El deseo hacia mi cuñada sacó lo peor de mi.

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RESUMEN

Cuando hay tanto en juego hay que pelear hasta el límite de las consecuencias.

-¡Será imbecil!- refunfuñé para mis adentros mientras me levantaba de la mesa procurando que aquella discusión no fuese a mayores.

-¡Hay que joderse!, ¡Que en mi propia casa tenga que soportar esto!- seguía murmurando en mi interior mientras me ataba el delantal para ponerme a fregar los platos.

 Cualquier cosa era buena para ocuparse y no tener que continuar sentado en la mesa del comedor al lado de aquel energúmeno, compartiendo almuerzo con alguien tan poco merecedor de mi respeto.

 -Tranquilo cari, ten un poco de paciencia-; me susurró mi esposa abrazándome desde atrás mientras enjabonaba la sartén.

 -Sí claro, con paciencia lo resolvemos todo. Esto no puede seguir así. ¡Que se busquen la vida como todo hijo de vecino!.

 -Ya lo sé amor, tienes razón... pero compréndelo. Es mi hermana y no puedo negarme. Venga, intenta tranquilizarte. Voy a servir el café. ¿Vienes?.

 -Eso, eso.. aún por encima servirles el café a los marqueses. Gracias pero paso. Voy terminar de recoger esto y despues prefiero salir a leer un poco al jardín que está muy buena tarde.

Mi esposa volvió al comedor intentando desdramatizar la situación y yo, una vez más, tuve que morderme la lengua para no decir cuatro cosas que precisamente por ciertas resultaban tan dolorosas para muchos miembros de la familia.

Hacía ya casi 6 meses que mi cuñada y su novio se habían instalado "de prestado" en nuestra casa despues de verse deshacuiados, sin trabajo, sin ahorros, y lo peor de todo, sin mucha disposición a buscar un rumbo a sus vidas.

Eva era la hermana pequeña y única de mi mujer Elena, y Carlos -su novio- el ímbecil que se merecía unas buenas hostias a ver si espabilaba y comenzaba a comportarse como un hombre.

Ambas hermanas estaban muy unidas, y aunque en los últimos tiempos nuestra relación era mucho más tensa de lo habitual por esta nueva situación, hasta hace poco Eva y yo tambien nos profesábamos un cariño mutuo fruto de una relación cordial tan duradera como los 15 años o más que yo llevaba con Elena, primero como novios y ya felizmente casados desde hacía 8.

Cuando comenzé a salir con Elena, su hermana todavía era prácticamente una niña de modo que la he visto crecer y hemos compartido muchísimos momentos importantes de nuestras vidas.

Eva fue siempre un poco más... digamos... "bala perdida" que su hermana mayor. No digo que sea mala persona ni nada por el estilo, pero nunca ha sido tan hogareña, reponsable, aplicada en los estudios y todo eso que cualquier padre desea para sus hijas como su hermana mayor.

Sudor y lágrimas emplearon en su casa, sus padres y su hermana, para que terminase al menos el bachillerato, pero ya fue prácticamente imposible convencerla para que se animase a seguir estudiando algo que le pudiese deparar un buen futuro.

Para más INRI, desde hacía más o menos 8 años, se había enamorado perdidamente de Carlos -su actual novio- y cada vez más veíamos con inquietud como el rumbo que estaba dando su vida al lado de aquel hombre no era, ni por asomo, lo que nos hubiese gustado para ella.

Era su vida, claro está, y tenía derecho a tomar sus decisiones y a cometer sus propios errores, pero eso no quitaba que tanto su hermana, sus padres, como yo mismo, hubiésemos visto siempre a Carlos con un cierto recelo pues creíamos que poco tenía que aportar a aquella relación más allá de su egoísmo, irresponsabilidad y desfachatez.

A lo largo de todos estos años, todos hemos ido creciendo, madurando, y desarrollando nuestros proyectos vitales del modo que mejor hemos sabido y procurando aprovechar las oportunidades que la vida nos ha ido poniendo por delante. Mi mujer Elena, tras terminar su carrera, comenzó a trabajar en el departamento de estudio de riesgos de una entidad bancaria y a día de hoy, tras muchas horas de trabajo y varios ascensos, gozaba de un puesto de cierta responsabilidad que podríamos considerar bastante bien remunerado.

Yo, por mi parte, era Ingeniero en Informática y me había licenciado en Administración y dirección de empresas. Tras unos interminables años trabajando de sol a sol en una gran empresa dedicada al desarrollo de software, y viendo como quienes partían el bacalao estaban muy lejos de los despachos donde yo me movía, hacía ya varios años que había emprendido mi camino en solitario y aunque obviamente mi empresa no era del tamaño de otros colosos del sector, afortunadamente las cosas no me habían ido demasiado mal y a día de hoy dirigía un pequeño estudio, con 8 personas trabajando para mi, y que me reportaba unos muy dignos honorarios, que junto a los de mi mujer, nos permitían vivir desahogadamente, ahorrando de cara al futuro, y pudiéndonos permitir algún que otro capricho de cuando en vez.

Eva, tras terminar sus estudios, se enredó en no se cuantos cursos -por llamarlos de algún modo- intentando descubrir cual era su vocación. Fotografía, escaparatismo, no sé que cosa de márketing emocional o alguna chorrada de esas, etc... Trabajó en varias empresas distintas, pero en ninguna de ellas parecía encontrar acomodo y se parecía conformarse con trabajar medio año y vivir del paro otros cuantos meses hasta que otro arrebato le descubría una nueva vocación, si cabe todavía más descabellada que las anteriores.

Su novio Carlos, era uno de esos hombres "labrados a sí mismos, que habían estudiado en la universidad de la vida" -tal y como a el mismo le gustaba pavonear- (¡Grrr..! ¡Cuanto me irritaba oirlo decir esas sandeces!).

Tras un currículum tambien bastante variopinto, en pleno "boom del ladrillo" cuando medio país vivía de ilusiones mientras otros seguían trabajando duro día día, había estado una temporada dedicándose a la compra-venta de vehículos de ocasión de alta gama de esos que traían de Alemania (se autodenomiaba "importador de vehículos de lujo".. ¡con un par de huevos!) y tambien había hecho sus pinitos en el mundillo de la hostelería nocturna. Ya sabéis, que si me saco unos dinerillos de relaciones públicas para la discoteca del momento, que si "participo como socio capitalista" con un colega que va a montar un bareto, etc... Seguro que todos conocéis a algún personajillo así.

El caso, es que en aquellos años de exceso consumista y derroche, el chaval se veía crecido y con cuatro duros en el bolsillo así que tampoco se preocupaba demasiado por sentar la cabeza. Mi cuñada Eva, contagiada un poco por este "vive a lo loco que lo bueno dura poco", tambien se resistía a pensar que aquella efervescencia tarde o temprano pasaría y bueno... ya todos os podeis imaginar.

Iba ya para un año desde el último empleo temporal de Eva. Carlos había quedado fuera de todo aquel círculo de "empresarios" de la noche y aquellos colegas a los que había prestado pasta para convertirse en socio capitalista, corrían idéntica o peor suerte que el. Coches de esos "importados" ya no se vendían con tanta alegría y el paro hacía tiempo que se había agotado. 

Así que, rondando ya los 30 como estaban, se volvían a ver como 2 adolescentes. Sin un duro en el bolsillo, sin poder vivir la vida que deberían a estas alturas del partido, y subsistiendo gracias a la ayuda que sus seres más allegados les podían brindar.

Cuando el propietario del piso donde vivían los deshaució por impago, mis suegros les ofrecieron irse a vivir con ellos al pueblo, pero el inteligente de Carlos -como no- consideró que ese plan no era muy apropiado pues allá en el pueblo les sería dificil encontrar una salida laboral a la altura de sus expectativas. A el lo que le molaba era vivir en la ciudad, pasar las mañanas de bar en bar con los amigotes, tomar el aperitivo por ahí, dormir la siesta despues de comer, y tocarse los huevos a cada rato esperando que esa magnífica oportunidad que le haría vivir como el se merecía vienese a buscarlo a la puerta de casa.

Eva, contagiada por su estupidez (ya lo diche el refrán.. los que comparten colchón se vuelven de la misma condición), prefería tambien buscar un plan alternativo así que apelando a su hermana, y enrendando un poco por aquí un poco por allá, todavía aún hoy no sé como llegué a aceptarlo, pero convenimos que se quedasen un tiempo viviendo con nosotros mientras no encontraban trabajo y encarrilaban sus vidas.

De esto va hacer en breve los 6 meses y ni os imagináis todo lo que tengo que soportar para no terminar mandándolos a tomar por culo y evitar así el sufrimiento que ello causaría a mi mujer y a mis suegros.

Tanto mi mujer como yo, tal vez por estar acostumbrados a trabajar con personas bajo nuestro cargo, somos conscientes y estamos acostumbrados a gestionar las relaciones humanas de un modo respuestuoso, justo pero correcto y exigente a la vez. Hay ciertas conductas que son totalmente intolerables y por suerte o desgracia, esta especie de código vital, se ha ido impregnando en nuestra piel a lo largo del tiempo de modo que es parte de nuestra forma de ser y nos cuesta compartir espacio con esos que podriamos etiquetar como "gente tóxica".

Lo malo, es que eso se dice de boca para afuera, pero llegado el momento, cuando la persona tóxica es un ser querido como en este caso su hermana pequeña y por extensión su cuñado, muchas veces se comulga con ruedas de molino y se muerde uno la lengua para consentir comportamientos que en fondo, sabe uno que son totalmente injustificables.

Dejando a un lado el tener que ver como -sobre todo Carlos- dejan pasar los días uno tras otro sin tomar la más mínima iniciativa y emprender una búsqueda activa de empleo (y el empleo no se busca sentado en el sofá buscando por internet), soportar la carga económica que su manutención nos supone, la incomodidad que implica tener que renunciar a parte de la intimidad de nuestro hogar, etc.. todavía, por si todo ello fuera poco, tengo que soportar su falta de educación, sus aires de grandeza, y que vivan sin agradecer todo lo que por ellos hacemos.

Así más o menos, era la situación en mi casa en los últimos tiempos, pero por fin, parecía que mi suerte iba a cambiar. Todo este calvario sufrido iba a tener su recompensa; una recompensa que nunca hubiese podido ni imaginar.

Hacía ya algún tiempo que tenía unas ligeras sospechas de que en casa desaparecía dinero. No eran grandes cantidades pero había constadado ya en varias ocasiones como dejaba el cambio que traía de la compra en una bandejita que tenemos en el recibidor y al día siguiente, habián desaparecido unas cuantas monedas de uno o dos euros.

No le daba mayor importancia, pero me molestaba un poco el hecho de que -no voy a culpar a nadie pero podía imaginar quien era- "alguien" se tomase esas libertades sin ni tan siquiera informarme de ello.

Otras veces tenía la sensación de que desaparecían a lo mejor 20 € que juraría tener en la cartera, ya sabéis.. detalles así que me tenían un poco mosca, y que por aquello de no levantar polémica en casa, prefería ignorar y mirar para otro lado.

Si a eso le sumába detalles como por ejemplo, ver que a Carlos nunca le faltaba tabaco, o que se salían a tomar unas cañas sin problema alguno, pues bueno.. creo que no hace falta ser muy listo.

El caso, es que poco a poco, me comenzaba a dar la impresión de que ya no eran sólamente unas monedillas las que faltaban de la bandejita del recibidor, sino que incluso me parecía que desaparecía dinero de una caja que guardamos en el armario de nuestro dormitorio.

No hay allí millones claro está, pero vamos... dinero suficiente como para despertar la codicia de los amigos de lo ajeno.

No podía comentar abiertamente mis sospechas con Elena, porque sabía que iba a empezar con lo de siempre: Que si le tengo manía a Carlos, que si por favor les de un voto de confianza, que es su hermana y sufre si la ve pasarlo mal, bla, bla, bla... Al no poder saber con precisión si el dinero lo cogía mi esposa o que pasaba con el, decidí tomar cartas en el asunto y si mis sospechas se confirmaban, ya tendría oportunidad de poner las cosas en su sitio.

Tras unos días en los que procuraba no dejar dinero perdido por ningún rincón de la casa a fin de que el único sitio posible para el pillaje fuese mi dormitorio, y con la excusa de que tenía una reunión fuera de la ciudad de modo que saldría directamente desde casa -sin pasar antes por el despacho- dejé que mi mujer marchase antes que yo a trabajar para quedarme sólo en mi cuarto.

Elena salió y yo quedé haciendo la cama, arreglándome, vamos.. todo con total normalidad.

Antes de salir para trabajar, eso sí, dejé dispuesto un móvil que no usaba en el cual había instalado una aplicacion de videovigilancia, colocado estratégicamente al lado de unos libros que había en el estante inferior de una de las mesillas de noche, de modo que la cámara del móvil enfocaba directamente al armario donde guardábamos el dinero.

Es muy curioso esto de los smartphones, porque a poco que busques en internet, te encuentras aplicaciones para casi todo.

Esta concretamente me resultaba muy útil porque en lugar de tener que dejar el móvil grabando constantemente, permitía programar la activación de la grabación de la cámara cuando se detectaba un movimiento o un aumento significativo de la iluminación del entorno. Es decir, dejando el cuarto prácticamente a oscuras, la grabación se iniciaría automáticamente nada más encender la luz.

Además, tenía una clave de seguridad que impedía abrir la aplicación sin autorización. De este modo, aunque alguien viese el móvil allí colocado y lo cogiese, no podría llegar a saber que esa aplicación se estaba ejecutando.

Muchas veces, el mejor modo de esconder algo, es precisamente haciendo todo lo contrario. Dejándolo perfectamente a la vista pero buscándole una ubicación que no desentone.

¿Donde esconderías a un elefante?... ¡En mitad de una manada de elefantes!

El caso es que salí a trabajar como si nada, esperando ansiosamente la hora de volver a casa y ver si mi trampa había capturado a su presa.

Aquel día tanto Elena como yo teníamos una agenda bastante liada de modo que ninguno de los dos iríamos a comer a casa, así que por la tarde, intenté despachar todos los asuntos pendientes lo más rápidamente posible para poder irme pronto y llegar a casa con tiempo suficiente de revisar si el móvil había o no gravado algo.

Llegaría a casa a eso de las 18.30 más o menos. Al entrar, comprobé como no había nadie pues Elena estaría trabajando, y los otros dos andarían a lo suyo -como siempre-. Me saqué la corbata, los zapatos, dejé una carpeta con papeles en el estudio y rápidamente corrí a la habitación para calmar la intriga.

Introduje la clave de seguridad en la aplicación y ¡Oh sorpresa!... Un icono con forma de cámara de video y un texto que ponía "Total new records: 1" me informaron rápidamente de que efectivamente sí había algo para mí.

Tranquilo -me decía para mi interior- tal vez sea un error y el sensor haya saltado porque un rayo de sol se coló por un agujerito de la persiana.

O tal vez Eva haya estando pasando el aspirador y hay entrado al cuarto. ¡Si ya!.. ¡Y que más!.

Con el corazón palpitandome a 100 por hora pulsé el play y el vídeo comenzó a reproducirse. En pantalla pude ver como tras un fogonozao inicial -por la variación de luz nada más activar el interruptor- aparecía Carlos entrando tan tranquilimante en el cuarto.

-Hijo de puta. Ya veremos quien rie el último..

Efectivamente mis sospechas se confirmaban y en el vídeo pude ver como se dirigía directamente al armario y abriendo la cajita del dinero cojía un billete de 20 y otro de 10 euros.

-¡Que cabrón!..

Pero todavía había una sorpresa mayor y que yo ni tan siquiera habría podido imaginar.

Tras cojer el dinero, y colocar milimétricamente la caja en su sitio supongo que procurando que nadie se percatase de que había sido movida, abrió la otra puerta del armario y directamente abrió el 4º cajón del interior.

Rápidamente me di cuenta. Ese era el cajón donde mi mujer guardaba su ropa interior.

El corazón me palpitaba a mil por hora y di gracias a que Carlos no estaba en casa en aquel momento. Soy de los que piensan que no es inteligente actuar en caliente, y quería que mi venganza fuese fría y meditada, pero que me parta un rayo si no ardía en deseos de darle de hostias a aquel baboso hasta dejarlo en el sitio.

Además, había ido directamente al 4º cajón. No había comenzado a rebuscar uno a uno. Eso significaba que conocía perfectamente lo que se guardaba en cada uno de ellos y que no era la primera vez que lo hacía.

Presencié como sacaba varias de sus braguitas y tangas y volvía a colocarlas cuidadosamente dobladas en su sitio. Deleitó la vista tambien con uno de sus sujetadores, imaginándose las tetas que aquella tela solía cobijar y comparándolas -imagino- con las de su novia. Aunque Eva tambien es una chica muy atractiva, ciertamente no es tan "voluptuosa" como su hermana mayor y seguramente Carlos habría fantaseado en muchas ocasiones con follarse a mi mujer.

Bien es cierto que -en parte- no podía culparlo por ello, pues yo en su lugar hubiese estado tentado a hacer lo mismo. Es más... tampoco vayáis a pensar que uno no tiene sus fetiches y sus fantasías, sólo que al menos, intento ser más inteligente y no dejar rastros que me incriminen.

He de reconocer que yo tambien había tenido -y las tengo-  mis fantasías con mi cuñada, pero ¡que coño!, nadie dice que esto tenga que ser justo y equitativo. Yo puedo fantasear con quien me de la gana, pero que nadie fantasee con mi mujer.

Tras guardar cuidadosamente su sujetador en el cajón, Carlos se dirigió al cuarto de baño de nuestro cuarto, y aunque no podía verlo con total claridad pues el ángulo de visión no era del todo completo, ví lo suficiente como para intuir lo que se proponía. Había ido directamente al cesto de la ropa sucia, esperando encontrarse ropa interior usada de Elena.

Afortunadamente -seguramente el no lo consideró igual- Elena había echado la lavadora ayer por la noche y esta mañana había quedado la colada secándose en el tendedero, de modo que no había nada en el cesto.

Eso tampoco me tranquilizaba, pues era obvio que no era la primera vez que hacía eso y seguramente ya había tenido tiempo de satisfacer sus deseos en ocasiones anteriores.

Aquella noche propuse a mi mujer salir a cenar fuera, más que nada para no tener que coincidir a la mesa con Carlos, porque dudo mucho que hubiese sido capaz de estar a menos de un metro de el y no abrirle la cabeza de un botellazo o algo peor.

-¿En qué piensas cari?. Te noto distraído - me preguntó Elena mientras parecía practicarle la autopsia al entrecot que tenía delante.

-Disculpa, no es nada en particular.

-Algo que te pasa que te conozco...

-Que va, tranquila. Será que estoy estresado. Está siendo una semana complicada en el trabajo y supongo que no consigo desconectar del todo.

-Si no te apetecía salir podíamos haber quedado en casa.

-Si claro... como últimamente podemos disfrutar tanto de la comodidad del hogar.. ¿verdad?.

-Ya lo sé amor, pero venga.. no te preocupes que ya verás como pronto se soluciona todo.

Y que lo digas -pensé para mi-. Mi cabeza no hacía más que dar vueltas pensando en como poner en su sitio a aquel gilipollas y recobrar de una vez por todas el control de mi vida.

Regresamos a casa paseando, cogidos de la mano, disfrutando de la cálida noche que había quedado. En el fondo, aunque ninguno de los dos lo reconociese abiertamente, supongo intentábamos alargar el paseo lo máximo posible con la esperanza de que al volver Eva y Carlos se hubiesen ido ya para cama y pudiésemos aparentar una cierta normalidad en nuestro hogar.

Una ducha rápida antes de meternos en cama y Elena se acurrucó contra mi pecho procurándo los últimos mimos antes de ponernos a dormir.

Mientras ensortijaba su pelo entre mis dedos, ella continuaba notándome preocupado.

-Venga, desconecta... que ahora no son horas de pensar en temas del trabajo.

-Que sí mujer, que no pensaba en eso- Y claro que no pensaba en el trabajo, mi mente tenía otras preocupaciones mayores a las que atender.

-Yo sé lo que necesitas para relajarte- me susurró picaronamente mientras se deslizaba entre las sábanas con ávidas intenciones.

Agazapada en el fondo de la cama, me bajó los pantalones y casi sin darme tiempo a reaccionar se metió mi polla en la boca. Así, completamente, como ella sabía que me gustaba que me hiciese.

Me encantaba la sensación de ir notando como mi polla se ponía tiesa dentro de su boca. No es que prefieres que no fuese así, claro está, pero siempre he pensado que los que tienen una polla más bien pequeña tienen que disfrutar mucho más del sexo oral.

Sin ánimo de parecer un fanfarrón, he de reconocer que no estoy para nada descontento con las proporciones de mi virilidad. Mi mujer supongo estará encantada con algo contundente que le inunde las entrañas, pero de cara a practicar sexo oral, supongo que es más fácil manejar algo pequeño que un buen rabo que no consigues digerir en su totalidad.

Es por eso que me encantan estas mamadas "a medio gas", cuando me la chupa sin tenerla totalmente dura, o cuando me la come despues de unos cuantos polvos consecutivos. Cuando ya casi la tengo que no se me da recuperado, Elena es capaz de manejarla con mucha más destreza y se la engulle profundamente lo que me hace enloquecer de placer.

Ella se afanaba en darme placer debajo de las sábanas, y aunque claro está sus estímulos me sabían a gloria, no conseguía concentrarme del todo en disfrutar del momento, pues cada vez que recordaba a Carlos urgando en aquel mismo armario que a escasos centímetros de donde yo estaba tumbado escondía las intimidades de mi esposa, la sangre me hervía por dentro y la rábia y la mala hostia me impedían desarrollar la totalidad de mi erección.

Casi casi podía notar su presencia allí mismo. Saber que justo encima de aquella alfombra había estado Carlos de pie, fantaseando con mi mujer, me revolvía las vísceras. Notaba como si una extraña presencia se hubiese instalado en nuestro cuarto y nos acechase constantemente.

Como si de una película de suspense se tratase, me venía a la cabeza la imagen de Carlos deámbulando por la habitación, observando como Elena me la chupaba debajo de las sábanas.

En un extraño flash de esos que te nublan el sentido por un instante, llegué incluso a imaginarme que Carlos -su presencia- se acercaba a la cama y levantaba las sábanas desde los pies hacia el cabecero para dejar el culo de mi mujer al descubierto.

En esa suerte de pesadilla, Carlos bajaba las bragas de Elena que a cuatro patas seguía practicándome aquella deliciosa mamada, y mientras ella me la chupaba, el muy baboso se la follaba allí mismo, delante mía...

-Mi amor, ¿Estás bien?... A "esto" le cuesta responder; me inquirió Elena volviéndome a poner en la realidad del momento.

-Tienes razón cariño, lo siento. Estoy un poco distraído, pero tranquila que ya me pongo a tono.

Intetando expulsar la imagen de Carlos de mi cabeza, eché para atrás las sábanas para poder ver con claridad a Elena. Sutílmente iluminada por la cálida luz de la lámpara de la mesita estaba preciosa ahí abajo, agarrada a mi polla con los labios brillantes por la humedad de mis fluidos y sus propias babas.

Agarrándola por los hombros, la empujé levemente hacia el lado derecho para que terminase tumbada sobre su costado, al tiempo que yo me giraba tambien y poniéndome medio de lado, acerqué de nuevo la polla a sus labios para que la engulliera otra vez.

Teniéndola así medio morcillona, le resultaba relativamente fácil tragársela hasta el fondo de modo que mi pubis le golpeaba directamente los labios.

En esa posición era yo quien controlaba algo mejor la profundidad y cadencia de mis embestidas. Rítmicamente comenzé un acompasado vaivén de caderas, mientras mi polla entraba y salía de su boca al tiempo que -ahora ya concentrado en la faena- se ponía totalmente dura.

La miraba fijamente a los ojos mientras le follaba la boca. Ella intentaba controlar mis empujes mientras con la mano me acariciaba los huevos y deslizaba sus dedos por mi perineo.

Tras algunos minutos de ritual, notaba como mi orgasmo estaba cerca. Tras tantos años juntos, ella tambien presentía que mi momento estaba a punto de llegar, así que se retiró el pelo que tenía aprisionado debajo de su mejilla por si acaso se le escurria algo no terminase manchándole la melena.

Interpreté su señal como via libre para correrme en su boca, de modo que incorporando mi posición para tener pleno control de movimiento, y retirando el pelo del otro lado por detrás de su oreja, agarré cariñosamente su cabeza para sujetarla mientras le entregaba toda mi esencia. Esta siempre había sido una de nuestras formas preferidas de terminar el sexo oral.

Empapando nuevamente sus dedos en aquella mezcla de fluidos que se desprendía por su boca, deslizó su índice por mi entrepierna hasta terminar acariciándome el ano mientras mis huevos terminaban de reposar en su palma.

Nunca terminó de gustarme la idea de experimentar nuevas sensaciones por la puerta trasera, pero ciertamente unas carícias íntimas con la puntita del dedo eran el detonante último para el gran climax. Y mi mujer lo sabía; ¡vaya si lo sabía!.

Sin poder aguantar más, un latigazo de placer me recorrió el cuerpo desde los pies hasta la cabeza, provocando que mi polla explotase en el interior de su boca.

Tras el primer espasmo, Elena pegó un pequeño salto fruto del instintivo reflejo al notar mi primer lefazo golpeándole la campanilla, pero rápidamente recobró la compostura y con el característico movimiento de cabeza terminó de exprimirme toda la leche que tenía dentro.

Notaba como el semen era expulsado a borbotones dentro de su interior, pero he de reconocer que a lo largo de estos años mi adorable esposa había desarrollado una magnífica capacidad de digerir con soltura una situación como aquella.

Afanada en que no se le escurriese nada por la comisura de los labios -imagino que tampoco le hacía gracia tener que cambiar las sábanas- tragaba todo lo que mi polla liberaba, mientras yo caía extenuado sobre la cama, con su cabeza entre mis manos, mi polla en su boca y totalmente liberado de tensión.

Haciendo acopio de las pocas fuerzas de las que podía disponer en aquel preciso instante, retiré mi polla de su boca y ella me regaló la vista enseñandome los últimos restos que conservaba sobre su lengua.

Mirándome pícaramente a los ojos, se lo tragó todo y mientras relamía las últimas gotas que quedaban en mi capullo se rió mientras yo daba gracias a la vida por la suerte que tenía al haber encontrado una persona tan maravillos con la cual compartir la vida.

Aquel desahogo consiguió calmar un poco mi ansiedad, y aunque me costó bastante conciliar el sueño pues no paraba de pensar en el modo de poner a Carlos en su sitio, finalmente mi interruptor mental se puso en OFF y me dormí con la esperanza de que al día siguiente las cosas se viesen con mayor claridad.

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Rutina diaria. Suena el despertador, aseo matutino, desayuno con mi mujer mientras "los invitados" siguen durmiendo plácidamente hasta media mañana, salida hacia el trabajo... pero de camino en el coche decido cambiar de planes.

No tengo hoy un día lo suficientemente lúcido como para ocuparme de mis quehaceres del modo que yo mismo me exigo, así que prefiero tomarme la mañana libre e intentar poner mi cabeza en orden.

Marcación por voz. Llamar a "Oficina". Tuuuu, tuuu, tuuu...

- (que comprenderéis mantenga en el anonimato). Buenos días. ¿En que puedo ayudarle?

-Buenos días Rosa, soy yo. Esta mañana me ha surgido un imprevisto y no voy a poder acercarme por el despacho. De la reunción que estaba programada con la gente de XXXX (vuelta al anonimato) que se ocupe Rafael y del resto de asuntos ya sabes tu a quien delegárselos. Para cuestiones urgentes me mandas un e-mail y en cuanto pueda te llamo yo. Para el resto, puede esperar todo hasta la tarde. Estaré ahí despues de comer. ¿Todo OK?.

-Por supuesto.

-Bien. Gracias.

-No hay de que. Hasta la tarde.

Giré en la próxima intersección y puse rumbo al gimnasio. Tal vez unos cuantos largos en la piscina me ayudasen a ver la luz al final del tunel.

Mientras mi cuerpo surcaba la piscina de extremo a extremo, en mi cabeza intentaba ordenar todas las piezas que componían aquel puzzle. Por momento venían a mi vaguedades que intentaban ser parte de la venganza ideal, pero rapidamente se descolaban y a toda idea le encontraba "pero" alguno. Planificaba como tomar represalias contra aquel indeseable, pero debía sopesar las consecuencias que todo aquello tendría.

Eran muchas variables las que entraban en juego, variables de dificil raciocinio como los lazos afectuosos que se dan entre miembros de una misma familia.

Cualquier acción contra Carlos, supondría causar un gran daño a mi cuñada y por extensión, si ella sufría, sufriría tambien mi esposa, sus padres,etc...

No podía exponerme y que yo terminase siendo el culpable de todo aquel daño emocional en la familia. Yo sabía que aunque de modo injusto, eso terminaría siendo así. Pufff!.... ¡Estaba hecho un lío!.

Tardé todavía varios días en ir perfilando los detalles de mi estrategia. Por fin, parecía tener un camino a seguir y aunque ciertamente sabría que habría consecuencias doloras, debían ser considerados males menores.

El siguiente sábado por la tarde mi mujer y su hermana habían salido juntas para ir de compras. Yo tenía partido con los amigos en unas horas y Carlos, pues andaba por la casa adelante haciendo lo mejor que sabe hacer. Tocarse los huevos.

Era el momento. Estábamos sólos. Había llegado la hora de poner las cartas encima de la mesa.

-Carlos. Ven un momento por favor- le grité desde el estudio.

-¿Qué pasa?; me preguntó mitad extrañado mitad molesto por haberlo hecho levantarse del sofá.

-Sientate por favor. Quiero hablar contigo.

-Tu dirás- cada vez estaba más inquieto.

-No sé ni por donde empezar, la verdad. Como hay cosas para las cuales ni tan siquiera encuentra uno palabras, creo que es mejor que lo veas por ti mismo.

Presioné el play del ordenador y giré la pantalla para que el mismo pudiese ver su fechoría gravada en vídeo. Se puso pálido al instante.

-¡Joder!; ¿me has estado espiando con una cámara?. ¡Esto es increible!

-¿Esto es increible?. ¿Eso es lo único que tienes que decir?. Te pillo robando en mi casa y soy yo el que debe justificarse.

-No hombre, no es eso.. es que.. joé.. tu ya sabes tío...; me exasperaba aquel balbuceo más propio de un adolescente poligonero.

Tienes que perdonar pero entiéndeme. Llevo sin curro no se cuanto tiempo y necesitaba unas pelillas para ir tirando.

-¿Qué te entienda?. ¿Pero tu que prentedes, reirte en mi propia cara?, le pregunté mientras detenía el video.

No recuerdo exactamente las tonterías que tuve que oir en aquella discusión, pero estaba cansado de tanta payasada. No había nada que discutir. Aquello era lo que era y punto.

-¿Qué vas a hacer?, ¿Se lo vas a decir a Eva?.

-¿Decirle el qué?. ¿Que su novio roba a su própia hermana?. ¿Que roba a quien os ayuda y os mantiene?. ¿O prefieres que le cuente lo que viene despues del robo?...

-No sé de que me hablas. Intentó excusarse.

-¿Qué no lo sabes gilipollas?... ¿Qué no lo sabes?, y volví a pulsar el play para que terminase de comprobar como tambien lo había pillado urgando en el cajón de mi mujer.

Su actitud cambió radicalmente al comprender que no tenía ya nada que hacer. Sus días bajo nuestro amparo habian acabado. Lo habían pillado y ya no había nada que justificar ni que excusar.

Sabiéndose totalmente perdido, intentando una huida hacia adelante, hizo acopio de toda su chulería y desfachatez e intentando aparentar no perder la dignidad se dirigió a mi en actitud desafiante y bravucón.

-Bueno, Si, ¿Y qué?.. Me la pelo pensando en tu mujer, es cierto. ¿Es que acaso tu nunca le has puesto el ojo a mi chica encima?... ¿O crees que no me doy cuenta de como la miras disimuladamente cuando lleva escote, o cuando se le marca el tanga por debajo del chandal...?. Intentas disimularlo, pero aunque te joda somos de la misma calaña. Somos depredadores que aprovechan cualquier oportunidad para lanzar sus garras sobre su presa.

-No te confundas. Ya que ponemos las cartas encima de la mesa, no voy a negarte que comparto contigo esa "ansia depredadora" y sí, no lo niego, yo tambien fantaseo de vez en cuando con Eva. Ambos somos hombres y va en nuestros genes. La diferencia, amigo mio, es que las habilidades de cada uno son muy distintas.

Ningún zorro, por muy depredador que sea, se atreve a enfrentarse al león y ese ha sido tu error. El león te ha ofrecido cobijo en su guarida y tu, del modo más absurdo, has osado traicionar su confianza.

Y ambos sabemos como son las reglas del mundo animal. Esto sólo tiene una posible salida. El enfrentamiento a muerte entre ambos oponentes.

-¿Qué insinuas?.. ¿Que me quieres sacudir?.

-Ni te imaginas cuanto me gustaría darte unas buenas hostias, pero -por suerte para ti- te tengo reservado otro final más a la altura de lo que te mereces.

-¿Se lo vas a contar a Eva entonces?.

-No. Mucho mejor que eso. Esta información en mi poder es lo que me va a permitir tenerte a raya, de modo que, desde ahora mismo, acatarás y aceptarás todas las ordenes que te dé. Sin rechistar. Vas a tragarte esa chulería tuya y desde ahora en adelante, vas a comportarte como un borrego que obecede las ordenes de su pastor.

-¡Si hombre!... ¡Ya te gustaría!. Si eso es lo que pretendes ya estás descolgando el teléfono y contándole a Eva todo lo que quieras. Me da igual.

-Sí claro, eso te gustaría a ti. ¿Total que podría pasar?.. ¿Qué te dejase?. ¿Y a ti qué verdad?. Ella quedaría con el corazón roto y tu te irías de rositas como si nada. Una vez más, sólo pensando en ti. ¡Cómo eres de egoista!.

No pienses que vas a salir de esta como si nada, y que los demás aguanten las consecuencias de tus actos. No Carlos no.. esta vez no te va a ser tan fácil.

Vas a acatar todo lo que yo te exiga, porque sino, vas a tener que atenerte a las consecuencias.

-¡Que fanfarrón eres!... ¿Pero qué piensas que me puedes hacer?.

-¿Ya se te ha olvidado lo de aquel incidente con el bareto de Logroño ?.. Sé que de eso hace ya bastantes años pero.. ¿tan mala memoria tienes?. ¿O acaso crees que Eva no se lo contaría a su hermana?. Y claro, si su hermana lo sabe, yo tambien.

Carlos comenzó a ponerse pálido. La chulería y bravuconería que hasta el momento mostraba comenzaba a desaparecer de su cara.

-Eso es agua pasada.

-Claro que sí. Pero los antecedentes quedan ahí de por vida. Que en su día no hubieses tenido que ir a prisión por carecer de antecedentes y que la condena por aquel intento de estafa al seguro de tu ruinoso bar fuese inferior a 2 años, no significa que si ahora, te vuelven a condenar, te libres de pasar una temporadita entre rejas. Seguro que allí terminas haciendo buenos amigos y todo.

-¡Maldito hijo de puta!, masculló entre dientes.

-Trátame con respeto baboso de mierda, si no quieres que te denuncie y te meta en el trullo. Porque con este vídeo nada me será más fácil. Ya estoy viendo a tu abogado de oficio, porque otro mejor no podrás pagarte claro está, dando el caso por perdido nada más presentarte ante ti. "Don Carlos, ha sido un placer pero poco más puedo hacer por Vd. Buenas Tardes". ja,ja... ¡Si ya lo estoy viendo!.

-Por tan poco dinero robado seguramente ni me condenarían a prisión. Tal vez una multa y punto, y total, soy insolvente.

-Insolvente, insolvente.... ¡Tu lo que eres es idiota!. ¿Piensas que me costaría mucho adornar un poco lo sucedido?. Seguro que a un buen abogado, de esos que yo sí puedo pagar, se le ocurren mil y uno modos de acusarte de multitud de delitos. Robo, acoso sexual, atentado contra el honor y la dignidad, y seguro que un largísimo etcétera más.

-¿Qué quieres a cambio de tu silencio?. Por fin se rendía.

-Ya te lo he dicho. Que acates toda y cada una de las instrucciones que te voy a dar desde ahora mismo y en adelante.

-¿Y que garantías tengo de que vas a cumplir con tu palabra?.

-Ninguna. Esto no es una negociación. Yo ordeno y tu obecedes. No hay otra.

-Eso así es inasumible, ¿o acaso estás loco?.

-Llámalo como quieras, pero no voy a continuar con esta conversación. Es la única ocasión en la que vas a tener esta propuesta encima de la mesa. Acéptala o levántante y sal de mi vista inmediatamente.

Tras unos segundos de duda, por fin respondio:

-De acuerdo. ¿Qué quieres?.

-Bien Carlos bien, veo que por fin lo has comprendido. En primer lugar, me vas a traer aquí, ahora mismo, tu portatil, el disco duro externo ese que tienes para almacenar películas, cualquier pendrive o tarjeta de memoria que puedas tener y tu móvil. Los vas a dejar aquí encima de mi mesa, y te retirarás al salón o a donde te de la gana. Ya te avisaré cuando quiera devolvértelos. ¿Está claro?.

Su voz se mostraba temblorosa y viendo como se secaba contra el pantalón deduje que sus manos chorreaban al intuir cual era mi propósito.

-Sin rechistar. Yo ordeno y tu obedeces. ¿Está claro?; le corté abruptamente antes de ni tan siquiera dejarle exponer sus objecciones. Deja ahí tu móvil y ve a buscar el resto de las cosas. Tienes 30 segundos, no necesitas más. Lo digo más que nada por si estás pensando en eliminar algo del ordenador antes de bajármelo.

Casi sin poder terminar de creerse lo que estaba pasando, se levantó de la silla y pude oir sus pasos subiendo la escalera que conducía a su cuarto.

A los pocos minutos, bajó trayendo consigo todo lo que le había pedido.

-Algún día me las pagarás; se atrevió a increparme mientras dejaba el material encima de mi mesa.

-Ojalá. Será una de las pocas ocasiones en la vida que tengas de que alguien te pague algo que no sean las cañas que andas gorroneando de bar en bar. Anótame en este papel la contraseña del ordenador y el PIN de desbloqueo del teléfono. Despues sal y cierra la puerta.

Su mano temblaba mientras me anotaba las contraseñas.

Nada más salir Carlos y quedarme sólo, me recosté plácidamente sobre la silla exhalando tras los momentos de tensión vividos. No me lo podía creer. El primer paso de mi plan había salido bien y tenía ante mi lo que esperaba fuese mi gran tesoro.

Sobra decir a estas alturas lo que ya todos seguro tambien estáis pensando. ¿Para que querría yo su ordenador?. Pues sí, efectivamente. ¡Para eso mismo!.

Suponía que, como todos los varones, Carlos almacenaría en su ordenador fotos y videos digamos "comprometidos" de su chica, de mi cuñada.

Todavía no estaba seguro de ello, pero al ver la cara que Carlos puso cuando le ordené traérmelo estaba casi convencido de que no me faltaba razón.

Mientras encendía el ordenador mi corazón palpitaba a 1000 por hora pensando en lo que -con suerte- me encontraría alli dentro. Por fin saciaría uno de mis más íntimos y oscuros fetiches, y lo que todaviá me causaba más satisfacción, Carlos sería conocedor de ello sin poder hacer nada por evitarlo.

Simultáneamente conecté el disco duro externo y un Pendrive que tambien tenía en mi propio equipo para revisar todo más rápidamente.

La memoria USB estaba vacía, y tras pasarle un programa de esos que recupera archivos recientemente eliminados, no había nada interesante digno de ser rescatado. Exploré minuciosamente todas las carpetas de su portatil, asegurándome de no dejar ninguna oculta o similar.

Hice búsquedas por tipo de archivo para ver todas las ubicaciones con fotos o videos pero de entre los múltiples resultados encontrados, nada parecía ser lo que andaba buscando. Había multitud de videos porno, clasificados en carpetas y cosas así, pero ningún material de Eva.

Pasé a rebuscar en el disco duro externo conectado a mi ordenador, y tras activar la vista de archivos ocultos, rápidamente descubrí una carpeta que no daba lugar a ningún género de duda. "Eva X". ¡Eso era lo que andaba buscando!.

Un doble click y descubrí ante mi multitud de fotos y videos, clasificados en carpetas, con títulos de lo más sugerentes: mamada en la playa, a cuatro patas, vacaciones 2009, 2010..., etc, etc...

Mi polla estaba dura como el acero, y casi revienta en mis pantalones cuando hice doble click sobre uno de los archivos de modo aleatorio.

Ante mi, en esa pantalla de 27 pulgadas, apareció el cuerpo desnudo de mi cuñada, de pie ante la mampara de la ducha de su antigua vivienda. ¡Buff!...

Era realmente preciosa. Aunque me la había imaginado desnuda en multitud de ocasiones, nunca habia podido hacerme una imagen mental tan clara y precisa como la que ahora tenía delante. Sus pechos eran más bien pequeños, pero con una forma harmoniosa, firmes, y con un pezoncito pequeño, oscuro y que invitaba a mordisquear. Su piel pálida formaba una esbelta silueta, con ese puntito sexy de barriguita ligeramente hinchada y unas caderas que se ancheaban ligeramente en harmonia con el trasero que tantas veces me había embelesado.

Su pubis conservaba solamente una pequeña tirita de vello en la zona alta, perfectamente recortado, dejando totalmente expuesta su rajita.

Se mostraba sonriente, mirando directamente a la cámara, como si me estuviese mirando a mi regalándome aquella increible fantasía.

Me moría de ganas de hacerme una paja en aquel mismo instante, pero Eva y mi mujer debían estar al llegar así que no podía entretenerme ahora con eso.

Seleccioné la carpeta que contenía aquel tesoro y comenzé a copiarla a mi ordenador. Ya tendría oportunidad de delitarme más detenidamente con todo aquello.

Volví a centrar mi atención en el portatil de Carlos, para ver si guardaba algún otro material similar. Porno, más porno, y más porno. ¡Bahh!.

De repente, una carpeta que despertó mi curiosidad. "Videos Skype".

Abrí la carpeta y dentro había unos 10 o 15 vídeos, de fechas muy dispares, con nombres de chicas y la fecha de grabación. Puse a reproducir uno de ellos y comprobé como era uno de esos "screencast", es decir, grabaciones de lo que se van viendo en la pantalla del propio ordenador.

En ella, se veía la ventana de una videoconferencia entre Carlos y una rubia de tetas operadas. Podía ver como se intercambiaban mensajes de chat y avanzando un poco más el vídeo, ambos habían "entrado en materia" y se masturbaban frenéticamente uno delante del otro.

No me lo podía creer. El muy capullo practicaba cibersexo con otras y lo gravaba.

Abrí otro video y más de lo mismo. En esta ocasión era una chica algo más guapa, morenita, más natural, la que se follaba el culo con un dildo mientras Carlos se pajeaba desde el otro lado de la cámara. Para todos esos que nunca habéis practicado esto de las videoconferencias (si, sí.. ya sabemos que tú , amigo lector, no lo haces)explicaros que generalmente, aparece un gran cuadro con la imagen de la otra persona, uno más pequeño en una esquina donde se muestra lo que enfoca la cámara propia, y un bloque donde se pueden ir leyendo los mensajes cruzados entre ambos.

Es decir, en aquel video se veía claramente a Carlos, diciéndose guarradas con su ciber-amante, y compartiendo experiencias onanísticas a través de la red. Consideré que todo aquello tambien me podría terminar siendo útil, así que lo copié tambien a mi equipo.

Terminé de revisar bien a fondo todo aquello, y ya en las últimas, urgando en su móvil, encontré otras cuentas fotos y videos de Eva que todavía no habían sido archivadas junto al resto. Eran fotos en nuestra casa, en el cuarto de baño, en la cama, en la sala... Vaya, parecía que iba a tener motivación para rato.

Cómo ya faltaba poco para que terminasen de copiarse los otros archivos, decidí esperar un poco antes de enchufar el móvil para transferir estos contenidos y revisar entretanto su historial de llamdas, mensajes, whatsapp´s por si acaso encontraba algo más que me fuese útil.

Nada sospechoso en todo aquello, pero por otro lado, era obvio pues por muy idiota que fuese no creo que se atreviese a dejar indicios de sus fechorías en algo tan accesible para su chica como era su móvil.

Pensé que si yo fuese el, tampoco usaría mi cuenta de e-mail habitual o el whatsapp para tener "ciber-rollitos", sino que más bien, usaría una cuenta secreta así que me puse a urgar en esos rinconcitos a los que ninguna mujer confiada termina acudiendo.

Configuración - Parámetros avanzados - Conexiones - Seguridad de la cuenta - bla, bla, bla... cuando de repente, en una de esas opciones perdidas en el fondo del sistema operativo del terminal, encontré mención a una cuenta de e-mail que sabía no era la suya. [email protected]"tarariquetevi"mail.com

Por lo que se veía, esa cuenta estaba asociada a un perfil de una aplicación de chat.

-Vaya, vaya, vaya...; pensé para mi.

Abrí la aplicación de chat que ese proveedor de correo ofrece e intenté iniciar sesión introduciendo aquella dirección de e-mail. La contraseña no estaba guardada así que me levanté y fui directamente a preguntársela.

-Carlos. ¿Cual es el password de acceso a tu cuenta morenofibroso28?; pregunté con determinación.

-¿Cómo?, ese no es mi email.

-No pretendas hacerte el listo conmigo. Te dejé bien claro que yo ordeno y tu obedeces. ¿Estamos?; pregunté de nuevo levantando levemente mi tono de voz.

-CAR326LOS41; respondió sientiéndose derrotado.

Introduje la contraseña en aquella aplicación XTalk y pude comprobar como de nuevo tenía razón. Había varios contactos femeninos, con historiales de chat, emails enviados y recibidos y fotos adjuntas almacenadas junto a los correos.

Obviamente ya os imagináis todos que tipo de contenidos se trataban en aquellos correos. Volví a acceder a la cuenta desde mi ordenador, pues resultaba mucho más cómodo que teclear en el móvil, y revisé más detenidamente aquellos contactos y mensajes.

Un par de contactos de aquella agenda, tenían foto y una de aquellas caras me resultaba de lo más familiar. ¡Claro que me sonaba!. La había visto en varias ocasiones tomándose algo con Carlos y Eva en el bar que hay cerca de nuestra casa.

Accedí directamente a ese histórico de mensajes, y por lo que allí se decía estaba más que claro que ambos tenían un lío. Y no hablo de un "ciber-rollete" de esos como los de antes. No, no.. esto era algo real, con una persona del barrio, con una amiga, conocida o lo que fuese de Eva.

No daba crédito a lo que acaba de descubir, pero por otro lado, tampoco era tan descabellado. Que Carlos no era trigo limpio ya lo suponía desde hacía mucho tiempo.

Comenzé a descargarme como PDF´s aquellos correos intercambiados, aquellas fotos "picantonas" que Sonia -así se llamaba- le había enviado pensando que tambien me terminarían siendo útiles, pero viendo que eran muchos los correos a guardar, pensé que había otra opción mejor.

Miré en la pestaña "Ajustes" las opciones relativas a la contraseña, cuentas de contacto y telefono alternativas y todo eso. Obviamente no había ningún otro dato personal asociado, por aquello de evitar que accidentalmente Eva terminase descubriendo la existencia de esta cuenta oculta, así que si le cambiaba el password de acceso, no tendría modo alguno de recuperarlo.

Cambié su contraseña por una nueva de mi elección y ¡Listo!. Además de haberle dejado aquella cuenta totalmetne inaccesible, me reservaba el acceso exclusivo a todas aquellas pruebas incriminatorias en su contra.

Tras terminar de revisar por última vez todo, no fuese a ser que con la excitación del momento me hubiese dejado algo en el tintero, desconecté su disco duro de mi ordenador, apagué nuevamente su portatil y se lo llevé todo a la sala.

-¡Aquí te dejo tus cosas!.

-¿Y ahora qué?; me preguntó.

-Ahora nada. Tu sigue a lo tuyo como si nada hubiese pasado. Vive el resto de los días sabiendo que otro hombre disfruta de los encantos de tu chica. ¿Jode verdad?; pues tranquilo que esto no ha hecho más que empezar.

Dejé a Carlos allí desencajado y me volví al estudio. Quería deleitarme revisando detenidamente todo aquel material, me moría con las ganas de masturbarme.

Llamé a mi mujer con un absurdo pretexto.

-Hola Cari... ¿Por donde andas?.

Aha.. vale..

Pero ¿Has salido ya del centro comercial?.

Ah bueno, entonces nada. No, no ... no te preocupes, era para encargarte que me compraras desodorante pero si ya estás saliendo no pasa nada. Ya lo compraré yo en otro momento.

Venga, un beso. Chao.

Estaban pagando el ticket del parking y se disponían a salir. Eso significaba que tendría tranquilamente entre 15 y 30 minutos. Tiempo más que suficiente para apaciguar el calentón.

Compartí en mi red privada esa carpeta con las fotos y videos de Eva, para poder abrir los archivos desde otro terminal. Cogí mi Ipad y subí a mi cuarto. Ahí, en la intimidad de mi cuarto de baño, podría disfrutar plenamente de sus encantos.

Abrí una de las fotos al azar y mi polla empezó a palpitar nada más ver a Eva vestida con aquel diminuto tanga. Rítmicamente comenzé a masturbarme mientras las fotos se iban pasando secuencialmente. De no haberme contenido, no hubiese tardado ni 10 segundos en alcanzar el orgasmo. Entre la tensión vivida minutos antes, el morbo que aquella situación me producía, el saber que mi mujer y mi cuñada estaban a punto de llegar, y el disfrutar del tabú de algo tan íntimo y prohibido como aquello era superior a nada que cualquier hombre pudiese soportar.

Las fotos pasaban de modo aleatorio, de modo que se mezclaban fotos de muy distintas épocas, desde las más recientes en mi propia casa hasta otras mucho más antiguas cuando apenas tendría 19 o 20 años.

Su cuerpo no había cambiado en exceso en todo ese tiempo, tal vez ahora tuviese un poquito más de cadera, pero era gracioso ver como las modas en lo que a depilación íntima han ido cambiando, y cómo hace años lucía un sexo totalmente al natural, con sus vellos morenos bien frondosos y ahora más bien se decantaba por depilaciones prácticamente integrales, que dejaban sus orificios totalmente desnudos y accesibles.

Tuve que detener en seco mi paja y hacer esfuerzos para no correrme en cuanto una foto apareció delante mía. En una cama, a cuatro patas, ofrecía una magnífica visión en primer y cercano plano de su coño y culo totalmente abiertos, mientras ella, girada, sonreía a la cámara. Era una de aquellas fotos de hacía años, y su entrepierna lucía totalmente al natural. Paré el avance automático e hice zoom para deleitarme viendo como sus pelillos se extendían por sus labios vaginales, y terminaban coronondo su ano, un ano fruncido, rosadito y con el que tantas veces yo había fantaseado.

Respiré hondo intentando recobrar la compostura, y me dispuse a abrir uno de los videos. Había títulos de lo más sugerentes, pero finalmente me decidí por uno llamado "mamada_en_primer_plano_fullHD.mov".

Nada más iniciarse la reproducción, apareció un primer plano de Eva, desnuda de cintura para arriba, sentada en un butacón de lo que suponía era la habitación de un hotel. Seguramente algunas vacaciones o algo similar.

Tras unos ajustes del zoom que acercaban y alejaban la imagen como buscando el mejor de los ángulos, la posición se detuvo en un plano bastante corto que dejaba mostrándose en pantalla sólamente la cabeza de Eva.

Por un lado de la escena, apareció el cuerpo desnudo de Carlos que se dirigía totalmente empalmado hacia el butacón.

Eva abrió la boca y al instante el rabo de Carlos comenzó a entrar y salir de su delicada boca. ¡Menuda maneras de chupar que se gastaba mi cuñadita!.

Las caderas de Carlos marcaban el ritmo acompasadamente, mientras Eva intentaba controlar la profundidad de los embites. Entretanto, mi mano continuaba con su tarea y mi orgasmo anunciaba su inminente llegada.

En vista de que no aguantaría mucho más, adelanté el vídeo hasta algo más allá de la mitad para ver si finalmente habría "final feliz".

Efectivamente. Contra los últimos segundos, Carlos retiró su polla de la boca de Eva, quien esperaba con la lengua extendida recibir el "premio" por tan entregado trabajo. Carlos se masturbaba rápidamente a escasos centímetros de su cara mientras yo hacía lo propio imaginando ser el protagonista de aquel tórrido encuentro.

Una parada en seco; no más de 2 segundos intentando retener la explosión y ¡Chooofff!.. La polla de Carlos se deshizo en borbotones de semen que entraron directamente en la boca de Eva unos, y fueron a impactar contra su rostro otros.

Aquel explosivo final provocó una pequeña reacción de sobresalto en Eva, imagino por el instintivo reflejo al notar el esperma golpeando contra su garganta, pero rápidamente -haciendo gala de una magnífica capacidad de control- digirió todo lo derramado en su boca y una vez liberada volvió a abalanzarse sobre la polla de su chico para terminar de exprimírsela mientras yo tambien derramaba toda mi leche sobre el marmol del lavabo.

Disfrutada aquella paja casi tanto como si hubiese sido la mismísima Eva la que en realidad se hubiese ocupado de proporcionarme tal placer, limpié concienzudamente todos los restos a fin de no dejar evidencias y bajé tranquilamente con la satisfacción de haber cumplido -al menos en parte- con mi objetivo.

Desactivé el acceso compartido a aquella carpeta en mi red privada, oculté bajo múltiples mecanismos de seguridad aquellos comprometidos archivos, y justo en aquel instante comprobé por la ventana como el portal se abría y entraba en coche mi mujer y su hermana.

En cuanto entraron en casa, me costó aparentar normalidad. Mi corazón latía a mil por hora y mi polla parecía demandar de nuevo atenciones al tomar consciencia de que aquella mujer que estaba delante mía, hacía muy pocos minutos había sido objeto de mis más libidinosos pensamientos.

Vacíamos el contenido de las bolsas, ordenamos todo en la nevera... vamos.. casi casi como si no hubiese pasado nada extraño.

Este ritual se sucedió a lo largo de varios días posteriores. Mi líbido estaba por las nubes y además de unas increibles jornadas de sexo con mi mujer,  aprovechaba cualquier oportunidad para escabullirme a algún sitio íntimo donde poder dar rienda suelta a mi fantasía y mi oscuro secreto.

Disfruté hasta la saciedad con todas y cada una de aquellas fotos y videos al tiempo que incluso comenzaba a ver a mi cuñada con un afecto renovado. Como antes decía, aunque siempre nos habíamos llevado muy bien, en los últimos tiempos dada la dificil situación vivida -principalmente por culpa de Carlos- todo era mucho más complicado. Ella estaba en mitad de un fuego cruzado y aunque todos procurábamos que no terminase siendo un daño colateral, ciertamente era una situación compleja en la que la mejor solución era poner un poco de distancia de por medio.

El conocer esos aspectos tan íntimos de ella me hacían verla de otro modo, menos arisco, con menos reproches.

Con Carlos, la relación era sin embargo bien distinta. Ya antes de eso eran habituales los desaires entre nosotros, a la vista incluso de mi mujer y mi cuñada, y ahora no había motivo alguno para procurar guardar la compostura. Podríamos decir que simplemente nos ignorábamos. Podíamos estar en la misma habitación o coincidir por cualquier pasillo, que nada había que decirse.

Tras varias semanas de oscuras fantasías disfrutando de aquel fruto prohibido, poco a poco, mis ansias fetichistas volvían a aparecer rondando por mi cabeza, como si aquello comenzase a no ser suficiente.

Quería ir un paso más allá y tal vez se me ocurriese algún modo de hacerlo. Al fin y al cabo seguía teniendo a Carlos bajo mi total control y bien podria sacar provecho de aquella situación.

Pensé en exigir a Carlos que me facilitase algún tipo de material audiovisual diferente a todo lo que había visto. Echaba de menos, por ejemplo, ver a mi cuñadita practicando sexo anal, masturbándose hasta el orgasmo para deleitarme con la expresión de su rostro al llegar la agonía del climax, o en situaciones tan morbosas como verla haciendo pis.

Pensé tambien en que podía exigirle que me consiguese algun fetiche de caracter más material, como unas braguitas usadas, algún objeto que hubiese estado introducido en su sexo o algo por el estilo.

Tras darle un par de vueltas, se me ocurrió algo bastante más retorcido, pero sin duda mucho más gratificante. Tendría que estudiar bien todos los detalles de mi plan a fin de no dejar cabos sueltos, pero vamos... mi nuevo objetivo estaba claro y no pararía hasta alcanzarlo.

Tuve que esperar todavía 2 o 3 semanas, ahora no lo recuerdo con precisión, hasta que se dieron las circunstancias óptimas para la puesta en marcha de mi propósito.

Mi suegra se había caido por las escaleras y tenía la pierna algo resentida, de modo que necesitaba reposo y algo de ayuda para sus quehaceres diarios.

Aquel fin de semana, tras el alta hospitalaria de mi suegra, iríamos a pasar el fin de semana a su casa, al pueblo, para echarles una mano y que mi esposa cuidase de su madre. Como por la semana nosotros teníamos que trabajar, Elena había acordado con su hermana que el fin de semana nos fuésemos nosotros a casa de sus padres, y despues por la semana se iría ella allá a pasar unos días. Eso significaba que aquel fin de semana Carlos y Eva se quedarían sólos en nuestra casa.

Nos marchamos para el pueblo el Viernes al atardecer, nada más terminar en la oficina y el sábado, aprovechando que me mandaron a unos recados, llamé a Carlos desde una cabina por aquello de no dejar pruebas que pudiesen incrimarme en un futuro.

-¿Diga?- me respondió Carlos al atender la llamada.

-Hola Carlos. Soy Alberto. ¿Está Eva ahí contigo?

-No. Está en casa. Yo estoy en el bar de abajo.

-Ok. Pues recuerda la situación actual, todo lo que hablamos el otro día y escúchame con atención. ¿De acuerdo?

-Tu dirás- se limitó a responder.

-No voy a recordarte las consecuencias ante una negativa tuya a atender mis demandas. Creo que eres consciente de lo delicado de tu situación.

Quiero que te las arregles como puedas y organices una jornada "romántica" con Eva esta tarde. Estáis sólos en casa así que supongo no te será dificil.

Ahora te daré más detalles, pero en esencia quiero presenciar vuestro encuentro "en directo". Ver sin ser visto. ¿Me estás prestando atención?.

-Sí, te escucho. Pero estás loco si piensas que voy a participar de semejante locura.

-Sí Carlos, lo harás. Tú sabes perfectamente que lo harás. Atiendeme.

Buscaré alguna excusa para salir de casa esta tarde, así que a las 19.00 horas tendrás que estar listo del modo que ahora te voy a indicar.

Orgánizate como consideres oportuno, tu sabrás el tiempo que os dedicais previos a la faena y todo eso, pero a las 19.00 en punto, tendrás que tener a Eva, totalmente desnuda, atada de pies y manos a la cama y con los ojos perfectamente vendados.

-¿Pero qué dices?... ¡Eres un demente!.

-¡No me interrumpas!. Te he dicho que eso es lo que quiero y eso será lo que hagas. Móntate la película que quieras, dile que es una fantasía tuya o que has estado leyendo el libro ese tan de moda de las sombras de Grey. Me da igual como lo hagas.

Convencerás a Eva para que participe de "tu" fantasía y a esa hora concreta, a las 19.00, la tendrás como te he dicho. Con los ojos perfectamente vendados y atada de pies y manos a la cama.

En el armario de nuestro dormitorio hay pañuelos, foulares y pashminas de esas que usa Elena. Te servirán para taparle los ojos y atarla.

Seguro que no tienes problema para encontrar nada en ese armario ¿verdad?.

-Estas completamente chalado; insistía Carlos.

-Tendrás música suave en la habitación. Sin excesivo volumen pero lo suficiente como para disimular cualquier ruido extraño en la casa.

Presta especial cuidado en taparle perfectamente los ojos. Que el pañuelo no le permita ver absolutamente nada por debajo, junto a la nariz. Asegúrate que sea una tela bastante tupida, dobla el pañuelo bastante ancho, y átalo con firmeza detrás de su cabeza.

Mi intención es entrar en casa cuando la tengas en esas condiciones, y sin que ella se entere, convertirme en mirón de vuestro encuentro sexual. ¿Lo vas entendiendo?.

-Sí lo entiendo, pero no puedes pretender que haga eso.

-Sabes que no estás en condiciones de oponerte a nada Carlos.

-Lo sé, pero ya no es una cuestión de oponerse. Aun en el supuesto de que estuviese dispuesto a consentir tu deseo, hay muchos riesgos. ¿Y si se entera?, ¿Y si no tiene ganas de fiesta a esa hora?...

-Eso no es problema mío. Arréglate como puedas pero a las 19.00 estaréis dipuestos en ese plan que te acabo de indicar. ¿OK?. Atiende que hay más.

Yo dejaré el coche en la calle y entraré por la puerta de la cocina que comunica con el jardín.

A las 18.55, minuto arriba minuto abajo, cuando ya tengas a Elena desnuda, atada y vendada, la dejarás sóla en el cuarto -inmovilizada- e irás a la cocina con algún pretexto.

Dile por ejemplo que vas a buscar nata a la nevera o cualquier cosa similar.

Bajarás -o subirás según necesites- el estor de la ventana de la cocina, de modo que el borde de la cortinilla quede alineado con el último barrotillo de aluminio de la ventana. ¿Me entiendes?.

Déjarlo de modo que el estor coincida en altura con ese perfil de alumino que cruza la ventana un poco más arriba de la mitad.

Eso me servirá a mi como señal para saber que todo está listo para que yo entre. ¿Lo tienes claro?. Repítemelo. Quiero oirlo de tu boca.

-Si. Ajustar la altura del estor hasta que coincida con el barrote de aluminio superior.

-Eso es. Yo estaré pendiente fuera. Cuando vea que as ajustado el estor a esa altura, te daré 2 o 3 minutos para que vuelvas con Eva y a las 19.00 en punto entraré en casa y me dirigiré sigilosamente a la habitación.

Obviamente tendrás cuidado de no cerrar puerta alguna en todo el trayecto, para evitar cualquier posible ruido.

Cuando me veas llegar, actuarás con total normalidad. Harás como si yo no estuviese allí. Disfruta de tu chica. Simplemente eso.

Si a la hora indicada no veo el estor en la posición acordada, sabré que algo ha pasado y no has cumplido con tu compromiso. Obviamente ya sabes lo que eso supondrá.

¿Alguna pregunta?

-¿Y tu que vas a hacer una vez estés dentro?. ¿Sumarte a la fiesta para que montemos un trío?.

-¡No seas idiota!. No hará falta que te diga que es de vital importancia que Eva no tenga la más mínima sospecha de nada. Bajo ningún caso puede enterarse de lo que allí pase. Eso a mi me costaría mi matrimonio, pero a ti tu libertad. ¿Está claro?.

-Si, claro está, pero yo no creo que esto sea posible. No creo que...

Sin dejarle terminar de hablar, colgue la llamada. No quería oir ninguna objección.

Estuve nervioso e intranquilo todo el día. Por más que miraba el reloj las horas no daban pasado. Durante el almuerzo, le dije a Elena que había quedado para ver el partido con los amigos en un bar que frecuentamos, así que ya tenía la excusa perfecta para ausentarme a aquella hora.

El tiempo transcurrdo desde que terminamos de comer, hasta las 18.15 -hora en la que debería salir- fue uno de los ratos más lentos y angustiosos que recuerdo, pero por fin, mi hora había llegado.

-¡Me voy!, volveré para cenar. Grité desde el pasillo.

-Vale, conduce con cuidado. Me respondió Elena desde el piso de arriba.

Mi reloj marcaba las 18.45 cuando terminé de aparcar el coche al fondo de la calle que lleva a mi casa. Hice un poco de tiempo en el interior del vehículo, y a menos diez en punto me bajé para ir avanzando lentamente.

Me asomé por entre los setos que cierran mi finca y al fondo, pude ver la ventana de la cocina con el estor totalmente subido como era normal.

-Tranquilo, todavía es temprano- intentaba mantener el control.

Volví al coche simulando ir a recoger algo olvidado para así ganar unos minutos más. Era preferible eso a que algun vecino me viese allí parado, a la puerta de mi própia casa.

3 minutos de ida y otros 3 de vuelta, de modo que a las 18.56 volvía a estar en el mismo punto de partida, pero... ¡Oh sorpresa!. Justo en ese instante el estor de la ventana se bajó unos centimetros tal y como habíamos acordado a modo de señal.

Abrí con la llave, de modo manual, el portal pequeño y entré sigilosamente. Efectivamente la puerta de la cocina que comunicaba con el jardín estaba abierta.

En mi cabeza intentaba reproducir lo que sería mi excusa en caso de que algo saliese mal y por ejemplo Eva no estuviese del modo que yo imaginaba.

Siempre podría argumentar que había ido a casa a recoger algo para un amigo o alguna excusa por el estilo. Sólo había que aparentar normalidad en caso de ser descubierto. Al fin y al cabo, por ahora, no estaba haciendo nada indebido.

Avancé con cautela por el pasillo y al llegar a las escaleras oí como arriba, suponía que en su cuarto, sonaba música tal y como era de esperar.

Fuí subiendo los peldaños, muy poco a poco, intentando que la madera no crujiese al ser pisada. Avancé unos metros por el pasillo del piso superior y tal y como había exigido, ahí enfrente, a escasos metros de mi, estaba la puerta abierta de su dormitorio.

Este era el momento crucial. Si por cualquier motivo Eva no estuviese vendada, o no estuviesen en pleno encuentro amoroso, me iba a resultar algo más dificil explicar que hacía precisamente allí.

Valía con que entrase en mi casa a buscar algo, pero que hubiese subido y avanzado expresamente por el pasillo que conduce exclusivamente a su dormitorio.. pues en fin. Siempre podría excusarme diciendo que al no ver nadie abajo y ver la puerta abierta, alguien habría entrado a robar.

¡Yo que sé!.. ¡En aquel momento mi cerebro no disponía del riego suficiente pues la sangre se me acumulaba en otro sitio y no era capaz de pensar con lucidez!.

Asomé ligeramente la cabeza por la puerta y por fin me tranquilicé en cuanto comprobé como efectivamente Carlos había cumplido con su compomiso y Eva yacía sobre la cama en el modo que le había indicado.

Carlos, estaba colocándole unos cojines sobre la nuca mientras cuatro pañuelos sujetaban sus extremidades contra las esquinas de la cama, y un quinto, le tapaba ampliamente los ojos.

Al verme, Carlos me miró como sin saber muy bien que más hacer, y yo, mediante señas, le hice entender que continuase como si yo no estuviese allí.

Se desprendió de su boxer y echándose sobre Eva le acercó la polla a la boca, golpeándole con el capullo sus lábios, y restregándole sus fluidos por las mejillas.

Eva, inmovilizada, luchaba por atraparle el rabo con su boca mientras Carlos, jugueteaba y se hacía de rogar.

-¿Lo quieres verdad golosa?, le preguntaba.

-¡Por supuesto!.. ¡Toda para mi!; respondía ella.

De una sóla embestida, Carlos clavó su polla hasta lo más hondo de la garganta de Eva, y tras unos segundos de acomodo, empezó a follarle la boca profundamente. Aquel ritual ya era para mi conocido, pues uno de los videos que más me habían gustado era precisamente una madada así de profunda.

Eva, inmóvil sobre la cama, sólo podía dejarse hacer mientras la polla de Carlos entraba y salía rápidamente de su boca.

Aun teniendo en cuenta que personalmente nunca había encontrado la más mínima satisfacción sexual en compartir momentos eróticos con otros hombres -los tríos mejor con dos mujeres- con la calentura que tenía no dudé en sacarme la polla y comenzar a pajearme allí mismo. Carlos se percató de ello, pero lejos de inmutarse, hizo como si nada y continuó con su mete saca mientras Eva intentaba deborar todo aquello que le llenaba la boca.

Me acerqué ligeramente para deleitarme a fondo, viendo más de cerca los encantos de mi cuñada. Repasé con mi mirada sus turgentes pechos, que así, tumbada sobre la cama, parecían ser incluso más pequeños.

Me recreeé especialmente mirando su pubis, intentando grabar aquella imagen en lo más profundo de mi retina para poder recurrir a ella en posteriores ocasiones. Su sexo parecía haber sido rasurado hacía escasos días, pues una pequeña sombra producida por los pelillos que comenzaban a nacer oscurecía la parte más interna de su pubis. En lo alto de su monte de venus, una pequeña franja de vello más largo, aportaba el punto "decorativo" a aquel suculento y apetitoso manjar.

La excitación del momento era tal que no tardaría mucho en correrme. Obviamente no podía hacerlo allí mismo, así que tenía que tener cuidado de no llegar al fatídico punto sin retorno.

En décimas de segundos, mientras presenciaba su cuerpo desnudo así, real, tan cercano, y mientras Carlos apuraba el ritmo de sus embestidas cientos de pensamientos se cruzaban por mi cabeza.

Daría cualquier cosa porque fuese mi polla la que Eva estuviese chupando en aquel momento. Me encantaría poder follarla allí mismo, hundir mi polla en aquel coñito que brillaba mojado por sus propios fluidos y bombearla hasta derramar toda mi esencia en su interior.

Por un instante estuve a punto de cometer una locura, pero rápidamente recapacité y me detuve sabiendo que era un riesgo totalmente inasumible. Seguramente Eva notaría que mi sabor no era igual al de su chico, que mi tacto tampoco, mi presión contra su cuerpo, cualquier cosa podría delatarme.

De cualquier modo, no podia desaprovechar una oportunidad así y no quise terminar la faena sin darme una última alegría.

Hice señas a Carlos para que dejase de recrearse en aquella monumental mamada y fuese el que le dedicase atenciones. Entendiendo mis intenciones, comenzó a darle pequeño besos por el cuello y comenzó a avanzar peligrosamente hacia abajo.

Antes de que ni tan siquiera pudiese alcanzar sus pechos, le hice un gesto para que se retirase. A partir de ahí continuaría yo con los besos y caricias. Quería pensar que la diferencia de sensaciones sería tan sútil que no bastaría para que ella descubriese el cambiazo.

Un tanto contraríado y viéndose desbordado por la propia situación, Carlos se apartó y colocándose a mi lado continuaba hablandole.

-Relájate cariño, disfruta como tu te mereces- le decía.

Procurando que el contacto fuese mínimo, acerqué mi boca a su pecho izquierdo y comencé a juguetear con mi lengua contra su pezón. Aunque era pequeño estaba duro, totalmente erecto, con la aureola contraída presa de la excitación sexual.

Abrí completamente mi boca e intenté engullir aquel pechito tierno, mullido que casi me cabía en su totalidad. Aprisionaba su pezon contra mi paladar y succionaba rítmicamente, variando la presión y duracción de la succión, mientras que -en un derroche de osadía- con mi mano comenzé a acariciarle el otro.

Tras empaparme con el sabor de sus tetas, continué bajando por su vientre en busca del preciado tesoro.

Con cada beso, cada lametón que propiciaba por la parte baja de su abdomen, Eva pegaba un salto en la cama. Esa era una zona extremadamente sensible para ella.

Sigilosamente mi lengua continuó adentrándose hasta que mi naríz tropezó con el pequeño mechoncito de vello que coronaba la entrada de su gruta. Olía a sexo, a mujer, un aroma embriagador que todavía hoy recuerdo perfectamente.

Aprisioné entre mis labios uno de los suyos, y despues el otro, retrasando el ataque al punto central del deseo y deleitándome recorriendo los flancos de su vulva. En mi lengua notaba el tacto áspero de los pelillos rasurados, que contrastaba con la suavidad que experimenté nada más hundir mi lengua en lo más profundo de su chocho.

-Ahhhh.... se deshizo en un gemido de placer.

¿Donde coño has aprendido a hacer esto? - parecía que Carlos no era tan entregado como yo lo estaba siendo.

Hundía mi lengua en el interior de su coño, dejando que sus eflúvios me empapasen la léngua inundandome de su sabor. Inevitablemente no pude evitar la comparación de aquel sabor con el de su hermana. Este de Eva, era un sabor algo más profundo, más intenso pero igualmente embriagador.

Aprisionaba su clítoris entre mis labios, succionándolo con suavidad pero con firmeza al mismo tiempo para liberarlo brevemente y despues volver a aprisionárselo. Unos lenguatazos largos por toda la longitud de su sexo recogían los flujos que segregaba y los volvía a extender por aquellos labios carnosos.

Cuidadosamente, mientras continuaba acariciando mi lengua contra su clítoris, comenzé a introducir primeramente mi dedo índice en su chocho, y a continuación el corazón tambien.

Mis dos dedos en su interior recorrían sus paredes vaginales, intentando hacerse una idea mental de los más íntimos recovecos de su anatomía.

Me deleitaba sintiendo en la yema de mis dedos las diferentes texturas de su piel, recorriendo la forma de su pélvis, detectando cualquier pliegue, cualquier recoveco de aquella gruta del placer.

Giraba mis dedos dentro suya y con cada movimiento un estertor de placer la sacudía encima de la cama. Flexioné mis dedos hacia arriba simulando empujar la cavidad que albergaba su clítoris hacia afuera, como intentando traspasar su piel con mis dedos, mientras mi lengua continuaba su frenética actividad.

-Me corro, sigue, sigue...; comenzó a animarme mientras se retorcía de placer.

Estaba a punto de arrancarle, de robarle más bien, un orgasmo a mi querida cuñada así que aumenté el ritmo de mis estímulos hasta que sin poder contenerse por más tiempo, explotó en un salvaje orgasmo que amenazaba con romper las ataduras que la mantenían sujeta a la cama.

-¡Madre mía!... ¡Que locura!.. ¿Cómo es que nunca me has hecho esto?, se preguntó en voz alta pensando dirigirse a Carlos.

Al ver como quedaba expectante esperando oir la respuesta de Carlos, y viendo que este no tomaba determinación alguna, tuve que hacerle un gesto para que entendiense que debía responderle.

-Ya ves, hoy que estoy más inspirado de lo normal- balbuceó el muy idiota totalmente descolocado y sin acabar de asimilar lo que acaba de suceder delante de sus narices.

-Vaya.. ¿Es que todavía hay más?; prenguntó nuevamente Eva al notar como mis dedos y mi boca seguín jugueteando en su entrepierna.

Continué chupando frugalmente aquel sexo totalmente empapado deleitándome de su nectar salado. Retirados ya mis dedos de su sexo, ocupaba mis manos en separar sus nalgas para recrearme viendo como sus flujos se escurrían hasta ir a parar al centro de su ano.

Comencé a pegar pequeños lametones en su ojete, pero por la tensión de sus glúteos notaba como este rinconcito no me iba a resultar tan accesible.

Tras unos segundos de tímida insistencia, decidí atacar con toda la cabellería y directamente enfilé mi dedo índice a su apretado esfinter.

Al notar la primera presión contra su estrecha puerta de atrás, intentó apretar más todavía el culo.

-¿Qué haces?... Ya sabes que por ahí no me gusta.

Vaya.. no me lo podía creer. Resulta que mi cuñadita privaba a Carlos del placer del sexo anal.

Sin hacer mucho caso ni a sus palabras ni a sus gestos de reprobación, no pude evitar la tentación de estar tan cerca del tesoro prohibido así que sin muchas contemplaciones, presioné con algo más de fuerza y dado lo lubricado que estaba todo aquello tras la larga sesión de sexo oral, conseguí fácilmente deslizar la mitad de mi dedo índice en su recto.

-Ahh... para idiota... te digo que por el culo no.

Estaba desbocado y no conseguía pensar con lucidez. Medio dedo dentro de su culo, Eva comenzando a mostrar evidentes signos de enfado y el idiota de su novio allí de pie como un pasmarote sin saber reaccionar.

Era la mía. Iba a culminar mi faena violentando totalmente a mi cuñada, así que sin pensármelo dos veces, de un certero golpé, terminé de hundir la totalidad de mi dedo en su culo.

-¡Joder Carlos!.. ¿Acaso eres idiota?... Te estoy diciendo que por ahí no.. ¡Sácame el puto dedo de ahí!.

-Miré a Carlos directamente a los ojos para dejarle claro quien era el que mandaba y le hice una seña para que le dijese unas palabras a Eva.

-¡Tranquila cariño!, relájate... le balbuceó mientras yo notaba la presión de su esfinter intentando expulsar mi dedo.

-Ni tranquila ni hostias joder... ¡Sabes de sobras que eso no me va!.. ¡Sueltame inmediatamente!.. ¡Imbecil!

Aquella experiencia había llegado a su fin. Eva se había mosqueado -con Carlos claro está- y yo me marcharía disfrutando del placer prohibido.

Tras un amago simulando comenzar a retirar el dedo de su culo, cuando ya casi estaba todo totalmente fuera y Eva se mostraba relajada, en un último arrebato, no quise poner el punto final sin exprimir hasta la última gota aquella irrepetible oportunidad, así que sin contemplación de ningún tipo, junté a mi índice el dedo corazón y de un movimiento contudente volví a clavarle -ahora los dos dedos juntos- en su virginal y estrecho orificio anal.

-¡¡Ahhhh Joder!!, ¡te voy a cortar los huevos cabrón!; le gritaba enfurecida a Carlos.

Al confiarse notando como mi primer dedo salía de su interior, se había relajado y al no oponer resistencia alguna tensando sus glúteos había conseguido clavarle los dos dedos hasta el fondo. Hice un último par de movimientos en su recto y rápidamente los retiré para marcharme sigilosamente mientras Carlos quedaba comiéndose el marrón, aguantando el descomunal enfado de Eva mientras yo continuaba oyendo sus gritos mientras bajaba las escaleras y entraba silenciosamente en el baño de abajo para terminar masturbándome y explotando en una impresionante corrida que salpicó los dedos con los que hacía escasos segundos había desflorado a mi cuñada.

Limpié todos los restos y rápida y silenciosamente, a fin de que Eva no llegase a saber que había estado allí, volví a salir tal y como había entrado para volver a casa de mis suegros como si allí nada hubiese pasado.

Al día siguiente, Domingo, volvimos para nuestra casa y cuando llegamos el mosqueo entre Eva y Carlos era más que evidente. Se ve que la discusión habia continuado desde el día anterior y los ánimos estaban un poco revueltos entre ellos. 

A la mañana siguiente ambos se marcharon en el bus para casa de mis suegros, pues tal y como habíamos acordado Eva se ocuparía de ayudar a su madre durante la semana, de modo que además de disfrutar de unos días de tranquilidad en casa, tendría tiempo de estudiar el siguiente paso de mi estrategia.

Los días fueron discurriendo con total normalidad, y no recuerdo exactamente cuanto tiempo transcurrió hasta que puede ejecutar la última jugada de mi maquiavélico plan. Debieron ser dos o tres semanas como mínimo, porque recuerdo lo ansioso que estaba porque se diesen las circunstancias óptimas para la ejecución del plan que hacía ya días tenía perfectamente planificado en mi cabeza.

Aunque mi suegra ya estaba prácticamente recuperada, había pedido a sus hijas que aquel fin de semana se quedasen en el pueblo para acompañarla al velatorio y entierro de una vecina amiga de la familia. Yo tenía asuntos que atender en la mañana del Sábado así que Eva y Elena se fueron para allá ya por la mañana, yo iría despues a la noche para estar allá el Domingo en el entierro, y Carlos, simplemente, pasaba de ir.

Ese sábado, nada más marcharse mi mujer y mi cuñada, Carlos salió a tomarse el aperitivo tal y como en el era tan habitual. Quedándome sólo en casa, era el momento de mover mi última pieza y forzar el tan esperado jaque mate.

Realicé todas las tareas que mentalmente tenía anotadas en mi cabeza y esperé ansiosamente a que Carlos volviera.

Eran ya cerca de las 14.30 y Carlos todavía seguía fuera. Estaba ya a punto de ponerme a comer cansado de esperarlo, cuando oí como se abría el portalón del jardín. Era el.

Nada más entrar por la puerta lo abordé en el recibidor.

-Acompáñame al estudio por favor.

-¿Qué pasa?.. ¿No has tenido suficiente con lo del otro día?; me inquería mientras avanzaba detrás mía atravesando el pasillo.

Lo cierto es que no habíamos vuelto a hablar de lo sucedido. Nos cruzábamos miradas de esas que sin decir nada lo decían todo, pero en parte por no haberse dado el momento propicio, y en parte porque no tenía ganas de hacerlo, no habíamos tenido oportunidad de comentar aquello y las posibles consecuencias o repercusiones que podría haber tenido.

-¿Qué hacen ahí mis maletas?; me preguntó nada más entrar al estudio.

-Recuerda Carlos. Yo ordeno y tu obecedes. No entiendo como eres incapaz de aprender algo tan simple. Dame tu móvil.

-No te molestes que no hay nuevas fotos de Eva si es eso lo que te interesa.

-No. No es eso; respondí mientras con la uña abría la tapa y extraía su tarjeta SIM.

Metí otra en su lugar y le devolví el teléfono quedándome yo con su tarjeta original.

-Toma. Desde hoy este es tu nuevo número de teléfono. Esa tarjeta lleva 20€ de saldo que ya es más de lo que tenías hasta ahora.

Le entregué tambien un sobre.

-En este sobre tienes algo de dinero y un billete de autobús para Logroño. Ahí tienes tus maletas donde te he metido todas tus pertenencias. Cógelas y desaparece para siempre de nuestras vidas. No volverás a ponerte en contacto con Eva bajo ningúna circunstancia. Simplemente, desaparecerás de su vida.

-¿Cómo?.. ¿Pero de que va esto?... ¿Es una broma?...

-Es exactamente lo que acabas de oir. La única y última oportunidad que tendrás para continuar con tu vida, pero eso sí, muy lejos de mi y de mi familia. Saldremos juntos por esa puerta, te acercaré a la estación de autobuses y ahí cogerás rumbo hacia tu nueva vida. Yo continuaré para el pueblo y mañana cuando regrese con Eva y Elena tu ya no estarás.

-¡Eres un psicópata!, ¡maldita sea tu estampa!... ¿Y que te crees?... ¿Qué Eva se quedará así de brazos cruzados?, ¿Que no querrá buscarme?.

-No te buscará porque ya terminará comprendiendo como es lo mejor que le pudo haber pasado. Además, tu mismo te ocuparás de que se le quiten las ganas de buscarte. Coge este papel y boli y escribe lo que te diga:

-¿Cómo?..

-¡Que escribas coño!.. ¿O acaso no me has oído a la primera?.

Sin terminar de asimilar lo que estaba pasando, cogió el bolígrafo y el papel y se dispuso a escribir mientras yo dictaba en voz alta.

-"Eva:

Siento mucho no disponer del coraje suficiente para decirte esto a la cara. ¡Me voy para siempre!

Los años que hemos pasado juntos han sido fabulosos pero estoy ya cansado de nuestra relación y prefiero ponerle fin antes de terminar haciéndote más daño.

Llevo algun tiempo "teniendo algo" con otra persona y no puedo continuar a tu lado sabiendo que vivimos una mentira.

Lamento el daño que pueda causarte pero sé que es lo mejor para todos. Tu te mereces alguien mejor que yo.

Me voy lejos para comenzar una nueva etapa de mi vida. He dado de baja el teléfono y cancelado mi cuenta de e-mail. Por favor no me busques ni intentes saber de mí. Reponte de este disgusto que sin duda no te mereces y continua con tu vida. Seguro que con el apoyo de tu familia sales adelante mucho mejor que si siguíesemos juntos.

Siempre te llevaré en el recuerdo. Adios"

Al terminar de escribir la nota de despedida sus vidriosos ojos comenzaban a dar muestra del duro golpe que acaba de recibir. Por un momento sentí algo parecido a un leve remordimiento de conciencia, pero rápidamente recordé todo lo vivido en los últimos meses y me reafirmé en mi decisión de que aquello era lo mejor para todos.

Sería un golpe duro en la familia que habría que superar con entereza y unidad, pero nada en definitiva tan traumático como para no poder hacer borrón y cuenta nueva. Eva era joven y tenía mucho camino por delante. Seguro que superado el disgusto inicial, a la larga, todo habrá sido mucho mejor de este modo. Sé que no soy quien a tomarme estas libertades y decidir en aspectos que atañen a la vida de los demas pero... la decisión estaba tomada.

Le recordé por última vez a Carlos las consecuencias que tendría incumplir mis instrucciones. El sabía que no podía desvelar el chantaje al cual lo estaba sometiendo, primero por no poder demostrar ninguna de sus acusaciones, y segundo porque hacerlo pondría en evidencia sus mentiras e infidelidades.

Sabía igualmente que con aquel vídeo tenía su suerte en mis manos, y que no sólo me bastaría para desterrarlo igualmente de la familia, sino que además, me serviría para obligarlo a pasar una larga temporada entre rejas.

Fuese como fuese, la partida había llegado a su fin y aquella salida era la menos mala de las opciones que se le ponían encima de la mesa.

Recogió sus cosas, lo acerqué a la estación de autobuses y mientras su imagen se alejaba reflejada en mi retrovisor continué mi camino disfrutanto de aquel agridulce sabor de la victoria.

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(29 páginas redactadas, 14.508 palabras escritas y unas cuantas horas empleadas en este relato. Si has disfrutado con su lectura, te agradeceré enormemente recompenses mi trabajo valorando primeramente este relato, y dedicando después unos minutos de tu tiempo a dejar algún comentario o crítica constructiva.)

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