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h) En la familia

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  • Me la metió a trompicones, en un puro nerviosismo sin dejarme acariciarle, pero la enterró el mismo buscando antes mi entrada con la mano y la dirigió penetrándome de golpe.

    Continuación de: Davy evoluciona

    Durante la vuelta a casa en el taxi me sentía feliz y risueño, había descubierto en Davy una personalidad desconocida hasta ahora y me gustaba como era, estuvimos un ratito más después de que me follara tan magistralmente, sus miedos y temores no tenían sentido alguno y estaba perfectamente preparado para reanudar su vida en el sexo.

    Luego me preparé sin que él llegara a moverse de la cama, había quedado rendido, me pidió que le besara antes de partir y tocó algún dispositivo ya que Juan llegó para buscarme. No me dijo si volvería a llamarme requiriendo mis servicios y confiaba en que con seguridad lo haría.

    En otras circunstancias podríamos haber llegado a ser amigos, pero nos separaban abismos, en lo social sobre todo. Davy estaba carente de muchas cosas por más bienes materiales que tuviera, necesitaba afecto, alguien con quien hablar y una persona que le diera sexo, para lo último estaba yo e intentaría entregarle parte de lo otro hasta donde me dejara.

    No olvidaba el nombre que pronunciaba mientras se corría: Álex. ¿Quién podría ser el que recordaba viéndolo en mi? Alguien importante para él sin duda.

    Los gemelos estaban en la sala estudiando y mi padre no había vuelto aún, Óliver estaría en algún entrenamiento de fútbol o natación, a veces me confundía en los días que practicaba esos deportes y otros, le encantaba hacer ejercicio siempre que podía y se apuntaba a todo si no costaba dinero.

    -Papá hace poco que ha salido. -José me hablaba mientras Rafael estudiaba sin levantar la cabeza, fui donde ellos y los besé el cabello revolviéndoselo.

    -Ha dicho que podremos ir en el verano con mamá, y pone sus condiciones, que saquemos buenas notas. -mi hermanito no empezaba a saltar de gozo por estar sentado pero se le notaba lo nervioso que se sentía, por eso Rafael no me hacía caso, desde ahora se centraba en los estudios.

    -Verás, necesitamos nuevas tablas de surf y dice Martín que el agua estará fría. -en un primer momento me dio rabia que ese tipo les incitara a acompañarles y no se hiciera cargo de lo que costaban lo equipos, pero no podía permitir que su ilusión no se cumpliera y vi esa carita preciosa compungida de José.

    -Entonces necesitaréis las tablas y los trajes de neopreno. -se le iluminó la cara y saltaron de las sillas los dos para rodearme, levantarme en sus brazos mientras me besaban llenos de gozo.

    -Vale chicos, es suficiente…, eso, ¿cuanto cuesta más o menos? -Rafael se quedó pensativo calculando.

    -Unos seiscientos las tabla y otros seiscientos los trajes sin ser de los caros, las aletas podemos usar las que tenemos y los guantes. -se quedaron con la boca abierta expectantes.

    -De acuerdo los compraremos si cumplís lo que habéis prometido a papá. -otra vez volvieron con sus abrazos y gritos de júbilo.

    Los dejé estudiando y marche a la cocina, tenía que leer las correcciones que Guillermo había introducido y meterme en el papel para imaginarme como quedaría, en unos días teníamos que iniciar el trabajo según J.C.

    Lo de los mellizos tampoco me preocupaba demasiado, llegaría y sería suficiente con lo que me dieran por pasar esas dos horas con Davy.

    Tuve que esconder el guión cuando Óliver entró y vino a sentarse a mi lado, era mejor que no se enterara de mis trabajos.

    Llegaba un poco tímido, pero fue un momento, cuando giré la cabeza para mirarle, y sin quitarse la mochila, me cogía por el cuello estrujándome los labios con los suyos, a pesar de que no sabía besar muy bien me encantaba el sabor de su boca y su besar desesperado.

    -Para Óliver, los mellizos están en la sala y papá vendrá enseguida. -solo me dejó que terminara de hablar y volvió a los besos empujando la lengua para meterla.

    -Estas muy guapo hoy, diferente a la mañana. -no me había cambiado y estaba con lo que llevé para estar con Davy.

    -Todo el día he pensado en ti Alonso, se me ha hecho tan largo que he estado en un tris de no ir a nadar. -le pasé la mano por el pelo, todavía lo tenía húmedo.

    -Sécate el pelo y baja a hacer tus trabajos antes de que papá llegue. -tuvo que besarme otra vez antes de ir a la sala a saludar a los chicos. Lo escuchaba hablar y volví al estudio de mis papeles.

    Esa noche se quedó conmigo a estudiar y cuando pensó que los demás se habían dormido me acarició la mano.

    -Vamos a la cama, tenemos todo el fin de semana para terminar. -sabía lo que deseaba, no dejaba de mirarme, devorándome con los ojos en lugar de estudiar y pensé que era mejor subir.

    No cesaba de tocarme, ya no era como lo de ayer, sentía más confianza para tocar donde le agradaba, y era todo, parecía un pulpo enredando los brazos en mi cintura.

    Yo le dejaba hacer, que experimentara conmigo lo que no había hecho hasta ahora, solamente algunas veces, sin poderme resistir, le tocaba ligeramente la verga, tenía ganas de sentirla y pensaba que si la tenía como yo quería no tardaría en correrse.

    Me la metió a trompicones, en un puro nerviosismo sin dejarme acariciarle, pero la enterró el mismo buscando antes mi entrada con la mano y la dirigió penetrándome de golpe.

    -No me escaparé, tenemos tiempo mi amor. -le apreté contra mi pecho para que fuera más despacio ya que alguna vez se le salía y tenía que volver a buscarme el culo para meterla.

    El tenerle encima de mi me tenía emocionado y me entregaba abriendo las piernas, colaborando llevando el cuerpo a su encuentro, gozando las sensaciones increíbles que mi hermano me hacía sentir.

    Las dudas se disipaban y todo se aclaraba para mi. Davy era estupendo y un placer trabajar para él como esta tarde, Óliver era el placer por el mismo, amaba a mi hermanito como a J.C y como el aseguraba amarme. Todo era distinto con él y sentirlo así, entregado y deseando gozarme, me volvía loquito, pero loquito de verdad.

    Cuando comenzó a estremecerse lo hacía yo con él, y cuando se vaciaba gimiendo, gozaba yo, y mi placer residía en lo que el me disfrutara. No se salía y unos minutos después continuaba frotando su pene en lo más profundo de mi ser, logrando hacerme gemir y oprimir las piernas a su cuerpo para controlar los estertores de mi increíble corrida.

    Mordía su hombro para no gritar, y no tuve que tocarme para sentir uno de los mejores y más salvaje orgasmo de mi vida.

    A la mañana los mellizos tenía un partido que jugar con los muchachos del barrio y Óliver, papá y yo fimos a verlos, perdieron, pero eso no importaba aunque maldijeran al pobre chico que hacía de árbitro.

    A la tarde fuimos a un declathon que tenía todo lo que necesitaban para su equipo, los cuatro hermanos dispuestos a pasar la tarde en la gran superficie comprando, se probaron el traje y escogieron las tablas, también hubo nuevas aletas y era un montón de paquetes que enviarían a casa.

    Los pequeños se metieron en un local de juegos y quedamos para ir al cine, nosotros paseamos mirando tiendas, en un escaparate Óliver apunto con el dedo a unos maniquíes vestidos con ropa interior.

    -Cómprate uno de esos, estarás precioso con ellos. -entramos en la tienda y él escogió, unos sin culote, con dos cintas que pasaban por atrás de los glúteos, rojos y amarillos, otro de malla transparente con una cinta fina para que se ocultara en el culo.

    -¿Cogemos algunos para ti también?

    -No solo para ti, quiero verte con ellos, te imagino y se me empina. -me hizo un gesto aplastándose el pantalón y que notara como la tenía ya dura.

    -¿Quieres que me los pruebe aquí?

    -Me encantaría…

    -Pero te vas a calentar y querer otras cosas.

    -¡Por favor! -fuimos a los probadores y me quité los zapatos, el pantalón y el slip.

    -¿Cuál quieres que me ponga primero?

    -Desnúdate completo. -lo dijo de una forma tan autoritaria que obedecí de inmediato.

    -Pruébate el amarillo y rojo. -me lo puse y era como estar desnudo.

    -Inclínate y abre las nalgas. -me coloqué en un extremo del vestidor e hice lo que me pedía.

    -¡Joder que maravilla! -puso la mano en mi ano y comenzó a moverla.

    -Ya es suficiente Óliver, no vamos a follar aquí. -me puse recto de golpe y mi hermano estaba sobándose el bulto de la entrepierna.

    -Ahora el otro. -lo hice sin protestar, también quería hacerlo y el toque que me había hecho en el culo consiguió que mi polla respondiera.

    Con el anterior me sentía desnudo, con el segundo era como si no llevara nada, el pene se me transparentaba y lo más cubierto era la tira que me cubría la entrada del ano.

    -¿Qué te parece? -le pregunté empinando el cuerpo sobre las puntas de los pies.

    -Que quiero follarte ya, ¡buff!, no aguanto las ganas. -se apretaba con fuerza la mano sobre la polla y decidí que lo mejor era hacerle una mamada y salir de allí.

    Me arrodille como estaba delante de él y tiré para bajarle los pantalones y el bóxer, la verga le salió disparada apuntando al ombligo, ahora podía apreciar los detalles perfectamente, la tenía encendida y roja, goteando precum, le empuje para que se sentara en un pequeño asiento del rincón y le seguí de rodillas.

    Sentía en la nariz el dulzón y profundo olor a precum recién expulsado, los huevos le colgaban al borde de la madera y me sentía tentado para meterla entera en la boca, se la mamé queriendo que el placer durara y no fue así, enseguida eyaculó contrayéndose y haciendo muecas cerrando con fuerza la boca para no gritar.

    Tragué todo su semen, otra vez era abundante, sus testículos podían fabricar un vaso al día, la limpié sacándole lo que queda masturbándole. Acto seguido me puse de pie.

    -Vámonos o vendrán a ver que pasa, llevamos un buen rato ocupando el probador. -nos vestimos y salimos con los tangas en la mano para entregárselos a un trabajador que nos miró con una sonrisa.

    -Son los últimos que nos han llegado y son muy lindos, ¿no pensáis lo mismo? -Óliver estaba totalmente rojo, el amable chico resultaba manifiestamente amanerado y gay, y nosotros le gustábamos.

    -La verdad es que si lo son, mi novio quería que los comprara y necesitaba ver como me quedaban. –le mentí mientras le miraba con burla, los metió en una bolsa sin dejar de observarnos y sonreír buscando no se el que.

    -Son treinta euros. -me alargó la bolsa y no la soltaba tocándome la mano.

    -¡Ay! No se, me parece que te he visto más veces, ¿venís mucho por aquí? -creo que me puse pálido.

    -¡Oh, si! siempre nos compramos aquí la ropa, es la mejor tienda de toda la superficie.

    -Ya me parecía que te había visto, bueno, espero que volváis pronto. -me devolvió los veinte euros que sobraban y salí volando seguido de mi hermano. Ese tipo había visto alguno de mis trabajos y por eso me conocía, nunca me había comprado ropa en esta tienda.

    Nos alejamos y cuando volví la cabeza continuaba observándonos y envió una sonrisa que le retorné.

    -¿Por qué le has dicho que soy tu novio? -me puse a reír por la inocencia de Óliver.

    -Ese chico se habrá imaginado lo que hacíamos tanto tiempo en el probador, ¿querías que le dijera que eres mi hermano? Además que importa, ¿o no somos novio-hermanos?´ -se quedó unos segundos sorprendido para echar una risa seguidamente.

    -Sí, algo de eso ya somos.

    -¿Y ahora si papá o los chicos ven estos tangas qué les diremos?

    -No tienes que usarlos, solo quiero que te los pongas cuando estemos solos.

    Recogimos a los mellizos, estaban entretenidos aún en las máquinas recreativas y fuimos al cine, Mad Max Fury Road que mis hermanos querían ver. Óliver se sentó a mi izquierda y a su lado los dos mellizos. Fue muy agradable que todo el tiempo que duró la proyección me tuviera cogido de la mano.

    Durante la cena los mellizos le contaron a nuestro padre las compras que habíamos hecho, manifestando lo contentos que se sentían entre risas que compartíamos todos y prometiendo otra vez que estudiarían para ganarse esas vacaciones que deseaban con impaciencia.

    Papá no preguntó de donde había salido el dinero, solo me miró de una forma extraña, sabiendo o imaginando que había sido yo el que lo había pagado. Al menos Óliver no enseñó lo que habíamos comprado para mi.

    Pudimos ver la televisión hasta que mi padre envió a los peques a la cama, luego se marchó él dejándonos solos.

    -Papá se va a extrañar por el dinero que manejas, en realidad creo que ya está sospechando.

    -No dice nada y mientras solo sean sospechas no importa, debemos ser cuidadosos, con lo nuestro y lo de mi trabajo, aunque algún día tendremos que tener valor y decírselo.

    -Se va a morir del susto o puede darle un ataque, de cuatro hijos dos le salen maricas. -nos hizo gracia lo que Óliver pensaba y me abrazó ocultando la cara en mi cuello aguantando la risa los dos.

    -Aún no sabemos lo que puedan ser Rafael y José. -le dije sin dejar de reír.

    -Esos son machos, los dos. -me asombró la seguridad con que lo decía.

    -También creía que tú lo eras y mírate ahora, eres el novio de tu hermanito mayor. -dejó de reír y me miró con cara seria.

    -Me gusta escuchártelo decir y que te sientas mi novio. Desde hace mucho tiempo te he querido, pero no como a un hermano, no como a Rafa o José. -no me pude contener ante su declaración de amor y me abracé a él besándole con dulce agradecimiento, me sentía bien al verme amado.

    Me tumbé en el sofá a su lado, colocando la cabeza en su pecho y él sobre el brazo del sofá mientras veíamos un programa de cantantes noveles. Seguíamos las incidencias y las votaciones sin atenderlo, lo importante era estar justos, abrazados.

    En ese momento me hubiera gustado que nuestras edades fueran al revés, que el fuera el mayor porque me gustaba sentirme protegido y a su amparo, pero tenía que ser yo el responsable.

    -Óliver, hace unos días no imaginaba que esto pudiera ser así y ahora…, te quería muchísimo y creo que era amor, que estaba enamorado también y no me atrevía a desearlo siquiera, y también estoy confundido, no se si esto es correcto o no, pero te amo hermanito, te amo y te deseo lo mismo que tu.

    Estuvimos hasta que el programa finalizó, en ese estar tranquilo, sin desear nada, solo gozando de la compañía del ser amado junto a ti, sintiendo su calor y como sus brazos te protegen del frío del mundo tan cruel a veces.

    -¿Vamos a la cama? -nos levantamos y subimos las escaleras, colocando los pies con cuidado para evitar lo que era imposible impedir, la vieja escalera nos denunciaba con sus ruidos de madera reseca.

    -¿Quieres que me ponga uno de esos?…, de los tangas que hemos comprado… -Óliver estaba en la cama desnudo, esperando.

    -No, quítate también el slip. -hice lo que me pedía y quedé desnudo ante él, me deslicé a su lado y apagó la luz. Estábamos mirándonos, sin vernos lo suficiente porque la ventana estaba detrás de él y solo veía el contorno de la cabeza, el hombro y la cadera, la poca luz que había me daba de lleno en la cara y pasó la mano por ella.

    -Eres el chico más guapo que haya visto hermanito. Como mamá tienes sus lindos ojos, te pareces tanto a ella. -pasaba los dedos por el perfil de mi cara con delicadeza.

    -También tú tienes algún rasgo de ella, y Rafa y José no, pero no quiero que me la recuerdes, háblame de otras cosas. -a mi vez empecé a hacer lo mismo que él para sentir con el tacto lo que antes veía con los ojos.

    -¿Óliver?

    -Dime.

    -Me gustas, sabes. Eres tan varonil y masculino que…,

    -¿Qué?

    -Que me encantas, que me vuelves loco y te deseo. -dejé salir una risa nerviosa y pegué la cara a su pecho, me sentía pequeño y frágil a su lado, en realidad, físicamente así era, pero era distinto, o añadido, a la pequeñez o tamaño físico.

    Fui bajando lentamente la mano siguiendo el contorno de la espalda, la cintura, y subí la suave curvatura de la cadera, Óliver me acariciaba la cabeza y la espalda cuando mi mano cayó resbalando en su entrepierna, notaba la dureza de su pene en el dorso de la mano y le sujeté la bolsa de los testículos.

    Estaban calientes y suaves, los apreté un poco y él gimió.

    -¡Lo siento!

    -¡Oh! Sigue mi amor, no me has hecho daño, al contrario. -mi risa se volvió más nerviosa, me volvía torpe, tímido y temeroso. Se bajó un poco para que nuestros rostros quedaran a la misma altura.

    -Enséñame a besar Alonso, deseo ser el mejor para ti y que no quieras a otro. -pues era cierto que sabía besar mal y yo le iba a enseñar lo que podría hacer con la lengua. Enseguida me imitaba haciendo lo mismo que la mía y aprendía a chupármela cuando se la entregaba, y a frotarla con la mía, y a meterla muy profundo hasta que las bocas se rompían.

    Ya estaba excitado y con el juego se excitaba más aún y sentía la humedad de la verga cuando la frotaba con mi pierna, jugábamos a querernos y a ver quien tocaba más.

    En un momento que estaba de espaldas me situé a horcajadas sobre sus piernas y me agaché para lamerle el pene, las abría como hacía yo cuando me follaba, y le liberé para que tuviera movilidad plena, estaba arrodillado, lamí mis dedos y busqué la entrada de su ano.

    Observé un tenue rechazo de su parte y como contraía el culo. Elevé la cabeza para ver su reacción y no lograba verle bien la cara.

    -¿Puedo?

    -Alonso, nunca he estado con un chico, no se si me gustará.

    -De eso se trata de que sepas lo que te gusta, ahora relájate no voy a follarte con mi pene, si acaso a meterte la puntita del dedo y no te dolerá.

    Primero lo sentía temblar al rozarle el ano, no podía verlo y lo imagina rosado y prieto, con las piernas tensadas sufriendo y experimentando la primera mano que se atrevía a profanar tan lujurioso y sagrado lugar.

    Ensalivé bien los dedos y proseguí la tarea de despertarle el gusto y placer en tan sensible lugar, hasta que se aflojó y comenzó a gozar.

    -¿Te gusta?

    -Sí, sí, es delicioso pero ten cuidado, así suave como me haces está bien. -intentaba sujetarme la mano temiendo que le hiciera daño y no me dejaba trabajarle bien, para que se relajara más empecé a lamerle la polla, se le había encogido pendiente como estaba de su ano.

    Me la metí totalmente en la boca y con la mano libre acariciaba sus huevos apretándolos contra la base del pene, se comenzó a inflar poco a poco hasta tener que sacarla y jugar con la lengua en su glande. Estaba totalmente relajado y su ano queriendo abrirse, empujé y metí la puta del índice.

    Gritó de la impresión, estaba seguro de que no había sido de dolor, mordiéndose el brazo y con la mano tiraba de mi para que sacara el dedo, me resistí hasta que poco a poco la tensión cedió y me mordía el dedo con el esfínter del ano.

    Seguí mamando a la vez que movía el dedo dentro de él, gemía de gusto y también temeroso de que se lo metiera más.

    -Ya vale, sácalo por favor. -le retiré el dedo y suspiró liberado, continué con lo que más le gustaba, pasando las yemas del dedo por la entrada, entonces me incliné y conseguí meter la cabeza para llegar con la lengua al culo.

    Al tocar con la punta de la lengua dejó salir un hondo suspiro y por un segundo cerró con fuerza el culo, para volver a soltarse inmediatamente, mi lengua también era de su agrado y empujaba decidido a meterla, pero no podía por la postura y que no estaba bien abierto de piernas, continué haciendo lo que podía y disfrutando yo mismo del sabor increíble de su ano masturbándole la verga

    No quería que se viniera todavía, deseaba que me penetrara y me monté sobre su vientre metiendo su polla en la raja de mi culo, me tumbé sobre él moviéndome para sentir la verga acariciarme el ano y humedecerlo con el precum que sacaba.

    -¿Te ha gustado? Bésame para que sepas como es el sabor de tu ano. -le metí la lengua sin que protestara y sin dejarle contestarme, me la chupaba sacando de mi los residuos que pude guarda de la comida del culo.

    -Me gusta, muchísimo, es increíble lo que me haces gozar, pero tengo miedo Alonso, nunca me han hecho algo igual, te amo Alonso, te quiero. -me daba un impresionante abrazo que rompía mis costillas.

    -Yo también te quiero machote mío y tu culo sabe riquísimo. -me senté poniéndome recto y con la mano derecha cogí su pene para ponerlo derecho a la entrada de mi culo y empecé a descender.

    Cuando estuve sentado y totalmente empalado en su verga, descansé unos segundos para comenzar a cabalgar la viril y dura verga, a disfrutar el fuerte cuerpo de hombre masculino aun joven en sazón, a mi amado y hermoso macho.

    Resultó un largo frenesí cabalgar su dura polla, rica y firme sintiéndome a veces morir, hasta que me atacó con fuerza elevando la cadera, taladrándome hasta el fondo y regarme las entrañas de su simiente tan cálida y querida por mi.

    Temblaba sincopado apretando el culo para sentirla potente y dura, golpeándome como un martillo pilón la próstata y me corrí cubriéndolo de leche desde el cuello hasta el ombligo, me quedé así rendido, apoyando las manos en sus pectorales y respirando angustiado sintiendo las últimas gotas deslizarse de mi polla.

    -Increíble Alonso, amor mío, nunca, nunca pensé que esto sería tan rico. -podía sentirme satisfecho, mi hermanito había aprendido hoy otra lección que no era la definitiva.

    Recogí con los dedos un poco del semen de su pecho y me lo llevé a los labios, saque la lengua y lo paladeé visiblemente para que lo viera, luego hice lo mismo ofreciéndosela, sacó la lengua dudoso y lamió mis dedos llevándose la blanca crema, hizo un gesto de disgusto sin tirarla.

    -No te ha gustado… -puse voz de disgustado y esbozó una enorme sonrisa.

    -Todo lo tuyo me gusta, eres maravilloso. -y me besó en los labios uniendo las lenguas

    -Verás como te gusta más de otra manera. Será más rica cuando te la de en tu boquita caliente y directamente del pene.

    El domingo salimos a pasear Óliver y yo solos, los mellizos con mi padre salieron a un monte cercano con unos amigos y nos veríamos a la tarde. Marchamos al otro lado de la ciudad, necesitaba llevarle agarrado de la mano, sentirle como mi novio y amante, poder besarle en la calle si me apetecía, y que me sujetara a él como si fuera suyo, pero no quería que alguien conocido nos viera de esa forma comprometida.

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