Fantasias privadas

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RESUMEN

El día de mi cumpleaños nos reunimos tres amigas y yo en el chalet de una de ellas y comenzamos a desparramar contándonos nuestras fantasías sexuales.

Soy Isabel esa mujer liberada e independiente. Sigo estando en forma. Soy sumamente atractiva y me conservo prácticamente igual que cuando tenía 20 años. Hay gente que dice que estoy incluso mejor. Eso quizás se deba a que hago mucho ejercicio. Mis piernas son fuertes. Mis brazos algo robustos y tensos. No tengo barriga. Estoy muy bien de cintura. Ahora llevo el pelo teñido de rubio y me queda muy bien. Mis pechos no son exageradamente grandes pero están muy bien. Sigo estando divorciada.

Para celebrarlo fui con tres amigas a la sierra al chalet de una de ellas. Al de mi amiga Josefina que está casada y tiene 36 años. Su marido se había quedado de Rodríguez abajo en la ciudad. Es morena y destacan sus abultados pechos. Los tiene muy grandes. Es una mujer ancha pero no gorda. Tiene buenas piernas.

Se había venido también Luisa. Una estupenda señora de 45 años. Carnal. Jamona pero no gorda. Mucho mejor que su marido que es típico barrigón. Con su tipo puede seducir a hombres de 30.

Y Paloma, la más joven. De 24 años y con novio. Absolutamente bellísima y no sólo por su juventud. Su cuerpo es bastante parecido al mío pero lógicamente más suave. Pero ya digo que es guapísima. Su pelo es castaño. Y sus ojos marrones.

Bajamos al pueblo. Compramos comida para una suculenta cena. Y bebidas para luego tomarnos nuestro whisquicitos.

Durante la cena terminamos hablando de hombres y de las diferencias que hay entre ellos y nosotras. El vino nos acompañaba. La voz cantante la llevaba yo como siempre que se trata de estos temas.

―Eso de que los hombres son más materiales y las mujeres más espirituales son pamplinas. Hay de todo en ambos géneros. Es como yo. De acuerdo que a mí me gusta leer relatos eróticos pero luego tengo una amiga que le gusta a veces y a otras ocho que no les gustan nada. Pero es que a los hombres les pasa igual. Hay uno o dos que les gusta leer relatos pero a los otros ocho no les gusta nada. Bueno alguno lee ocasionalmente pero alguna mujer también. Depende de cada persona. Yo soy ninfómana perdida pero hay tíos que también lo son pero también hay hombres muy modositos.

Paloma, la joven, me decía que tenía razón.

―Las mujeres no hablamos nunca de sexo delante de ellos, somos más discretas, si estuviera aquí mi marido no estaríamos hablando de esto― dijo Josefina.

―Eso es cierto― afirmé yo.

―Lo que pasa es que los hombres son unos bestias. Si un tío va a ligar no tiene miedo de que ella le viola o le mate y en cambio nosotras sí― dijo muy atinadamente nuestra veterana Luisa.

―Bueno las fantasías que tengo yo son las mismas que las de los hombres― dije yo desafiante.

Ellas afirmaron con la cabeza.

―Tengo las mismas ganas y fantaseo con las mismas cosas que ellos. Lo único es que me quedo embarazada y ellos no.

―Son unos cabrones que suerte que tienen― dijo la hermosa Paloma.

Así fue transcurriendo ya la noche. Nos servimos los vasos de whisky o ron con fanta o con coca cola. A la media hora ya se nos subió a la cabeza.

Josefina puso una peli porno que veía con su marido. Nos excitó pero preferimos poner el ordenador y leímos unos cuantos relatos de Todorelatos Nos reímos a carcajadas y nos pusimos cachondas. Yo seguía con mis monólogos.

―De acuerdo que me gusta leer relatos o rozar o que me rocen pero también me gusta ver. La peli porno que veíamos antes me gustaba. Y a los tíos de acuerdo que les gustan ver culos y tetas pero si les tocas les pones a mil. A nosotras nos pasa igual. Si veo a un tío guapo y musculosos me pongo a cien.

El caso es que entre risas y más bebida, y lectura de relatos y pelis porno decidimos irnos las cuatro a uno de los dormitorios y juntamos dos camas. Nos tumbamos sobre ellas.

―Nos vamos a hacer pajas juntas como hacen los hombres― dijo Josefina.

No podíamos parar de reír. El desparpajo de la dueña del chalet hizo que nos desinhibiésemos. De pronto se quitó absolutamente todo, incluso el tanguita que llevaba puesto. La guarra llevaba un tanguita. Vimos sus tetones impresionantes y me dio envidia. Las tres restantes hicimos lo mismo. Echamos mano a nuestros sexos. Y nos los tocamos. Yo estaba tumbada en el extremo izquierdo, a mi lado estaba Paloma de 24 años y muy bonita, a su lado la exuberante y madura Luisa y en el otro extremo la tetona y dueña de la casa Josefina. Sabía que a mí me tocaba romper el hielo.

―Yo soy bi― dije.

―Yo soy hetero.

―Yo no sé― dijo la señora Luisa soltando una carcajada.

―Yo soy hetero.

―¿Cuál es vuestra zona erógena preferida? La mía el clítoris― dije.

―Todas las partes― dijo paloma la jovencita.

―También el clítoris.

―Lo mío son los pechos. Una mujer de tetas grandes como yo con lo que más disfruta es con ellos. Me hago pajas desde los 13 años sobándome mis tetones― dijo Josefina― y dicho esto vimos como efectivamente se los estrujaba. Ufffff.

―¿Cuál es vuestra fantasía sexual preferida? A mí me gusta todo – dije.

―A mi todo no... Mucho sí― dijo Palomita.

―A mí también mucho― dijo Luisa.

―Mucho.

Nos quedamos un instante en silencio hasta que habló Josefina y sus pechos.

―Me acuerdo una vez que iba en un coche con unas chicas que eran estudiantes de unos veintitantos años, ellas muy puestas y muy monas y se me ocurrió preguntarles lo mismo. Que cual era su fantasía sexual preferida y sabes lo que me respondió una de ellas. Los perros y las cacas. Y a mí también. Y a mí también. Bueno y es que me quede...

―¿Habéis hecho vuestras fantasías realidad? Yo bastantes― dije―. Bueno otras paso aunque me exciten.

―Algo he hecho con mi novio.

―Intercambio de parejas.

―A mí me gustaría― dijo Josefina.

―¿Y que tipos de hombres son los que os gustan? A mí musculosos. De verdad es que me pierden― dije yo.

―A mí mayores como de cincuenta― nos sorprendió Paloma―. Y no me importan que tengan barriga. Me da morbo tenerlos en mi poder.

―En cambio a mí jovencitos― dijo la madura Luisa.

―¿Jovencitos o jovencitas?― pregunté yo.

―Uy no sé― contestó― bueno ambos. Están deliciosos.

―A mí me gustan de 40 para arriba y en buena forma. Con buen tipo. Abdómenes y brazos fuertes. Es que se me cae la baba. Me encanta que los hombres se cuiden. No hay nada mejor que un tío adulto en bañador pero luciéndose de verdad― se destapó Josefina.

Las tres reconocíamos que tenía razón. Los tipos que se lo curran merecen un polvo.

―¿A que sí son guapos nos da igual? Qué sean bobos, malos, buenos, cobardes, valientes, es igual con tal de que sea guapo― afirmé con liderazgo―.¿Y qué preferís? Bueno yo no prefiero. A mí me gustan tanto ángeles como gángsteres. Lanzados como tímidos― dije.

―A mí me gustan gángsteres― dijo paloma ensanchando las narices como una pantera.

―A mí ahora tímidos― dijo Luisa

―Yo ahora comería de todo― dijo Josefina.

―¿Qué os gusta dominar o que os dominen? A mí las dos cosas―dije.

―A mí que me dominen. Que no se ablanden ni por un momento― dijo Paloma.

―Yo soy muy dominatrix― dijo Luisa.

―Yo no me decido. Quizás las dos cosas como Isabel― dijo Josefina.

―¿Os va el romanticismo?― pregunté.

―Las tres dijeron que sí.

―A mí me enloquece. Soy una mujer― contesté.

―El sexo con amor es el mejor de todos los amores― dijo Paloma con ternura.

―¿Algún fetichismo en concreto?― pregunté.

Todas coincidimos en que la lencería masculina y femenina son lo mejor que hay y que los uniformes son bobadas para hombres. Aunque luego nos fuimos retractando. Incluso Josefina nos llego a contar una historia muy curiosa.

―Tengo una amiga que es vigilante jurado que va con uniforme y con pistola, porra y esposas. Es así como conoció a su marido. En su trabajo. Es un hombre tímido y amable. Se hicieron amigos y terminaron en la cama. Por lo visto la experiencia que tuvieron fue genial. Ella se tiró a por él como una pantera y con el uniforme de trabajo. A medida que se iba desvistiendo en medio de besos, apretujones, lametones, magreos, penetraciones y suciedades ella se fue convirtiendo en cordera y él en un león hambriento. La dominadora se iba convirtiendo en supersumisa.

―Qué buena esta historia que acabas de contar― dije yo―. Ójala me pasara a mí.

Paloma nos comentó algo.

―Hará un año o así que mi madre me echó la bronca y con razón porque me puse hasta el culo de ver porno gay y luego llegó la cuenta. Las películas las contrataba a través del mando a distancia. Era por una emisión digital de esas.

―Pues ya que lo dices ¿cuál es vuestra fantasía gay preferida?― pregunté.

―A mí lo que más me gustaban era ver orgías de chicos haciéndose besos negros― dijo Paloma.

―A mí lo que me gustaría ver es como un tío se la chupa a otro tío― dijo Josefina.

―A mí me gustaría ver a mi marido con otro hombre― dijo Luisa con picardía soltando una carcajadita de las suyas.

―Pues a mí lo que me imagino y me abraso con ello es un hombre hétero atractivo, salido y desesperado atrapado por unos gays musculosos. Haciéndoselo con ellos por salidez y luego arrepintiéndose― dije toda brava.

―¿Has estado con chicos gays?― me pregunto Paloma.

―Con chicos bi. Con cinco o seis que me tenían a mí en medio como una diosa. Me daban por todos lados y se la chupaban entre ellos y se follaban también

―Que bueno― dijo paloma.

―Fue APELOTANTE― dije yo.

Esta última confesión nos puso muy ardientes. Sabía que las mujeres perdemos el control y era el momento de empezar a meternos mano.

―Qué cada una eche mano del coño de la otra― dije―. Vamos a disfrutar mucho más de nuestras pajas.

La condenada de Paloma se puso a acariciarme el clítoris y yo el suyo. Luisa le metió un dedito a la joven y con la otra mano acariciaba el clítoris de Josefina. Paloma con la mano derecha le acariciaba el clítoris a Luisa que gimoteaba. Josefina tenía las manos libres para hacerse cubanas meneándose las tetas. Yo tenía una mano libre y le metí un dedo a la Paloma. Ella estaba muy pero que muy bien atendida. Lo mejor era cuando le llegaban sus orgasmos. Aparte de los nuestros.

―¿Os gustan las infidelidades?― pregunté.

―Eso es lo mejor que hay...eso es lo mejor que hay― respondió Paloma.

―Es que yo ni contesto― dijo Luisa cerrando los ojos por lo que estaba gozando.

―Ay esos desconocidos― dijo Josefina.

―A mí los desconocidos reconozco que me gustan pero me dan palo. Tengo una fantasía que es ir con una amiga de copas conocer a un tío solitario y salido y que nos lleve a un rincón oscuro. Así sí― dijo Paloma.

―¿Os gustaría desvirgar a un chico o a una chica? A mí desde luego― dije.

―A mí ya me desvirgaron― dijo Paloma.

―Esa es mi fantasía sexual preferida―contesto Luisa―. Estoy chorreando.

―Ya me he dado cuenta― dijo Paloma.

―Sólo sueño con [email protected]― prosiguió Luisa.

―¿Os gusta cambiar a vuestro marido o novio por una noche?― pregunté yo.

―Eso ni lo preguntes― dijo Paloma.

―Mira pues nunca he intercambiado― dijo Luisa.

―Intercambiamos una vez― dijo Josefina esbozando una sonrisa.

―¿Pero tú no dijiste Luisa que habías intercambiado y tú Josefina que no?― les pregunté.

Las dos se rieron al mismo tiempo.

―¿Y mi fantasía sexual preferida cuál es?― les pregunté.

―La misma que la mía― dijo Paloma disparándosele los ojillos.

―Sexo con negros― dije.

―La mía también es esa― dijo Paloma sonriendo. Luisa y yo notamos como se estremecía y babeamos.

Continué una conversación sumamente provocativa.

―Os habéis fijado que las parejas interraciales que veis por la calle, el autobús o el metro casi siempre son de la mujer blanca de más de treinta y el negro incluso más joven que ella.

―Y a veces es una rubia veinteañera supersexy que va con un negro feísimo― dijo Luisa.

―Pero que jode de miedo― concluyó Josefina.

―¿Y qué me decís de los jovencitos y de las jovencitas? – pregunté.

―De eso ya os lo he dicho todo. Cada vez que veo por la calle un chico joven o una chica joven la baba me llega al suelo. Me gustaría estar con uno o con dos o con tres o con cuatro de ellos.

―¿Os gustan las mujeres?― insistí.

Luisa y yo rápidamente miramos a Paloma a la que estábamos matando a pajas.

―A mi no pero cuando una esta salida hace lo que sea. Mejor es la paja que te hace otra que la tuya misma― contestó ella.

―Reconozco que a mí me pasa igual― contesto Josefina.― Quizás por probar.

―¿Os gustaría hacer de putas? Yo lo he hecho― dije.

―A mí me gustaría estar con un tío de 50 o así y acostarme con él y tiene mucha pasta y le saco un montón de ella― dijo Josefina.

―Yo haría de puta barata para chicos que quieren iniciarse― dijo Luisa.

―Sí. Sería puta y mi marido viéndolo― dijo Josefina.

―¿Y os gustaría que os violaran?― pregunté con mucha osadía.

Nadie contestó pero escuché los suspiros, los jadeos, los gemidos. Sentí goteos húmedos, estremecimientos y orgasmos débiles o intensos. Sobre todo los de la joven Paloma.

―¿Qué preferís las orgías o los gang bangs?― seguí preguntando.

―A mí los gang bangs― contesto Paloma.

Luisa y Josefina preferían las orgías. Luisa comer de todo y Josefina intercambiar hombres. A mí me gustan más los gang bangs. Varios hombre contra una mujer.

―¿ Con cuantos chicos has estado?― me pregunto la entusiasta Paloma.

―Cinco máximo― contesté.

―¿Y por que cinco?― me pregunto.

―Cinco es ideal. Hay doble penetración. Luego la del otro la tienes en la boca. Y ambas manos las tienes ocupadas en las pollas que quedan.

Paloma se corrió.

―¿Sadomaso?― pregunté.

―A mi sí― se apresuró a decir Palomita.

―Y a nosotras también o que te crees― le respondí.

―¿Que culo preferís el de los hombres o el de las mujeres?

―No hay color. El de los hombres― contesto paloma.

Ésta vez las cuatro estábamos completamente de acuerdo.

―¿Y a quién le haríais un beso negro?― pregunté.

―O di mejor que ¿a quien le comeríamos el culo? Pues a un hombre.

Volvimos a estar de acuerdo como era previsible.

―¿Pero limpio o sucio?― insistí.

―A mi sucio― contesto Paloma.

Confieso que este comentario me llevó al orgasmo gracias a la mano de la jovencita que tenía al lado que me acariciaba el clítoris.

―¿Que os la metan por el culo?― pregunté.

Justo en ese momento oímos un ruido en la puerta. Y unos pasos. Hubiera sido mejor que se tratase de un ladrón pero era algo mucho peor que eso. Se trataba del marido de Josefina que había decidido venir a mi cumpleaños. Le había invitado creyendo que no vendría pero allí estaba.

Nos levantamos, nos vestimos, nos pusimos histéricas. Fuimos al salón. Quitamos las pelís porno. Escondimos las botellas. Apagamos el ordenador. Milagrosamente nos dio tiempo a todo. El tío no se enteró de nada.

Nos saludo a todas y se sentó en el sofá como un emperador. De pronto salta y dice:

―Os apetece ver una película porno.

―Pero que tonto eres le dijo―. Y ahora sales con esas.

―Bueno mujer no te pongas así.

―Es que como os había visto todas tan contentas por lo del cumpleaños.

Y esto es todo. Así son las cosas.

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