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34.3 De fiesta con Rafael

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RESUMEN

-Estás loco, te estaba follando en la pista, la gente os miraba, todos se daban cuenta de lo que estaba sucediendo, olíais a animales en celo. –su cara estaba enfadada y no le contradije.

Antes de que llegara Rafael encuentro a Natalia en un grupo de amigos y hablo con ella, así mejor porque no tengo que pedir algo para tomar. No veo a mi enamorado camarero y si al sordo mudo que me saluda con un movimiento de cabeza.

Rafael llega guapo a rabiar y todos se dan cuenta. Estamos un ratito hablando y por fin le digo para marchar.

-Es muy pronto aún.  –tampoco ha querido tomar una bebida y me alegra porque si empieza a beber ahora…, cuando lleguemos al final de la noche no nos podremos mover.

-Es pronto pero quiero llegar un poco antes y hablar con los muchachos antes de que comiencen su trabajo, luego  es difícil encontrarlos entre tanta gente y hoy estarán muy ocupados.

El portero nos deja entrar y me saluda sonriente.

-¿Qué pasa aquí, es tuyo este local?  -Rafael lo mira todo asombrado.

-No, pero me conoce como cliente habitual que soy. –sonrío ante su infantil asombro que no dejará de mostrar durante mucho tiempo.

Voy saludando a los chicos y presentándoles a Rafael como un amigo, en una mesa está Paul que se levanta obsequioso para saludarme y darme un beso mientras mi mirada busca a Telmo.

-Está allí, no me lo he comido ni lo he llevado al cementerio.  –Paul me indica una mesa donde está Telmo hablando con dos tipos que no conozco.

-Ahora está en la cúspide del éxito, pero hay que controlarle, ya tiene su lista completa para esta noche, les atrae como la miel a las moscas y su caché es el más alto del momento.  –le observo mientras Paul me va informando como si pensara que estoy interesado, le veía desenvuelto, destaca entre todos sus compañeros y entiendo lo que Paul me sugiere al hablarme de la situación de Telmo.

Rafael habla con algunos de los chicos, sobre música de los grupos del momento, y se siente complacido por la atención que le prestan, ya tiene una copa en la mano y se los va ganando como sabe hacer.

Telmo viene hacia nosotros, aun no es la hora de comenzar su trabajo aunque esté comprometido para toda la noche, viene a abrazarme y a Paul le dirige una tímida mirada. Rafael abandona a los chicos con los que hablaba y viene hacia nosotros, espera a que les presente con aire impaciente, Telmo ha llamado su atención, ¿y de quién no?, le han reconvertido en un chico impresionante.

-Telmo, Rafael, amigos los dos. –van a estrechar sus manos y Rafael, como es él, le abraza y besa en la cara.  –Telmo marcha al cabo de un momento con Paul, seguramente para hablar sobre su programa de trabajo de la noche.

-¿De dónde ha salido ese ángel? –río ante su comentario y vamos a la mesa donde estaba él antes. La sala se va animando, mejor dicho, llenando hasta que es difícil moverse y la pista de baile está llena.

-¿Te gusta Telmo?  -le pregunto por divertirme, es notorio el efecto que causa entre sus compañeros e imagino que también en los clientes.

-Parece un ente irreal e inalcanzable que ilumina con su presencia, algo raro. Tus amigos son elegidos de los dioses.  –se que tiene razón y no ha conocido a Lorian o Alan.

Había preguntado antes por Evans a un camarero que me remitió a los bármanes de la barra.

-Está en su despacho, no te preocupes que bajará antes de que esto colapse, hoy será un día de mucha afluencia de público.

Aquí estaba ahora, presente delante de la mesa, estuvimos unos minutos abrazados.

Hablamos un poco y le pedí disculpas por no haberle visitado en toda la semana. Luego nos dejó, la mayoría de los chicos habían desaparecido y agarré a Rafael para llevarle a la pista de baile que es a lo que habíamos venido a hacer allí.

La delicia de la danza me llenaba, notaba flotar sobre mi piel la camisa de seda regalo de Nico, acariciándome y llenándome de sensaciones tiernas y voluptuosas, movía mi empinado culo marcado en mis ajustados pantalones, y mis caderas, todo mi cuerpo ondulaba al compas de la música que me llenaba dejándome llevar por ella y las sensaciones agradables que me proporcionaba, Rafael se movía muy bien, rodeando a veces mis caderas imprimiéndoles más fuerza o abarcando mi cintura por detrás rozando su pelvis en mis nalgas en sugerentes y sensuales movimientos.

El sudor comenzaba a brotar, sobre todo en las piezas de más ritmo, bailábamos y ese era el fin último, aunque lo erótico y sensual nos envolviera. A veces eran otros bailarines los que se frotaban contra nosotros, apoyando unos segundo sus bultos en nuestras nalgas y acariciando nuestros cuerpos.

Unas manos fuertes estrujaron mi cintura, sin abrir los ojos sabía que no era Rafael, manos exigentes y posesivas que ordenaban el  ondular de mi columna, el vaivén de mis caderas y llevaban con fuerza mi culo hacia una entrepierna de bulto poderoso y prominente.

Me dio la vuelta y me abrazó para bailar unidos, me atrapaba en los sentidos del roce de nuestros penes, abrí mis ojos, la luz fulgurante de los flashes me lo dejaron ver.

-Paul, ¿qué haces bailando, no tenías que estar trabajando?

-Calla y muévete.  –era una orden imperativa, autoritaria y obedecí dejándome guiar por él.

-¿Te has buscado un niño para que te acompañe?  -se apretaba contra mí y parecía que quisiera romper la tela de nuestra ropa con su roce, para hacerme notar su imponente virilidad en mi vientre.

-Tú necesitas un hombre y no niños a tu lado, un hombre que te haga gozar como te mereces.  –parecía salido de sí y cada vez se frotaba mas ganando en excitación.

-¿Un hombre como tú? ¿Para qué me trates como a Telmo?  -elevo mi mirada para prenderme en la suya sin ver.

-Telmo es mi trabajo, no me interesa para otra cosa, lo tuyo es diferente.  –reí quedamente y creía que él no me había escuchado.

-De que ríes, es verdad que me tienes loco, me interesas.  –era todo irracional y sin sentido para mí.

-No entiendo Paul, tendrás que follar a varios de tus clientes esta noche, esforzarte para dejarles satisfechos y te me estas declarando cuando vas a terminar rendido y con ganas de dormir veinticuatro horas.

-Es diferente Daniel, ese es mi trabajo y no lleva mis sentimientos emparejados, contigo es distinto, te deseo y quiero, necesito follarte y no me digas que a ti no te apetece que te la meta, no lo creeré.  –bajó su cabeza y en la oscuridad de los luminosos flashes buscó mi boca, metió su lengua y le correspondí, comenzó a mover sus caderas como si estuviera metiéndomela, flotaba en el aire y sus brazos me llevaban aplastando mis carnes.

Unas manos tiraron de mí y me separaron de Paul que seguía pegando su pelvis a mi vientre, Rafael me habló al oído.

-Vamos a la mesa, ¿estás mal?  -tiró de mi mano para llevarme con él y sin oponer resistencia le seguí.

-Estás loco, te estaba follando en la pista, la gente os miraba, todos se daban cuenta de lo que estaba sucediendo, olíais a animales en celo.  –su cara estaba enfadada y no le contradije.

-Rafael era un baile, nada más, no lo mires así. Vamos a la barra a buscar algo para beber.  –durante el resto de la noche no volví a ver a Paul ni a Telmo, bailamos haciendo cortos descansos y sudábamos dejando nuestra ropa mojada como empapadas esponjas. En algunas ocasiones Rafael bailaba agarrado a mí, abrazando mi cintura pero manteniendo una distancia para que nuestros bultos no se rozaran. Si yo intentaba acercarme imprimía fuerza en mis caderas con sus manos para apartarme de él.

Cuando llegamos a su casa era muy tarde, si fuera verano habría amanecido ya. Me guió hasta su habitación, encendió una lámpara de luz tenue, estaba un poco mareado de lo que había bebido y se le notaba. Me desnudé y sin ropa me metí entre las sábanas, había estado observándome mientras se iba desnudando él lentamente, parecía tener dudas, al final se quitó su boxer y me acompañó debajo de la ropa.

Permanecía mirándome muy serio y me hacia sonreír, parecía un niño celoso, le abracé y le hice cosquillas en su sobaco, daba pataditas para escapar de mí y comenzamos una lucha para ver quién podía más, el ambiente cambio y nuestras risas sofocadas se escuchaban en la habitación, nos pusimos debajo de las ropas y quería cogerle la polla, el se resistía hasta que conseguí tenerla en mi mano, la tenía tiesa y caliente que era una delicia, me arrastré hasta tenerla apoyando mi mejilla en ella y comencé a besarla con ternura y lamer su glande sorbiendo de ella y acariciaba sus huevos que se movían sueltos en su bolsa.

Movía nervioso sus piernas cuando la metía hasta el fondo de mi boca y la aplastaba entre mi lengua y paladar, que maravilla de polla aunque no era de tamaño gigante, su textura y rigidez eran prodigiosos y su olor y sabor inolvidables, cuando entraba en mi registraba en mi cerebro su sabor. Me estaba excitando mucho y sin que me llegara a tocar, él, que otras veces no tiene más que manos para manosearme y ahora se me quería resistir para castigarme, ¿por qué?

Subí a su rostro para besar su boca y darle mi legua, jugué en su interior y poco a poco la suya colaboró, quizá el no quisiera pero sus sentidos le impelían a consentir y luego a participar. Así estuvimos mucho tiempo para que nuestra excitación bajara un poco, me gusta besarle y acariciar su cabeza y su rostro hasta conseguir que su machito apareciera y quisiera mandar en mí. Me comía vivo y yo solo suspiraba y mordía mi labio de placer cuando aspiraba de mi verga con fuerza y decisión de follarse su boca, y notaba que mi ano pedía y exigía su parte en el festín.

Sujeté su rostro con mis manos y bese sus labios varias veces para volvérselos a morder.

-¿No me la vas a meter? Venga Rafael, no juegues más y dame fuerte, quiero que me folles a rabiar.  –mordía furioso su labio y abrí mis piernas para acogerle entre ellas, llevó su mano a su verga para encarrilarla, mi ano boqueaba esperando la invasión, era una inmensa necesidad la que sentía de que la metiera, de poder abrazarme a su polla con mi ano y sentirme lleno. Entró sin parar y en un suspiro la tenía palpitante en mi interior, reía de gozo y abracé su cintura con mis piernas, acariciaba su culo con mis pies y mis manos pasaban por su espalda a su cintura, a sus costados y a unirlas con mis pies para tenerlo abrazado a mí con una intensidad que me mataba, deshice mi lazo cuando comenzó a entrar y salir con una fuerza y bravura locas, querido demostrar quién mandaba, fueron minutos de locura y placer, su verga es un instrumento de gozo precioso, entrando con precisión a excitar lo más intimo de mi ser.

Fui a su encuentro impulsando mi cuerpo en una culminación de muerte para convulsionar nuestras carnes y corrernos muertos de placer, yo sobre mi vientre y pecho y él en lo profundo de mi recto llenándolo de su esperma. Luego le acaricié le besé, mejor es decir que no dejaba de besarle y abrazarle de todas las formas posibles, con mis piernas y mis brazos, hasta que casi llorando de gozo, escondí mi cara en su cuello.

**********

 

Sábado

Desperté en una cama que no era la mía y al principio me extrañé, estaba a mi lado, tendido mirando hacia el otro lado, con su cuerpo haciendo un ángulo extraño, me arrimé y me abracé a él, se movió un poco pero no despertó y así estuve mucho tiempo, besando de vez en cuando su costado y espalda, acariciando su culito redondo y prominente.

Rafael estaba verdaderamente muy bueno y tenía un cuerpo muy bien proporcionado, debí realizar algún movimiento que le despertó, se giró y pude ver la picardía reflejada en su mirada, sus ojos estaban parcialmente cerrados, entornados a propósito, me acerqué y deposite un tierno beso en su mejilla, se estiró y pasó sus brazos por mi cuello atrapándome, arrastró su cuerpo para que tuviéramos mayor contacto, se movía como una serpiente disfrutando del roce de nuestras pieles.

-¡Qué bien lo pasé anoche!, fue genial y debíamos hacerlo más veces.  –le sujeté para que permaneciera quieto, no paraba de frotarse.

-A mi no me importa si estoy en Lille, me gusta bailar.

-¿Y qué te la arrime cualquiera?  –le miré sorprendido, creía que aquel percance había quedado resuelto. Me agaché sobre él para besarle en la boca.

-Rafael, es un amigo y trabaja allí, además no tiene importancia, no hicimos nada.

-Dices que sois amigos pero le miras de otro modo, tú no te llevas bien con él, lo pude notar y sin embargo le deseas.

-Bueno, tienes algo de razón, pero no debes tener celos.  –me mira con un gesto torcido en sus labios.

-Yo no tengo celos, tú y yo no somos nada, no tenemos un compromiso, ya lo sé. –no voy a seguir discutiendo cuando lo que quiero es que me bese y besarle, esta tan tierno con su aire posesivo y celoso aunque él diga lo contrario.

En lugar de responder me decido a besar su cara con ternura, resulta encantador con el pelo revuelto y algo de barba.

-Me rasca tu barba, bésame bebé y olvida lo demás.  –me hace caso y va besando lo que le permito, hemos establecido una batalla de besos que me hace gozar como un poseso.

Mi brazo está debajo de su cuello y su aliento mueve los pelitos de mi sobaco.

-Oye Daniel, ¿todos esos chicos son?…  -se interrumpe y me mira para que sea yo el que continúe la frase.

-Sí, podemos decir que se venden, o alquilan su cuerpo por horas.

-¿Y ese chico tan bello, Telmo?  -Rafael siente curiosidad y lo veo natural, voy a contestar a todas sus preguntas si puedo, adivino que van a ser bastantes.

-También, pero lleva poco tiempo allí, ¿te ha gustado?

-Es muy guapo, tu también te habrás dado cuenta, ¿y tú, de qué les conoces?

-¡Ah!, pequeño, es una historia un poco larga, lo dejaremos en que uno de los jefes de allí es amigo mío y el resto es resultado de un proceso natural, voy por allí para ver a mi amigo y a bailar.

-¿Cuánto hay que pagar para estar con uno de ellos?  -no sé a dónde quiere llegar.

-No lo sé, creo que hay diferentes tarifas y el asunto debe de ir por horas, parece que el chico por el que te interesas es uno de los más caros, pero tú no necesitarías pagar para estar con él, puedes hacerte su amigo, no creo que te resulte difícil, sería más bonito y no tendrías que gastar ese dinero.

-Tengo el dinero para pagar por él, pero no quiero, era simple curiosidad.  –parece que vuelve a enfadarse.

-Venga hombre, me has traído a tu casa para que lo pasemos bien, aprovechemos el tiempo.  –y para que deje de hablar comienzo a besar y lamer sus tetillas, al principio se mantiene indiferente pero le dura poco y comienza a mover sus pecho y ofrecérmelas entre sus dedos para que pueda chuparlas, se las muerdo colocando mis labios como cojines para no causarle daño y tiro de ellas estirándoselas.

Quiere chuparme la verga y la sujeta con su mano bajando hacia ella, la tengo un poco floja y la mete toda en su boca, le hace masajes como si la masticara y va cogiendo consistencia dentro de su boca. Acaricio sus pies que tiene cerca de mi cara y le sujeto de sus ancas para traerlo hacia mí, recojo mi saliva y la llevo a su ano, juego entre sus medios melones y eleva su culo para que se abra, lo mueve lentamente del gusto que le estoy proporcionando y se detiene, deja de succionar mi polla.

-Eso está muy rico Daniel, sigue metiendo tu dedo, quiero…,  -se detiene un momento.  –quiero que me folles, que tú me la metas. 

-Entonces vamos a preparar este culito delicioso y rico.  -relamo mis labios de gusto, prefiero que sea el que me la meta, que lo sabe hacer muy bien, pero tampoco puedo decir que no a estar en su interior y usar ese culito tan redondo y rico que me vuelve loco.

Se lo abro con mis manos, más de lo que él me lo expone y me quedo un momento observado su culito tan cerrado, rodeado de pelitos como una guardia pretoriana que lo defendiera de un ataque. La visión es deliciosa, ver esa boquita de erizo enroscada, o ese oasis en el desierto, rodeado de palmeras y de sus dunas doradas, abrevadero para calmar la sed de los hombres y camellos.

Huele delicioso a él y tiene un sabor un poco fuerte, seguramente del sudor de la noche, pero me encanta y lamo de él, paso mi lengua por todo lo profundo de su valle, aplastando las palmeras a mi paso y derribando a su guardia pretoriana, suspiro cuando él musita su gozo y me anima a aumentar las embestidas de mi lengua, humedecerlo con mi saliva e intentar vencer la resistencia que opone a que mi lengua lo penetre.

Sus ayes son cada vez más sonoros y lastimeros, muerdo los montículos que le hacen de paredes y mi disfrute hace que me excite y tenga la verga tiesa. Tiro de su polla hacia atrás para limpiarla con mi lengua de lo que escurre de ella, no resulta muy fácil por su rigidez tan tremenda y salta como un muelle cuando la suelto hasta estrellarse en su abdomen. Grita y lleva una mano a la entrada de su ano, comprueba que puede meter sus dedos que sustituyo por mi boca. Absorbo de él y aplico mi boca para comerle.

-¡Ya, ya! Es delicioso. –dice más cosas incoherentes y que no logro entender pero que son de gusto y placer que acompaña con arañazos a la ropa de la cama.

-¿Quieres que te la meta?  -mi pregunta es porque creo que me voy a correr sin tocarme para nada, tanta es la tensión nerviosa que me posee.

-¡Sí, sí!, por favor.  –cuando quieras métela.  – quiero verle cuando se corra y eyacule, deseo ver su expresión al vaciar su semen y le coloco de espaldas sobre el colchón, recoge sus piernas y las abre dejando mi camino expedito. Eleva su cabeza queriendo ver el proceso de la entrada de mi verga en él, debería tener un espejo, tiene su cara roja como la grana y los labios parecen supurarle sangre.

-Se te ve precioso Rafael, avísame si te causo dolor.  -dice que si con la cabeza, sin mirarme, únicamente tiene interés para mirar el lugar donde se va a producir el encuentro y la unión de nuestros cuerpos. Apoyo mi polla en su entra y hago fuerza, empujo y el glande va entrando, le miro y ahora sí que tiene su vista mirándome, con los ojos muy abiertos, tira su cabeza hacia atrás sacando y estirando su cuello.

-Sigue, sigue, estoy bien.  –su ano abraza todo mi glande y le aprieta muy fuerte, espero a que deje de apretar y hago un esfuerzo sujetándome en la sábana para que mis rodillas no resbalen sobre ella. Empujo con fuerza y me voy metiendo, a pesar de haber tenido dentro de él mis dedos está muy cerrado y me cuesta pero avanzo. Algo le debe doler porque muerde su labio y cierra sus ojos con fuerza y tensa sus músculos pero no habla ni se queja. Caigo encima de él sin apoyar todo mi peso.

-Rafael, ya estoy dentro de ti, pasó todo.  –beso su barbilla y paso mi lengua por su labio magullado por sus dientes.

-Ya lo sé, y parecía que tu polla era pequeña y me has hecho ver las estrellas.  –su cara a pesar de todo es de alegría, y sonríe enseñando sus dientes y sacándome su lengua en un juego de provocación que acepto y voy a por ella, se me escurre cuando la atrapo entre mis labios y tiro de ella.

Voy moviendo mis caderas para adaptar su recto a mi verga y se sienta cómodo con ella dentro, y no dejo de jugar con su boca y de perseguir su lengua que esconde y ríe cuando fallo en cogerla, todo ese ligero movimiento logra que su ano se relaje y ya no me apriete tanto.

Sin separarme de su boca voy sacando y metiendo mi polla en él.

-¡Qué bien me estas follando! ¡Joder!, Daniel, lo haces tan delicado que me voy a correr y quiero que seas un poco bruto.  –atiendo su suplicatorio y prendido en su mirada saco casi toda mi verga y la meto de golpe, abre asustados sus ojos.

-¡Buff!, así, así, es la leche, como entras.  –me coloco de rodillas y me abrazo a una de sus piernas, la otra la aparto para que no estorbe y le voy dado estocadas rápidas y profundas, su verga se mueve de un lado a otro salpicando de su precum los alrededores y su huevos suben y bajan en su bolsa, estoy unos minutos dándole con ganas, como él quiere, hasta que me canso y vuelvo a colocarme entre sus piernas, sudo y corren las gotas por mi frente, noto el picor en mis ojos y los cierro, y me concentro en follarle, ahora muy rápido pero sacando muy poco la polla.

Su vientre comienza a contraerse y se le marca su bella tableta de abdominales, en mis testículos crece un nudo que tengo que sacar de mí.

-Me voy a ir, ¿quieres que la saque?  -consigo pronunciar mis palabras con dificultad por mi respiración forzada pero me entiende.

-Déjalo dentro, córrete en mi culo.  –esto lo dice gritando, elevando su pelvis de la cama cuando de su polla, sin tocársela, comienzan a salir latigazos de semen que llegan hasta su rostro, y me pierdo el momento visual, porque tengo que cerrar mis ojos, me voy a morir intentando que el primero de mis chorros surja para comenzar a llenar su recto, y luego los demás salen en contracciones violentas y con inmenso placer de mi parte, parece que tenía un tapón que evitaba el que pudiera vaciarme.

Ha resultado tremendo, desgarrador y hasta doloroso y brutal el orgasmo sentido. Mi pecho se llena de su semen cuando lo aplasto sobre el suyo, tiene gotas de sus jugos en la cara, las voy lamiendo como un gatito la leche que ha caído de su plato. Su semen es bastante líquido y de color transparente tirando a un poco blanco. Me gusta su sabor casi insípido, me separo de él para lamer el de su pecho, recogerlo con mi lengua y extenderlo sobre las aureolas de sus tetitas y luego chuparlas.

-Estás haciendo una guarrada.  –levanta mi cara con sus manos para que le mire.

-Me gusta tu leche, me gustas tú.  -y vuelvo a mi trabajo. Mi polla va escurriendo de su ano y cuando sale llevo mi mano a su entrada para acariciarla y calmarla en un masaje suave de mis dedos envueltos en mi esperma.

-Me cautivas Rafael, eres un amigo muy querido y estás buenísimo.

Nuestros besos se prolongan mucho tiempo, nuestras carias son muy tiernas y cariñosas, él se centra más en mi pecho y mi vientre, a mi me encanta todo de él y lo veo bello y adorable.

Es muy tarde cuando conseguimos estar preparados, el baño ha estado saturado de bromas y de decirnos lo bien que lo hemos pasado y no ha pasado de ahí, no hemos desayunado y ya es hora de alimentar nuestro estómago.

-Te invito a comer.  –tiro de su mano para llevarle al restaurante del amigo de Evans una vez que hemos pasado la Gran Plaza.

-No, tengo que pagarla yo, no he cumplido, tenía que haberte invitado a desayunar, ¿recuerdas que ese fue el acuerdo?

-Eso era al principio, pero tú pagaste todo lo de anoche, no me has dicho lo que te debo y debemos repartir los gastos.

-A una ronda nos invitó tu amigo, ese que quiere follarte y revolcarse contigo.

Le miro y suelto la carcajada, otra vez vamos a empezar con lo mismo. No quiero recoger el guante de su voz desafiante.

-Tú pagaste las consumiciones de la noche, esta mañana me has dado mi desayuno, estabas muy rico.  –le guiño un ojo y sonríe sabiendo que me refiero a su semen que me he comido.  –Ahora me toca pagar a mí y te llevo a un restaurante barato, de los que yo puedo pagar, no te preocupes.

No hay más que algunos restos de nieve en la calle y a veces se ve algo de sol pero hace mucho frío. El restaurante está lleno y el amigo de Evans nos pide que tomemos algo y esperemos un momento.

Después de esperar un pequeño tiempo tenemos nuestra mesa dispuesta y la comida transcurre alegre y entretenida, escuchando sus ocurrencias y aventuras de niño, de tiempos alejados de aquellos momentos amargos y de dolor, cuando quería compartir sus momentos íntimos con su amiguito, hijo del jornalero de su padre.

Me consintió que pagara la cuenta, su innata elegancia y distinción se reflejaba en esos detalles, sublimes en todo su proceder, que destilaba la delicadeza y finura de su alma.

Continuamos hablando mientras él tomaba un licor y yo sorbía mi té en uno de los cafés de una calle aledaña a la Gran Plaza. Y sí, pude constatar su amplio conocimiento de la vida y de la realidad política del momento.

Cambiaba cuando se ponía serio y hablaba dejando apartada su estudiada y engañosa despreocupación. Que interesante resultaba, un chico de veintiún años abriéndose para mí y pensé en los miles de jóvenes que cada jueves se reúnen un par de calles más allá de donde vivo yo, que parecen delirar por beber y disfrutar del sexo como si no existiera nada más. ¿Tanto había cambiado el mundo en estos tres años, desde que abandoné el campus de la universidad en Cranfield?

Rehuí siempre el contacto con los distintos grupos y tendencias de mi universidad, politizada al máximo por los nacionalismos y la sombra alargada del terror, recluido en el núcleo de mis amigos cercanos y la seguridad de su entorno.

Quiso que le acompañara para pasar la tarde en su casa viendo una película, debió de entender mal mi negativa porque argumentó que no íbamos a estar solos y no volveríamos a su cama.

-Estará Ramón y mis compañeras, es solamente para pasar el rato, ¿no creerás otra cosa?  -abracé su cintura y lo llevé hacia mí.

-No le des más vueltas Rafael, estoy muy a gusto contigo, y no importaría que no estuviera Ramón y las chicas, tengo cosas que hacer. Y no debes preocuparte, lo que ha pasado entre nosotros ha sido porque yo también lo he querido. Te juzgas mal, eres una persona adorable, la gente no hace lo que tú desees, te quieren a ti y como consecuencia lo hacen por sí mismos. Eres muy injusto contigo.

Nos despedimos después de que en la calle nos abrazáramos y besáramos como si nunca más nos fuéramos a volver a ver.

No quise pensar más en él, tenía que ponerme a trabajar, debería salir a correr pero  no me apetecía, enseguida se haría de noche. El estudio estaba en orden, todo recogido y en su lugar y una nota con el importe de lo que habían gastado en lavar el coche, añadía: “Hemos comido aquí y te dejamos una hamburguesa muy rica, ya lo verás, en el frigo para tu cena, gracias”.

Me centré en las muchas cosas que tenía que hacer hasta que pude disfrutar del agua tibia que escurría por mi cuerpo, ver algo en internet y meterme en la cama. Quería levantarme temprano para ir a correr y me dormí envuelto entre imágenes diversas, de Nicolás con Lorian en la cama y de Ál, al que no lograba ponerle cara, siempre se me aparecía como aquella tarde, cuando éramos tan jóvenes, corriendo por el muelle en Halifax, tirando de mi mano y dejando atrás a Gonzalo.

**********

 

Domingo

Como había decidido ayer antes de dormirme, hoy me levanto temprano, no me ha supuesto mucho esfuerzo, la noche ha sido tormentosa y he tenido pesadillas que no recuerdo pero que desvelaron mi sueño.

Tengo que ponerme un chubasquero de plástico, llueve a veces y otras cae agua nieve, no me apetece salir a la calle. Llego hasta el río y luego doy vueltas por los caminos de la Citadelle hasta encontrarme de nuevo el curso del Deûle que me impide el paso y sigo por su ribera, a pesar del agua nieve que cae intermitente hay otros valientes que corren. El plástico evita que la lluvia me moje pero también que sude más y termine empapado y con la ropa pegada al cuerpo por el abundante sudor.

La vuelta, a partir de la Plaza, la realizo andando pero con el paso rápido. Me espera una ducha relajante y luego escribo y realizo unas llamadas. No me apetece salir a comer y recuerdo que Ray me dejo algo de comida de la que tuvieron ayer, la caliento mientras ensayo pasos de baile que reproduzco de internet. La hamburguesa me sabe deliciosa y con algo de fruta tengo suficiente comida.

Me encontraba sin saber lo que hacer a la tarde y me llaman Natalia y Rafael, para que salga a charlar un rato, Rafael en realidad quiere venir a buscarme pero me niego y quedamos en los bares de siempre.

Paso la tarde hablando con los amigos y encuentro a Luis al que hace tiempo no veía, este fin de semana le ha tocado desplazarse a su novia y está con ella, todo transcurre normal, entre risas y comentarios banales e intrascendentes.

Cuando me despido de ellos Rafael se dispone a acompañarme, vamos caminando  comentando algunas de las cosas que se han hablado, ante el portón de la urbanización quiere pasar para estar un rato. Yo también quisiera estar con él y me excito al pensarlo, pero si entra no sale y me niego. Estamos unos minutos abrazados y llenándonos de besos, helados por el frío viento a pesar de nuestra calentura. Son solamente unos minutos, es imposible permanecer en la calle y nos despedimos hasta el martes.

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