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Hasta donde quiera 3i

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  • Este es un relato de entrega y sumisión. De cómo desde que conocí a Mi Ama, he descubierto hasta dónde quiero llegar, hasta dónde me entrego y qué desea Mi Ama

    Corrijo constantemente lo que escribo. El entumecimiento de las manos hace que marque la tecla equivocada una y otra vez. La poca movilidad que me deja la cuerda me hace más torpe. Con cada arcada la bilis empapa el dildo, y eso sin contar con la parte que no puedo tragar sin provocar nuevas náuseas sale esquivándolo y librándo la anilla. El pecho está lleno de ese asqueroso líquido. Incluso ha rebalado hasta el pubis, mojado los huevos y el asiento de taburete. Me adivino asqueroso. Empiezo a notar cierta ansiedad. Puede ser desesperante estar atado como lo estoy, con las piernas dobladas y forzadas, llenos todos los agujeros, sin respaldo, dejando que el asiento cargue con todo el peso de mi cuerpo, sin apenas movimiento en ninguna de mis extremidades, incluida la cabeza. Y eso sin contra con el esfuerzo de intentar concentrarme en lo que escribo. Casi no me doy cuenta de lo que pasa a mi alrededor. Se oye la voz de Mi Ama, seria, aunque dulce. Siempre suena dulce, aunque esté seria. Y segura, sobre todo segura. 

    - Mira cielo, te había dicho que te quiero sin bragas, sin ropa interior - unos segundos de silencio, interrumpido por un chasquido que suena a fusta, aunque quizá sea una regla o una paleta -. ¿Acaso has visto alguna vez una ramera recatada? - otro chasquido -. Me decepcionas. ¿Qué piensas que diría tu marido marido si te viera así? - ya no es un azote lo que suena, son varios, espaciados, contundentes.

    - Lo siento Ama, pensé que al venir aquí era más seguro....- la voz hace notar el dolor que está sintiedo, se corta, toma aire, hasta le falta el resuello. Ya lleva varios azotes, pienso que en las nalgas. 

    Sigo escribiendo, que se oiga el teclado, aunque no sé dónde lo había  dejado.

    - Por favor, por favor... - ya reconozco esa voz, ese tono, aunque distorsionado por los azotes y la respiración. Es la ramera. Presto atención. Creo que lo está pasando mal. Pienso dónde la he metido. Aunque al instante recuerdo lo que es, que ya no es mia. Que solo debo verla como una ramera.

    Como habrán adivinado ya es propiedad de Mi Ama. Se ha hecho con ella, ya me ha privado de la que ha sido mi mujer. Coge lo que quiere. Lo que le pertenece. Lo que no deja de recordarme, le he ofrecido.

    - ¿ Y qué pensabas que podía pasarte aquí? ¿Que se dieran cuenta de lo ramera que eres? - no levanta la voz, no dice una palabra más alta que otra, aunque sabe las palabras justas, darles el énfasis que vale cada una -. Ponte de pie y camina - primero veo pasar a la ramera, cruzar la puerta del despacho que queda justo delante de mi mirada. Está desnuda, camina despacio, la mirada al suelo. Se para justo cuando va a desaparecer de mi vista. No me mira, no parpadea -. Sigue andando - mi Ama está justo detrás de ella, radiante, seria, recorriendo la espalda de la ramera con la mirada, hasta detenerse en las salgas. La ramera le suplica que le permita quedarse ahí, si sigue andando quedará junto a una ventana que va desde el techo hasta el suelo y que, desde donde estoy no se ve, tapadado por un armario. Le da un azote con la bara que termina en una pequeña paleta. Avanza dos pasos más. Desde donde está ahora la ramera puede verse la calle. La oficina está en una primera planta. Justo debajo hay un jardín rodeado por una acera, una pequeña zona peatonal. Con la luz encendida puede verla cualquiera que levante un poco la vista. La estoy imaginando plantada delante del cristal, sin nada de ropa, expuesta como en un escaparate, sus ubres libres, grandes, colgando un poco después de haber genido dos hijos, el coño depilado -. Pega el cuerpo al cristal, aplastando las tetas y el coño, deja tu humedad en la ventana.

    - Ama, por favor, se lo suplico - la ramera solloza, seguro que le están resbalando las lágrimas por las mejillas. Nunca se hubiera imaginado así, tan ramera, tan humillada. Otro azote llena el despacho. Se queja, se le escapa un pequeño grito.

    - Así mejor. ¿Esto es lo que te preocupaba ramera? ¿Que pudieran verte así, la gente de la oficina? - se rie, su voz ocupa todo el despacho, llena dulcemente el espacio. Me recorre un escalofrío -. Pues ya ves, no ha sido así. Espero que después de que todo el mundo sepa lo que eres hayas aprendido a no contrariarme - el  silencio penetró unos segundos hasta el último rincón. Ni siquiera tecleaba. Cuando me di cuenta me preocupé -. ¿No dices nada? - esperó respuesta un momento. Solo se oía sus sollozos -. Estira los brazos, en cruz, apóyalos en la ventana y abre las piernas. Esa pequeña rebeldía la vamos a corregir.

    Solo se oía la voz de Mi Ama. La ramera no podía o no se atrevía a hablar. Como la primera noche que se presentó en la cuadra, con su amiga, también Ama, aprovechando que trabajaba la ramera y que el resto del rebaño estaba fuera. Estaba desnudo, solo con el collar puesto, de cadena, como el que se le pone a los perros. Su orden había sido muy clara, desde el principio: "siempre con el collar puesto, a todas horas - los primeros días podía quitarlo al entrar en casa. Aún tenía que ser precavido. Aunque cuando le ofrecí a la ramera y más tarde a mi hija e hijo se terminó lo de respeto por el entorno familiar - y siempre que te quedes solo totalmente desnudo". Abrí la puerta. Estaba pendiente de Su llegada desde que me envió un mensaje de que venía. No esta sola. Me escondí instintivamente. Sonrió.

    - Espero que no te moleste que me acompañe Isa -. La había conocido días atrás, cuando me ordenó acompañarla a casa de su amiga. Ya me presentó a Ella como su perro y advirtiendome que debía tratarla con el mismo respeto y obediencia siempre que Mi Ama estuviera presente. Debía llamarla Señora ya que no era Mi Ama. Allí, en un descuido, dirigiéndome a Ella la llamé Mi Ama mientras Ama blanca estaba al teléfono. La Señora Isa enseguida se dió cuenta de mi error. Se enfadó diciendo que merecía un castigo por la osadía. En cuento Mi Ama dejó el teléfono preguntó y la Señora se lo dijo. Mi Ama le dejó elegir a Ella misma el castigo, así que me ordenó ir a por el consolador que aún guardaba escondido, una regla y que me dijo que me follara yo mismo que no se iba a molestar en ese momento en hacerlo Ella. Mientras metía y sacaba el consolador, de pie, humillado por llenarme yo mismo el culo delante de Ellas, empezó a darme azotes en las nalgas, fuertes, secos. Hasta recibir cuarenta. Me dejó el culo ardiendo rojo, aunque como dijo la Señora, le gusta más bien morado. Menos mal que Mi Ama le dijo que ya tendría tiempo. Ya ven qué presentación.

    - ¿Así nos recibes? - ya veía una advertencia en la forma en que preguntó Mi Ama.

    - Perdón Mi Ama, ha sido el instinto -  sabía que de poco serviría. Pero intenté encontrar algo de comprensión.

    - Anda perro, cuando hablas solo dices tonterías. Voy a limitarte los movimientos para educar tus instintos. Busca un cinturón, cuerdas - iba a buscar lo que me había ordenado cuando me paró -. ¿No deberías ofrecernos algo?.

    - Perdón Mi Ama, ¿Desean que les sirva lo que les apetezca? - aún tenía mucho que aprender -.

    - Pues mira sí. Un martini seco para mi.

    - Yo quiero otro - dijo la Señora Isa.

    - No tardes perro, que sea rápido, jajaja.

    Después de servírselos, fui a por el cinturón y las cuerdas. Al entregárselo a Mi Ama me hizo arrodillar ante Ella, estirando de los huevos hacia abajo e indicando con la otra mano dónde y cómo me quería. Ató el extremo de una cuerda al collar, me puso el cinturón en la cintura ordenándome inclinar un poco el cuerpo hacia delante, con lo que sobró de la cuerda ató lo huevos, apretándolos lo justo para que sientiera presión, subió la cuerda hasta unirla de nuevo al collar, tensada. Me ordenó ponerme de pie, uniendo otra cuerda a los tobillos, aunque dejando una separación tan justa que solo podía andar a pasos cortos. El cuerpo permanecía inclinado, sin poderlo enderezar. La cuerda de los huevos estaba ligeramente más corta que la del cinturón, por lo que estaban constantemente estirados. La otra hacía de tope máximo para limitar la inclinación del cuerpo.

    - ¿Sabes por qué hemos venido a la cuadra? - negué con la cabeza -. Porque así sé cómo es y dónde estarás cuando te ordene lo que me apetezca. Al menos hasta que la ramera sea mía. 

    - Sí Mi Ama.

    - Ve a la cocina y espera allí, de rodillas, mientras Isa y yo vemos la cuadra.

    Me dirigí hacia la cocina, andando despacio, lo que las cuerdas me permitían, intentando no estirar más de huevos. Debía estar ridiculo caminando así, con gestos como descontrolados, procurando no caerme ni enderezarme más de la cuenta. Imaginaba a Ama Blanca y a la Señora Isa moviéndose libremente por la cuadra, abriendo una puerta detrás de otra, la de la habitación de mi hija, la de mi hijo, la de la ramera y la mia, el baño, la terraza, abriendo cajines y armados para examinar la ropa, la de vestir y la interior.

    Pasado un rato oí que llegaban salón, hablando, con alguna risa. Estaban contentas, emanaban alegría. Mi Ama se asomó a la cocina, con otro cinturón. Me ordenó ponerme de pie. La cuerda de los tobillos me lo ponía difícil. Se acercó y tirando del pelo me ayudó a poner de pie.

    - Gracias Mi Ama.

    - ¡Qué inútil eres! - se inclinó un poco y puso el cinturón que tenía en la mano rodeando los muslos -. No me gusta lo libres que los tienes, perro. Anda ve al salón - se puso detrás mio, nalgueándome con las manos y apretando las nalgas fuerte, marcando sus uñas -. Anda que no sabes mover bien ese culo. Hasta parecen un putón, jajaja - iba dando saltitos, empujando las caderas hacia delante por el magreo, ondulándolas por la dificultad de dar pasos, dejando escapar algun gemido por los tirones en los huevos. Era rebajante, manipulado por Mi Ama me convertía en algo insignificante.

    La Señora Isa estaba sentada en el sofa, en uno de sus extremos, observándome divertida. Avancé hasta que Mi Ama me ordenó detenerme cuando llegué al centro del sofá, indicándome que me arrodillase de nuevo y pusiera las manos encima de los muslos con las palmas hacia arriba. Se sentó en el otro extremo del sofá cruzando las piernas, dejando el tacón de uno de sus deliciosos zapatos levantado.

    - ¿Sabes perro? Isa me ha preguntado quién es la ramera - mi mirada estaba dirigida al filo del asiento del sofá, la posición en la que me mantenía las cuerdas del cuerpo no me permitían mirar más alto sin levantar la cabeza y con ello estirar más los huevos, ya bastante estrujados. Me invadió tanta humillación por las palabras, el tono envolvente de Mi Ama que quise que me tragase la tierra. Delante de Su amiga, en la posición en la que me mantenía, sacaba el nuevo nombre de quien hasta hacía poco había sido mi mujer. Era más humillante aún hacerlo delante de la Señora Isa, lo que significaba que podía hacerlo ante quien quisiera y cuando se le antojase -. Isa, mejor se lo preguntas a él.

    La Señora Isa se incorporó en el asiento del sofá, me levantó la cabeza para que la mirase a ojos, acercó el rostro al mio, con los labios delante de mi mirada.

    - Perro, ¿quién es la ramera? - lo pronunció remarcando el nombre, me pareció que con algo de desprecio, aunque no supe si era por mi o por la ramera.

    - Era mi mujer - no sabía dónde meterme. Ojalá no me estuviese mirando tan cerca.

    - ¿Cómo? - evidentemente no se lo esperaba.

    - Sí Isa, como has oido. Aunque el nombre no se lo he puesto yo. ¿Verdad perro?. Explícaselo todo.

    No podía estar más rebajado. Mi Ama estaba consiguiendo lo que quería, demostraf Su poder, Su dominio, hacer que estuviese tan humillado que la nulidad fuera mi forma de vida.

    - Si Mi Ama - esperé un segundo -. Señora Isa, cuando Ama Blanca me hizo Su sumiso, le ofrecí que tomase cuanto deseara de mi. Deseaba complacerla en todo, que tomase cuanto le pertene. Incluso le pedí si deseaba tratar de forma despectiva a quien era mi mujer, ya que así me hacía sentir más Suyo, más desposeido de lo que pudiera pertenecerme. Mi Ama preguntó si le estaba ofreciendo a mi mujer y al responderle que solo si era Su deseo me ordenó que le pusiera un nombre. Le puse ramera. En ese momento Mi Ama me ordenó que a partir de ese instante ese iba a ser su nombre y que tenia prohibido llamarla de otra forma. Ya no era nada mio.

    El silencio que se creo me desesperaba. Hacía que tomara conciencia de lo que era. Al oir con mi propia voz quién es la ramera hizo que fuera realmente consciente de lo que quedaba atrás.

    - Ya sabes Isa. Cuando quieras mencionarla tienes que llamarla así - las palabras de Mi Ama me despertó de mis pensamientos -. Pareces asombrada.

    - Pues sí, lo estoy. ¿Quién podía imaginar algo así?. Realmente eres patético perro. Blanca, es impresionante lo dominado que lo tienes. 

    - Asi es Isa. Y más que lo va a estar - me miró, clavó Sus ojos en los mios. Me sentí feliz, entregado, dominado -. ¿La ramera ya tiene instalada la aplicación en el móvil, perro? - asentí -. Ahora tienes que hacer que junto al nick que se haya puesto añada "sumisa". A partir de ahí hablaré con ella. ¿Te queda claro? - asentí de nuevo -. Quiero oirlo inútil.

    - Si Mi Ama.

    - Por cierto Isa, hoy mi perro te ha enviado una foto, ¿no?.

    - Sí, Blanca. Así es.

    - Perro, ¿qué foto le has enviado?.

    - De mi cara Mi Ama.

    - ¿Y por qué?

    - Mi Ama, La Señora Isabel me preguntó si podía enviarle una foto de mi cara. Entendí que debía obedecerla y se la envié.

    Me miraba fijamente, con esa forma de penetrar hasta en el último pensamiento, con los ojos llenos de vida, cristalinos, transparentes. Se acercó inclinándose desde el asiento del sofá, moviéndose con delicadeza, con los gestos naturales que la elevan a la grandeza, que atraen cuanto está a Su alrededor.

     - Trae el móvil.

    Aún no sé cómo pude levantarme. Lo tenía en el mismo salón. Enseguida se lo entregué. Empecé a hacer el gesto de arrodillarme, pero me detuvo Mi Ama.

     - Espera ahí - dejó caer el cuerpo sobre el apoyabrazos del sofá, quedando un poco colgado al otro lado. Al incorporarse tenía en la mano unos zapatos negros con unos tacones impresionantes, los dejó delante de mi.

    - Póntelos.

    Me agaché para coger el primero inclinando sobre todo el cuerpo. Pensaba que me iba a resultar imposible ponérmelo. La correa en los muslos y la cuerda de los tobillos no me dejaban poner el pie dentro. Me estaba resultando muy difícil. Finalmente, haciendo un último esfuerzo conseguí meter el pie. Con el segundo sí que me iba a resultar imposible. Solo pude llegar a cogerlo. Al levantar  el pie solo un poco fui incapaz de mantener el equilibrio y cai al suelo sentado, soportando todo el peso en el culo. Me podía más el ridículo que el daño. La Señora Isabel se reía. Mi Ama sonreía. Creo que se lo esperaba.

    - Póntelo así, no sea que te lastimes - se miraron, sonrientes - cuando por fin pude ponérmelo me ordenó arrodillar -. Ahora enséñame esa foto - me entregó el móvil. Después de mostrársela cogió el móvil y la borró -. Mira a la cámara perro - oí el opturador -. Ahora quiero que pongas ésta foto en tu perfil de la aplicación.

    - Mi Ama, si permite decirlo, cualquiera podrá ver quién soy - con el nick que tenía en mi perfil, por sí ya humillante, iba a mostrar mi rostro a quien diera con él, incluso podría haber alguien que me conociera o que alguien me reconociera por la calle.

    - Haberle pensadado antes. ¿No tienes tantas ganas de enseñar quién eres?, ahora podrás hacerlo. Incluso la ramera podrá verte. Hazlo y no hables más - puso en móvil en mi mano. Estaba nerviso. En el fondo me gustaba tener que hacerlo, mostrarme como soy, de quién soy. La puse en mi perfil -. Entra en los grupos que te voy a decir. Cuando estés dentro me invitas y me saludas - cada vez iba más allá, me sumergía más en Su poder, en Su dominio -.

    - Uufff, vas a ser del dominio público - la Señora Isa estaba disfrutando. Estaba siendo testigo de lo que Mi Ama estaba tomando, de que me estaba convirtiendo en un cornudo y sumiso a la vista de cualquiera.

    - Es lo que quiere Isa - en ese momento le llegó la invitación de los grupos a los que me había ordenado entrar, después de invitarla. Le llegó el primer "saludos Mi Ama" que le dirigí. "hola perro" me devolvió el saludo desde un grupo. Me miraba, observaba mi reacción, cómo se me aceleraba la respiración, abría las aletas de la nariz ensanchándola-. ¿Ves como le gusta Isa? - Mi Ama seguía hablando en el grupo, humillándome con solo dirigirse a mi para que todos los de cada grupo vieran bien mi cara y la identificaran con mi nombre de usuario. Me hacía preguntas que delataban mi condición y de quién dependo a las que debía responder -. Ahora ya puedes salir de todos los grupos despidiendote de todos. Y no cambies la foto hasta que te lo ordene expresamente - me despedí lleno de vergüenza, rabajado hasta un punto que no podía imaginar -. Isa, ¿cómo te gustaría castigarle?.

    Al oir la pregunta se enderezó, sorprendida porque se la hiciera. 

    - Se me ocurre alguna cosa Blanca, desde follarle ese culito hasta llenarle de pinzas. UUUFFFF yo que sé - se le notaba excitada.

    - Pues empieza. A ver si me entretenéis un poco - la Señora Isa se levantó, me cogió del pelo estirando de él haciendo que cayera sentado al suelo para terminar de costado.

    - Levanta maricón - la polla se empezó a poner dura. Mi Ama me prestaba, al menos así lo sentía, para ser usado delante de Ella por su amiga. Cada decisión que tomaba hacía que fuese menos, que perdiera algo que tenía y del que me privaba para siempre, sin vuelta a lo anterior. La  Señora seguía tirando del pelo hasta que me tuvo de pie con dificultad. En cualquier momento podia caerme, apenas me mantenía con los tacones. Me arrastraba llevándome hasta la mesa, con esos pasitos tan limitados y poco equilibrados. Me inclinó en ella apoyando el cuerpo en el tablero, que a su vez tensaba las cuerdas, estirando de los huevos que parecían estrujarse. Se me escapó un quejido -. No pensarís que solo ibas a disfrutas perro -. No se de dónde sacó un arnés con una polla considerable. Se lo iba a colocar cuando Mi Ama le dijo:

    - ¿No pensarás follarlo asi?.

    - Pues sí, ¿por?.

    - Mi perro, mis formas - dijo segura, con Su voz tan sensual y firme - mejor te desnudas, así estarás más cómoda y sudarás menos - la Señora Isa se paró un momento. Pensé que se estaba planteando que mejor lo hacía como le había dicho Mi Ama ha que si no era posible que no le dejara hacerlo -. Buena idea - detrás de mi oí como se desnudaba, como las prendas se deslizaban por su cuerpo -. ¿Así blanca?.

    - Sí claro, mejor. Si no no te lo habría dicho.

    Sin perder más tiempo, la Señora Isa se puso el arnés, preparandose para "la follada que te espera". Allí estaba, con el pecho sobre la mesa, las piernas juntas por el cinturón que los rodeaba, estilizadas por los tacones que levantaban los talones, para mi de forma obscena. Me excitaba la situación, me recorría un delicioso escalofrío que me hacía desear sentirme lleno. Solo me faltaba lencería femenina que tanto me gustaba y me había puesto y que ahora Mi Ama me tenía vedada salvo para las ocasiones que eligiera Ella. Sentí la punta del consolador topar con la entrada del culo, separadas las nalgas sin miramientos por los dedos de la Señora Isa. Empujó de forma constante hasta que entró la punta que imitaba la forma de un capullo. Di un ligero salto al nota el inicio de la invasión. Dolía más de lo que me imaginaba por tener las piernas sin posibilidad de separsarla. Salió un gemido ahogado de mi garganta que no evitó que siguiera empujando sin parar hasta que me llenó totalmente el culo. A partir de ahí empezó a sacarlo y meterlo sin descanso. Lo hacía de forma rápida, acelerada, constante. Paraba dando embestidas profundas, fuertes, deteniéndose cuando lo tenía metido hasta el fondo, empujando más con sus caderas, apretando mis ingles contra el filo de la mesa, empujando los huevos hacia arriba, estirados, con la sensación de que se iban a desgarrar. Aprovechada esos empujes para tirar de mi pelo y levartarme la cabeza, forzando más el estiramiento de los huevos, dificultándome más la respiración. Y seguía empujando hasta hacerme levantar los tacones del suelo. "¡Qué culo que tiene el maricón éste" decía "pero nada a cómo te lo voy a dejar cerdo". Me quejaba, gesticulaba dolorosamente. Lo que pensaba que iba a ser una enculada humillante, hasta cierto punto placentera, estaba siendo una follada impresionante que me despertaba dolor por todas partes, que me vejaba ante la atenta mirada de Mi Ama. A pesar de que no tenía descanso para buscar sus ojos sabía que me miraba, que me observaba. Solo deseaba que con satisfacción, con orgullo. 

    Hasta que la encontré al otro lado de la mesa, con expresión alegre, feliz. Tenía en Su mano el consolador negro que ya había usado conmigo, con un tope al final que hacía de ventosa. Lo puso en la mesa, debajo de la cabeza. Sabía qué debía hacer pero los tirones de pelo de la Señora Isa me lo impedía. Se fue hacia donde estaba y dándole un azote en la nalga le dijo que dejara mi pelo, que su perro tenía que hacer algo más. En cuanto tuve la cabeza libre empecé a mamarlo, despacio, lo metía y sacaba una y otra vez hasta que notaba una arcada y lo sacaba entero. En eso estaba, afanándome en hacerlo bien y complacer a Mi Ama. Una mano empujó la cabeza hasta meterlo totalmente, obligándome a soportar la arcada unos segundos, los justos para no bomitar y hacer que saliera bilis de mi boca que caía sobre el consolador y la mesa. Por fin, cuando me permitió sacarlo, vi que era Mi Ama quien me forzaba a hacerlo. Lo repitió no sé cuantas veces, provocando que los ojos se encendieran, que se irritase la garganta. Que deseara que terminase cuanto antes. 

    La Señora Isa seguía follándome sin descanso, combinando ya la rapidez con las embestidas. Parecía incansable, que hubiera concentrado toda la energía del universo. 

    No se cuánto tiempo estuvieron asi, destrozándome. Hasta que por fin pararon a la vez. No se si  noté realmente cómo sacaba el consolador del culo o ya era solo una sensación. Pero cuando noté el culo vacío sentí un gran alivio. En ese instante, recuperandome doblado sobre la mesa me di cuenta de que era así como quería vivir. Sentí felicidad, entrega sin condición.

    - Parece que te ha gustado perro - decía Mi Ama -. No has usado la palabra de seguridad - ni siquiera había pensado en ella, en la que me dijo en su dia. Para qué iba a usarla si era eso lo que quería -. Eso me ha gustado.

    Miré hacia el sofá, allí estaba la Señora Isa, descansando, con las piernas entreabiertas, mostrando su coño empapado después de haberse quitato el arnés y de follarme. Cogia aire moviendo las tetas arriba y abajo con la respiración agitada -. Parece que te gusta el coño de Isa - dijo Mi Ama -. ¿No ves que estás excitando a este perro? - la Señora juntó las piernas -. No no, no las cierres cielo, deja que disfrute un poco, jajaja - volvió a separarlas, incluso más -. Vaya, ¿no estarás deseando que te lo coma?

    - La verdad, me relajará. Un perro debe lamer muy bien,.jejeje

    - ¡Qué pervertida! - dijo Mi Ama, dulcemente, envolviéndola con Su sonrisa -. Puedes hacerlo, con una condición.

    - Ya, a tu manera.

    - Pues sí cielo. Pero si no quieres no pasa nada. Seguimos con él y ya está, ¿sufiente no?.

    - Tu perro, tu manera. Vale - - no se lo pensó mucho -.

    - ¡Qué fácil! Jejeje - ya dije que Mi Ama es sublime, que envuelve lo que la rodea, que emana poder solo con respirar -. Pues preparate. Te vas a poner sobre la mesa, llenándote el culo con eso que ves sobre ella, mirando a mi perro, piernas dobladas y abiertas - se la quedó mirando, convencida de que iba a hacerlo. No había terminado de decirlo cuando ya estaba de pie, pasando cerca de Mi Ama y recibió otra nalgada.

    - Qué mala eres - le dijo Ama Blanca -. ¿No querrás humillarme delante de tu perro? - tenía un tono pícaro.

    - Nooo, quiero humillarte para mi. Para saber mandar hay que saber obedecer. Vamos, no hagas esperar al maricón.

    Se subió a la mesa, abrió las piernas, empezó a agacharse hasta notar el capullo en la entrada del culo, se abrió las nalgas y empujó hasta que notó que la punta había entrado, paró un momento para coger aire y terminó de meterlo, sentándose encima. Empezó a mover las caderas en circulos, luego adelante y atrás. Tenía su coño tan cerca que solo tenía que sacar la lengua y lamerlo, saborearlo. Se pasó una mano por el empapado coño, moviendo las nalgas, suspirando, la puso ante mi diciendo que se la limpiara. Lo hice rápidamente, pasando la lengua por toda la palma, la retiró y me ordenó que se lo lamiera. Se estaba follando el culo apoyada una mano en la mesa, la otra en mi pelo empujando la cabeza hacia su coño.

    Mi Ama estaba detrás mio. No tardé en darme cuenta que era para follarme el culo con el arnés que se había puesto sin que me diera cuenta. Lo metió rápido, de un golpe. Noté la ropa que cubría su pubis. Hasta ese momento no la había visto desnuda. Y seguía sin desnudarse. Me follaba rápido, con embestidas cortas, constantes. Me empujaba hacia la Señora Isa, aplastando más la cara contra su coño que me llenaba de sus líquidos. ¡Cuánto desdeaba que fuera el de Mi Ama!. Siguió follándome hasta que se dio cuenta que la Señora iba a correrse.

    - Deja de lamer perro - me ordenó dándome una cachetada -. Enderézate y retírate de la mesa - terminó diciendo y sacando el consolador de mi culo.

    - ¿Por qué le haces parar? - estaba tan excitada que casi no podía hablar. No paraba de abrirse el culo, de follarlo -. Lo he hecho como has querido.

    Mi Ama se acercó a Ella, la miró a los ojos y le cogió una teta con delicadeza, pasó la lengua por ella, deprisa, la soltó para cogerle el pezón con dos dedos, sin apretar.

     - Y he cumplico cielo. Te lo ha lamido, hasta te lo ha comido - fue casi inaudible, más bien un susurro en su oido que la llevó a un orgasmo profundo, largo -. ¿Quieres decir algo más? - rió dandose la vuelta para llevarme de la mano hasta el sofá.

    - Lo estás haciendo bien perro. Pero decías que deseas que tome lo mio, lo que me pertenece. Hacías referencia a lo que más pueda importante. Y eso es, imagino, la familia - asentí -. Perro, éste es un paso muy importante. Y quiero oírtelo decir.

    - Sí Mi Ama, incluida la familia.

    - Sabes que no tomo nada que no sea entregado voluntariamente. Con la ramera ya estamos empezando. Si se entrega voluntariamente, la aceptaré. Pero qué me dices de tu hija y de tu hijo.

    - Entiendo Mi Ama. Si decide empezar también con ellos, sería un honor para su perro.

    - ¿Estás seguro?. Si se acaban entregando voluntariamente, te aseguro que de dejaré sin nada. Serás nada.

    - Si Mi Ama, estoy seguro. Si es lo que Usted desea.

    - Edad de cada uno.

    - La chica 22, el chico 18.

    - Ponles nombres.

    Estuve dudando, pensando si debía echarme atrás. Pero deseaba que tomara lo que era Suyo. Si le pertenecía, todo lo mio le pertenecía.

    - Putilla y mamon, Mi Ama.

    - Vaya nombres. Bueno si son los que quieres para ellos, que sea así. Será igual que con la ramera. No puedes llamarles de otra manera, no puedes verles de otra forma. Te costará pero te aseguro que haré que te acostumbres.

    - Si Mi Ama, gracias.

    - ¿Y no te da vergüenza llamar asi a tus hijos?

    - Si Mi Ama, mucha.

    - Eres un degenerado, perro de mierda - sus palabras, dulces, tranquilas, me penetraron hasta el último poro. Me hicieron sentir tan bajo, tan rebajado que no creía que pudiera ser tan profundo. La adoré más si cabía -. ¿Qué opinas Isa? - ya estaba sentada en el sofá,  perpleja. Mi Ama la miraba desde arriba.

    - Que cómo puede llamar así a sus hijos, yo no lo haría. Y que tienes razón. Es un puto perro degenerado de mierda-  no dijo nada de que se los hubiera entregado a Mi Ama.

    - Bueno perro, trae el cajón de ropa interior de la putilla de tu hija.

    Fui a buscarlo, andando más torpemente si cabe que antes. Seguro de que quería que me pusiera alguna prenda. Ya de vuelta me ordenó dejarlo en el suelo.

    - Date la vuelta - de espaldas a Ama Blanca noté el consolador negro empezar a llenarme el culo hasta el fondo. Era molesto, pero ya me estaba haciendo a él -. Quiero que te masturbes y te corras encima de la topa interior. Si la putilla no dice nada y se la pone, seguramente aún húmeda, es que es eso, una putilla. Mientras lo grabo con tu móvil, quiero que digas como si fuera a tu hija lo que estás haciendo y por qué - no me lo podia creer. Estaba a punto de derramarme sobre la ropa interior de la putilla y de que me grabaran mientras lo hacía.

    - Empieza perro - ordenó Mi Ama - cogí la polla con la  mano, notando el culo lleno, contrayendo en esfinter para que no se saliera el consolador. Empezó a ponerse dura. Ama Blanca me tenía totalmente humillado. Habia conseguido que me degenerase tanto a mi mismo que nada tenia importancia. Solo tenía valor lo que ella quisiera, lo que se le antojase. Se dirigió a la cocina como si Su perro no estuviera ahí, pajeándose ante la atenta mirada de la Señora Isa. Me dejó abandonado ante la paja más denigrante de mi vida. Otra vez me había equivocado. Volvía con una cuchara de madera y una paleta de plástico. Le entregó la segunda a la Señora Isa y le dijo que se pusiera detrás mio. Ella se puso delante. Mi Ama me dió el primer azote con la cuchara en un pezón, no muy fuerte. Después la Señora Isa dejó caer la paleta en una nalga. Iban alternando los golpes, a veces coincidían. Al principio no eran doloroso,los aguanta bien. Seguía masturbándome, aunque me costaba más excitarme. Pronto empezó a arder un pezón, luego el otro. Las nalgas llevaban el mismo camino. Siguieron calentando las tetas, el culo al ritmo que me pajeaba. Las quejas empezaron a salir de mi garganta. El consolador recibía golpes fuertes, certeros empujándolo hacia dentro. Quería correrme, que saltara la leche.

    - Estoy esperando que le digas a la putilla por que haces esto maricón de mierda - dijo Mi Ama, dando un azote fuerte en uno de pezones. Oí el sonido de la cámara empezar a grabar.

    - Hola putilla. Me estoy masturbando encima de tu ropa por orden de Mi Ama, para que sepas lo que soy realmente. El puto perro de Mi Ama y Dueña - jadeaba, lamentos, quejas salían de mi garganta,de mis labios -. Sí soy un sumiso con Ama que, aunque no lo sepas, también es ya tu Ama. Tengo la orden de correrme en tu ropa interior para saber si te la pones y eres realmente tan putilla como el nombre que te he puesto para Mi Ama, porque eres Suya y le.perteneces,.como el perro de quien ha sido tu padre -. Mi Ama dejó de grabar con Su sonrisa que me absorbía, me llenaba de Ella.

    - Ya puto perro, córrete - su labios en mi oido, su voz llenándome, los golpes que recibía, las tetas, el culo ardiendo, lleno, hicieron que la leche saltara más abundante de lo que recordaba. Aceleraron los azotes a medida que me corría, hasta que dejó de salir la ultima gota.

    - Muy bien perro. Has estado tan depravado como esperaba. Has perdido todo derecho sobre los tuyos. Has entregado a Tu Ama tu vida, tus pertenencias, tu ser, tu alma. La has cambiado tanto que ya solo dependes de mi y de lo que me de la gana - no esperó mi reacción, no le importaba mis jadeos, no me miró. Pero sabía que le importaba, que tomaba todo lo mio, que me aceptaba con pleno derecho y poder porque me protegía -. Ahora vamos Isa yo a descansar en la puta cama de matrimonio. A rebolcarnos en ella, a gozar del placer que me va a dar y a dejar las sábanas llenas de mis líquidos, el flujo de mi coño, porque me voy a limpiar en ellas con cada orgasmo que me va a dar, para que cuando nos vayamos te revuelques en ellos y te llenes del aroma de Tu Ama. Y la ramera duerma sobre ellos, se impregne del perfume que siempre le va a acompañar, incluso cuando esté con machos de verdad.

    ¿Cómo te van a ver?

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