Gays - Sexo con maduros

Acoso en el Metro

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RESUMEN

Un hombre maduro me acosa insistentemente en el metro de camino al trabajo.

Como todas las mañanas me dirigía al trabajo. La rutina era siempre la misma. Siempre cogía la misma línea 3 del metro, en la misma parada, y me solía subir en el mismo vagón, a la misma hora. Así todos los días de la semana.

Era la monotonía diaria. El tren como siempre a esa hora iba hasta los topes, con todo el mundo apretujado. Yo en ese momento estaba pensando en la conversación que había tenido con mi mujer esa mañana sobre el pago de la hipoteca. Le iba dando vueltas a la cabeza. En esto que note que la persona que estaba detrás de mí se me estaba pegando demasiado. Me di la vuelta para ver quién era.

Era un hombre de unos cincuenta y tantos años. Corpulento, calvo y canoso, con perilla. Llevaba un par de botones de la camisa desabrochados y a través de ellos se podía ver un pecho bastante velludo. Su mirada se clavó en mí, y me dio un poco de miedo. Me intimidaba. En la siguiente estación, que era la mía, me baje sin volver la vista atrás.

Al siguiente día, viajaba como de costumbre en la misma línea. Misma hora y mismo agobio de gente. En el andén pude ver al hombre del día anterior. Tan solo le miré de reojo, pero sin darle más importancia. Cuando subí al vagón me di cuenta de que inmediatamente detrás iba él y que se volvía a colocar justo detrás de mí, una vez más. Aquello no podía ser casualidad. Y no lo era. Con las apreturas pude notar claramente a través del pantalón su polla contra mi culo. Se le había puesto durísima y por lo que pude sentir tenía un buen tamaño. Yo me quede de piedra sin saber cómo reaccionar. No me moví y entonces noté como el extraño inicio un movimiento frotándose contra mí. Nadie de alrededor con las apreturas se estaba dando cuenta. Ante aquello me puse colorado totalmente, pero sin atreverme a decir palabra. Me hice el despistado, como si no pasará nada y no me estuviera dando cuenta. En cuanto llego mi estación me baje corriendo. Eche la vista atrás pero el extraño no me seguía. No se había bajado.

Estuve todo el día dándole vueltas a la cabeza. No se me podía olvidar la cara de ese tío. ¿Que sería lo que pretendía? a lo mejor tan solo era un depravado que disfrutaba restregando su polla contra los culos de la gente en el metro y la había tomado conmigo, hasta que surgiera su próxima presa. ¿Y si era un maniaco? ¿y si quería follarme? No podía olvidar la sensación de notar su dura verga restregándose por mi culo. Era un sentimiento de impotencia, de querer hacer algo y no saber qué.

Al día siguiente, me dirigí al metro con la idea de acabar con esto de una vez por todas y pedirle explicaciones. Eso sí con mucha delicadeza, no era mi intención hacerle enfadar, temiendo las consecuencias.

Me subí en el metro y para mi sorpresa no estaba allí. Respiré aliviado. Pensé que ya se habría olvidado de mí, y se habría ido a darle la lata a otro. Pero no pasó ni un minuto, y volví de nuevo a sentir su duro miembro otra vez detrás de mí. Traté de girarme para hablar con él, pero me agarro de la cintura y me lo impidió. Yo creo que eso le excito aún más, porque pude notar su polla durísima. Se aprovechó bien de mí y de mi culo. Restregándose todo lo que quiso, sin que yo me atreviera a hacer nada. Él por el contrario pareció disfrutar bien del viaje. Pero por fin me atreví, me armé de valor, y girando levemente de la cabeza, me atreví a hablarle en voz baja.

—Pero, ¿qué es lo que quieres de mí?

—¿Que que quiero de ti?, nada, tan solo hacernos un poco más agradable el viaje.

—Pues para, no me gusta —le dije, mientras seguía restregándose por mi culo.

—Mientes…

—No, no miento, no me gusta.

Otros al primer día se han apartado y no los he vuelto a ver. Pero tú no lo has hecho. Has aguantado hasta tu estación. Y has vuelto a repetir al día siguiente. Te gusta, aunque no lo admitas. Puedo sentir como en el fondo esto te pone cachondo…

—Lo he hecho porque me das miedo….

—¿Miedo? si vieras mi polla eso sí que te daría miedo.

En ese momento llego mi parada. Yo trate de bajarme, pero él me agarro de la cintura y me atrajo hacia sí.

—Mañana te espero a la misma hora, en este mismo vagón. No faltes.

—Ni lo sueñes —le dije firmemente.

Pero llego el día siguiente y no sé porque fui a la misma parada de metro de siempre, a la misma hora de siempre, y acabe subiendo en el mismo vagón de siempre.

Y allí estaba él. Enseguida nos encontramos con la vista. Me miró y no pudo evitar una ligera sonrisa. Me abrí paso entre la gente y me dirigí hacia él. Una vez frente suyo, me di la vuelta, y estampé mi culo contra su polla.

—Hala, ya puedes empezar —le dije.

Esa vez sí que lo disfrute. Notaba su dura polla contra mi culo. Me imagine lo grande y gorda que tenía que ser y me excite. En esta ocasión no fue él el único que restregaba su miembro contra mi trasero. Yo tampoco me quedé quieto y también moví mi trasero, apretándolo contra su polla y él pareció excitarse de lo lindo, hasta que por fin llegó mi estación. Me dispuse a bajarme, pero él me agarro.

—Oye, ¿a qué hora vuelves?

Yo me quedé pensativo sin saber si responderle o no.

—Vuelvo sobre las cinco, en este mismo tren.

—De acuerdo….

Llegaron las cinco de la tarde y allí estaba de nuevo él. Me puse a su lado. Cuando llegó el tren me señalo para que fuéramos al vagón del final que estaba vacío. Nos subimos en él. Me cogió inmediatamente y volvió a repetir lo que ya habíamos hecho otras veces. Pero esta vez agarró mi culo con fuerza, acariciándolo y sobándolo.

—Tienes un culo maravilloso… ¿lo sabias?

—¿te gusta?

—Me vuelve loco

En esto, dirigí mi mano hacía su entrepierna y agarré su polla por encima del pantalón.

—Joder, que polla tienes…

—¿Te gustaría probarla?

—Es que, no sé. Yo nunca lo he hecho con un tío.

—No te preocupes. Yo sí. Te puedo enseñar y lo pasaremos bien. El sexo con un tío es mucho más caliente y lujurioso que con una tía. No te arrepentirás. ¿Estás casado?

—Si

—¿Te espera tu mujer en casa?

—No, es enfermera, y hoy tiene turno de noche.

—Entonces, ¿por qué no te vienes a mi casa y pasamos un buen rato? ¿qué te parece?

—No sé qué decirte

—Vamos, si lo estas deseando. Noto lo caliente y cachondo que estas. Esta es mi estación, bájate.

No respondí. Tan solo me deje llevar, pero era cierto que estaba cachondo y caliente. Andamos rápido y casi sin pronunciar palabra por el camino. Teníamos prisa por llegar. Cuando llegamos su edificio era un edificio clásico, elegante, de los que tienen techos altos y están profusamente decorados.

Subimos en el ascensor, y ahí ya no nos pudimos aguantar más. Nos besamos apasionadamente.

Era la primera vez que besaba a un tío. No sé si decir si fue mejor o peor que con una mujer, pero sí que fue un beso muy apasionado que a mí me hizo estremecerme. Él agarraba fuertemente mi culo, tanto que me lo iba a dejar marcado. Yo desabroché su camisa y pude ver su peludo y fuerte pecho. Tenía tetas y algo de barriga, y todo él olía a macho en celo. Le acaricié sus peludas tetas como si fueran las de una mujer. Luego le chupe los pezones.

 

—uhmm…. que bien chupas las tetas. Espero que chupes igual de bien las pollas.

—Gracias, en esto tengo experiencia. Lo otro me vas a tener que enseñar tú.

—No te preocupes, eso se aprende solo y tenemos toda la tarde para que aprendas.

Llegamos al piso. Por el pasillo nos íbamos acariciando y besando, aún a riesgo de que nos pudiera pillar algún vecino. Entramos. El piso parecía grande, clásico, pero bien decorado, aunque no me dio tiempo a ver demasiado. Enseguida me arrastró al dormitorio. Me fue quitando la ropa por el camino, de manera que cuando llegamos a la cama yo ya estaba completamente desnudo. Él aún conservaba los pantalones puestos y la camisa desabrochada. Me tumbo boca abajo en la cama. Yo estaba temblando, una mezcla de miedo y excitación. Se puso detrás de mí, y me acaricio el culo. Lo agarraba como si estuviera amasando pan. Luego sacó una toallita húmeda de la mesita y limpio bien mi ano.

Lo siguiente fue que su lengua se hundió dentro de mi culo. Su húmeda lengua jugo con mi ano todo lo que quiso. Nunca me habían hecho algo así.

—¿Te gusta?

—oh, si….

—¿a qué tu mujercita no te hace estas cosas?

—Nooo….

Entonces me dio la vuelta, y cogió mi dura polla que estaba a punto de reventar.

—Y ahora te voy a enseñar cómo se chupa una polla de verdad….

Y me la chupo como nunca antes me lo habían hecho. Agarrándola con la presión justa. Jugando con su lengua en mi glande, tragándosela prácticamente entera, teniéndola un buen rato en la boca, como quien se come un helado, para luego sacarla lentamente, dejándola llena de babas y de flujo; todo ello mientras me acariciaba los testículos. Así durante un buen rato.

—¿Te ha gustado?

—Sí, ya lo creo.

—Bien, pues vamos a ver si has aprendido la lección. Ahora te toca a ti.

Se bajó de la cama y lentamente se fue quitando la ropa. Los zapatos. Los calcetines. La camisa. El pantalón y… los calzoncillos. Cuando se los quitó, por fin pude ver su polla, la cual mostraba con orgullo. Grande, gordita, venosa y babosa, con unos testículos grandes y mucho pelo. Se tumbó junto a mí en la cama. Yo estaba maravillado con aquel miembro. Tenía los ojos abiertos como platos.

—¿Que? ¿Qué te parece?

—es…. increíble….

—Bien, pues veamos si has aprendido algo. Venga chúpamela.

Cogí aquel miembro con mi mano, y me lo llevé a la boca. Olía fuerte y su sabor también lo era, pero no me disgusto. Trataba de hacer lo que él me había hecho lo mejor que podía, pero hasta yo mismo notaba que no me terminaba de salir bien.

—Creo que tengo mucho trabajo contigo. Vas a tener que chuparla mucho, hasta que aprendas a hacerlo bien.

—Aprenderé. Tengo buen maestro.

—Eso espero. Seguro que serás un buen alumno.

Y diciéndole esto volvimos a besarnos. Pero yo, sin soltar su polla, comencé a masturbarle.

—¡uhmmm!... esto sí que se te da bien

—Es que en esto tengo más experiencia.

—Siii… se nota que te haces buenas pajas.

Pero volviendo a darme la vuelta y poniéndome boca abajo, vi como sacaba de la mesita un tarro. Untó uno de sus dedos y no tarde mucho en notar como ese dedo iba penetrando en mi culo. Se notaba que era todo un experto, porque entro sin dificultad. Primero un dedo, luego fueron dos, y finalmente tres. Yo ya me imaginaba lo que vendría después. Me dio la vuelta y subió mis piernas sobre sus hombros. Note como la punta de su polla se colocaba en mi ano.

—Oye, no me harás daño, ¿verdad?

—Tranquilo, si te relajas todo irá bien.

—De acuerdo… ¡ay!

—relájate….

—si si, de acuerdo… —dije yo, tratando con mis manos de abrir todo lo que podía mi culo, notando como su polla entraba dentro de mí.

—Ya está casi toda… aguanta un poco más que lo más difícil está hecho.

—¡uy! .... ¡uy! ....

—ya está. Me encanta abrir estos culitos vírgenes.

Comenzó a entrar y sacar lentamente.

Notaba su dura polla dentro de mí, y el dolor poco a poco iba desapareciendo, hasta que mi culo acabó acostumbrándose.

—aahhh…. siiii…. otro culo más para mi colección…

—¡ah! .... ¡ah! .... ¡aaahhh! ... sii.

—¿que? ¿te gusta? te gusta, ¿eh? … aahhh

—Si…. si ... me gusta…. aaahhh….

—Te voy a follar ese culo tan precioso que tienes.

—Siiii…. fóllame…. quiero que me folles….

Cada vez sus embestidas eran mayores. Tenía la sensación de que su polla me iba a atravesar todo el cuerpo y me iba a salir por la boca. Mientras yo acariciaba su peludo y sudoroso cuerpo. Nunca imagine que un tío, que encima no era nada atractivo, podría darme tanto placer. Él sí que sabía follar y dar placer, y no como la mojigata de mi mujer. Y en esto que sonó mi teléfono móvil. Alcancé a coger mis pantalones que estaban sobre la cama, y miré quien era, mientras no paraba de metérmela por el culo.

—aahhh…. es mi mujer.

—ah… cógelo… si no puede sospechar y te volverá a llamar… ¡aaahhh!

—Vale, pero no hagas ruido.

Así, mientras me estaban follando, descolgué el teléfono y hablé con mi mujer.

—Hola cariño, ¿qué tal, como llevas el turno?

—Uf, es un no parar. Las urgencias están a tope. Y tú, ¿qué tal?

—Pues estoy aquí, viendo la tele.

—Otra vez igual, te tengo dicho que no te quedes toda la noche en casa mientras estoy trabajando, deberías de buscar un amigo. No tienes amigos y estás siempre solo.

—Sí creo, que tienes razón. Creo que debería buscar un amigo. De hecho, he conocido a alguien de camino al trabajo, y creo que podemos hacer muy buenas migas.

—Claro que si cariño. Seguro que un amigo así es lo que necesitas.

—siiii…. yo también estoy convencido… eso es lo que necesito.

Note que mi amante había dejado de metérmela y se había parado. Tape el micrófono del teléfono para que mi mujer no me oyera.

—¿qué haces? No pares y sigue follándome.

Entonces sus embestidas fueron mayores. Su polla se metía entera dentro de mi culo, mientras yo hacía lo posible por no gritar. Y entre tanto mi mujer seguía hablándome por el teléfono sin parar.

—Bueno cariño, me despido ya de ti.

—siii…

—Luego nos vemos en casa.

—Siii...

—Te quiero

—Siii…. y yo…

Y mi mujer colgó su teléfono.

—si… fóllame… fóllame... métemela… metemelaaaa... ¡aaahhh!!!

—siiii… ¡toma polla! .... ¡toma polla! ... aaaagghh…

Yo estaba empapado y a él las gotas de sudor le recorrían el rostro. Entonces dejo de follarme, se paró con la polla metida dentro de mi culo. Cogió mi polla, la masturbo y enseguida salió disparado un montón de semen, que le puso la mano totalmente pringada de mi leche. Después me la acercó a la boca.

—Toma, quiero que la primera leche que pruebes sea la tuya. Cómetela.

Le obedecí sin rechistar. Metió sus dedos en mi boca y pude comprobar el sabor de mi leche. Me la trague toda.

—Muy bien... así… otro día probarás la mía… y otras muchas. Esto es solo el comienzo.

Seguidamente, me dio un par de embestidas más y note como su leche inundaba mi culo por dentro. Por el tiempo y los espasmos que daba soltó una buena cantidad. Luego los dos quedamos rendidos tumbados en la cama. Nos besamos y nuestras lenguas jugaron juntas, mientras notaba como su semen iba saliendo de mi culo.

—Por cierto, me llamo Rodrigo —me dijo.

—Encantado Rodrigo, ha sido un placer, un auténtico placer.

Al poco tiempo me vestí y me dirigí hacia el metro para volver a casa. El polvo con Rodrigo había sido fabuloso, y no me arrepentía en absoluto de haber follado con él. Había sido una experiencia única e inolvidable.

 

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