Tríos - Primera Vez

Matrimonio y nuestro primer trio de forma inesperada

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RESUMEN

Nuestro atrevimiento nos lleva a escribir a un autor de relatos y al final decidimos conocernos después de mucho tiempo escribiéndonos.

Hasta ahora veía que era muy fácil escribir un relato y he podido comprobar que es más difícil de lo que me habían dicho. Porque en cierta medida diseccionas más de lo que es conveniente y luego viene la parte de cómo empezar, máxime cuando tratas de contar algo que ha sucedido con varias personas y tras de plasmar lo que todos han sentido. Eso es difícil y después de varios borradores he tenido claro que solo puedo contar las cosas desde mi punto de vista y como yo las viví, lo que ponga de lo que los demás pudieran sentir, será por intuición o por lo que mi mente creyera en ese momento y seguiré algunas pautas que me han dicho algunos de los escritores habituales de relatos.

Empiezo describiéndome en primer lugar tanto a mi marido como a mí y cómo llegamos a llevar esta nueva vida. Somos de Cuenca, una ciudad que su casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad y una ciudad muy turística, somos unos 55.000 habitantes. Como veréis me encanta vivir aquí, aunque cierta diversión sea más difícil encontrarla aquí, en una ciudad tan pequeña y a buen seguro que muchos me entendéis. Sigamos, mi marido ya está en los 40 años y yo en los 35, aunque por poco tiempo. Los dos nos conservamos físicamente muy bien, nos gusta el deporte, sobre todo el senderismo, eso no quita que algunas veces nos demos el capricho de algunos excesos. Juan que así se llama mi marido, mide 1,70 muy atractivo y sobre todo muy cachondo, en todos los aspectos. Castaño tirando a rubio y su dotación, normal, ni grande ni pequeña, pero muy buen amante. Nunca he tenido queja, ni de novios ni ahora. Ahora me toca describirme a mí, que eso ya es más difícil. Mido prácticamente lo mismo que mi marido. Ojos claros y lo que más me gusta de mí son mis piernas. Soy de sonrisa fácil o perpetua. Pelo largo y castaña oscura, aunque me cambio el color con bastante frecuencia. Delgada y Juan me dice siempre que me no me vendría mal un par de kilos. Pero yo me veo bien. Hasta hace unos años no muchos, la otra parte que me gustaba de mi cuerpo, era mi pecho, grande y turgente, pero de un par de años para acá, la gravedad hizo su efecto, haciendo que estén más caídos. Juan no sé si era por animarme, siempre me decía que le volvían loco de siempre, pero ahora más. Él me dice que tengo un buen par de tatas y con dos buenos pitones, es que es muy brutito algunas veces. Como cuando me dice que soy toda una JACA, según él me lo dice de forma cariñosa.

Ahora contare como nos iniciamos. Juan después de bastantes años de relación, en nuestros momentos íntimos, empezó a introducir fantasías de relaciones más abiertas. A mí al principio como que me fastidiaba, no sabía por dónde iba. Pasado el tiempo me excitaba esa imaginación desbordante de Juan, siendo nuestros encuentros más fogosos que antes y una vez que finalizábamos, no se volvía a hablar del tema. Esto duro como un año. Que fue cuando Juan ya empezaba a fantasear con hacer un trio, preferiblemente con una mujer y eso me preocupo, me asusto. Porque a mí no me hacía falta otro hombre, pero mucho menos meter a una mujer y lo de que tuviera yo algo con esa mujer, mucho menos, ni pensarlo. Me enfade porque todo me llevo a pensar que yo ya no le bastaba, mi mosqueo fue el más grande que me cogí hasta el momento y sin pensármelo lo mande a la mierda.

Se dio cuenta de su error o de que lo había expuesto mal y a la semana volvió con el dichoso temita, la única variación es que me decía que le gustaría verme con otro, que le excitaba la idea. Un torbellino de pensamientos vino a mi cabeza y muchas preguntas. Aunque el vio mi perplejidad ante sus propuestas, no se rindió, las siguientes semanas fueron un acoso y derribo, de forma sutil, no paraba. Ya no tenía más argumentos y ya se hacía común que en nuestras relaciones íntimas, introdujera en sus o nuestras fantasías a conocidos, al principio intentaba que no me excitara, pero al final me ponía mucho. Mientras solo se contentará con eso todo estaría controlado. Luego vino la fase de que le gustaba que vistiera de una forma más provocativa, le gustaba que me miraran, pero yo le decía que era imposible vestir más provocativa, porque por ejemplo si me ponía más minifalda, directamente iría desnuda. Pero él no cejaba en sus deseos.

No lo he dicho, los dos tenemos muy buenos trabajos y él tuvo que estar unos días fuera. Lo que aproveche para prepararme una buena argumentación para frenar sus deseos y que se tranquilizara. La primera noche después de su regreso, nada más cenar, me senté con él para hablar, haciéndole ver, que estábamos llegando muy lejos y se nos podía ir de las manos. A todo lo que yo decía, tenía mejores argumentos y como tiene muy buena palabra, me liaba. Lo único que me quedo por decir es que como el me veía, no quería decir que los demás me tuvieran que ver igual. Parecía que le di en la línea de flotación, porque se quedó callado, sin argumentos. Se quedó en trance, con un levísimo movimiento de cabeza, no decía nada, pero conocía esa expresión, algo tenía en su cabecita.

Me soltó que, si no me enfadaba y que se lo prometiera, me enseñaría una cosa, que me demostraría que estaba equivocada. No me quise comprometer a nada y entonces se quedó tal cual. Mi curiosidad me pudo y al final cedi, se lo prometí. Me hizo acompañarle a la habitación donde tenemos nuestros ordenadores. Se sentó en el sillón y me hizo que cogiera el mío y me pusiera a su lado. Encendió el ordenador y se metió en una página de las “guarras” que decía yo. Me quise ir porque pensaba que me quería enseñar alguna película porno, me agarro y me dijo que esperase. Introdujo una clave y ¡BOOM! Vi una foto mía en bikini, sin que se me viera la cara. Luego fue pasando más fotos y todas similares, en distintas posiciones. He de decir que mi marido es un fanático de la fotografía.

Sin perder la calma y al ver que las había publicado, le dije que era un cerdo, que no sabía cómo se había atrevido. No acabo todo ahí, me enseño los comentarios de los que las habían visto. Mis ojos se clavaron en la pantalla, leía todo tipos de comentarios, la mayoría haciendo referencia a mi culo y a mi pecho. Pidiéndole que pusiera fotos mías desnuda. Mi enfado en contra de mi voluntad se fue trasformando en excitación, algo que disimule. Lo que no sabía que mi trasero, causara tal expectación, mi marido siempre me decía que lo tenía perfecto, pero no le hacía caso, leer lo que leía, me subía el ego, que ya estaba por las nubes. Los siguientes días y como me dejo su clave, me metía en esa página y acababa embaucada por los comentarios, en muchos casos sobrepasaban lo soez, pero me daba igual, los calentones que cogía eran tremendos, siendo inevitable que me masturbase. En esa misma página descubrí los relatos, que eran pocos y luego vi que mi marido tenía en sus favoritos una página de relatos eróticos, donde comprobé que a muchas mujeres sus maridos habían empezado como el mío. Me di cuenta que no éramos un caso raro o algo distinto.

Todo esto nos llevó a los dos, a fantasear durante mucho tiempo con hacer tríos, intercambios y lo que fuéramos observando. Era cuestión de tiempo que quisiéramos pasar de la fantasía a la realidad. Por mi parte había pasado de no necesitar a mas hombre que a mi marido, a necesitar de todo. Finalmente, Juan propuso ir a algún local swinger o poner algún anuncio de forma explícita. Publicamos anuncios y siempre había algo que no me gustaba. Solo quedaba ir a algún sitio de esos. Pero nunca en nuestra ciudad. Solíamos ir por lo menos un par de fines de semana a Madrid, que la teníamos a 160 kms. haciendo noche allí. Juan fue el que se encargó de todo. Ese fin de semana iríamos de aventura, pero solo a ver, a explorar, nada de mantener relaciones con nadie. Desde ese mismo instante mis nervios estaban a flor de piel. Me vinieron muchas preguntas e inseguridades, como, ¿Qué pasaría si nos encontramos algún conocido? ¿Si nos gusta alguien y caemos? ¿me sentaría mal ver a mi marido con otra? ¿Qué le pasaría a Juan si me viera en brazos de otro? ¿Se iría al traste nuestra pareja?

En el desayuno le dije a Juan que lo pospusiéramos, tantas dudas no me dejaban tranquila. Juan se portó bien, porque pasaron los días y no insistía, me dejo mi espacio. Uno de esos fines de semana que vamos a Madrid yo llevaba la idea de darle una sorpresa a él, pero no me quise comprometer a nada por si a última hora reculaba. Ya estábamos en el mismo hotel de siempre. Nos íbamos a ir a cenar y me metí en el baño para arreglarme. Juan como siempre me metía prisa, que él ya estaba vestido. Le dije que me dejara tranquila, que se bajara al bar del hotel a tomar algo y ahora bajaría yo. Para la ocasión me había llevado un vestido que me había comprado por si se daba la ocasión. Era un vestido negro ceñido y cortito, para que mis piernas pudieran destacar, pero como aliciente llevaba un escote muy prometedor. Me puse mis medias y unos buenos tacones. Me miré en el espejo varias veces y me vi perfecta.

Al verme entrar en la cafetería del hotel a Juan se le quedo cara de bobo. Eso era indicativo de que iba esplendida. Yo ya iba caliente y cuando Juan me dijo que nada más verme se había empalmado, me subieron todos los calores. A continuación, me pregunto que como me había puesto tan y se cortó en lo que iba a decir, para decirme al final, tan guapa. Me acerque a su oído y le dije, que a cenar a un buen sitio y luego si no se había olvidado de la dirección de ese club, le aceptaría una copa allí. Me reía de lo nervioso que se puso. La cena fue algo rara, porque no cenamos mucho, estábamos los dos nerviosos, aunque no dijéramos nada. Una vez que terminamos de cenar tomamos un taxi y fuimos al local elegido por Juan. En el taxi Juan me susurraba al oído par que el taxista no se enterara, que solo íbamos a ver el lugar, a conocerlo y ver cómo funciona, que cuando quiera nos fuéramos y terminábamos en el hotel. No hicimos nada esa noche, a excepción de hacer de mirares y ponernos cachondos, follando luego en el hotel desesperadamente. Dejando a mi marido hecho unos zorros y quedándome a medias, me hizo falta mucho más. O algo distinto. Acudimos más veces a ese local y a otros, pero nunca nos atrevíamos a dar el paso, a pesar de que, en algún cuarto oscuro, me metieron mano descaradamente, sin saber si era un hombre o una mujer. La conclusión a la que llegamos es que todo era como muy frio, no se explicarme.

Estuvimos en esta situación mucho tiempo y quedamos en 5 ocasiones con chicos por medio de contactos. Fracaso total, o no eran físicamente como creíamos o si lo eran, pero dejaban mucho que desear en sus formas. Me había desilusionado mucho, yo no lo había buscado, porque tampoco lo había necesitado en mi vida, me bastaba solo con Juan, pero todo había cambiado. En la página me llamo la atención un escritor Carlos en concreto y después de muchas dudas y para no utilizar el registro de Juan me di de alta yo, esto fue en mayo del 2015. Dándome ánimos yo misma y después de varias intentonas, puse algún comentario y finalmente le mandé un correo, que nada más dar al enter, ya me estaba remordiendo la conciencia. Ante la falta de contestación me sentí aliviada, había pasado de mi o tenia tantos correos que sería una más. Un día que abrí mi correo vi que me había contestado. De forma muy educada y correcta. Le volví a enviar otro y al final eran continuos nuestras misivas. Yo a Juan no quería decirle nada hasta no tener clara las cosas.

En uno de mis correos y con cierto atrevimiento le envié mi número de móvil para poder wasapear, pero su respuesta no me gustó nada, me dijo que si quería mejor por chat. Acepte y no sé porque, estuvimos chateando mucho tiempo, yo quería vernos, tratarnos de otra manera, pero Carlos marcaba la pauta, no tenía prisa. Hablábamos de todo y el nivel de confianza llego a ser muy alto, con nadie me había abierto tanto. Me pasaba bastante tiempo pensando en él y sobre todo cuando follaba con Juan. Una noche se lo confesé y en vez de enfadarse quiso ver si no me importaba lo que nos habíamos escrito. Se lo deje ver y se puso muy cachondo, follándome de una manera distinta a otras veces y llegándome a decir frases fuertes, que me pusieron muy excitada. Habían pasado ya varios meses y llego el verano. Harta de calentones le propuse a mi marido intentar conocer en persona a Carlos y para eso ir a Alicante. Juan me pregunto si había posibilidades de que pasara algo, dije que bastantes si las cosas eran como eran.

Normalmente quien hablaba con Carlos era yo, aunque Juan hablo con el muchas veces al principio, hablaron para resolver muchas dudas de Juan. Sin que yo lo supiera Juan quedo con Carlos en conocernos y no me entere hasta casi la víspera de salir hacia Alicante. No contare como me puse desde que me entere, nerviosa y excitada a partes iguales. Carlos había ofrecido a mi marido que nos hospedáramos en su casa y Juan agradeciéndoselo rechazo esa invitación y prefirió que nos hospedáramos en un hotel, que como no tenemos hijos y trabajamos los dos, nos lo podíamos permitir. Llegamos al mediodía a Alicante y hacía un calor sofocante. Yo me refresque y nos bajamos a comer al mismo hotel. Cuando nos sirvieron los cafés, mi marido saco su móvil me miro con picardía y llamo a Carlos, que no tardo en atender la llamada. Le dijimos que ya estamos en el hotel y él nos dijo que a las 7,30 de la tarde pasaría a por nosotros. Juan le pregunto si íbamos a algún sitio en especial y si había que ir en coche. Carlos solo dijo, que vistiéramos como quisiéramos, que el iría de sport y que de coche nada que iríamos andando, que estaba cerca del hotel. Notaba en Juan excitación, dudas y nervios. Lo que también me pasaba a mí. Como había tiempo me subí me puse el bikini y me fui a la playa que estaba pegada al hotel. A las 5 me subí para prepararme. Juan estaba durmiendo y lo desperté, le hice ducharse antes porque no quería luego que me molestase mientras me arreglaba. Acababa de empezar a arreglarme y ya empezaba como siempre, a impacientarse y a meter prisa. Le dije que no empezara, que si quería me esperase abajo. Deje de oírle y no sabía si se había ido.

Al salir para vestirme no estaba Juan, mejor así me arreglaría para darle a él, una sorpresa también. Ya que estrenaba toda la ropa. Me puse unas braguitas negras pequeñas de encaje, una minifalda de cuero con bolsillos verticales y una cremallera en la parte delantera de la minifalda, que la recorría de arriba abajo, pudiéndose abrirse desde arriba o desde abajo. Estrenaba como he dicho una camiseta-top ceñida, extra corta, que dejaba ver parte de mi tripita, llevaba tirantes, parte de la espalda al aire y un escote en V pronunciado, no pudiendo llevar sujetador. Finalmente me puse unas sandalias de tacón de aguja, de 10 cm. con la puntera abierta, de tal manera que mis piernas y mi culito respingón se vieran mejor. Estuve como 10 minutos mirándome de arriba abajo, en el espejo, me puse de un lado y luego del otro. Estaba perfecta y con mi melena remataba la imagen. Llego el momento de bajarse, ya pasaba la hora, lo mismo estaban ya juntos.

Juan me vio y se le puso una sonrisa nerviosa. Estaba solo y mire la hora, faltaba un cuarto de hora, no sé cómo mire la hora. Me soltó todos los piropos del mundo y refiriéndose a mi falda me dijo que con esa cremallera facilitaba mucho las cosas, le guiñe un ojo y le recordé que esa noche no ocurriría nada, que esa noche era de toma de contacto y de tanteo. Luego hablaríamos entre nosotros y decidiríamos que hacer en los siguientes días, no quería que fuera todo llegar y follar. Juan iba muy normal, unos jeans y una camisa de manga corta. Para no mirar mi reloj, miraba uno que veía en el hotel, estaba nerviosa y apenas se movían las agujas. Hasta que lo vi entrar, me despisto porque llevaba el pelo más corto, no llevaba la melenita de la foto. Le dije a Juan que era ese y que le hiciera una seña, Juan chisto y levanto la mano, el miro, sonrió y vino hacia nosotros. Que sonrisa, madre mía, solo con eso desarma a cualquiera. Iba como un pincel. Me pareció muy pijin, yo entiendo de moda y llevaba todo de marca, iba de pies a cabeza vestido de Ralph Lauren. Un pantalón chino de twill azul y un polo de corte entallado de color neón rosa, que dejaba bien marcados sus pectorales, sus brazos y no se perdería de vista en una multitud, con esos colores. De calzado llevaba unos mocasines. A todo eso había que sumarle el color moreno de su piel.

Se adelantó Juan y le dio la mano, saludándose ambos y luego con una mirada intensa y dos besos me desarmo. Note perfectamente cómo me humedecía. Tenía magnetismo, desde el primer momento me dejo atontada. Hablamos un rato y luego nos fuimos a donde Carlos nos llevaba. Yo iba en medio de los dos. Mi marido mide 1,70 y yo con mis tacones era más alta que ella, que sin ellos mido más o menos como el, pues Carlos era más alto que yo, se veía que era un buen espécimen. La naturaleza lo había dotado bien físicamente, claro que lo que se veía. Íbamos paseando y me di cuenta de que de pijo nada, era muy agradable y se le notaba embaucador, tenía mucho peligro. Es que hasta era gracioso. Al primer sitio que fuimos fue a una terraza a tomar una horchata, todo porque hice un comentario de que me gustaba y que una amiga nuestra nos dijo que por ahí había un sitio donde la hacían muy buena. Así estuvimos por varios sitios hasta que fuimos a cenar. Quiero decir que sus miradas eran miradas cómplices, aunque también sentía como me desnudaba con sus miradas, haciéndome sentir muy deseada, lo que me provocaba una excitación descontrolada. En el restaurante donde nos llevó a cenar lo conocían y por lo que pudimos ver, lo conocían muy bien. Cuando nos acomodaron en la mesa, se disculpó y fue a saludar a gente de otra mesa. Lo que aprovechamos para hablar y mi marido confirmo lo que yo pensaba. Me decía que se veía un tío muy simpático y agradable y que el muy cabrán estaba hecho un mazas (fuerte) y me pregunto a mí, diplomáticamente le dije que no estaba mal y se partió de risa, me conocía de sobra y sabía lo que estaba pensando, porque me dijo que me apostaba lo que fuera a que si metía su mano debajo de mi falda la sacaría mojada, ni le quise responder.

La cena fue un cruce de miradas insinuantes, de deseo, de mucha calentura. No recuerdo ni que cenamos. Me tenía absorta y mis pensamientos se confundían y el cabrón de mi marido tonteaba bajo la mesa. No lograba concentrar mis pensamientos. Nos llevó a tomar una copa a un sitio que llaman el barrio, que estaba petado de gente. Lo que hizo inevitable algún que otro roce. Cuando le vimos, me fije que se le notaba un buen paquete con esos pantalones y mi intriga era si en verdad tenía el tamaño que decía, porque hay mucho fantasma. En uno de esos roces, mi marido lo tenía delante y a Carlos detrás, note bien ese paquete, no lo llamare pene, porque nunca lo hago y de todas las formas que conozco cogeré el término que siempre utiliza mi marido, el de rabo. Me tembló todo el cuerpo, parecía que no sería mentira, por lo menos mi culo lo percibió así. El calor que hacía ya de por sí, sumado a la aglomeración de gente, me hacía sentir sofocada. Me saltare algunos detalles y solo saber que mi calentura era ya inaguantable. Para salir del paso propuse ir a un sitio con menos gente y que no hiciera tanto calor. Carlos nos propuso ir a su casa, añadiendo la coletilla que sin ningún compromiso y sin la obligación de nada. Mi cabeza decía que no, un rotundo no, pero mi chochito decía un rotundo sí. Me tranquilizaba que Juan diría que no, Porque si tuviera que decidir yo, hubiera dicho que no, aunque me hubiese costado. Juan por sorpresa dijo que solo una copa. ¿Qué hacía? Estaba tonto.

Regresamos casi al hotel y nos metimos en un aparcamiento, donde Carlos había dejado su coche aparcado. Ahorro el contar el trayecto, porque si antes mi cabeza estaba confundida ahora ni cuento. De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban por el espejo retrovisor ya que yo iba detrás y cuando eso se producía me deshacía. Llegamos a un chalet normal, estaba muy bien se veía una parcela de tamaño normal al igual que la vivienda. Nos sirvió unas copas y luego salimos a la zona del jardín, donde había una piscina iluminada, que de buena gana me hubiera tirado al agua a remojar mi cuerpo y mis ideas. Me acerque y me quite una sandalia, para meter la punta de los dedos en el agua, estaba perfecta para un baño. Carlos nada más verme hacerlo, me invito a darme un baño, haciéndolo con esa mirada y esa sonrisa hechizadora. Mi respuesta fue la obvia, que no tenía bañador. Perseverante me dijo que no hacía falta, que él se bañaba siempre sin nada y que en esa piscina jamás nadie se bañó con nada. Me notaba que me subían todos los colores, pero aguante, esperando que mi dulce marido me sacara del atolladero. Al ver que no decía nada, le eche una de mis miradas que él conoce y su actitud fue la de animarme a ello. ¿Estás seguro? Le pregunte yo acentuando cada palabra y el como si nada volvió a ratificarse en lo que había dicho. Carlos no perdió el tiempo dijo que iba por unas toallas de baño y mientras que me lo pensara.

Estando solos Juan y yo, a forma de enfado le recrimine lo dicho por él y me dejo helada cuando me dijo vamos Patri, si estas deseando exhibirte y verle desnudo, que se te nota mucho. Ahora si me equivoco solo tienes que decir cuando venga con las toallas que nos vamos y así nos iremos. A mí no se me desafía y eso lo sabe quién me conoce y más mi marido. En un segundo me quede desnuda y la última prenda que me quite, mis braguitas se las di a mi marido, que podría comprobar como estaban, cuando las cogió me sonrió y me tire de cabeza al agua. Al llegar Carlos con las toallas vi cómo se iluminaban sus ojos, me fui rápida al borde de la piscina, solo pudiendo verme mi cabeza mojada. Le dijo a mi marido a que esperaba y dijo que más tarde se bañaría. Carlos no dijo nada más. Se quitó el calzado, luego el polo y se pudo ver el pecho tan cuidado. El pantalón fuera y se acercó un poco más quitándose lo que le quedaba. De frente a mí, estaba un hombre con un cuerpo tremendo y un rabo, que, aunque estaba flácido se veía grande y gordo lo que le colgaba. Se lanzó de cabeza y al momento lo tenía junto a mí, animando los dos a mi marido a que se metiera.

El agua no permitía ver bien mi cuerpo, pero él me miraba descaradamente y me excitaba. Ya me daba igual que se me notara. Juan nos sacó de nuestro ensimismamiento preguntando por el cuarto de baño y Carlos le indico, dejándonos solos. Para salir del paso y como no dejaba de mirarme le pregunte que miraba con tanta intensidad. Esperaba que de alguna manera dijera que mi cuerpo tan bonito, o que mis pechos le habían dejado preñado, algo así, subidito de tono, pero su contestación m dejo fría, me dijo que no miraba simplemente pensaba. Apreté mi mandíbula y quise saber que pensaba, con cierto tono arrogante me dijo, que si sabía que en un rato estaría follándome hasta que dejara de ser la mujer tan correcta y bien hablada que era. Me irrito tanta seguridad, pero era cierto, según me desnudaba para meterme en la piscina, sabía lo que pasaría. Juan volvió y se sentó en una hamaca y nos hablaba, estábamos hablando tranquilamente cuando siento la mano de Carlos, acariciándome uno de mis muslos, actuó con total normalidad, no quiero que de momento Juan se dé cuenta de nada. Lo que hace que Carlos se anime y ya me está tocando mi chocho.

De algo si me doy cuenta, sabe usar los dedos y muy bien, por cierto. Me tiene fuera de sí, me dan ganas de agarrarme a su cuello y besarlo, me contengo a duras penas. Hasta que no aguanto más y bajo una de mis manos, con lo que me encuentro es increíble, el rabo de mi marido no está nada mal, hasta ahora me bastaba y me sobraba, pero lo que tenía en mi mano era milagroso y digo esto porque, aunque no había probado otra distinta a la de mi marido es que me dejo sin palabras. Miré a Juan abriendo mis ojos y él se dio cuenta y recordé lo que me decía durante el viaje, que si la tenía como decía, buenas “puñaladas de carne” me iba a llevar, que yo le decía que era un bruto. Estábamos pasando a otra dimensión y eso de que esa noche seria solo de prueba, de tanteo se estaba embarullando, no estaba siendo como las veces anteriores que habíamos visitado en Madrid algún club de intercambios. Mis sensaciones eran inconfesables, no puedo ni se contarlas aquí. Mi alivio llego cuando Carlos dijo de salirse del agua, me sentí liberada y más tranquila.

Empecé a subir la escalerilla y fue el colmo de los colmos, sentí como se pegaba a mi culo y como su lengua lo recorría, sé que me tenía que haber salido de ipso facto, pero me quede clavada sintiendo y disfrutando de esa lengua, el mamón la tenía grande y sabia usarla. Mi marido se me quedo mirando y me mordí los labios mirándole y haciéndole un gesto de gusto que el entendió perfectamente. En el mismo momento que se quitó un poco, termine de salirme de la piscina. Juan me paso la toalla y me empecé a secar y vi salir a Carlos, viendo ahora perfectamente ese cañón que tenía por rabo, venia todo empalmado y me fije en Juan como lo miro. Estando cerca me fije con admiración en cómo estaba pegada casi a su tripa, mirando como un misil hacia el cielo, toda depilada y con un champiñón enorme en su punta, pareciendo que iba a estallar, sobre todo con las venas tan marcadas. Se secaba con la mayor normalidad del mundo, se veía que estaba más que acostumbrado a ese tipo de situaciones.

Le pidió a Juan si podía el entrar por una cerveza, por no llenar toda la casa de agua, Juan absorto y como un auténtico gilipollas fue a por la cerveza. Carlos ya estaba sentado y me estaba poniendo la toalla para quedar tapada, cuando me agarro de la muñeca y me atrajo hacia él, quedándome sentada sobre su regazo. Siendo inevitable notar ese rabo que estaba ardiendo contra mi cuerpo. Juan nos vio le dio la cerveza y se sentó en otro asiento. Carlos controlaba el momento, hablaba a Juan del viaje que habíamos hecho, sin dejar de acariciar mi cuerpo, de forma sensual y sin ir al grano directamente. Nos tenía subyugados, Juan miraba con deseo y no decía nada, pero yo tampoco decía nada y, es más, me iba colocando para sentir mejor su rabo, aunque no lo tenía por donde yo quería. En una pachorra indescriptible, me dijo que me levantara un poco, solo un momento y lo hice, coloco su rabo de tal forma que al volver a sentarme lo note por toda mi rajita, dando un espasmo de placer. Me gusto, pero me daba rabia que el notara lo mojada que estaba, porque lo notaria. Tal como estaba sentada, se veía salir por delante de mis piernas parte d ese inmenso rabo, parecía que era mío, Juan miraba atónito.

Ahora empezó a acariciar mis pechos y mis pezones, que al notar sus dedos se pusieron duros de una manera inusitada en mí. Se mojó los dedos con su saliva y volvió a ellos, que dedos que tenía el muy cabrón. Por arte de birlibirloque mi mano, se fue hacia su rabo, acariciándolo con mucho deseo y por lo cachonda que estaba. Al acomodarse Juan en su asiento vi el bulto que había bajo sus pantalones, no me hacía falta preguntarle si seguíamos o no, aunque ya hacia un buen raro que sabía que estábamos en manos de Carlos. Contra mas tocaba su rabo, más difícil veía que entrara fácilmente en mi chocho. Llegue a tal extremo de cachondez que ni me reconocía yo misma, pero mi marido estaba más calentorro que nunca, se tocaba disimuladamente, como si no nos diéramos cuenta. Me canse de esperar a que Carlos siguiera con la iniciativa y mirando a mi marido fijamente, con una cara de puta que se me tenía que notar, me levante un poco y agarre el rabo de calos, poniéndolo en la entrada de mi chocho y sin quitar la mirada de los ojos de mi marido, me fui metiendo ese obelisco de carne. Increíblemente y aunque me costó un poco de esfuerzo, no tarde nada en tenerlo todo dentro, ardiendo dentro de mí y sintiendo su grosor de forma sabrosa, como si de un manjar se tratara.

Allí estaba yo, ensartada por un hombre que no era mi marido, medio espatarrada, gozando con esa penetración profunda que estaba recibiendo y por esos magistrales dedos que tocaban mi clítoris, mientras mi marido embobado miraba sin perder detalle. El momento de que fui totalmente consciente de lo que estaba pasando, fue cuando Carlos le dijo a mi marido, que tenía toda una mujer muy caliente y que se movía como una autentica amazona. Y el cerdo de mi marido sin cortarse en nada, le dijo que follando no había nadie igual, que ni una puta lo haría igual. Me dio un cabreo enorme oírlos y sobre todo a mi marido, me levanté y me di la vuelta, para quedar de frente a Carlos, lo hice a propósito porque otra de las cosas que habíamos quedado es en que no me besarían en la boca. Siendo lo primero que hice cuando me senté de nuevo sobre el rabo de Carlos.

Qué manera de besar, fue algo más que un beso, fue algo tórrido, abrasador, falto poco para tener un orgasmo solo con el beso, porque paro para lamer mis pezones. Lo hacía de tal manera que me dejaba derretida. Más que lamer era también morder, lo hacía de tal manera, que cuando parecía que iba a llegar el dolor, aflojaba llevándome al éxtasis, que bien sabia controlar la situación. Me tenía en una nube de placer, al extremo de que ni me di cuenta de que me tenía metido un dedo en el ano, lo juro, ni me enteré. Estuve cerca de decirle que lo sacara, más que nada por corte, pero me dio igual y le dejé que siguiera. Quien tendría que estar con los ojos a cuadros era Juan, por besarme con Carlos y por dejar meterme un dedo en mi ano, que a él siempre le monte el pollo, cuando quiso hacerlo. Aceleraba y frenaba, me tenía loca, fuera de sí, quería tener un orgasmo ya y él no me dejaba. Hasta que con algo de vergüenza y sin que Juan se percatase le dije que lo necesitaba ya. Era un cabronazo, yo sabía que me había oído, pero me ignoraba, deduje lo que quería y cuando no me aguante más lo dije en alto, que quería correrme.

Me follo de una manera inusitada para mí, porque a pesar de estar sentado y yo encima, que manera de moverse y metérmela y sacármela en esa posición, con su dedo moviéndose al mismo ritmo dentro de mi culo. Creía que me mareaba. Justo antes de empezar, Carlos me dijo vamos puta córrete ya y así sucedió, sé que tuve que decir de todo, cosa que luego me lo confirmo mi marido, pero no recuerdo todo lo que salió por mi boca. Quedándome derrumbada sobre él, me había quedado en of. Carlos propuso irnos a la cama y aceptamos sin decir nada, pero me dio mucha vergüenza cuando me levante y al sacarla sonó como un chop o algo parecido, pero nadie más le dio importancia. El camino a la habitación fue corto, pero se me hizo muy largo y por lo que vi a mi marido también. Porque la situación se volvió un poco cortante, al extremo de que mi marido y yo nos sentimos cohibidos. La habitación era grande y con unos sillones y una mesa pequeña, como si fuera una salita de estar, Carlos se debió de dar cuenta porque para romper ese momento de impas, para romper el hielo, de lo que yo creía que era un armario, era una nevera un poco más grande que la de las habitaciones de los hoteles. Extrajo de ella una botella de champan. Ya me había recompuesto un poco quedando tapada con mi toalla y estuvimos un buen rato charlando sobre todo lo que había sucedido esa noche, el que hablaba con más libertad era Carlos, mi marido se animó poco después y yo prácticamente me dedicaba a escuchar.

Lo tenía todo muy bien montado, había puesto música, no sé cómo, pero resonaba por toda la habitación y a su vez puso unas luces muy sensuales. Juan fue al baño que había en esa misma habitación y mientras Carlos me cogió y nos pusimos a bailar muy pegados. Me dejaba llevar entre esos brazos tan fuertes y me excitaba oír como me decía suavemente al oído, lo buena que estaba, lo bien que follaba, las tetas tan ricas que tenía, a la vez que me sobaba el culo con una suavidad exquisita y cuando empezó a besarme el cuello, otra vez que me tenía encandilada y mojada. Esta vez me relaje más rápido que antes y podía notar como su rabo adquiría de nuevo esa dureza tan portentosa. Estaba como ida por la excitación que tenía, cuando por detrás noto como si me abrazaran y era Juan que desanudo mi toalla y la dejo caer. Sentí como se colocaba bien detrás mía y lo noté completamente desnudo y con su rabo totalmente tieso. Para mí era una sensación única, Carlos se había quitado ya su toalla y al notar esos dos rabos pegados a mi cuerpo, era como si estuviera en un sueño, atrapada por dos hombres estupendos.

Juan desde atrás había colocado su rabo entre mis piernas, nunca lo había sentido tan duro. El rabo de Carlos lo notaba ardiendo en mi tripa. Me tenían totalmente cachonda. Juan no paraba de mordisquearme por detrás, me acariciaba mis brazos y me llevo una de mis manos hacia el rabo de Carlos. No sé porque lo hizo, pero me gustaba que lo hiciera. Como si se hubieran puesto de acuerdo, los dos hicieron un poco de presión sobre mis hombros hasta que me encontré de rodillas con dos buenos rabos junto a mi cara. Indescriptible lo de tener dod rabos para disfrutar, Por si no me hubiera dado cuenta antes y aunque las comparaciones son odiosas, el rabo de mi marido que estaba bien y nunca había tenido queja, lo abarcaba bien con una mano y con mi boca. La de Carlos costaba abarcarla con una sola mano y que decir de la boca. Pero estaba encantada de la vida. En un principio se la chupaba más a Juan y a Carlos se lo pajeaba y cuando ya no me aguante más, me la metí en la boca dejando la de mi marido y empecé a mamársela de forma desesperada. Pero mi marido no estaba dispuesto a quedarse sin su ración y me pegaba su rabo a mi cara. Ante esa señal, estuve alternando un rabo y el otro durante un buen rato. Me veía como en una de esas películas XXX que alguna vez habíamos visto, con la diferencia que la protagonista esta vez era yo. No quiero decir cómo me sentía, pero ya lo imaginareis.

Qué manera tenia de mamar y pajear esos dos rabos. Hasta que mi marido me aviso de que si seguía así él se iba a correr y Carlos dijo, córrete en la cara de ella mientras me la mama, que seguro que a esta putita le gustara. Oír eso me excito de una manera increíble, al contrario de lo que en otras ocasiones con mi marido me había enfadado, esta vez me puse muy cachonda, porque además me sentía así. Juan se puso a pajearse a toda velocidad y Carlos saco su rabo de mi boca e hizo lo mismo. Mi marido soltó un par de chorretones que dieron en mi cara, se corrió más abundantemente que en otras ocasiones y Carlos empezó a correrse y que barbaridad, cara, boca, pelo, pecho. Por todos los sitios me embadurno, no fue normal todo lo que echo, pero lo mejor fue la rabia como se corrió, no fue nada silencioso, le chupe la cabeza y fue una delicia hacerlo. Vi cómo me miraba mi marido, no era para menos, ahí estaba yo, llena de semen de mi marido y de un hombre que como quien dice acababa de conocer por toda mi cara y parte de mi cuerpo.

Todo eso me hizo sentir como nunca me había sentido, muy puta, excitada y totalmente desinhibida, pero lo mejor era que quería más, mucho más. Vi el deseo de mi marido en sus ojos, que quería también seguir. Mientras Juan y Carlos se recuperaban, yo me fui al baño a limpiarme y cuando me vi ante el espejo la facha que llevaba, se me escapo una sonrisa, de lo guarra y puta que me sentía, sin ningún remordimiento y dispuesta a darlo todo. Salí y ahí estaban los dos, tumbados en la cama y hablando como si todo fuera de lo más normal. Me hicieron que me pusiera entre los dos, en esa cama en la que cabía una banda de música. No tardaron en tocarme. Mi marido se fue hacia mi chocho y cuando paso su lengua, soltó un gemido de placer. Su lengua jugaba por los sitios que él sabía que me gustaban, sin llegar a tocar mi clítoris, era bueno con la lengua. Carlos y yo nos besábamos ardientemente y mi mano no paro hasta encontrar ese rabo que se empezaba a poner otra vez tieso, que placer notar como crecía en mi mano y sentir como a mi mano le costaba abarcar semejante tronco.

Le pedí que se subiera que quería su rabo en mi boca. Se colocó a la altura de mi cabeza y empecé a mamársela de nuevo, me daba un gustazo increíble y mi marido ya me comía chocho por todos los sitios. Lo que provoco que tuviera un intenso orgasmo. Juan cambio de posición y apoyado en el cabecero de la cama, nos observaba a Carlos y a mí. Sin esperármelo para nada, Carlos se estiro un poco y me dio un azote en mi culo, la sorpresa que yo eso nunca lo había entendido viéndolo en las películas, sin embargo, me gusto y me gustó mucho más cuando le oí como me decía, vamos putita chúpasela al cornudo de tu marido, ponte como una perrita. Me encanto, me puse como él quería, me gusto que me ordenase, estando a cuatro patas como el me pidió, empecé a chupársela a mi marido, Carlos se puso detrás y con la disculpa de que no me había colocado bien, me dio nuevamente dos azotes, que me pusieron full, me estaba gustando el papel de putita complaciente. Sin más ese desconocido hasta entonces, me metió todo su rabo hasta lo más hondo de mi ser. Sentí como si me partiera en dos, algo que con mi marido solo sentí la primera vez, me sentía completamente llena.

Fue acelerando sus movimientos y el ritmo fue en aumento hasta sentir unas envestidas profundas, que provocaban que el rabo de mi marido entrara en mi boca de forma exagerada. Ese momento de tener el rabo de mi marido en la boca mientras estoy ensartada por el rabo monumental de otro hombre, me hizo sentí una completa puta, nada de putita. Y el remate vino cuando Carlos le dijo a mi marido, Te gusta ver cómo me follo a la puta de tu mujer, verdad que si cabrón. Mi marido solo dijo, buffff es impresionante y a ti te gusta Patri. Totalmente desconocida le conteste, Cariño, que rabo más grande que tiene, es y no me salían más palabras. Lo que si vi era la cara de Juan, cara de salido, que estaba cachondo como una moto.

Me dio mucha rabia que Carlos sin avisar se parara, se saliera y se tumbara, me ordeno que me pusiera encima de él, Juan se quedó desconcertado, porque Carlos no lo sabía, pero yo sabía que se había quedado a punto de correrse en mi boca. En ese momento todo me dio igual, obedecí y me senté en su rabo, que gustazo que me dio, así lo notaba más. Estaba disfrutando totalmente de esa follada que me estaba dando Carlos cuando le dice a mi marido que abra un cajón y coja el bote que hay dentro. Mi marido lo hace y veo que se queda parado, indeciso. A lo que Carlos le dice, elige tú, o se lo estrenas tu o lo hago yo, ya sabía a lo que se refería y las dudas de mi marido eran porque yo siempre le dije que no, pero me tenían tan cachonda que me daba igual, podía ser hasta que me apeteciera.

Carlos me dijo que le besara y me agache sobre su cuerpo para hacerlo, abrazándome y quedándome en esa posición, lo que le facilito a mi marido que me lubricase el culo. Me estaba resultando increíble, notaba a mi marido con sus dedos en mi culo y yo deseando estar empalada por dos rabos. Fui notando como el rabo de Juan entraba por primera vez en mi culo, me dolió un poco, Carlos no se movía, pero creo que debido a la excitación el dolor se me pasaba rápido. Carlos le fue indicando hasta que la estuvo todo dentro. Carlos fue marcando el ritmo y el placer fue tal, que creía que me desmayaría del placer y en cuanto acompasamos nuestros movimientos, increíblemente tuve lo que nunca varios orgasmos seguidos, uno tras otro y cada uno de ellos con más intensidad.

Les pedí que me dejaran descansar un momento, necesitaba tomar aire, pero Juan no quería esperar y se corrió en mis tetas. Me quede resoplando tumbada boca arriba. Una vez que me recupere, que no tarde mucho vi que Juan estaba en total reposo y Carlos seguía con su rabo bien tieso. Me levanté y fui al baño a limpiarme de la corrida de mi marido, con la intención de cabalgar otra vez sobre el rabo de Carlos. Ya aproveché para orinar y mientras lo hacía entro Carlos, sé que parecerá una tontería, pero me dio vergüenza que me viera así. El ni se cortó ni le dio vergüenza, se acercó hasta mí, quedando su rabo a la altura perfecta y se me quitaron todas las vergüenzas, me puse de nuevo a mamar ese hermoso rabo.

Carlos me levanto y me apoyo sobre la encimera del lavabo, no es que fuera adivina, pero sabía lo que buscaba y se lo quería dar. Me metió su rabo en mi chocho y verme en el espejo era morbo total, ver como ese hombre me penetraba de esa forma. Saco su rabo y lo llevo a mi culo, me prepare para recibirlo, a pesar de habérmelo follado mi marido y tenerlo lubricado, costaba que entrara y cuando me iba a rendir, para decirle que parara, era un culito estrecho para todo ese rabo, me dijo, vamos zorra que a partir de ahora cada vez que nos veamos te lo follare, ¿Por qué nos volveremos a ver, ¿verdad? Se me escapo un potente si y ya no se paró hasta tener su rabo llenándome todo mi culo. El dolor se tornó placer, un placer que no se explicar, en un movimiento de mi cabeza cuando estaba todo dentro, vi como mi marido nos miraba con cara de puto salido. Ver a mi marido de esa forma, verme yo misma en el espejo, con mi cara desencajada por el placer, ver a Carlos y oírlo, que no se cortaba ni con mi marido mirando, me puso cachonda y ante el ímpetu que ponía follándome, hizo que tuviera un nuevo orgasmo y el siguiente que fue el más glorioso, fue notar, sentir, como su rabo que estaba ardiendo, se hinchaba y sentir como me llenaba se semen, hizo que más que un orgasmo fuera una explosión que afecto a todos los sentidos de mi cuerpo, sin poder dejar de gemir y chillar.

Hasta aquí como conocimos a Carlos (CARTUZ) como nos hemos hecho muy buenos amigos y después de este encuentro vinieron muchos más, pero siempre con Carlos, que en cada encuentro nos sorprende con algo nuevo. He considerado necesario escribirlo para poder contar luego mejor la famosa fiesta de fin de año, así se entenderá mejor. No lo podría haber escrito sin la ayuda de Juan mi marido, un hombre extraordinario y generoso, al que amo profundamente y que nadie se confunda por la complicidad que tenemos.

Carlos con su filosofía de vida, le guste o no le guste a la gente, es un hombre que nos ha sabido entender sin inmiscuirse en nuestra vida de pareja. Por eso seguimos con esta bella amistad con él. Espero la comprensión de quien lea este relato de aficionada total y que comprendáis lo difícil que es contar los sentimientos, sensaciones con palabras.

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P.D.: Este relato ya lo publiqué el 25-Ene-17 junto a otros 4 más en otra página, pero ahora he recalado aquí como otros amigos y empezare a publicar aquí. Lo digo porque yo escribo en tiempo real, aunque no escribo muy a menudo.

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