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Vacaciones en la costa 4: El vecino


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RESUMEN

El joven protagonista llega por fin a la costa y comienza sus vacaciones. Nuevas experiencias le esperan en el vecindario con un macho muy cachondo.

Mi tía vivía con su marido en una barriada de la ciudad. Esta ciudad tiene playa, por lo que era costumbre que mi familia se fuese allí todos los veranos. Eran un matrimonio maduro pero no llevaban demasiado tiempo juntos, unos 7 años . Mi tío político tenía por aquel entonces unos 56 años. Es un hombre serio y nuestra relación era un tanto fría .No tenían hijos, pero yo con mis hermanos me sobraba para pasármelo muy bien. Mi tía estaba encantada de recibirnos en su casa, preparaba comida y actividades para todos con antelación. Como ya he dicho yo fui una semana más tarde que mi familia ya que me pusieron algunos exámenes muy tarde. Intentaba actuar como si fuese el mismo de siempre, pero lo cierto era que ese tren había desatado en mi una lascivia que no conocía. Tenía el papel del revisor en el bolsillo y lo miraba de vez en cuando intentando decidir si debía acudir o no. Era muy arriesgado, ese señor era un desconocido que me había violado, pero no podía dejar de pensar en su enorme pollón. Por las noches me masturbaba recordando a todos lo que me habían gozado en ese tren. Me introducía los dedos en el ano y me follaba a mi mismo. Era asombrosa la gran capacidad rectal que tenía. Pese a todo el daño que me habían hecho me había recuperado perfectamente y no había sangrado en ningún momento. Era evidente que tenía un culo de campeonato, había nacido para ser penetrado. Sin embargo mis instintos habían sido sobreestimulados, se había encendido una mecha que podía apagar. Me pasaba el día cachondo fantaseando con la idea de repetir algo así. Supongo que fue por eso por lo que me fui a fijar en el único macho en que podía en aquella casa, mi tío. No es que fuese muy guapo pero tenía buen cuerpo para su edad y era muy morboso.

Era el típico maduro que los domingos se va a echar la partida al bar con los amigotes y se ve todo el fútbol de la tele. Como ya he dicho, de no haber sido por mis recientes experiencias seguramente nada habría pasado, pero empecé a desear a mi tío. Ver la tele juntos, comer juntos, dormir bajo el mismo techo... El morbo se apoderó de mi. Ese hombre y yo nunca nos habíamos llevado muy bien, era un tanto huraño, pero eso le hacía más duro y atractivo. Por el calor que hacía muchas veces no llevaba camisa, yo tampoco, y me acercaba disimuladamente para sentir el calor de su cuerpo. Siempre que podía estaba con él realizando actividades que pudiesen suponer un contacto físico. Mi actitud hubiera sido calificada de normal si no fuera porque el y yo siempre habíamos estado distantes. Me ofrecí a ayudarle a construir un armario para la terraza que estaba haciendo en el trastero. Así conseguí estar en un pequeño habitáculo muy cerca de el. El trabajo físico y el calor le hacían sudar, con lo cual yo pude disfrutar del olor de su sobaquera en muchas ocasiones y en otras del roce de sus manos sobre mi piel. Me hice fetichista de su ropa sudada.

Cuando él no se daba cuenta cogía su camisa tirada en un ricón y la olía con éxtasis. Igualmente me dediqué a revolver en la cesta de la colada buscando su ropa interior sucia. La tomé prestada en varias ocasiones. Me la ponía en la cara y aspiraba profundamente. Me gustaban especialmente sus calzoncillos, los cuales lamía. Luego me masturbaba con su ropa puesta o con sus calzoncillos en mi lengua. Llegué a esconder en mi maleta un calzoncillo especialmente sucio, bien sudado, como si fuese un tesoro, ya que tenía lo que parecían ser manchas secas de semen, un fuerte olor a orina por delante y un contundente olor a ano de macho por detrás. Pero como con todo siempre se quiere más. Tenía claro que necesitaba verle la polla a mi tío. Así empecé a buscar la ocasión, y esta se me presentó de la forma más casual. Un día entré en el baño a lavarme las manos y le encontré meando. Le pedí disculpas pero él me dijo que no pasaba nada, que entrase. Entonces a través del espejo se la pude ver mientras echaba su chorro amarillo . Me excitó su color oscuro y esas manos fuertes sujetándola. Cuando terminó se la empezó a sacudir. Yo no me perdí detalle. Después de guardársela se vino hasta mi y quitándome el jabón de las manos se las lavó el también.

Pensé mucho en la polla de mi tío. Quería verla más de cerca pero eso era temerario. No obstante la fortuna me volvió a sonreír al día siguiente, cuando mi tío se duchó. Estábamos los dos solos en casa pues los demás habían salido de compras. Yo me quedé para estar cerca de él. Oía el agua caer. Entonces gritó mi nombre llamándome. Entré en el baño.

― Oye sobrino, me he quedado sin gel. Abre el armario del lavabo y acércame otro bote.

Obedecí lo que me decía. Cogí el bote y descorrí un poco las cortinas. Casi me da algo. Mi tío estaba en pelota picada. El agua recorría su cuerpo y su entrepierna estaba a menos de medio metro de mi. Tenía jabón en los ojos del champú y los mantenía cerrados mientras se enjabonaba la cabeza. Aproveché esos preciosos segundos para memorizar cada poro de su piel. Después actué con normalidad.

― Aquí tienes tío – Y le dejé el bote en una esquina de la bañera a la vez que me agachaba cerca de su sexo.

Salí muy excitado de aquel baño y muy confundido, no sabía qué me pasaba, por qué mi mente se nublaba de esa forma si siempre me había llevado mal con él.

Cuando mi tío salió del baño me pidió que hiciese un recado. Tenía que pedirle una lijadora al vecino del cuarto. Eso no me hizo mucha gracia ya que por otros veranos que había pasado allí sabía que aquel señor era extraño. Era un hombre soltero sin mucha relación con la comunidad de vecinos . Fuerte tirando a gordo, de unos 60 años, pelo canoso y tremendamente peludo. Sus brazos estaban cubiertos de un espeso vello negro rizado y por su camisa abierta siempre asomaba una mata de pelo frondosa cubriendo su pecho. Su nuca era igualmente peluda y se podía intuir que aquello continuaba por los hombros. Aquel hombre siempre me había mirado de una forma poco común, fijamente, como estudiándome, y no me apetecía para nada hablar con él, pero si queríamos terminar el armario necesitaríamos aquella herramienta.

Así me puse mis pantaloncitos y mi camiseta y bajé las escaleras hasta la casa de este señor. Llamé a la puerta y abrió vestido solo con una bata y unas zapatillas. Me echó una mirada de arriba abajo.

―¿Qué quieres?

―Soy el sobrino del vecino del quinto. Venía a pedirle la lijadora. Estamos haciendo un mueble para la terraza y mi tío me ha pedido que...

―Si, ya se. Ya he hablado con tu tío . Anda pasa, tengo que buscarla.

Aquel hombre me invitó a entrar cerrando la puerta detrás de mi.

―Hacía tiempo que no venías ¿verdad? No te vi el verano pasado...

―Si, si, si que vine. No se, no coincidimos.

―Sería eso... ¿Te apetece tomar algo? – Me dijo haciéndome pasar a la cocina donde abrió un armario con licores.

―No, no, gracias, solo quería la lijadora.

―Si no me aceptas una copa voy a pensar que te caigo mal...

Aquel hombre estaba siendo demasiado simpático ofreciéndole alcohol a un chaval a las doce de la mañana.

―Por lo menos una cerveza de aperitivo o me enfadaré.

―Está bien, una cerveza – dije para quitármele de encima.

Puso una sonrisa de oreja a oreja. No parecía tener prisa por encontrar lo que mi tío le había pedido. Abrió la nevera y sacó dos cervezas.

―¿Y hasta cuando vas a estar en casa de tu tío?

―Pues todavía tres semanas más creo.

―Ya veo ... – Me dijo apoyado una mano sobre la encimera. Me hizo un repaso con la vista descaradamente, como quien mira una mercancía, de pies a cabeza, deteniéndose un par de segundos en mi entrepierna. Me sentía incómodo en esa situación.

―¿Tienes novia?

―Eeeuuuu... no, no tengo todavía.

―Es raro, un chico como tu que no tenga . Seguro que eres un ligón

―No, que va...

Aquel hombre me estaba dando charla. Estando con él más cerca de lo que había estado nunca me fijé mejor en su aspecto. Tenía una bata azul corta que se le cruzaba en el pecho sin nada debajo, ni siquiera ropa interior . Eso me permitió ver unas piernas delgadas pero fuertes, muy velludas y masculinas. Su pecho era impresionante. Tenía la mayor cantidad de pelo que había visto nunca en un hombre y sus antebrazos eran fuertes y gruesos, como sus manos, rudas, cubiertas igualmente con abundancia. Su pelo entrecano le daba la autoridad que correspondía a su edad. Las arrugas de su rostro indicaban la experiencia de una vida madura.

Mientras hablábamos me iba haciendo cada vez preguntas más personales y más incómodas que yo respondía como podía. Poco a poco se me fue acercando hasta que en un supuesto gesto de cordialidad su mano se posó sobre mi antebrazo. Sentí una amenaza sexual al notar su contacto. Yo retiré disimuladamente mi brazo tomando otro trago de cerveza.

―Pues si que es raro que no tengas novia, con lo guapo que eres. Tienes muy buen cuerpo chaval, ojalá yo pillase tus años...

El tío continuó con su conversación y disimuladamente, como quien no quiere la cosa, se empezó a meter una mano por la pechera de la bata, primero como para rascarse, y luego ya descaradamente acariciándose el pecho al principio y luego los pezones, todo mientras hablaba conmigo y me miraba detenidamente. Su otra mano volvió a posarse en mi tenso antebrazo mientras que se separaba bien la bata mostrándome su fuerte pecho de oso como quien no quiere la cosa, pero en realidad se lo estaba acariciando y me lo mostraba . Me tenía arrinconado en una esquina de la cocina sin escapatoria. De repente se empezó a pellizcar sutilmente los pezones, todo mientras continuaba la conversación inmutable. Me estaba haciendo una entrada en toda regla. Ante mis ojos se llevó las puntas de sus dedos a la boca ensalivándoselas levemente y se pellizcó un pezón con descaro. Lo hizo como si yo no estuviese delante y no fuese capaz de verlo, con la naturalidad de alguien que no fuese consciente de lo que ello significaba. Luego se los volvió a ensalivar y continuó con un masaje de pezón interminable. Hay que tener en cuenta que los tenía muy grandes y colorados, muy atractivos bajo esa espesa selva rizada. Se había abierto un poco más la bata mostrándome una tripota peluda impresionante, negra, velluda, de macho. Noté un bulto en su entrepierna. El maduro seguía hablando del verano, las chicas, el tiempo... Su mano avanzó por mi antebrazo. Con la otra en un rápido gesto se sacó la polla entre los bordes de la bata .Casi me da algo . Durante un segundo dirigí mi mirada a su bajo vientre y observé con desasosiego un pollón gordo bien empalmado, lleno de gruesas venas, que asomaba duro como una roca. Alejé mi brazo del contacto de su mano. El tipo continuaba hablando de tonterías, como si no se hubiese dado cuenta de que tenía ese pedazo rabo fuera, y yo hice como si no lo hubiese visto . Me preguntaba por los estudios, que qué hacía. Mientras se volvió a chupar los dedos pero esta vez bajó la mano y se metió un pellizco en la punta de la polla como la cosa más normal del mundo. Yo ya no llevaba la conversación, solo conseguía responder con monosílabos. Ya estaba muy cerca de mi, casi encima mío, y se me había puesto morcillona de ver aquel espectáculo, su polla fuera, sus pezones asomando por la bata, como se acariciaba. Me puso una mano en el hombro...

―¿ Sabes chaval? Siempre me has parecido muy guapo...

Si no hacía algo ese hombre se me iba a echar encima. Justo a tiempo me escabullí a un lado.

―Estooo, bueno, mi tío me estará esperando, quizás sea mejor buscar la lijadora.

Un tanto contrariado el maduro se giró hacia mi con la polla apuntándome .

―Claro, ahora voy a buscarla. Tu espera en el salón, la tengo que bajar del armario y me va a llevar un rato.

―Vale.

Se colocó bien la bata metiéndoselo todo por dentro y fuimos al salón. Me ofreció el sofá para sentarme y me puso la tele. Luego me dio el mando a distancia. Salió de la habitación con cara de pocos amigos.

Buff, lo había pasado un poco mal, me había echado un verdadero pulso. No se qué clase de tío fácil se había pensado que era yo, auque lo cierto es que me la tuve que colocar en el pantaloncito ya crecida. Puse mi cerveza en la mesa y cambié de canales. Todo era un rollo. Finalmente lo puse en el canal del video. El reproductor estaba funcionando, parece que había interrumpido a aquel hombre en mitad de una película. Me sobresalté cuando vi que se trataba de una peli porno. Inmediatamente la quité . Hice como que buscaba otros canales, pero la curiosidad me hizo volver a conectarlo. Miré hacia la puerta por si volvía ese maduro y volví a poner la película. La miré con más detenimiento. No era una simple película, era una película de maricones. En casa de mis amigos había visto películas heterosexuales, de tíos y tías, pero solo de tíos ninguna. Estaba fascinado y tenso por si me descubría viendo aquello. En la tele unos chicos rubitos muy jóvenes, de mi edad, se lo estaban montando. Uno le comía la polla al otro, le pasaba la lengua por todo el mástil, luego los huevos. Oí ruido y cambié de canal. Falsa alarma, que angustia, pero lo volví a poner. Ahí seguían, dándose lengua. Aquellos chavalitos estaban dotados... Mi polla se puso dura. Que guapos eran, con cuerpos fibrados. El activo movía la cadera dándole caña al otro tipo tumbado en una hamaca que se la chupaba a conciencia. Me toqué la polla...

―¡Ejem!

¡Menudo susto me dio! El maduro estaba de pie en la puerta del salón viendo como yo permanecía atento a la peli porno acariciándome. Cambié de golpe el canal con el corazón en la garganta.

―Aquí tienes la lijadora.

Traía consigo una caja con la herramienta que dejó en el sofá de al lado.

―¿ Qué estabas viendo?

―Yooo, estooo, nada, cambiaba de canales

―Entiendo ...

El madurote se sentó a mi lado en el sofá y cogió su cerveza. Luego me quitó el mando a distancia de la mano y volvió a poner la peli porno. Yo tragué saliva. Ahí seguían, ese par de chavalitos rubios completamente depilados dándose cera. Uno de ellos se puso un condón y se la empezó a meter al otro.

―Si quieres te puedes quedar un rato a verla, a mi no me importa

―Estooo, sería mejor que me fuera

―Venga, no tengas vergüenza, quédate un rato, no te has acabado la cerveza. Ponte cómodo.

Se echó hacia atrás con su bebida en la mano tranquilamente. Yo estaba tenso pero con lo cachondo que había estado aquellos días la película me consiguió hipnotizar . Me eché también para atrás dispuesto a verla. Qué buenas trancas tenían, el condón no le llegaba a la base del pene al tipo que penetraba. Intenté relajarme, aquello no era tan distinto a cuando veía pelis guarras con mis colegas haciéndonos todos pajas. Nunca había visto una peli de tíos y estaba flipando. El maduro subió un poco la voz para escuchar sus gemidos y jadeos.

―Oooohh fuck me baby, ooohh yeah, yeah, mmmm, ooohh yeah

Mi polla estaba gorda.

―¿Te gustan? – Me preguntó el maduro. Yo simplemente encogí los hombros.

―Tu te pareces a ellos – Concluyó

Luego el maduro se metió otra vez una mano por la bata y se empezó a acariciar las tetillas lentamente. Otra vez se mojó los dedos y se acarició los pezones peludos. Estaba concentrado en la película. Separándose más la bata se sacó una de sus tetazas cachondas por el borde acariciándosela ya con toda la manaza. Le metió un buen trago a la cerveza y la dejó encima de la mesa. Luego se abrió más la bata con ambas manos pero sin desanudarse el cinturón dejando su tripota descubierta. Con una mano se acariciaba la barriga peludísima y con otra se trabajaba las tetas.

―¿Están buenos verdad? – Me preguntaba

Yo estaba decididamente empalmado. La presencia de aquel pedazo de hombre a mi lado me inquietaba, pero mi polla abultaba claramente debajo del pantalón.

La escena de la película terminó con la corrida de los dos rubitos y cuatro nuevos actores aparecieron en una piscina duchándose juntos. Luego se metieron en un jacuzzi y empezaron a besarse. No tardaron en empezar a mamárselas.

―Mira que bien la chupan – Me decía el viejo cabrón. – Qué grande la tienen ¿eh?

Si, era cierto, la tenían grande. El madurote se pasó una mano por encima de la entrepierna soltando un gruñido. Luego se apartó los pliegues de la bata y se la sacó. Ahí estaba otra vez, su polla, gorda, llena de venas, madura. Algunos pelos canos de sus cojones asomaban entre la tela. Acercándose a la mesa le dio otro trago a la cerveza y se volvió a recostar. Se mojó tres dedos y se pellizcó la punta del nabo – gmmm – suspiró. Fue alternando mientras se acariciaba los pezones y se pellizcaba el nabo . A continuación me miró a mi de reojo y cogiéndosela por la base comenzó a balanceársela adelante y atrás. Aquellos jóvenes actores continuaban dándose lengua. El tipo se bajó la piel con dos dedos soltando un pequeño bufido – buff gmm – y repitió la operación ensalivándose otra vez.

Mi polla gorda rebosaba mi pantalón pero no estaba dispuesto a sacármela con ese viejo verde al lado. Qué buenos estaban aquellos tíos.

―Oye chaval ¿ Por qué no te la sacas? No te de vergüenza por mi eh, que a mi me da igual, que estamos entre tíos. Haz como yo.

Pues si que me daba apuro enseñársela al viejo aquel así que no me moví.

―Mira chavalote, ¿por qué no nos hacemos unas pajas? Entre tíos ya sabes, yo te la hago a ti y tu me la haces a mi ¿eh? ¿Qué dices?

El tío ese con 60 años me estaba pidiendo que se la cascara, que guarro, se veía que le iban los jovencitos. Me llevé mi mano por instinto a la entrepierna. La verdad que estaba empalmado y me apetecía tocármela.

―Venga tranquilo, empiezo yo

Sin darme tiempo a reaccionar el maduro llevó una mano a mi entrepierna. Yo me quedé sorprendido por su osadía.

―Espera, espera, ya lo hago yo – le detuve

Me mojé los labios secos. Me la toqué un poco por debajo del pantalón y luego me la saqué dura y grande. El viejo me la miró fijamente.

―Lo sabía, sabía que eras un pollón – dijo susurrando, hacia si mismo.

Y no se estaba refiriendo a lo que se había imaginado ese momento al verme ahí sentado, se estaba refiriendo a que toda la vida desde que me vió el primer verano en casa de mi tío me había imaginado con semejante polla en sus fantasías, desnudo.

Me recosté hacia atrás sobre el sofá y le dejé hacer.

El viejo llevó ambas manos a mi polla. Con los dedos índices y pulgares me agarró del prepucio y lo empezó a bajar lentamente, disfrutando el momento de descubrir aquel fruto prohibido. Cuando todo el glande quedó al descubierto continuó bajando hasta que me estiró toda la piel. Yo resoplé.

―Qué grande la tienes – apreció

El tío se inclinó sobre mi sexo admirándolo .Luego continuó con los cuatro dedos bajando y subiendo, su cara muy cerca de mi joven falo . La peli continuaba con gemidos obscenos. El tipo no me estaba haciendo realmente una paja, estaba mas bien manoseando mi polla, cada pliegue, sus venas, excitado como un berraco.

―¿ Va bien?.

―Si – le respondí

Así estuvo un rato, acariciándome la tranca. También sopeso mis huevos de adolescente, todavía con la mitad de pelos de los que tengo ahora.

―Venga, ahora tu – me dijo

No sería la primera polla que cogía pero me sentí violento. Tenía un rabo bien empalmado, con venas marcadas y gorda como ya he dicho. Unos huevos grandes y pesados le caían debajo y todo era enmarcado por un motón de vello púbico la mitad negro como el betún y la otra mitad canoso. Sus maduras y peludas piernas y su tripa lo remataban.

Alargué la mano y lo cogí de una sola vez. Mierda, estaba ardiendo u era más gruesa de lo que me había parecido. No era la más larga del mundo pero era muy morbosa. Una gota de líquido preseminal apareció en la punta.

El maduro alargó su mano izquierda y me agarró de la nuca. Yo me puse más tenso todavía. Me comenzó a masajear el cuello arriba y abajo, como si fuese una polla, subiendo hasta mi pelo y bajando hasta mi espalda una y otra vez, lubricado por el sudor de mi piel. Ahí pude notar la fuerza de su firme mano marcando un ritmo. Giré mi cabeza y me encontré con una mirada de hielo fija en mis pupilas, esperando mi reación. Los gemidos eran continuos en la tele y él continuaba con su fuerte masaje. Con la respiración entrecortada conseguí liberarme de sus ojos y recorrí su cuerpo. Por primera vez entendí dónde me encontraba. Durante todos aquellos años aquel hombre simplemente me había intimidado, pero ahora me daba cuenta del pedazo de macho que era. Ante mi tenía su cuerpo, su pecho peludísimo ocupándolo todo, sus pezones gordos y colorados seguramente super sensibles, su tripa redonda, sus anchos hombros, su nuca peluda, su fuerte espalda, sus poderosos antebrazos, esas manos de camionero, y una expresión de absoluta seriedad, en completo silencio, anunciando que esto no era un juego como me había hecho creer.

Tragué saliva.

El me seguía sujetando por la nuca fuertemente mientras yo se la agarraba.

―¿Te gusta lo que hacen esos chicos? – Me preguntó.

Yo miré a la tele. Había un pelirrojo recostado sobre una máquina de pesas mientras otro jovencito de tranca descomunal le penetraba con ganas.

―Si – respondí casi inaudiblemente

Se me estaba volviendo a ir la cabeza como en el tren

―¿Te gusta mi polla?

Le miré ese pedazo de polla ensalivada, luego nuestras miradas se clavaron la una en la otra de nuevo, su mirada era de chacal, él supo que me tenía, que su plan había funcionado, que me había cazado. Asentí con la cabeza, si, me gustaba, me gustaba mucho, muchísimo.

No me preguntó nada más. Hizo mucha fuerza con su mano en mi nuca obligándome a bajar a su entrepierna hasta que tuvo mi cara a un centímetro de su pollón. Ahí se paró notando mi aliento en su glande lubricado. Iba a realizar su fantasía, tenía al sobrino del vecino del quinto con la boca abierta dispuesto a comerle el rabo . Yo era aquel chavalillo guapísimo que parecía sacado de las películas porno de jovencitos del este que él consumía compulsivamente. Demoró el momento de metérmela en la boca. Su pecho de macho subía y bajaba respirando pesadamente por el angustioso deseo reprimido tanto tiempo. Yo estaba quieto, esperando el momento en que me empujase la cabeza obligándome a recibirle en mi garganta. ¿Por qué habíamos esperado tanto tiempo para hacer aquello?

Cogiendo su polla por la base me la pasó por los labios lentamente. Yo intenté metérmela ya pero me lo impidió. Continuó acariciándome con su glande. Aquella polla olía a macho, justo como a mi me gustan, sucias de un par de días como poco. Anhelaba su sabor en mi paladar. Le di un beso en la puntita, justo en el agujero del pis.

―Abre la boca todo lo que puedas – Me dijo seriamente.

Yo obedecí . Lentamente sin tocar mis labios ni mi lengua fue enterrando su tranca hasta la campanilla. Ahí sentí una arcada, pero a continuación mi lengua exploró ese trozo de carne madura y noté aquel gusto a polla increíble que me vuelve loco. Iba cuesta abajo sin freno.

―Chupa – Ordenó

Mi boca se transformó automáticamente en un coño. Mis labios se ajustaron a aquel tronchazo y mi lengua lamió desesperada aquel hombre.

―Gmmm – Un gemido de placer se le escapó.

Mi boca convertida en una bomba de succión comenzó a hacer su trabajo, arriba y abajo, dentro y fuera. Mi lengua recorrió su frenillo y el recodo que forma el glande con tallo, repleto de glándulas sebáceas productoras de aquel sabor sexual . Se la mamé, se la chupé, se la lamí como una perra. El seguía con la bata atada.

Me metió dos dedos en la boca para que abriera bien y de un golpe me la metió entera . Empezó a bombear y agarrándome del pelo me marcó el ritmo más allá de la campanilla provocándome nauseas. Dejé abierta mi garganta todo lo que pude para que me usase como quisiera. A veces me la sacaba y me la restregaba por toda la cara para a continuación volvérmela a enterrar . No hablaba, no decía nada, solo resoplaba. Con machos de ese calibre no hay otra, ellos deciden cómo y a qué ritmo se la vas a mamar, tu solo eres su objeto. Estuvimos así un buen rato hasta que paró.

―Mira esos – Me dijo refiriéndose a la peli porno . Los jovencitos se daban por culo – Me sacó la camiseta. El miró con lascivia mi joven cuerpo fibrado que no tenía nada que envidiar a los del video aquel – Que guapo, y que joven eres .

Pasó su mano sobre mi con firmeza, gustándose. Cuánto había deseado mi cuerpo todos aquellos veranos durante los cuales veía cómo me iba convirtiendo en un hombrecito.

―¿Te gusta lo que hacen? – Me volvió a preguntar mientras se enculaban.

―Si – le dije

Bajó su mano hasta mi culo y lo acarició sobre el pantaloncito. Metió su mano por debajo y jugó en la entrada de mi ano con un dedo .Luego me los quitó enteros y los arrojó a un rincón. Continuó acariciándome los cachetes.

―¿ Te has metido cosas por ahí? – Me preguntó.

―Si

―¿ Qué cosas?

―Cosas – respondí sin querer dar más detalles

―¿ Has estado con algún hombre? ¿Algún hombre te ha hecho eso? – dijo refiriéndose al video

Yo asentí con la cabeza.

El se desanudó el cinturón y se abrió completamente su bata. Ante mi quedó completamente expuesto su cuerpo, absolutamente sexual, con vello abundante por todos lados.

Se levantó y fue hasta el mueble del salón. Allí abrió un cajón y rebuscó algo. Una vez lo hubo encontrado volvió hacia mi. Yo estaba sentado en el sofá y él de pie frente a mi, empalmado, con esa bata abierta cachonda y con un condón y un bote de lubricante en al mano, mirándome con una seriedad con la que ningún adulto me había mirado hasta entonces. Ese hombre no me iba a tratar bien.

Por un momento me sentí mal. Yo había bajado a hacer un recado y había dejado que ese señor me llevase a su terreno, y ahora me iban a volver a dar por culo sin piedad . Ni siquiera había decidido que eso fuera lo que quería, pero era como si las circunstancias me arrastrasen, llegado a ese punto no podía decir que no. No tuvo que hablar ni ordenarme nada. Solo con su mirada supe que quería de mi. Me incorporé y me puse a cuatro patas sobre el sofá, me iba a dar mi merecido.

El se echó un escupitajo en la polla antes de calzarse el condón.

―Separa bien los pies – dijo

Con una mano me cogió de la cadera y acercó mi culo a su entrepierna. Me empezó a temblar el cuerpo.

El cogió un montón de lubricante y se lo extendió por el condón. Luego puso la punta en mi ano y empezó a empujar. Yo lancé un gemido

―No grites – me ordenó – Relájate

Es difícil relajarse cuando un macho de ese calibre te va a penetrar. Giré mi cabeza hacia atrás y le vi colocado, en posición. Que pedazo de hombre era, que fuerte, maduro y peludo. Era increíble que a alguien como el le fuesen los chavalillos. El dolor me desapareció según iba recobrando la erección. Eché mi culo hacia atrás y le hice clavármela entera.

―Aggg – se quejó. Le había dolido y gustado a partes iguales, y yo ya sentía mi recto lleno como en el tren. Ahora quería que me cabalgara. Empecé a mover el culo acompasadamente . El entendió que podía follarme sin piedad y ―comenzó un metesaca capaz de partir a cualquiera . Me la metía resoplando, cachondo. Era como un cowboy dominando el ganado.. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!

―Aaaaa, aaaa – gemía yo mientras sus huevos chocaban contra mi.

Me empezó a dar cachetazos en el culo, con sus manos agarrando mi cadera logrando metérmela bien adentro.

Me estuvo haciendo ver las estrellas un rato y después cambiamos.

Con su bata abierta él se sentó en el sofá. Frente a frente yo me abrí de piernas encima suyo y él colocó su pene en la entrada de mi ano. Me dejé caer con ganas mientras lanzaba un sollozo de placer. Que me follase por atrás era un lujo, pero verle la cara y el cuerpo maduro mientras me la metía era demasiado. La tenía dura como una viga en mi ano mientras yo subía y bajaba botando, dentro y fuera, dándome placer, mi polla empalmada . Eché mi cuerpo sobre él y le lamí los hombros, le acaricié las tetazas, le manoseé todo mientras él hizo presa de mis nalgas y me movió como quiso haciéndose una paja con mi recto. No hablábamos, solo me la metía bien metida. Ese cabrón me sacaba más de 40 años y me follaba como si tuviese 15 .Yo era muy joven y él un viejo abusador, y eso lo hacía todo más sórdido y sexual. Desde el principio había sabido como arrastrarme y ahora me manejaba a su antojo.

Fue una cabalgada espectacular. Después de eso me dijo que me levantara, que quería que fuésemos a su habitación. Yo accedí . Me levanto y me hizo caminar hasta su habitación, yo delante y él detrás con tres dedos suyos metidos en mi culo, manejándome por la casa como una marioneta. Tenía la una cama doble revuelta, las sábanas echas un lío de la noche anterior. Yo me volví a poner a cuatro patas.

―No, así no

Puso dos almohadones debajo de mi vientre y me ordenó tumbarme bocabajo, de tal manera que mi culo quedó elevado. Mi cara quedó sobre el colchón . Aquella cama olía a él, a ese hombre. Mi erección se endureció al saber que todo aquello estaba impregnado de su ser, que era donde pasaba las noches y donde se follaba a sus amantes .Se quitó la bata y la tiró a un lado. Ahora los dos estábamos completamente desnudos. Volvió a poner su polla con condón en mi ano y la metió de golpe. Esta vez su cuerpo pesado se frotaba contra el mío provocándome escalofríos de placer. Mientras movía su cadera a golpes me lamía el cuello, metía su lengua en mi oreja, me manoseaba los pezones y me decía cosas guarras, que como le gustaba, que tenía un culo increíble... Yo me sentía feliz siendo penetrado por ese viejo.

―Me corro – me advirtió jadeando

Aceleró el ritmo y sus huevazos soltaron una intensa lechada en el plástico hasta que dejó de moverse dentro de mi mucho después de soltar la última gota.

― Aaaagggg aaa, mmmmmaaagggg

Luego se salió y se quitó el condón. Lo tiró a lado de mi cara y se fue al baño.

Había estado genial. Miré el preservativo usado. Una oleada de calor me invadió. Lo cogí con cuidado y metiendo mi nariz lo olí por dentro. Olía a polla de viejo, era fantástico, como si su hombría se hubiese condensado dentro de ese condón. No lo pude evitar, metí mi lengua buscando su esencia, pero no era suficiente y lo incliné hasta que unas gotas de semen cayeron a mi boca sedienta. Tener su leche en mi lengua era demasiado, me eché un poco más y lo degusté. Mi polla estaba gorda. Con cuidado de que no se derramase nada me puse el condón usado en mi polla. Ahora tenía su leche y el sudor de su rabo en el mío. Saber que su polla había estado ahí adentro gozando era demasiado para mi. Me masturbé con ganas en su cama, rodeado del aroma de su sudor, oliendo las sábanas. No tardé mucho en correrme y mi semen quedó mezclado con el suyo. De alguna manera era una forma de follarle.

Oía el agua de la bañera caer. Se estaba duchando. Me levanté con el culo resentido. Fui hasta el salón, tenía la intención de coger la lijadora y marcharme, pero sentí que necesitaba más. Entré en el baño en silencio y corrí las cortinas . Ante mi aquel macho apareció completamente desnudo chorreando agua. Me miró fríamente. Yo entré en la bañera y volví a correr las cortinas. El agua cubrió nuestros cuerpos. El se quedó esperando mi iniciativa. Me acerqué y le di un beso guarro con lengua de campeonato. Estuvimos morreándonos bastante tiempo. Su lengua jugó con la mía llenándome de babas . Luego bajé por todo su cuerpo lamiendo, sus tetas, su tripa, sus piernas, y su polla. Le hice un trabajo espectacular hasta que conseguí que la tuviese dura de nuevo. Entonces me giré e inclinándome hacia delante me separé las cachas del culo con ambas manos, me estaba ofreciendo de nuevo y esta vez no iba a cometer el mismo error, esta vez iba a ser a pelo.

Así lo entendió él. Apuntó su polla y me la empujó bien adentro. Yo gemí como una puta.

―Siiii, siiii, dame.... dame bien... aaagggggg ......dame ..... rómpeme el culo ...

Me metió unas embestidas que me hicieron acabar aplastado contra los azulejos. Hizo presa en mi y se la rascó con furia dentro de mi ano. Era una locura, como le sentía, lo ancha que era y como me entraba. Sus sabias manos me recorrían el cuerpo.

―Gmmm me voy a correr – Me advirtió

―Siiii, siii, córrete cabrón, ¡vamos!

―AAAaaaagg AAAAAgggggg

Me metió tales pollazos que mis pies se levantaron del suelo y me dejó empalado contra la pared . Yo chillé como una mujer al sentirme tan follado. Espesos grumos de semen fueron expulsados en mi intestino anhelante y fueron recibidos como un bálsamo preciado.

Le había dejado agotado. Cerró el agua de la ducha y salimos. Después de secarnos nos sentamos en el sofá. No le había dejado ducharse y seguía oliendo a macho . Mi cabeza reposaba como la de un amante en su pecho mientras mi mano acariciaba su vello y mis fosas nasales se llenaban del olor de sus axilas.

―¿Por qué no habíamos hecho esto antes? – Le pregunté

―Podemos repetir cuando quieras – Me contestó mientras me acariciaba el trasero.

Le lamí un pezón mientras mi mano le acariciaba los huevos. Qué grandes eran, estaban llenos de leche para niñatos como yo. Me dio un beso sucio.

―Ahora es mejor que te subas y le des la lijadora a tu tío. Invéntate cualquier excusa pero no le digas que has pasado todo este tiempo conmigo. Cuando terminéis con ella puedes bajármela tu y pasaremos otro buen rato.

Y así ocurrió. Le dije a mi tío que me había dado una vuelta y que regresando me había pasado por casa del vecino. Usamos la herramienta toda la tarde y antes de la cena volví a casa del viejo. Allí me dio por culo una vez más. Decidí que me pasaría el verano visitándole.

Aquel hombre, el vecino, trabajaba todo el día. Llegaba tarde a casa de manera que tuve que conformarme con que me follase siempre antes de la cena, así durante 5 días. Mi culo se había hecho a su polla y no me dolía nada. Me relamía pensando en el sábado, cuando tuviésemos todo el día para nosotros. Sin embargo él tenía otros planes y me dijo que por el día no nos podríamos ver. Me pidió que mintiese en casa y dijese que iba a salir de marcha aquella noche con unos chicos del barrio. Ya era bastante tarde cuando nos encontramos en un lugar acordado fuera del barrio. Me llevó andando durante una hora hasta lo más sórdido del centro urbano. En una bocacalle giramos y nos metimos en un callejón mal iluminado. Luego caminamos hasta pararnos delante de una puerta negra a la que tuvimos que llamar para que nos abrieran. Era un sucio pub oscuro, lleno de columnas, humo, ruido, luces moradas y espejos. Aquello estaba lleno de hombres maduros y chavalitos muy muy jóvenes como yo. El madurote, mi amante, se pidió una copa tras otra mientras yo permanecía a su lado observándolo todo. El camarero y algunos clientes del bar le conocían, al parecer era cliente habitual .Después de un rato tuve ganas de ir al servicio y echar un buen chorro de pis. Aquel baño estaba muy oscuro, casi no me la veía. Que a gusto me quedé . Al salir un hombre me detuvo intentando darme palique . Yo fui todo lo cortés que pude pero intenté no entretenerme demasiado. Antes de llegar a la barra vi al viejo, mi acompañante, hablando con un chavalito y como se iban juntos hacia el fondo del todo. Yo les seguí hasta unas escaleras negras que subían, pero ahí un tipo fornido me impidió el paso.

―Aquí no puedes subir tu solo, tienes que ir con alguien más – Me justificó.

Yo no entendía nada ¿ A dónde se había ido?

Me apoyé en una columna pensativo, pero poco me duró la soledad. Un hombre gordo con barba de unos 40 años con vaqueros, camisa de leñador y tirantes se me acercó.

―Hola, que tal . nunca te había visto por aquí. ¿Eres nuevo?

―¿Eh? ¿Cómo? Eeehh, si, si, soy nuevo – le dije saliendo de mis pensamientos.

―¿ Sabes que no estás nada mal?

―Emmm gracias

―¿Estás con alguien?

―Bueno, si, pero supongo que me han dejado tirado

―Eres muy guapo – me decía acercándose mucho a mi oido – Cuánto

―¿cómo? – Le pregunté

―Que cuanto cobras – Y puso toda su manaza en mi polla agarrandola. Yo di un respingo .― ¿Que te parece esto?

El gordo barbudo se sacó un billete de 50 euros del bolsillo

―Y nos vamos tu y yo para arriba....

Ahí dio con la clave, yo quería subir. Ese tío se había pensado que era un chapero, pero lo único que quería era saber qué estaba haciendo mi maduro arriba con el jovencito.

―Está bien, vamos – le dije. Hoy en día reconozco que estuve loco haciendo aquello.

―Muy bien

Me puso una mano en el culo y me llevó hasta las escaleras. Allí le dio otros 20 euros al matón y subimos por el oscuro pasillo iluminado con mortecinas luces moradas.

A ambos lados había puertas de las que surgían jadeos y gemidos. Puse mucha atención para lograr oir al maduro. Le escuché, detrás de una puerta negra, inconfundible su jadeo ronco.

―Espera – le dije al de la barba

El gordo me dejó hacer. Lentamente fui abriendo la puerta... Y ahí estaba. En la cama había un chaval rubio demasiado joven atado bocabajo de pies y manos a cada esquina mientras que él completamente desnudo le enculaba a saco. La cama chirriaba a cada embestida y ambos gemían como animales. El viejo con la boca abierta soltaba sus babas sobre el chaval. Yo me quería morir. Sabía lo que iba a ver pero no quería aceptarlo. Quizás había sido un ingenuo por pensar que ese hombre iba a follarme en exclusiva pero me dolió porque yo le quería solo para mi, quería su rabo en mis entrañas cada día. El gordo se me acercó por detrás y abrazándome metió su manaza dentro de mis pantalones. Me la cogió bien.

―¿ Te pone cachondo? – me preguntó

―Si – mentí

Ya había visto lo que quería. Cerré la puerta con cuidado y me dispuse a marcharme cuando el hombre me cogió por el brazo

―¿A dónde crees que vas?

―Oye mira, he cambiado de idea, en serio, no me apetece

―Mira niñato, no me jodas porque no estoy para bromas. Hemos hecho un trato, los 50 euros son tuyos, y ahora vas a dejar que te rompa el culo. ¡Vamos joder!

Agarrado como me tenía me arrastró hasta el fondo del pasillo y me lanzó dentro de un cuartucho. Luego me tiró con violencia sobre un camastro y cerró la puerta. Se complació al verme asustado.

―Que guapo eres, pareces una niña, no pareces una puta . Te voy a gozar .

Empezó a desabrocharse los botones de la camisa. Luego se quitó los tirantes. Era un hombre grande, con barbaza, musculado dentro de su gordura, algo de vello en el pecho y una fila de pelo que le bajaba hasta el ombligo. Se quitó completamente la camisa y se avalanzó sobre mi. Me arrancó la ropa y descargó su peso aprisionándome.

―No por favor, déjeme – le decía

―Vamos puta, si esto es lo que os gusta, que os follen bien. Te va a gustar... ya verás.

Me cogió la cara con ambas manos e intentó darme un beso sucio. Yo me aparté como pude pero insistió hasta que su lengua estuvo moviéndose rápida por mi boca.

Parecía que el rollo estrecho que yo representaba le molaba y no dudó en forzarme para conseguir satisfacerse. Por 50 euros de mierda pensaba yo, y por ver al viejo ese poniéndome los cuernos. No podía hacer nada contra él.

Me puso a cuatro patas en la cama con el culo levantado y la cara pegada a la sábana. Yo miraba hacia atrás como se bajaba los pantalones. No había otra, o dejaba que me follase o me daba una paliza. Vi unos calzoncillos blancos y después su tranca. La tenía de un tamaño medio, respiré aliviado. De acuerdo pensé, espero que tarde poco. Se sacó un condón del bolsillo y se lo enfiló. Luego me escupió en el ano y me metió un dedo. Joder – pensé. Tenía los dedos gordos como pollas . Suspiré deseando que no continuase con aquello pero me metió un segundo dedo. Buff, si me metía tres me rompía, qué cabrón, me estaba dilatando bien para no encontrarse con dificultades. A continuación se escupió la polla. – Si bastardo, méteme la polla de una vez y termina – pensaba. Encajó su capullo sin dificultad en mi ano y a continuación me la metió con ganas . Cabalgó con fuerza mi culo en alto mientras le oía jadear por el esfuerzo de la follada. Yo no pensaba disfrutar pero al sentirle dentro y moverse con tanta fuerza me empalmé. El tío movía su masculino cuerpo llevado por la lujuria de poseerme y yo le sentía de lujo ya que no tenía una de esas pollas enormes mortificantes. El vio que yo disfrutaba cuando me llevé una mano a la polla y me empecé a masturbar.

―¿ Te gusta perra verdad? Claro que si. Para ser una guarra eres muy estrecho, joder... – gruñía

Me quitó la mano y cogiéndome de la polla me continuó él la paja. Me estaba dando un gustazo. Luego se echó hacia delante y me aplastó bajo su corpachón. Me estuvo follando un rato, dándose gusto, soplándome la nuca . Después me hizo una proposición entre jadeos

―Oye puta, te daré 100 euros si dejas que te la meta sin condón.

―¿ Qué?

―150. Te daré 150 euros si dejas que me corra en tu culo. ¿ Qué dices eh?

No era mala oferta teniendo en cuenta que yo no trabajaba y por mis manos no pasaba normalmente esa cantidad de dinero. Con la polla dura como un palo acepté.

Se incorporó y se sacó el condón. Luego me la metió de una vez. Qué gustazo nos dio sentirnos sin el plástico. Me penetró un buen rato. Su cuerpo se rozaba contra el mío sudoroso mientras mugía de placer.

Me pasaba la lengua por la nuca, me cogía con fuerza de los brazos, se movía rápido y fuerte...

―Me gustas, me gustas .... – Me decía

Yo apretaba el culo para hacerme más estrecho y sentirle más fuerte. Buff, mi primer cliente me estaba dando un gustazo. Después de un rato me empezó a dar unos golpes de cadera brutales:

– Me voy a correr en tu culo ¿entiendes? Te voy a preñar, te voy a preñar puta .... AAAAAggggg aaaajmmmmmjjj mmm aaaaa.

Vació sus grandes huevazos en chorros abundantes. Yo sentí su calor y cómo me iban encharcando. Después de un rato de correrse me la sacó morcillona y se quedó tumbado sobre mi. Luego se dejó caer a mi lado bocarriba con los ojos cerrados. Yo hice ademán de incorporarme.

―No te levantes todavía, quédate un poco – Me dijo

Yo le pasé un brazo sobre el pecho y recosté mi cabeza. El me cogió con un brazo trayéndome hacia si y me dio un morreo bien dado. Luego volvimos a quedarnos juntos, mi cabeza sobre su pecho, ambos con los ojos cerrados, mientras le acariciaba los huevos y él me acariciaba el culo a la vez que me metía algún dedo que otro.

―Ha estado bien – suspiró . – Si vuelves por aquí me gustaría repetir. – hizo una pausa ― Un chico como tu no necesita venir a un antro como este.

Me tumbé encima suyo. El sonreía. Nos dimos otro morreo. Yo estaba empalmado y me empecé a frotar contra él.

―Hazme una paja – Le dije – Por favor

El tío bajó su mano y me la empezó a machacar. Que gusto me daba estar sobre él mientras me masturbaba.

Sin avisarme se incorporó y colocándome bocarriba me separó las piernas y se metió mi polla en la boca. ― Uuuuuoooooauuu – Aquello era todavía mejor. Me la comió como un profesional. Cuando estaba a punto de correrme le intenté apartar pero me lo impidió y se tragó todo lo que eché. Su barba quedó manchada con mi semen, pero a él pareció gustarle este hecho.

Cuando terminé nos vestimos y volvimos al bar. Me invitó a un par de copas antes de que yo me volviera a casa solo. Ni rastro del maduro. Iba pensativo por la calle. La verdad era que no sabía si perdonarle, no hacía más que pensar en su polla, en ese olor que tenía, y en como me follaba. Y bueno, después de todo los machos son así, no se les puede retener, tienen que saciar su hambre de sexo . Si, definitivamente le perdonaba, nada impediría que me volviese a follar ese viejo. Me toqué el bolsillo... encima tenía 150 euros...

La mañana del domingo siguiente bajé otra vez a su casa. Le pillé vestido a punto de salir. Le dije que teníamos que hablar. Él me dijo que tenía que entender que yo era un chiquillo y que él tenía que continuar su vida, que él no era de comprometerse y el verano se acabaría. Mientras me soltaba todo esto me dio la vuelta contra la pared, me bajó los pantalones y se la sacó.

―¿Comprendes lo que te estoy diciendo?

Noté su polla en la entrada de mi culo. Me separó los cachetes.

― ¿Lo comprendes?

Como no lo iba a entender si mientras me lo decía empezó a presionar con fuerza constante hacia dentro.

―Aaaaaaayyyyaaa mmmmgg siii – dije yo sin voluntad.

―¿Lo entiendes?

―Siii, sii, lo entiendo – le dije mientras una lágrima mezcla de tristeza, dolor y placer caía por mi mejilla ― pero prométeme que me follaras siempre ... prométemeloo aaaagggmmmm

―Si, gmmmm, te prometo que te follaré siempre AAAAgggmmm

Subí a casa con el culo dolorido. Habíamos dejado claras las cosas. Llegado a ese punto tuve presente que yo también haría mi vida por mi lado. Tenía ganas de volver a ver al revisor ....

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