Doctor Luc (Segunda Parte: Follar)

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RESUMEN

Entonces se levantó y me puso en cuatro patas apoyado en el sillón y ahí fue cuando me di cuenta que lo mejor no había comenzado.

A las doce y media entramos a la habitación 36 de un motel barato. La habitación estaba sucia y las sábanas parecían no haber sido cambiadas en veinte noches de sexo casual, ese elemento de suciedad era un toque perfecto para un momento que prometía ser salvaje. Nos sentamos en el sillón, ambos lo suficientemente ebrios como para estar totalmente deshinibidos y lo suficientemente sobrios como para ser totalmente funcionales sexualmente. Mi erección estaba al cuatrocientos por ciento y la suya también se veía -y sentía, porque yo ya no quitaba la mano de su entrepierna- que estaba a punto de explotar. Nos quitamos los zapatos y yo no iba a perder mi tiempo, también me quité mis jeans, quedando en bóxers y le metí la mano bajo la camiseta. Lo que son las casualidades de la vida, él mismo se encargaría de aquella calentura tan grande que él mismo me provocó en la tarde cuando fui a atenderme en su consultorio medico.

Moví su camiseta y comencé a chupar su tetilla derecha, el solo tacto de su pecho y su cuerpo entero cubierto de aquello pelos rubio oscuro, aquella fricción tan sensual me volvía loco. El trataba de subirme la camisa por la espalda. Nos besamos apasionadamente, su bigote gigantesco invadía mi cara y me hacía enloquecer, luego pasé a sus brazo derecho, sus músculos eran gigantes, perfectos y apretados, los besé y los mordí y él lo disfrutaba tanto como yo. Seguí bajando y lamí su axila humedecida de sudor y llena de pelos, y olía a hombre, era la axila más deliciosa que había probado. Le quité su camiseta y nos seguimos besando mientras yo pasaba mi mano abierta por todo su pecho peludo halándolos y jugando con ellos y con la cadena de oro que aún reposaba en su cuello de aquella forma tan sensual para mí. Él apretaba y jugaba con mis tetillas a través de mi camisa mientras nos seguimos comiendo las bocas.

Seguí lamiendo su pecho y luego nos quitamos el resto de la ropa, quedando ambos en ropa interior -Él llevaba jockstraps negros de Andrew Christian que dejaban sus nalgas al descubierto-. El doctor me llevó directo a su pene, ¡wao! también era masivo, 19 centímetros, pero no me preocupé, me gustan los penes grandes y los sé manejar. Su erección ahora a mil por ciento, a reventar; venoso, carnoso, gordo y largo a la vez, un fenómeno de la belleza masculina, un fenómeno que yo necesitaba dentro de mí ya. Primero lamí y mordí su barriga peluda, mientras con mi mano izquierda jugaba con su pene haciéndolo removerse de placer y él masajeaba mi cuello.

Lamí su pecho entero antes de finalmente poner a la bestia en mi boca, era un pene circuncidado, hermoso y delicioso, tal y como lo imaginé mientras me masturbaba hacía unas horas. Sabía a cielo, sabía a lo que ningún pene que había probado había sabido, pero tal y como imaginé que sabría el pene de Tom Selleck cuando yo era más joven. Jugué con su pectoral izquierdo -Y el piercing que adornaba aquella deliciosa tetilla- mientras me deleitaba con ese hermoso pedazo de carne en mi boca, llevándolo a las profundidades de mi garganta, para luego mover mi lengua en espiral adentro, haciendo al Doctor Luc apretar el ano y retorcerse de placer.

Se levantó aún con sus jockstraps puestos y su pene salido por un lado de los mismos, me sostuvo la cabeza de los lados y empezó a follar mi cara, metiendo y sacando su verga rápido y con fuerza. Miré hacia arriba y lo vi con su cadena entre sus pelos del pecho y su bigote salvaje y grité de placer, aún y con su verga llenando mi boca. Era la cumbre de mi vida sexual, estaba teniendo la follada de mi vida y aún ni me habían penetrado el culo.

Escupí en su pene y seguí chupándolo. Él jugaba con sus tetillas, luego me subió hacia su pecho y me hizo lamérselo de nuevo, mi pene estaba a reventar y sentía mi ano abriéndose solo. Subí a su boca y nos besamos con locura, su lengua y su bigote me cubrían la cara y yo quería más, estaba en el paraíso. Me subió en el sillón y me hizo sentarme en el espaldar, me quitó la ropa interior y metió mi verga en su boca. Fue delicioso. El ir y venir, salir y entrar de su gran bigote a lo largo de mi pene me daba cosquillas y llevaba mi erección y placer a niveles desconocidos, Luc le estaba dando vida a mi verga, mi pene estaba apunto de despegarse de mi cuerpo y regresar al mismo con vida propia. Yo jugaba con su espalda peluda mientras el me chupaba el pene, era hermoso, era caliente, era brutal.

Luego subió a mi a mi pecho a lamer mis tetillas mientras masturbaba mi pene y yo acariciaba su pecho que era tan peludo que sentía que me podía perder en él. El sueño que siempre tuve de adolescente, de tener sexo con un hombre muy musculoso y peludo a la vez estaba sucediendo en ese momento; tras su vello pectoral podía ver y sentir la definición de sus pectorales y de su abdomen, perfectamente formados, era un Dios griego que había bajado solo para follarme. Siguió chupándome el pene, su boca era perfecta, podía sentir la humedad y profundidad de su boca en mi miembro, y aquel movimiento travieso de su lengua en el interior me hacía retorcerme de placer. Ya mi verga estaba cargada desde la tarde, sabía que hoy tendría el mejor orgasmo de mi vida.

Bajé y me acosté en el sillón y él se colocó sobre mi cabeza, metió su bestia en mi boca nuevamente y empezó a bajar y subir con sentadillas que me penetraban follándome la boca desde arriba, nos queríamos comer vivos, de rato en rato él me daba pequeños golpes en los pectorales y abdomen y me apretaba con una suavidad deliciosa. Así, con su trasero en mi cara pude ver su ano, era precioso, cubierto por aquellos vellos rubio oscuro que cubrían todo su cuerpo, su color era uniforme y lucía joven, como nunca antes penetrado, este hombre era perfecto. Luego, así sobre mí, me tomo del cuello para seguir penetrando mi garganta, al principio lo sentí un poco brusco, pero me gustaba, yo quería que ese toro me corneara, quería que me tratara con brusquedad.

Después nos sentamos y le caí encima, le besé la boca, me comió la mía, me perdí en su bigote y en su pecho, bajé a su abdomen y llegué nuevamente a su gran pene, era un pene delicioso, me llenaba la boca, sentía el pelo de sus testículos y baje a ellos, eran grandes y masivos, como todo él, aquellos huevotes sabían al paraíso terrenal. Primero me metía uno en la boca y luego el otro; intenté meterme los dos al mismo tiempo, pero era difícil ya que eran demasiado grandes, sin embargo, lo logré. Lo miré a la cara mientras me comía sus testículos y él seguía con su cara de hombre malo y tierno a la vez, con su mirada masculina y su ceja alzada, esas obvias ganas de penetrarme el culo y aquel placer tan grande que ambos sentíamos. Le escupí la verga nuevamente y se la seguí comiendo, que verga tan preciosa, toda del mismo color de su piel, esa piel color canela que me tenía loco. Seguí jugando con su pecho mientras me comía su miembro y miraba su cara hermosa, con aquel bigote tan estilizado que ahora se veía despeinado por el salvajismo de nuestros besos y su ceja izquierda alzada, era tan masculino, todo un macho, mi sueño hecho realidad.

Entonces se levanto y me puso en cuatro patas apoyado en el sillón y ahí fue cuando me di cuenta que lo mejor no había comenzado, puso su lengua en mi ano y la sensación de su bigote masivo acariciando mi culo se sintió como electricidad y yo quería morir electrocutado por este hombre. Su bigote era una brocha, era la gloria, era tan delicioso que no tuve ninguna inhibición, mi ano estaba ahí, disponible para que él lo usara como le diera la gana hasta quedar satisfecho. Él me masturbaba el pene mientras me comía el culo y yo podía sentir también aquella cadena que le colgaba en el cuello, que me volvía loco y que ahora también me acariciaba el culo. Luc movía su dedo pulgar desde mi perineo hasta mi ano y viceversa -y aveces introduciendo el dedo en mi ano- mientras ahora masturbaba su pene, estaba erecto a totalidad, con la verga dura como una piedra, el Doctor Luc estaba listo para entrar en mí. Nunca hablamos quién iba a ser el pasivo y el activo, y yo la mayoría de las veces era activo, pero entre Luc y yo siempre estuvo claro, sin que se dijera, que él me iba a penetrar la vida entera.

Puso su pene entre mis gluteos y empezó a balancearse de atrás hacia adelante acariciando mi trasero con la bestia, le tomé la pierna derecha desesperado halando hacia mí y él se movió tal perro follando mientras abrazaba mi pecho desde atrás y seguía presionando su pene contra mis gluteos, se sentía firme, estaba erecto a reventar. Él seguía casi en silencio, solo decía “oh sí” escasas veces, pero yo gemía de placer y ahora más, aquel hombre tan perfecto iba a entrar en mí.

Finalmente se puso un condón y entró, si estimularme mucho el ano y sin lubricante. Su pene era tan masivo que innegablemente me dolía, pero no me importaba, ese hombre era masivo para mí, brutal, brusco, y un poco de dolor era placentero. Yo quería que una bestia me penetrara y finalmente lo había conseguido. Él empezó a moverse muy suavemente de atrás hacia adelante mientras me sostenía el cuello con una mano y con la otra acariciaba mi espalda arqueada. Siguió moviéndose cada vez más rápido hasta que pudo moverse con libertad, y ya era la mejor follada que me habían dado en mi vida, se acercó a mi y me volteó la cara para besarme con su preciosa cara y bigote mientras pasaba su brazo izquierdo al frente de mi pecho y lo masajeaba suavemente, yo no podía creer que luego de tantos años de haber empezado mi vida sexual, hasta ahora fuera a sentir algo como esto.

Me tomaba de la cintura, me masajeaba la espalda, me follaba tan delicioso que despertaba todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Yo lo veía a través del espejo que estaba en la pared, con su cara de malo y bueno a la vez, su ceja alzada y su cadena perdiéndose en su pecho peludo, follándome como macho, como un verdadero toro macho teniendo el control, usando su miembro con experticia y llevándome a la gloria. Luego me agarró de la parte baja las axilas y me folló con fuerza y vigorosidad, casi violento por varios segundos, para luego salirse de mi y jalarse un poco afuera. Volvió a entrar y el segundo round empezaba con más vigor, era soñar despierto, esta era la cumbre sexual de mi vida. Lo acababa de conocer y lo estaba dejando follarme con violencia, pero es que este no era cualquier hombre, ese hombre era el hombre con que siempre había soñado.

Una de sus manos estaba en mi cuello, la otra en mi espalda, ahora presionando firme, y el entrar y salir de su pene en mi ano me tenía al borde de un colapso sexual, nunca me había sentido tan pleno, feliz, realizado y satisfecho. Me tomó de las nalgas y me siguió follando ahora un poco más suave, se reía, podía sentir que estaba disfrutando mi cuerpo plenamente. Se acercó a besarme nuevamente, oh, sus besos, sus besos bruscos y mojados, con su lengua invadiendo mi vida y su gran bigote acariciando mis puntos más débiles. Me abrazó y me siguió besando mientras me follaba como un animal, este hombre era mi dueño en ese momento. Luego reposó su cabeza sobre mi espalda, me abrazó fuerte, como enganchado a mi cuerpo y me empezó a follar bruscamente de nuevo, con ansias como si él fuera un perro y yo su perra en celo, me dolía un poco pero yo movía mi trasero con fuerza también, como si fuera la última follada de mi vida y estuviera dispuesto a morir cuando acabara.

Luc estaba casi encima de mí y seguía dándome cada vez más fuerte, me tomaba de la cintura, de la espalda, de los brazos, me besaba con pasión, me mordía, me arañaba, se apartaba y luego se dejaba caer nuevamente sobre mí. Su cuerpo pesaba mucho sobre el mío, pero sentir los abundantes pelos de su pecho acariciando, invadiendo, masajeando mi espalda era la gloria terrenal y aunque mis piernas empezaban a flaquear, en vez de parar yo solo quería que me diera más y más duro.

Luego me besó, salió de mi, me levantó del sillón y me puso en la pared, contra el espejo, donde podía ver su lujuria, su placer, su bestialidad y masculinidad, mi verga estaba a reventar, yo me estaba masturbando y él tomó mi pene, me masturbo por varios segundos y luego volvió a entrar en mi. Yo con las manos contra el espejo, él echado sobre mí, con las manos en mi pecho, su cabeza en mi espalda, acariciándola con su bigote y follándome suavemente. Se apartó de mi y empezó a darme duro de nuevo, me agarraba de las nalgas y luego del pecho, me daba suave y luego duro, me comía la boca y se volvía a apartar, acariciaba mis tetillas y yo gemía como nunca lo había hecho, me sentía invadido, poseído y fuera del control de mi cuerpo y de mi mente, pero complacido; Luc me doblaba y me volvía a enderezar, sacaba su pene por completo y me lo metía nuevamente hasta el final, me tenía en el paraíso sexual.

Me puso de nuevo en el sillón, boca arriba y me abrió las piernas, se fue directo encima mío y me volvió a penetrar, se acercó a mí y empezó a follarme mientras nos besábamos con pasión y yo le abrazaba el cuello, nos estábamos comiendo vivos. Se apartó de mí mientras se apoyaba sobre mi pecho y lo masajeaba, yo, con una mano acariciaba el suyo, delicioso, lleno de tantos pelos y con la otra mano me masturbaba como nunca, él me follaba con fuerza y yo movía mi trasero para volverlo aún más loco.

Seguí masturbándome fuerte hasta que me corrí. Y fue intenso y duradero, fue el orgasmo mas largo que jamás he tenido, me hizo doblarme, gritar, convulsionar de pasión y me dejó con los ojos en blanco y hasta mudo por unos segundos, fue la gloria en la tierra, eyaculé tanto que llené mi abdomen y mi pecho peludos de semen y Luc jugó con mi leche, me lo embarró más por todo el pecho, se lo embarró él en su cuerpo delicioso y se lamió la mano, mientras con la otra me sostenía una pierna y me seguía follando intensamente. Después me tomó del cuello con la otra mano con violencia y brusquedad, me impresionó que nunca me habían tratado así, pero me gustaba y le pedía que me siguiera dando más duro. Me seguí jalando el pene que seguía erecto y él me siguió follando cada vez más fuerte, y empezó a gritar hasta que salió de mí, se sacó el condón, vi sus ojos en blanco y se vino sobre mi abdomen y pecho, su semen fue abundante y fue mío, solo mío. Luc me bañó con su leche y esa leche era mía. Sonrió satisfecho y complacido, y luego me empezó a embarrar su semen con su pene y luego con su mano. Bajó hacia mi pecho y empezó a lamerme, era demasiado gloriosa la forma en que su bigote se llenaba de nuestras leches juntas y más glorioso aún cuando subió a besarme y me lo dio a comer, lo bebí de su boca y lo chupé de su bigote. Fue delicioso, fue glorioso, nunca pensé conocer aquella electricidad sexual, aquellas ganas tan grandes, tan salvajes, tan primitivas y tan mutuas de comernos vivos. Abandonados en el instinto, como bestias salvajes y hambrientas que se dieron gusto el uno al otro.

Luc se tiró en el sillón boca arriba y yo me moví para quedar sobre él y dormí como en el cielo sobre su pecho peludo. Despertamos a las cuatro de la mañana y follamos nuevamente. En la cama, y luego en el piso, y luego contra la ventana. Nunca fui tan pasivo como esa noche.

Aquella madrugada me confesó que cuando abrió la puerta del baño del hospital en la tarde anterior sabía que yo me estaba masturbando y quería unirse, pero yo no lo dejé hablar, ni acercarse a mí. Él sabía que me había gustado y yo también le había gustado a él.

A las siete de la mañana me levanté para marcharme, estaba recostado sobre su pecho peludo, ambos desnudos en la cama, él trató de sostenerme.

—Hoy si debo ir a trabajar —le dije.

Luc se levantó, fue a la mesita de noche y tomó mi billetera, sacando el certificado de incapacidad médica que me había escrito el día anterior -él me había visto ponerlo allí cuando me lo dio en su consultorio-, tomó un bolígrafo y corrigió la línea donde había escrito un día de incapacidad, escribió el número dos. El Doctor Luc me regalaba un día más para ser suyo.

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