Incesto - Filial - Infidelidad

No sé como ocurrió, ni como dejé que ocurriera

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RESUMEN

Laura, abogada, casada, organizada, metódica... ve como de pronto pierde el control de su vida de tal manera, que no sabe hasta donde será capaz de llegar, al reaparecer en su vida, el sobrino de su marido.

No sé cómo ocurrió, ni como dejé que ocurriera… pero la verdad es que nunca pensé que aquellas vacaciones en la casa de la playa de mi suegros cambiaría el curso de mi vida y sobre todo mi relación con Gustavo ( mi marido)... nunca antes le había sido infiel aunque antes de casarnos yo había tenido mis novietes y por supuesto no había llegado virgen al matrimonio, ni mucho menos, por eso no sé cómo la situación se me fue de las manos con el sobrino de mi marido, aunque en realidad no era sobrino ¨carnal ¨ suyo (el ¨fantasma¨ de su hermano se había casado con su mujer cuando ya ésta había tenido a su hijo, Raúl).

Por cierto, me llamo Laura, tengo 42 años y un hijo adolescente de 17 años (Marcos) y una niña de 5 (Laura)… soy abogada y trabajo en un buen bufete de una ciudad del sur de España y que voy a obviar para no dar muchas pistas.

Soy más bien morena, 1´69, ojos verdes… pelo largo cortado a mitad del cuello, labios más bien carnosos… estoy orgullosa de mi culo (mi trabajo me cuesta en el gimnasio) y sobre todo me encantan mis pechos, una talla 100 aproximadamente que procuro lucir con escotes más o menos insinuantes que no sobrepasan lo moralmente adecuado y que se mantienen muy bien debido al ejercicio que hago. Vamos que para la edad que tengo aún estoy muy buena (como dice mi marido).

A finales de Julio, mi marido llegó una noche diciendo que sus padres celebraban sus bodas de oro y que querían celebrarlo con sus hijos y sus nietos en el mes de agosto, ya hacía varios veranos que había conseguido desengancharme de ir al chalet de mis suegros en Almuñécar y este verano estaba viendo que no íbamos a tener más remedio que ir.

Mi suegro había tenido suerte en sus negocios, tenía una compraventa de coches y le había bastante bien… tenían un chalet enorme con una gran piscina en una de las mejores urbanizaciones de este rincón granadino… había habitaciones para ellos y los dos matrimonios además de habitaciones para sus nietos… bueno, el de mi cuñado, también entraba dentro de ellos… ahora el negocio de la compraventa lo llevaba su hijo Julio, un verdadero gañan, que pensaba que el mundo giraba alrededor de él.

Mi marido Gustavo, era lo contrario de Julio, sencillo, educado, cariñoso, accesible y siempre estaba pendiente de mí, aún no sé cómo pude fallarle… aunque la verdad es que en cuestión del sexo no era muy hábil, yo me las apañaba para quedar casi siempre satisfecha, pero tras lo sucedido durante esos días… veo que estaba equivocada.

A menudo tenía la sensación de que, en cuestión del sexo, me estaba perdiendo algo que no sabía definir pero que echaba en falta en mi vida.

La pasión, sentir que era poseída, que era usada, que no era dueña de la situación como solía ocurrir a menudo cuando hacía el amor con mi marido (¡hacer el amor!) esa era la expresión que fallaba. Yo necesitaba ser dominada, al menos en ese momento, nada de suavidad. Necesitaba sentirme poseída, saber que pertenecía a un hombre que disponía de mí en ese momento, aunque sólo fuera en ese momento.

A veces me dejaba ir mientras paseaba de camino a casa, miraba a los hombres cuando me cruzaba con ellos, fantaseaba con provocarlos y dar lugar a una situación incontrolable para mí y que desembocara en algún rincón sórdido de una calle cualquiera en penumbra con el miedo a ser descubiertos y con ese instinto animal que algunos hombres suelen dejar aparecer cuando una mujer les provoca y que no pueden controlar.

Me veía en mi fantasía desarreglada después de ser follada en cualquier lugar mugriento de una calle cualquiera. Con mi impecable traje de ejecutiva manchado de polvo o de cualquier otro efluvio emanado en el momento del acto. Ufff!! Sólo imaginarlo llegaba a casa con las bragas empapadas (una fantasía al fin y al cabo pero que me daba un momento de emoción que hacía que buscara a mi marido esa noche y que como siempre conseguía llegar al orgasmo rápidamente y a la misma vez me dejaba con una sensación de insatisfacción al ser yo la que controlaba la situación, una vez más).

Llegamos al chalet de mis suegros una mañana de primeros de agosto con un calor insoportable… me puse para viajar ese día un vestido veraniego beige, muy fresquito y abotonado por delante dos dedos por encima de mis rodillas… llevaba un botón del vestido abierto por donde se podía ver mi sujetador blanco que hacía que mi escote luciera muy bien. Durante el viaje mi marido no paraba de poner su mano sobre mi muslo que había quedado al descubierto al estar sentada… mis hijos dormían detrás sin enterarse de nada… el aire acondicionado del coche hacía que la sensación de bochorno que hacía fuera del coche fuera llevadera, en fin, me dije: Intentaría pasármelo todo lo bien que pudiera.

Mis suegros salieron a recibirnos y después de los consabidos besos y abrazos, entramos en la casa… el bochorno fuera de ella era insoportable y eran sólo las 11 de la mañana.

Mi hija Laura subió corriendo las escaleras hacia su habitación, gritando, explorando la parte de arriba del chalet seguida de su hermano, ambos dormían en la misma habitación y así podía cuidarla mientras nosotros hacíamos nuestras escapadas nocturnas durante la noche, volviendo a altas horas de la noche y teniendo algunos ratos de intimidad que, durante el año, debido a nuestros trabajos, no podíamos disfrutar.

Nosotros nos quedamos con mis suegros en la cocina poniéndonos al día, de cómo había sido el viaje, de cómo nos iba y todas esas cosas.

Mientras hablaba, me había sentado en una silla de la cocina y deje entreabiertas mis piernas que debido a lo corto del vestido, dejaba ver el principio de mis muslos, ya morenos por el sol y de los que estaba muy orgullosa, sin darme cuenta que en la entrada había un joven con el pelo muy corto, casi rapado, un tatuaje en el hombro que debido a la camiseta deportiva de tirantes que llevaba era visible y un pendiente en la oreja izquierda que brillaba a la luz del día y  con un  bóxer negro muy ajustado en el que se notaba un bulto bastante apreciable que hizo que mi imaginación se fuera  un momento hacia el tamaño de aquel pedazo de carne que se adivinaba a media erección y que hizo que me sonrojara con sólo pensar el camino que había tomado mi imaginación.

—Raúl, chico, ¡tápate un poco las vergüenzas que están tus tíos aquí anda!

—Hola, tampoco es que se me vea tanto Abuela

Fue entonces cuando reparé en él, en cómo me miraba, mejor dicho, en como miraba mis piernas y en el repaso que me dio de arriba abajo sin cortarse un pelo. Rápidamente cerré mis piernas y me levanté de la silla.

Nos saludó a los dos dándonos un beso a cada uno y noté como al acercarse a mi miró mi escote por el que se veía mi sujetador y el canalillo de mis senos.

Al separarse y mientras mi marido le hacía preguntas sobre cómo le iba la vida y esas cosas, me fijé mejor en él. Había crecido mucho en los 2 años que hacía que no le veía y no pude dejar de apreciar que estaba bastante bien a pesar de su aire de malote y de su aspecto de macarra que dejaba ver a mucha distancia que le debía de ir muy bien con las chicas, sobre todo en el descaro con que me repasó de arriba a abajo sin cortarse un pelo.

Retiré rápidamente la vista sonrojándome, dándome cuenta de cómo me miraba mientras mis suegros y mi marido seguían hablando de sus cosas. ¡Joder! Podría ser mi hijo, pensé, mientras noté como mis pezones se endurecían y amenazaban con notarse, por lo que con una disculpa de ir a ver dónde paraba mi hija les di la espalda y salí de la cocina, no sin antes sentir como me miraba el culo con total descaro por lo que sin pensar en lo que hacía, le di un poco de balanceo a mis caderas mientras subía las escaleras.

Busqué a mi hija y rápidamente la vi con mi hijo en su habitación, había subido las maletas y acababa de abrirlas.

Coloqué sus ropas en los armarios mientras no dejaba de pensar en lo que había pasado en la cocina, todavía me duraba el sofocón del momento.

— Estás muy roja mamá, me dijo mi hijo.

— ¡Es este calor, cariño! Mientras, mi hija Laura no paraba de buscar su bañador con esas prisas que tienen los niños ante un suceso nuevo en sus vidas.

— ¡Date prisa mamá, quiero bañarme ya!!

Deshice las maletas y las coloqué en el armario sin concentrarme mucho en lo que estaba haciendo. No podía quitarme de la cabeza al chico, con su pinta de macarra y su mirada cínica de descaro, se veía a lo lejos que estaba bastante acostumbrado a gustar a las chicas. Pero yo era hace tiempo toda una mujer, casada y con una familia y una carrera de la cual estaba muy orgullosa. Seguro que me veía como a su madre y estaba yendo muy lejos con mi imaginación.

¡Mierda! Seguía con los pezones de punta a pesar del calor que hacía esa mañana. Me entraron ganas de ir al baño de repente.

Entré y cerré la puerta, aunque olvidé echar el pestillo. Me subí el vestido y bajé mis bragas hasta las rodillas. Me senté en la taza y me puse a hacer lo que había ido a hacer. Una vez terminado cogí un trozo de papel higiénico y me dispuse a secarme sin percatarme que mientras hacía esta operación se abrió la puerta de golpe y allí estaba Raúl parado mirándome mientras yo permanecía con las bragas en mis rodillas y enseñaba mi coño con el vello muy cortito.

Un grito de susto salió de mi boca mientras tiraba de mis bragas hacia arriba y el chico cerraba de golpe la puerta mientras decía sin parar: ¡perdón!  ¡perdón!! ¡No pensaba que estaba ocupado!

Me recompuse del susto como pude y noté como mi corazón parecía que iba a salir de un momento a otro por mi boca. Me acerqué al lavabo y me eché agua por la cara y el cuello para bajar el sofocón que había sufrido. ¡Pues sí qué! Pensé, ya es la segunda vez que me pasa esta mañana. Como he estado tan torpe para dejar la puerta sin el pestillo, pensé.

Salí al pasillo y vi que ya no estaba el chico allí. Mejor, pensé, así me ahorro encontrármelo de nuevo.

Bajé a la planta de abajo y vi a mis suegros que iban a salir al pueblo a comprar al supermercado. Mi marido se ofreció a acompañarlos.

Yo decidí quedarme en la casa para vigilar a mi hija, que, aunque ahora mismo estaba en la piscina vigilada por su hermano, y de paso colocar todas las cosas en los armarios y deshacer las maletas.

Subí de nuevo y empecé con mi tarea de ir colocando las cosas. Me llevó un buen rato el deshacer el equipaje y eso me ayudó bastante a relajar la tensión vivida en el cuarto de baño. Se me escapó una sonrisa, la verdad es que me había gustado ver la expresión que puso Raúl cuando me vio de esa guisa. Se le salían los ojos.

De repente noté calor en mi sexo. ¡Dios! ¡Estoy peor de lo que pensaba! ¡Es este calor! mientras noté cómo mojaba un poco las bragas.

La verdad es que me había gustado lo que había sentido en ese momento… ese subidón de adrenalina, me había excitado y eso lo tenía que reconocer, aunque no debería de seguir dándole muchas vueltas a lo sucedido. ¡Dios mío!! ¡Era como mi hijo!

Una vez terminado volví a bajar y me asomé al jardín para ver a mis hijos cómo disfrutaban de la piscina.

Mi hija al verme aparecer rápidamente llamó mi atención.

— ¡Mamá mira como nado de espaldas!! Decía mi hija ante la atenta mirada de su hermano.

Me senté en una de las hamacas cerca de la piscina con mis gafas de sol y me relajé observando a mis hijos cómo disfrutaban jugando en la piscina.

Poco a poco el calor de la mañana y el cansancio del viaje junto con el madrugón hizo que una modorra muy relajante me fuera cerrando los ojos…

− ¡Marcos! ¡No le quites ojo a tu hermana cariño! Voy a ir preparando la comida.

— Descuida Mamá!

Me volví hacia la cocina y miré en el frigorífico a ver que podía hacerle a mi hija de comer para ir aligerando la mañana.

Pronto me concentré en buscar las cosas necesarias para preparar la comida de Laura y hacer una ensalada para todos mientras regresaban de hacer la compra. Tan ensimismada estaba que no oí la llegada de nuevo de Raúl que se quedó parado mirándome desde la puerta de la cocina,

Estaba sudando y notaba cómo se pegaba a mis piernas y a mi pecho el vestido dejando ver claramente las formas de mi cuerpo. Notaba las bragas pegadas a mi piel. Mi pelo despeinado y mojado por el sudor debido a mi concentración en la tarea que estaba haciendo, cuando de repente sentí la presencia de alguien más en la cocina.

Me volví y lo vi allí parado, mirándome con ese descaro de la primera vez.

Se había estado empapando viéndome como me movía como se me tallaba el vestido con el sudor. Notaba en su mirada que le gustaba lo que había estado viendo. Esta vez no le rehuí la mirada. Yo era la adulta, pensé.

— ¡Hola! Le dije. Siento lo de antes…jaja… ¡vaya susto eh!!

Si al fin y al cabo hubiera sido una chica joven, hubiera merecido la pena, pero con mis años no ha sido lo mismo. La próxima vez prometo echar el pestillo.

— Jajaj… lo siento yo también Laura y no estoy de acuerdo en lo de que si hubiera sido una tía de mi edad hubiera estado bien porque lo que he visto ha sido inmejorable.

— ¡Vaya con el nene!! ¿Así que te ha gustado lo que has visto a pesar de la edad que tengo??

— ¡Ya lo creo!! Lo dijo mirándome al escote de nuevo. Esta vez sin cortarse un pelo.

—  Anda, ¡desayuna algo!! Que tengo edad para ser tu madre.

—  Pero no lo eres, esa es la diferencia.

— Siempre eres tan descarado con las mujeres?

—  Con las que me gustan sí.

— Jajaja… eso sí que es adulador viniendo de un chico tan joven!

— Tómatelo como quieras, pero es la verdad.

— Y tienes mucho éxito con las chicas así con esa actitud?

— La verdad es que no se me da mal. Además, las tías de mi edad siempre buscan lo mismo.

— Ah sí? ¿Y qué es lo que buscan?  – no me podía creer lo que acababa de preguntar, estaba empezando a no controlar la situación –

Estaba a solas con un chico joven en bóxer y casi desnudo y preguntándole que es lo que le pedían las chicas.

— ¡Pues esto!! Mientras se echaba mano a su paquete y lo apretaba con su mano. ¡Una buena polla!

— Jajaja… anda que sí! Mientras miraba su mano agarrándose la polla que ya empezaba a comprometer la estrechura del lugar donde se ocultaba.

— ¿De qué te ríes? ¿No te lo crees? ¡Tengo una buena polla que sé manejar muy bien! O al menos eso dicen las que la han probado.

— Anda déjatela tranquila que te puedes hacer daño!

— ¿Te has fijado en ella verdad??

¡Joder con el macarra! No se cortaba un pelo, claro que la culpa la tenía yo por seguirle el rollo, aunque me sentía dueña de la situación.

—  Pues sí...jajaj... ¡como si no tuviera otra cosa que hacer! O no hubiera visto ninguna en mi vida.

— ¡Pero como la mía seguro que no Tía Laura!!

— Ahora me llamas Tía?

Notaba como la conversación me iba calentando por momentos y eso, aunque me gustaba, empezaba a preocuparme ya que estaba ante un chico que podía ser perfectamente mi hijo, por lo que decidí acabarla.

—  Bueno voy a seguir con lo mío. Que me estás entreteniendo con tanta charla.

— Jajaja... ¿te pone nerviosa la conversación??

— ¡Pues no! ¿Qué te has creído niño??

Empezaba a cabrearme la chulería del chico. ¿Qué se había creído el imbécil?

— ¿Niño? De repente se bajó el bóxer y se cogió la polla con la mano

Esto seguro que no es la polla de un niño, ¿verdad?

Me quedé sin respiración al ver semejante rabo y eso que no estaba en total erección, tan cerca de mí, desafiándome.

De repente le di un bofetón que le pilló desprevenido e intenté darle otro que paró con su mano y dejó mi mano sujeta por la suya en el aire mientras acercaba su cara a la mía y atrayéndome hacia él debido a su fuerza, intentó besarme en la boca, a lo que yo intentaba negarme moviendo mi cara de un lado hacia otro hasta que acercó su boca a la mía y sujetándome las manos detrás de mis espalda metió su lengua dentro de mi boca y consiguió besarme mientras yo pataleaba y empujaba con mi cuerpo hacia el suyo notando cómo su polla cada vez estaba más dura y amenazaba con traspasar mi vestido.

De repente me soltó y se quedó delante de mi mirándome como subía y bajaba mi pecho con la respiración agitada y con esa sonrisa suya de macarra que se sabía dueño de la situación.

— ¡La próxima vez que me toques se lo digo a mi marido!! ¿Lo has entendido macarra??

Al oír estas palabras empezó a acercarse de nuevo a mí mientras yo retrocedía hasta chocar con la encimera de la cocina.

— ¡Mamá, mamá! −entró mi hija gritando en la cocina − ¡Ven a bañarte conmigo porfi!!

— ¡Ya voy cariño, vuelve al agua que voy a ponerme el bañador anda!

Volviendo a salir a la misma velocidad que había entrado mientras me acercaba a la parte de la cocina que daba a la ventana desde la cual se veía el jardín y la piscina, observándola como llegaba de nuevo a la piscina donde la esperaba mi hijo dentro de ella.

De repente sentí como Raúl, aprovechando que me había vuelto de espaldas, me agarró por detrás, poniendo ambas manos en mis tetas y empezó un magreo que me pilló desprevenida. Mientras lamía mi cuello pegajoso de tanto sudar y yo intentaba zafarme del abrazo empujándole con el culo hacia atrás procurando no hacer mucho ruido para no llamar la atención de mis hijos que estaban a lo suyo dentro de la piscina.

— ¡Suéltame cabrón!!  Mientras notaba la dureza de su polla restregarse contra mi culo y sus manos abrir mi vestido un par de botones más y dejar mis pechos casi sueltos apenas sujetos por el sujetador que con tantos apretones ya apenas contenían mis tetas.

— ¡Si supieras las pajas que me hecho pensando en tus tetas! Mientras seguía lamiendo mi cuello y ya empezaba a notar cómo a pesar de la situación tan violenta, mi coño empezaba a ponerse caliente y a segregar jugos que empezaban a mojar mis bragas.

Yo seguía ofreciendo resistencia, intentando soltarme de aquel energúmeno, pero tenía más fuerza que yo y ya empezaba a cansarme mientras él aprovechando mi debilidad metió una de la manos debajo de mi vestido y agarrando mis bragas las arrancó de un tirón dejándolas car enroscadas en una de mis piernas y metiendo una de sus piernas entre las más las separó dejándome expuesta ante él…Yo no dejaba de mirar hacia el jardín vigilando que no entrara ninguno de mis hijos a la cocina ni de que volvieran mi marido y sus padres de repente.

Una vez libre mis caderas metió una mano y agarró mi coño metiendo un dedo dentro de él.

— Estás empapada Tía… jajaja… ¿lo ves? no se me resiste ninguna

— ¡Suéltame ya anda! Ya has llegado demasiado lejos ¿no??

—  No… vas a empezar a ver por qué no se me resiste ninguna tía...

— No quiero que me folles... ¿lo entiendes?

— Jajaja… ¡eso lo decidiré yo! ¡hoy toca esto!

De repente se agachó y sujetándome de las caderas metió su cara entre la raja de mi culo y empezó a lamerlo arriba y abajo.

Pasaba su lengua por mi culo mojándome el esfínter mientras yo me agarraba a la encimera para mantener el equilibrio.

El primer lengüetazo me pilló desprevenida y noté como flojeaban mis piernas del calambre que sentí.

¡Dios! ¡Cómo me comía el cabrón!

—Así me gusta, sin lavar, todo sudado, oliendo a hembra… ummmm

Sentí como empezaba a lamerme mi entrepierna acercándose cada vez más a mi coño que ya chorreaba de gusto. Sentí cómo metía su lengua dentro de mí y como se bebía mis jugos. Empezaba a sentir la llegada del orgasmo, ya empezaba a rendirme a abrirme y a dejar que entrara dentro de mí, de mis labios, notaba su lengua pasar por mi clítoris, jamás había sentido nada igual en toda mi vida, nadie me había comido el coño así con esas ganas, saboreándome.

Empezaba a sentir los espasmos de mi vientre ascender, descender y centrarse en mi coño. Notaba mis piernas doblarse, tenía ganas de chillar, pero me contuve y me mordí la mano para no hacerlo.

Oía al chico metido debajo de mi vestido lamerme una y otra vez hasta que noté el orgasmo largo e intenso, como nublaba mi cabeza, mi vientre, mis ojos apenas veían… uffff y después el mareo.

Me tuve que apoyar en la encimera, de espaldas a él, mientras se salía de detrás de mí.

Me cogió del pelo e hizo que girara el cuello y entonces me besó en la boca, con ganas, con pasión y yo le dejé, me entregué a él y como vino, me soltó y se fue dejándome allí apoyada en la encimera recuperándome del orgasmo tan tremendo que había tenido… con las bragas enrolladas en mi tobillo y el vestido sujeto por un botón.

Rápidamente me abroché el vestido, recogí mis bragas rotas y las metí en mi bolsillo temblando del miedo y de la excitación que sentía al pensar lo que había pasado hacía un par de minutos y como un autómata seguí con la ensalada, con mi mente puesta en cada segundo de lo que había pasado en la cocina.

Como había dado lugar a que las cosas llegaran a ese extremo y sólo una hora después de haber llegado. Notaba todavía como temblaba mi vientre y sobre todo como temblaba mi coño.

Me sequé las manos y me dirigí al cuarto de baño que había en la planta de abajo, no quería encontrarme con Raúl y necesitaba lavarme sobre todo para quitarme la sensación del calor de su lengua y la mezcla de mis jugos que empapaban todo mi sexo.

Empezaba a ponerme nerviosa y a sentir la culpabilidad de haber engañado a Gustavo por primera vez.

Una cosa era fantasear y otra era hacer realidad las fantasías. Mientras pensaba en todo lo sucedido, mi hija volvió a reclamar mi atención pidiéndome ayuda para bañarse.

A la misma vez llegó mi marido y mis suegros con toda la compra en dirección a la cocina.

Desperté toda asustada y nerviosa, sudando por cada poro de mi cuerpo, mareada y con el vestido y cada prenda que llevaba encima pegada a mi piel. Sentí mis bragas empapadas y una punzada en mi vientre cómo no lo sentía desde mi adolescencia cuando me pegaba esos magreos con los chicos que nunca terminaban cómo debían de acabar.

¡Un sueño! ¡Menos mal! Parecía tan real que me asusté todavía más.

Decididamente estaba perdiendo la cabeza y sentía que una parte de mí, la mujer que siempre tenía todo bajo control, se estaba descontrolando a marchas forzadas.

Rápidamente conseguí incorporarme de la hamaca mientras oía el escándalo de mis hijos mientras se bañaban totalmente ajenos a la zozobra que su madre sentía en esos momentos.

Entré en la cocina y empecé a preparar, esta vez sí, la comida viendo a través de la ventana a mi marido y a mis suegros que acababan de aparecer en escena cargados de bolsas con la compra.

— ¡Hola cariño! -saludó mi marido -Tienes mala cara, ¿te ocurre algo? -me dijo.

— No me encuentro muy bien, el calor, el viaje… ¡estoy muy cansada!

— Deja que te ayudo con la comida, luego coloco la compra.

— Ya se me pasa, no te preocupes... las mujeres, ¡ya sabes!!

— Jaja… sí… luego echamos una siesta… −dijo guiñándome un ojo.

— Ya… los tíos a lo vuestro, jaja… hoy no creo, estoy reventada.

Dejamos de hablar ante la llegada de sus padres y de los niños que volvían de la piscina.

— Subid y cambiaros de ropa mientras acabamos de preparar la comida… −les dije.

— ¡Marcos, ayuda a tu hermana con su ropa!

— Ok mamá… no te preocupes.

— ¡Gracias cielo!... la verdad es que es un sol (les dije a mis suegros), se porta muy bien con su hermana, es muy responsable.

Entre todos preparamos la comida y la servimos en la mesa.

Llamé a mis hijos y como de costumbre bajaron corriendo la escalera en especial mi hija Laura que todo lo hacía un juego, cómo cualquier niña de su edad.

Una vez sentados a la mesa, eché de menos a Raúl y pregunté a su abuela por él.

— No te preocupes, no suele comer con nosotros, cuando se levante ya comerá de lo que le dejemos, dijo mi suegra.

Se acuesta muy tarde y además es muy dormilón, no te preocupes por él Laura.

Una vez comido y puestos una vez más al día recogimos la mesa y no veía la hora en echarme un rato debido al cansancio y a la necesidad de estar un rato tranquila y a solas con mis pensamientos. Mi marido prefirió salir de casa con su padre e ir a tomar café al club de golf del que mi suegro era socio.

¡Mejor! Pensé, así estaré más tranquila y no tendré que poner excusas…la verdad es que estaba reventada.

Una vez acostada mi hija que rápidamente cayó dormida entorné su puerta y fui a mi habitación, mi hijo se marchó también a ver si había llegado ya alguno de sus amigos.

Antes de acostarme decidí ir al baño a refrescarme un poco  y al estar el pasillo en penumbra no  me percaté que la puerta de baño estaba entreabierta hasta que abrí la puerta y allí estaba de nuevo Raúl, en bóxer, endormiscado todavía y según fui descendiendo por su figura me quedé fija en su mano que sujetaba su polla apuntando hacia la taza del inodoro semierecta y costándole un poco dirigir el chorro hacia dentro de la taza…estábamos tan ensimismados, yo en su polla y él en apuntar que ahí estuvimos un rato hasta que  acabó de mear, sacudió su miembro y entonces se volvió hacia la puerta y me vio… esta vez no se asustó ni se guardó la polla con rapidez, al contrario, se recreó en tocársela mientras yo miraba hipnotizaba sus movimientos…

— Hola Tía! ... al final nos vamos acostumbrando a vernos, dijo mientras se guardaba la polla dentro de su bóxer… mientras nos mirábamos a los ojos.

Me fui hacia la taza, subí mi vestido, bajé mis bragas y me senté en la taza... delante de él… seguíamos mirándonos…acabé de orinar, me puse de pie y lentamente volví a colocarme las bragas en su sitio no sin antes secarme con papel higiénico, todo esto sin dejar de mirarnos…

Raúl se dio la vuelta, su polla amenazaba con reventar su bóxer y sin decir nada volvió a meterse en su habitación.

Salí del cuarto de aseo muy despacio, me introduje en mi habitación y me acosté en la cama sin desvestirme…

¡La suerte estaba echada!! Era cuestión de tiempo lo que sucedería después de esta escena.

Desperté sobre las 6 de la tarde, bastante más descansada y con mejor humor. De mi cabeza no podía borrar las imágenes de hacía un rato en el cuarto de baño con Raúl sintiendo como un pinchazo en mi vientre que descendía hacia mi sexo poniéndolo fuera de mi control.

Ya llevaba una semana sin sexo entre unas cosas y otras y la verdad es que empezaba a pasarme factura. Empezaba a sentir que no podría controlar por mucho más tiempo el poder echar un buen polvo. ¿Cuándo vendría mi marido? ¿O en realidad no era esa clase de polvo lo que en verdad necesitaba?

Me cambié el vestido que ya estaba bastante sudado y arrugado de tantas emociones como había pasado ese día por otro igual de fresco sujeto a los hombros por unos tirantes finos que desembocaba en un escote bastante pronunciado cerrado con tres botones de los cuales y debido al calor solo dejé uno abrochado. Debajo un sujetador naranja un poco más oscuro que el vestido que era más bien un naranja pálido de un tejido muy suave y fresco y que me llegaba medio muslo debajo unas braguitas blancas de esas que sin ser tanga eran bastante recogidas sobre todo en los lados de las caderas y entre los cachetes del culo.

Busqué a mi hija en su habitación, pero enseguida dejé de buscarla al oírla gritar en el patio y asomarme por la ventana viendo a mi suegra vigilándola sentada en una hamaca junto a la piscina.

Respiré hondo y bajé al salón.

Ni rastro de mi marido ni de mi suegro.

Me senté en un sillón y encendí la televisión sin llegar a concentrarme en ella. Crucé las piernas y eché la cabeza hacia atrás.

Cuando abrí los ojos me encontré entre la televisión y el sillón donde estaba sentada a Raúl (en bóxer y camiseta de tirantes de nuevo) mirándome sin cortarse las piernas que cerré de golpe al darme cuenta que le estaba dando una visión muy clara del color que llevaba las bragas al tenerlas abiertas. Sonrió, con esa sonrisa cínica que ya conocía y sin cortarse un pelo me dijo:

— Demasiado tarde Tía, ya he visto de qué color son y además me gustas más con ellas bajadas.

— Ya imagino… ¿siempre eres tan directo y tan fresco con las mujeres??

— Depende.

— De qué? …. −pregunté.

— De lo cachondo que me pongan.

— ¿Y yo te pongo muy cachondo? (no me podía creer que estuviera manteniendo esa conversación con un chico que podía ser mi hijo).

— Compruébalo tú misma (levantándose y echándose mano a la polla por encima de su bóxer y cuando creía que sólo iba a ser eso rápidamente se los bajó dejándola al descubierto).

Mis ojos se quedaron fijos en su miembro, que aún sin estar a pleno rendimiento, me dejó con la palabra en la boca y sin saber que decir.

— ¿Cuánto te mide? No supe en que momento salieron esas palabras de mi boca, pero me lo oí decir en voz muy baja y susurrante.

— Jajaj… te ha impresionado ¿verdad Tía? 18 cms así sin estar en todo su esplendor. Empalmada unos 21—22.

— ¡No me lo creo!! Dije con una media sonrisa, sin querer me estaba gustando el juego y empezaba a notar cómo se acaloraba mi sexo y empezaba a mojarse.

— ¿Quieres comprobarlo? ¡Ayúdame anda!

— Jajaja… ¡eso quisieras tú!

— ¿Y tú no? ¡lo estás deseando Tía!

— ¿Qué pretendes que haga? Pregunté mirando para el jardín por si venía mi hija o mi suegra, entrando de lleno en su juego.

— Tócamela y verás...

— ¡Ja! ¡De eso nada … otra cosa!

— Abre las piernas y enséñame las bragas.

— Ya me las has visto antes… ¿no?

— Sí. Pero no eras consciente de que estaba aquí. Ahora quiero que lo hagas para mí, pero muy despacio. ¿Ya verás sí mide lo que te he dicho o no?

— Por cierto, ¿si mide lo que te he dicho o más que me darás a cambio?

— ¡Nada! ¿Qué te crees? ¿La satisfacción de darte la razón… es suficiente no?

— Entonces no hay trato (subiéndose rápidamente el bóxer y dejándome con las ganas).

— ¿Qué querrías cómo premio?

—  Qué me la bajaras ya que eres la causante de que la tenga así ahora mismo.

— ¿Que te crees tú eso? ¿En qué estás pensando?

— Si mide más de 22 cms me haces una paja para bajarla y si pierdo tú eliges el castigo.

— ¿Una paja? ¿Con quién te crees que estás hablando con una de tus zorritas? ¡Yo he pasado ya por esa etapa niño!

—¿Seguro? Pues tus pezones dicen lo contrario y seguro que tus bragas están mojadas desde hace rato.

—Jajaja… que te crees tú eso niñato!

—Apuéstate entonces lo que te he dicho.

— ¡Venga! ¡Vamos a ver si es verdad!

—Después no te rajes ¿eh Tía? Y se bajó el bóxer de nuevo.

—Yo soy una señora y lo que digo lo cumplo… ¡que te crees niñato!

— Veremos a ver qué opinas después de este niñato!

— Empecemos con el teatro antes de que aparezca tu abuela o mi hija y te corte el rollo…. jajaja.

— Abre las piernas… ¡despacio!

Empecé a abrir las piernas muy despacio mientras él agarró su polla y descubrió el glande que cada vez estaba más hinchado, rojo congestionado. Una cabeza grande, que sobresalía del tronco lleno de venas inflamadas. Su mano subía y bajaba y aquello crecía cada vez más.

Mis ojos no pestañeaban mirándolo viendo cómo se pajeaba para hacer crecer aquella hermosura monstruosa. Mi pecho comenzaba a hincharse cada vez más y los pezones me dolían de los duros que empezaban a ponerse. Un calor ascendía desde mi coño hasta mi pecho haciendo que se acelerara mi corazón hasta pretender salirse por el pecho (esa era la sensación que me daba). De vez en cuando miraba para el jardín muy nerviosa porque aquello si aparecía mi hija o mi suegra podía acabar mal muy mal.

Pero en ese momento me daba igual todo, mi cabeza y mi coño estaban en esa polla, en su mano subiendo y bajando por ella y en el brillo que empezaba a aparecer debido a su líquido preseminal.

— Trae la cinta métrica de ese cajón de la mesa de la tele.

Su voz me sacó de mi pensamiento. Cerré las piernas y me levanté. Cogí la cinta y se la di.

— ¡No!... ¡hazlo tú!

Cogí la cinta, la acerqué a su polla y empecé a medir… ¡No lo podía creer!  23´5 cms… ¡Había perdido la apuesta!

— Jajaja… te lo dije… ¡has perdido! ¡Ya sabes lo que tienes que hacer Tía!

Había perdido la apuesta y ahora empezaba a darme cuenta en que me había metido y empecé a mirar hacia el jardín pensando en cómo iba a salir del atolladero.

—De acuerdo! −me oí decir, −pero tienes que correrte rápido ¿me has oído?

—Pues ya sabes lo que tienes que hacer entonces, ¡lograr que no pueda aguantarme! ... ¿le haces pajas a mi tío?

—¡Y a ti que te importa imbécil!

Cogí su polla con ambas manos y empecé a pajearlo muy despacio, recreándome. Sentía mi respiración agitada mientras veía como subía y bajaba ese monstruoso falo que me tenía hipnotizada. El glande estaba congestionado y todo rojo tirando a morado. Tuve un momento de lucidez y sin dejar de pajearlo escupí en mi mano para lubricarlo y hacerlo más suave con el fin de que se corriera pronto le dije:

— ¡Abre los ojos chico y vigila no venga nadie!

Aceleré los movimientos de mis manos mientras empezaba a gemir y a bufar, pero sin llegar a correrse.

— Córrete ya mamón! ¡Nos van a pillar!

— ¡No puedo! ¿Y si me la chuparas un rato?

— ¡Una mierda! ¡Dijimos una paja o te corres pronto o paro!

Le acariciaba los huevos con una mano mientras con la otra subía y bajaba su prepucio sobre su glande una y otra vez. ¡Qué hermosura de rabo! Estaba por metérmela en la boca y saborearla un rato, pero ya sería entregarme del todo y no estaba dispuesta a hacerlo a las primeras de cambio (tendría que ganárselo).

Raúl mientras estaba cada vez más rojo y más extasiado, aunque me hacía caso y miraba de vez en cuando para el jardín por si venía alguien.

— No puedo correrme!

— Pues entonces se acabó… dije incorporándome y dejando de pajearlo.

Noté mis piernas temblar al levantarme…mis bragas empapadas, mis tetas a punto de reventar y mi pelo despeinado del esfuerzo y del sudor…

Me acerqué a la cocina para arreglarme un poco la ropa y el pelo y para ver dónde estaban mi suegra y mi hija. Estaban en la puerta de entrada hablando muy animadamente con dos vecinas de la urbanización mientras mi hija jugaba en el césped con otra niña más o menos de su misma edad…

Estaba apoyada en la mesa del centro mirando para fuera cuando noté a Raúl apretarse contra mi cuerpo emparedándome entre su cuerpo y la mesa.

Me quedé quieta, no esperaba que se atreviera a tanto. Sentí su mano subir mi vestido acariciando mi muslo derecho. Intenté volverme, pero me tenía aprisionada entre el borde de la mesa y su cuerpo, sentía su polla apoyada en mi culo, dura, intentando atravesar mis bragas. Intenté volverme dándole patadas en las piernas mientras él acariciaba mi culo por encima de mis bragas apretándolo, amasándolo, fuerte con su mano. La otra mano la tenía ocupada en sujetarme contra la mesa. Mi coño era un manantial (no era eso lo que tanto deseaba, que me poseyeran, que hicieran de mi lo que quisieran en ese momento).

De repente sentí como agarraba mis tetas con las dos manos y las apretaba, sin cortarse un pelo, apretaba mis pezones hasta hacerme daño mientras apretaba mi entrepierna contra la mesa con sus caderas. Sentía su polla como si fuera un taladro. Intenté echarle hacia atrás con mis manos y al empujar sus caderas noté que iba sin el bóxer, llevaba la polla al aire, lista para penetrarme. Reaccioné y empecé a suplicar y a sollozar:

— ¡Suéltame cabrón o grito! ¡Te estás pasando de la raya!

— Ah ¿sí? ¡Llevas todo el puto el día calentándome la polla y ahora me la vas a enfriar zorra!

— ¡Suéltame! Si quieres te la chupo hasta que te corras, pero follarme no, ¡por favor!

— ¡Ya es tarde, ya me he hartado de los jueguecitos! Ahora vamos a jugar en serio, ¡ya verás que bien nos lo pasamos!

Bajó una de sus manos, la metió en mis bragas y empezó a masajearme una nalga y poco a poco llegó hasta mi coño. Estaba ardiendo y empapado de mis flujos y metió un dedo sin apenas resistencia. Me encogí y eché el cuello para atrás momento que aprovechó para morderme en el cuello, me hizo daño.

— ¡No por favor no me dejes marcas, por favor te lo pido!

— Pues estate quieta y no hagas que me enfade, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza mientras siguió lamiéndome el cuello y la oreja, baboseándomela, muy despacio. Notaba mis pezones a punto de reventar y sentí como su mano izquierda llegaba al botón que quedaba en mi vestido y lo soltaba dejando mies pechos al descubierto solo cubiertos por mi sujetador a punto de estallar. Metió su mano entre mis tetas y el sujetador liberando mis senos y dejándolos al aire.

No dejaba de mirar hacia el portón de la calle viendo a mi suegra y a mí en el mismo sitio en que las vi al principio.

Empezó a tocarme los pechos, amasándolos mientras con la otra mano buscaba mi raja húmeda que apenas opuso resistencia cuando introdujo uno de sus dedos dentro de ella y apretó el clítoris hacia arriba… Diosss ¡cómo me estaba poniendo el cabrón!!

De repente sentí cómo tiraba de mis bragas hacia abajo, fuerte. En un movimiento instintivo cerré mis piernas lo que pareció enfadarlo aún más y tiró de ellas hasta rasgarlas y romperlas tirándolas al suelo de la cocina. Metió su mano por detrás de la raja de mi culo y acarició mi monte de venus con la palma de su mano.

— ¡Dioss me tienes loco desde que te he visto esta mañana! Estoy empalmado desde que te he visto en la cocina enseñando las piernas.

De golpe me dio la vuelta y me dejó apoyada en la mesa con las tetas fuera y toda sudada del forcejeo. Mi pecho subía y bajaba con la agitación y la excitación del momento.

Me cogió de las axilas y me sentó en la mesa. Me subió el vestido y lo enroscó en mi cintura dejando todo mi coño expuesto ante él.

— ¡Eres preciosa! Dijo mientras metía dos de sus dedos en mi coño de golpe haciendo que me encogiera del gusto y agarrara su mano para que no la sacara de dentro mientras con la otra mano me cogía del pelo y metía su lengua en mi boca dándome un beso al que no dude en responder mientras me mordía los labios y me hacía sentir lo que tanto tiempo había estado esperando de un hombre… que me poseyera, que fuera mi dueño al menos en esos momentos.

Baje mis manos buscando su polla, esa polla que desde el primer momento que la presentí sabía que había cambiado mi vida y empecé a pajearla mientras él seguía besándome como si le fuera la vida en ello.

De repente dejó de besarme y sin dejar de mirarme bajó su cara hacia mi coño muy despacio y metió su lengua dentro, de golpe, apreté su cabeza de gusto, no quería que saliera de allí, empezó a lamerme los labios y el clítoris, chupándolo y apretándolo entre sus labios… ¡diosss que gustazo!! De vez en cuando miraba para el jardín aunque me hubiera dado igual tal como estaba en ese momento cuando de repente siento como mete mi lengua dentro de mí y empieza a lamer mis jugos sin parar un momento y noto como si me fuera a vaciar, como si no hubiera nada más importante en la vida, necesitaba correrme necesitaba liberar toda la tensión del día, esa congestión que sentía en mi vientre desde que me había dormido en la hamaca por la mañana había soñado con él y con su comida de coño y entonces apareció el orgasmo! Apreté su cabeza con mis manos contra mi coño y me dejé llevar gimiendo con la boca cerrada y sollozando del gusto mientras sufrí una contracción y cerré mis muslos aprisionando su cabeza… hasta que cesó la contracción y vino el relajo, todos los poros de mi piel respirando a la vez, mi vestido pegado a mi cuerpo ¡la felicidad!

Entre una nube vi como se incorporaba y quedaba metido entre mis piernas con su polla asomando entre mis muslos como pude abrí mis piernas, la  cogí con mi mano y la dirigí hacia mi entrada, apoyó el glande en mi raja y lo pasó arriba y abajo empapándolo con mis jugos que mojaban mi vestido y la mesa y de un empujón metió la mitad de su miembro dentro de mi chocho que ya estaba preparado….Ufff fue como si me abrieran la vagina por primera vez se quedó ahí hasta que mi coño se acostumbró a su tamaño y de golpe lo hundió hasta el fondo de un empujón…

Sentí su glande chocar contra el cuello de mi útero y entonces empezó a bombear una y otra vez cada vez más fuerte mientras yo no paraba de gemir y de bufar en su boca mientras me besaba y me mordía los labios sin dejar de follarme.

— ¡Te gusta verdad!!

— ¡Siii!

— ¡Qué es lo que te gusta zorra!

— ¡Tu polla! Oírle decirme zorra hizo que mi vagina se contrajera del gusto y apretara su rabo contra sus paredes haciendo el roce más intenso si cabe.

— ¡Qué coño más estrecho tienes Tía! Te voy a enseñar cómo se folla a una hembra en celo…

Oírle decir eso me ponía cada vez más excitada sólo deseaba que me follara, ¡síi que me follara!

— Cuando acabe de follarte sólo vas a estar pensando en meterte mi polla en tu coño en cuanto tengas la menor ocasión, ya verás que vacaciones nos vamos a tirar…

Cuanto más cosas me decía más ganas tenía de sentirlo dentro, de notar cómo empujaba como me follaba notaba mis tetas como se movían con cada embestida de mi macho, porque en este momento él era mi macho, él era quién me estaba montando quién me estaba llenando de polla… y otra vez la misma sensación de vacío, un calor que llegaba desde el interior de mi coño y hacía que apretara las paredes de mi vagina todavía más, me abracé a su cuello y le dije al oído… me  corrooo, no te pares por favor… me corroooo… y clavé mis uñas en sus brazos mientras lo apretaba contra mi… Y me mareaba de nuevo, tanto calor, tanto sudar, tanto gustooo…

— De pronto le oí bufar y gemir apretándose contra mí todavía más, sentí los espasmos de su polla en el preludio de correrse y todavía tuve fuerzas para intentar empujarle fuera de mi ante la única reacción de raciocinio que tuve en varios minutos e intenté que se corriera fuera…

— ¡Nooo…dentro no por favor!!! ¡Salte fuera! ¡No te corras dentro!! pero mi cabeza pensaba una cosa y mi coño otra, apretando su polla con cada espasmo, como ordeñándola y de repente noté el primer escupitajo de semen dentro y después otro, y otro hasta que dejó de palpitar y me llenó con su semen de macho joven, anhelante de mostrarme quién mandaba allí… y yo me dejé llevar sin sacarlo de mí, agradeciéndole que me hubiera mostrado el camino que tanto tiempo había soñado.

De repente las paredes de mi vagina liberaron su miembro que, al salir entre su leche, mis jugos y el tamaño hizo un ruido ¡como un chop!!  Como si descorcharas una botella… puse mi mano en mi coño para evitar manchar todavía más el suelo de la cocina, apenas tuve fuerzas para agacharme coger mis bragas darle un beso en los labios y decirle: ¡Limpia esto por favor!!

Tambaleándome subí las escaleras sin mirar atrás tapando mi coño con mis bragas camino del baño, con la sensación de haber dado un paso en mi vida del que no sabía las consecuencias, pero del que en este momento no me arrepentía…

Me dejé caer en el bidet y comencé a lavarme y a refrescarme… lo notaba escocido, satisfecho, feliz…

Luego ya veríamos como se sentía… las vacaciones acababan de empezar…

 

CONTINUARA…

P.D.: Agradecería comentarios a mi mail:   [email protected]

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