la sobaba sin contemplaciones.

-Ahora eres mío y yo soy tuya ¿Vale?

-Vale- acepté sin dudarlo a pesar de no saber muy bien lo que eso conllevaba.

Aquella chica a la que acababa de conocer me quería hacer de su propiedad a los pocos minutos de conocerme y para ello me marcaba como si fuese un simple estuche al que ponía su nombre. Aquello pintaba bien.

-Más te vale que no me estés engañando porque si no, vas a tener que dar muchas explicaciones inútiles cuando la vuelvas a ver o directamente vas a tener que desaparecer durante unos días-dijo entre carcajadas después de darme un último lametón.

-Niña traviesa ¿Seguro que tienes 19 años?

-Claro ¿Por qué lo preguntas?

-Porque aparentas menos y no quiero problemas.

-Pues puedes estar completamente tranquilo. Te juro que tengo 19 años y unas ganas terribles de follar contigo- me espetó mientras sobaba mi polla por encima del pantalón.

-¿A sí? Pues ahí dentro tienes un centímetro de carne por cada año de tu vida. La verdad, no pensé que fueras a ser tan directa.

-¿O sea que te mando cuatro fotos en tanga y crees que voy a quedar contigo para dar un paseo de la manita?

-Pensé que en persona te cortarías.

-¿A pero los hombres pensáis?

Ante ese vacile feminista la abracé contra mi pecho y le solté un sonoro cachete en el culo ante la escandalizada mirada de una mujer que pasaba cerca de allí y miraba con cara de incredulidad como un hombre de treinta y tantos comenzaba a sobarle la entrepierna a una niñata de 19 años que, en lugar de mostrar oposición separaba sus piernas y se dejaba hacer mientras le devolvía una mirada retadora.

-Por cierto, parecías distinta en las fotos.

-¿No te gusto en persona?-preguntó con síntoma de enfado.

-Claro que me gustas - le dije mientras le acariciaba la mejilla- Me encantas, pero te veo distinta a como estabas en las fotos ¿Son de hace tiempo?

-¡No!-contestó indignada-Me las hice para ti, lo que pasa es que sin maquillarme y viéndome en ropa interior te pareceré distinta.

-Será eso.

-Pues claro Qué coño te crees, ¿qué me ando haciendo fotos para todos?

A medida que la conversación avanzaba me iba arrepintiendo de haber hecho aquel comentario. Era evidente que se había ofendido, o quien sabe, tal vez estaba actuando. Nunca lo sabré a ciencia cierta, pero en ese momento me lamenté de ser tan sincero, temiendo que aquel ángel echara a volar después de haberlo tenido tan cerca y haber olido su dulce perfume y esto último no lo digo por decir. Se había echado esas fragancias tan embriagadoras que suelen emplear las chicas jóvenes y que te incitan a querer lamerlas de arriba a abajo como si se tratasen de un enorme helado de fresa.

- No te enfades Irati pero es que cambias mucho así vestida. Claro que me gustas.

-Que te quede claro- amenazó con expresión desafiante.- No eres el primero que me quiere meter la polla-dijo mientras me agarraba por la muñeca y alejaba mi mano de su entrepierna- pero yo nunca miento y si te digo que esas fotos me las hice para ti es que me las hice para ti ¿Esta claro?

-Que carácter, chica. De acuerdo.

-¡Es que me joden esos comentarios!-gritó ofendida.

Para frenar ese arrebato de mala ostia, en lugar de amedrentarme, la volví a coger con fuerza agarrándole su culito y comencé a besarla de forma lasciva. Al principio mostro cierta resistencia, pero en cuanto notó como mi mano volvía a acariciar su rajita por encima del pantalón se relajó y se dejó llevar, sin dejar eso sí, de matarme con la mirada.

-Cabronazo desconfiado- me dijo después de morderme el labio.

Empleando su misma técnica, no me tome la molestia ni de rebatirle ese comentario. Simplemente la cogí de la mano y sin decirle nada la conduje por la calle que hay entre las facultades y la estación de la Renfe de Vitoria buscando un lugar más escondido. Las reacciones de la gente que nos miraba eras distintas e iban desde la sorpresa hasta la envidia pasando por la indignación de ver como un hombre de mi edad llevaba de la mano a esa chica que ya de por si era joven y aún más que parecía serlo al ir así vestida. Aquella situación parecía divertirle sobremanera a Irati, ya que cuando alguna persona se quedaba mirándonos con cara de reproche ella no dudaba un solo instante y se abalanzaba a mi cuello fundiéndose conmigo en un húmedo morreo para que no quedara la menor duda entre los espectadores de que ella no se trataba de mi hija ni mucho menos.

No es que abunden sitios discretos en aquella zona, pero al final encontramos un rincón apartado y tapado parcialmente por unos arbustos. Le hice pasar a ella delante y aprovechando mi posición la agarre por el cinturón y le metí la mano entre las nalgas, buscando al tacto el ojete de su culo bajo el tacto suave de ese pantalón diminuto de licra. Cuando sentí aquel agujerito en la yema de mi dedo comencé a masajearlo ante la mirada de desconcierto de Irati, que, a pesar de ir maquillada para resaltar su tez pálida, comenzaba a mostrar ya unas mejillas enrojecidas. Como si se tratara de una estatua de hielo, se quedó en aquella posición en un claro gesto de que le estaba gustando lo que yo le estaba haciendo, pero para joder, cuando más parecía estar disfrutando, le solté un segundo cachetazo en el culo y la empujé con cuidado hacia el interior de aquel recinto de apenas dos metros cuadrados.

-Eso por ser tan borde conmigo- le dije sin reparos.

Según avanzamos dos pasos, vimos para nuestro regocijo que al fondo de aquel rincón había unas pequeñas escaleras que descendían hasta una portezuela metálica que se encontraba cerrada. Desde aquella posición quedábamos a escondidas de cualquier mirada indiscreta a no ser que alguien se asomara expresamente a curiosear. Sin dudarlo un instante  la arrinconé, por decirlo de alguna forma, ya que ella misma fue hacia allí y abrió los brazos para recibirme. Inmediatamente comencé a manosearle las tetas por encima de la camiseta mientras nos besábamos juntando nuestras lenguas y pasándonos la saliva de una boca a otra. Aquella chica era la hembra más caliente y sensual que había tenido entre mis brazos y no estoy exagerando. Sin pensarlo dos veces desabroche mi cinturón y dejé caer mis pantalones hasta la altura de mis rodillas sin que me hiciese falta realizar la misma maniobra con mi bóxer ya que ella se apresuró a realizarla por mí. Con sus pequeñas manitas, agarró la polla y comenzó a deslizarla desde la base hasta el capullo sin quitarle el ojo de encima. Cuando la hubo examinado bien siguió el masaje con una de sus manos mientras con la otra comenzaba a acariciarme los huevos con extrema delicadeza y ternura. De repente y para mi sorpresa, soltó la polla y escupió en la palma de su mano para luego extender aquella deliciosa saliva en la punta de mi polla que, para aquellas, estaba ya igual de roja que sus mejillas. Durante un buen rato estuvo realizando aquella maniobra mientras yo reposaba con los ojos cerrados apoyado contra la puerta en aquel rincón en el que se amontonaban las hojas caídas de los árboles. Cada poco tiempo, Irati volvía a soltar un salivazo en su mano y seguía haciéndome la mejor paja de mi vida. Sin temor a que nadie nos viera, la acerqué a mí y le levanté la camiseta por encima de su sujetador, quitándoselo a continuación y amasándole las tetas con las dos manos mientras ella seguía manoseando mi polla y mis huevos sin dejarlos libres por un solo segundo.

-¿Te está gustando?-me preguntó.

-Me encanta. Lo haces muy bien. No pares por favor.

-Lo de antes te lo dije en serio.

-¿El qué?-pregunté medio descolocado.

-Ahora tú eres mío y yo soy tuya.

-Sí-respondí sin dudarlo.

-¿Me lo dices en serio? ¿De verdad te gustaría que fuese tu novia?

-Claro, en todo caso eres tú la que podría tener dudas, no yo.

-¿A qué te refieres?-preguntó cesando el vaivén que estaba realizando con sus manos.

-Eres joven y guapa ¿Cómo no voy a querer tenerte a mi lado? Tú eres en todo caso la que no podría tenerlo claro. Yo soy un viejo comparado contigo y por favor... ¡No pares!

-Me da igual tu edad. Odio a esos bobos de mi clase que no dicen más que tonterías. Me apetece estar con alguien como tú, que me lleves a tu casa y me conviertas en su zorrita en la intimidad. Nadie se enterará y podemos hacer todo lo que queramos.

-Me encantaría-le respondí mientras la cogía por la cintura y le comenzaba a chupar los pezones. - Al final te acabarás yendo con uno de tu edad y yo me quedaré con cara de idiota, pero bueno, que me quiten lo bailado.

De repente note que aquella pequeña fiera indomable se revolvía y me pegaba un empujón mientras me miraba con furia.

-¿Tú qué sabes lo que va a pasar? A partir de este mismo momento yo voy a ser tu mujer y tu mi hombre.

Acto seguido clavó sus rodillas desnudas en el suelo y se metió la polla todo lo que pudo en la boca, comenzándola a chupar de forma muy ruidosa mientras me agarraba del culo con sus pequeñas manos acercando mi vientre todo lo que podía contra su cara. No me podía creer la suerte que estaba teniendo. De estar solo y deprimido en mi casa había pasado a estar en la mejor compañía imaginable. Aquella chica tenía la pasión tan desmedida de la juventud y me hablaba como si fuera a ser el último de sus amantes sin pararse si quiera a pensar en la diferencia de edad que teníamos y de los problemas derivados de ello. Por otro lado, parecía tener claro que aquella situación se reduciría tan solo a la intimidad de una casa en la que las paredes guardarían los secretos más morbosos de una pareja de edad dispar, por lo que aún me sentí más afortunado de poder estar con una chica tan joven y guapa a la vez que madura y realista. Desde mi posición contemplaba el ir y venir de aquella melena negra y sentía como Irati se metía la polla hasta que mi capullo llegaba a lo más profundo de su garganta. En un momento dado el ritmo cesó y cuando abrí los párpados y miré hacia abajo me encontré con sus preciosos ojos observándome con cara cara de enamorada.

-Me gustas mucho- dijo con un tono tan dulce como su fragancia.

A continuación, se puso rápida y hábilmente la sudadera que había dejado en unos de los escalones y tras colocársela peculiar capucha felina, siguió chupándome la polla, con la diferencia de que, en esta ocasión, cada cierto tiempo se sacaba el cipote de la boca intentando que alguna baba se quedara pendulando de él y durante unos pocos segundos me miraba de soslayo con cara juguetona mientras arañaba con ternura mi muslo izquierdo y emitía suaves maullidos y ronroneos. Yo no me lo podía creer, pero mis huevos se lo estaban creyendo a pies juntillas porque empecé a sentir que de seguir a ese ritmo en cualquier momento eyacularía sin control en la carita de mi nueva mujercita o en el interior de su boca por lo que decidí para de inmediato... Sin poder evitarlo y debido a las palabras y gestos tan dulces que me estaba dedicando, la cogí en peso y comenzamos a besarnos apasionadamente mientras mi polla permanecía tiesa y amenazante a escasos centímetros de su culo. Cuando terminamos de lamernos mutuamente la volvía dejar en el suelo y desabroche su pequeño pantaloncito después de soltarle el cinturón. Ella colaboró rápidamente dejándolos caer al suelo junto a su sujetador y sin perder un solo segundo se quitó también la sudadera y la camiseta que tenía remangada por encima de los pechos. Pronto se mostró ante mí el cuerpo adolescente de una chica de 19 años en zapatillas y un diminuto tanga negro que no dejaba de comerse mi polla con la mirada mientras yo me desvestía rápidamente. Cuando acabé, aquella belleza de pelo negro intentó abalanzarse sobre mi mástil como si fuese un manantial en el desierto, pero en aquella ocasión lo de chuparme la polla lo iba a tener difícil porque al que le tocaba lamer en aquellos momentos era a mí.

La volvía coger en volandas y la llevé hasta el césped que había al principio de las escaleras, aun exponiéndonos a los dos a ser vistos, pero es que para aquellas yo estaba ya completamente fuera de mis casillas. Al llegar a la hierba la tumbé boca arriba y separé sus piernas, introduciendo mi cabeza entre ellas hasta colocar mi nariz justo en frente de su rajita, tan solo tapada por una fina y mojada pieza de lencería. Al hacerlo inspiré por ella percibiendo de inmediato ese embriagador y maravilloso olor a hembra receptiva que ansía ser montada por un macho. Sin poder contenerme, me abalancé sobre su rajita sin molestarme siquiera en apartar la tanga y comencé a lamer desesperadamente la tela mientras escuchaba los gemidos y los espasmos incontrolados que mi gatita hacía con sus piernas. Finalmente, aparte la tanga y me encontré con un conejito depilado, sonrosado y precioso que se encontraba completamente empapado. Viendo aquella visión tan hermosa no me extrañé de que los argentinos, por lo que tengo entendido, le digan a ese acto de comer un coñito "verle la cara a Dios". No sé si es cierto que lo dicen así, pero podría serlo dada la devoción con la que besé y amé esa parte de su cuerpo. Cuestiones metafísicas aparte, yo seguí lamiendo como un poseso aquel coño parando solo para chuparle los labios vaginales y meter la lengua dentro su cueva todo lo adentro que me era posible. A ese ritmo Irati no tardó mucho en correrse en mi boca. Durante unos instantes me agarró por el pelo y me separó de la zona mientras temblaba incontroladamente y juntaba sus muslos echando las piernas hacia atrás para proteger su cosita. Aprovechando la postura y viendo que no me iba a dejar volver a lamer hasta que se le pasara la sensibilidad, fijé mi atención en su ojete y sin poder evitarlo metí la boca entre sus nalguitas y comencé a comérselo. De la misma forma que parecía experimentada en otras cosas, me dio la sensación de que nadie antes que yo le había dedicado un solo segundo a esa parte de su cuerpo. Tengo que reconocer que si la chica es limpia y la situación se presta no tengo ningún inconveniente en lamer ese agujerito con pasión. Cogiéndola por las caderas le di la vuelta con brusquedad y después de conseguir ponerla a cuatro patas con las rodillas sobre la hierba, seguí lamiéndole ese precioso e íntimo lugar recóndito mientras escuchaba los grititos de placer que mi nuevo amor soltaba sin temor a ser escuchada por la gente que pasaba a lo lejos.

Llegó un momento en que mi mente me pedía a gritos que penetrara a esa chica inmediatamente. Ya no llegaba con que me hubiera acariciado y chupado la polla y los huevos, ni con que le hubiera comido el coño yo a ella y le estuviese lamiendo el mismísimo ojo del culo en esos momentos. Necesitaba meterle la polla hasta los huevos ya o me tendrían que llevar en camilla hasta el hospital más cercano. Me levanté sin erguirme del todo para no ser visto y le animé a ella a hacer lo mismo. Cuando se puso frente a mi vi como sus mejillas estaban completamente coloradas y sus ojos entreabiertos me miraban con sumisión y agradecimiento, un tanto avergonzados por lo de haberle comido el ojete. En ese momento supe con seguridad que nunca se lo habían hecho.

-¿No te ha gustado?-le pregunté.

-Pfff ¿Tú que crees guarrete? - respondió abanicándose la cara con la mano. - No sabía que era tan placentero.

-Ven aquí cariño- le dije cogiéndola de la mano para bajar los escalones hasta nuestro nidito de amor. - Necesito follarte ya.

Según escuchó esas palabras se apresuró a bajarse la tanga mientras yo me calzaba un condón lo más rápido que podía.

-¿Qué haces?-preguntó con carita contrariada.

-¿Como que qué hago?

Una vez más, sin molestarse en responder a mis preguntas, se acercó a mí y cogió con sus deditos la punta del preservativo mientras con la otra comenzaba a quitármelo con cara de enfado.

-Irati, yo sé que estoy sano, pero no me conoces de nada ni yo a ti. No deberías de ser tan confiada.

-Yo nunca he follado sin condón así que puedes metérmela sin nada. Estate tranquilo.

-Tú no, pero yo...

-Pero nada-me cortó de forma borde-¿Con tu ex lo hacías a pelo?

-Sí, pero es distinto. A ella la conocía desde hace mucho.

-Me da igual-dijo lanzando el condón por detrás de los arbustos. - Córrete fuera si quieres, pero fóllame a pelo. Ahora eres mi novio.

Al verla así de decidida no aguanté más. La cogí por debajo de los brazos y la levanté en peso hasta que ella se agarró a mi cuello, apoyando su espalda contra la puerta y colocando las plantas de sus pies en mis caderas, de forma que se quedó completamente abierta de piernas con su rajita expuesta y empapada, dispuesta a ser taladrada sin piedad. Sin necesidad de cogerla con la mano y aprovechando la erección tan grande que tenía, la agarré por las nalgas y acerqué mi pene a su vagina. Cuando mi capullo, que parecía a punto de explotar, estuvo a las mismas puertas de su rajita, ella misma abrió las piernas pasándolas por encima de mi cintura y se dejó caer suspendida en mis brazos tragándose mi polla de una sola sentada. Creo que no calculó bien el tamaño porque de inmediato una mueca de dolor se reflejó en su dulce carita., por lo que la levanté un poco y mientras ella se agarraba a mí como una garrapata la comencé a clavar con suaves embestidas, mientras le decía al oído lo mucho que me gustaba. En mi polla podía notar el calor extraordinario del interior de su cuerpo. Me daba la sensación de que en cada embestida ella me abrazaba y estrujaba el pene con su vagina y eso unido a los besos que me daba y las miradas de complicidad que me echaba me hacía sentirme el hombre más afortunado de aquella ciudad.

Aquel debía ser mi día de suerte porque poco más de media hora después de imaginarme follando de pie con aquella chica, el sueño se había materializado y yo me encontraba empotrando contra la puerta a mi nueva mujercita mientras ella se agarraba a mí con brazos y piernas. Cada nalga de su culito encajaba en la palma de mi mano como si la hubiesen hecho a medida. Notaba en la punta de mis dedos como esa gatita chorreaba hasta impregnar de humedad toda su entrepierna. Los gemidos y golpes rítmicos, junto con las obscenidades que aquella niñata me susurraba al oído hicieron imposible que me pudiese contener un solo segundo más así que la levanté para sacar la polla de sus entrañas y la metí inmediatamente entre mi vientre y los labios de su preciosa vagina, frotándome como un perro loco hasta que de mi polla comenzó a salir una gran cantidad de chorros de leche. Llevaba varios días sin tocarme y acostumbrado como estaba a mantener relaciones muy frecuentes con mi ex pareja mis huevos estaban rebosantes de amor. Sentí una gran presión cuando salió el primer chorretón que nos cogió totalmente desprevenidos a los dos, salpicándonos a ambos incluso hasta llegar a nuestras barbillas. El segundo conseguí orientarlo mejor al sostener con una sola mano el peso de mi chica mientras con la otra cogía mi polla en el momento justo en que soltaba el segundo lefarazo, que acabó esparciéndose en su vientre.

El tercero, cuarto y quinto, aun siendo menos abundantes y espectaculares acabaron desparramándose en los labios del coñito de Irati, que después de haber recibido tan abundantes y profundas embestidas había quedado abierto y sonrosadito. De inmediato, un gran goterón espeso y blanco comenzó a deslizarse desde la tripita de mi chica y acabó por juntarse con las otras tres corridas que habían cubierto de leche los labios de su almejita. Al ver aquel espectáculo los dos miramos hacia abajo pudiendo ver como el semen se quedaba colgando de su entrepierna, suspendido en el aire como si fuera una clara de huevo hasta que finalmente cayó al suelo. Al ver aquel coño sonrosadito y abierto, embadurnado totalmente con mi esperma me costó horrores convencerme de no volver a ensartarla como si fuera un pichón, llenando el interior de su vagina con mi semen pero en una muestra de sentido común y autocontrol la hice bajar y la dejé en el suelo, fundiéndonos de nuevo en un húmedo beso mientras mi leche se escurría entre sus muslos... Pasado el frenesí del momento, los dos nos apresuramos a vestirnos. Yo acabé antes que ella y me quedé observando como aquella gatita coqueta se adecentaba después de haberle ofrecido su coño a un hombre que le doblaba en edad. La verdad es que la había bañado en esperma. Cuando estoy unos días sin correrme parezco un volcán y a aquella niñata le había pillado de lleno la erupción. Sus ojitos rasgados analizaban la situación intentando llegar a una solución que le evitara hacer o inevitable pero finalmente dedujo que no había otra alternativa de forma que, con la camiseta color blanco que había traído comenzó a limpiarse la tripita, la entrepierna y los muslos, quedando está completamente manchada. Con una sonrisa picarona se quedó mirándome por unos segundos mientras acercaba su naricita a la bola que había hecho con ella.

-Ufff, que olor a lefa ¿Siempre te corres así? -preguntó riéndose tímidamente.

-No tanto. Eso es porque estaba con ganas.

-A bueno.

-¿No te gusta?

-Sí -respondió dubitativa- Me gusta. Huele fuerte, pero preferiría que te hubieras corrido en otro sitio.

-La siguiente vez apuntaré a otro lado. Siento haberte manchado tanto.

-No es eso tonto. Hasta dentro de unos días tendrás que seguir corriéndote donde te has corrido hoy o en mi boca, como tú prefieras, aunque dudo que pueda tragar tanta leche.

-¿Unos días?-pregunté extrañado.

-Sip-respondió en tono cantarín con esa expresión que se les pone a las chicas cuando están bien folladas.

Irati subió los escalones lentamente mientras se ponía la sudadera por encima del sujetador y arreglaba su flequillo. Cuando llegó a mi lado me dio un piquito en los labios y me susurró al oído:

-Mañana sin falta voy al médico a pedir la receta para las pastillas.

-¿Pastillas?

-Sí tontito. No te hagas el bobo. Las pastillas que voy a tomar para que te puedas empezara correr dentro de mi coño. Ahora soy tu mujercita y como tal quiero que me lo eches dentro. Ya te dije que yo siempre hablo en serio.

-Va...vale-respondí sin poder creerme ese detalle tan bonito que estaba teniendo conmigo.

Los dos salimos agarraditos de la mano como unos enamorados de detrás de los setos y cuando llevábamos poco más de tres pasos andados, Irati me pegó un tirón en el brazo y señaló con la cabeza en dirección a una mujer de unos cuarenta años que nos seguía con sus ojos abiertos como platos desde la acera. Con esa mirada cargada de malicia que le salía de vez en cuando, se dio la vuelta y lanzó la camiseta hacia donde ella estaba, quedándose ésta colgada en la rama de un árbol. Justo antes de doblar la esquina los dos nos dimos la vuelta y comprobamos para nuestra sorpresa como aquella mujer nos miraba desde lejos mientras olía la camiseta y se mordía el labio inferior.

Aquel fue el primero de los muchos polvos a pelo que eche con mi nueva mujercita. Unos días pasaba a hacerme visitas fugaces porque estaba ocupada con sus estudios y otras veces pasaba días enteros conmigo manteniendo una relación de pareja en toda regla, en la intimidad de mi casa. Unas noches se mostraba cariñosa y juguetona y otras arisca y peleona pero no había una sola de esas veladas de amor en las que ella no acabara con varias corridas en el interior de su precioso coño mientras los dos nos abrazábamos y besábamos como dos amantes apasionados.

Espero que les haya gustado la forma de contarles esta aventura tan maravillosa que me ocurrió y pido de antemano disculpas por los errores de ortografía que sin duda habré cometido. Concluyo animándoles a que me escriban a mi correo si es que les apetece hablar conmigo.

[email protected]

Un saludo a todos los lectores y gracias por haberme leído.

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