Incesto - Filial - Infidelidad

El cumpleaños de la tía Eli

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RESUMEN

La diferencia entre el amor y la miseria suele estar, a menudo, en las mismas manos.

Saludos. Hace un tiempo escribí un relato que publiqué en tres partes, Ética, Religión y Mónica. Éste es más largo y lo publico de una sola vez. Me gustaría saber que les parece mejor, episodios o relato completo.

 

El cumpleaños de la tía Eli

Desde que nací hasta el miércoles.

Quisiera dejar claro desde este instante que no soporto a mis primas. Las odié de niño, las odié de joven y las odio ahora. Y, sin embargo, aquí estoy manejando 750 km. para llegar a casa de mi tía Elisa. Mi madre viaja a mi lado y, sí, ella es la razón por la que dentro de algunas horas voy a volver a ver a las brujas del mal.

Seguramente habrá quien diga que exagero. ¡Pues, no! Si alguno de ustedes es el hijo menor en una familia donde predominan las mujeres, sabe de qué le estoy hablando.

Mi madre y sus hermanas, tía Eli y tía Jess, llegaron a la capital a estudiar. Conocieron a sus esposos, se casaron y eventualmente regresaron a su tierra, a excepción de mi madre que permaneció aquí con mi papá. Cuando nací, aún vivían todas ellas por acá y nos frecuentábamos mucho. Al poco tiempo se fueron y cuando hubo que estudiar la prepa y la licenciatura, las mandaron de nuevo a nuestra casa. Finalmente se graduaron y se regresaron a la dimensión maligna de la que habían salido reptando, cuando yo iniciaba la preparatoria. Tengo casi siete años de diferencia con Eli y casi cinco con Ana y Jess.

De niños, era yo su juguete. Otra muñeca más en su colección, por así decirlo. Me hacían jugar a la comidita o a la casita, no podía ver la tele en paz porque no les callaba la boca y lo peor… una vez, hasta me pusieron uno de sus vestidos.

De jóvenes, cuando las mandaron de vuelta a la capital para que hicieran sus estudios, se volvieron presumidas y vanas. Yo era algo así como su mayordomo: “¿Me traes esto o aquello porfis? ¡Aaay, no seas malito! ¿Vas a la tienda y me traes unos chocolatitos? ¿Le llevas esto a mi tía nene?” ¡Por su culpa seguí siendo El Nene hasta la prepa! Siempre hablando de aquello que estuviera de moda. Hablando de novios y de chisme y medio, no podía ver la tele en paz porque no les callaba la boca y lo peor… cuando pedían permiso a mi madre para salir a algún lado o con alguien, la respuesta era: “Sí, pero llegas antes de las ocho y te llevas al nene”.¡Cómo que si el nene fuera algún tipo de anticonceptivo o algo así!

Finalmente me libré de ellas. Mi vida es ahora feliz. Mi padre en el negocio, mi madre en la casa y yo en la universidad a punto de graduarme. Pero la felicidad no es un estado permanente…

- ¡Aleeeeex!

- ¿Sí, mamá?

- ¿Estás en tu cuartooooo?

- ¡Síííííí!

- Veeeen

- Vooooy

¡Así somos de intelectuales en casa!

Mamá y Papá estaban en la sala. Papá tomaba cerveza. Mamá soltó la bomba.

- ¿Alex, tú me acompañarías a visitar a mis hermanas en casa de tu tía Eli?

Con el amor que sólo un hijo puede mostrar a su madre le dije que no.

- Quiero adelantar mi seminario de titulación para poder graduarme lo más pronto posible. Y sólo lo puedo hacer si voy a la facultad durante las vacaciones de verano. (Mentira vil, la verdad es que sólo esperaba la aprobación de mi proyecto para presentarlo y graduarme. Un semestre más de trámites y listo).

- ¡Aaayy, no me digas!

- Sí má, lo siento. ¿Por qué no va Papá contigo?

Mirada de furia de mi padre, estratégicamente posicionado, a espaldas de su amada esposa.

- Ya le dije, pero no puede dejar el negocio solo por tanto tiempo. (Mentira vil. La empresa de papá podía funcionar muy bien sin él. Sólo necesitaba un teléfono y una computadora con conexión a internet).

- ¿Tanto tiempo? ¿Pues cuánto piensas estar por allá?

- Dos semanas.

- ¿Y por qué no vas sola? Es sólo una hora y media de vuelo.

- Ya sabes que no vuelo. No soporto los aviones.

- Si me caso con una hermosa modelo sueca, jamás vas a conocer a tus nietos ¿Lo sabes verdad?

- ¡Déjate de vaciladas! Tu tía Eli quiere celebrar su cumpleaños reuniendo a la familia en su nueva casa de la playa.

- Tía Eli, quiere celebrar su tercer divorcio reuniendo a la familia en su nueva casa de la playa que se le quedó en su separación del tío… ¿Cómo se llamaba éste? Es difícil acordarse de todos.

Mi padre ríe y se ahoga con su propia cerveza.

Mi madre se le queda viendo con ojos de desaprobación y se marcha a la cocina por un trapo para limpiar el charco de cerveza que hay sobre la mesa de centro. Mi padre se pone de pie, coloca una mano en mi hombro y me lleva al jardín. Pone una cerveza en mi mano y me dice con gesto serio:

- Ya eres un hombre y es tiempo de que hablemos.

- ¿No es un poco tarde ya para tener esta conversación?

- Ésta… es otra conversación.

- ¿Cómo puede ser otra si nunca tuvimos la primera?

Entrecerrando los ojos con gesto impaciente, Continuó:

- Quiero decir… que es el momento de hablar de solidaridad, de unión familiar. Hay veces que las cosas pueden no gustarnos pero aun así las hacemos porque amamos a la otra persona. Quiero que acompañes a tu mamá.

- No soporto a las insufribles de mis primas. Preferiría que me hicieran la circuncisión… otra vez, antes que tener que escuchar sus insoportables voces y sus estúpidos comentarios. De ninguna manera voy a ser su mayordomo nuevamente y menos aún su chambelán. Lo siento papá, El Nene ha muerto.

Ambos bebimos y vimos crecer el pasto del jardín en silencio.

- Te entiendo. La verdad es que me pasa lo mismo. Yo no aguanto a tus tías con sus comentarios tontos sobre mi matrimonio con tu madre, esas estúpidas bromitas insinuando que si he pasado tanto tiempo con ella es porque, tal vez, me entretengo por otro lado. Como que si fuera raro amar a una mujer y permanecer unidos de por vida. Si ellas se divorcian cada dos semanas es su problema, pero si las vuelvo a oír decir algo al respecto… te juro que voy a contestar de mala manera y no quiero lastimar a tu madre. A ti, por otro lado, tus tías te adoran. Aún recuerdo los gritos que le puso tu tía Jessica a tus primas cuando te pusieron el vestido ese. Recuerdo como tu tía Eli se quedó tres días junto a ti cuando saliste de la operación de las anginas. ¿Entiendes? Es por tu madre, es por tus tías, es por mí. ¿Cuento contigo?

- Soy sobornable.

- ¡Perfecto! Un bono por el viaje y otro por el curso que vas a dejar de tomar.

- Mi auto se está desbaratando.

- Al regreso del viaje te quedas con el de tu madre y a ella le compro la camioneta que me ha estado pidiendo.

- Gastos de representación y compensación por angustia emocional.

- No abuses.

- Lo de la angustia emocional no es una broma.

- Ok. Ok.

…………..

La casa de la playa está a unos veinticinco kilómetros de la ciudad y es bastante grande. Rodeada de amplios jardines, con una gran alberca y a buena distancia de las demás casas del lugar, que son también muy grandes y bonitas. La playa es hermosa pero nadie se mete a nadar ahí, al ser mar abierto el oleaje es muy fuerte, así que la única gente que se ve por ahí son los pocos vecinos del lugar que muy ocasionalmente salen a caminar. El clima es muy caluroso todo el año y en verano, como ahora, parece una caldera.

Llegamos cuando empezaba a anochecer y mis tías salieron a recibirnos. Besos y abrazos. Risas y todo eso. Pasamos a la sala y hubo la clásica charla de siempre. Mis tías insistieron en saberlo todo sobre la escuela, sobre mi vida social, sobre mis planes, en fin, una mini biografía de más de ocho años de ausencia.

Durante la merienda me enteré que mis primas salían todas las noches a la ciudad porque se aburrían en casa, llegaban ya en la madrugada y dormían hasta tarde. Después de la comida, a la alberca y posteriormente se cambiaban para salir de nuevo. Con un poco de suerte y un par de amuletos contra los malos espíritus no tendríamos que vernos mucho.

Eli chica.

La mayor de todas. Siempre dando órdenes con las manos en la cadera. Enormes y redondas caderas que ella sabía resaltar muy bien con las mini-mini-faldas que usaba. Cabello castaño oscuro y corto que dejaba ver un cuello fino y unos hombros amplios y delineados que conducían a unos pechos más bien chicos que estaban rematados por unos pezones ligeramente oscuros con areolas tan grandes que cubrían casi la mitad de sus pechos.

Ana.

Hermana menor de Eli. La más boba de ellas, siempre contando chistes de los que nadie se reía. Siempre con una sonrisa en el rostro que, cuando no decía nada, era muy hermoso. Pecosa. Las pecas le cubrían los pómulos y bajaban por el pecho hasta los pechos, más grandes que los de su hermana y que se mecían al compás de su caminar. Pezones grandes que se superponían a los senos y parecían estar siempre erectos, proyectándose más de tres centímetros hacia el frente. Se notaban siempre sin importar que ropa se pusiera encima. Cabello castaño claro que caía ondulante sobre sus hombros también cubiertos de pecas y una cadera muy bien formada aunque, ni cerca de las dimensiones de la de su hermana mayor.

Jess chica.

Hija única de mi tía Jess. Ella era un fenómeno raro. Desde niña fue muy dada a los libros, el arte y la música. La única de ellas capaz de tener una conversación semi-inteligente. Con la edad, evolucionó para convertirse en una especie de emo-punk-nerd que permanecía callada gran parte del tiempo, con una mirada de “no existes, no existo y René Descartes era un idiota”. Cuando abría la boca era sólo para hacer algún comentario ácido y manifestaba su felicidad sacrificando cachorritos al señor de la oscuridad. ENORMES tetas proyectadas hacia el frente que mantenía siempre ocultas bajo sus playeras todas negras y que, por su forma y tamaño, no podían dejar de moverse con cada movimiento que hacía y, por encima de éstas, en el cuello, un collar muy parecido al de un perro que mi papá quiso mucho. Pantalones negros con la cintura baja que permitían ver claramente la raya donde iniciaba la separación de sus nalgas completamente esféricas y que se le pegaban a las piernas que eran ligeramente cortas pero bien torneadas.

¿Cómo sé todo esto? Recuerden que fui su mini-mayordomo. Cuando estuvieron en mi casa estudiando la prepa y la universidad, con frecuencia me tenían en su recámara sosteniendo sus ropas mientras ellas se las probaban frente al espejo.  Acercándoles cosas, buscando debajo de la cama el zapato que no encontraban, yendo a la cocina para traerles un refresco, horas ¡horas! sosteniendo playeras, blusas, pantalones y hasta ropa interior mientras ellas decidían que iban a usar esa tarde para salir a pasear con los amigos. Yo estaba en primaria aún y no tenía ningún interés en ver a un trío de guacamayas parlanchinas hablando de ropa, modas y chicos, aunque estuvieran semidesnudas.

Estábamos acostumbrados a vernos con poca ropa y, cuando éramos niños, hasta sin ella, sin que esto provocara ningún tipo de conflicto moral o de cualquier otra índole. ¿Alguna excitación por mi parte al verlas con los senos al aire o sus redondos traseros al cambiarse las panties? ¡No! De hecho, cuando por fin podía salir ya de su habitación me sentía mareado debido al tremendo olor a perfumes, talcos, cremas, fijadores para el pelo, etc. Era yo, literalmente, como un mueble más de la casa, un perchero sería lo más cercano. Aburrido y enojado también, por haberme perdido programas de la tele que me gustaban o por no poder jugar por mi cuenta.

Aunque todas tienen una profesión en la actualidad, ninguna ha sabido jamás lo que es un empleo. Todas ayudan en los negocios de mis tías, Eli funciona como una especie de gerente a cargo de vigilar la operación de todos los negocios. Jess se encarga de la distribución y Ana de las compras y el almacén. Todas tienen horarios flexibles y siempre tienen dinero y tiempo libre, una buena parte del trabajo puede hacerse por teléfono. Sus mamás les han dado tarjetas de crédito y cuentas de cheques, además de que ciertos gastos como combustible y alimentos los cargan a alguno de los negocios. Mis tías querían, de esta maneara, compensar las temporadas duras por las que tuvieron que pasar sus hijas años atrás.

Dos chicas algo gorditas iban a la casa cada tercer día a hacer la limpieza general de la casa junto con un jardinero viejito que atendía los prados y la alberca. La casa estaba siempre limpia y en orden. Para la hora de la comida, la servidumbre ya se había marchado y mis primas sólo se ocupaban de tender sus camas, lavar los platos y llevar la ropa a la tintorería.

Los primeros días fueron geniales. Cuando vi a mis primas por primera vez, nos saludamos con cierto afecto. Pero, al mismo tiempo, con algo de indiferencia. Después del saludo ellas a lo suyo y yo a lo mío, apenas y nos veíamos. Por la mañana desayunaba con mi madre y mis tías. Nos reíamos un poco y después a la alberca. Mis tías, que en verdad me quieren mucho, iban a casa por bebidas y snacks para que no tuviera que salir del agua. Jugábamos cartas bajo la sombra de alguno de los árboles del jardín ante una mesa llena de golosinas para mí y después, de vuelta a la casa. Para el momento en que bajaban mis primas a la alberca, yo ya estaba en mi habitación durmiendo o viendo televisión o jugando en la computadora.

Felicidad en el paraíso. Pero… se atravesó el jueves.

Jueves

Años atrás los jueves era el peor día de la semana para mí. Mi madre y sus hermanas tenían por costumbre tener su “Jueves de chicas”. Se la pasaban casi todo el día fuera y me dejaban bajo el cuidado de mis primas que me hacían ver mi suerte. En esta ocasión se marcharon desde temprano a la ciudad y volverían hasta tarde. Cuando bajé a la cocina, ellas ya no estaban. Abrí en silencio el refrigerador para prepararme un sándwich y entonces oí ruidos en la planta alta… ¡Estaba solo en tierra de orcos!

Salí a la alberca para nadar un rato antes de que las arpías bajaran. Nadé y luego me recosté en un reclinable a la sombra de unos árboles, cerré los ojos bajo los lentes oscuros y empezaba a sentir que el sueño me invadía cuando siento de pronto que algo obstruye la luz. Abro los ojos tras las gafas oscuras y veo una hidra de tres cabezas viéndome.

- Si ya estás bien cocido de ese lado deberías voltearte. – Ana, con otra broma nada graciosa y su perpetua sonrisa.

- ¿Por qué nos has estado evitando, nene? ¿Ya no nos quieres? – Eli, con su voz de sargento de caballería que, hasta cuando quiere hacer una broma, suena a reclamo.

Jess, muda, se alejó para poner sus cosas en otro de los reclinables un poco más allá de dónde estábamos sin ningún interés por la conversación.

- No, no es eso. Es simplemente que no tengo hábitos nocturnos como ustedes. (Vampiros, hombres lobo y demás espantos, pensé).

- Como desde que llegamos no hemos pasado ni un rato juntos todos, pensé que sería bueno estar un rato con la familia.

- Escogiste un mal día. –Dije yo acostado con las manos atrás de mi cabeza y los ojos cerrados tras las gafas. – Es jueves.

Jess, al otro lado de la alberca se ponía bloqueador, recostada en su reclinable. Eli arrojó su toalla sobre el reclinable a mi izquierda y Ana arrastró en reversa otro reclinable desde donde estaba Jess para ponerlo a mi derecha. El movimiento provocó que la parte inferior de su bikini rosa se metiera incómodamente entre sus nalgas que se mecían hacia mí mientras jalaba el mueble. Ya a un lado mío, se jaló el bikini para sacarlo de entre sus nalgas casi a quince centímetros de mi cara, dejándome ver por solo unos segundos su entrepierna por la parte de atrás. Se volteó hacia mí y, con su eterna sonrisa, se tumbó despreocupadamente.

- ¿Jueves de chicas, eh? –Continuó Eli.

- Sí. Los viejos hábitos no mueren fácilmente.

- Bueno, ni modo. Tendremos que acostumbrarnos supongo.

- Ya estamos acostumbrados. Toda la vida ha sido así.

- No toda la vida. Sólo lo hacen cuando están las tres juntas.

Ana preguntó:

- ¿Qué creen que pase en los jueves de chicas? ¿Por qué nunca nos llevan? Nosotras también somos chicas, después de todo.

- La idea es precisamente que un día de la semana lo puedan dedicar a ellas sin interferencia ni de maridos ni de hijos. (O en el caso de mis pobres tías, entes del mal como ustedes, pensé)

- ¿Ustedes creen que vayan a algún bar y coqueteen con algunos chicuelos?

Eli protestó:

- ¿Cómo crees Ana? ¿Nuestras madres…?

Ya que habían arruinado mi perfecta mañana (por no mencionar mi infancia) y, como de costumbre no les callaba la boca, para variar. Decidí que bien podía yo arruinarles el día a ellas. ¡Karma!

- Seguramente se encierran en una habitación oscura con varios apuestos fisicoculturistas y dan rienda suelta a sus más bajas pasiones. – Dije con voz indiferente.

- ¡Nene! - Protestaron ambas hermanas al unísono. Al fondo me pareció ver que Jess sonreía, si es que al rictus que se dibuja en su cara se le puede llamar sonrisa.

- Que sean nuestras madres no quiere decir que no sean de carne y hueso. Ellas también tienen su corazoncito.

- Deja de decir estupideces. – dijo Eli.

- Piénsalo bien. Tres señoras solas, de mediana edad pero aún muy guapas. Con dinero, lejos de casa. Sin hijos pequeños de quien preocuparse. Cualquier cosa puede pasar…

El minúsculo cerebro de Ana tardó bastante tiempo en procesar la información. Después de que un par de sus neuronas agonizantes hicieron click, entendió que se trataba de una broma y se rio con ganas.

- ¡Baboso! – dijo dándome un golpecito en el hombro.

- Van de compras niña, van de compras. - Le dije - ¿Nunca has notado el montón de bolsas con las que regresan los jueves por la noche? Llegan con zapatos, ropa, perfumes, cosas de esas y, a veces, hasta traen algo para nosotros.

- ¡Ahhh! ¡Entonces de ahí venían todas esas cosas…!

- Pues sí, Ana, sí. Ahora descansa y deja de pensar en estas cosas antes de que te hagas daño.

¡Ok! – Ana sacó su bloqueador y empezó a ponérselo. Eli la miraba echando los ojos hacia arriba y procedió a imitar a su hermana. Después de aplicar bronceador en brazos y piernas dijo:

-Oye nene, ¿te molesta si saco a pasear a las nenas?

Al principio no entendí bien de que me hablaba, pero sólo un instante después comprendí a que se refería

¡Todo mundo a jugar el juego deee… fastidia a tus primas!

- ¿Las nenas?

- Sí. Ya sabes…

- ¿Ana y Jess? No necesitan mi permiso, ya están grandecitas. – Dije, fingiendo demencia.

- No tonto, que si no te molesta que me quite el sostén.

- ¡Ahhh! Ok. No, no me molesta, si a ti no te molesta que yo ande con una erección todo el día.

- ¡Nene! - Dijo Ana – ¡Que cochino! Si somos primos.

- Además, - Dijo Eli – Desde niños nos hemos visto casi sin ropa.

- Sí, pero ya no estoy en la primaria. Hemos crecido y ya las cosas no son iguales.

Eli, con todo el sarcasmo del mundo se me quedó viendo a la entrepierna y dijo.

- Pues mira… Crecer, así que digas crecer… Algunas cosas parece que siguen iguales.

¡Ah! ¿Quieres guerra? ¡Pues guerra tendrás!

- Ok, ok. Está bien. Si quieres quitarte el sostén, adelante.

Eli se quitó el sostén y frotó sus pequeños pechos con el bloqueador. Yo me incorporé a medias, bajé un poco mis anteojos y viéndole las tetas brillantes por el bloqueador le dije:

- ¡Oye, ya! ¡Déjate de juegos, no seas payasa! Dijiste que las ibas a sacar. ¿Dónde las escondiste?

Ana, empezó a reír a carcajada abierta y Jess, desde donde estaba, se había quitado los lentes oscuros mirando atentamente la escena.

- Por cierto, sé de una pomada excelente para los piquetes de mosco. Supongo que esos te deben dar mucha comezón.

Ana, se sujetaba el estómago y no paraba de reír. En algún momento se resbaló y quedó sentada en el suelo con lágrimas escurriendo de sus ojos a causa de la risa. ¿Mencioné antes que no era muy brillante?

- En todo caso. Debe ser una ventaja. Así no opones resistencia al aire. Eres… digámoslo así… aerodinámica.

La risa de Ana ya no se oía. Simplemente tenía la boca abierta sin emitir sonido alguno y los ojos cerrados con lágrimas rodando sobre sus mejillas pecosas. Su rostro estaba rojo y congestionado. Si se tratara de otra persona, me hubiese preocupado, pero era claro que sus neuronas habían dejado de recibir oxígeno hacía ya mucho tiempo.

 - JA… JA… Muy chistoso.

Me dijo Eli y después, viendo a su hermana le dijo:

- No es gracioso Ana, deja de reírte.

Dando bocanadas para tratar de llevar aire a sus pulmones y todavía riendo, Eli contestó:

- Sí, si lo es. Por favor nene di algo gracioso sobre su trasero.

- No hay nada gracioso acerca del trasero de Eli. La última vez que fue al parque y se sentó en un prado, dos niños desaparecieron. Eso… no es gracioso.

Ana no pudo más. Tuvo un ataque de risa incontenible y un chorrito de orina salió de entre sus piernas. Llevó una mano a su entrepierna y se la apretó con fuerza. Aún riendo, y no sin dificultad, se incorporó y corrió, trastabillando un poco, hacia la casa mientras pequeños chorritos de orina goteaban de su traje de baño.

Eli y yo nos pusimos de pie y la vimos alejarse.

- Me preocupan los genes de esta familia. He decidido que jamás tendré hijos. Les recomiendo que hagan lo mismo chicas.

Tomé mi toalla, me puse las sandalias y caminé hacia la casa.

- La alberca es toda suya. Pueden nadar en traje de Eva si gustan.

Al subir las escaleras que comunican la casa con el jardín donde está la alberca y después de dar vuelta para entrar a la sala. Pude ver como Jess se quitaba el sostén como Eli y caminaban hacia el agua. La vista del culo perfecto de Eli y las gloriosas tetas de Ana me provocaron una erección y sentí en el pecho algo que sólo había sentido con algunas chicas previo al sexo. Fue la primera vez que vi a mis primas, no como a los monstruos de mi infancia, sino como mujeres bellas y apetecibles. Sacudí la cabeza y entré a casa.

…………..

Una ducha rápida, una playera y un short ligero. Después a la cocina por otro sándwich y un refresco. Me fui a la sala, puse la tele y empecé a ver una película sentado en el sillón de tres plazas frente a la pantalla.

De pronto, una sacudida que casi hace que tire el refresco que tenía en la mano. Y una voz juguetona que gritaba.

- ¡Hola nene!

Mi corazón latía a mil por hora. El susto fue tremendo. Voltee a ver a mi prima Ana que había brincado desde atrás del sillón para aterrizar a mi lado mientras reía como de costumbre. Entrecerré los ojos con gesto impaciente y le dije:

- Es su misión en la vida no dejarme nunca ver tele en paz, ¿Verdad?

- ¿Que estás viendo?

- Oliver.

- ¿La de caricaturas con perritos y gatitos?

- No, Oliver Twist. La novela de Charles Dickens.

- ¡Qué aburrido! Voy por un refresco.

Se puso de pie y noté que venía vestida únicamente con una playera larga, pero que apenas y llegaba debajo de sus nalgas. Abrió el refri y buscó en él. Se agachó para sacar una botella de cooler y cuando lo hizo, por un par de segundos, se descubrieron sus nalgas desnudas y se abrieron un poco dejándome ver su orificio posterior y su vagina depilada que por breves instantes se abrió ligeramente. Se incorporó, cerró el refrigerador y se acomodó de nuevo pegada a mí, a pesar del gran espacio en el sofá. Nuestros cuerpos estaban unidos por los hombros y las piernas. Era un sofá para tres personas, pero ella estaba tan pegada a mí que ocupábamos menos de la mitad.

Sentí el roce de su pierna contra la mía, sentía su cabello ondulado que caía sobre sus hombros tocando mis mejillas al tiempo que aspiraba su aroma fresco. Mi pene cobró vida nuevamente. Me le quedé viendo fijamente mientras ella veía la televisión. Sus pezones, que eran imposibles de ocultar a pesar de la ropa, eran ahora claramente visibles a través de la delgada playera. Estaba cruzada de piernas y mi imaginación volaba pensando en su culo y su panocha desnudos tocando el sillón de piel. Vimos la película juntos un rato en silencio y de momento me dijo:

- Hoy me hiciste reír mucho nene.

Pasó un momento antes de que pudiera contestar.

- Sí, lo noté.

Volteamos a vernos y su sonrisa iluminaba su rostro.

- Siempre me han gustado los hombres que me hacen reír.

- Te habrán gustado una gran cantidad de ellos entonces… Quiero decir… Siempre te veo sonriente.

- No, ¿Cómo crees? Me gusta estar contenta y me río a cada rato pero lo que me agrada es una persona ingeniosa, como tú. Hacía tiempo ya que no me reía así. Hasta tuve… bueno ya sabes…

- Un pequeño accidente.

- Sí, eso.

- Lo lamento, no fue mi intención.

- Está bien. Creo que hasta me gustó un poquito, me hizo como cosquillitas cuando se me salió. Oye. ¿Es cierto lo que nos dijiste?

- ¿Qué cosa?

- Ya sabes, eso de la erección.

- Ah. Eso. Pues lo dije de broma, pero la verdad es que es cierto. Cualquier hombre, al ver una mujer hermosa y con poca ropa o sin ella, reaccionaría así, supongo… Ya no somos niños y ustedes son muy… guapas.

Ella giró su cuerpo para verme quedando en tres cuartos de perfil y pude ver claramente su panocha entre sus piernas cruzadas.

- ¿Te excitamos?

La pregunta me sorprendió. Siempre hubo confianza entre nosotros pero esto era demasiado.

Cuando niños Ana era la única que no me trataba como a un trapo. De hecho, era ella la que me hacía jugar a la casita. Tomaba, a escondidas, galletitas de la cocina y simulaba con ellas que me hacía la comida. Yo era el papá, ella la mamá y sus muñecas eran nuestros hijos. La parte de las galletitas estaba bien, pero cuando había que simular que poníamos a los hijos a hacer tarea y esas cosas, francamente me fastidiaba. Curiosamente, la mejor parte era cuando, en el juego, nos íbamos a dormir juntos como esposos. Hacía que me acostara en la alfombra de la sala, me cubría con una mantita y me abrazaba. Me gustaba mucho la sensación de sus brazos a mi alrededor, así como el calor y la suavidad de su cuerpo. La gran mayoría de las veces nos quedábamos dormidos y así nos encontraban nuestros padres que se enternecían con el cuadro.

Regresé al presente y con algo de pena contesté:

- Bueno… hasta hace unos momentos la verdad es que no, pero justo ahora no lo sé. – Contesté sin poder dejar de ver su entrepierna. – Somos primos y… bueno… eso no estaría bien.

Ella estiró su mano y la puso sobre mi short. Sintió mi verga dura bajo éste y sonriendo dijo:

- ¡Eres un cochino! ¡Ya se te puso dura!

- Oye… no… yo…

Se montó a horcajadas sobre mí y puso sus manos en mi nuca mientas descansaba su vagina sobre mi pene cubierto por el short.

- Eres un cochino nene. Te gustaría cogerte a tus primas, ¿Verdad?

En ese momento sentí algo que nunca había sentido. Una mezcla del odio que les tenía con una combinación de excitación total y el sentimiento de culpa por tratarse de mis primas.

- ¡Cómo crees! - Traté de hacerla de lado pero ella no se movió.

- Lo que siento entre mis piernas dice otra cosa. Dijo con su sonrisa franca.

- Es un reflejo Ana, ahora bájate.

- Nunca contestaste la pregunta de Eli ¿Ya no nos quieres?

- No se trata de querer o no Ana. Bájate ya.

- Contesta la pregunta nene.

- ¡No, Ana! ¡No las quiero!

Ana se quedó quieta viéndome con tristeza en los ojos. Me sentí mal no por lo que dije, sino por cómo se lo dije. Ella siempre fue muy linda conmigo, no cómo sus hermanas.

- Ana, yo… Perdón. No lo tomes a mal pero no fue fácil vivir con ustedes cuando fuimos niños… Tú siempre fuiste linda conmigo y todavía me acuerdo cuando nos quedábamos dormidos mientras me abrazabas… La única razón por la que pude soportar a Jess y a tu hermana fue por el recuerdo de esos pequeños momentos contigo. Después se fueron para regresar ya de jóvenes y entonces sí fue imposible tolerarlas. No es que no las quiera. Somos familia y hubo algunos buenos momentos pero…

Con mirada de asombro Ana me preguntó:

- ¿Todavía te acuerdas de cuando jugábamos a la casita? ¡Pero si eras muy pequeñito!

- Sí, todavía me acuerdo. Es una de las pocas cosas que recuerdo de esa edad. Nunca se me ha olvidado.

Ana volvió a sonreír, se me acercó y me dio un tierno beso en la boca.

- ¡Mi vida, pero qué lindo! ¿De qué es de lo que más te acuerdas?

- Bueno… pues de… el calorcito de tu cuerpo… y tu olor… y tu piel que se sentía muy suave…

Ana empezó a moverse por encima de mi short con suavidad. Por un momento no supe que hacer. Quería quitarla de encima y salir corriendo a mi habitación pero también quería quedarme ahí sintiendo su cuerpo y respirando su aroma.

- ¿Te acuerdas de cuando estabas en nuestra habitación y nos cambiábamos de ropa?

- No es uno de mis mejores recuerdos, pero sí, si me acuerdo.

- ¿Y no te gustaba vernos sin ropa?

- ¡Ana, tenía como… ocho años o… algo así. Yo lo que quería es que me dejaran salir a ver la tele.

- Yo me acuerdo que te nos quedabas viendo, Especialmente a Jess cuando andaba sin sostén. No le podías quitar la vista de encima a ese enorme par que trae en el pecho.

- Yo sólo quería salir de ahí.

- Todavía recuerdo una vez que Eli se agachó para cambiarse las pantaletas y se te cayó la mandíbula mientras lo hacía. Pero lo que más recuerdo es cuando te acercaste a mí una vez que me viste sin sostén y me preguntaste por qué tenía tantas pecas. Te dije que no sabía y me preguntaste que cuántas tenía. Yo te dije que muchas, que las podías contar si querías y usando tu dedito empezaste a contarlas mientras yo sentía cosquillas.

- Creo que me acordaría de algo así.

- Bueno, y ahora ya más grandes ¿Qué te parecemos? Y no mientas.

- Muy guapas.

- ¿Te provocamos una erección?

- Sí, Ana. Están todas muy guapas. ¿Te bajas ya?

Durante todo este tiempo no había dejado de frotarme con el movimiento de su cadera. Se empezaba a ver la excitación en su cara y seguramente, también en la mía. Bajó las manos y jaló mi short hasta dejar salir mi erección.

- ¡Mira nada más cómo estás! Eres un pinche caliente nene.

Con una mano acomodó la punta de mi verga en su entrada y se sentó en ella. Deslizándose lentamente para dejarme sentir la penetración.

Mis defensas cedieron, La poca resistencia que estaba yo oponiendo, se desvaneció al sentir la suave penetración. Las paredes de su vagina lubricada y caliente como una estufa se abrían poco a poco para dejar pasar el falo. Finalmente entró toda y pude sentir su culo haciendo presión sobre mis piernas. Permaneció así un momento y después empezó un suave movimiento hacia adelante y atrás que poco a poco se volvió más rápido y más intenso.

- ¿Te gusta meterme la verga nene, te gusta?

Lo único que salió de mi boca fue un gemido apagado.

- Apuesto a que se te para cuando le ves el culo a mi hermana. ¿Te gusta el culo de mi hermana verdad?

Ojos cerrados tratando de pensar en otra cosa sin conseguirlo. La imagen de las nalgas de mi prima contoneándose bajo sus minifaldas provocaron otro gemido. Mis manos dejaron de luchar con los brazos de Ana para hacer que me soltara y se fueron a sus nalgas. Las apreté, las amasé y las separé para dejar que mis dedos sobaran su ano.

- Estás pensando en su culo ¿Verdad cochinote? ¿Te gustaría que viniera a sentarse en tu verga, verdad? ¿Qué se matara a sentones mientras ves cómo se le sacuden las nalgas cada vez que te las deja caer para tragarse tu pito, no?

En ese momento abrí los ojos para apartar la imagen de Eli en minifalda, pero el resultado fue peor. Ana tenía su mirada fija en mis ojos y en su rostro la sonrisa de siempre, pero ahora completamente diferente. Sus labios sonreían, pero el resto de la cara estaba transformada por el placer. Empezaban a formarse gotitas de sudor en su rostro cubierto de esas pecas que, en ese momento, resaltaban aún más la belleza de su cara. Bajé mis ojos a sus pezones completamente erectos que amenazaban con rasgar la tela de la playera.

- ¿Le estás viendo las tetas a tu prima nene? ¿Quieres que tu primita te muestre sus tetas? Si quieres te las enseño. ¿Las quieres ver nene, las quieres ver?

Con voz ronca por la excitación le dije que sí. Sin dejar de mover sus nalgas, se separó de mi cuello y se quitó la playera. Allí estaban esos pezones largos que apuntaban hacia mí, agarrados de esas tetas que se mecían al compás de sus movimientos. Mis manos dejaron su culo y se fueron a sus tetas. Pellizqué suavemente sus pezones, los jalé y los torcí con dulzura, acerqué mi boca para chuparlos con avidez. Ella gimió de placer con voz ronca y luego dijo:

- Si, nene, así. Imagínate que son las tetotas de Jess. Chúpalas, acábatelas.

Se acercó a mi oído y me dijo en voz baja y entre jadeos.

- Sé que te gustaría meterle la verga entre las tetas. Apuesto que te encantaría acabarte de criar con esas cosotas que tiene en el pecho ¿No?

- ¡Ahh… Sííí…!

- O mejor aún… de a perrito para que vieras como se le cuelgan y se mecen con tus empujones. ¿Sí?

- Siii… Sííí… Sííí…

- Eres un puerco nene... Quieres cogerte a tus primas… Te estás cogiendo ya a una. ¿Te gusta nene? ¿Te gusta estarte cogiendo a tu primita la boba? Dime… dime pervertido.

- Sííí… Muchooo… Muchooo…

- Pinche cochinote. Cogiéndote a tu pobre primita, metiéndole tu vergota en su pobre panochita. ¿No te da vergüenza? Pinche nene… ya me voy a veniiirrrr…

- Sí… Yo también… Ya no aguanto Ana… Ya no…

Yo quería avisarle para que se saliera. No quería accidentes.

- Sí nene, sí. Dámelos todos… Suéltalos, lléname la panochitaaa…

Explotamos. Ella se convulsionó, se arqueó y se tensó apretándose fuerte contra mí, me clavó las uñas en la espalda y se          quedó así, dándose pequeñas sacudidas. Yo le dejé ir la mayor cantidad de semen que había soltado nunca. Yo mismo me asombré al sentir como salía chorro tras chorro de semen que inundó su panocha. Yo también la apreté con fuerza contra mí y así me quedé, gozando de las contracciones de su orgasmo.

Al cabo de un par de minutos, ambos empezamos a aflojar y quedamos en esa posición extenuados y jadeantes tratando de recuperarnos. Cuando se sintió con fuerzas nuevamente se enderezó aún con mi verga adentro y con esa preciosa sonrisa, que había dejado de parecerme estúpida, me dijo:

- ¡Qué venidota nene, que venidota! ¿Te gustó?

No podía mentir:

- Es la cogida más genial que me han dado nunca.

Con cara de felicidad, como la de una niña chiquita a la que le dicen que su dibujo es el mejor de la clase me preguntó:

- ¿De veras nene, de veras?

- Sin ninguna duda.

Me apretó en un fuerte y amoroso abrazo, se separó, me dio un rápido pero intenso beso en la boca y dijo:

- Ahorita vengo.

Se desmontó y fue a la cocina. Tomó un rollo de servilletas de papel y lo trajo al sillón. Con una delicadeza que no creí que tuviera, limpió cuidadosamente mi pene, después limpió el sillón donde se habían depositado la mezcla de mi semen y sus jugos y finalmente, abrió las piernas para limpiarse ella misma. Recogió todo el papel que usó y fue a tirarlo en el bote de la cocina. Luego se dirigió al refrigerador y sacó un cooler para ella y una cerveza para mí volviendo a mostrarme todos esos rincones ocultos en medio su precioso trasero. Regresó a mi lado y me abrazó como si fuéramos novios. Bebimos un par de tragos y entonces le dije:

- Ana, creo que te debo una disculpa.

- ¿Por qué?

- Pues porque siempre te traté de boba y simple y pues… hoy me di cuenta de que…

- ¿De qué sé coger muy bien?

Me avergoncé un poco y mi rostro debió mostrarlo porque ella me dijo:

- Está bien nene. Todo mundo cree que soy boba y simple y… es cierto. Me río de cualquier cosa y trato de no preocuparme por nada. Pero no soy estúpida. Hay una gran diferencia. Tal vez la que deba disculparse soy yo.

- ¿Y eso?

- Pues me doy cuenta de que debimos haberte hecho la vida muy difícil cuando eras niño. Yo me enojé mucho el día que Jess te obligó a ponerte el vestido ese y me alegré hasta el alma cuando, su mamá nos regañó. Especialmente a ella. También me di cuenta de cómo Eli te trataba como a un criado enviándote a hacer un mandado tras otro. En verdad lo siento. Me doy cuenta de que estás resentido. Lo noté cuando nos saludaste con esa… amabilidad indiferente, cuando nos vimos por primera vez después de casi ocho años. Yo estaba emocionada de volver a verte. Siempre te quise mucho. Me dio mucha tristeza tu cortesía fría y como no soporto la tristeza quise hacer algo para remediar, aunque sea un poco, el daño que te causamos… Seguramente preferirías estar en otro lado. Mi tío te obligó a venir, ¿verdad?

- No, no me obligó. Digamos que hicimos un trato. Pero hablando de otra cosa… entonces esto fue sexo por lástima o por culpa.

-No, no, no. – Dijo Ana viéndome a los ojos muy seria por primera vez. – No. Yo pensaba invitarte al cine y a cenar y luego… tomarnos una copita en un barecito muy simpático en el centro de la ciudad. Pero hace rato en la alberca…

- Te hice reír.

La sonrisa volvió a su rostro.

- Sí, pero no fue eso. Vi como pusiste en su lugar a la creída de mi hermana y entonces…

- ¿Entonces…?

- Entonces te vi diferente. No como a un niño sino como a un hombre que no iba a permitir que cualquier mandona de segunda lo molestara… ¡Me dio tanto gusto…! Lo hiciste sin enojarte, con estilo y sobre todo…

- Con humor.

- Sí, con humor. Me reía, no tanto de tus chistes sino de la cara de mi hermana que no podía creer que hubiera alguien que se le pusiera al tú por tú. Una sensación rara se apareció en mi pecho y de repente me sentí muy feliz como…

- ¿Como cuando sabes que vas a tener sexo?

Con cara de niña tímida y sin dejar de sonreírme contestó

- Sí. Me hice pipí, no de la risa sino, de la excitación. Vine a la casa a cambiarme y cuando bajé y te vi cómodamente instalado frente a la tele, muy seguro de ti mismo… bueno… no pude más.

- Entonces el show del refrigerador…

- ¿Te gustó?

- Me encantó. Todo fue genial.

Me abrazó fuertemente de nuevo y así permanecimos un rato. Ella aún desnuda y yo con los pantalones abajo. Nunca me había sentido tan bien en toda mi vida. Sin embargo la inquietud se apoderó de mí.

- Ana… no habrá problema con… bueno…

- ¿Embarazo? ¡Ah, no me importa!

- ¡Qué!

Muerta de la risa me tranquilizó:

- No te preocupes nene, todo está seguro.

- ¿Y Eli y Jess?

- ¿Qué hay con Eli y Jess?

- ¿Se molestarán por esto? Quiero decir, obviamente no le voy a contar a nadie, pero si se dan cuenta se puede armar una broncota.

- Por Eli no te apures. Ella no es un problema. De hecho, hasta creo que antes de que terminen las vacaciones también te la vas a coger a ella.

No podía dar crédito a lo que escuchaba. Era simplemente demasiado que asimilar.

- Jess, por otro lado, puede hacernos la vida difícil. Está resentida ¿sabes? Mi mamá se ha casado varias veces y de todos sus matrimonios sacó algo de provecho, además de que siempre ha trabajado mucho. Tiene ahora mucho dinero y una vida muy cómoda. Tu papá tiene su propia empresa de importación y exportación y le va muy bien según sé. Eli, tú y yo vivimos bien, con comodidades y hasta lujos. Jess por otro lado… A pesar de ser muy inteligente, no pudo ir a buenas escuelas porque su mamá no las podía pagar después de que su marido la dejara por esa fulana más joven. Se quedó con casi nada. Jess no podía comprarse ropa de moda, pagar la cuenta en un café, comprar los libros que le hacían falta y bueno… Creo que sabes de qué te hablo.

- Sí, entiendo.

- No pienses mal. Es una gran chica y siempre vamos juntas a todos lados. Somos como hermanas y cuando mi mamá empezó a hacerse de algún dinero puso un negocio con mi tía y su situación cambió. Abrieron más negocios y Ahora mi tía Jess también tiene una buena posición económica. Le da sus lujos. Ropa, perfumes, dinero para gastar... en fin, de todo. Pero de repente se asoma la amargura por ahí. A veces se aísla, hace comentarios molestos y siempre trata de hacer menos a los demás. No lo hace con nosotras, pero no estoy segura de qué vaya a pasar contigo.

- Ok, ya veo.

- Bueno, tampoco hay que preocuparse mucho. No creo que vaya a pasar nada. Sólo hay que tener cuidado las próximas veces.

El corazón me dio un vuelco.

- ¿Próximas veces? Yo pensé que ésta era una compensación por…

- No. Esto es mucho más que eso… Acabo de tener el orgasmo más grande que haya tenido jamás, lo tuve con una persona que me gusta y a la que amo desde niña. No, nene. Yo quiero más. Cuando terminen estas vacaciones familiares no sé si nos volveremos a ver así que pienso aprovechar cada ocasión que se presente. ¿Te molesta?

- ¡De ninguna manera!

- Bien, entonces, está dicho. Ahora te dejo. Eli y Jess no tardan en venir. Voy a mi habitación a arreglarme y nos vemos al ratito.

Me plantó un beso en la boca y se levantó para ir a la planta alta, sin molestarse en ponerse nuevamente la playera.

Mi erección regresó.

…………..

Aún quedaba toda la tarde del jueves por delante. Me sentía abrumado, confundido. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. La mejor experiencia de mi vida había ocurrido con una de mis primas. No sólo eso, me había prometido más encuentros con ella y más aún, había dejado entrever la posibilidad de me cogiera a su hermana también.

Me fui a mi habitación y me quedé dormido pensando en todo esto. Lujuria, culpa, liviandad, remordimiento. Soñé que estaba yo cogiendo con Eli, ella estaba recargada en el mostrador de la cocina y yo la penetraba por detrás mientras mis tías nos veían sin darle importancia. De repente llegaba mi madre y me daba una regañada de los mil diablos mientras Eli presionaba su trasero contra mi verga diciendo “¡No pares nene, no pares!”. En eso oí fuertes golpes en la puerta y me incorporé de un salto.

- ¿Estás ahí? ¿Puedo pasar?

Era la voz de Eli. Sentado en la cama, todavía medio dormido y confundido por el sueño le dije que pasara.

- Con gesto serio, pero, aún en bikini sin el sostén, me dijo:

-Vamos a comer ¿Vienes? – De pronto, fijándose atentamente en mí dijo: - Estás sudando, ¿Por qué no pones el aire acondicionado?

- Ah… sí… gracias. Ahorita bajo.

- Ok. Te esperamos.

Cuando por fin pude reaccionar me puse de pie y me di cuenta de que tenía una erección de miedo. Mi verga no es muy gruesa, pero si es larga. No había chance de que Eli no la hubiera notado. Me levanté al baño y me lavé la cara. Me vi en el espejo y casi no pude reconocerme.

Bajé al comedor y ahí estaban ellas ya sentadas comiendo en la cocina. Ana se puso de pie muy alegre y fue a servirme pollo rostizado con unas papas y una cerveza. Puso mi plato y la cerveza junto a su lugar y me senté a su lado.

Aunque no se veían enojadas, si estaban muy serias. Excepto Ana que sonreía todo el tiempo. Jess, que se había vuelto a poner la playera sobre sus generosos pechos, comió rápidamente y dijo. “Ahí se ven. Yo me regreso a la alberca”. Dejó su plato en el fregadero y se fue. El resto de nosotros terminó de comer en silencio salvo por el ocasional “Pásame la sal” o “¿Quieres más?” Ana seguía con la playera de hace rato pero ya se había puesto unas pantaletas, terminó de comer y se levantó alegremente de la mesa. Llevó su plato al fregadero y regresó a mi lado dando saltitos de niña chiquita. Me besó la mejilla y dijo:

- Nos vemos al rato nene. Voy a mi recámara a tomar una siesta.

Y se alejó dando sus saltitos.

Eli y yo la seguimos con la mirada y dijo muy seria:

- Tienes razón. Creo que yo tampoco quiero hijos.

Me causó risa su comentario y me animé a decir:

- Veo que las nenas siguen de paseo.

Elí seguía con sus tetas al aire.

- No pensé que te molestara, después de todo apenas y se pueden ver ¿No?

- Oye tú empezaste.

- Si, ya sé, ya sé.

- De hecho, si me permites un cumplido… ¡Se ven bastante bien!

Le hice el cumplido como una oferta de paz. Esperaba un “Gracias” o un “¿Te parece?”. Pero Elí no era alguien con quien jugar. Tenía un carácter fuerte y era la bruja mayor del aquelarre.

- Ah, ¿Sí? ¿Por qué? - Dijo en tono desafiante.

- Oye, te lo digo en serio y no es por molestar. Si no quieres que haga más comentarios, pues no los hago. Lo lamento si te enojaste. Pero fuiste tú la que empezó.

- Esto no tiene nada que ver con mis tetas o con tus bromas. Es acerca de mi hermana.

- ¿Ana? ¿Qué pasa con Ana?

Contesté lo más seguro que pude, pero sintiendo un nudo en el estómago.

- ¿Le dijiste lo mismo a ella? ¿Qué tiene tetas bonitas?

- ¿Qué? – dije tratando de fingir que no sabía de qué me hablaba. Aunque ya veía venir el broncón.

- ¿Te cogiste a mi hermana?

- ¿Qué?

- ¡Que si te cogiste a mi hermana! La conozco de toda la vida. Sé perfectamente cómo se porta después de haber tenido sexo. Pone esa cara ridícula y se la pasa dando saltitos y canturreando como tonta toda la tarde. Ya no es la niña que estaba a mi cargo, tampoco lo es Jess. Pero a pesar de que todos digan que soy una mandona, me preocupan y lo que hago, lo hago para protegerlas.

Se puso de pie tomó su plato y el mío y los llevó al fregadero. Regresó y se sentó frente a mí al otro lado de la mesa.

- ¿Me merezco tus bromas? Probablemente. Sé que no fui la mejor de las primas. Ok, lo entiendo y no tengo problemas con eso. ¿Te hice ver tu suerte de niño? De acuerdo. Desquítate conmigo. Pero si te atreves a dañar a mis hermanas, no sabes lo que te espera. Así que contesta. ¿Te cogiste a mi hermana?

El temor que sentía se transformó en enojo. ¿Con que derecho se hacía pasar por la buena del cuento?  Acudieron a mi mente todas las veces que me fastidiaron ella y Jess cuando yo era un niño.

Exploté. Con una mirada que podía traspasar acero solido la miré a los ojos y le dije:

- ¿Quieres saber si me cogí a Ana? ¿De veras quieres saber? Bueno, te lo digo.

Me acomodé en mi asiento e intensifiqué mi mirada. Pude notar que ya no se sentía tan segura de dominar la situación. No estaba acostumbrada a que retaran su autoridad.

- Con toda honestidad te puedo decir que no. No me cogí a tu hermana… Ella me cogió a mí. Prácticamente me violó.

- No es cierto ¡Estás mintiendo!

- No, no miento. Primero se agachó frente al refrigerador y me ofreció una vista panorámica de su culo con todos los detalles que habitualmente no se ven. Después vino a mí y se me montó. Me dio la cogida de mi vida… Cabalgó mi verga hasta que se vino entre sudor y jadeos.

La mirada desafiante de Eli había desaparecido. Su enojo fue reemplazado por angustia.

- ¿Y quieres saber por qué lo hizo? Déjame decirte. Lo hizo porque te tiene coraje. Porque se dio cuenta de cómo me tratabas de niño, pero nunca se atrevió a decirte nada porque te respeta y también te teme. Quería invitarme al cine y a cenar para disculparse por la manera en que tú y Jess me trataron. Pero cuando vio lo que pasó entre tú y yo en la alberca se alegró y… y… se excitó y… vino y… y… me cogió mientras yo trataba de ver una película.

Aumentando el énfasis de mi voz continué:

- Así que, si estás enojada y quieres golpear a alguien, puedes empezar por golpearte tú misma, porqué tu eres la causa de lo que pasó. Y ni se te ocurra querer ir a regañarla porque entonces vas a ser tú la que se tenga que cuidar de mí. Ya no soy el niñito ese que podías mangonear a tu antojo. Y créeme… yo soy un alacrán que no te quieres echar encima. No juego limpio cuando me enojo y ni mi madre ni mis tías se pondrían contra mí. (Esto último para agregar un toque de drama).

Lo más insólito pasó entonces. Jamás había visto llorar a Eli. No creo que nadie la haya visto llorar jamás. Lloraba desconsoladamente. Dentro de mí sentí la satisfacción de la victoria, quería gozar ese momento, quería tener mi celular en la mano para grabar el evento. Quería terminar de aplastarla, decirle que todo era su culpa y que se lo merecía por ser la perra que era. Pero entonces la imagen de Ana vino a mi mente.  No quería lastimarla y sabía que quería mucho a su hermana. Así que, contra toda mi voluntad, decidí consolar a Eli. Fui al mostrador tomé unas servilletas que estaban ahí y di la vuelta para sentarme a su lado. Le ofrecí las servilletas y puse una mano sobre su hombro.

- Sé que tratas de protegerlas. Pero no puedes seguir siendo tan dominante. Ya están grandes… Ya estamos grandes todos y no son tontas. Déjalas ir. La infancia quedó atrás y tu trabajó terminó. Ya no están sin sus padres en casa de una tía. Cada quien tomará su rumbo y… vale la pena dar un consejo de vez en cuando, pero controlarlas como solías hacerlo… simplemente ya no es posible.

En ese momento su resistencia cedió apoyó su cabeza en pecho y me abrazó diciendo entre sollozos:

- Deben pensar que soy un ogro… una bruja.

Yo sí lo pensaba, pero no se lo iba a decir en ese momento.

- No, te quieren mucho. Pero también resienten el trato de niñas que les das. Por lo menos Ana lo resiente.

- ¿Y tú? ¿Tú me odias?

- No te voy a decir mentiras. Me hiciste pasar muy malos ratos. Tú y Jess. Y sí, sí guardo algún resentimiento. Pero eso está atrás. La única manera de que tú y yo tengamos algún problema en el presente es si quieres seguir mangoneándome como solías hacerlo.

Siguió apoyada en mi pecho un rato y cuando se calmó, se incorporó y volteó a verme para preguntar sin dejo de enojo alguno:

- ¿Y lo que pasó entre tú y mi hermana?

Le solté el hombro y entrelacé mis manos sobre la mesa.

- No lo sé. Sé que no fue lo correcto. De hecho, en un principio le dije que no me parecía bien y traté de detenerla, pero…

- Conociendo a mi hermana, sé que no va a parar.

- ¿Sabes? Y por favor no lo tomes a mal, sé que es difícil para ti, pero… Nunca sentí nada igual en toda mi vida. Todo su amor, toda su pasión. Me dijo que me amaba y… una sensación abrumadora me está comiendo por dentro. Sé que no debemos, pero…

- Mi hermana no sabe de medias tintas. Cuando le gusta alguien simplemente no se detiene.

- Sé qué debo hacer Eli, pero no sé si pueda… creo que yo también… la amo, desde niño la he querido. Y si viene de nuevo a mí creo que no voy a poder resistirme…

- ¿Qué hacemos entonces?

- Le voy a decir a mi mamá que recibí noticias de la universidad y que tengo que regresar a tomar mi seminario de titulación para no perder un semestre. Me regreso a casa…

- ¿Estás dispuesto a hacer eso por nosotras?

- No, Eli. No por ti. Lo hago por ella. Si debo ser honesto, aún te guardo algún rencor, pero a ella la protegería con mi vida.

Me levanté y le dije:

Me voy a mi habitación. Cuando lleguen mamá y mis tías diles que no me siento bien y que me fui a dormir temprano. Mañana hablo con mi mamá y me regreso a casa.

Caminé hacia mi habitación y al pasar frente al fregadero le dije:

 

- Por cierto, no pienso lavar los platos.

Viernes

A eso de las ocho de la mañana me desperté al escuchar gritos en la planta baja. Me levanté y abrí la puerta sin salir de la habitación.

- Cálmate hija, cálmate.

- ¡Siempre está metiéndose en mi vida mamá, siempre! No me deja ni respirar.

- Pero ¿qué pasó mi amor? Dime…

- Pasa lo que siempre pasa, quiere controlar mi vida. Nada de lo que hago le gusta, siempre me dice que soy una tonta…

- ¿Le hiciste algo a tu hermana Eli?

- No mamá, sólo quería hablar con ella…

- Para controlar mi vida otra vez…. Déjame sola. Ya soy adulta y me voy a largar de la casa para ver si así me dejas en paz de una vez por todas, te ODIO.

Oí pasos corriendo y una puerta azotándose. Después otros pasos subiendo y la voz de Eli al tiempo que golpeaba la puerta:

- Ana, ábreme, vamos a hablar.

Luego la voz de mi tía con tono severo.

- Eli vamos al estudio para que me expliques porqué tu hermana se quiere ir de la casa.

- Pero mamá…

- ¡Nada de mamá, baja de inmediato!

Cuando sentí que se hizo el silencio me animé a bajar.

Jess chica ya no estaba en la cocina, sólo su mamá y la mía.

- ¿Qué pasó? - Me atreví a preguntar sabiendo ya por donde iba la cosa.

- Pues que ya íbamos a llamarlos para el desayuno cuando Ana entró hecha una furia a decirle a tu tía que su hermana la estaba fastidiando otra vez y en eso llegó Eli y empezaron a discutir a gritos.

- ¿Y Jess chica?

- Tan sorprendida como nosotras, cuando tu tía se fue al estudio con Eli, dijo algo como: “Esta familia está para el manicomio” y se fue a la alberca.

Mi tía me preguntó:

- ¿Tú sabes de que se trata todo esto?

- Bueno… ayer que no estaban ustedes algo le oí decir a Ana acerca de que Eli controlaba su vida o algo así y después, platicando con Eli al terminar la comida, algo dijo sobre su deber de proteger a Ana y a Jess. Pero todo se veía bien, sin gritos ni nada.

Mi tía suspiró.

- Eli debería entender que ya no son niñas y que no puede seguir diciéndoles que hacer… en fin. Por lo menos lo hace de buena fe. Pero siéntate, déjame servirte el desayuno.

Nos sentamos a la mesa y desayunamos con calma, sin hacer mayor comentario al respecto. Pasaron unos veinte minutos y al terminar el desayuno intenté levantarme para dejar los platos en el fregadero y mi tía me detuvo.

- Déjalo nene. Yo lo hago.

Mi mamá aprovechó para decirme:

- Crees que puedas hablar con ellas para ver si se calman las cosas. Es por tu tía. El domingo es su cumpleaños y quisiéramos que se la pase bien.

- Bueno… Mira… Esto es…

- ¿Qué pasa mi amor? ¿Algo malo?

- No mamá, nada. No te preocupes es sólo que… Me mandaron un corr….

- ¿Alex puedo hablar contigo por favor?

Era Eli parada en la puerta de la cocina que no me dejó terminar la frase. Mi mamá me apuró.

- Ve hijo, ve. A ver si puedes ayudar.

Me levanté de la mesa y salí con Eli a uno de los jardines, el que está junto a la cochera. Ahí hay una pérgola llena de enredaderas que dan sombra sobre una mesa con sillas. Nos sentamos en ellas y Eli preguntó apresurada:

- ¿Ya le dijiste a mi tía que te vas?

- No, estaba a punto de hacerlo cuando me llamaste.

- No le digas nada. No te vayas.

- Pero… ¿por qué?

- Hoy en la mañana le dije a Ana que habíamos platicado y que decidiste que lo mejor era irte…

- ¿Pero, por qué? - La interrumpí. - Debiste dejar que le dijera yo. Seguramente pensó que era obra tuya.

- Sí, eso pasó.

- Y entonces se enojó ¿No?

Nuevamente se soltó a llorar y con frases entrecortadas por el llanto me contó:

- Su… su rostro se tran… transformó en una máscara de… de tristeza como nunca la había visto. Ella siempre tan… sonriente y tan feliz. Pude ver cómo le rompí el corazón. Luego se enfureció y me dio miedo. Nunca la había visto así… Me insultó… como nunca lo… lo había hecho.  Bajó… bajó dando gritos y… y…

- Sí, esa parte la oí. Pero… ¿Ahora qué quieres hacer?

Eli tomó mis manos y las puso contra su pecho.

- Júrame que no te vas a ir, júrame que vas a arreglarlo todo… No soporto ver así a mi hermana, simplemente no puedo… Quiero que vuelva a reír. No importa si nunca me perdona… pero no la quiero ver con el corazón roto… especialmente cuando fui yo quien lo rompió.

- Pero… ¿sabes lo que me estás pidiendo?

Con la voz apagada dijo:

- Sí, lo entiendo muy bien… No sé qué pensar ni que sentir lo único que quiero es que vuelva a sonreír.

- No estoy muy seguro, tal vez no sea lo mejor…

- Ayer me dijiste que la protegerías con tu vida… Ahora te pido que lo hagas.

Guardé silencio un momento y pensé la situación. Finalmente le dije:

- Sólo volver con ella no es suficiente. Si en verdad queremos arreglar las cosas, debemos hacer que no te guarde rencor, de otro modo las cosas pueden ponerse mal otra vez.

- Eso sería maravilloso… ¿Crees que puedas hacerlo?

- Va a ser difícil, pero tal vez lo logremos.

Eli sonrió llena de felicidad y se me colgó del cuello.

- ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

- Pero no va a ser fácil. Tendrás que hacer exactamente lo que te diga.

- Lo que sea. Tú dices y yo lo hago.

- De acuerdo empecemos por el principio. ¿Qué le dijiste a tu mamá?

- Que habíamos peleado por un chico que conoció en la disco el miércoles en la noche. Y que se enojó conmigo. Le dije que me dejara arreglarlo y me dijo que si no estaba resuelto el asunto antes de la comida se armaba la grande. Le dije que ella te hacía caso y que te iba a pedir que hablaras con ella.

- Bien hecho, ahora tengo que hablar con ella a solas. ¿Puedes hacer que mi mamá y las tías salgan de casa unas horas?

- Seguro, les voy a decir que vas a hablar con ella y que sería mejor dejarlos solos y así podemos aprovechar para comprar las cosas necesarias para el domingo.

Eli hizo lo que acordamos aun a pesar de la resistencia de Jess, que no quería ir a la ciudad. Pero una mirada fulminante de su mamá la convenció de que no tenía más remedio. Mis tías aceptaron de buena gana esperando que yo pudiera ayudar a solucionar las cosas. No voy a mentir, una perversa sensación de placer me invadió. Elí me estaba dando permiso, de hecho, me preparaba el terreno para que me siguiera cogiendo a su hermana.

Cuando todos se marcharon, toqué en la puerta de Eli.

- ¡Lárgate! ¡No quiero hablar contigo maldita vaca!

- Ana, soy yo.

Pasos corriendo y de repente se abrió la puerta Ana se colgó de mi cuello y me abrazó diciendo:

- No te vas a ir ¿verdad? Dime que no te vas a ir.

- No, Ana. No me voy a ir.

- ¿No me quieres? Me dijo viéndome con la tristeza marcada en la cara.

- Te quiero Ana, te quiero mucho. Lo que pasó entre nosotros fue lo más maravilloso que me ha ocurrido nunca. Es sólo que…

- ¿Qué? ¿Qué…?

- Bueno, Eli habló conmigo y pues como somos primos…

- La muy infeliz decidió que tenías que irte ¿No? Te dijo que te fueras y luego fue a verme para decirme que… ggghhgh ¡cómo odio a la perra de mi hermana!

- No, Ana. No. Tu hermana te quiere mucho e hizo lo que hizo porque creyó que era lo mejor.

- ¡Pues no lo fue!

- Lo sé. Lo sé. Ahora tranquilízate. Ya pasó todo.

- ¿Me quieres nene, me quieres? Yo te quiero mucho. Desde que éramos niños.

Empezó a besarme con una pasión que no había yo conocido nunca. Su lengua recorrió todos los rincones de mi boca. Me jaló hacia ella y caímos en su cama. Ella aún estaba en pijama. Me sacó la playera y se quitó la suya. Empecé a besarle el cuello y a morderle suavemente el lóbulo de la oreja. Mientras mis manos se deleitaban con sus pechos.

- Si nene, así. Te amo, hazme tuya otra vez.

Si debemos ser francos, la primera vez ella me hizo suyo. ¿Pero quién soy yo para detenerme en un asunto de semántica? Las cosas empezaban a tomar su curso.

Terminamos de desnudarnos y ella bajó su mano para alcanzar mi verga. La movió suavemente mientras me besaba. Después, dejó mi boca para empezar a mamármela. Su boca hizo maravillas. Fue una chupada sin prisas, acompasada. Se la metía toda, hasta la garganta. Y luego la sacaba para chupar la cabeza mientras me frotaba con sus manos. No aguanté más y la jalé hacia mí. La puse de espaldas y me acomodé entre sus piernas. Ella las abrió con una mirada de deseo que no hubiera podido ocultar, aunque quisiera.

- Sí nene, sí. Penétrame. Dame tu verga. Cógete a tu primita.

- Si Ana, sí. Me vuelves loco. Quiero que seas mía.

- Ya soy tuya amor. Tuya, tuya, tuya. Haz conmigo lo que quieras.

Le regresé el favor del día anterior y la penetré lentamente. Ella podía sentir cada centímetro metiéndose en su panocha.

- Sí mi amor, sí. Entiérrame el pito, cógeme. Soy tu amante, soy tu mujer, soy tu puutaaa…

En este punto el bombeo se volvió frenético. Sudábamos, gemíamos jadeábamos. Sus piernas abiertas al aire se movían al compás de mis embestidas. El olor a sudor y a sexo inundaba la habitación. Ella arañaba mi espalda y se arqueaba hacia atrás. Cerraba los ojos y cuando los abría estaban en blanco. Recibía mi verga con placer y no dejaba de hablar.

- Si, así. Párteme con tu vergota. Entiérramela toda, hasta los huevos mi amoorrr… ¿Te gusta cogerme? ¿Te gusta darle verga tu primita, nene? ¡Dale… daleee! ¡No te pareeeess!

Seguimos así un tiempo más y se vino. Me enterró las uñas en la espalda me mordió entre el hombro y el cuello, se contrajo como la vez anterior en medio de pequeños espasmos y nuevamente sentí las contracciones de su orgasmo alrededor de mi verga palpitante. Yo me quedé casi a punto de venirme. Pero no me molestó no terminar. El espectáculo de su venida valió la pena.

Cuando se relajó se zafó de mi verga dura como el mármol y se agachó a besarla con ternura varias veces repitiendo:

- ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo!

Dejó mi verga y se abrazó de mi cuello llenándome de besos. Volvía a sonreír. Esa sonrisa franca de niña le había vuelto al rostro.

- ¡Pobrecito! No alcanzaste a terminar ¿verdad?

- No importa… valió la pena.

- ¡No sabes cuánto te amo!

- Lo sé preciosa, lo sé.

- No. No lo sabes. Y para que veas cuánto te quiero te voy a hacer tres regalos. El primero: ¿Ya te has cogido a alguna chica por el culo?

Se separó de mí y se puso en cuatro ofreciéndome las nalgas. Volteando a verme me dijo:

- Es tuyo mi amor. Mi culito es tuyo. Quiero que lo tomes y me lo perfores. Quiero que sueltes tus chorros de semen adentro de mi culito.

- ¿De veras? ¿Me vas a dejar que…?

- Es tuyo para que hagas con él lo que quieras. ¡Anda, toma tu regalo!

- Esta sería mi primera vez así… no sabría que hacer…

- ¡Todo lo que quieras!

Me puse detrás de ella y empecé a besarle las nalgas mientras mi mano le acariciaba la panocha. Lentamente me fui acercando a su agujerito y empecé a besarlo. Con cada contacto sus nalgas se sacudían casi sin control y cuando saqué la lengua y empecé a lamerlo contrajo las nalgas y se dejó caer en la cama.

- ¡Por Diooosss! ¡Qué ricooo!

Volvió a ponerse en cuatro y abrió bien para permitir que continuara. Mi mano volvió a masturbarla y a jugar con su clítoris. Continué usando mis labios y lengua en su precioso agujerito rosa y cuando sentí que estaba ya muy mojada me coloqué en posición. Mi verga estaba más dura que nunca y aún mojada por los jugos de su venida. Apoyé el glande contra su agujero y el contacto la hizo sacudirse.

- Sí nene, dámela. Déjamela ir…

Se agarró las nalgas y las abrió dejándome ver el anillo de su culito estirado. Empujé levemente y la punta empezó a entrar. Pude sentir como se contraía y me retiré.

- ¡Noooo! ¡Sigue, sigue!

Volví a empujar y pude ver como su ano se iba abriendo conforme mi verga la penetraba centímetro a centímetro. Cuando estuvo toda adentro me quedé quieto para dejar que se acostumbrara a mi verga anidada en su culo. Luego, lentamente empecé a moverme muy suave al principio y fui incrementando la profundidad y la velocidad muy poco a poco. En algún momento empecé a sentir como se resbalaba con mayor facilidad y entonces aceleré.

- ¡Sííí! ¡Dámela toda! ¡Bombéame el culo!

Sus palabras llenaban mis oídos de lujuria, así como su olor y su sabor intoxicaban mi razón. No pude más y empecé a cogérmela como un poseído.

- ¡Pártele el culo a tu primita nene! Anda dame más. Quiero que me lo llenes de lechita calientita. No te pares hasta que me hayas llenado hasta el borde con tu semen. ¡Penétrame duro hasta que no pueda caminaaarrrr! ¡Dale, dale! ¡Quiero sentir tus huevos azotando mi panocha!

Seguimos así un rato más. Ana lo estaba disfrutando. De un momento a otro, había empezado a aventar su culo contra mí.  Mientras una de sus manos movía con fuerza su panocha. No podía ver su cara, pero su voz era de indiscutible placer.

- ¡Me vas a hacer venir por el culo! ¡Me voy a venir por el culoooo…!

- ¡No puedo más Jess! ¡No puedo más! ¡Te los voy a aventar!

- ¡Dámelos todos! ¡Échame los mecos en el culoooo…! ¡Pinche neneee ya meeee…!

Empezó sacudirse otra vez con el orgasmo y yo solté mi carga dentro de ella. No cupieron todos mis chorros en su orificio. Entre las paredes de su culo y mi pene empezó a escurrir mi semen. Nos desplomamos en la cama y pude sentir como mi verga perdía su dureza y empezaba a encogerse. Finalmente se salió del maravilloso agujero de mi prima y nos volteamos boca arriba uno al lado del otro. Nos besamos fatigados y ella no dejaba de decirme que me amaba.

Estábamos sudando y teníamos sed. Me levanté de la cama y le dije:

- Voy por refrescos. ¿Qué quieres?

- Lo que vayas a tomar tú nene.

Y entonces pasó.

Ella separó sus piernas y encogió una sobre la cama entonces pude ver cómo, de su panocha semiabierta, escurrían sus jugos y de entre sus nalgas apretadas, mi semen. Estiró los brazos y luego los encogió dejándolos a los lados de su cara, que estaba radiante, con sus pecas en los pómulos y una sonrisa de satisfacción como nunca había visto.

¡Estaba atrapado!

…………..

Seguimos cogiendo toda la mañana y parte de la tarde hasta que perdí la cuenta de cuantas veces nos habíamos venido. Acostados, sentados, arriba, abajo. Besos, abrazos, caricias, de todo… Hasta volví a penetrarla dos veces más por el culo. Nos quedamos dormidos en los brazos del otro en medio de los aromas del sexo y la humedad de nuestros cuerpos.

Me desperté ya bien entrada la tarde y decidí que lo mejor era salir de allí antes de que la familia regresara. Ana dormía pacíficamente el sueño de los justos. Las sábanas la cubrían sólo una pierna dejando a la vista sus pechos cubiertos de esas pecas y sus preciosos labios vaginales, que en ese momento me parecían lo más caliente que he visto en toda mi vida. Sus pezones relajados, pero aun así proyectados más de un buen par de centímetros hacia el frente. Besé suavemente sus labios y me fui a mi habitación a darme un baño y a cambiarme la ropa.

Estaba terminando de vestirme cuando oí como llegaban mamá, mis tías y mis primas a casa. Bajé y las saludé al tiempo que dejaban algunas de las cosas que habían comprado para la fiesta del domingo, sobre la mesa del comedor.

De inmediato las miradas de todas se clavaron en mí. Especialmente las de mi tía Eli y su hija. Mi tía dejó lo que traía en las manos sobre la mesa y se acercó a mí con cierta ansiedad.

- ¿Qué pasó nene? ¿Todo bien?

- Todo bien tía. Ana está ya más tranquila. No se va a ir a ningún lado.

Mi tía me abrazó fuertemente con lágrimas que escapaban de sus ojos.

- ¡Oh Dios! ¡Qué bueno hijo! ¡Gracias… gracias!

Me soltó y se echó unos pasos hacia atrás. Sus hermanas se acercaron y la abrazaron mientras ella sonreía con alivio y todavía con lágrimas en los ojos. Mi mamá me dedicó una sonrisa de agradecimiento y se sentaron a la mesa. Jess chica, Hizo una mueca con la boca y regresó al auto para seguir bajando las compras para la fiesta. Eli chica me miraba, parada atrás de mis tías, con agradecimiento, aunque también con la mirada de quien sabe lo que había pasado. Sabía perfectamente que me había pasado casi toda la mañana y buena parte de la tarde cogiéndome a su hermana.

- Pero ¿Qué pasó nene? ¿Qué te dijo Anita?  - Preguntó mi tía Jess.

- Bueno… estuvimos mucho rato juntos… diciéndonos cosas y… bueno… es largo de contar (¡Vaya que si nos dijimos de cosas! No sólo nos las dijimos… también nos las hicimos).

Mi tía Eli interrumpió.

- No me importa que se dijeron. Lo único que importa es que ya todo está bien.

- Bueno… no todo está bien. Ana ya está mejor. Ahorita está durmiendo, pero… aún tiene ciertos resentimientos contra Eli.

Todas las miradas se posaron en ella.

- Nada que no pueda arreglarse. – Dije, para que no se armara otra escena entre mi tía y mi prima.

- Si Eli está dispuesta y coopera un poco, estoy seguro de que las cosas se arreglarán.

Mi tía se le quedó viendo a su hija con ojos de determinación y dijo:

- ¡Ohhh! No te preocupes por eso Alex… Eli va a cooperar. Eli va a hacer TODO lo que tú le digas… ¿VERDAD Eli?

- Si mamá… Lo único que quiero es que las cosas salgan… bien.

En ese momento entró Jess con más cosas entre los brazos.

- Bueno ¿Es que yo voy a bajar sola todas las cosas del coche?

Todos salimos y empezamos a bajar las cosas para la fiesta. Una vez que terminamos Mis tías nos sentaron a la mesa. Habían traído la cena y nos sirvieron. En ese momento Bajó Ana con sus saltitos de niña y una gran sonrisa en el rostro, rodeó la mesa ignorando a mis primas y les dio besos a mi mamá y mis tías, luego se dirigió a mí y me plantó, muy efusivamente, un beso en la mejilla.

- ¡Hola nene! Estoy hambrienta, ¿Tú no?

- ¡Pobrecitos…! Los dejamos sin comida todo el día. –Dijo mi tía Jess. –A ver, ahorita les sirvo.

 Sonreí en complicidad con ella y le dije que yo también me moría de hambre. Desde luego, nuestro apetito no se debía a la falta de alimento…

La cara de mi tía Eli reflejaba felicidad y alivio. Le dirigió una mirada a su otra hija como para recordarle que no debía echar a perder las cosas y volvió a su comida. Terminamos de cenar y cada quien llevó su plato al fregadero. Me levanté a dejar el mío y Ana se levantó atrás de mí. Dejé mi plato y mi taza y ella se recargó detrás de mí para dejar los suyos. Cuando se acercó a mi oído dijo en voz muy baja:

- Todavía me duele el culo.

Voltee a verla y allí estaba ella con su enorme y bella sonrisa enmarcada por sus pecas. Después se volteó hacia la mesa y dijo:

- ¿Podemos salir el nene y yo a platicar un ratito al jardín?

- Desde luego Anita. Vayan, vayan. –Dijo mi tía Eli, ansiosa de que tuviera yo la oportunidad de  resolver el problema. – Ustedes dos levanten la cocina y laven los platos mientras nosotras empezamos a organizar las cosas para el domingo. Cuando terminen vienen con nosotras porque aún hay varias cosas que hacer para mañana.

Mi tía quería asegurarse de que nadie interfiriera para que yo pudiera resolver el conflicto entre sus hijas. Jess Arqueó las cejas y puso sus ojos hacia arriba.

- ¡Desde cuándo se tiene que pedir permiso para no salir a la calle…!

Salimos y nos dirigimos hacia el jardín donde había platicado con Eli el día anterior. No bien llegamos y se me colgó del cuello para besarme profundamente. Recibí su lengua en mi boca y sentí sus manos acariciar mi pecho y mi espalda.

- ¡Te amo, nene! ¡Te amo como no he amado a nadie nunca!

No sin esfuerzo, la tomé de los hombros y con gentileza la separé de mí.

- Cuidado Ana, nos pueden ver.

- Nadie nos ve nene, nadie.

Me abrazó presionándome contra ella para seguir besándome. Al hacerlo sus manos presionaron el lugar donde sus uñas se habían clavado en mí durante sus orgasmos.

- ¡Ouch! - Ana se separó de mí y me preguntó:

- ¿Qué pasa nene? ¿Te sientes mal?

Sonriendo contesté:

- No es nada. Es sólo que me duele un poco la espalda.

- ¿Por qué? ¿Qué te pasó?

Me acerqué a ella y le dije suavemente en el oído:

- Cada vez que te vienes me clavas las uñas en la espalda y pues… como te has venido ya varias veces…

Volví a verla y sonreía con esa miradita pícara de niña que sabe que hizo alguna travesura.

- Y… ¿Te gustó?

- Cada vez que terminas es música para mis oídos. Nada más importa… ¡Nada!

Sonrió ampliamente mostrando sus blancos dientes y me besó.

- ¡Te amo tanto! A ver, déjame ver.

Hizo que me pusiera de espaldas a ella y me quitó la playera.

- Huuyy. ¡Qué barbaridad! ¡Te dejé la espalda como coladera!

- No importa. Valió la pena cada vez.

- ¡Pobrecito! Déjame curarte.

Empezó a besar tiernamente cada una de las heridas. Las acariciaba suavemente y les pasaba la lengua. Sus labios recorrieron mi espalda y sus manos se fueron al frente para acariciar mi pecho desnudo. Lentamente fue bajando sus manos por mi vientre y las metió por debajo de mi short. Cando llegó a mi verga, ésta ya estaba parada. La sacó con cuidado y empezó a masturbarla suavemente sin dejar de besar mi espalda.

- ¡Pobrecito! ¿Te duele mucho nene? Deja que tu primita te alivie.

Con una mano me acariciaba el pecho mientras me masturbaba con la otra. Su boca recorría mi espalda y la llenaba de besos para luego seguir usando su lengua.

- ¿Te sientes mejor nene? ¿La primita te hace sentir bien?

- Sí, mucho.

- ¡Qué bueno mi amor! ¿Me perdonas? ¿Sí?

- No hay nada que perdonar… lo volvería a hacer mil veces.

- Perdóname nene.  Es que… ¿Sabes?... soy muy puta y me encanta cuando me metes la verga… Cuando siento tu pito entrando y saliendo de mí, me es imposible controlarme. Me coges muy rico y pues… haces que me venga.

En este punto ya no podía seguir con la conversación. Lo único que salía de mi boca eran jadeos y suspiros. Ella continuó jalándome la verga con un ritmo no muy rápido, pero si constante y firme.

- Anda mi amor, anda. Déjalos salir. Te vas a sentir mejor.

Dejó de masturbarme un momento y sentí como se quitaba la blusa. Después, pude sentir el contacto de sus pezones erectos contra mi espalda y entonces continuó con la masturbación.

- ¿Se siente mejor así nene? ¿Las tetas de tu prima te hacen sentir bien? ¿Te gustan?

- Muchooo.

- ¡Qué bueno mi amor! Son tuyas... Mis tetas son tuyas, mi panocha es tuya, mi culo es tuyo. Cuando los quieras solamente tienes que tomarlos. Siempre van a estar ahí para ti. Cuando se te antoje simplemente arráncame los calzones ábreme las piernas y penétrame. Rómpeme la blusa y mámame las tetas. Ponme como a las perras y rómpeme el culo. ¿Te gustó romperme el culo?

- ¡Ahhh! ¡Me encantó!

- Todavía lo tengo adolorido nene. Me lo rompiste sin compasión, pero lo disfruté mucho. Me hiciste venir por el culo mi vida… ¡por el culo! Eres el único que me ha hecho venir por ahí. El único… desde ahora es nada más para ti… Para ti solito.

- ¡Ahhh! ¡Me vas a hacer venir Ana! ¡Me vengooo!

- ¡Sí mi amor! ¡Suéltalos todos! ¡Vente nene, vente!

Fue otra venida intensa. Salieron los chorros de semen, aunque, en esta ocasión, no tan abundantemente. Después de todo habíamos estado cogiendo casi toda la mañana y la tarde. Ella siguió sujetando mi verga mientras terminaba de venirme y poco a poco ésta se volvió flácida entre sus manos que continuaron moviéndola suavemente. Cuando volteé a verla aún jadeaba yo. Con su increíble sonrisa y viéndome a los ojos pícaramente acercó su mano a la boca y, sin dejar de veme, recogió con sus labios el semen que se había depositado en sus dedos. Sacó su lengua y llevó un poco más a su boca abierta. Lo que quedaba entre sus dedos lo untó suavemente en sus pezones. No lo pude resistir la abracé fuertemente y la besé. Sentí su lengua contra la mía. El aroma embriagador de su aliento y el resabio de mí mismo.

- ¡Te amo Ana, te amo!

- ¡Y yo a ti nene!

Me senté en una de las sillas y la jalé hacia mí. Ella se sentó en mis piernas y me rodeó con sus brazos. Estuvimos así un rato. Sintiendo nuestros cuerpos semidesnudos y arrullándonos al ritmo de nuestra respiración.

- Eres lo mejor que me ha pasado. Me has dado todo lo que cualquier hombre podría desear. ¡Mil gracias!

- Y eso no es todo ¿Recuerdas que te dije que te iba a hacer tres regalos? ¿Quieres saber cuáles son los otros?

- Sí

- Te voy a regalar a mi hermana y a Jess.

- ¿Qué…? ¿Cómo…? No entiendo.

- Te las vas a coger a las dos.

- No mi amor, no las quiero. Sólo te quiero a ti. No necesito nada más.

- Te dije que te amo tanto que haría cualquier cosa por ti. Y éste es mi regalo para demostrarte mi amor. ¿Tú me amas?

- Con toda el alma.

- ¿Y harías algo por mí?

- Claro, lo que sea.

- Tengo cuentas que ajustar con Eli y con Jess. Una cree que me puede mandar toda la vida y la otra cree que es más lista que nadie y que puede reírse de la boba de mí cuando le plazca. ¿Me ayudarías a ponerlas en su sitio?

- Por ti… lo que sea.

Si en ese momento me hubiese pedido que le lavara los dientes a un tiburón, lo habría hecho.

Guardó silencio un rato y luego dijo:

- Yo creí que toda mi vida iba a estar bajo la sombra de Eli y de Jess. Que jamás iba a poder ser ni tan decidida ni tan lista como ellas, pero cuando te vi poner en su lugar a mi hermana, que siempre te mangoneó de niño, me di cuenta de que también lo podía hacer yo. Creo que eso fue lo que me hizo enamorarme más de ti. ¿De veras me ayudarías?

- Por ti sería capaz de nadar la más caudalosa de las montañas y escalar el más alto de los ríos.

Se me quedó viendo un momento y cuando captó la broma se rio a carcajadas.

De camino de vuelta a la casa me dijo:

- Mi mamá te hace mucho caso. ¿Crees que puedas hacer que nos dejen solos mañana con Eli?

Eso no sería problema, lo único que había que hacer era decirle a mi tía que necesitaba hablar con mis primas a solas para acabar con sus diferencias y listo.

- Seguro, usaré mis encantos principescos con tu mamá.

- ¡Cochinote! ¡Si es tu tía!

Me le quedé viendo sorprendido y después capté la broma y me reí.

¡El bobo era yo!

Sábado

El día siguiente, sábado, había muchas cosas que hacer. Mi tía había contratado un servicio de fiestas para que arreglaran los jardines. Contrató carpas, mesas y cristalería. Mandó a poner un bar en el jardín y algunas luces extras. ¡Todo iba a estar en grande! Nosotros ayudábamos en lo que nos pedían y para cuando terminamos de comer ya todo estaba listo. El personal se retiró y regresaría hasta mañana para atender el evento.

 Cuando hubo oportunidad, me acerqué a mi tía y le dije que iría a la playa frente a la casa para hablar a solas con mis primas y ver si lograba que hicieran las paces. Le pregunté que si me podía ayudar para que no nos interrumpieran.

- Eres una bendición del cielo Alex. Muchas gracias. Ojalá puedas acabar con estos pleitos que ya me tienen con los nervios deshechos.

- No te apures. – me dijo. – Yo me encargo. Tenía planeado salir en la tarde a repartir unas invitaciones con mis hermanas. Pero me llevo a Jess para que puedan platicar tranquilos.

Con un dejo de angustia en la cara me preguntó:

- ¿Crees que se resuelva? Ana y Eli siguen sin hablarse.

- Yo creo que sí tía, no te apures.

- Gracias, nene. Gracias.

Tal como dijo mi tía, salieron a repartir las últimas invitaciones y nos quedamos solos en la casa. Ana y yo platicábamos en la cocina cuando llegó Eli.

- Me dijo mamá que querían hablar conmigo.

- Sí, Eli. – contesté. – Es hora de resolver esto. ¿Quieres empezar?

Eli se sentó a la cabecera de la mesa junto a Ana que me tenía a su lado.

- Perdóname Ana. Siempre he sido muy mandona y siempre he querido controlar tu vida y la de Jess… Yo…

Con los brazos cruzados sobre su pecho y voz fría, Ana interrumpió:

- No te olvides de Alex.

- Claro, claro. También le hice la vida imposible aun cuando sus papás nos recibieron amablemente en su casa en la época en que mamá no tenía las posibilidades que ahora tiene.

Volteó a verme a los ojos y con honestidad en su voz me dijo:

- Lo lamento mucho nene. Tus papás nos recibieron con los brazos abiertos y yo te trataba como a un criado… Perdón.

Volteó de nuevo hacia Ana y continuó:

- No hay excusa para lo que te hice. Lo único que puedo decir en mi defensa es que nunca quise lastimarte. Una vez dicho esto, no me queda más que esperar que me puedas perdonar algún día. Cuando supe que tú y Alex… habían… estado juntos. No supe que hacer. Le reclamé y le dije que estaba mal. Él no quiso lastimarte y hasta me amenazó con que si te hacía yo algo me las tendría que ver con él.

Ana volteó a verme y me sonrió. Tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos sobre la mesa como un par de enamorados en una fuente de sodas. Eli continuó.

Espero que entiendan que esto es difícil para mí. Después de todo, tú eres mi hermana y él es nuestro primo. Nuestras madres son hermanas y… La verdad es que no sé cómo tomarlo. Me cuesta procesar todo este asunto. De lo que sí estoy convencida es de que, en verdad lo amas y él a ti. Me doy cuenta de que no es solamente una calentura o la excitación por lo prohibido. Puedo ver el amor en sus ojos.

Hizo una pausa para respirar y continuó:

- Por eso he decidido que no me voy a interponer entre ustedes. Lo único que quiero es recuperar a mi hermana.

Se hizo el silencio por un breve tiempo y luego Ana comenzó a hablar.

- Te creo Eli y yo también quiero recuperar a mi hermana. Pero han sido muchos años de tu actitud dominante y tanto Alex como yo estamos resentidos. Y aunque quiero que nos volvamos a reír juntas, eso no va a ser posible mientras sintamos este rencor.

- Dime que quieres que haga Ana. Dime y yo lo hago. Si quieres insultarme o darme una cachetada, está bien. Lo que sea. Pero te quiero ver feliz otra vez y quiero que nos volvamos a querer. Lo que sea, dímelo y lo hago.

En ese momento me di cuenta del plan de Ana. Un perverso y diabólico plan que estaba ejecutando a la perfección. Un escalofrío corrió por mi espalda y una perversa sensación de excitación hizo que mi pene se moviera entre mis pantalones.

- ¿En realidad harías todo lo que te pidiera… todo lo que te pidiéramos?

- Sólo tienes que decirlo.

- Ok. Empecemos por ver si es verdad que no te opones a nuestra relación.

- En verdad que no Ana. No me opongo.

- Ya lo veremos, síguenos.

Ana me llevó de la mano escaleras arriba mientras Eli nos seguía. Ya en la planta alta giró hacia la recamara de Eli, abrió la puerta y entramos en ella. Una vez adentro Ana dijo:

- Deja la puerta abierta y quédate donde estás sin moverte.

Acto seguido me empezó a besar. Primero suavemente y luego con más intensidad. Me desabotonó la camisa y la tiró al suelo quedándome solo con el short y las sandalias. Ella empezó a desvestirse sin dejar de besarme y quedó desnuda. Las marcas de las mordidas de Ana y de sus uñas estaban claramente visibles por todo mi pecho y espalda. Eli Abrió los ojos y se tapó la boca en asombro. Ana la vio y le dijo:

- ¿Te gusta Eli? Esas son las marcas de mi pasión. El nene me ha hecho sentir mujer como nadie había podido hacerlo. Me ha hecho sentir cosas que jamás había sentido. Es mi amante y yo soy su puta. ¿Sigues sin oponerte?

Era claro en el rostro de Eli el conflicto por el que atravesaba. Por un momento pensé que iba a salir corriendo de la habitación. Pero permaneció firme. Era claro que llegaría hasta el final con tal de recuperar el amor de su hermana.

- Sí, Ana. Sigo sin oponerme. – Dijo con voz baja pero clara.

- ¡Qué bueno Eli! Porque aquí es donde entras tú. Ven acá.

Eli obedeció.

- Sácale la verga.

Eli se acercó a mí y bajó mi short dejando al descubierto mi verga completamente erecta.

- ¿La ves Ana? Vela bien. Todo eso es lo que me meto cuando nos cogemos como perros en celo. ¿Sigues sin oponerte?

Eli asintió con la cabeza.

- ¡Qué bueno, porque me va a coger en tu cama y  vas a meterme su verga en la panocha!

- Siéntate amor. Aquí en la esquina de la cama.

Me senté donde indicó y luego le dijo a su hermana.

- ¡De rodillas y chúpala! Jálasela y mámala. La necesito dura y resbalosa para que me penetre bien.

Eli dudó un momento, pero terminó obedeciendo a su hermana. Empezó a mamármela con maestría. Se le notaba la experiencia. Sus manos recorrían todo el falo y su boca no le daba descanso a la cabeza. Se la metía y luego succionaba mientras echaba la cabeza hacia atrás. La empujaba hasta el fondo de su garganta y sacaba la lengua por debajo para lamerlo. Después de unos minutos Ana le dijo que parara.

- ¿Te gusta su verga? ¡Contesta!

- Sí... Me gusta mucho.

- Pues ahora me la voy a meter hasta la raíz. ¡Agárrasela!

Eli obedeció y Ana se acercó. Se puso frente a mí y le dijo:

- Ahora apúntala hacia mi panocha y no la sueltes hasta que te diga.

Eli obedeció y Ana se fue deslizando lentamente para que su hermana pudiera ver como entraba. Yo le agarraba las nalgas y masajeaba su ano de modo que su hermana lo pudiera ver. Llegó el momento en que la mano de Eli que agarraba mi verga topó con la panocha de Ana.

- ¿Lo sientes hermanita? ¿Sientes como la verga del nene está adentro de mi panocha? Ana empezó a subir y a bajar cada vez más rápido y Elí podía sentir la panocha de su hermana chocando contra su mano. Los jugos de Ana se empezaban a chorrear sobre ésta que seguía apretando mi verga.

- ¡Así nene, Así! ¡Cómo me la metiste la última vez! ¡Cógeme otra vez! ¡Ya sabes que soy tu puta!

Me cabalgó un rato y de momento empecé a sentir esos pequeños espasmos que anunciaban su orgasmo. Ella se detuvo y dijo entre jadeos:

- No... Todavía no…

Se levantó y le dijo a su hermana:

- Ahora apúntala a mi culo.

La cara de Eli ya no era de duda o angustia. Era de franca excitación. Desde donde estaba yo, no podía ver bien, pero parecía que su mano libre agarraba con fuerza su propia panocha. Ana empezó a descender lentamente de nuevo clavándose mi verga en el ano. Esta vez sentí que no costó mucho trabajo la penetración. Nuevamente llegó hasta donde estaba la mojada mano de su hermana y dijo:

- Siéntelo. Siente la verga del nene en mi culo. Lo voy a montar hasta que se venga adentro.

Eli pasaba su mirada del culo de su hermana a la cara de ésta. No sabía que le producía más excitación, si la vista de mi verga entrando en su culo o la cara de placer de su hermana cada vez que se dejaba caer.

- ¿Te gusta nene? ¿Te gusta enterrarle el pito a tu primita en su culito?

- Siii. Me encanta.

- ¿Me lo vas a llenar de semen otra vez? ¿Me vas a volver a dar de tu lechita?

- Sí mi amor. Te los voy a dejar ir todos.

- Sí, sí, todoooss, dámelos tooddooosss.

- ¿Te vas a venir otra vez por el culo preciosa?

- Sí mi amor me voy a venir por el culo… Ya casi llego. Un poquito más mi amor.  Sí, así… ya… ya… YAAAA…

Nuevamente sus espasmos producto del orgasmo y las contracciones de su ano alrededor de mi verga en la venida final. Yo me empecé a vaciar, le aventé chorros de leche que, como la vez pasada, escurrieron de su culo, pero que en esta ocasión cayeron en la mano de su hermana que seguía sosteniendo mi verga. Otra vez las uñas de Ana clavándose en mi espalda y las mordidas en el hombro. A nuestra respiración agitada se unió la de Eli quien, sin haber hecho nada más que sostener mi verga, respiraba también entre jadeos mientras se apretaba fuertemente una teta.

Cuando recuperamos el aliento Ana se volteó a ver a su hermana y le preguntó:

- ¿Se la estás agarrando todavía?

Eli, sin disimular la voz cortada por la excitación contestó:

- Sí, Ana. Todavía se la estoy agarrando.

- ¿Y Sentiste cómo me penetró por la panocha y el ano?

- Sí.

- ¿Pudiste sentir como le salían los chorros de semen y los dejaba adentro de mí?

- Sí.

- Ahora mira con atención mi culo.

Ana se levantó y Elí pudo ver mi verga, ya contrayéndose, salir del agujero dilatado de su hermana. Vio como mi semen terminaba de salir de su ano y caía sobre su mano que aún sujetaba mi verga. Ana hizo que su hermana se sentara en la cama en medio de nosotros. Le tomó las manos y jugó con el semen que había en ellas. Se levantó y fue por unas toallitas húmedas y con todo cariño limpió delicadamente las manos de su hermana. Después la tomó de la barbilla e hizo que la mirara de frente.

- Ahora hermanita. Mírame a los ojos y dime, con toda honestidad ¿Te gustó lo que viste?

- Sí, Ana. ¡Sí!

- ¿Te gustó ver a tu primo cogerse a tu hermana?

- ¡Sí! ¡Sí!

- Y aun así te puedo asegurar que no tienes ni idea de lo que se siente hacer el amor con alguien a quien amas con toda tu alma. Dime ¿Alguna vez has sentido algo parecido a lo que viste hoy?

- No.

- Solo sexo ocasional con alguien que puede gustarte mucho pero que, lejos está de amarte ¿Verdad?

Eli asintió con la cabeza varias veces.

- La conexión entre el nene y yo se originó de nuestro resentimiento hacia ti y después se volvió algo mucho más grande. Quizá tenemos que agradecerte por eso, pero… Nadie, ¡Óyelo bien…! ¡Nadie! Va interponerse entre el nene y yo. ¿Te queda claro?

- Sí, Ana. Perdóname.

- ¿Estás convencida de que lo amo más que a nada, incluso más que a mí misma?

- Sí. Lo siento tanto.

- ¿Te vas a interponer entre nosotros nuevamente? ¿Vas a seguir tratando de controlarnos como es tu costumbre?

- ¡No! ¡Nunca! Jamás volveré a decirte qué es lo que debes hacer. ¿Me perdonas?

Ana se acercó a Eli y con voz calma y reconfortante contestó:

- Te perdono Eli. Eres mi hermana y te amo.

- ¡Gracias Ana! Te juro que jamás volveré a meterme en tu vida y… En verdad espero que sean felices. Es más, ayudaré en lo que pueda para que lo sean.

Ana Le dio un cariñoso beso a su hermana y permanecieron abrazadas por un momento. Se separaron y Eli dijo:

- Estoy tan feliz de que todo haya acabado.

Ana se le quedó viendo y le dijo:

- El problema entre nosotras está resuelto pero el problema con Alex, no.

Eli se le quedó viendo a su hermana y yo también. ¡Esto se ponía más interesante!

- ¿Recuerdas cuando Alex era un niño y lo usabas como a un criado? ¿Todas las veces que lo usaste para que hiciera algunos de tus quehaceres? ¿Todas las veces que lo usaste como a un objeto?

Eli posó su mirada en mí.

- Sí, si lo recuerdo. En verdad lo siento Alex. Lo siento mucho, de veras.

- Pues igual que conmigo, una disculpa no es suficiente para compensar todos esos años de maltrato. Tienes que reparar el daño.

- Dime qué quieres que haga.

- Debes pagar tu Karma. ¿Hiciste de Alex tu criado? Hoy tú vas a ser su sirvienta. ¿Abusaste de él porque era chiquito y no podía defenderse? Bueno, ahora él es un hombre mucho más fuerte que tú y va a ser él quien abuse de su fuerza y tamaño. ¿Lo obligabas a hacer cosas que no quería hacer? Ahora vas a hacer todo lo que te diga, aunque no te guste.

Eli se nos quedaba viendo sin saber que decir. Ana continuó:

- Piénsalo bien. Si dices que no, no te vamos a obligar y aunque lo nuestro está resuelto, no podría verte con cariño si el hombre que amo sigue sintiéndose lastimado. Por el otro lado, cuando mi Alex se sienta satisfecho, me sentiré la mujer más feliz del mundo al poder tener a mi lado a mi hermana sin que mi amado sienta rencor contra ella. Piénsalo bien, nadie te obliga. Pero si dices que sí, es hasta el final. No hay vuelta atrás. Toda la tarde de hoy serás su esclava. Si lo piensas bien, una tarde no es nada comparada con años de abuso.

Ya sea por el remordimiento, por un sentido de la justicia o porque estaba excitadísima, Eli dijo que sí. Ana se paró y se fue al closet de Eli. Buscó unas ropas y las puso sobre la cama.

- Te esperamos en la cocina. Baja vestida sólo con lo que puse sobre la cama y nada más.

A los pocos minutos, Eli nos alcanzó en la cocina. Ana le había dejado en la cama un pequeño top blanco casi transparente sin mangas que cubría muy poco. Sus pezones se transparentaban perfectamente bajo la tela. Sus enormes areolas morenas estaban claras a mi vista y sus pequeñas, pero bien formadas tetas se sacudían al ritmo de su respiración agitada. Usaba una falda blanca minúscula que apenas llegaba unos centímetros más debajo de sus enormes nalgas. Finalmente, unos zapatos de tacón muy alto con correas que se ataban cruzándose varias veces por encima de los tobillos. La imagen me dejó con la boca abierta.

- ¿Te gusta lo que ves mi amor o quieres que se ponga otra cosa?

Sin disimular mi asombro, contesté:

- ¡Está perfecta!

Ana que estaba sentada en mis piernas vestida solo con una playera, pudo sentir mi erección.

- ¡Eres un cochinote nene! ¡Se te está parando la verga nada más de ver a mi hermana! ¿Te gusta su culo?

- ¡Me encanta!

- Date la vuelta para que mi amor te vea esas nalgotas.

Eli se volteó y el espectáculo era maravilloso. Su culo era grande, amplio, en forma de corazón y proyectado hacia atrás. Era el culo perfecto.

- ¿Con que quieres empezar nene?

- Bueno… Ella siempre me ponía a hacer quehaceres que no me tocaban.

- Ok.

 Ana se puso de pie y como no había nada sucio en el fregadero, sacó unos platos limpios de la alacena y los puso en él.

- Lávalos.

Eli obedeció y caminó hacia el fregadero. Su caminar, con esas zapatillas, hacía que su culo se contoneara de un lado a otro. Empezó a lavar los platos y su trasero temblaba cada vez que los tallaba. Ana regresó a mí y volvió a sentarse en mis piernas.

- ¿Tienes sed nene?

- Sí, un poco.

- Eli, tráele una cerveza al nene.

Eli dejó de lavar los platos, se secó las manos con un trapo de cocina y se dirigió al refrigerador. Sacó una cerveza, pero Ana la detuvo.

- No. De esas no. Las que están hasta abajo están más frías.

Eli dejó la cerveza que tenía en la mano y se agachó a tomar otra. Cuando lo hizo la minifalda se subió hasta media nalga y pude ver como se le abrían para dejarme ver su agujerito moreno y los abultados labios de su panocha depilada que sobresalían hacia atrás. Cuando se estaba levantando Ana le dijo:

- No te vayas a arreglar la falda, déjala así.

Eli caminó hacia mí y la parte baja de su panocha estaba a la vista. Tomé la lata que me ofreció y Ana le dijo moviendo la mano repetidamente con los dedos hacia abajo:

- Anda, anda, regresa a lavar.

Nuevamente caminó hacia el fregadero con ese contoneo maravilloso, pero esta vez podía ver cómo se sacudían sus nalgas sin el estorbo de la falda. Continuó lavando y yo llevé mis manos a las piernas de Ana y empecé a acariciarlas.

- ¿Te está calentando tu prima mi amor? ¿Te la pone dura su culo?

Empecé a besarla. Mientras metía mis manos entre sus piernas.

- Si mi amor. La tengo muy dura.

- ¡Pobrecito! Hay que sacarla para que no la apriete tu short. Eli ven y bájale el short.

Eli llegó hasta donde estaba y me puse de pie. Bajó mi short hasta el suelo para quitármelo y mi verga parada rozó su cara un par de veces. Los dobló con cuidado y los puso sobre la mesa.

- Cuando termines de lavar nos alcanzas frente a la tele.

Nos acomodamos en el sillón y empezamos a tocarnos mientras la veíamos. Elí llegó momentos después y se paró frente a nosotros viendo cómo nos estábamos fajando. Después de un momento Ana le dijo:

- Ah, ya estás aquí. Bueno, ponte a sacudir los muebles.

Eli hizo lo que se le dijo dándome todo un espectáculo cada vez que se agachaba. Ana empezó a masturbarme con más fuerza mientras yo me comía sus tetas y le acariciaba el clítoris. Ana ya estaba respirando fuerte y apretando sus piernas contra mi mano. Eli hacía lo que se le ordenó, pero no dejaba de ver nuestros manoseos. Me di cuenta de que la cara interna de los muslos de Eli empezaban a brillar producto de su excitación y sentí la proximidad de mi eyaculación.

- Ana, ya no aguanto más.

- Eli ven acá.

Eli se acercó con una cara que ya no podía disimular su calentura. Ana hizo que me pusiera de pie y le dijo a su hermana:

- Voltéate, levántate la falda, abre las piernas y agáchate.

Eli obedeció y Ana empezó a masturbarme más intensamente mientras ella misma se daba placer con la otra mano.

- ¿Te gustan sus nalgas nene? ¿Te gustaría cogértelas verdad? Eres un cochino. Te calienta tener a tus primitas calentándote ¿Verdad cabrón? ¿Ya te vas a venir? ¿Se las vas a dejar llenas de mecos? Y tú perra.  ¿Te calienta saber que tus nalgas van a recibir un baño de semen? Ábrete las nalgas y dime donde los quieres perra ¿Dónde?

- ¡En el culo!, ¡Quiero que me bañe el culo!

- Ya oíste nene. ¡Tu prima quiere que le bañes el culo de leche!

- ¡Aaaghghhh¡

- ¡Sí, así bañalaaaa…!

Ana se vino mientras le bañaba las nalgas a su hermana. Se pegó a mi cuerpo y, de pie, ahí junto a mí, empezó a sacudirse víctima de su propio orgasmo. Cuando cesaron nuestras convulsiones, Ana uso mi verga para untarle el semen en las nalgas. Después, paseó la cabeza de mi verga por su panocha y su ano varias veces asegurándose de que la cabeza se paseara entre los labios vaginales y también hiciera presión sobre su ano. Elí se retorcía con cada roce de mi verga. Estaba tremendamente caliente y quería más. Después de un rato así, Ana dejó de mover mi verga y volteó a su hermana para que la viera los ojos y le dijo:

- ¡Eso es lo que se siente perra! Eso es lo que se siente cada vez que quieres hacer algo que te gusta y alguien te lo impide. Piensa en todas las veces que el nene no pudo salir a jugar o ver la tele porque tú lo ponías a hacer cosas que tenías que haber hecho tú.

Ana me abrazó y empezó a besarme dulcemente. Yo la acerqué a mi pecho amorosamente y le acaricié el pelo y las mejillas. Nos veíamos a los ojos sonriendo satisfechos y enamorados. Eli no podía hacer otra cosa más que vernos, mientras su panocha ardía y le pedía a gritos una verga.

Ana volteó a verla y con voz de reclamo le dijo:

- ¡Se siente feo! ¿Verdad? ¿Ahora entiendes por lo que pasamos el nene y yo? Imagínate toda una vida así. Frustrada, tratando de conseguir, aunque sea un poquito de placer y que llegue una perra mandona como tú a impedírtelo.

Eli se soltó a llorar.

- Perdón, Perdóóóón. Lo siento muchooooo… Soy una perraaa. Una perra infeliiiiz.

Yo empecé a pensar que esto ya se pasaba un poco de la raya.

- Sí, Eli. Eres una perra. Y como no tienes remedio el nene te va a tratar como tal. Ponte en cuatro y para el culo.

Eli, aun llorando obedeció y adoptó la postura que le ordenó su hermana. Ana se acercó a mi oído y con un susurro me dijo:

- Ahí está mi segundo regalo para ti amor. Te prometí que te la vas a coger.

Ana se movió frente a su hermana y se arrodilló. Tomó su cara entre sus manos y le dijo:

- De hoy en adelante eres su perra. Él es tu dueño y te va a coger cuándo quiera, cómo quiera y dónde quiera. ¿Oíste perra?

- Sí.

 - ¡Ahora díselo!

Todavía llorando, Eli volteó a verme y me dijo:

- Soy tu perra. Haz conmigo lo que quieras. Me lo merezco.

Mi verga ya estaba en plena erección de nuevo.

- Ya la oíste ¡Cógetela!

Me puse entre sus piernas y me agarré de esas nalgas prodigiosas, apunté a su panocha y se la ensarté en un solo movimiento. Estaba lubricadísima y mi semen esparcido en sus nalgas, culo y panocha lo facilitaban todo. Ella se arqueó llena de placer cuando sintió mi verga dentro de ella. Empecé a bombearla con movimientos rítmicos y fuertes. Ella gemía con la boca abierta y los ojos cerrados. Luego Ana le bajó el top y empezó a masajearle las tetas.

- Déjame que te ayude. ¿Se siente bien? ¿Te gusta que te coja tu primo?

- Síííí.

- ¡Eres una perra! Te gusta que te esté metiendo la verga ¿No? Puedo ver que te tiene bien caliente el nene y quieres que te siga dando hasta que te vengas. ¿Qué te parece si le digo que se detenga?

- ¡No, por favor! ¡Qué no se pare! ¡Necesito verga!

- ¿Y qué opinas ahora del sexo entre primos? ¿Eh?

- ¡No me importa! ¡No me importa nada! ¡Sólo quiero que me coja!

- Pues dile.

- ¡Méteme la verga, nene! ¡Métesela a tu prima! ¡No dejes de cogerme!

- ¡Desquítate amor! ¡Trátala como te trató ella a ti! ¡Trátala como la perra que es!

Empecé a bombear más fuerte y a decirle de cosas.

- ¡Eres una perra asquerosa! ¡Una pinche puta! ¡Me jodiste la infancia y ahora yo te voy a joder a ti!

- ¡Sí! ¡Sí! ¡Jódeme! ¡Jódete a tu perra!

- ¿Te gusta ser una perra?

- ¡Sííí! ¡Me encantaaaa! ¡Soy una puta perra en celoooo! ¡Me estoy viniendo, me estooy vi…nien…do…o…o…o!

Acabó en un orgasmo convulsionado. Se dejó caer en el suelo y yo me dejé caer sobre ella mientras se sacudía con los ojos en blanco. Yo seguía con mi verga dentro de ella y hacía suaves movimientos de mete y saca sintiendo la perfecta redondez de sus nalgas contra mi vientre. Cada vez que sentía mis movimientos una sacudida venía a ella. Le saqué la verga y me hice de lado para que ella pudiera respirar.

- ¿Te gustó hermanita? ¿El nene te cogió bien?

- Sííí… mucho… mucho… mucho…

- Ya sé que eres una perra, pero no tienes por qué ser mal agradecida.

Eli volteó ligeramente su cuerpo y me dijo con cara de total satisfacción.

- ¡Gracias nene! ¡Gracias! Nunca me habían cogido tan bien en toda mi vida.

- ¿En qué, Eli?

- ¡Nunca me habían cogido tan rico en toda mi perra vida!

- Sí, Eli. Que no se te olvide nunca. Lo hiciste bien, pero tenemos un problema.

- ¿Qué?

- Mi amor todavía tiene la verga parada. ¿No pensarás dejarlo así verdad?

- ¿Quieres que se la mame otra vez?

- No, Eli. Quiero que te quedes ahí, acostadita boca abajo mientras te jode el culo. ¡No me vayas a decir que nunca te han dado por ahí! Estoy segura de que una perra con un trasero como el tuyo ha provocado a más de uno a pedírtelo. Y sabiendo lo perra que eres, seguramente se los has dado. Ya te han cogido por ahí varias veces ¿Me equivoco?

- No, no te equivocas.

- ¿Y cuántas veces te la han metido por ahí?

- Muchas.

- ¿Te gusta que te den por el culo, perra?

- ¡Sí, mucho!

- Pues bueno ¡ya está! Párale el culo a mi amor porque te lo va a joder como nunca. Y cómo ya estoy muy caliente, mientras tu amo te jode, tú me vas a mamar la panocha, perra.

Le agarró la cabellera y jaló su cabeza hacia sus piernas abiertas sin ninguna delicadeza. Se me quedó viendo con una mirada de lujuria que me hacía pensar que era otra persona y con voz ronca me dijo:

- ¡Entiérrale el pito en el culo!

Separé sus exquisitas nalgas y apunté mi verga a su ano. ¡La vista era exquisita! Sus perfectas nalgas eran el marco ideal para su panocha abierta que escurría con sus propios jugos y para el anillo de su culo que brillaba con mi semen. No hacía falta ninguna lubricación. Todo estaba mojado y resbaladizo. Empecé a metérsela y pude notar que, en efecto, había sido penetrada frecuentemente por ahí. Mi verga se deslizó sin mayor esfuerzo hasta la raíz y me quedé quieto disfrutando de la sensación y la vista. Eli ya le chupaba la panocha a Ana que empezaba a gemir y a hacer muecas de placer. Empecé a bombearla lentamente al principio. Quería disfrutar la sensación. Después, aceleré un poco el paso y Eli empezó a gemir también. Se notaba que lo disfrutaba. Ana empezó a decirle de cosas a su hermana.

- ¿Te gusta hermanita? ¿Te gusta cómo te bombea el culo tu primo? Dale duro nene. Disfruta de tu perra.

Eli no podía contestar, desde luego, pero sus gemidos eran una clara muestra de que lo estaba disfrutando.

- ¡Mámame la panocha perra! ¡Me voy a venir en tu boca! ¡No nada más me voy a venir, me voy a mear en tu cara! ¡Se me van a salir los meados como cuando estábamos en la alberca y te los vas a tragar todos! ¡Pártele el culo mi vida, párteselo! ¡Si de veras me quieres, te la vas a coger hasta que ya no pueda caminar!

Seguí dándole haciendo que mi verga entrara y saliera casi en su totalidad, Elí empezó a contraer las nalgas en señal de que se iba a venir y Ana levantó la pelvis y empezó a tallar furiosamente su panocha por toda la cara de su hermana. Los ojos se le pusieron en blanco y se vino, chorreando a Eli con una mezcla de jugos vaginales y un poco de orina.

- ¡Sí perra, trágatelos todos! ¡Sigue mamándooo… meee…¡

Eso fue demasiado para mí. Me agarré fuertemente de las nalgas de Eli y empecé a bombear con fuerza. Eli se empezó a sacudir y dio unos profundos gemidos de placer que se ahogaron entre las piernas de su hermana. Empezó a sacudirse y se vino. Las contracciones de su ano hicieron que soltara mi descarga entre fuertes jadeos… Mi verga empezó a hacerse chica y sentí otra vez esa maravillosa sensación cuando se salió del ano de mi prima chorreando semen por todo el tapete.

Ana, aún con la respiración entrecortada y bañada en sudor como su hermana, empezó a besarla y le dijo:

- ¡Te amo hermanita! ¡Te quiero mucho, mucho, mucho!

Era justamente lo que Eli había esperado oír durante este último par de días. Se abrazó a su hermana y la besó también.

- ¡Yo también te amo Ana! ¡Con todo el corazón!

Se besaban, no como hermanas, sino como amantes. Sus lenguas recorrieron sus bocas y sus manos acariciaban sus cuerpos exhaustos. Yo me dejé caer de espaldas en el tapete viendo al techo mientras trataba de recuperar el aire. Estaba sudando copiosamente y empecé a cavilar sobre todo lo que había sucedido en estos días. En eso estaba cuando siento dos cuerpos que se dejan caer a un lado mío dejándome sentir sus senos en el pecho y brazos.

- ¡Te amo mi vida! ¡Te amo más que a nada en el mundo! - dijo Ana con su habitual sonrisa coqueta.

- ¡Fue genial nene! – Dijo Eli. - ¡Me siento… en paz!

Era raro ver sonreír a Eli. Cuando lo hacía se parecía mucho a su hermana y se veía más hermosa aún.

- Me da mucho gusto verlas felices.

Ana empezó a besarme y Eli la siguió. Ambas me acariciaban todo el cuerpo y se turnaban para llenar mis labios con su sabor a miel mientras recorrían todo mi cuerpo con sus manos. Después de un momento nos pusimos de pie. Limpiamos nuestro desorden. Tomamos varias bebidas del refrigerador y subimos desnudos a mi habitación donde seguimos cogiendo unas horas más. Estábamos acostados en mi cama con Ana en medio abrazándonos fatigados y satisfechos y entonces Eli preguntó con una enorme sonrisa en los labios:

- ¿Entonces ya me perdonaron?

Eli se incorporó y le dio un gran beso en la boca a su hermana.

- Claro que sí, tonta. Ya no hay rencores. Has pagado tu deuda y te amamos más que nunca.

Eli, con la cara radiante le devolvió el beso a su hermana.

- Sólo hay una cosa más que hacer…

- ¿Qué? Ana. ¿Qué más hay que hacer?

- El nene se tiene que coger a Jess.

……….

Permanecimos en la cama acariciándonos y bebiendo. Recordábamos cosas que nos habían pasado de niños, las buenas cosas y reíamos felices y despreocupados. De vez en cuando mis primas se besaban con ternura en la boca y se miraban con amor. Me besaban también a mí y yo me sentía en el paraíso. De momento Eli se puso algo seria y le preguntó a su hermana:

- Ana ¿Qué va a pasar con nosotros?

- ¿A qué te refieres?

- Bueno… Alex y tú son… pareja y yo pues… No quiero interponerme. Ustedes son felices y yo no quisiera llegara ser causa de un pleito… nunca más.

- ¡Mi amor! ¡Te amo Eli! ¡Te amo mucho!

Se inclinó hacia su hermana y la besó repetidamente. Después se separó de su rostro y la miró pícaramente con su preciosa sonrisa.

- ¿Ya se te olvidó tu promesa? Dime ¿Qué le prometiste al nene?

Bajando un poco el rostro con cierta vergüenza y con una sonrisa tímida dijo.

- Le dije que yo sería su perra siempre.

- ¿Qué más?

- Que me podía coger cuándo quisiera, cómo quisiera y dónde quisiera.

- ¿Vas a romper la promesa que hiciste?

- No. Jamás. Pero tú y él…

Ana puso un dedo sobre los labios de su hermana y no la dejó terminar. Después bajó esa misma mano a la entrepierna de Eli que soltó un suspiro ahogado cuando sintió a su hermana masturbándola.

- Ese ha sido siempre tu problema y el de Jess. No han sabido lo que es amar de verdad. Amo tanto a Alex que haría cualquier cosa por él. Lo único que me importa es verlo feliz. Si cogerte a ti o a Jess lo hace feliz, entonces yo soy feliz.

Eli empezaba a retorcer las piernas y a respirar profundamente mientras Ana la masturbaba sin descanso ni compasión.

- Dime ¿En verdad sentiste felicidad cuando el nene te cogió abajo, en la sala? No te estoy preguntando si te gustó. Te estoy peguntando si te hizo feliz.

Ana ya se retorcía sin poder contenerse, con una mano se agarraba una teta y con la otra sujetaba la nuca de su hermana cuya cara estaba a centímetros de ella, difícilmente podía pensar y con voz entrecortada y en medio de suspiros dijo:

- Sííí… cuando me cogió… lo disfruté como… pocas veces, de veras…. Pero… pero… cuando todo había terminado… no sólo me sentí satisfecha… ¡Me sentí más feliz de lo que me había sentido nu…unn…ca!

Ana Puso su boca en la de su hermana y la besó con ternura mientras aceleraba el ritmo de su mano cuyos entraban y salían sin descanso de la mojada panocha de Eli.

- ¿Tú crees que me voy a enojar por eso? Al contrario, me hace sentirme muy contenta. Ahora dime ¿Sientes muy dentro de ti una necesidad de hacerlo feliz a él también? ¿Lo quieres ver contento, satisfecho y seguro a tu lado?

Eli se agarraba fuertemente las tetas y se pellizcaba los pezones jalándoselos como si quisiera arrancarlos. Movía la pelvis hacia arriba para ir al encuentro de los dedos de su hermana y cuando ya no pudo más gritó en medio de su orgasmo.

- ¡Sííí! ¡Lo… lo voy a hacer muy feliiiiz….! ¡Me lo voy a coger todo el díííaaa! ¡Voy a ser su perrraaaa! ¡Lo voy a dejar que me haga lo que quie…e…raa…!

Ana sacó sus dedos escurriendo de la panocha de Eli mientras ésta respiraba agitadamente tras su orgasmo. Se los puso en la boca y su hermana los chupó con cara de éxtasis. Recobró la respiración, abrió los ojos y los clavó en su hermana.

- Eso, Eli, es amor. Y cuando en verdad amas a alguien haces lo que sea para que esa persona sea feliz. Cógetelo todo lo que quieras, sean felices… Pero si te atreves a querer quitármelo, si te lo quieres quedar para ti sola, vas a saber de primera mano lo que es el infierno.

Volteó a verme y, con una seriedad que me espantó y unos ojos que se clavaban en los míos como dagas, me dijo:

- ¡Te amo con todo mi ser nene! ¡Te amo más que a la vida misma! No tengo ningún problema con que te cojas a mis hermanas, al contrario. Si eso las hace felices a ellas y a ti también, me sentiré dichosa. ¡Pero te juro! ¡Te juro por Dios, que si algún día tocas a alguna otra mujer…! ¡Si tan sólo la miras de una manera que no me agrade, yo misma te arranco el corazón!

Me quedé congelado. Eli miraba con la boca abierta a su hermana sin poder dar crédito. Después, le volvió la ternura y la sonrisa al rostro. Sentí como que antes estaba yo hablando con otra persona y ahora Ana había regresado para ocupar su lugar.

- ¡Te amo nene! y te voy a hacer muy feliz.

Me abrazó y recargó su cabeza en mi hombro con los ojos cerrados y una sonrisa en la boca. Pasamos unos momentos más, abrazados así los tres y entonces Eli dijo:

- Oye Ana, no me gusta cómo se ven las marcas en la espalda de Alex. Podrían infectarse o algo. ¿Te duelen nene?

- Un poco, pero no hay de qué preocuparse, las lavo frecuentemente.

Ana examinó las marcas con gesto preocupado.

- Ana ¿Te molestaría si yo…?

- ¡No! ¡No! ¡Claro que no!

Ana salió de la habitación aún desnuda y regresó con desinfectante, gasa y un ungüento. Me encantaba verla caminar. Su cadera me tenía loco. Me puse de pie y Eli dijo:

- Hay que lavar las heridas primero. Métete al baño nene ahorita te lavo. Volteó a ver a su hermana como buscando su aprobación, pero Ana tenía su vista fija en mi espalda.

- ¡Pobrecito mi amor! ¡Mira nada más que te hice! ¡Soy una estúpida!

- No, Ana. No digas eso. Si este es el precio que hay que pagar para tenerte a mi lado, pues que así sea. Ya te dije que lo volvería a hacer mil veces.

Me metí al chorro del agua y la verdad es que sí me ardía bastante en algunas partes. Ana y Eli entraron conmigo y me lavaron delicadamente. Se lavaron entre ellas y hubo algunos besos y caricias entre nosotros. Salimos y me secaron entre las dos. Se secaron ellas y Eli me llevó a la cama.

- Siéntate nene. Te voy a curar.

Cuando el desinfectante tocó la primera herida, un dolor agudo se difundió por mi piel después, el ardor era insoportable. Solté un grito apagado y tensé mi cuerpo para contrarrestar el dolor. Eli prosiguió diligentemente a tratar las demás marcas dejadas por Ana que estaba arrodillada frente a mí con cara de angustia y una lágrima escurriendo por sus mejillas.

- ¡Perdóname nene! ¡Soy una tonta! ¡Cómo pude…!

Eli terminó y aflojé la tensión. Con toda suavidad puso el ungüento y empecé a sentir alivio. Ana lloraba colgada de mi cuello. Cuando Eli terminó, me puse de pie, sujeté a Ana contra mí y le dije con ternura:

- Deja de llorar tonta. Estas marcas son como trofeos. Son las cicatrices de un soldado que regresa victorioso de la guerra. Estoy orgulloso de ellas y no me importa cuánto duelasn.

Ana sonrió feliz. Con mis dedos limpié sus lágrimas y se acurrucó en mi pecho.

- Ahora, bésame, boba.

Ana se rio y me besó, tomó a Eli de la mano y la atrajo hacia nosotros. Besó los labios de su hermana y después hizo que se volteara para besarme a mí. Ahí estábamos los tres, en medio de la habitación uniendo al mismo tiempo nuestras bocas y acariciando nuestros cuerpos desnudos.

Cuando finalmente nos separamos Eli dijo:

- No quiero ser aguafiestas, pero si mi mamá o mis tías ven esas heridas de guerra, vamos a tener que dar muchas explicaciones. No creo que vayas a poder nadar durante un buen tiempo.

 

- ¡Rayos!

Domingo

A la mañana siguiente bajé temprano pensando en que ese sería el gran día. Le daría a mi tía Eli el mejor regalo de cumpleaños que nadie pudiera darle. Un par de hijas contentas (¡Fatigadas pero felices!).

Al llegar a la cocina mi mamá y mis tías ya estaban ahí como de costumbre. Saludé a todas y me acerqué a mi tía para darle un abrazo y felicitarla por su cumpleaños. Casi como que si lo hubieran ensayado. Empezaron a preguntar por Ana y Eli.

- Todo se arregló, están muy contentas y han hecho las paces.

Las tres se me vinieron encima abrazándome con fuerza. Yo tuve que disimular lo mejor que pude el dolor en mi espalda y sonreía con dificultad.

La primera en llegar a la cocina fue Jess quien, como siempre, no manifestaba emoción alguna.

- Yo pensé que era el cumpleaños de tía Eli, no de Alex. (Jess nunca se refería a mí como nene).

- Siéntense a desayunar, dijo mi tía Eli. Ahorita les servimos.

No acababan de poner mi plato en la mesa cuando llegaron Ana y Eli. Bajaron juntas con grandes sonrisas en el rostro e inmediatamente fueron a abrazar a su madre (Casi la ahogan).

- ¡Mis niñas! ¡Cuánto las quiero!

Ana sacó de una bolsa de plástico una caja envuelta que contenía un collar de perlas muy finas con engarces de oro en cada una. Eli dijo:

- Para ti mamá. Ana y yo ahorramos durante un año para comprártelas.

- ¡Ahh!¡Están divinas! ¡No tenían que haberlo hecho!

Ana pasó su brazo por la espalda de Eli y recostó su cabeza en el hombro de su hermana.

- Fue idea de Eli.

Mi tía, visiblemente emocionada fue a abrazarlas con una sonrisa en la cara y lágrimas en los ojos.

- ¡Mis pequeñas!

Tía Jess dijo:

- Bueno, ya que estamos en esto, Jess, trae el regalo de tu tía. Jess fue a la sala y regresó con una caja de regalo de la cual salió una blusa de seda fina. Tía Jess abrazó a su hermana visiblemente emocionada y le dijo:

- ¡Gracias Eli! ¡Gracias por todo! ¡Espero que te conserves muchos años!

Por primera vez desde que llegué, pude ver algún rastro de emoción en Jess chica cuando abrazó a Tía Eli con verdadero afecto. Mi tía abrazó a las dos ya con francas lágrimas en los ojos.

- ¡Las quiero mucho!

Estas escenas me afectaron bastante, mis ojos se enrojecieron y por un momento pensé que así es como debe sentirse un personaje de telenovela. ¡Qué asco!

Mi madre ya estaba lista con el regalo de nuestra parte y cuando tía Jess y su hija se separaron de tía Eli, se aproximó a ella para entregárselo. Yo, contra todo buen juicio y protestas de mi lastimada espalda me acerqué nuevamente. Sabía que lo iba a lamentar. Se abrazaron y mi mamá secó las lágrimas de mi tía con su pañuelo bordado. Tía Eli se volvió hacia mí y nuevamente me abrazó como queriéndome ahogar. Mi espalda protestó, pero yo soporté estoicamente el dolor. Finalmente se volteó hacia mi madre y le dijo:

- ¡Tienes un hijo maravilloso! Volteé a ver a mis primas y pude ver a Ana y a Eli aún abrazadas y secándose las lágrimas mientras sonreían. Jess estaba parada a un lado de ellas y las miraba con recelo. Después volteó a verme y pude ver un dejo de molestia en sus ojos.

Desayunamos y subimos a vestirnos para la fiesta. Los invitados llegarían alrededor de las doce para disfrutar el día alrededor de la alberca y en la paya. El atuendo sería casual, pero me vería obligado a cambiar mis shorts y mis playeras por camisa, pantalón y un saco blanco. Mi tía nos pidió que nos reuniéramos en la sala a las once y media más o menos y cuando bajé ya estaban todas allí.

La escena fue impactante. Mis primas se veían absolutamente hermosas. Eli usaba un vestido blanco de una sola pieza ajustado al cuerpo que delineaba perfectamente su precioso trasero y acentuaba su busto. La falda llegaba a medio muslo y resaltaba sus increíbles piernas, por no hablar de su parte posterior que se proyectaba desafiante hacia atrás estirando la tela que a duras penas podía mantenerlo en su lugar. Se había peinado de lado y un mechón de cabello cubría parcialmente uno de sus ojos.

Ana tenía un vestido largo con estampado floral en tonos azules y verdes sobre un fondo blanco. El escote era amplio y podía ver sus hermosas pecas y el inicio de sus preciosos pechos y, como siempre, el vestido no podía impedir que se notaran sus orgullosos pezones. El vestido llegaba un poco arriba de los tobillos, pero estaba abierto a los lados y dejaba ver hasta donde iniciaba la curva de sus nalgas. El cabello ondulado caía suavemente acariciando sus hombros y brazos descubiertos.

Jess… Bueno… Jess era Jesss. Escogió un vestido negro para una fiesta de día en la playa. (Hasta yo sé que eso no está bien). El vestido caía recto hasta las rodillas y cubría por completo sus enormes pechos. Por la espalda estaba abierto casi hasta donde iniciaba la línea que dividía sus nalgas y conservó su collar de tienda de mascotas, su peinado raro como lo usaba siempre, así como su maquillaje punk que, a mi vista, la hacía verse más como un panda desvelado que como una mujer misteriosa y urbana.

Yo me acerqué a Ana y a Eli todo embobado y ellas me veían con miradas pícaras y sonrisas hermosas.

- Cierra la boca o se te va a meter una mosca.

Era Jess que me veía con un gesto de superioridad insoportable. Ana y Eli la ignoraron y me dijeron que me veía muy guapo.  Yo les devolví el cumplido diciéndoles que estaban radiantes. Jess volvió a hablar.

- Uuggh… Tanta dulzura les va a provocar caries niños. Y se fue al otro lado de la sala a sentarse en un sillón individual. Nosotros nos sentamos en el sillón frente a la tele donde tuvimos nuestro primer encuentro y esperamos a que mi tía Eli nos dijera para qué nos había llamado.

Mientras mi mamá y mis tías platicaban, Ana y Eli se acercaron a mis oídos y escuche a Ana decir en voz muy baja:

- Cuando termine la fiesta nene, te vamos a dejar que nos arranques el vestido y nos cojas hasta que ya no puedas más. – Eli continuó: - ¡Nos vas a montar toda la noche!

Yo puse en mi cara gesto de seriedad absoluta y en tono de voz muy formal les dije:

- Niñas acérquense, les voy a decir un secretito.

Ambas se acercaron más.

- No necesitan decirme nada para excitarme. Mi verga se puso dura desde el momento en que entré a la sala y las vi. Son las dos mujeres más hermosas que he visto en mi vida. Me las cogería aquí mismo si no estuvieran nuestras mamás.

- ¡Eres un cochinote nene! - Dijo Ana.

- ¡Eres un pervertido! – Dijo Eli.

En eso entró a la casa Ramón. Experto en organizar eventos importantes, desde fiestas de alta sociedad hasta conciertos (tía Eli era una de sus mejores clientes). Él, personalmente, se encargaría de atender la fiesta. Tras él entró todo su personal. Cinco mujeres y tres hombres. Saludaron a mis tías y mi mamá, entonces tía Eli nos presentó.

- Estas son mis hijas y mi sobrina está allá ya las conoces ¿verdad?

- Sí señora. Hola señoritas.

- Y este es mi sobrino Alex.

Ramón me dio la mano y yo la estreché poniéndome de pie.

- Mucho gusto.

- Igualmente.

- Quiero que tu lindo personal los conozca para asegurarme de que sigan sus instrucciones como que si fuera yo misma.

- Sí señora.

- Especialmente mi Alex.

Mi tía tomó a mi mamá de la mano, la trajo hacia ella y viéndola con una sonrisa continuó.

- Alex es más que mi sobrino. Es mi hijo también, igual que Jessica.

En ese momento con su otra mano trajo a la tía Jess a su lado y la abrazó también. Hoy cumplo cincuenta años y quiero pasármela feliz con mi familia. Mis hermanas y mis hijos. Asegúrate por favor de que nada les falte.

- Desde luego señora.

Ramón procedió entonces a presentarnos al personal de uno por uno y después se marcharon a realizar sus labores.

- Pues bueno… vamos allá. Dijo mi tía muy contenta y salieron al jardín junto a la alberca a esperar a los invitados. Jess salió tras ellas y nosotros nos quedamos en la sala un momento.

- ¿De veras se te paró nada más de vernos mi amor?

- Sí preciosa. No la aguanto más.

- Ana tiene razón nene. ¡Eres un cochinote! Pensando nada más en cogerte a tus pobres primitas.

- Pero así nos gustas mi amor. Nos gusta que andes por todos lados excitado pensando en nosotras.

- ¡Niñas, por favor! ¡Ya!... Estoy sudando y hay que salir.

Ana se acercó a mi oído y me dijo:

- Ok mi amor, pero antes un regalito.

Se hizo dos pasos hacia atrás y metió la mano en su vestido. Haciéndolo de lado dejándome ver toda la longitud de sus piernas y su trasero. Metió los pulgares en las orillas de sus pequeñas pantaletas y las bajó dejándome ver nuevamente su culo y su panocha. Se las quitó y las sostuvo en su mano viéndome con su sonrisa pícara. Luego Eli dijo:

- Ahora el mío.

Eli se volteó y tomo la falda del vestido subiéndola al tiempo que meneaba su cadera de un lado al otro y dejó su trasero descubierto Agarró sus pantaletas y se las bajó lentamente hasta los tobillos, dejándome ver el trasero más hermoso del mundo. Se las quitó y se volteó. Empezó a acomodarse la falda nuevamente con lentitud y meneando la cadera de un lado al otro hasta que estuvo de nuevo en su lugar. Las dos se acercaron y Ana dijo en mi oído con un susurro.

- Son para ti nene. Nos masturbamos con ellas puestas hasta venirnos. Así que, si se te empieza a bajar la erección, piensa que tus primitas andan por ahí sin calzones y con sus panochitas húmedas.

Las pusieron frente a mi cara y pude ver las manchas de humedad en la zona de la entrepierna y me llegó el aroma a mujer. Las tomé, las acerqué a mi cara y aspiré profundamente.

Ana me besó en la boca y me dijo:

- ¡Cochinote!

Ana hizo lo mismo y dijo:

- ¡Pervertido!

Me tomaron cada una de un brazo y salimos de la casa.

……….

Para las cuatro de la tarde la casa estaba llena de gente. Mis primas y mis tías saludaban a todo mundo con cortesía, excepto Jess que sólo saludaba. Mis tías me presentaron a docenas de personas que no conocía y fui tan amable como pude. Había primos lejanos y amistades que decían conocer a mi mamá desde antes de que se casara con mi padre. En fin, montones de amables desconocidos.

Dos cosas ocurrieron que empezaron a hacerme sentir miserable. La primera: las mejillas empezaban a dolerme de tanto sonreír a todos esos desconocidos. La segunda: Ana y Jess fueron absorbidas por la multitud. Todo mundo las rodeaba, hombres y mujeres, pero sobre todo hombres. Todos se acercaban a hablarles y ellas se veían muy contentas y sonrientes. Sostenían sus bebidas con elegancia y cuando se vaciaban sus copas, una docena de hombres apuestos corrían a traerles otra. Todos ellos hombres hechos y derechos que proyectaban seguridad y confianza.

Yo jamás he sido del tipo celoso. Siempre creí que los celos eran producto de la estupidez o la inseguridad. No me molestó cuando mi primera novia me dejó después de sólo tres semanas para irse con un chico que tocaba muy bien la guitarra. No me molestó cuando otra de mis novias me dio el clásico discurso de “No eres tú, soy yo… eres un chico formidable, pero debemos separarnos”. Sólo para salir corriendo a la cama de un tipo mucho mayor que ella. En verdad que nunca me afectó mucho… ¡Seguro! Sentí algo de tristeza y alguna decepción, pero nada más. ¡Al día siguiente como si nada! En cambio, ahora…

Empecé a vislumbrar un futuro gris. ¿Qué iba a pasar después del verano? ¿Qué podía esperar de ella? ¡Nada! No podíamos casarnos o vivir juntos. Y, si así fuera ¿Qué pasaría después? ¿Cuánto podría durar el romance? Ella tan hermosa y siempre asediada, seguramente encontraría al hombre que se casara con ella y le diera un hogar feliz, lleno de hijos que la iban a querer mucho, alguien como alguno de los hombres que ahora la rodeaban y la hacían reír. ¿A quién trataba yo de engañar? Yo jamás podría hacer algo así, aunque tuviera todo el dinero del mundo.

Pensando en todas estas cosas vi como uno de esos tipos que la rodeaban deslizaba su mano desde el hombro hasta la parte baja de la espalda de Ana, muy cerca de sus caderas. Ana no hizo nada, simplemente siguió sonriendo y charlando. No pude más, caminé hasta el bar que estaba instalado en la parte de atrás del jardín (Lo más alejado posible de la alberca, según instrucciones de mi tía, para evitar accidentes). No mucha gente estaba ahí. La mayoría obtenía sus tragos de las manos de alguno de los meseros.

Me acerqué y la chica tras el mostrador me preguntó qué quería beber.

- Whiskey con hielo, por favor.

- En seguida.

- Me lo tomé casi sin saborearlo.

- ¿Me das otro por favor?

- ¡Claro!

Esta vez sólo vacié la mitad.

- No pareces estarte divirtiendo mucho.

- ¿Ehh?

- Alex ¿Verdad? Tu tía dejó dicho claramente que toda tu familia tenía que divertiste hoy.

Apuré el vaso y se lo puse en frente para que me sirviera otro.

- Dame tres más de estos, preciosa, y vas a ver que puedo ser un chico muy divertido.

Sirvió otro y dijo:

- El cliente ideal. Ni siquiera he tenido que poner más hielo.

- No seas tacaña. Sírvelo doble.

- ¡Ah! ¡Conque es una chica! ¿Eh?

- No. Son dos. ¿Por qué crees que lo pedí doble?

- No me digas que el problema es que no sabes por cuál decidirte. ¡Presumido!

- ¡Ja! ¡Si sólo fuera así de simple! ¿Todos los bar-tenders tienen ese talento para diagnosticar al cliente?

- No son mis habilidades de bar tender. Es mi instinto femenino.

En ese momento empecé a ponerle atención. No la podía ver bien porque ya empezaba a caer el sol y… porque estaba al otro lado de la barra y… porque mi vista empezaba a perder un poco de foco por los whiskitos. Era pequeña, menudita. Con la tez blanca y cabello negro, corto y muy lacio que caía cubriendo sus oídos. Un fleco recto por encima de sus cejas que se arqueaban con gracia sobre sus ojos negros como la noche. Me pareció atractiva en su uniforme. Un chaleco corto color vino sobre una camisa blanca de manga larga y pantalones negros que delineaban perfectamente su figura. Pero… sin llegar a ser ni la sombra siquiera de Ana y Eli.

- No soy del tipo afortunado por el cual suelen pelearse las chicas.

- Eres bastante guapo, no veo porque no.

- ¡Guau! ¡Gracias! ¿Qué te tomas?... Oye… Espera… No sé si en tu caso esa es la línea apropiada.

La broma le hizo gracia y se rio.

- ¡Lo siento estoy de servicio!

- No importa, yo me tomo la tuya. No hay que desperdiciar.

Deslicé el vaso vacío en el mostrador para que me lo llenara de nuevo. Ella lo hizo al tiempo que decía:

- Oye, esos pobres hielos se están aburriendo ¿Por qué no los dejas hacer su trabajo?

Me reí bastante fuerte.  Y ella también. Tomé el vaso y me giré hacia donde estaba la gente y vi a Ana con su mirada fija en mí. Claramente pudo ver cómo nos reíamos la chica de la barra y yo.

Ignoró a todos los hombres a su alrededor que descaradamente la cortejaban. Puso su copa en las manos de uno de ellos sin siquiera verlo y los apartó con las manos caminando directamente hacia mí. Cuando llegó se plantó a un lado mío al tiempo que vaciaba yo nuevamente el vaso.

- Alex ¿Podrías venir un momento?

- Ahh… ¡Seguro!

Dejé el vaso en la barra y le dije a la chica:

- Cuida mis hielos por favor, ahorita regreso… ¡Espero!

Me llevó hasta un rincón vacío del jardín y me dijo con franco tono de reclamo:

- ¿Qué estás haciendo?

Estaba… bebiendo un trago.

- ¿Y todas las risitas esas con la… mujer esa?

- ¡Estoy aburrido! No conozco a nadie. Y yo no tengo todo un séquito de admiradores siguiéndome.

Cruzó los brazos y con gesto furioso me preguntó:

- ¿Qué quieres decir?

Hice que se diera media vuelta y localicé a Eli en la multitud. También estaba rodeada de hombres. Uno de ellos la tenía abrazada con una mano cómodamente depositada en donde inicia la redondez de sus enormes caderas. La atraía hacia él y la mantenía pegada a su costado.

- ¿Ves a Eli allí? Todos la rodean y le hacen plática. Ella se ríe y se ve contenta. De hecho, nunca la había visto tan contenta. No parece importarle que la abracen… ¡así!... y está bien. No voy a ser yo quien arruine su diversión y mucho menos la fiesta de mi tía.

Hice que se volviera hacia mí.

- Estaba solo, aburrido y no podía hacer otra cosa más que verlas platicar, reír, bailar… Así que me fui al bar por un trago y la chica empezó a hablar conmigo. Nadie más lo hacía. Así que empecé a hablar con ella yo también. Le hice una broma y se rio. Ella hizo una broma y yo me reí, nada más. ¡Ni siquiera sé su nombre!

Suspiré y le dije:

- Lo siento, no sabía que sólo ustedes tenían derecho a pasarla bien. Ahora, si me disculpas, tengo unos hielos esperándome en el bar.

La dejé ahí y caminé hacia la barra. Ella se quedó parada allí un momento y luego se encaminó a donde estaba Eli.

Al llegar a la barra le pregunté a la chica:

¿Aún están mis hielos aquí?

- Lo siento, fallecieron mientras te fuiste.

- ¡Diablos recuérdame no pedirte nunca que cuides al gato en mi ausencia!

Volvió a reír con ganas.

- ¿Doble?

- ¡Me encanta la gente profesional!

Levanté el vaso y bebí lentamente. No estaba borracho aún pero sí bastante mareado. Estaba en ese momento de perfecto equilibrio. Una copa menos y no sería tan divertido, una copa más y empezaría a cantar el Himno Nacional en ropa interior.

Volví la mirada a la fiesta y vi que Ana separó amablemente a Eli de sus admiradores. Hablaron un buen rato volteando a verme ocasionalmente e incluso rechazaron a un par de esos tipos que querían reiniciar la conversación. Volteé hacia mi bebida y un pensamiento gracioso acudió a mi mente. Mis primas no podían hacerme ningún reclamo como el que haría una novia celosa, por el parentesco. Del mismo modo, si quisieran venir a mi lado y abrazarme y besarme (para envidia y coraje de los demás), tampoco podrían hacerlo por la misma razón. “Tablas”… Lo ridículo de la situación hizo que me riera solo en voz alta.

- ¿Algo gracioso?

- ¿Eh?, nada, nada. Es sólo que me conté un chiste que no me sabía.

Ella se rio de nuevo.

- ¿Cuánto queda en la botella preciosa?

- Ya casi llegas a la mitad.

- ¡Perfecto! Pásamela por favor.

Ella me dio la botella y yo metí mi mano al pantalón para sacar un par de billetes que le dejé sobre la barra. Ella puso su mano sobre ellos y los empujó de vuelta hacia mí.

- Gracias, pero mejor no. Si Ramón se entera de que recibí alguna propina de ti o de tu familia, me corre.

Tomé los billetes y me estiré por encima de la barra para ponérselos en el bolsillo del chaleco sobre su seno izquierdo.

- Ramón tiene muy claro que me tiene que dar un trato especial, tú misma lo oíste.

Tomé la botella, un vaso con hielos nuevos y me encaminé a la playa.

Frente a la casa, en la playa, hay dos palapas con mesas y sillas. La noche había caído y las pocas personas que caminaban por la playa habían regresado a la fiesta. La escasa luz que había, venía de la casa a mis espaldas. Las palapas estaban vacías y me senté a beber mi miseria. El mar frente a mí era una enorme mancha negra pero el ruido de las olas podía escucharse con melancólica claridad. Atrás de mí se oían la música y los sonidos de las conversaciones. Después de unos minutos se escuchó una voz conocida.

- ¿Te vas a acabar la botella tú solo o puedo tomar un trago?

Jess se sentó en una silla a mi lado.

- ¿Trajiste tu propio vaso?

Agitó un vaso de plástico frente a mí.

- ¿Plástico? ¡Niña, no tienes clase!

Le serví una buena cantidad y empezó a beber.

- Bueno, ¿ahora que somos hermanos… no quieres decirme que se traen tú y mis hermanas?

- No lo entenderías es… complicado.

- Soy más inteligente que todos ustedes juntos. Creo que, si puedes hablar con palabras de más de dos sílabas sin sufrir una embolia, lo entenderé.

Solté una risa seca y tomé un trago.

- Para ser taaaan inteligente, pareces ignorar las cosas más elementales. Compartir un trago se supone que debe ser una experiencia agradable. Además… tú no eres inteligente… sólo sabes muchas cosas. Y hay una gran diferencia entre una cosa y al otra.

- Cómo sea. ¿Qué hay con mis hermanas?

- No lo sé ¿Qué hay con ellas?

- Lo que hay es que, desde que llegaste me ignoran. Siempre están hablando de ti y desde que hablaste con ellas para arreglar sus diferencias soy completamente invisible. No me hablan, ya no salimos juntas, ya no vamos de compras.

- Mala suerte niña, la vida apesta. ¿Más whiskey?

- Eres un infeliz. Al menos de chiquito eras gracioso. Ahora eres un patán arrogante. Escuché las bromas de mal gusto que le hiciste a Eli en la alberca y cómo le decías a Ana que era una tonta.

- Ellas no parecen tener un problema conmigo y hablamos todo el tiempo. Tú y yo no nos hablamos y sin embargo aquí estás echándome bronca. Mira niña, inteligente… inteligenteeee…. Ahh. ¡No! No lo eres… Si tienes algo que decir, dilo. Si no, entonces calla y bebe… En ese orden.

Se acabó el vaso y se sirvió otra muy buena cantidad bebiéndola con sorbos de buen tamaño. Después de un rato de silencio volvió a hablar.

- ¿Sabes por qué te puse el vestido ese cuando eras pequeño?

- ¡Y dale con el cochino vestidito ese! ¿Es que todo mundo tiene que mencionar el mugroso vestidito?

- Te lo puse de coraje. ¡Todo mundo cuidando al nene! ¡El más chiquito de la familia! ¡Todo para el nene! ¡El único hombre de la familia! Tus papás, mi tía, mi mamá, ¡todos! Cuando naciste, yo dejé de existir. Luego cuando regresamos a tu casa, hice todo lo posible por fastidiarte. Pero tú lo aguantaste todo. Nunca te quejaste. Como si fueras… una especie de… santo o… mártir o… algo así.

Su voz empezaba a quebrarse.

- Finalmente nos fuimos. La vida mejoró. Mis hermanas, porqué yo si tengo derecho a llamarlas hermanas. Mis hermanas y yo hacíamos todo juntas. Empecé a ser feliz, pero ocho años después te apareces de la nada y de nuevo eres el centro de atención. ¿Qué más quieres? ¡Lo tienes todo! Papá, Mamá, todo…

Jess estaba llorando ya sin contenerse. No podía ver bien su cara en la oscuridad, pero oía sus sollozos y cómo aspiraba fuertemente por la nariz.

- Nadie se fija nunca en mí. Siempre son mis hermanas las que captan las miradas. Hasta mi tía Eli, que siempre me vio cómo su hija, te prefiere a ti.

Calmó un poco su llanto y se limpiaba la nariz con el dorso de la mano.

- Ahora entiendo por qué estudiaste psicología. ¡Eres un desastre, niña! Escúchame bien, te voy a dar un conejo y, si eres lista, al final vas a quemar todo tu guardarropa y me vas a agradecer… Eres una chica hermosa. Eres tan bella como tus hermanas y, lo admito, bastante inteligente. Pero mientras sigas vistiéndote como sobreviviente del apocalipsis y, sobre todo, mientras continúes con esa actitud de cinismo y superioridad intelectual… ¡Nadie, escúchame bien, Nadie! Se va a acercar a ti… ¡Por Dios, traes puesto un collar de perro! Tus problemas emocionales de la infancia te los pudieron haber causado los demás, pero éstos te los estás causando tú misma.

Me levanté y le puse la botella en las manos.

- Me parece que necesitas esto más que yo.

Regresé a la casa. Decidí pasar por un último trago y me dirigí al bar. Ya iba a llegar cuando siento que me toman de los brazos. Eran Ana y Eli que me veían con sus preciosas sonrisas.

- ¿A dónde vas nene?

- Por un trago.

- Eli. ¿Le podrías traer un trago al nene, porfa?

- Chicas, no es necesario, gracias. He sido perfectamente capaz de caerme de borracho yo solito desde hace ya varios años.

Perdieron sus sonrisas y se me quedaron viendo con un leve dejo de angustia.

- Por favor nene, no te pongas así. ¿Quieres venir a bailar con nosotras?

Con un tono mordaz producto de los celos y la bebida contesté:

- ¡Oh! ¿Ya hay espacio en su agenda? ¡Guau!, solamente tomó toda la tarde! No sabía que tenía que ponerme en fila. No se preocupen, las he visto bailar ya varias piezas, deben estar cansadas y a mí nunca me ha gustado la melodía esa de: Se me olvidó tu amor. Gracias ¡Pero, no gracias! ¿Por qué no regresan a que les sigan dando masajitos en la espalda y… otras partes? Se veían muy cómodas. Yo me regreso al bar, donde está la única persona que me ha puesto un poco de atención. Es la mujer perfecta ¿Saben? Ella no me ha prometido amor eterno, pero tiene litros y litros de alcohol.

Les di una palmadita en los hombros, les sonreí y me fui al bar. Le pedí a la chica otra botella y un vaso y me fui a mi habitación. Entré en ella, abrí la botella y me serví otro trago. Me paré frente a la ventana que daba a la playa y bebí en silencio. Tras un par de minutos la puerta se abrió y entró Ana con la boca contraída a punto del llanto.

Una vez ahí se me fue a besos. Besos rápidos en todo mi rostro. Ana volteó a verme con lágrimas en los ojos.

- Perdón mi amor, perdón. No me di cuenta. Por favor nene no te enojes conmigo.

La alejé de mí y me senté al borde de la cama.

- ¡No niña, no! Esto no va a funcionar.

Se arrodilló frente a mí, al pie de la cama y seguía disculpándose con lágrimas en los ojos, pensando que estaba lastimado por los celos, lo cual era muy cierto, pero en realidad el problema era otro.

- Perdón mi amor, fui una estúpida. Me porté como una zorra. Perdóname. No quise lastimarte. No me di cuenta. Es que… en las fiestas a las que vamos siempre es así… no lo hicimos con intención.

Yo evitaba el contacto visual, pero Ana me seguía con sus ojos a donde me moviera.

- Di que me perdonas nene. Haré lo que quieras. Si quieres salgo y le grito a todos que se vayan al carajo. Que te amo y que no quiero a nadie más. ¡Tómame enfrente de todos, no me importa! Te amo. Por favor perdóname.

Me levanté desesperado, caminé dos pasos y me di media vuelta para verla.

- ¿Te estás oyendo? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? No importa cuánto me ames. No importa cuánto te ame yo… No me importa que haya lobos al acecho, Sé perfectamente que siempre hay lobos al acecho. Ya me ha pasado. Pero al menos con otras mujeres me puedo defender. Siempre va a haber hombres atrás de ustedes, ¡siempre! Pero con ustedes tengo las manos atadas.

En ese momento sentí caer una lágrima por mi mejilla. Me detuve un momento para calmarme, respiré hondo y continué.

- Si fueran ustedes cualquier otra mujer, habría ido a quitarles de encima a esa bola de tarados. Podría haberme plantado ahí y tener al menos una oportunidad de pelear. ¡Pero no! ¡No puedo, tengo las malditas manos amarradas!

Me quedé allí parado con la cabeza baja. Respiré hondo nuevamente y volví a verla. Ana estaba hecha un mar de lágrimas.

- Perdón. Supongo que es el alcohol. Me porté como un idiota, lo siento de veras. Ve y disfruta la fiesta. Yo me voy a dormir.

Me quité el saco y lo aventé sobre la cama. Me metí al baño y me quité la camisa. Me agaché en el lavabo y mojé mi cara con agua fría.

Salí de nuevo a la recámara y ahí seguía. Sin llorar ya, pero con los ojos rojos y lágrimas aún en las mejillas. Con voz de impotencia le dije:

- ¿Sabes? Lo peor de todo es que cuando te vi así, tan contenta con otros hombres, los celos me comieron por dentro y aniquilaron mi corazón, lo hicieron añicos. En su lugar sólo quedó un hueco que no puede ser llenado… Me di cuenta de que jamás volveré a ser yo mismo... y… Fue entonces que me di cuenta que no puedo vivir sin ti e, irónicamente…, vivir contigo es lo único que jamás podré hacer en la vida.

Caminé hacia la cama y me senté derrotado cerca de la cabecera esperando a que se marchara. Ana se puso de pie y caminó hacia mí. Se sentó a mi lado, tomó mis manos y me dijo:

- Te dije que si te veía con otra mujer te arrancaría el corazón porque no soportaba la idea de verte con otra. Te quiero con el alma y, estúpida de mí, terminé siendo yo quién te lastimó. ¡Nunca me lo voy a perdonar, nunca! Voy a vivir toda mi vida sintiéndome culpable por lo que pasó hoy.

Las lágrimas empezaron a salir nuevamente de sus ojos.

-Hoy aprendí que el sexo es fácil y que decir: te amo, no cuesta nada. Te he dicho que te amo muchas veces y hoy no debí haberme separado de ti. Debí haber estado a tu lado paras disfrutar juntos de la fiesta y no lo hice. Te dejé para ir a divertirme con otros. No sé si algún día serás capaz de perdonarme, pero déjame decirte esto: ¡Te amo con toda mi alma! y no te voy a dejar jamás. No me importa lo que diga nadie. No me importa ni tu madre ni la mía. Voy a ser tu mujer, me oyes ¡Tu mujer! En este momento me declaro tu propiedad. No voy a ser tu pareja o tu amante voy a ser tu propiedad. Tú eres mi único dueño y de aquí en adelante sólo vivo para hacerte feliz. ¿Quieres tratarme como a una criada? Soy tu criada. ¿Quieres cogerme delante de otros? Voy a tener un orgasmo delante de ellos. ¿Quieres cogerte a otras? Yo te las consigo. Mi única razón para vivir de aquí en adelante será tu felicidad. Y si no me crees, sólo pídemelo y te traigo a la chica del bar para que te la cojas en mi presencia. 

Cuando terminó de decirme todo eso, Ana tomó mi saco y extrajo del bolsillo interior las pantaletas que me habían regalado antes de la fiesta.

- Haría lo que fuera por echar el tiempo atrás y deshacer lo que pasó, pero no puedo hacer nada al respecto y me siento miserable… peor que un insecto. Me dijiste que el único recuerdo grato de tu infancia con nosotras era yo ¿Y que hice? Me fui muy contenta a la fiesta y dejé que me manosearan. Me porté como una puta, corriente… barata. Sé que es muy difícil que me llegues a perdonar algún día. No me importa nada que no seas tú.

Estiró la mano y me ofreció las pantaletas.

- Esto no fue sólo una calentura. Hice que Eli y yo nos masturbamos mutuamente pensando en ti y nos venimos repitiendo tu nombre. No pienso ir a ningún lado que no sea donde estés tú, porque me haces falta como el aire. Si tú quieres, yo personalmente me encargaré de que te hagas de una colección de estas.

Se incorporó y se sentó en mis piernas poniendo sus labios en los míos. Me abrazó y empezó a besar mi cuello. Me quitó el cinturón, empezó a desabrochar el pantalón y luego se puso frente a mí y empezó a desatar las cintas que sujetaban su vestido. Éste cayó al suelo y quedó desnuda delante de mí, sus senos se movían con su respiración y los pezones estaban erectos como siempre, proyectados hacia el frente. Fue entonces a donde estaba yo y me dijo con voz suave:

- Pídeme lo que quieras. Lo que desees es tuyo. Sólo pídelo. ¿Has tenido alguna fantasía? ¿Hay algo que quisieras haber hecho con alguna mujer y nunca pudiste hacerlo? No importa qué sea. No importa que tan sucio o pervertido parezca. Sólo pídelo y es tuyo.

- No… no se trata de sexo, yo…

Ana tomo mi rostro en sus manos y viéndome de frente con gesto determinado dijo:

- No nene, lo sé. Pero no me voy a mover de aquí hasta que estés convencido de que te amo. Y para probarlo te voy a dar cualquier cosa que me pidas. Dime algo que nunca hayas hecho con una mujer, anda dime. Por favor… Por favor…

El alcohol, los celos, el coraje, la decepción… La ineludible sensación de impotencia… Quería creer que había una oportunidad para nosotros. Una voz en mi interior me decía que todo estaba perdido… Mientras otra me pedía que la abrazara y pasara la vida unido a ella en un interminable abrazo… Estaba cansado… Me rendí…

- Yo… Nunca he terminado en la boca de una mujer.

Con una suavidad y una ternura que no había experimentado nunca, empezó a cubrir de besos mi boca, mi rostro y mi pecho. Su boca recorrió lenta y suavemente cada centímetro de mi torso luego, se acercó a mi oído y dijo:

- Mi amor, ¡Te voy a dar la mamada de tu vida!

Empezó a besarme delicadamente, bajando lentamente de mi pecho a mi abdomen y más abajo, retiró mis pantalones y tomó mi verga en sus manos con delicadeza, la movió suavemente y empezó a chuparla con la pasión con que lo había hecho ya antes. Empezó a besármela, sus manos acariciaban mi verga mientras su boca la recorría de arriba abajo. Se turnaba para chuparla y luego lamer con delicadeza mis muslos sin dejar de jalármela, mientras sus uñas acariciaban mis huevos. A ratos dejaba de chupar para decirme cosas:

- ¿Me perdonas mi amor, me perdonas? ¡Anda nene! ¿Si me trago tu lechita me perdonas?

- Soy tu puta nene, sólo tuya y de nadie más. ¿Quieres cogerme delante de todos para que sepan quién es mi dueño?

- Si quieres me abro las nalgas para que te cojas mi culo frente a todos.

- Anda amor échamelos encima. me los voy a tragar todos.

- ¿Después de que te vengas quieres que salgamos así, a pasearme contigo con la cara embarrada de mecos para que sepan que te la mamé?

La intensidad aumentó. Sus palabras, sus besos, sus caricias… Sentí que la vista se me nublaba y después de un rato, me vine. Cuando solté mi carga, recibió dos grandes chorros y entonces se la sacó de la boca para que bañara yo su cara mientras me la seguía sacudiendo. Se la volvió a meter y mi semen escurría de su boca que seguía subiendo y bajando mientras terminaba de eyacular en ella. Terminé de arrojar lo que me quedaba y mi verga quedó sin vida entre sus manos que seguían jalándola despacio para sacarme hasta las últimas gotas. Tenía semen en la cara y el pelo, algunas gotas se depositaron en la barbilla y de la boca escurrían hilos de semen que caían en sus tetas. Viéndome siempre a los ojos, empezó a recoger el semen que había en su cara y en las tetas con los dedos, se lo llevó a la boca y vi como su lengua estaba llena de mi leche, tragó y luego regresó a mi verga y la chupó dulcemente recogiendo las gotas que habían caído ahí. Se puso de pie y me abrazó. Entonces me dijo con voz muy suave:

- Te amo mi vida, de veras te amo. Perdóname por favor. No volveré a lastimarte jamás. Te quiero mucho.

Nos quedamos un momento acostados en la cama mirando al techo. A diferencia de las ocasiones anteriores, no hubo caricias ni besos ni frases amorosas. Solo un silencio incómodo. Estábamos callados, pensativos y, en mi caso, aún con esa sensación de vacío. El sexo existió, pero no sentía la plenitud de las ocasiones anteriores ni la gratificación del abrazo y la sonrisa satisfecha.

Entonces Ana dijo:

- No, nene. Esto no es suficiente. Hoy te voy aprobar sin ninguna duda que te amo y  que todo lo que te he prometido es cierto. Vístete, vamos a regresar a la fiesta.

- Ana, yo no creo que…

- Por favor nene, dame la oportunidad de reparar el daño… Nunca vamos a ser felices si hay algún resentimiento en tu corazón. Por favor, déjame arreglar esto.

Ana me veía con ojos suplicantes esperando mi respuesta.

- Es que… no me siento con ánimos para…

- Lo sé mi vida, lo sé… Sé que estás herido, pero déjame tratar de arreglarlo. ¿Por favor?

- Ok… Vamos. – Dije sin mucho ánimo.

Se puso de pie y me ayudó a vestirme. Se vistió y me pidió que la esperara unos momentos, fue rápidamente a su habitación a componer su maquillaje y su ropa. Regresó a los pocos minutos fresca y radiante con el maquillaje retocado y algunos pequeños cambios. Ana había ajustado su vestido y, el escote ya de por sí amplio, dejaba ver ahora gran parte de sus senos, el vestido apenas y cubría sus pezones. Además, se las ingenió para que la abertura lateral del vestido revelara más arriba del inicio de sus nalgas y fuera más amplia, mostrando la longitud total de sus piernas al caminar. Se veía aún más sensual que en la mañana, si eso es posible.

Me tomó por el brazo y regresamos al jardín. Me condujo al bar y al llegar hizo que me sentara en uno de los bancos y se dirigió a la chica de los hielos:

- Hola linda.

- Hola, señorita Ana.

- Ya conociste a mi hermano Alex, ¿Verdad?

Con gesto nervioso contestó:

- Si, ya tuve el gusto.

- Bueno, Alex me ha dicho que le pareces una gran persona, muy guapa y divertida.

La chica se puso más nerviosa aún.

- Gracias… es… muy amable de su parte.

- ¿Cómo te llamas linda?

- Karla.

- Ok, Karla, mira, la cosa es esta. Necesitamos que seas nuestra cómplice, tenemos algunas cuentas que ajustar y podríamos usar tu ayuda. ¿Nos ayudarías?

- Claro señorita Ana ¿Qué tengo que hacer?

- Ana, linda, llámame Ana. Verás, vamos a hacer una travesura realmente terrible y necesitamos que seas nuestro parapeto. Lo único que tienes que hacer es seguir viéndote hermosa y dejarnos usar la parte de atrás del estante de las bebidas un momento. Si alguien se acerca a pedirte algo lo atiendes rápido para que se marche lo más pronto posible.

- Ok, no debe ser un problema. La gran mayoría de los invitados tienen ya botellas en sus mesas y los únicos que han estado viniendo son los meseros. De ellos me encargo yo.

- ¡Eres un amor! Con razón Alex te encuentra fascinante.

Karla bajó la cabeza algo apenada y sonrió muy nerviosa mirándome de reojo.

- Sírvele otro trago. Ha pasado por algunas emociones y seguramente ya se le bajaron las copas.

Era cierto, no sentía ya esa chispa. Karla se apresuró a servirme otro whiskey y me lo puso enfrente. Ana continuó.

- ¡Gracias linda! Alex, ¿Me permitirías dejarte con Karlita no más de diez minutos por favor? ¡Sólo diez minutos, te lo prometo!

- Ok.

- ¡Gracias mi amor!

Se alejó y se encontró con Eli quien se alegró de verla y parecía preguntarle con angustia que había pasado. Ana habló con ella unos momentos y luego volvieron a verme a mí para posteriormente dirigir la mirada hacia otro lado cerca de la alberca.

 Karla me preguntó:

- ¿Estoy en problemas?

Acercando el vaso a mi boca contesté:

- Tratándose de esas dos… ¡Todos estamos en problemas!

Ana y Eli se aproximaron a una chica que estaba sentada sola en una de las mesas al lado de la alberca. La chica se les quedó viendo con franca molestia, especialmente a Eli. Ana empezó a hablar con ella y tras algunas palabras se sentaron. Conforme Ana hablaba La chica se iba calmando. Finalmente, Eli abrazó a la chica y sostuvo el abrazo unos momentos. Continuaron hablando un poco más y cuando Ana le dijo algo al oído. La chica abrió desmesuradamente los ojos y la boca cubriéndosela con los dedos de la mano derecha, pero con gesto divertido. Cruzaron unas cuantas palabras más y la chica asintió con la cabeza varias veces, se pusieron de pie. Caminaron hacia donde estaba yo y me la presentaron.

- Alex, ésta es Brenda. Brenda, éste es Alex.

Intercambiamos saludos y noté que ya había bebido algunos cocteles. Entonces Ana me dijo:

- ¿Ves al tipo que está allá con esas dos chicas?

Localicé a la persona y de inmediato lo identifiqué. Era el tipo fornido con aspecto de jugador de futbol americano y que ponía su mano en la cadera de Eli hace un rato.

- Se llama Antonio y es novio de Brenda. Se la ha pasado coqueteando con todo aquello que tenga falda en la fiesta. Brenda está enojada con él porque le puso la mano encima a Eli. Ya nos hemos disculpado con ella y Brenda quiere darle una lección. ¿No es así, Brenda?

Brenda habló viéndome a los ojos:

- El problema con ese idiota es que cree que es irresistible y lo peor es que lo que le cuelga entre las piernas es más pequeño que mi meñique ¡El muy imbécil!

- Si Karlita y tú nos ayudan, Brenda le va a dar una lección. Verás… Eli y yo le hemos dicho que tienes una verga de miedo y como ella está frustrada y además quiere vengarse, hemos acordado que eres la persona ideal para ayudarla. Ven, vamos tras el estante.

Karla, detrás de la barra, no daba crédito a lo que oía, tenía los ojos abiertos en asombro total y yo me quedé inmóvil tratando de procesarlo todo. Eli y Brenda caminaron detrás del mostrador y Ana me tomó del brazo para conducirme tras ellas. Tras el mostrador había una de las tantas palmeras que junto con varios árboles más, estaban por todo el jardín. Al pasar junto a Karla, Ana le dijo:

- Puedes ver si gustas linda. Sólo no dejes de cuidar el frente.

Brenda se recargó en la palmera y Eli la empezó a tocar por encima del vestido. Acarició suavemente sus senos y bajó su mano hasta el vientre. Brenda empezó a respirar profundamente presa de la excitación. Ana me puso frente a ella y acariciaba mi verga por encima del pantalón. Eli Apretó la entrepierna de Brenda por encima del vestido y la frotó un rato hasta secarle un suspiro entrecortado, metió las manos bajo la falda y con delicadeza le bajó las pantaletas hasta el suelo y se las quitó. Ana, con sus masajes despertó mi verga que ya estaba dura bajo el pantalón. Recargada de espaldas contra la palmera, Brenda levantó su falda y me mostró su panocha cubierta de vello púbico. Ana bajó el cierre de mis pantalones y expuso mi verga a su mirada.

- ¿Mejor que a lo que estás acostumbrada?

- ¡Muuucho mejor!

Al fondo, a un lado del estante, Karla miraba sin perder detalle. Ana me acercó a Brenda y le dijo:

- ¡Siéntela! Se puso dura para ti.

Mordiéndose el labio inferior, empezó a jalármela. Le acariciaba la cabeza y recorría toda su longitud. Eli me dijo:

- No la hagas sufrir más. Te necesita.

Me acerqué hasta que nuestras caras se tocaron. Ella dirigió mi verga a su entrada y yo empujé. Mi verga se anidó en un solo movimiento en su interior y Brenda abrió los ojos y la boca dejando escapar un jadeo. Ambos empezamos a movernos entre suspiros y respiraciones entrecortadas mientras nos besábamos y cogíamos salvajemente, en tanto que Eli y Ana nos animaban.

- Así Brenda, Así. Siente cómo te están metiendo una verga de verdad.

- Dale Alex, dale. Ya le hacía falta una buena cogida.

- ¿Te gusta Brenda? ¿Esta verga sí te llena bien?

- Anda Alex. Regálale un orgasmo. Ya le urge. Cógetela hasta que le tiemblen las piernas.

Durante todo este tiempo, Karla veía con excitación como me cogía a Brenda, ya había metido su mano bajo sus pantalones moviéndose la panocha y apretando una de sus tetas por encima de su uniforme. Había descuidado por completo su trabajo y su masturbación furiosa la acercaba al orgasmo. Unos minutos más y Brenda se puso rígida apretando los dientes. Yo seguí metiéndosela y finalmente empezó a sacudirse en el orgasmo. Cuando levanté la vista vi a Karla al fondo, recargando su cabeza contra el estante, acariciándose todavía, pero con suavidad, disfrutando de las últimas contracciones de su venida.

Me salí de Brenda y Eli se acercó a ella, con suavidad usó sus pantaletas para limpiar sus jugos. Con cada toque Brenda se sacudía. En ese momento Ana llamó a Karla.

- Ven acá linda, es hora del toque final.

Karla se aproximó sin dudarlo.

- Tú vas a poner la cereza sobre el pastel, linda. Jálasela hasta que se venga. Brenda, ¿Estás lista?

Sin contestar, Brenda se arrodilló frente a mí.

- Anda Karlita, acaba el trabajo.

Karla empezó a masturbarme mientras se recargaba junto a mí. Mientras tanto Brenda ponía sus labios en la cabeza de mi verga y la chupaba con delicadeza.

- Anda Alex, Dáselos todos. Si necesitas ayuda, estoy segura de que a Karlita no le importará si le pones la mano encima. ¿Te molestaría eso Linda?

Karla negó en silencio con la cabeza y entonces empecé a tocarle los pechos y las nalgas mientras ella miraba sin perder detalle cómo mi verga estaba siendo chupada por Brenda. Estaba yo al borde, veía a Karla jalándome la verga furiosamente y a Brenda chupar y lamer la cabeza esperando con ansias mi semen. Karla aceleró sus movimientos y yo gemí mientras me sacudía al soltar mi carga que fue recibida por Brenda en su boca sin dejar escapar ni una sola gota.

Brenda paseó el semen por toda su boca con la lengua mientras me miraba seductoramente, en tanto Karla exprimía lentamente las últimas gotas de mi ya blanda verga.

- Gracias Karlita eres una cómplice increíble ¿Serías tan genial de traer unas servilletas y limpiar a Alex y a Brenda?

Karla obedeció y me limpió con delicadeza, guardó mi verga en mis pantalones y subió el cierre viéndome a los ojos. Luego, limpió las comisuras de la boca de Brenda que había tragado ya mi carga.  Ana se volteó a ver a Karla y le dijo:

- ¡Eres genial linda! Gracias por la ayuda. Te dejamos que regreses a tus labores.

Le dio un beso tierno en los labios y remató diciéndole:

- Si algún día quieres venir a cogerte a mi hermano, sólo llámame y yo voy por ti.

Brenda se arregló la ropa y Eli le acercó sus panties completamente mojadas. Entonces Ana dijo:

- Brenda, cielo, ¿sabes? A mi hermano le gustaría tener un recuerdo tuyo.

Brenda tomó sus panties de la mano de Eli y me las dio diciendo.

- ¡Te las ganaste campeón! Ya me hacía falta algo así desde hace mucho.

Ana le dijo entonces:

- Anda Brenda ve y ponlo en su lugar. Ven nene lo que sigue te va a encantar.

Nos sentamos los tres en la barra y Karla, toda hecha sonrisas se acercó y me sirvió un whiskey y a las chicas una copa de vino blanco. Tomamos nuestras copas sin perder de vista a Brenda que se dirigió a donde estaba su novio con las chicas y cuando llegó le plantó un enorme beso en la boca. Le metió la lengua por todos lados dejándole, sin duda, bastante de mi semen.

Yo casi escupo mi trago y todos nos reímos con ganas. Karla exclamo:

- ¡No puede ser! ¿De veras? ¡No inventes!

Después del beso Brenda le propinó tremenda cachetada y dio media vuelta para salir de la fiesta. Antonio se quedó ahí sin saber que hacer mientras algunos invitados veían sorprendidos la escena y otros se reían abiertamente. Cuando reaccionó salió tras ella diciendo:

- Brendita, vida. Pero, ¿qué hice?... No te vayas amor, espera… Brenda…

Después de reír un rato Ana me dijo:

Aún no hemos terminado nene, ven.

Tomamos nuestras copas y nos despedimos de Karla a quien le pidió Ana que nos enviara un par de botellas de vino blanco a la palapa de la playa, después de unos pasos ésta le preguntó a Ana en voz alta:

- Oye, ¿lo de la invitación… es en serio?

Ana regresó y sacó un bolígrafo del chaleco de Karla, tomó su mano y anotó en la palma su número de teléfono. Le puso de vuelta el bolígrafo en la bolsa del chaleco y con una sonrisa pícara le dijo:

- Llámame.

Caminamos con nuestras bebidas a donde se encontraba el resto de la gente. Mis primas me abrazaban una de cada lado y sonreían Eli tomó mi mano libre e hizo que la pusiera descaradamente en sus nalgas, Ana puso su mano libre atrás de mí y metió sus dedos por dentro de mi pantalón dejando el pulgar afuera. Con toda intención nos hizo pasar frente al tipo que le puso la mano encima.

Al verla, de inmediato se acercó y se puso frente a ella ignorándonos a Eli y a mí.

- ¿Dónde te habías metido Anita? Desapareciste sin dejar rastro. No me digas que no te la estabas pasando bien. Te he estado esperando.

Ana lo vio con una sonrisa seductora y le dijo:

- Ah, eso. Lo que pasa es que una chica tiene sus necesidades y de repente sentí una terrible necesidad de un hombre. Y como el único hombre que me llena es Alex, pues fui por él y ahora vamos a la playa en donde nos vamos a hacer el amor como locos. Así que no me esperes de pie porque lo más probable es que ya haya acabado la fiesta antes de que terminemos.

Volteando a verme con su hermosa sonrisa me dijo:

- ¿Vamos mi amor? ¡Ya no aguanto más!

Me plantó un profundo beso en los labios mientras alborotaba la parte de atrás de mi cabello y luego tomó mi cinturón y nos jaló a Eli y a mí con rumbo a la playa. Cuando Eli pasó junto a él le dijo:

- Hay snacks en la cocina.

Nos alejamos mientras él veía como Eli contoneaba su precioso trasero con mi mano encima.

Al caminar hacia la palapa vimos a mi mamá y mis tías que venían caminando con sus zapatos en la mano después de un paseo por la playa. Nos vieron a la distancia y nos saludaron con la mano, saludamos de vuelta y tomamos rumbos opuestos. Llegamos a la palapa y nos quedamos de pie de cara al océano. Terminé mi copa de pie, con ellas a mi lado, contemplando la oscuridad del mar por un momento mientras ellas tenían sus miradas fijas en mí. Después de un momento empecé a reír en voz baja y poco a poco más fuerte. Llegó el momento en que no pude contenerme más. Era una risa intensa, casi histérica. Las tensiones, los celos, el enojo, las preocupaciones se escaparon de mí en ese momento.

- ¿Hay snacks en la cocina? ¿En serio? ¿Hay Snacks en la cocina?

Ambas soltaron la carcajada.

- Y… y… el otro tipo, Brendita, Brendita cielo, espérame…

Las carcajadas aumentaron. Nuestros ojos lloraban de tanta risa y casi no podíamos respirar. Al cabo de unos momentos las risas cesaron poco a poco. Llegó un camarero con el vino en hielo y unas copas, las sirvió, se despidió amablemente y desapareció.

Las chicas se acercaron y me abrazaron.

- ¿Estamos perdonadas?

- Claro que sí. Sólo… Es que si volviera a ver…

- No mi vida, nunca, nunca, nunca. ¿Verdad Eli?

- No nene, ¡jamás!

- No necesito nada que no… Olviden las promesas, no sería justo pedirles que…

Ana puso un dedo en mi boca y me dijo:

- Calla tontito… calla. Yo no quiero nada más que no seas tú. Te prometí que iba a ser tuya y así va a ser. Nadie me obliga. Si tú me dejas, quiero ser sólo tuya. ¡Tu propiedad mi amor!

- Yo también nene. Sé que eres de Ana, pero te prometí que podías hacer conmigo lo que quisieras y así va a ser. Nunca me había sentido tan contenta… en verdad. Cuando hago el amor con ustedes me siento… sin preocupaciones… libre.

Casi al punto del llanto les dije:

- Vamos, el vino se entibia.

……….

Pasaba la una de la mañana y los invitados se retiraban. Después de algunos momentos, la noche volvió a ser silenciosa. Terminamos la botella de vino y sólo se oía el mar. Nunca había sentido tanta paz y tranquilidad en mi vida. Ahí, sentado en medio de mis primas que también tenían la mirada fija en esa oscura inmensidad mientras se recargaban en mis hombros y me acariciaban el pecho por debajo de la camisa. Estaba a punto de decirles que regresáramos cuando apareció Jess.

- Alex, ¿Me dejas sola con mis hermanas un rato por favor?

Ordenaba más que preguntaba.

- Eli volteó a verla y le dijo:

- Cualquier cosa que tengas que decir la puedes decir con él aquí.

- No Eli, en verdad necesito hablar a solas con ustedes.

Me puse de pie y les dije que no había problema que las dejaría solas para que hablaran. Ana me detuvo y me dijo:

- No nene, Jess tiene que hacerse a la idea de tu presencia.

 Jess intervino con impaciencia:

- Es justamente de lo que quiero hablarles. Hace unas horas Alex y yo hablamos y me dijo cosas que… bueno… que tiene razón.

Ana y Eli intercambiaron miradas.

- Tienes razón Alex. Me oculto tras esta apariencia y esta actitud por temor… por… inseguridad y venía a ver a mis hermanas para que me ayudaran a… bueno… pues a cambiar mi imagen…

Las caras de Ana y Eli reflejaban su asombro sin disimulo alguno.

- Pero también quiero hablar con ustedes de este jueguito que se traen los tres. ¿De qué se trata todo esto? ¿Me van a excluir de su vida así nomás?

La voz de Jess empezó a quebrarse.

¿Ya no me quieren? ¿Están fastidiadas de mí?... ¡No digan que ya no me quieren! ¡Por favor… ustedes son lo único que tengo…!

El llanto ya era franco. Ana y Eli se levantaron de inmediato y abrazaron a Jess consolándola con todo tipo de palabras dulces, asegurándole que eran hermanas y la amaban. Ya con el llanto controlado Jess preguntó:

- ¿Qué pasa entonces? ¡No entiendo!

Eli la tomó por los hombros y le preguntó:

- ¿Puedo confiar en ti? Quiero decir ¿Realmente… confiar en ti?

- Ya sabes que sí Eli. Somos hermanas. Haría cualquier cosa por ti y por Ana, lo sabes.

- Porque lo que vas a oír es importante. No es como cuando te cubríamos en tus escapadas para ir a un concierto raro de esos o como cuando le decías a mi mamá que Ana y yo íbamos al cine cuando en realidad nos escapábamos con algún novio. Esto es muy importante para Ana y para mí. ¿En verdad… puedo confiar en ti?

La cara de Jess empezaba a mostrar preocupación.

- ¿Por qué Eli, que pasa?

- Si le cuentas esto a alguien no sólo nos vas a hacer daño, podrías destruir a la familia. Ahora contesta ¿Te puedes callar lo que oigas sin importar qué sea?

- Si Eli, claro que sí. Es más, si puedo ayudar no tienes más que pedirlo.

Ana jaló una silla para Jess y se sentó muy cerca frente a ella mientras yo me sentaba junto a Ana a un lado.

- Recuerda tu promesa Jess… bueno… La cosa es que Ana, Alex y yo somos amantes.

El shock en la cara de Jess era absoluto. Quiso abrir la boca para decir algo, pero las palabras simplemente no salieron.

- Nos amamos Jess… La historia es larga y francamente, algo tortuosa. Pero nos hemos encontrado y… simplemente no hay remedio. Ellos dos están enamorados y yo… yo comparto su amor.

- Pero… pero… si somos…

- Si Jess, lo sé. Somos primos y al principio también me resistí, pero Alex y Ana me… bueno me hicieron sentir su amor como no había sentido amar a nadie antes. Sé que esto desafía toda convención y no te culparía si no lo aceptas. Sólo te pido que te lo guardes.

Jess alternaba su mirada entre Eli y nosotros sin poder terminar de procesar la idea.

- Ana y yo te queremos como no tienes idea. Eres nuestra hermana, hemos vivido juntas casi toda nuestra vida. Y no queremos que sientas que te hacemos de lado o te olvidamos, es sólo que… bueno estos últimos días han sido… complicados.

Cuando Jess oyó la palabra complicado volvió a verme.

- ¿Esto es a lo que te referías Alex?

Yo asentí con la cabeza y permanecí callado.

- Y… ¿Tú las amas?

- Amo a Ana con toda mi alma y Eli está con nosotros. Estoy… en sus manos.

Jess se levantó de su asiento y se alejó unos pasos. Eli iba a ir tras ella, pero Ana le dijo:

- Déjala. Necesita tiempo para asimilar la idea.

Después de un tiempo Jess regresó y ocupó su silla nuevamente. Calló un momento y preguntó:

- ¿Y ustedes han… ya saben… ustedes han… eso…?

Ana se levantó de mi lado, se aproximó a su Jess arrodillándose en la arena y tomándola por las manos contestó:

- Sí, Jess. Hemos hecho el amor ya varias veces. Y ha sido maravilloso. Jamás, con ningún chico con el que alguna vez estuve, he sentido lo que siento con el nene… y cuando Eli está ahí. Es mucho mejor y… ¿sabes por qué? Porque los amo. El sexo con otros chicos fue divertido. Hasta bueno, si tú quieres, pero esto… Esto es diferente. Me siento plena, feliz. Con otros siempre había la inseguridad, el temor, la duda. Con él no hay duda. Lo conozco de toda mi vida y lo amo desde que era niña.

Jess escuchaba atentamente sin perder detalle. No parecía estar en shock ya y asimilaba toda la información de manera analítica.

- Tampoco te voy a decir que es fácil y que las cosas se dan en automático. Sólo hace unas horas tuvimos una situación en la que mi hermana y yo lastimamos al nene. Cuando me di cuenta de lo que había pasado me sentí como una cucaracha. Cuando cobré conciencia de que lo había herido y pude ver su dolor creí que me iba a morir. Fue entonces que me di cuenta que estoy en verdad atada a él. Eli lo lastimó también… mucho, le pedí que nos dejara reparar el daño y le juramos que, aunque nunca llegue a perdonarnos, jamás lo lastimaríamos de nuevo y al final, no sólo nos perdonó, sino que nos dijo que nuestra ausencia le dolía.

Ana hizo una pausa y Eli añadió.

- Como puedes darte cuenta nuestros lazos son muy fuertes. No tiene por qué gustarte, pero ya que hace unos momentos me ofreciste tu ayuda te voy a tomar la palabra y voy a pedirte que nos guardes el secreto.

Jess, que mantenía la cabeza baja mientras escuchaba, volteó a ver a Ana y le preguntó:

- ¿Qué se siente Ana? ¿Cómo se siente estar enamorada de veras?

A Ana le volvió su maravillosa sonrisa al rostro y con emoción contestó:

- ¡Es cómo comer chocolate todo el día! o ¡cómo estar rodeada de cachorritos juguetones que te hacen cosquillitas en los pies con sus lengüitas o ¡cómo cuando una ola te levanta y te deja caer suavemente, solo para venir por ti otra vez meciéndote todo el tiempo. ¡Y cuando por fin estoy con él haciendo el amor…! ¡Es simplemente formidable!

Poniendo esa carita de niña confesando alguna de sus diabluras con una sonrisita pícara, añadió:

- A mí me gusta decirle cositas sucias para excitarlo. ¡Es maravilloso Jess! ¡Maravilloso! No tengo que reprimirme, no con él.

- Bueno supongo que las voy a ver menos de ahora en adelante. Creo que van a estar muy ocupados… haciéndose el amor.

- Jess, tú puedes vernos cuando quieras… incluso cuando hagamos el amor… si quieres.

Jess se rio de la ocurrencia de Ana.

- Tú y tus bromas.

Ana se la quedó viendo con una enorme sonrisa y le dijo:

- ¿Sabes qué? Ana y yo le prometimos que al terminar la fiesta le haríamos el amor hasta que no pudiera más. La fiesta ya acabó y en este momento me lo voy a coger. Puedes quedarte a ver, si gustas.

Jess se quedó con la boca abierta y vio a Ana levantarse en mi dirección. Llegó a mí y se sentó en mi regazo. Desabotonó completamente su vestido y sus senos salieron al tibio aire de la noche.

Empezó a besarme con pasión y a quitarme el saco y la camisa yo tomé sus pechos con mis manos y me deleité con sus pezones. Empecé a chuparlos y ella respondía al contacto. Jess se quedó allí plantada sin mover un músculo. Ana se puso de pie y dejó caer su vestido quedando completamente desnuda. Volvió a mí puso su panocha frente a mi cara. Yo la besé con ternura mientras le acariciaba las nalgas. Saqué la lengua y exploré el interior de sus labios hasta llegar a su botón de placer. Jugué con él un rato y Ana respondía aventando las nalgas al frente.

En ese momento Eli tomó a Jess del brazo y la acercó a nosotros. Hizo que se arrodillara en la arena y sus ojos quedaron a la altura del pubis de su hermana. Entonces Eli bajó mi cierre, desabotonó el pantalón y lo bajó hasta medio muslo. Mi verga ya estaba casi erecta y Jess pudo ver como terminaba de crecer. Eli le dijo:

- Déjame mostrarte un juego que Ana me enseñó. Agárrale la verga

- ¿Cómo crees?

- Yo sé que tú no estás enamorada de él como Ana, pero si quieres puedes jugar con él. A mí me encanta.

Ana le dijo:

- Anda Jess te vas a divertir.

Eli guió la mano de Jess a mi verga e hizo que la tomara.

- Eso es. Ahora apuntala a la panochita de Ana y no la vayas a soltar.

Ana separó su pubis de mi boca y bajó al encuentro de mi verga. Eli ayudó a Jess a apuntarla a la entrada y cuando Ana la sintió en posición bajó suavemente metiéndosela toda en un movimiento hasta topar con la mano de Jess.

- ¡Oh, sí amor! ¡Otra vez te tengo adentro! ¿Te gustó cogerte a Brenda?

Jess no creía lo que oía y el calor empezó a llegarle al pecho y la entrepierna. Ana se movía muy lentamente para no hacer que me viniera yo muy pronto.

- Sí fue genial cuando se levantó la falda para invitarme a que me la cogiera.

- ¿Y la chica del bar? ¿Te gustó como te masturbó?

- Sííí.

- Traes loca a la perrita mi amor. ¿Viste cómo se masturbó mientras te cogías a Brenda? La mandaste a casa con las pantaletas mojadas mi amor. Seguramente todavía se la está sacudiendo pensando en tu verga. Dime la verdad mi amor ¿Te la cogerías? Porque yo quiero que te la cojas mi vida. Quiero oírla gemir de placer mientras le entierras la verga.

Ana volteó a ver a Jess y notó que la calentura ya era irrefrenable.

- Eli mi amor, ven aquí, te toca. No vayas a soltar la verga del nene Jess, porfa.

Ana se desmontó y puso de pie a su hermana la besó en la boca metiéndole la lengua mientras le pellizcaba los pezones. Luego la puso con el trasero hacia Jess y le levantó la falda exponiendo su perfecto trasero a la vista de su prima.

- ¿No extrañabas ya el trasero de Eli mi vida?

- Lo extraño siempre mi amor. Siempre.

- Ya lo sé. Cochinote. Su culo siempre te ha parado la verga.

Elí añadió:

- ¿Quieres que me dé unos sentones en ella nene? ¿Quieres que te coja tu primita, mi amor?

- Sí preciosa. Ven, no aguanto más.

- ¡Pobrecito! Ya te anda por enterrarme el pito, ¿Verdad nene? No te preocupes, tu primita te va a quitar la calentura.

Eli se ensartó la verga en su panocha y también bajó en un solo movimiento hasta donde la mano de Jess seguía agarrando mi palo. Mientras tanto, Ana se sentó junto a Jess y, mientras Eli me cogía al tiempo que me decía más cosas, Ana empezó a hablar con Jess.

- Dime la verdad Jess, ¿No te pone esto más caliente que una estufa?

- S..sí. 

- No contestes si quieres, pero ¿No te gustaría ser tú la que esté subiendo y bajando montada en esa vergota? No te estoy pidiendo que lo hagas, sólo que pienses si te gustaría o no. Anda, dime.

- La verdad es que sí.

- Velos disfrutar. Sin culpa, sin dudas. Están seguros de que el otro jamás los lastimaría y se abandonan al encuentro. Tú ahorita podrías estar en el lugar de Elí y probablemente lo disfrutarías, pero jamás con la intensidad con que lo gozamos nosotras, porque nosotras estamos libres de rencores. Amo a Alex y ellos han superado sus diferencias y se dan cuenta de que se quieren a pesar de lo que haya pasado entre ellos y por lo tanto no tenemos dudas. ¡Es hermoso Jess! Espero que nos entiendas.

- ¿No te molesta verlos así?

- No, Jess. No me molesta nada. Los amo a los dos. Me siento feliz cuando ellos son felices y ellos sienten de la misma manera por mí. Sé que esto te va a sonar raro, pero de alguna manera, desde que estamos juntos los tres, me siento… sin culpa. ¿Quieres un ejemplo? Desde que Eli se montó en el nene no he dejado de masturbarme mientras los veo y hablo contigo... mira.

Jess bajó la mirada y alcanzó a ver la mano de Ana acariciándose, metiéndose un dedo entre los labios y frotando de arriba a abajo el clítoris.

 Tú, en cambio, estás tiesa como una tabla. Son tus primos, me queda claro que los quieres mucho y, aun así, no puedes disfrutar de su felicidad. No hablo de que te guste o te caliente lo que ves, no. Hablo de sentirte feliz porque dos personas que amas están siendo felices. Hace unos días le dije a Eli que su problema y el tuyo es que no saben amar, nunca han amado realmente. Eli lo ha superado. Mírala y dime que no está gozando.

- No sé si yo pudiera…

- ¡Puedes! Solo necesitas encontrar a la persona adecuada, así como nos encontramos nosotros y dejarte llevar Jess. Probablemente Alex no es para ti, ¿Pero… no puedes sentirte feliz por ellos o por mí?  Jess, ¿Sabes que te amo verdad?

- Sí, lo sé.

- ¿Crees que te haría daño de alguna manera?

- No.

- ¿Quieres intentar? Si no lo quieres está bien, yo entenderé.

- No sé Ana… No sé si amo a Alex como tú… pero…

- ¿Pero?...

- Pero me gustaría algún día sentir esa libertad de la que hablas… ¿Sabes?... Cuando me acuesto con algún chico nunca acabo. Trato con todas mis ganas, pero… simplemente no pasa nada. Siempre estoy muy tensa… no me puedo abandonar como ustedes.

- De acuerdo mi amor, suelta ya al nene. Jamás te obligaría a hacer algo que te haga sentir mal. Puedes estar segura de que jamás te lastimaríamos. Y cualquiera que sea tu decisión nosotras… nosotros estaremos contigo. Si quieres te acompaño a casa. Ven, vamos.

Jess no apartaba su vista de nuestro encuentro.

- No, Ana. Quisiera… quisiera intentar… si a ustedes no les molesta.

- Pero claro que no, amor. Nos harías muy felices.

Ana la besó en la boca. Al principio Jess no respondió, pero después de unos segundos devolvió el beso con pasión. Ana desabotonó el cuello del vestido de Jess y le bajó la parte superior sin dejar de besarla. Pasó las manos por su espalda y desabrochó el sostén. Las enormes tetas de Jess cayeron pesadamente sacudiéndose y Ana empezó a acariciarlas con ternura. Se separó de su boca y puso las manos de Jess en sus propios pechos.

- ¡Mira nada más que bella eres! ¡Tienes el rostro de un ángel y el cuerpo de una diosa! Levantó sus pesadas tetas y empezó a chupar los pezones después, bajó una de sus manos a la entrepierna y empezó a jugar con ella. Jess empezó a suspirar y a retorcerse por el contacto. Estuvieron así, tocándose y besándose entre suspiros y jadeos un rato y entonces Ana la hizo ponerse de pie. Metió la mano bajo su falda y puso las manos bajo sus bragas mientras Jess se retorcía con los ojos cerrados. Ana pausó un momento y se las quitó para luego volver a meter la mano entre sus piernas y la masturbó más intensamente. Cuando Jess estaba ya gimiendo, Ana le susurró al oído:

- ¿Estás lista?

- Jess asintió varias veces.

- Se acercó a su hermana y le dijo:

- Es el turno de nuestra hermanita, Eli. ¿Le prestas al nene un ratito, mi amor?

Eli les dedicó una sonrisa a ambas y se salió.

- Anda Jess. ¡Móntalo!

- Jess con un poco de inseguridad se levantó la falda dejando al descubierto una hermosa panocha cubierta de vello de la que asomaban los labios interiores, carnosos y abundantes. Abrió las piernas y se montó. Bajó lentamente con expresión de total placer en su rostro y luego empezó a moverse lentamente de atrás a adelante cerrando los ojos con fuerza.

- No, mi amor. No. Abre los ojos. Velo directamente al rostro mientras te metes su verga. Velo y reconoce a la persona que te está haciendo feliz. Huele el sudor y el sexo. Siente su respiración, oye sus jadeos. Sigue moviéndote y siente su verga adentro de ti. Siente cada centímetro. No tengas miedo Jess. Tú te lo estás cogiendo a él. El pobrecito no puede defenderse. Lo tienes donde quieres. Haz con él lo que quieras. Mira como lo tienes embobado con tus tetas. No puede apartar ni sus manos ni sus ojos de ellas. Lo tienes indefenso. Haz con él lo que se te antoje. ¡Cógetelo, Jess! ¡Cógetelo!

Ana y Eli se masturbaban la una a la otra mientras Jess me cogía cada vez más rápido. De vez en cuando se les oía hablar entre jadeos.

- Dinos Jess. ¿Qué estás haciendo?

- Estoy… cogiendo…

- ¿Te gusta Jess?, ¿Te gusta?

- Sííí

- ¿Con quién estás cogiendo Jess?, ¿Con quién?

- Con Alex... Con el nene... ¡Me estoy cogiendo al neneee!

- ¿Te gustan esas tetas nene? Seguro te paran la verga. Eres un cochino nene ya te cogiste a todas tus pobrecitas primas. Tu verga ya ha estado adentro de todas nuestras pobres panochitas, puerco. ¿También a ella la vas a llenar de leche?

Jess ya movía sus nalgas a una velocidad tremenda, jadeaba con los ojos cerrados otra vez, apretando los dientes y repitiendo una y otra vez:

- Sííí, Sííí, Sííí, Sííí, Sííí, Sííí.

Yo no aguantaba más. Estaba pegado a sus tetas como un bebé. Las chupaba, las amasaba, las mordía…

- Si, Jess. Cógetelo, acábate su verga, sigue moviendo el culo. Tómalo todo, ¡tooo…doooo!

- Entiérrale el pito mi amor. Dale verga, ¡Dale ve...rrr…gaaaa!

Jess explotó.

- ¡Puta madreee! Sííí, Sííí. Me estoy viniendo nenee. ¡Dame verga, damee…eee… veeerrr…ggaaa! ¡Oh, Diosss, sssiii!

La inundé mientras ella se sacudía con su cabeza sobre mi hombro, seguía apretando los dientes y los ojos jadeando llena de placer.

Ana y Eli yacían exhaustas, abrazadas sobre la arena después de haberse venido en manos de la otra. Jess se relajó después de unos momentos y se quedó recargando sus enormes tetas en mi pecho y su cabeza en mi hombro, susurrando ¡Oh Dios… por fin, por fin…!

A eso de las tres y cinco de la mañana cuatro fatigadas figuras caminaban abrazadas y satisfechas hacia la casa de la playa. En el bolsillo de mi saco había unas nuevas pantaletas húmedas y entre las piernas de Jess la sensación placentera del orgasmo que se le había negado durante tanto tiempo.

No bien había tocado la cama me perdí en la oscuridad acogedora del sueño.

Ana había cumplido su promesa… 

Lunes

Lunes. Once y diez de la mañana. El sol entra a raudales por la ventana. Afuera, en el exterior de la casa, se oyen ruidos y voces. Me quedo acostado un momento más y empiezo a cobrar conciencia de mi propio cuerpo. Me duelen piernas, brazos y espalda. Abro los ojos y la luz entra como un latigazo de electricidad que viaja, en menos de un segundo, hasta mi cabeza y la golpea con la fuerza de un tren. Vuelvo a cerrar los ojos con fuerza y después de unos segundos los abro lentamente. Poco a poco me acostumbro a la luz y con gran esfuerzo me siento en la orilla de la cama. Salvo por los zapatos, sigo completamente vestido, hasta el saco blanco sigue aún sobre mí, arrugado y lleno de arena al igual que el resto de mis ropas. Me pongo de pie y me quedo quieto un momento para afianzar mis piernas en la realidad. Me quito el saco y lo arrojo a la cama. Del bolsillo interior salen unas pantaletas rosas y unas blancas y entonces todo viene a mi mente. El recuerdo del sexo, de los celos, de las lágrimas y del éxtasis. Tomo el saco, busco en los bolsillos laterales y ahí están dos pantaletas más, una en cada uno. Las identifico, relaciono los colores y las formas con cada una de las entrepiernas que aún cubrían hace algunas horas. Las acerco a mi rostro, aspiro y recuerdo cada momento del día anterior. Las guardo entre mis cosas donde nadie las pueda encontrar, me quito la ropa y me meto a bañar con una erección entre las piernas.

Bajé a la cocina pensando en tomar unos cuantos litros de jugo, cuando llegué me encontré con mis tías y mi mamá platicando muy divertidas frente a una taza de café.

- ¡Hola dormilón!

- ¿Y por dónde salió el sol?

- ¡Alex! ¿Cuánto bebiste anoche?

- Deja al nene. Era una fiesta y se supone que en una fiesta uno se toma sus copitas. No es como si se hubiera caído de borracho o algo así.

- Buenos días tía Eli.

- Por donde siempre tía Jess… ¡Creo!

- Dejé de contar después de seis botellas mamá.

Mis tías se rieron y mi mamá dijo con una media sonrisa en la boca:

- ¡Chamaco del demonio…!

Tía Jess me dio un beso en la mejilla e hizo que me sentara en la mesa para servirme el desayuno… o como sea que se le llame a la comida a esa hora. El café fue un bálsamo y el jugo con un par de huevos fritos con tocino me volvieron a la vida.

- Y ustedes no se rían. ¿Cómo esperan que eduque yo a este chamaco si se la pasan consintiéndolo?

- Alex no es ningún chamaco, es un hombre ya. Y déjame decirte que es un gran hijo. Habías de ver las que pasamos nosotras con nuestras niñas. ¡Ni te lo imaginas! Eran… ¡son tremendas!

Mamá sonrió sabiendo que tía Eli tenía razón y me preguntó:

- ¿Y siquiera te acuerdas de cómo te la pasaste anoche chamaco?

- Las imágenes son borrosas… recuerdo algo de unos caballos y un delfín en muletas.

Todas se rieron a carcajadas. Mi mamá se me acercó y me dio un beso en la frente.

- ¡Tonto!

Terminé el desayuno y pregunté por mis primas.

Tía Jess dijo:

- Están en la alberca.  A esa hija mía le van a salir escamas.

- Además… - añadió tía Eli. – Algo traman. ¡Si no las conoceré yo! Han estado cuchicheando toda la mañana.

En eso entró una de las chicas que iban a hacer el aseo a avisarle a mi tía que ya habían terminado de recoger todo lo de la fiesta y se lo llevaban ya. Me asomé por una de las ventanas que dan al jardín y vi como arrancaba la camioneta llevando las mesas, sillas y el bar portátil. ¡Cómo iba yo a extrañar ese bar! 

Salí a la alberca y allí estaban las tres, de pie dentro del agua platicando animadamente. En cuanto Ana notó mi presencia dijo:

- ¡Hola, Nene! Ven metete con nosotras. El agua está genial.

Me acerqué hasta la orilla cerca de donde estaban y saludé:

- ¡Hola chicas!- Viendo a Ana le dije: -Me muero por meterme al agua pero recuerda que no puedo nadar… Esto es como morirse de sed frente a una cerveza y no tener un destapador.

- ¡Ay, no…! ¡Pobrecito…! ¡Es mi culpa!

- Ya te dije que no es culpa de nadie.

- Pues si tú no puedes nadar, yo tampoco nado. No me vuelvo a meter al agua hasta que tú puedas.

- No, Ana. No te preocupes. Yo quiero que estés feliz, que te la pases bien.

Ana se salió del agua y me abrazó.

- Yo sólo estoy feliz cuando estoy contigo.

Me tomó de la mano y me llevó hasta unos reclinables a la sombra de los árboles. Me sentó en uno y dijo:

- Déjame ver.

Levantó mi playera y examinó las heridas en mi espalda.

- Creo que se ven mejor. ¿Cómo te sientes?

 Me di la vuelta y viéndola de frente le dije:

- Mal… El dolor está desapareciendo…

Nos quedamos embobados viéndonos a los ojos resistiendo el impulso de besarnos.

Jess y Ana salieron de la alberca y se sentaron con nosotros. Eli preguntó:

- ¿Cómo sigues mi amor, aún hay molestias?

Zafándome del embrujo de los ojos de Ana le contesté:

- Mucho mejor Eli. Gracias a ti.

- Déjame ver.

Volvió a levantar mi playera y revisó con todo cuidado presionando ligeramente en algunos puntos y preguntando si me dolía.

Jess preguntó con asombro:

- ¿Pero qué te pasó?

Eli contestó:

- La salvaje de tu hermana que hace el amor como los leopardos. Eso pasó.

Jess, con los ojos fijos en mi espalda, estiró la mano y la pasó por mis heridas.

- Debió ser el orgasmo de tu vida Ana.

- Los mejores orgasmos que haya sentido jamás.

Poniendo cara de niñita haciendo pucheros bromeó:

- Pero Elí mala ya no me deja.

- ¡Niña, te lo vas a acabar!

- ¡Pero si es mío!

- ¡También mío y si vas a hacer pucheros te quedas sin postre!

- ¡Nooo!

Nos reímos y cuando las risas cesaron se hizo un silencio incómodo. Eli fue la primera en reaccionar y rompió la extraña situación diciendo:

- Bueno… Jess y yo nos vamos a cambiar. Te esperamos Ana.

Volteé a ver a Ana con curiosidad. Y ella con una sonrisa emocionada me dijo:

- Jess nos pidió ayuda para seleccionar un guardarropa nuevo y maquillaje y accesorios y… Bueno… todo eso que usamos las mujeres para vernos guapetonas. Así que pensamos llevarla de compras.

- ¡Genial… realmente le hace falta!

Dándome un golpecito en el brazo me dijo:

- ¡Menso!

- Jess nos dijo que quería que fuera como un “jueves de chicas”… como lo hacen nuestras mamás…

- Sólo que en lunes ¿eh? Yo hubiera escogido otro día, pero suena muy bien.

Después con cierta timidez agregó:

- Oye mi amor… Jess está realmente emocionada y yo quisiera saber si… bueno… ¿Tú me darías permiso de ir?

- ¿Qué dices boba? No necesitas mi permiso para ir a ningún lado.

- Sí mi amor, sí lo necesito. Te dije que era tu propiedad y lo dije en serio. Soy tu mujer y no quiero ir a ningún lado sin ti, pero…

- Escúchame bien. No necesitas de mi permiso para ir a dónde quieras ir. Ve a dónde quieras, cuándo quieras. Quiero que vayas y te diviertas en este… Lunes de chiquillas. Compra un montón de cosas y hazte un manicure o… exfoliación o… como se llamen esas torturas medievales que les encantan. ¡Diviértanse!

Ana me abrazó fuertemente y no le importó si alguien nos veía. Me plantó un enorme beso en la boca y lego me dijo:

- ¡Gracias, significa mucho para mí!

- Salir con tus hermanas es importante, ve y diviértete.

- No. Lo que digo es que significa mucho para mí que me tengas la confianza después de…

- ¡Hey, ya pasó! Te amo y quiero que seas feliz. Quiero volver a verte riendo todo el tiempo y haciendo esas preciosas cosas de niñita boba que me vuelven loco… Ana, si en verdad me quieres, no vas a cambiar nunca. Si cambias, no serías la Ana de la que me enamoré.

- Me abrazó nuevamente y con su cabeza en mi pecho me dijo:

- ¡Te amo, mi vida, te amo! Te prometo que, si algún otro hombre vuelve a acercárseme, ¡Le arranco los ojos!

Se puso de pie y me dijo:

- Bueno… voy a cambiarme yo también.

- Ve mi amor, anda.

Entró a la casa y yo me recosté en el reclinable. Me quedé disfrutando de la brisa y el aire húmedo del mar. Las chicas se fueron a la ciudad y mi mamá salió a buscarme.

- Alex, voy a salir con tus tías. Ya han dejado sus negocios solos por una semana y van a pasar a checar cómo van las cosas, regresamos en la noche.

- Seguro má. Diviértete.

Mi madre se encaminó a la casa y se volteó para decirme:

- ¡Y no más alcohol niño!

- No te apures má. Sólo dos martinis, cuatro wiskis, un par de roncitos y no más hasta la hora de la comida.

- ¡Chamaco del demonio!

- ¡Yo también te quiero má!

Quedé solo en la casa. Aproveché para nadar y ver películas en la tele. A eso de las cinco de la tarde subí a mi habitación y me quedé dormido.

- Nene… Mi amor…

- ¿Mmhhh?

- Despierta flojo.

Ana estaba acostada en mi cama frente a mí, dándome besitos. Besaba mis labios suavemente y después mis mejillas, pasaba a la punta de la nariz y regresaba a mi boca.

- ¡Arriba corazón!

La vi frente a mí con esa sonrisa maravillosa rodeada de sus pecas y su aroma invadió mi nariz mientras sus hermosos ojos estaban clavados en los míos.

- ¡Anda nene, tienes que ver esto!

Empezó a empujarme con sus pequeños puñitos tratando de sacarme de la cama.

- ¡Anda grandulón, párate!

- Hola, preciosa. ¿Cómo les fue?

- ¡Súper!, ¡Pero párate ya, tienes que bajaaaar!

Seguía empujando sin lograr moverme.

- Ok, ok. Ya voy.

Me puse de pie y empezaba a ir al baño para orinar, cuando me jaló de un brazo y me dijo:

- No hay tiempo, baja ya, después vas.

- Esto urge, además no voy a tardar…

Ana me empujó por la espalda sin lograr moverme. Como una niña chiquita que trata de mover su cama sin lograrlo.

- Después, ahorita bajaaaa.

- Ok, ok, ok…

Ana voló escaleras abajo mientras yo la seguía aún sin despertar del todo. Estaban todas reunidas en la sala, madres e hijas, hablando sin cesar:

- Pero mírate nada más…

- Si estas hecha una princesa…

- ¿Verdad que está guapísima, tía…?

- Mi hijita… si pareces estrella de cine…

No estoy mintiendo. No pude reconocer a Jess. Al principio pensé que se trataba de otra persona, ¡Lo juro! Cuando finalmente la reconocí me quedé mudo. Vestía ropas ligeras y claras. Había descubierto sus brazos y traía una falda arriba de la rodilla en colores pastel que combinaban con la blusa. Estaba maquillada y con las uñas pintadas. Su cabello, que siempre desafiaba la gravedad gracias a toneladas de gel, caía suavemente al lado de los oídos hasta los hombros y, lo mejor, el estúpido collar de perro había sido sustituido por una pequeña cadenita de oro con un dije de media luna que hacía juego con los aretes.

Ana se acercó a mí muy emocionada y me dijo:

- ¿Verdad que se ve preciosa nene, verdad que sí?

- ¡Guau! Se ve increíble.

- Tía Jess se acercó y tomándome ambas manos me dijo:

- Jess nos dice que tuvieron una charla y que la convenciste de que lo mejor era cambiar su imagen. Gracias, hijo. Nunca había visto a mi hija tan hermosa.

Mirando a mi mamá contesté:

- ¡Y eso que estaba borracho!

- ¡Chamaco del demonio, vas a ver!

Mis tías se rieron y mis primas simplemente se les quedaban viendo sin entender el chiste.

Jess se me acercó y me dio un beso de primos en las mejillas.

- ¡Gracias Alex! Dime ¿Ahora si te parece que tengo clase?

- La clase depende del vaso niña, no de la ropa.

Ella se rio y todos nos veían con cara de no entender nada. Volviendo a ver a mi madre dije subiendo los hombros:

- Chiste de borrachos.

- ¡Chamaco!

Pasaban las ocho y merendamos en medio de charla amena y pláticas de los detalles del “lunes de chiquillas”. Terminamos y las chicas salieron a caminar en la playa mientras las chiquillas y yo nos sentamos en una mesa del jardín. A riesgo de que mi mamá me dijera de cosas otra vez, llevé un vaso de whiskey conmigo.

Jess dijo:

- Les va a dar un ataque a nuestras mamás cuando llegue el estado de cuenta de las tarjetas.

Elí contestó:

- Ya lo saben, ¿Crees que no tienen idea cuánto cuesta lo que compramos?

- Me siento un poquito culpable.

- No hay porqué, estaban felices y tienen razón para estarlo.

- Oye, Alex.

- ¿Sí, Jess?

- Las chicas y yo platicamos y…

- ¿Y?

- Bueno, me lo han contado todo y…

- ¿Todo?

- Con detalles… íntimos.

- ¡Guau!

Ana dijo:

Nunca ha habido secretos entre nosotras nene. Le contamos todo.

- Te voy a decir la verdad. Estoy muy nerviosa por todo esto y… bueno, estoy segura de que no te amo como Ana… y…

- Lo sé Jess. No esperaba que lo hicieras. Sólo espero que puedas entender. Ten la seguridad de que no te voy a molestar nunca más. Tú y yo estamos en paz.

- La cosa es que… quiero pedirte un favor… si no te molesta.

- Claro, lo que sea.

- No se… como decirlo…

A mi derecha, Ana tomó la mano de Jess y a mi izquierda Eli recargaba su cabeza en mi hombro.

- Sólo dilo Jess. El nene te quiere y seguro que entenderá.

- Bueno… la cosa es que hasta anoche no había tenido un orgasmo con ningún hombre, ¡Nunca! Ana tiene razón. Con otras personas es difícil… hay que aparentar, adoptar poses, siempre preguntándome si lo estoy haciendo bien o si le voy a parecer una puta vulgar o si… en fin… Me pongo muy tensa y nunca lo había disfrutado como ayer. Pude dejarme ir y ¡fue formidable!

- En verdad me alegra que te hayas sentido así. Me hace muy feliz.

Ana se colgó de mi brazo y me dio un besito tierno en la mejilla, Eli del otro lado sonreía aún con su cabeza en mi hombro.

- Ese. Ese es el punto precisamente, lo que están haciendo ahorita. No es solamente el sexo. Ana y Eli me dijeron que debe una sentirse feliz cuando el otro es feliz. Tú lo acabas de decir, que estás feliz porque me sentí bien y no me estás pidiendo o demandando que me vaya a la cama contigo, sólo lo dices porque en verdad estás contento por mí y… lo puedes decir frente a ellas y… ellas no se enojan, al contrario…

Jess se detuvo un momento, respiró hondo y continuó:

- El punto es que quiero sentirme así, como se sienten ustedes, en paz, tranquila, sin miedos sin presiones…

Unas lágrimas, producto del desahogo de todo lo que había reprimido durante tanto tiempo, corrieron por sus mejillas. Ana y Eli se separaron de mí y fueron a abrazar a su prima.

- Alex, no sé si estoy enamorada de ti, de hecho, creo que puedo decir que seguramente no lo estoy, pero… ¿Estarías dispuesto a darme un poco de cariño como a mis hermanas? ¿Podrían compartir un poco de su amor conmigo? En verdad siento que lo necesito.

Ana y Eli secaron las lágrimas de su hermana que no dejaba de verme. Yo le sonreí y puse mi vaso frente a ella.

- Me parece que necesitas esto más que yo…

Ana y Eli se nos quedaron viendo sin entender la broma, pero Jess se rio contenta y se estiró sobre la mesa para abrazarme por el cuello diciendo a mi oído:

- ¡Gracias nene, gracias!

Mamá y mis tías regresaron de su paseo y llegaron a donde estábamos.

- Nos vamos a dormir ya. Mañana nos vamos a levantar temprano para ir a trabajar. Las cosas están bien, pero tenemos un par de entregas retrasadas. Tu mamá quiere venir con nosotras Alex así que te dejamos con tus primas. Niñas ¿Por qué no llevan a Alex a conocer por ahí? Ya lleva una semana sin salir de la casa.

- Seguro mamá.

- Bueno, los dejamos. Yo sigo cansada de la fiesta. Voy a dormir como un tronco.

Nos dimos las buenas noches todos y me quedé con mis primas en el jardín. Platicamos un rato más y pudimos ver cómo se apagaban las luces de las recamaras de mi madre y mis tías. Ana se levantó de la mesa y me dijo:

- Hay que aprovechar que ya se durmieron mi amor, vamos a nadar.

- No sé Ana, me da flojera ir por mi traje de baño.

Se acercó con su sonrisita pícara y me dijo:

- No necesitamos traje de baño nene.

Se desnudó frente a mí, me besó y dio media vuelta dejándome ver el contoneo de sus nalgas mientras se alejaba con sus saltitos de niña hacia la alberca. Se metió al agua y volteó hacia mí.

- No te atrevas a venir si no traes una erección.

Sonrió y se puso a nadar.

De manera automática me empecé a quitar la ropa y cuando llegué con ella, llevaba lo que me pidió. Nos besamos con lujuria y nos tocamos por todos lados. Después de un momento. Se volteó hacia sus hermanas y les dijo:

- Anden ¿Qué esperan?

Eli empezó a quitarse la ropa y Jess dijo:

- ¡Pero si acabo de comprar esta ropa!

- O bien te la quitas y vienes a nadar o salgo por ti y te arrojo al agua con ella puesta.

Jess sonrió y se desnudó. Eli la esperó y caminaron juntas a la alberca. Una vez que estuvieron cerca de la orilla Ana empezó a arrojarles a gua y ellas a gritar. Eli y Jess se agacharon metiendo sus manos al agua e hicieron lo mismo luego se arrojaron agua entre ellas y yo, a unos metros, lo veía todo extasiado. El balanceo, las sacudidas, cada movimiento de las nalgas de Eli y los senos de Jess me tenían embrujado. Finalmente se arrojaron a la alberca y siguieron arrojándose agua unos momentos más. Cuando terminaron de jugar, como si supieran exactamente lo que quería ver, Jess se dejó caer suavemente hacia atrás y empezó a nadar de espaldas exhibiendo sus enormes tetas, mientras Eli nadaba de pecho hacia el frente sacando su precioso culo del agua para mi deleite.

Ana vino a mí y se me colgó del cuello.

- Sé en qué estás pensando ¡cochinote!

- Te puedo apostar que no.

- Es una apuesta que vas a perder nene.

- Ok. ¿Qué estamos apostando?

- Bueno si pierdes nos tienes que hacer un show de striptease, ¿Qué te parece?

Me reí bastante. La idea de verme haciendo algo así era tan ridícula, que no pude evitarlo.

- Bien, ¿y si gano?

- Tú dime.

- Si gano quiero que te vuelvas a dormir conmigo como cuando éramos niños. No sexo, no hermanas. Sólo tú cubriéndome amorosamente con una mantita y el calorcito de tu cuerpo. Tiene que ser de día en la alfombra de la sala y tiene que haber galletitas.

- ¡Mi vida! ¡Mi amor!

Me llenó de besos cariñosos y se recargó en mí. Luego con cara de puchero me dio un golpecito con su puño en el pecho y dijo:

- ¡No es justo! ¡Ahora ya no quiero ganar!

- Bueno, dime en que crees que estoy pensando.

- ¡No quiero!

La abracé y la retuve contra mi pecho.  Todavía con su voz de niña enojada dijo:

- Yo creí que estabas pensando en las cosotas de mis hermanas.

- Te vas a enojar. Yo estaba pensando en que desde que fuiste por mí a mi recámara no he podido ir al baño y mi vejiga está a punto de reventar.

Ana se me quedó viendo y se rio tapándose la boca.

- Pobrecito. Anda, ve.

Fui al baño que hay en los vestidores junto a la alberca levanté la tapa y alivié mi vejiga, corrí el agua y regresé a la alberca. Me senté en la orilla con los pies en el agua y me les quedé viendo a mis primas mientras platicaban a media alberca. Se acercaron y se pusieron a mi alrededor aún en el agua.

Ana dijo:

- ¿Quieres jugar un juego de chicas, mi amor?

- ¿Box?

- ¡Tonto!

- A veces en vacaciones nos dormíamos juntas y…

No la dejé terminar.

- Verdad o reto. Sí, lo he visto en las películas. Los hombres tenemos nuestra versión. Se llama cerveza del viernes por la noche. Es casi igual, pero sin los grititos.

- Bueno, entonces ya sabes cómo jugar.

- Ok, ¿Quién empieza?

Jess dijo:

- Eli es la mayor. Que pregunte primero.

Eli se aclaró la garganta teatralmente y comenzó.

- Cuándo estábamos en la cocina aquella vez me dijiste que mis tetas te parecían bonitas. ¿Por qué te gustan?

- ¡Woooo! ¡Anda nene contesta, Woooo!

- Son tus areolas. Me calienta hasta el alma ver como cubren casi la mitad de tus tetas y cuando te excitas se inflaman y me vuelven loco.

- Woooo! ¡Cochinote!

- Niñas… Los grititos… Por favor…

Ana preguntó:

- ¿Y las mías, nene y las mías?

- Me encanta el tamaño y la forma. Tus pezones proyectados para adelante que se marcan siempre por debajo de la ropa. Pero lo que me mata son tus pecas. Me tienen loco desde niño.

Ana empezó a masturbarme lentamente con los ojos fijos en mí. Entonces Eli preguntó:

- ¿Y Jess?

- Bueno, desde luego que el tamaño es genial, pero lo que más me gusta es como cuelgan pesadas y se balancean aun cuando están sujetas por el sostén. Pareciera ser que no hay nada que las pueda contener.

- Nene ¿De verdad te parezco hermosa?

- Sí, Jess. Y ahora con la ayuda de tus hermanas te puedo apostar que los chicos se te van a ir encima. Vas a poder escoger al que quieras… o a los que quieras. Vas a ir por ahí rompiendo corazones y, ¿Quién sabe?, Tal vez hasta encuentres esa persona especial que andas buscando. Con la que te puedas dejar ir. La que te haga venir en la cama. Con la que camines del brazo sintiéndote enamorada.

Jess me jaló hacia el agua y me atrajo hacia ella.

- Justo ahorita, estoy rodeada de las únicas personas especiales que necesito.

Se pegó a mi boca y me besó con pasión. Sentí sus enormes tetas pegadas a mi cuerpo mi verga siendo frotada por sus muslos.

- Anda nene, agárramelas. Apriétamelas hasta que te canses.

- ¿Te lo vas a coger otra vez Jess? ¿Estás caliente? ¿Te lo vas a montar otra vez, mi amor?

- Sí, Anita me lo voy a coger… lo voy a montar hasta venirme…

Eli estaba calientísima oyendo todo y viendo como el encuentro se volvía cada vez más intenso. Se estaba masturbando descaradamente mientras se pellizcaba las tetas con la boca abierta y la vista fija en nosotros.

Ana continuaba animándonos.

- ¿Ya oíste nene? Te va a coger… ¿Quieres que te haga suya otra vez con esa panochita peluda, mi vida?

Eli con voz entrecortada dijo:

- Ya quiero verlos coger otra vez. Vamos al jardín.

Salimos de la alberca y nos acomodamos en los reclinables. Me acosté en uno de ellos y Jess se montó. Me cabalgó violentamente mientras yo estaba prendido de sus tetas.

- Te voy a coger nene, te voy a coger. Dime ¿Te gustan mis tetas, te gustan? ¿Sientes mi panocha peluda tallándote? ¡Chúpame las tetas, mámamelas todas!

- ¡Sí Jess! Así, Dale, dale. ¡Cógetelo!

- Dame tu verga, dámela toda. Soy… Soy… tu…pp

- ¡Dilo Jess! ¡Déjalo salir! ¡Déjalo salir!

- ¡Soy tu puta! ¡Soy una puta… me encanta coger! ¡Me encanta la verga! ¡Quiero verga!

- Déjame que te ayude Jess.

Ana empezó a masajearle el culo. Se humedeció los dedos con saliva y frotaba su anillo rodeado de pelo. Hacía presión y soltaba. Luego, metió la punta rebasando solo el borde de su ano y Jess se contrajo. Eli se acercó y veía hipnotizada como Ana movía su dedo en el culo de Jess

- ¡Sí Anita! ¡Sí! ¡Pícame el culo, pícamelo! ¡Soy una pinche puta, una pinche puta!

Ana le dijo a su hermana:

- Se te antoja, ¿verdad perra? Quisieras que el nene te estuviera dando por el culo en este momento ¿No? Quisieras sentir como te entierra todo el pito hasta el fondo y te bombea hasta dejártelo bien abierto.

- ¡Sí! Quiero su verga en mi culo. ¡Me encanta la verga por el culo! ¡Quiero su pitote jodiéndome el ano!

Ana y Eli seguían masturbándose Mientras veían el culo de Jess moviéndose sobre mí con un dedo metido en el ano. Jess empezó a sacudirse.

- ¡Ooohh! ¡Sí, puta madre!… ¡Síííí! Ya… ya…. ya. Me vengo… ¡Pinche nene, me estoy viniendo con tu veeerrrgaa!

Ana metió todo el dedo en el Ano de Jess y lo dejó ahí mientras se cerraba y abría rítmicamente alrededor de él con su orgasmo. Jess terminó de sacudirse y se dejó caer sobre mí diciendo entre jadeos:

- ¡Puta madre…! ¡Qué puto orgasmo!

Ana dijo en ese momento:

- ¡Pinches cochinotes! ¡Miren nada más como tienen a mi pobrecita hermanita!

Jess y yo volteamos a ver a Eli que estaba de pie con las piernas abiertas tallándose furiosamente la panocha con ambas manos, respirando apresuradamente, con los ojos cerrados y la boca abierta. Ana veía a su hermana sin sacar sus manos de su propia panocha y le preguntó:

- ¡Pobrecita perra! ¡Te dejaron caliente estos dos cochinotes! ¿Quieres acabar con la verga del nene en tu culo? ¿Eh, mi amor?

- Sí, sí, sí… Por favor, ya casi acabo… nada más tantito… por favor Jess… Préstame tantito al nene.

Jess se desmontó dejándome la verga escurriendo con su venida. Ana llevó a Eli que se colocó a mi derecha, abrió las piernas y empezó descender buscando el falo. Jess tomó mi verga y la apuntó a su culo y cuando Eli la sintió presionando su ano, se dejó caer de golpe. Ana la masturbaba por el frente y Eli se daba de sentones. La vista de su culo sacudiéndose cada vez que se dejaba caer me tenía loco yo sentía que no iba a durar mucho tiempo más, pero Eli ya estaba lista. Después de varios sentones rápidos y con la ayuda de los dedos de su hermana enterrados en su panocha Eli explotó.

- Ya voy a acabar nene… tu perra se va a venir. Más fuerte Ana, sacúdeme la panocha más fuerteee…

Sólo tres violentos sentones más y se quedó quieta con los ojos cerrados, sintiendo como sus contracciones apretaban mi verga hasta el fondo de su culo, mientras los dedos de su hermana la apretaban por dentro. Se zafó y se quedó acostada de lado en el suave pasto recuperando el aliento.

Yo estaba a punto y esperaba que Ana, que no dejaba de frotarse la panocha, terminara el trabajo para satisfacción mía y de ella. Pero no lo hizo. En lugar de eso Tomó a sus hermanas de las manos y las llevó a la regadera que hay en los vestidores haciéndome señas con la cabeza para que las siguiera. Una vez ahí. Ana las empezó a bañar con cariño casi maternal. Lavó sus cuerpos mientras les daba besitos tiernos. Una vez terminado el aseo de sus hermanas fue mi turno. Al acabar, las tomó de la mano nuevamente, las condujo hasta donde habíamos dejado la ropa y las ayudó a vestirse. Entre mis piernas había una erección rampante. Verlas caminar desnudas me tenía al borde de la locura. La cadencia de la cadera de Eli y el balanceo de los pechos de Jess me tenían loco y yo no había podido terminar. Ya vestidas les dijo:

- Despídanse del nene y vayan a dormir. Necesito hablar un ratito con él.

Jess se me colgó del cuello con una sonrisa y me besó en la boca. Eli hizo lo mismo y se fueron a la casa. Ana y yo nos vestimos, yo mi típica playera con short y ella con la blusa y la falda corta de verano con colores claros, que llevó para ir de compras con sus hermanas. Nos sentamos en uno de los reclinables, me abrazó, me dio un beso en la mejilla y me dijo:

- Te amo mi vida, te amo. Nunca nadie me había dicho algo tan lindo en la vida: “Solos tú y yo bajo una mantita, sin sexo ni nadie más”. 

- Y galletitas.

- Sí… y galletitas... ¿De veras serías capaz de amarme sin sexo de por medio?

- Honestamente Ana, al principio sí se trataba sólo de sexo. Tu forma de entregarte es absoluta, es como una fuerza devastadora que lo arrastra todo a su paso. Pero… después del incidente en la fiesta…

Hice una pausa pensando como contar la historia.

-Déjame contarte una de mis desaventuras amorosas. En una ocasión, una novia que tenía me dijo que no podría salir conmigo el fin de semana porque tenía que salir con sus padres a no sé dónde. El lunes me enteré que se había ido a una fiesta con unas amigas y que se la pasó súper divertida. Cuando la confronté el martes se disculpó, lloró y dijo que me quería y que no había pasado nada y todo eso. Seguimos saliendo juntos y al poco tiempo, me dejó porque en la fiesta esa conoció a un chico que tocaba la guitarra, después averigüé que se estuvo acostando con él, el poco tiempo que seguimos viéndonos. Me sentí deprimido unos días, varios para ser honesto, pero nada más.

Ana estaba atenta y un par de lágrimas escurrían sobre sus pecas.

-Ahora, cuando vi al tipo ese deslizar su mano por tu espalda hasta… bueno hasta donde vi que llegó. No pude más y me fui a beber. En el fondo creí que la historia se repetía. Claro que tú no me engañaste ni te acostaste con él, pero yo sentí nuevamente esa sensación de que era yo poca cosa para la mujer que me gustaba y con la que creía que… ¡En fin! No tengo que decirte nada de esto, tú estuviste ahí. Pero esa misma noche me demostraste que en verdad te importo. En lugar de disculparte y mentirme para irte de nuevo con tus amigos decidiste demostrarme, no decirme, demostrarme que tus palabras eran ciertas. Olvídate de Brenda, olvídate de Karla. El sexo fue genial, sí. Pero la lección que les diste a esos tipos, ¡oh Dios, fue formidable! El que me hayas dado mi lugar a tu lado. Que te le plantaras de frente al tipo ese y le dijeras que yo era tu hombre… Ana, ese ha sido, sin discusión, el momento más feliz de mi vida y no tuvo nada que ver con sexo. Tuvo que ver contigo diciéndole a todo mundo que eres mía. ¿Puedo amarte sin sexo de por medio? ¡Puedes apostar tu vida a que sí!

Ana tomó mis mejillas y me besó aún con lágrimas en los ojos.

- Si debo serte honesto, nunca creí que una mujer tan hermosa como tú se fijara en un tipo como yo. Olvídate del parentesco. Nunca he sido de los que atraen a las mujeres hermosas, ya sabes, de esas como tú, que hacen que todas las miradas se centren en ellas… de las que parecen inalcanzables… como modelos sofisticadas y… yo sé que hago mal, pero… Me gustaría pasear por todos lados contigo a mi lado, para que todo el mundo pueda ver que una de esas mujeres, es sólo mía. Sí, ya sé que eso no es amor, es ego. Pero sería genial… De cualquier modo, tú ganas. Estoy hecho un idiota por ti, si me pidieras que me arrojara al mar con plomo en los pies lo haría. Y… en cuanto a tus hermanas, bueno… las quiero mucho, en verdad. Ahora que resolvimos nuestras diferencias me siento feliz con ustedes, pero… es a ti a quien amo.

Con la voz apagada por la emoción me dijo:

- ¡Te amo, nene! ¡Te amo! Quiero hacerte muy feliz. Dime que puedo hacer para que estés feliz.

- Bueno, con sexo o sin sexo, sígueme regalando esos momentos en los que me haces sentir como el rey del mundo.

- ¡Todo el mundo va a saber que eres mi amor! ¡Todo el mundo!

- Bueno y… si no es mucho pedir…

- ¡Dime vida, dime!

- Ojalá y siga habiendo sexo…

Sabiendo que se trataba de una broma, me dio un par de golpecitos en el pecho y me dijo.

- ¡Tonto!

Se colgó de mi cuello y me dijo:

- Habrá mucho sexo… ¡Mucho!

Nos quedamos abrazados un rato y entonces le pregunté por sus hermanas:

- Ana, necesito saber…

- ¿Qué mi amor?

- ¿Por qué decidiste involucrar a tus hermanas en lo nuestro? Me queda clara la parte de la revancha. Eli nunca más te va a decir qué es lo que tienes que hacer y hasta me parece que tú eres la que manda ahora. Y Jess va a tener que vivir toda su vida sabiendo que la boba de la familia es más lista que ella. Pero en realidad no era necesario que ellas y yo… Además, está también lo de las otras chicas. El incidente de la fiesta se pudo haber resuelto sin Brenda o Karla. Todo se resolvía con sólo decirle al tipo ese lo que le dijiste, que tú eras mía y que no se acercara.

Ana me vio con cierta aprehensión y me dijo muy seria:

- Lo sé. Mi amor. Hay… dos razones. La primera es que de esta manera no hay modo de que nos echen de cabeza. De hecho, de ahora en adelante están forzadas a ser nuestras cómplices. No pueden acusarnos de nada porque ellas mismas han participado en nuestras… travesuras. Además, las quiero mucho y me alegro de que, a través de lo nuestro, Jess haya salido de su depresión y de que Eli y yo hayamos dejado de pelear.

- ¡Chica lista! ¡Eso es… brillante!

Ana sonrió nerviosa y continuó.

- La otra razón tiene que ver con… No sé si deba decirlo. Yo no quisiera…

La mirada ya era de clara angustia, la abracé y le dije:

- No importa amor, no importa. No tienes que decir nada si no quieres. ¿Sabes? Cuando me dijiste que si me acercaba a otra mujer me arrancarías el corazón, me asusté de veras, sobre todo por la manera en que lo dijiste. Pero también me sentí en las nubes. Esta mujer formidable me quiere sólo para ella. ¡Genial! Por eso, en cuanto a esto de… Ya sabes, tú haciendo que otras chicas y yo… bueno, por formidable que suene yo preferiría que…

- Esa es la segunda razón mi amor, yo…

Suspiró viendo al piso y con resignación dijo:

- Todo mundo encuentra una forma de adaptarse a la vida que le toca vivir. Eli la encontró ocupándose de que todo estuviera en orden. Dando instrucciones a todo mundo para que mi madre no tuviera que preocuparse mientras salía a trabajar. Jess lo analiza todo, lo estudia todo y lo critica todo. Da su opinión y… generalmente tiene razón. Así es como han podido pasar por esta vida. En mi caso… fue el sexo. Alex, te juro que no quiero lastimarte, ¡Nunca más! Pero… tengo que decirte esto. En verdad creo que la única manera de ser felices es si no hay rencores o resentimientos o secretos entre nosotros. Si los hubiera, algún día saldrían a mordernos en el cuello y yo no quiero que eso pase.

Hizo una pausa.

- Yo… he tenido una vida sexual muy activa… tal vez demasiado.  Tienes razón, los hombres voltean a verme, siempre hay… lobos al acecho, como lo dijiste antes. Toma todas las veces que has estado en la cama con alguna chica, súmale todas las veces que mis hermanas han estado en la cama con alguien, multiplícalo por diez y el resultado no es ni la quinta parte de las veces que yo he estado con algún hombre o… alguna mujer. Hasta he estado con más de uno al mismo tiempo… No sé, supongo que andaba yo buscando la felicidad de alguna manera. Todavía el miércoles en la noche, antes de que nos encontráramos en la alberca, me metí a coger con un chico en el baño de la disco…

Hizo otra pausa y yo pude sentir claramente como mi corazón se iba desintegrando en el pecho, la sola idea de…

- Y entonces llegaste tú. Alto, bien parecido, con el aplomo necesario para poner a mi hermana en su lugar… de inmediato te quise entre mis piernas y entonces, mientras yo trato de montarte… me dices que uno de los recuerdos más gratos de tu infancia soy yo durmiendo contigo. Luego, en una apuesta tonta, tienes la oportunidad de pedirme cualquier cosa… ¿Y qué me pides? Me pides que te vuelva a cubrir con una mantita y me duerma contigo… Cualquier otro me hubiera tomado en ese momento, pero tú…

Ana se limpiaba las lágrimas conforme seguía hablando y yo me hundía de nuevo en ese sentimiento de desesperación y derrota.

- Alex, no te merezco. Cuando estuve en tu cuarto después de que tuvimos nuestro enojo y me dijiste que nunca habías terminado en la boca de una mujer, me di cuenta de que no habías tenido… tanta experiencia como yo. Terminamos de hacerlo y ahí a tu lado viendo al techo me di cuenta de dos cosas. La primera fue que lo que hicimos no había reparado ningún daño y la segunda fue que… nunca iba a ser feliz contigo si no podíamos estar en igualdad de condiciones. No quiero un reclamo tuyo en el futuro diciéndome que fui una puta. Ya me los han hecho y nunca me importó, pero… Si tú me lo reclamaras, me moriría. Nunca me arrepentí de lo que he hecho, hasta que me enamoré de ti. Hoy por primera vez quisiera que nada de lo que hice hubiera pasado, pero lo hice… Lo único que se me ocurrió fue que, si no podía echar marcha atrás, lo único que quedaba era hacer que tú te adelantaras hasta alcanzarme. Ya sabes… como para estar iguales.

El calor de la noche era asfixiante, lo que acababa de escuchar era peor y el silencio que se hizo era insoportable. En ese momento pensé: “¿Por qué me dices todo esto? ¿Cuál es el caso? ¿De qué manera piensas que esto es bueno para nosotros? ¿Por qué crees que quiero escuchar esto?” Después, reflexioné y me di cuenta de que de alguna manera ella tenía razón. El pasado siempre nos alcanza. Como cuando yo averigüé la infidelidad de la novia esa. Además. ¿Por qué debía yo molestarme? Nada de eso pasó mientras estuvimos juntos. Teníamos ocho años sin vernos y yo ni siquiera tenía ganas de venir. Es más, si me hubiera empeñado, papá habría mandado a alguno de los choferes de la empresa para que trajera a mi mamá. No había ninguna razón para que yo estuviera molesto. De hecho, en una semana había tenido más sexo que en toda mi vida. Y sin embargo…

Ana rompió el largo silencio con la voz quebrada por su suave llanto:

- ¿En qué piensas mi amor? ¿Estás enojado conmigo nene?

- Es mucho que digerir Ana. Honestamente no sé qué decir… Yo…

- ¿Piensas que soy una sucia?

- ¡No, no, no! De ningún modo. En verdad que no. ¿Sabes? Lo que acabas de decir me da… miedo. Has estado con muchos hombres y… honestamente, creo que me da miedo la comparación. Me da miedo que… Algún día me puedas decir que… tuviste mejores amantes que yo.

Nos quedamos en silencio y de repente me reí con ganas mientras Ana se me quedaba viendo con ojos de extrañeza.

- ¡Esta situación es ridícula! Aquí estamos dos completos opuestos.

Imitando voz de mujer dije:

- ¡Hay mi amor no te merezco he andado con muchos!

Y luego con voz grave dije:

- ¡Hay mi amor no te merezco no tengo experiencia!

Ana se rio de buena gana aún con lágrimas en su rostro.

- ¿Sabes qué, Ana? Estoy cansado. Estoy cansado de lágrimas, celos, malos entendidos, dudas y demás estupideces. Quiero proponerte algo. Vamos a pasárnosla bien de aquí en adelante. Pero sin… sin… todas estas cosas que nada más nos estorban y no nos dejan estar en paz. Si quieres que me acueste con otras, me acuesto con otras. Si no quieres que voltee a ver a otra mujer, me pongo una venda en los ojos las veinticuatro horas. Si quieres ir a la cama con otros, ve. Si no, sácale los ojos al que se te acerque. ¡Basta ya!

La luz viaja a 300,000 km por segundo. Ana ya se me había colgado del cuello llenándome de besos, ante de que la luz viajara la distancia entre su boca y la mía.

- ¡Mi amor! ¡Mi vida! ¡Te amo, te amo, te amo!

La detuve, no sin esfuerzo y la hice que me mirara a los ojos.

- Quiero dejar claras algunas cosas.

- ¿Qué amor, qué? ¡Lo que sea, lo que sea!

- No tan deprisa, esto es importante.

- ¡Dime! ¡Dime!

- Nos hemos dicho muchas veces que nos amamos y que no queremos lastimar al otro, pero nunca hemos hecho nada para ver que en realidad ocurra. No sé tú, pero yo necesito saber en dónde estamos parados. Así que yo pregunto y tú contestas. Luego tú preguntas y yo contesto ¿De acuerdo? ¡Con toda honestidad y sin medias tintas!

- Ana sintió varias veces.

- ¿Qué hay con Ana y Eli?

- Cógetelas cuando se te antoje, conmigo o sin mí, pero… sólo si ellas quieren. No quiero volver a forzar a Eli. Y…

- ¿Y?

- Si ellas quieren estar con otros hombres, pues…

- La única que me interesa eres tú. Espero que sean felices y encuentren a la pareja ideal, así como nosotros.

- ¡Eres un amor! Sigue.

- ¿Otras mujeres?

- Te prometí una colección de pantaletas húmedas y te lo voy a cumplir, pero… Sólo las que yo te consiga. Si tú buscas a otra mujer o dejas que alguna se te acerque sin mi consentimiento… te juro que experimentarás un dolor que no te imaginabas que existiera.

- Ok, ok. ¿Otros hombres?... ¡Para ti desde luego!

- ¡Tonto!... No, tú eres el único hombre que quiero… que necesito.

- Ana…

- En verdad mi amor. No tengo necesidad de seguir buscando lo que ya encontré.

- Ok. Tu turno.

- Sé que puedo ser rara a veces. ¿Te molesta?

- No te amaría si fueras de otra manera.

- Sexo sucio.

- ¿Contigo? ¿A qué hora empezamos?

- No sólo de mi parte sino de la tuya también.

- Honestamente no tengo mucha experiencia en esto, pero tengo mucha imaginación y aprendo rápido.

- ¿Vida social?

- Eres dueña de ti misma y puedes hacer lo que quieras, cuando quieras. No necesitas mi permiso para nada. Pero te advierto... La noche de la fiesta aprendí que no puedo esperar que la vida me regale nada. Tengo que pelear por lo que quiero. No me importa dónde, no me importa cuando, no me importa nada. Algún lobo se te acerca y me le voy a plantar enfrente. Mis manos ya no están atadas. No voy a perder a la mujer de mi vida sin dar la pelea del siglo…

- ¡Mi amor…! ¡Yo haré lo mismo!

- Ok. Es un trato entonces. Sólo una cosa más… No mentiras… ¡nunca!

Se quedó abrazada a mí con su cabeza recargada en mi hombro mientras yo ponía mis manos alrededor de sus hombros.

- Prometí no mentir así que te voy a confesar algo nene.

- ¿Sí mi vida?

- Nunca… nadie… ha logrado hacer conmigo lo que tú me has hecho ahora.

- ¿Qué mi amor?

- Nunca ningún hombre o mujer había hecho que me mojara entre las piernas tanto como estoy mojada ahorita sin siquiera tocarme… Déjame mostrarte.

Permanecí sentado mientras ella se ponía de pie. Levantó su falda y acercó su pelvis a mi rostro.

- ¡Mira!

Tomó mi cabeza entre sus manos y la jaló suavemente hasta que mi nariz y boca se posaron en sus pantaletas.

- ¡Siente eso mi amor, siéntelo!

En efecto, estaba mojada. Pude distinguir una mancha oscura antes de que mi boca pudiera corroborar que su entrepierna fluía abundantemente. Separó mi cabeza de sus pantaletas y, mirándome desde arriba. me dijo:

- ¿Hueles eso mi amor, lo hueles? Esa soy yo cuando te miro. Esa soy yo cuando te oigo. Esa soy yo cuando te estás cogiendo a mis hermanas, cuando te estás cogiendo a otra mujer, cuando me estás cogiendo a mí.

Mi boca se proyectó a su panocha y empecé a comérmela por encima de las pantaletas mientras mis manos masajeaban sus nalgas.

- ¡Sí, mi amor! ¡Sí! Cómetela, es tuya y de nadie más. Pero te aviso… estoy más caliente de lo que he estado nunca y voy a acabar muy rápido.

Mis manos jalaron sus pantaletas hasta media pierna y empecé a comerme su panocha con desesperación. Mientras masajeaba sus nalgas y uno de mis dedos masajeaba su culo.

- ¿A qué sabe nene? ¿A que sabe la panochita de tu mujercita? ¿Te gusta, te gusta?

Me la comí unos momentos más y me separé de ella. Me puse de pie y la besé en la boca mientras me quitaba los pantalones. Después del beso ella dijo:

- Hueles a mí mi amor, ¿Te gusta?

- Te la voy a comer todos los días para tener impregnado tu olor todo el tiempo.

- ¡Ah, sí! Llévate mi aroma a todos lados.

Le quité con desesperación las pantaletas e hice que se acostara en el reclinable. Le abrí las piernas y le puse la verga en la entrada de la panocha mientras la miraba fijamente a los ojos. Recordé nuestros recientes votos y me lancé al vacío.

- Te voy a coger Ana, te voy a meter la verga.

- ¿Vas a abusar de mí? ¿Vas a abusar de tu putita?

En ese momento la penetré en un solo movimiento. Y empecé a metérsela sin compasión.

- No nada más a ti, me voy a acoger a las putas de tus hermanas.

- ¡Sííí, cógetelas! ¿Me vas a dejar ver? ¡Por favooor mi vida quiero ver cómo te las coges! Me calienta la panocha cada vez que les entierras el pito. Dime que les vas a hacer puerco. ¡Dime cómo te las vas a coger!

- ¡Le voy a perforar el culo a la puta de Eli, me la voy a coger hasta que grite de placer, se lo voy a abrir todo!

- ¿Te gusta el culo de mi hermana verdad cabrón? No le quitas la vista de encima, pinche cochino. Se te para la verga cuando se pasea por ahí meneándolo ¿verdad? Ana empezaba a sacudirse previa al orgasmo y yo podía sentir el semen a punto de salir.

- Y voy a hacer que la puta de Jess me mame la verga para echárselos en sus tetotas.

- Sí, sí. Embárraselas de mecos, llénaselas todas.

- Después voy a hacer que se las limpie con la lengua. Se los va a tragar todos.

Las uñas de Ana ya estaban otra vez clavándose por toda mi espalda. Jadeaba y se retorcía. Aventaba sus nalgas para enfrente y yo se la estaba empujando con violencia.

- ¿Y a mí papacito? ¿A mí qué me vas a hacer pinche cochino?

- A ti te voy a coger todos los días a la hora que se me antoje sin importarme si te vienes o no. De hoy en adelante no eres más que un par de agujeros donde me voy a vaciar cuando tenga ganas.

- ¡Sí mi amor! ¡Úsame, úsame! ¡Soy tu puta soy tu piin… cheee… puuu…taaaa!

Se contrajo y se estiró. Me mordió en el pecho mientras yo le seguía dando con fuerza. Se contorsionaba y jadeaba como nunca con un violento orgasmo. Luego seguí yo. Chorro tras chorro de semen se depositó en su interior mientras le decía.

- ¿Los quieres puta? ¿Los quieres? ¡Ahí te vaaaann! ¡Pinche puuuutaaaa!

- Con la voz destemplada por el orgasmo alcanzó a decir:

- ¡Sííí, sííí. ¡Dámelos todos… todoooss!

Nos quedamos ahí, en medio de la calurosa noche de verano. Sudando y respirando agitadamente. Después de unos momentos abrí los ojos para encontrar los suyos clavados en míos. Su mirada amorosa y su sonrisa satisfecha. Empezó a besarme tiernamente mientras acariciaba mi cabello. Mi pene ya totalmente flácido seguía anidado en su interior, negándose a salir, deseando permanecer ahí adentro, protegido por toda la eternidad. Intenté retirarme para que mi peso no la aplastara, pero sus brazos lo impidieron. Ella seguía con sus piernas abiertas y sus talones clavados en mi espalda apretando firme, pero suavemente.

Finalmente nos incorporamos para vestirnos. Cuando terminamos se puso frente a mí y me dijo:

- Nadie me había hecho venir tan rápido en toda mi vida. Dos récords en una noche nene. ¡Eres tremendo!

Sonrió y me dio un rápido besito tierno en la boca.

- ¿Qué quieres hacer mañana mi amor? ¿A dónde quieres que te llevemos?

No contesté simplemente me le quedé viendo.

- ¡Qué!

- Nada es sólo que me quedé perdido en tus ojos un momento.

Me abrazó muy fuerte apretándose contra mi pecho como si quisiera meterse en él y dijo susurrando.

- ¡Mi vida, mi vida, mi vida!

- No sé si deba pedirte esto.

- ¡Lo que sea mi vida, pídeme lo que sea!

- Honestamente me da algo de pena y no sé si…

- ¡Andaaaa dime yaaaa!

Ana daba esos brinquitos impacientes como la niña que ya quiere irse a la feria.

- ¿Me llevarías a escoger alguna ropa? Sólo empaqué shorts y playeras, la única ropa decente que traje fue la que usé en la fiesta y… si voy a caminar contigo quiero verme bien… especialmente para ti.

Ana sonrió emocionada y no se podía estar quieta.

- ¿De veras nene? ¿Quieres que vayamos de compras como una pareja? ¿De veras?

- Pues… sí. Supongo que se lo podría pedir a mi madre, pero… no creo que los ochentas sigan de moda y honestamente prefiero ir con… mi mujer.

- Sí, sí, sí. Tu mujercita te va a llevar de compras.

Me cubrió de besos y se colgó de mi brazo mientras caminábamos hacia la casa. Las cosas se habían definido:

Vida amorosa en pareja, sexo sucio y una niñita chiquita en el cuerpo de una elegante modelo.

 

Debo haber hecho algo bien en alguna de mis vidas anteriores.

Martes

A la mañana siguiente mi mamá y mis tías salieron temprano y me quedé con mis primas en casa. A eso de las ocho y media de la mañana Ana entró a mi habitación y me despertó con la dulzura de la vez anterior. Me dijo que me había preparado el desayuno y que me esperaba abajo con sus hermanas. Cuando llegué a la cocina diez minutos después, me encontré con la escena más más excitante que he visto en toda mi vida. Tres mujeres hermosas vestidas solamente con camisetas ligeras sin sostén y pequeños calzoncitos se movían por toda la cocina.

Ana tenía un sartén en la mano y servía mi desayuno en un plato sobre la mesa. Mientras que Eli tomaba la cafetera para servir las tazas y Jess se estiraba para alcanzar la parte alta de la alacena y bajar una caja de cereal. Mi reacción fue inmediata. Mi pene empezó a cobrar fuerza y tuve que sentarme inmediatamente para que no se notara. Ana se sentó junto a mí, Jess en una de las cabeceras de la mesa a comer su cereal con leche y Eli permaneció de pie con sus generosas nalgas recargadas en el mostrador de la cocina bebiendo su taza de café.

El desayuno transcurrió sin mayor incidente, pero mi erección no cedía. Cuando ya terminábamos Ana dijo:

- Tenemos que ir a la Plaza del Sol. Mi amor y yo vamos de compras. Yo creo que podemos irnos como a las dos o tres de la tarde, pasar a comer y luego ir a las compras. Después, podemos ir por un café o una copita al malecón y regresamos a casa.

Jess desde su lugar preguntó con cierto asombro:

- ¿Sin disco? ¿No quieres ir a la disco?

- ¡No pienso poner un pie en la disco nunca más! A menos que el nene quiera ir. Si no es así, no me interesa.

Ana desde su lugar se le quedó viendo con ojos de sospecha fingida y le hizo la clásica broma:

- ¿Quién eres tú y que has hecho con mi hermana?

- Jess se rio mientras tenía la cuchara de cereal con leche en la boca y se le cayó en la playera. No fue mucho, sólo lo suficiente para que se transparentara la blusa y se le pudiera ver uno de los pezones. Ella se levantó con toda naturalidad caminó con sus enormes tetas meciéndose para dejar su plato en el fregadero y procedió a echar agua en su camiseta para que no quedara una mancha. ¡Eso fue mucho peor! Ahora podían verse perfectamente las curvas de los senos y los pezones que se le arrugaron al contacto con el agua fría. Regresó a su lugar y tomó una taza de café mientras descansaba sus generosos atributos en la mesa.

Ana me preguntó que si quería otra cosa. Le agradecí y le dije que no. Eli entonces levantó los platos de la mesa y nuevamente el espectáculo. Su caminar y el contoneo de sus generosas caderas. Se puso a lavar los platos y de nuevo las sacudidas de sus nalgas cuando tallaba las tazas y los platos. ¡No lo resistí más! Discretamente puse una mano bajo la mesa y suavemente me acaricié la verga.

Pero lo mejor estaba por llegar. Ana se acercó a Eli por detrás y la abrazó por la cintura uniendo su pelvis con las nalgas de su hermana y su cara en la espalda, con esa sonrisa de niñita, mientras Eli lavaba los platos.

- Eliii

- ¿Sí?

La vista de Ana y Eli frotándose hizo que mi pene diera un salto.

- Eli, linda.

- ¿Qué quieres, Ana?

Ana empezó a dar sus saltitos de niñita haciendo que las nalgas de Eli se sacudieran, así como las suyas propias.

- ¿Tú podrás curar la espalda del nene otra vez?

- ¡Ana! ¿Qué le hiciste ahora?

Más saltitos… Mareos, desorientación, falta de aire…

- ¿Porfa, porfa, porfa?

Eli terminó de lavar y se secó las manos se volteó mientras Ana seguía abrazándola y entonces las pelvis de las dos entraron en contacto…Taquicardia, oídos que zumban, vista que se nubla…

-Está bien, vamos a ver. Jess ¿Puedes traer el desinfectante y el ungüento?

Jess dice que sí y se levanta. Sus tetas se balancean por todos lados sin control. Más saltitos, ahora frotándose las vulvas.

- ¡Gracias, gracias, gracias!

… En algún momento me pareció haber visto a mis antepasados al fondo de un oscuro túnel tratando de regresarme a la vida…

- ¡Por qué dejas que te siga haciendo eso, nene? Un día puede lastimarte en serio.

Jess regresó con los medicamentos, se los dio a su hermana y se quedó cerca para ver la curación.

- Quítale la playera, Ana.

Cuando mi espalda quedó visible. Un “¡Ohhh!” Simultaneo por parte de Jess y Eli se pudo oír por toda la casa.

- ¡No seas imprudente Ana! ¡Eso es sangre!

Si soy honesto la palabra sangre y el tono de voz que escuché me alarmaron un poco.

Luego vio mi pecho y notó las huellas de la mordida de la noche anterior.

- ¡Ana!

- Cúralo, por favor. ¿Sí?

- Honestamente no creo que valga la pena. Probablemente dentro de dos horas, esté otra vez igual.

- ¡O peor! – Agregó Jess.

- Como sea, hay que lavar las heridas. Vamos nene, a la regadera.

Yo no me quería poner de pie para no mostrar mi erección, pero sabía que era imposible que se me bajara con ellas ahí. Si tuviese puesto un pantalón en lugar de uno de esos shorts ligeros que traje para la playa, hubiera podido disimular, pero no había modo, así que me puse de pie y giré rápidamente para dirigirme a las escaleras. Esperando que ellas caminaran atrás de mí. No funcionó. No había dado un paso cuando Jess dijo:

- ¡Mira nada más! Creo que Alex disfrutó mucho su desayuno.

Eli se dirigió a su hermana con un tono entre pícaro y burlón.

- ¿Por qué no mejor se van a coger de una vez para que no tenga yo que trabajar doble? En serio Ana. Si en verdad lo quieres tanto no deberías lastimarlo de esa manera. Y tú… -Eli se dirigía a mi esta vez.

- ¿Qué diablos le has hecho a mi hermana? Nunca la había visto así. Tan… tan… ¡tan así! No quiere ir a la disco, quiere ir por un café al malecón, lugar que nunca le gustó porque dice que ahí van puros viejitos…

Jess interrumpió aclarándose la garganta:

- Ejem, ejem. Se sientan todas… y todos, por favor.

Nos la quedamos viendo con algo de asombro y ella simplemente apuntó a la mesa. Todos nos sentamos. Una vez sentados y en silencio prosiguió.

- Si me permiten, quisiera decir que está familia se está volviendo disfuncional. Es necesario que entendamos todos en qué estamos metidos.

- Lo mismo dijo el nene anoche y…

- Ana, espera tu turno.

- Lo siento.

- Como decía. Vamos aclarando las cosas. Primero. Creo que nos queda claro a todos que Ana y Alex son pareja. No tiene ningún caso negarlo, primos o no, se aman. Eso ya lo sabíamos, pero hay algo distinto hoy. ¿Ana?

- Eli, Jess. ¡Ayer hice el amor por primera vez en toda mi vida! No cogí ¡Hice el amor…! Ana respondió:

- Esas heridas no parecen el producto del amor. ¡Ni siquiera se ven amistosas!

- El sexo fue intenso, sí. Pero ayer por primera vez en toda mi vida ¡hice el amor! ¡Por primera vez me mojé sin que me tocaran! ¡Por primera vez tuve un orgasmo en menos de tres minutos! Fue maravilloso, Eli. ¡Maravilloso! – Ana se acercó y me plantó un enorme beso en la boca.

- Y todo lo hizo él. En unas horas anoche, me enseñó lo que nadie me había enseñado en toda la vida. Sin tratar de seducirme, sin tratar de impresionarme, sin tratar de engañarme, sin tratar de meterse entre mis piernas… Sólo… siendo él… Por eso ya no quiero ni estar cerca de otros hombres. No más disco, no más Mónika’s bar, no más escapaditas estúpidas.

- Ok. Eso suena genial. En verdad me alegra que se hayan entendido, pero… Tú, Ana. Tú nos arrastraste a Eli y a mí en su vida… sexual y… a mí, por ejemplo, me gusta mucho Mónika’s y a Eli le gusta bailar. ¿En su plática de ayer se habló de nosotras?

- Sí, un poco…

- ¿Qué tal si nos explicas?

- Bueno… hablamos mucho y también hubo algunas lágrimas y le dije la clase de vida llevaba antes de conocerlo y él me habló de la suya y después me dijo que no le importaba lo que hubiera yo hecho, sino que yo pudiera pensar que él no era suficientemente bueno para mí y… llegamos a algunos acuerdos. Y yo pienso cambiar muchas cosas porque lo amo más que a mí misma. Y no lo hago forzada. Él me dijo que me ama tanto que, si yo quería, podía seguir viendo a otros hombres. Pero eso no va a pasar.

- Ana, puedes seguir yendo a esos lugares y mantener tu promesa.

- Sí, pero ya sabes que ahí hay gente que me conoce y de inmediato se van a acercar y yo no quiero que Alex…

- Y entonces ¿Nosotras…?

- Supongo que tienes razón. Tal vez no es tan buena idea que Alex y nosotras tres…

- Alex.

- ¿Sí, Jess?

- Explícame la erección.

Con cierta pena contesté:

- Bueno… Son ustedes tres… ya saben…

- No, no sabemos.

- Bueno pues… no estoy acostumbrado a ver tres de las más hermosas mujeres que he visto en mi vida, caminar por la casa vistiendo nada más que… lo que traen puesto.

- Ana, es hora de que dejemos esto claro. Quiero seguir cogiendo con él. ¿Se puede?

Ana contestó en voz baja y con cierta pena.

- Sí, Jess. Por alguna razón no me molesta que el nene esté con ustedes… hasta me gusta.

- ¿Eso incluye a Eli entonces?

- Sí. Conmigo o sin mí. Ustedes a él o él a ustedes. De hecho… ya que estamos en esto… Yo le prometí que… bueno… que yo misma le conseguiría a otras chicas con la condición de que fuera yo quien…

- Entiendo.

- ¿Alex?

- Yo sólo quiero que sea feliz conmigo.

- Ok. Todo resuelto entonces. Comida en dónde Alex diga y él decide lo que pase ahí, compras donde Ana diga y ella decide lo que pase ahí, Copita en Monika’s y yo decido lo que pase ahí y terminamos en la disco donde Eli decide lo que pase ahí. ¿Todos de acuerdo?

No esperó a que contestáramos. Se levantó de la mesa y dijo:

- Bien, hoy va a ser un día largo y quiero alocarme un poco. Quiero hacer varias de las cosas que nunca me animé a hacer y las voy a hacer con Alex y con ustedes empezando ahorita. Alex, sírveme un trago. ¡Tequila por favor!

Ana y Eli sonrieron emocionadas y aplaudieron como niñas chiquitas.

- ¡Anda nene trae la botella! Y vamos a la alberca. Niñas traigan algo de música.

Nos instalamos en los reclinables junto al agua y Jess nos hizo tomar un caballito de golpe a todos y luego dijo:

- ¿Qué te parecería un concurso de camisetas mojadas nene?

Eli preguntó:

- ¿Y quién va a ser el juez?

Jess se me acercó y sacó mi pene del short.

- El nene nos va a decir quién gana.

- Wooo, Wooo.

Se metieron al agua y salieron con los senos completamente visibles bajo las camisetas, no sólo eso, como llevaban pantaletas y no traje de baño, podía ver claramente sus vaginas y sus nalgas. Empezaron a bailar con la música y cuando terminó se atacaron de risa. Jess sirvió un caballito de tequila y dijo:

- Miren esto y muéranse de envidia.

Se quitó la camiseta y puso el pequeño vaso entre sus tetas apretándolas con las manos para que no se cayera. Sus pezones estaban completamente arrugados y con gotitas de agua que escurrían de ellos.

- Anda nene, ¿Tienes sed? Tu primita te va dar de sus tetas.

- Woooo, ¡cochinota!

- Anda nene, pero sin meter las manos.

Metí la cara entre los senos de Jess y alcancé el vaso con la boca, pude tomar un poco, pero las sacudidas de Jess por la risa hicieron que se derramara casi todo. Volví a buscar lo que quedaba en el vaso, pero éste se resbaló y quedó oculto casi por completo. Risas y gritos de mis primas:

- Wooo nene, ten cuidado te puedes ahogar ahí.

- ¡Es trampa Jess, ahí cabe una licorera completa!

Mi cara terminó metida por completo entre las tetas de Jess en medio de las risas de mis primas. Me separé y entonces metí mi mano desde debajo de sus enormes pechos y saqué el vaso casi vacío. Me tomé lo que quedaba en él y lo mostré, pero entonces Jess me jaló por la nuca y me dijo:

- Aquí todavía queda nene, límpiale las tetas a tu primita. Pegó mi cara a sus tetas y empecé a lamer y chupar sus senos mientras ella los sostenía para mí haciéndome alternar de una a otra finalizando con ella haciendo que me metiera uno de sus pezones en la boca hasta que se separó entre risas y se acercó a sus hermanas.

- Para que aprendan.

Eli se acercó a la botella y sirvió otro caballito.  Se las quedó viendo fijamente y dijo:

- Yo puedo hacerlo mejor.

Se volteó, se bajó las pantaletas y colocó el vasito entre sus enormes nalgas.

- Woooo. ¡Hace falta un vaso más grande!

- ¡De rodillas nene y a chupar!

Hincado a espaldas de Elí, intentaba alcanzar el vaso con la boca, pero ella se movía para evitarlo. Después de dos o tres intentos le agarré las nalgas y pegué mi boca al vaso. Igual que con Jess. Se derramó casi todo el contenido y terminé usando mi lengua para limpiarlo todo. Le daba besitos en las nalgas y le pasaba la lengua. De repente Eli se abrió las nalgas con una mano y con la otra jaló mi cabeza hasta que mi boca quedo en contacto con su ano. Saqué la lengua y le di un par de lamidas y un beso.

- Anda nene, cómele el culo a la prima Eli. Sé que te gusta mi culo.

- Woooo, ¡Cochinote… tenías que tomártelo, no comértela!

- ¡Déjalo ya, lo vas a asfixiar!

Eli me soltó, se dio media vuelta e hizo una caravana, mientras sus hermanas aplaudían. Jess y Eli se le quedaron viendo a Ana con ojos retadores y ella les dijo:

- Vean y aprendan.

Yo me había quedado sentado muerto de la risa. Ana tomó la botella completa y se me acercó. Se paró frente a mí y desde arriba me dijo:

- ¿Estás listo nene?

Con el pulgar de la mano izquierda jaló sus pantaletas hacia el frente y con la otra dejo caer pequeños chorros de tequila entre ésta y su cuerpo. El tequila escurrió y empezó a mojar el frente de sus calzoncitos y me dijo:

- Anda mi amor, ¡bebe! Tú mujercita te va a calmar la sed.

Me pegué a su entrepierna y empecé a chupar el líquido de sus pantaletas pegado a su panocha.

- ¡Eres una cochinota Ana! Woooo…

- Woooo… ¡Chúpatela toda nene!

Dejó de vaciar el tequila y se hizo las pantaletas de lado, yo me pegué de inmediato a ella. No bien había empezado a comérmela cuando Jess se acercó y separó a su hermana.

- Suficiente, suficiente… Ahora dinos nene, ¿Quién ganó?

Mis primas empezaron a preguntar impacientes.

- ¿Quién, nene?

- Sííí, dinos quién ganó.

Me puse de pie con la erección más fuerte que sentido nunca y me acerqué a ellas. Las abracé a todas juntas y les dije:

Yo, niñas. Yo gané.

- ¡Otro tequila!

- Sííí.

Se sirvió otra ronda y la bebimos de un golpe.

Jess les preguntó a sus hermanas:

- ¿Están calientes niñas?

- Como una estufa. – Dijo Eli.

Abrazada a mí Ana dijo:

- Con mi amor, siempre estoy caliente.

- Pues tenemos un problema entonces, porque dudo mucho que la verga de Alex aguante mucho.

Jess tenía razón. En ese momento hasta la más ligera brisa me haría eyacular. Jess continuó:

- Vamos a jugar una especie de ruleta rusa. Cada una va a tocarlo y a decirle cosas por quince segundos y luego cambiamos, a ver con quién se viene, pero no se vale jalársela y Alex no debe hablar. Alex, trata de aguantar lo más que puedas… te vas a divertir más así.

Eli se le quedó viendo a Jess y le dijo:

- ¡Guau! No sabía que tú…

- Nunca me había atrevido hasta ahora… Ana tú empiezas.

Me senté en el prado y Ana se acercó a mí y con suavidad empezó a recorrer mi verga con sus manos, acariciando la cabeza y el tronco.

- ¿Ya te urge, mi amor…? ¿Te calentamos mucho en la cocina mi vida…? ¿Te gusta ver a tus primitas casi sin ropa…? ¡Eres un caliente nene! ¡Y un pervertido! Somos tus primas y andas por ahí metiéndonos la verga a cada rato… Por suerte para ti soy una puta. Me voy a encargar de que te cojas a muchas mujeres… yo misma te las voy a poner en la cama….

- ¡Tiempo!, te toca Eli.

Eli se puso directamente frente a mí y se quitó toda la ropa. Tomó mi verga con una mano y la acarició suavemente, mientras que con la otra rascaba mis huevos con sus uñas.

- Cuando tú quieras mi amor, ¡ven y cógeme! Sé que te gusta mi culo mi cielo y a mí me gusta que me lo penetres con esa cosa tan rica que tienes. ¡Cuando se te antoje nene! Mientras estoy lavando los platos… cuando esté tomando el sol… mientras estoy hablando por teléfono… Y no te lo digo por este juego. Te lo digo en serio. Ya sabes que soy tu perra…

- ¡Tiempo!, mi turno.

Jess empezó a acariciarme con una mano también y con la otra se puso a jugar con las tetas.

- ¿Te gustan estas cositas…? ¿Te gusta ver cómo se mueven bajo mi blusa…? Imagínate que me las bañas de aceite y luego acomodas tu verga en medio de ellas. Imagínate que empiezas a cogértelas con fuerza mientras mis hermanas nos ven sobándose la panocha. Imagínate cómo se van a ver mis tetas bañadas con tu lechita y luego… cómo se las voy a dar a ese par de putas para que se amamanten de mis tetas y se traguen tu leche…

- ¡Tiempo! ¡Guau, que aguante, nene!

- Nos hubieras podido coger a todas, mi amor.

- ¿Otra ronda chicas?

- ¡Basta, por favor, basta!  o me dejan terminar o me la cortan ¡ya no aguanto más!

Ana entonces dijo:

- ¿Cuánto apuestan a que lo hago terminar en esta ronda?

- Lo que quieras.

- Si lo hago terminar tienen que acercarse a mamar su verga y a jalársela mientras él se viene en sus bocas y luego se van a besar.

- No sé, ya está muy cerca… pero de acuerdo. ¡Mismas regalas ¿Ok?

Ana se acercó y me dijo:

- No te preocupes mi amor, voy a acabar con tu sufrimiento ya.

Nuevamente empezó a tocarme como la vez anterior pero esta vez se acercó a mi oído y dijo suavemente:

- Acuérdate de cuando éramos niños, las galletitas, la mantita, mi cuerpo abrazando al tuyo. Vamos a hacerlo otra vez, como te lo prometí. Pero antes, para que te duermas, te voy a poner a contar con tu dedito todas las pecas que tengo en el cuerpo, como aquella vez que estábamos en tu casa y luego te voy a sostener como si fueras un bebé para que te alimentes de mis pezones prominentes y entonces te voy a acomodar entre mis piernas y me vas a coger mientras hueles mi aroma…

- ¡gghghg… ¡Sííííí, síííí!

- y así nos vamos a quedar toda la vida, para siempre contigo dentro de mí.

Pude haber llenado uno de los caballitos de tequila, la cantidad de semen que arrojé no pudo ser mayor. Eli y Jess se acercaron y abrieron la boca para dejar que mis chorros llenaran sus bocas. Jess fue la primera en cerrar sus labios alrededor de mi verga y no pudo contener todo el semen que se le escurría por los labios y se depositaba en sus enormes tetas. Eli se acercó para tomar su lugar y mientras cambiaban de bocas fuertes chorros les mojaron la cara y el cabello. Eli recibió el final de mi descarga mientras Ana me jalaba furiosamente la verga diciéndome con intensidad al oído.

- ¡Sí mi vida sí, dales de comer! Alimenta a tus putas mi amor. ¡Las tres somos tus putas! ¡Y yo soy la más puta de todas! Haz lo que te dijeron. Tómalas dónde sea y cuando se te antoje. Cógetelas y déjales el culo y la panocha llenas de semen y después vienes a cogerme mientras tu verga todavía tiene los jugos de mis hermanas.

Mi pene se sacudió varias veces en la mano de Ana y empezó a ablandarse mientras ellas se besaban usando sus lenguas y se limpiaban mutuamente mi semen de sus caras y tetas. De mi verga sin vida salieron unas últimas gotas y Ana se agachó a chuparlas mientras veía yo como Eli y Jess tragaban mi semen y me sonreían.

Me recargué en los pechos de Ana respirando fuerte y casi sin vida, mientras ella me acariciaba suavemente el cabello y me daba besitos tiernos. Las chicas se acercaron a mí y Jess me dijo con una sonrisa traviesa.

- Es la primera vez que dejo que alguien se venga en mi boca.

Eli se veía muy inquieta y dijo:

- Estoy muy caliente. Necesito terminar.

Jess se volteó a verla y le dio un beso en la boca.

- Bien, porque nos vamos a quedar así, calientes, para que la tarde sea más divertida. Ahora hay que curar la espalda de Alex.

……….

La ciudad no es muy grande pero casi todo el año está llena de turistas, especialmente en el verano. Cuando me preguntaron a dónde quería ir a comer les dije que mariscos, después de todo ya llevaba yo una semana en la costa y no los había comido. Jess hizo la broma de qué los iba a necesitar y todo era risas.

Mis primas conocen a medio mundo en la ciudad. Eli habló con el capitán de meseros quien la saludó amablemente y nos dio una mesa en la terraza hacia el mar. El restaurante estaba lleno, estábamos en plena temporada turística. Extranjeros y nacionales comían entre risas y el ambiente era muy agradable. Comimos y platicamos muy a gusto. Estábamos terminando el vino cuando un hombre de mediana estatura y ojos claros se acercó y saludó

- ¡Hola chicas!

- ¡Hola Carlitos!

Después se dirigió directamente e Jess.

- ¡Hola Jess, te ves muy guapa hoy!

Eli me presentó entonces:

- Este es Alex.

Me dio la mano y saludó amablemente. Era un tipo muy agradable de buenos modales y bastante simpático. Ana le dijo:

- ¿Gustas sentarte?

- No, gracias. Me están esperando.

- ¿Viniste con alguien?

- Unos amigos. Ya íbamos de salida cuando las vi y quise pasar a saludar. Me esperan allá afuera.

Jess dijo entonces:

- A media tarde vamos a ir a Monika’s. Si quieres, nos vemos por ahí.

Al tipo se le iluminó el rostro. Parecía como que si Dios mismo hubiera bajado del cielo y le hubiera dicho que era su favorito.

- Ok, nos vemos en la tarde.

Se despidió amablemente de todos y se marchó.

- Con que Carlitos… ¿Eh? – Dijo Ana.

Eli entonces explicó:

- Carlitos ha estado enamorado de Jess desde que la conoció, pero ella siempre lo rechazó por que decía que era sólo un niño bonito más. Ya sabes, en su época “rebelde”.

- Bueno, si voy a cambiar, supongo que debo empezar en algún lado.

- Excuse me. Do you speak English?

Tres turistas, dos mujeres y un hombre estaban parados junto a la mesa y se dirigían a nosotros. Mis primas dijeron que no y yo respondí:

- I do. Can I help you?

- Oh, great! We were wondering if you could tell us how to get to Laguna Azul.

- ¿Cómo se llega a Laguna Azul?

Eli me explicó y yo traduje.

- Do you guys have a car?

- Yes.

- Ok then, Just go straight ahead two blocks and turn right. Take your first left and follow the street until you get to a fork. Take your right and from there it’s a fifteen minute drive.

- Thank you so much. You guys are great!

- No problem.

- Oh, and by the way, your English is very good!

- Thanks. I’ve been learning since I was a kid. Yours too!

La chica se rio con la broma y me puso una mano en el hombro diciendo:

- We too have been learning since we were kids.

Agradecieron y se fueron despidiéndose amablemente.

Eli dijo:

- ¡Guau! No sabíamos que hablabas inglés.

- Mi papá insistió. Ahora que me gradúe espera que me vaya a trabajar con él. De hecho, ya lo hago un poco. Tengo que checar que las órdenes al extranjero se hayan recibido, confirmar con el cliente, ya saben.

En ese momento Ana me dio un golpe bastante fuerte en el hombro y se me quedó viendo con cara de enojo.

- ¿Y las risitas son parte del servicio al cliente?

- ¡Ana! ¿Qué te pasa? Sólo les dijo como llegar a dónde iban.

- ¿Y por qué tiene que tocarlo y reírse con él?

Jess dio un trago a su copa de vino y dijo con una sonrisa en la cara:

- ¡Ah! Porque a ti no te han tocado nunca. ¿Verdad?

- No…. Bueno, sí… pero…

- Ana, he visto a más de un hombre tocándote y nunca te importó que pudiera pensar la persona con la que estabas. Te he visto reír con muchos hombres y tampoco pareció importarte la persona que te acompañaba en ese momento.

Dio un sorbo más a su copa.

- Ahora imagínate esto: sales del baño y ves a Alex rodeado de chicas y poniendo sus manos en la cadera de una de ellas mientras ríe felizmente.

La imagen golpeó la mente de Ana recordándole el incidente de la fiesta. Su rostro cambió y con expresión de remordimiento se me colgó del brazo que acababa de golpear y dijo:

- ¡Perdón, mi vida! – Jess continuó.

- Así es, Ana. En este mundo habemos dos clases de personas: Aquellas como tú y Eli que son perseguidas y admiradas, que no necesitan más que pedir para que los hombres les cumplan sus antojos y las personas como Alex y yo, que tenemos que esforzarnos para conseguir lo que queremos y, aun así, raramente lo conseguimos.

Ana tomó mi rostro en sus manos y me plantó un beso.

- Lo siento, mi amor. Es que… no estoy acostumbrada a estar… enamorada.

Se acurrucó en mi hombro mientras Eli abrazaba a Jess por los hombros.

- ¿Es distinto cuando estás del otro lado, ¿Verdad? Ya te acostumbrarás… bueno, ¡vamos de compras!

- Pedí la cuenta y cuando me la dieron Eli me la quitó de las manos.

- Nosotras nos encargamos. Mamá dejó dicho que no te permitiéramos pagar nada.

Se ocupó de la cuenta y salimos. Subimos a la camioneta y nos dirigimos a la plaza donde se encontraban las tiendas de ropa más caras de la ciudad. Eli manejaba con Jess a su lado y Ana y yo estábamos en el asiento de atrás. No bien habíamos entrado y Ana se me pegó en la boca besándome como si fuéramos a hacer el amor. Me besaba en la boca y me chupaba el cuello. Mordía suavemente mis oídos y me acariciaba en la entrepierna.

- Te amo, mi vida. ¡Te amo! ¿Tú me quieres? Di que me quieres. Soy muy tonta, pero de veras te quiero, mi vida.

- Te amo como no he amado a nunca. Y… no te voy a decir mentiras, estas pequeñas demostraciones de celos me encantan, sólo no te enojes… No me gusta cuando te enojas conmigo.

Sonrió con esa cara de niñita feliz que me encanta y se abrazó fuerte de mí. Llegamos al centro comercial y me llevaron a varias tiendas. Los precios eran exorbitantes. Sólo ropa de marcas famosas. Mi padre ha hecho bastante dinero, pero nunca me da mucho, siempre ha querido que me lo gane y que aprenda lo que vale, así que yo busco siempre la economía. Afortunadamente llevaba yo el dinero de los sobornos que me dio antes de salir y dos tarjetas, una donde guardo mi dinero y lo que mis padres me dan semanalmente y la otra que es una tarjeta de crédito de negocios con cargo a la empresa de mi padre. Cuando entré a la universidad mi papá me la dio para emergencias. Ésta, sin duda lo era.

En nuestra primera parada conseguimos pantalones y camisas. Me dio algo de pena entrar. Yo vestía el pantalón que usé en la fiesta y una playera limpia. Ana de inmediato despachó a sus hermanas a buscar ropa después de pregúntame mi talla y se puso a buscar ella misma. Una chica se acercó y me dijo:

- ¿Puedo ayudarte?

Ana oyó la voz y de inmediato volteó a vernos.

- Sí gracias. Mi novia cree que mi atuendo es muy informal y de mal gusto y me trajo para que deje yo de parecer naufrago. ¿Por qué no mejor habla con ella?

Cuando Ana oyó eso se le iluminó el rostro y se acercó toda hecha sonrisas y se apretó contra mí viendo a la chica.

- ¿Qué está buscando señorita?

- Mi novio es el hombre más lindo que hay y quiero que se vea genial. Ya sabes algo casual y juvenil, pero elegante.

- Ok, de este lado tengo unos pantalones y unas camisas que nos acaban de llegar.

La señorita se alejó y marchamos detrás de ella. Ana hablaba con ella y le pedía más cosas. Llegaron Eli y Jess con aún más cosas y yo entraba y salía del probador. Finalmente, Ana eligió varias camisas y pantalones. Le dijo a la empleada que me llevaría algunas cosas puestas y fuimos a la caja a pagar.

- Ana, toda esta ropa es genial, pero no necesito tanta.

- Sí, mi amor la necesitas toda.

La chica me dio el total y pagué. Después fuimos a otra tienda donde vieron zapatos, calcetines y cinturones. Hasta una cartera nueva que Eli escogió para mí. Finalmente, me llevaron a una gran tienda departamental para que comprara un perfume para caballero. Lo único que acostumbraba usar era loción para después de afeitar y desodorante. Así que las dejé escoger el aroma. Se veían todas felices. De repente se me vino a la mente la imagen de Jess poniéndome el vestidito ese cuando éramos niños y pensé que no era tan malo dejar que una mujer te vista.

Ana le dijo a Eli que fuéramos al estacionamiento subterráneo donde dejamos la camioneta, a dejar las bolsas, ¡que ya eran demasiadas!, y así lo hicimos. Jess le dijo a Ana.

- ¿Los podemos dejar unos momentos? Quiero que Eli me acompañe a escoger algo de maquillaje.

Ana soltó las bolsas que llevaba y las abrazó.

- Claro que sí. Quiero llevar al nene a comprar unas cositas más. Nos hablan cuando terminen y nos vemos en el auto.

Las chicas le dejaron las llaves y se fueron, Ana y yo nos quedamos guardando las cosas en la camioneta. Cuando cerré la puerta del compartimiento de carga. Ana me jaló hacia ella se recargó en la camioneta y me dio un enorme beso. Luego me preguntó:

- ¿Entonces ya somos novios?

- Pienso en nosotros como mucho más que novios, pero si hay que traducirlo en términos que entienda la demás gente… pues sí, somos novios.

- Mi vida… te amo.

Volvió a prenderse de mí y a besarme con intensidad.

- Vamos a aprovechar que mis hermanas se fueron… ¡Cógeme!

- ¿Aquí?

- Sí, mi vida. Aquí.

Me llevó a un rincón oscuro apartado de los autos, donde una pared nos cubría parcialmente de la vista de la gente que pudiera pasar. Se recargó contra la pared y se levantó la falda e hizo de lado sus pantaletas, dejando a mi vista su panocha.

- Ven a terminar lo que empezaste en la mañana.

Me acerqué a ella y me sacó la verga del pantalón. La sacudió un poco y la apuntó a la entrada.

- Anda mi amor, cógete a tu novia. Estoy caliente desde la alberca. La pinche Jess sabe lo que hace. Me dejó bien caliente.

Me acomodé entre sus piernas y flexioné las rodillas para ponerme en posición. Ella me guiaba con su mano y cuando sentí que estaba en su lugar empujé.

- ¿Así me querías, nena? ¿Con mi verga en tu panochita? Eres una puta caliente. ¿Te gustó como se tragaron mi semen las putas de tus hermanas?

- ¡Ahh! Sí, sííí… Las muy putas se la tragaron toda. ¡Jódeme más fuerte!

Ana estaba muy mojada y con cada empujón se le iban los ojos hacia arriba.

- Te voy a llenar la panocha de leche y luego quiero que te subas las pantaletas para que se escurran en ella tus jugos y mi semen. Quiero que andes todo el día con tus calzoncitos mojados.

Ana se sacudía cada vez con más fuerza. Seguí dándole verga con fuerza y como ya venía caliente desde la casa no aguantó mucho más.

- ¡Sí pinche nene cochino…! Llena a tu primita con… tus mecos. Quiero andar… con tu semen entre mis… piernas por la calle… cuando lleguemos a casa voy a… hacer que mis hermanas me la… cooo…man hasta que quede limpieciiiitaaa…

- ¿Ya te vas a venir puta? ¿Quieres que te los eche ya perra?

- Ghgh… Sííí… Me vas a hacerr vennniirr, cabrón. ¡Me vengo, me vengggg…!

- ¡Ahí te van, tómalos tooddoos!

Me vacié en ella y nos quedamos pegados un rato. Luego, Ana se tapó la boca con las manos mientras se reía volteando a ver si alguien nos veía. Después puso sus brazos alrededor de mi cuello y con sus ojos fijos en los míos me dijo:

- ¿Ves lo que me haces hacer nene? ¡No sé qué me diste, que te amo tanto!

- Si quieres te puedo hacer el amor en dos idiomas.

Ana se me quedó viendo y cuando entendió la broma me pegó en el pecho y me dijo riéndose:

- ¡Tonto! Si otra gringa resbalosa se te acerca la muelo a golpes.

Me dio un beso muy tierno y me dijo:

- Ahora salte nene, todavía quiero ir a otro lugar.

Me salí de ella y Ana se cubrió rápidamente con las pantaletas para no dejar que cayera ni una gota al piso. Después tomó mi pene, lo acarició un poco y lo guardó en mi pantalón. Tomó mi mano y la metió bajo su falda para que sintiera yo sus calzoncitos mojados.

- Así voy a andar todo el día para ti.

La besé y ella se colgó de mi cuello.

Regresamos al centro comercial y me llevó a una joyería. Le pidió a la empleada que le mostrara un juego de relojes para dama y caballero bastante caros y pidió que grabaran su nombre en el de hombre y el mío en el otro. Mientras esperábamos me dijo:

- Este es un regalo mío para los dos. Pagó y después de unos minutos estaban listos. Nos los pusimos y salimos abrazados, nos paseamos por la tienda un rato y salimos a la plaza a tomar un café. Llegó la llamada de sus hermanas, pagué y nos fuimos al estacionamiento. Subimos al auto y nos encaminamos hacia Monika´s.

- Perdón por la tardanza. Había muchísima gente y las empleadas estaban ocupadísimas.

- No te apures Ana, El nene y yo hicimos algunas compras más.

- Te ves muy bien Alex… lo siento por ti, seguramente vas a atraer chicas por montones y Ana te va a mandar al hospital.

- No, Jess. Las que van a ir a dar al hospital son ellas.

Mientras arrancaba la camioneta Eli preguntó:

- ¿Todo bien? ¿Cómo te sientes nene?

- Como Julia Roberts en Mujer Bonita.

……….

Monika´s era un lugar realmente agradable. Se encontraba ubicado en la parte turística a donde iba la gente joven. Todos los negocios de por ahí eran famosos por los americanos y canadienses que iban de Spring Break a hacer escándalo. Había cierta tolerancia y se permitían algunos excesos, siempre y cuando no se rebasaran ciertos límites. Estaba decorado como los bares americanos de los cincuentas y la música era buena. Había mesas altas con bancos y gabinetes, una Rockola y tres mesas de billar. Ocupamos uno de los gabinetes y, todos los empleados saludaban a las chicas. Llegó la mesera y saludó.

-Hola, Eli. ¿Qué van a tomar hoy?

Jess se adelantó a su hermana y dijo:

- Hoy es noche de tequila. Tráenos unas margaritas y a Alex whiskey con hielo. Y no dejes de seguir trayéndolos.

- Noche de disco, ¿eh? Salen tres margaritas y un whiskey.

- Siempre pasamos aquí para entonarnos con unas copitas y luego salimos a la disco.

Ana dijo:

- ¿Y esos relojes?

- Son un regalito que le hice al nene.

- ¡Están divinos, a ver!

Ana estiró la mano y las chicas los veían haciendo elogios.

- Hola. Buenas tardes.

Carlos o Carlitos, como lo llamaban las chicas. Estaba junto a nosotros. Jess lo invitó.

- Hola Carlitos, acerca una silla y siéntate.

Carlos lo hizo y nos pusimos a platicar muy alegremente. La plática era principalmente acerca de Jess y de las cosas raras que a veces solía hacer cuando andaba en su etapa oscura. Ana y Jess contaban y Carlos la defendía. El tipo era agradable en realidad.

Tomamos varias copas y estábamos muy contentos cuando dos tipos acompañados de dos mujeres se acercaron a la mesa.

- Hola Carlos. Hola señoritas.

El humor se apagó de inmediato. Carlos contestó el saludo fríamente y las chicas ni contestaron.

- Si se les antoja un juego de pool, por aquí vamos a andar…

Se rieron y se fueron a una de las mesas de pool. Cuando se alejaban, uno de ellos hizo con las manos como si tomara una foto.

- ¡Par de imbéciles!

Carlos iba a levantarse de la mesa, pero Jess lo detuvo.

- No Carlitos. Déjalos. Mejor pídeme otra copa.

Carlos pidió otra ronda y la tomamos casi en silencio. Yo, mientras tanto, veía jugar a los tipos. Eran un par de patanes de esos que abundan. Con buenas ropas, pero mal gusto. Trataban a las chicas que los acompañaban de manera corriente, hablándoles con groserías a la vista de todos. Eran escandalosos y mal hablados. Las mujeres eran descaradamente corrientes, guapetonas, pero sin ningún trazo de elegancia.

Carlos pidió otra ronda y dijo:

- Qué les parece si después de estas nos vamos a otro sitio. Yo los invito.

- ¿Qué pasa? – pregunté.

- Hace como año y medio vinimos aquí como de costumbre. – empezó a contar Eli. – Ana y yo veníamos con unos amigos y tomamos bastante. Ese par de idiotas se pusieron a jugar con ellos y les ganaron todo el dinero. Hicieron una apuesta. Un juego más, si perdían devolvían el dinero y si ganaban Jess tenía que mostrar sus senos y dejarse tomar una foto. Ellos ganaron y se tomó la foto.

- ¿Y por qué no simplemente se marcharon cuando se les acabó el dinero?

- Estábamos muy tomados todos. Creímos que era una bobería, como una travesura… pero estos tipos empezaron a enseñar la foto por todos lados. No se ve la cara de Jess, sólo sus senos y sus manos levantando la playera. Ni siquiera se ve todo y está mal tomada, pero no pierden la oportunidad para burlarse.

- Carlos, ¿juegas billar?

- Sí, pero no soy muy bueno.

- Ellos tampoco. Dame todo tu dinero.

Carlos se me quedó viendo con extrañeza igual que todos los demás.

- Anda dámelo.

Me lo dio y lo puse con el mío, luego le dije:

- Sígueme y haz lo que yo.

Nos acercamos a la mesa y les dije a los patanes:

- ¿Les interesa un juego?

- Se me quedaron viendo y sonrieron.

- ¿Traes dinero?

Puse el dinero sobre la mesa.

- Veinticinco mil.

- No traemos tanto.

- ¿Cuánto traen?

Contaron su dinero y dijeron:

- Tres mil

- ¡Ja! Ni la molestia de haber caminado hasta acá… Ok. Carlos y yo les apostamos este dinero contra la ropa de ustedes y sus amiguitas. ¿Qué les parece?

Se quedaron viendo entre ellos dudando.

- Dos de tres juegos, bola ocho, pero les advierto, soy muy bueno y no tienen nada que hacer contra mí. Mi consejo es: tomen su dinero y a sus mujeres y váyanse de aquí.

La gente empezaba a reunirse alrededor de nosotros incluyendo a mis primas.

- De acuerdo bocón.

Arreglaron las bolas y lanzaron una moneda pera ver quien empezaba. Se acercaron a mí con la moneda tapada y le dije:

- Empiecen ustedes. Cuando llegue mi turno nadie va a tocar las bolas nuevamente.

Empezaron y no cayó ninguna, siguió Carlos y falló. Luego siguió el que no hablaba, el que hizo la seña de tomar foto con las manos hacía un rato y embuchacó dos, luego fue mi turno. Antes de tirar les dije.

- Si ganamos este juego sus novias tienen que quitarse la ropa y se la pueden poner si ustedes ganan el que sigue. Pero eso no va pasar. Les estamos dando una oportunidad de irse de aquí con su dinero y su ropa. ¿Qué dicen?

- Cállate y juega ¡pinche imbécil!

- Ok.

Jugué y metí todas nuestras bolas una tras otra. Finalmente anuncié:

- Ocho en la esquina de allá.

La bola cayó.

- Ok chicas ya oyeron a sus novios, fuera ropa.

Todo el mundo, incluyendo meseros, estaba alrededor de la mesa. Todos gritando y aplaudiendo.

- ¿Qué pasa aquí?

Era la dueña del lugar, Mónica, que había oído el ruido y salió de su oficina a ver qué ocurría.

Como un rayo Eli se acercó a ella y le habló al oído.

- ¿Con qué sí eh? Arturo, cierra las puertas y apaga las luces de afuera.

Se acomodó al frente de la gente y cruzó los brazos sin decir nada. Los tipos esos se quedaban viendo entre ellos y a las chicas que las acompañaban y bajaron la cabeza. Las chicas les dijeron:

- ¡Son unos idiotas! - Y empezaron a quitarse la ropa qué recibió la dueña del lugar. Los flashes de los celulares alumbraban más que las lámparas.

Cuando quedaron en ropa interior dije:

Es suficiente. Si perdemos este juego se la ponen de vuelta y jugamos el tercero, pero… si ganamos se tienen que quitar lo que falta y ellos también.

Carlos acomodó las bolas y yo salí. Entró una y luego metí otras seis, fallé y fue turno del patán grandote.

- No vayas a fallar imbécil. - Le decían las chicas.

El tipo falló. Carlos metió una y falló. El patán mudo falló.

- Eres un pendejo, pinche imbécil. – Le dijo una de las chicas.

Terminé por meter las que faltaban y anuncié:

- Ocho en medio a la derecha.

Volteé a ver a las chicas y les dije. Deberían conseguirse mejores novios. Yo jamás hubiera aceptado esta apuesta.

Tiré y cayó la ocho. Gritos, risas, flashes. Las chicas cumplieron y se quitaron la ropa. Se tapaban como podían con las manos y entonces me quedé viendo a los patanes sosteniendo el taco en caso de pleito.

- Las chicas cumplieron, su turno.

Viéndose rodeados de gente, no tuvieron más remedio que cumplir. Cuando cayó la última prenda pusieron sus manos en la entrepierna y los gritos eran ensordecedores. Bromas acerca del tamaño de sus penes se dejaron oír por todos lados. Mónica se aproximó a las chicas y les entregó sus ropas. Se vistieron rápidamente y salieron del lugar dándoles unos manazos a los patanes. Mónica dijo entonces:

- Arturo abre las puertas y prende las luces. Los caballeros se cambian allá afuera.

Mas gritos y risas. Los meseros arrojaron las ropas a la calle y los tipos salieron tras ellas. Arturo se me fue encima y me abrazó como que si fuera navidad.

- Fue genial, hermano. ¡Genial!

Después sentí que por poco caía al piso cuando Jess me abrazó casi rompiéndome la espina. Luego me soltó y tomó a Carlos de la mano para llevarlo de nuevo a la mesa. Eli hablaba con Mónica y la gente me daba palmaditas en la espalda mientras regresaban a su mesa. Ana esperó a que todos se fueran y caminó hacia mí. Se me colgó del cuello y me dijo en voz baja:

- Esta es la segunda vez que me estoy mojando sin que me toques. Ahora dime como le hago para aguantarme las ganas de cogerte sobre esa mesa.

- Bueno, yo…

No me dejó terminar. Me dio un enorme beso y la gente silbó y aplaudió. Caminé con ella a la mesa y le devolví su dinero a Carlos. Jess estaba colgada de su brazo y sonreía como nunca.

Eli llegó después y dijo:

- Esos dos ya tenían harta a Mónica. Siempre haciendo escándalo y alejando clientela. Por cierto, esta ronda la paga ella. Dice que después de esto seguramente más gente va a venir por aquí.

- Lo único que me preocupan son esos dos, pueden regresar a buscar pleito y no me gustaría que estuvieran ustedes por aquí si ocurre. – Ana se le quedó viendo a Carlos y dijo:

- No creo que pase, El papá de Carlitos va a ser el próximo procurador de justicia del estado y esos dos lo saben.

- No te apures hermano, no pasa nada. Pero dime, quién te enseñó a jugar así. ¡Nunca había visto nada igual!

- Mi papá me llevó al billar cuando entré a la secundaria. Él juega muy bien y me enseño algo. Se nos hizo costumbre y hubo un tiempo en que íbamos cada semana. Después iba yo solo cada que podía y el dueño del billar, que fue muy bueno en su época, me vio jugar, le gustó y me enseñó. Me hice muy amigo de su hijo y jugamos juntos cada vez que podemos. ¡Él sí es bueno! Deberían ver lo que puede hacer.

Ana se me colgó del cuello y me dijo:

- Yo quiero ver lo que tú puedes hacer papacito.

Estuvimos ahí un rato más y a eso de la una de la mañana nos fuimos a la disco. Ana, Eli y yo en la camioneta y Jess con Carlitos en su coche.

Nuevamente saludos de todo el mundo que las reconocían al instante. Ana se veía nerviosa y no soltaba mi brazo para nada. Nos dieron un lugar cerca de la pista y de inmediato llegaron las bebidas. Los primeros que se levantaron a bailar fueron Carlos y Jess. Jess se veía muy contenta y Carlos ni se diga. Después llegó un conocido de Eli y la sacó a bailar. Tomé a Ana de la mano y la llevé a la pista. Poco a poco se fue relajando y empezó a divertirse. Cuando regresamos a las mesas ya estaban de vuelta Jess y Carlos y había más bebidas.

La noche transcurrió de manera agradable y sin incidentes. Todos nos divertíamos de lo lindo el alcohol empezaba a hacer mella. Sobre todo, en las chicas. En algún momento los meseros se acercaron a la pista y sacaron a bailar a las turistas. Se hizo una fila y todo el mundo se unió a ella. Eli me jaló y Ana se pegó a mí nos incorporamos y entonces las luces estroboscópicas era lo único que alumbraba el lugar. Eli tomó mis manos y las puso en sus nalgas. Ana se apretaba contra mi espalda y me agarraba el pene. Nos movíamos al ritmo de la música y nos tocábamos. Volteé a mi alrededor y la algunos estaban haciendo lo mismo, incluso Jess que tenía a Carlitos contra ella apretándole las nalgas mientras éste le masajeaba los senos. Las luces de colores volvieron y todo el mundo regresó a sus mesas. Yo pensaba que lo que habíamos hecho era muy atrevido, pero pude notar que la gran mayoría de las mujeres llegaba a sus mesas arreglándose la ropa.

Pasado un rato Jess le dijo a Eli que se iba con Carlos y que él la llevaría a casa. Carlos se ocupó de pagar la cuenta de las botellas que estaban en la mesa y se despidió de las chicas luego me jaló y me dio un abrazo muy apretado. Tomó a Jess del brazo y se fueron. Nos quedamos hasta que la última botella se acabó y salimos de ahí.

Ambas chicas ya estaban bastante tomadas y yo manejé con Ana a mi lado y Eli junto a la ventana. Se reían de cualquier cosa y gritaban por todo. Íbamos a medio camino de la casa y la carretera estaba vacía, de pronto Eli me dijo con voz de ebriedad.

- Para el carro nene, tengo que ir a mear.

- Me orillé donde vi unos árboles pensando que era un buen lugar, pero Eli simplemente se bajó y caminó sólo unos pasos nada más. La luz de la puerta abierta y la de los faros me dejaba ver todo. Eli se subió la mini falda y se bajó las pantaletas dejando salir un chorro fuerte y abundante. Ana se me acercó al oído y con dificultad pudo decir:

- Mira ese culo y dime que no te lo quieres coger.

- Me encantaría, pero Eli está media tomada y no me parece bien.

- No está media tomada. Está muy tomada y así es cuando se vuelve más puta. ¡Ve y cógetela!

Se bajó de la camioneta y la seguí se puso junto a su hermana y la imitó poniéndose a orinar ella también. Me puse atrás de ella para admirar el espectáculo y cuando Eli se levantó y me vio, me preguntó.

- ¿Tú no quieres mear, nene?

- Pues ahora que lo mencionas, creo que me vendría bien.

Eli se acercó y me sacó la verga del pantalón. La jaló un par de veces y en eso se acercó Ana y nos dijo:

- ¿Qué están haciendo cochinotes?  Y ¿Por qué le estás jalando la verga a mi novio?

- El nene quiere mear y yo nada más lo estoy ayudando.

- Tú nada más le quieres parar la verga a mi novio para que te coja. No me engañas.

Luego ella misma empezó a acariciarme la verga.

- ¿El nene quiere hacer pipí? Deja que tus primitas te ayuden.

Agarraron mi verga semi erecta y la apuntaron al pasto.

- Anda nene, suéltalo.

Empecé a orinar y las chicas le daban suaves caricias. Ana puso uno de sus dedos en el chorro y salpicó un poco su vestido, después Eli la imitó y con el dedo mojado me acarició la cabeza del pene. Yo metí mi mano bajo su falda y sus calzones y empecé a masajearle el culo y la panocha. Ella se inclinó un poco hacia el frente para facilitar el trabajo de mis manos. Cuando terminé de orinar Ana empezó a besarme mientras yo seguía metiéndole mano a su hermana.

Tomé a Eli por los hombros y la puse de frente contra la camioneta. Terminé de levantar su falda que todavía estaba a media cadera y dejé caer mis pantalones al suelo. Abrí sus nalgas y la penetré por la vagina.

- Así amor, así. Cógete a la puta de mi hermana. Acuérdate que es tu perra.

Mientras yo se la metía Ana acariciaba mis huevos desde atrás.

- Dale duro. A ella le gusta duro. Es una pinche perra en celo que sólo piensa en que se la cojan.

- ¡Sí, pinche nene, cógeme! A la puta de tu novia le gusta ver cómo me coges. Es más puta que yo.

Eli se acercó a su hermana y la empezó a masturbar por el frente mientras yo me la cogía por detrás.

- ¡Ah! Que no te quepa duda. Soy más puta que tú y Jess juntas. ¿Sabes que hicimos el nene y yo mientras ustedes iban por su maquillaje? Me lo cogí en el estacionamiento. Ahí parada le abrí las piernas y me penetró. Soy su puta y le voy a conseguir más perritas como tú para que se las coja frente a mí.

- Sí, yo quiero ver. Me gusta cuando se coge a otras. Me gustó ver cómo se cogió a Brenda y a Jess. Me calenté cuando Karla se la jaló. Cógetelas a todas, nene cógetelas. Pinche Jess, por su culpa ando bien caliente desde la mañana y ella ya se fue a coger. ¡Dame más duro… ya me voy a veniiiirr! ¡Dale carbón…!

- Pinche perra sucia. Te está cogiendo mi novio y te vas a venir perra. Dale nene ¡Cógete a esta pinche perra urgida!

Eli se vino y sus piernas empezaron a temblar sin poder sostenerla. Se dejó caer en el suelo y se quedó sentada ahí un rato sacudiéndose después de un momento, la ayudé a ponerse de pie y me agaché para levantarle las pantaletas, al terminar de acomodárselas le di varios besos en la vulva mientras le masajeaba las nalgas y se sacudió con cada uno de ellos. Le acomodé la falda y se subió al asiento de atrás. Reemprendimos el viaje con Eli dormida en el asiento trasero y Ana sentada a mi lado masajeándome la verga, que me dejó de fuera, todo el camino. Hasta la casa.

Estacioné la camioneta y Ana, con voz de ebriedad, me dijo que teníamos que esperar a Jess. Era la estrategia cuando salían cada una por su cuenta. A sus madres no les gustaba que anduvieran solas así que se esperaban mutuamente para entrar juntas. Ana despertó a su hermana y nos sentamos en las mesas de la veranda, Eli cruzó los brazos sobre la mesa y se quedó dormida otra vez.

Ana me besaba y seguía jugando con mi pene. Yo le desabroche el sostén y ella se lo quitó. Masajeé sus tetas por encima de la blusa y sus pezones parecían querer romper la tela. Se los pellizqué por encima y mis manos empezaron a acariciar sus piernas. Ella las abrió para permitirme entrar y le jalé las pantaletas que cayeron hasta los tobillos. Empezamos a masturbarnos mutuamente y de repente Ana se detuvo y me dijo:

- ¿Me cambias la sala y las galletitas por tu recámara y sexo salvaje?

- Dejé de tocarla también y contesté:

- No. Yo quiero mis galletitas y mi alfombra ¡Sin sexo! Esa sería la luna miel perfecta.

Ana empezó a llorar mientras sonreía viéndome a los ojos.

- Dijimos que no más lágrimas.

- ¡No lo puedo evitar, tonto! Te amo mucho. Eli tiene razón, no sé qué me diste. Estoy asustada.

- Tú misma lo dijiste, el sexo es fácil… Amar es toda otra historia. Cuando amas te da miedo hacer una tontería y perder lo que tanto quieres. Yo… me siento exactamente igual.

- Sabes? Desde hace unos días no dejo de pensar en que no te puedo dar algo especial…

- ¿Estás loca? Me has dado todas las cosas que nunca tuve y más. Antes de venir Jamás hubiera soñado siquiera todas estas experiencias formidables. Me has dado todo.

- No me refería a eso. Todas esas experiencias, como las llamaste. Te las pudo haber dado cualquiera. Por aquí, es fácil. La vida es muy disipada y se presta a todo esto. Con el dinero suficiente puedes pagarte una orgía si quieres. No, me refiero a que no hay parte de mí que no haya sido usada y… y a mí me gustaría haberte dado algo que nadie más hubiera tenido de mi…

El alcohol cobraba su cuota, se puso a llorar como una magdalena. Yo la abracé y la atraje a mi pecho. Finalmente se quedó dormida. Y yo no supe que hacer. Después de veinte minutos llegó Jess y me vio ahí con ellas y se rio.

- Supongo que esta noche no habrá sexo para ti Romeo.

- En este punto es lo que menos me interesa. No sé cómo voy a hacer para llevarlas a su cama.

- Bienvenido al club. No te preocupes no es la primera vez que esto pasa. Se dirigió a Eli y la sacudió fuertemente.

- Anda tonta, mueve tu enorme trasero hacia la cama.

Eli se puso de pie y se apoyó en los hombros de Jess.

- Ésta es fácil, camina dormida. A Ana la vas a tener que cargar. Dejo a Eli en la cama y vengo a ayudarte con ella.

Mientras regresaba acomodé la ropa de Ana, regresó Jess y me dijo:

- Cárgala y yo te abro las puertas, sólo procura no hacer ruido.

Dejamos a Ana en su cama y regresamos a la camioneta por las bolsas con mi ropa. Las metimos a mi habitación y Jess me dijo:

- Voy a tomar un café, ¿quieres?

La acompañe a la cocina, sirvió unas tazas y luego tomó una botella de licor de café de la despensa y se sirvió. Me mostró la botella y yo acerqué mi taza me puso un poco y entonces nos sentamos uno junto al otro.

- La tenemos ahí para el café de la mañana siguiente.

- Gran idea…Y… ¿Cómo te fue con Carlos?

- ¿Quieres los detalles morbosos?

- ¡No, claro que no!

- Qué bueno, porque no hubo ninguno.

- O sea que ustedes no…

- ¿Sexo? Sí tuvimos sexo. Bueno, al menos él lo tuvo. El pobre acaba muy rápido.

- Seguramente es porque le gustas mucho, de seguro estaba emocionado y… bueno, la excitación le ganó.

- ¿Y cómo explicas las otras tres veces?

Me reí y ella también.

- Supongo que esta es una de las razones por las que algunas mujeres engañan a su marido. ¿Y a ti como te fue?

- Ana bebió mucho y… empezó a decir casi casi que no valía nada porque…

- …porque se ha ido a la cama con muchos. – Completó la frase.

- Sí, algo así.

- La culpa la va a hacer que empiece a hacer penitencia.

- ¿Penitencia?

- Sí, va a querer compensar por todo lo que ha hecho con otros y no ha hecho contigo. De ahí nosotras, aunque ahí hay otras cosas, y de ahí que te prometa otras mujeres y de ahí que… Bueno… tu entiendes.

- ¿Y qué hay que hacer?

- No hay nada que hacer. Es un proceso de reconstrucción interna. Lo único que puedes hacer es estar ahí para ella y ver si se perdona a sí misma.

Nos quedamos en silencio bebiendo el café.

- Eres buena como psicóloga.

- Nah, si lo fuera no hubiera necesitado un pleito contigo para arreglarme yo misma. Bien, te dejo, va a amanecer dentro de poco y necesito masturbarme antes de dormir.

Me dio un beso en la boca y se marchó.

 

Contra todos mis principios, lavé las tazas y me fui a acostar.

Miércoles

Desperté como a las diez y tantos de la mañana. Me bañé, me vestí y bajé. Mis tías y mi mamá ya no estaban y mis primas seguían durmiendo. Las chicas del aseo trabajaban en la casa y el jardinero afuera. Una de las chicas se ofreció a prepararme el desayuno y lo comí con ganas. Había bajado con alguna de la ropa que había comprado ayer y decidí salir al jardín. Metí en una hielera varias bebidas y me senté en la mesa con mis lentes oscuros y mi computadora. Revisé mi correo y luego me puse a hacer unos protocolos para mi proyecto.

Jess llegó con su traje de baño a meterse en el agua como de costumbre, pero me vio y se sentó junto a mí.

- ¡Guau! ¡Qué guapo! Ana siempre ha tenido buen gusto para la ropa ¿Qué haces?

- ¡Gracias! Estoy terminando uno de los protocolos para mi proyecto de titulación.

- ¿Quieres hacer algo hoy?

- No lo sé. Estoy esperando a Ana. A ver qué quiere ella. ¿Tú?

- Más tarde voy a ver a Carlitos. Ya sabes, comida, cine, copita, sexo.

- Espero que tengas mejor suerte que ayer.

- Es lindo y creo que siento afecto por él, con algo de tiempo ¡quién sabe! Lástima de su… defecto.

- Tal vez, cuando se haya acostumbrado un poco más a ti, su… defecto desaparezca.

- Puede ser, pero si hoy vuelve a pasar como anoche, quiero que sepas que apenas regrese te voy a coger otra vez.

Bromeando con voz trágica, le dije:

- ¿Eso es todo lo que soy para ti…? ¿Un objeto?

Ella rio de buena gana y dijo:

- No entiendo cómo es que no tienes un ejército de chicas atrás de ti. Eres guapetón, tienes buen sentido del humor y eres buena persona.

- Tú lo dijiste ayer muy claramente. Hay gente como ellas y gente como nosotros. ¿Por qué? No lo sé. Pero tienes razón.

- No, Alex. En tu caso ahí está todo lo que se necesita. En mi caso… bueno, aún tengo que ajustar muchas cosas.

- No veo qué. Guapa, gran cuerpo, inteligente… ¿Qué más hay que esperar?

- Estoy dañada. Aún no puedo dejarme ir con otros. Con ustedes es fácil, pero con otros… Estoy esforzándome mucho con Carlos y…

- Dale tiempo. Roma no se construyó en un día.

- Como sea, ¿Cuál es tu historia? ¿Por qué no te persiguen las chicas como los hombres a mis hermanas?

- No sé… inseguridad supongo. Es una especie círculo vicioso. Como soy muy inseguro, no me lanzo al vacío y como no me lanzo al vacío nunca desarrollo seguridad. ¡Qué broma!, ¿verdad?

Jess quedó callada un rato y dijo.

- Ana y Eli te dijeron que las podías tomar cuando tú quisieras ¿No es cierto?

- Sí

- ¿Y lo haces?

Me quedé pensando un momento y le dije:

- No… creo que no. Siempre inician ellas de alguna manera.

- ¿Por qué no lo haces?

- Supongo que me da miedo que me rechacen y… quede yo en ridículo.

- Vamos a hacer esto: Mañana es jueves de chicas. Nuestras madres no van a estar todo el día y vamos a estar solos los cuatro. Cada vez que se te antoje, cada vez que te excites, como ayer en la cocina, vienes a donde esté yo y me coges, con la seguridad de que no te voy a rechazar. Así tu aprendes a tener confianza y a lanzarte el vacío, como dices. Yo aprendo a dejarme ir y a disfrutar una relación sexual sin estrés, y de paso vemos cómo reaccionan Ana y Eli.

- ¡Guau! Acabas de describir el sueño húmedo de todo hombre.

- Lo podemos disfrutar y aprender algo acerca de nosotros y acerca de ellas.

- Lo haces sonar como un experimento de laboratorio.

- Sí, creo que sí. No te voy a decir mentiras. Me interesa la reacción de Ana. Por un lado, te ofrece mujeres y por el otro, se enoja cuando le das direcciones a una turista. Esto va a ser interesante…

En ese momento Eli llegó con su traje de baño y una bata de playa encima. Traía puestos sus lentes oscuros y se le notaba el cansancio. Me dio un beso en la boca y tomó uno de los coolers de la hielera, se sentó al otro lado mío y bebió la mitad de una sola vez.

- Buena parranda, ¿verdad hermanita?

- ¿Qué día es hoy?

- Miércoles.

- Que nadie me hable hasta el viernes.

- ¿Y Ana? – Le pregunté .

Estaba hablando por teléfono. Supongo que no tarda en venir.

Vació el cooler y dejó la botella vacía sobre la mesa. Me estiré y le pasé otro. Lo tomó y dijo:

- ¡Qué noche! Lo último que recuerdo es cuando Carlitos pagó y se fue contigo. Por cierto ¿Cómo te fue?

- Es una corta historia… sin final feliz.

No lo pude aguantar. Me reí de muy buena gana, Jess también y Eli se me quedo viendo fijamente.

- ¿Qué pasó después de que Carlitos y Jess se fueron?

- Bueno, tú y Ana bebieron bastante y luego te levantaste a bailar varias veces con varias personas. Ana y yo también bailamos un buen rato. Íbamos y veníamos de la mesa a la pista, a veces estabas ahí y a veces no, cuando se acabó la última botella esperamos a que regresaras y salimos.

- ¿Y en qué momento me cogiste por el culo? Me lo dejaste más adolorido que nunca. Apenas y puedo caminar.

Me quité los lentes de sol y me le quedé viendo muy serio. De alguna manera la noticia me sorprendió y sentí un ligero vuelco en el corazón, pero no me sentí angustiado o triste o engañado.

- Eli… no fui yo.

Ella se me quedó viendo sin poder procesar la idea. Detrás de sus lentes oscuros, su cabeza trataba de poner sus ideas en orden.

- Salimos y casi no podían sostenerse en pie. Yo manejé de vuelta a la casa y me pediste que paráramos para orinar. Tú y Ana orinaron y luego tú y yo tuvimos sexo, pero nunca te lo hice por… atrás. Ni siquiera terminé. Llegamos a la casa y luego llegó Jess, entre los dos las llevamos a sus camas y no te había vuelto a ver sino hasta hace unos minutos.

- Nene… yo… no sé qué decirte…

- No tienes que decir nada Eli. No eres mi esposa o mi novia. No tienes ningún compromiso conmigo, más que el qué tú quieras tener. Si te la pasaste bien con otros ¡genial!, si te la pasaste bien conmigo ¡genial también! Quiero que estés contenta y feliz, especialmente ahora que somos amigos.

Eli se quedó callada por un momento y luego me dio un beso en la mejilla. Se levantó, se quitó la bata y se metió al agua. Jess la siguió y se pusieron a hablar. Al poco rato llegó Ana, vestida con su ropa normal, se sentó junto a mí y me dio un beso en la mejilla.

- ¡Hola nene! Hoy te tengo una sorpresita.

- Ok, me encantan las sorpresas.

- Pero vas a tener que esperar un ratito, voy a tener que ir por ella a la ciudad. ¿No te importa si te dejo un rato solo con mis hermanas?

- La verdad, preferiría pasar el día contigo. Ayer estuvo muy movido y hoy quisiera descansar contigo a mi lado.

Ana me dio un beso en la boca y puso su cara de niñita otra vez.

- ¡Anda mi amor! Te va a gustar.

- Ok, mi amor. Lo que tú digas. Ya sabes que no te puedo decir que no.

- Genial, nos vemos al ratito.

Me dio otro beso en la boca y se fue.

Me quedé ahí hasta que la batería de la computadora se acabó. Pude terminar el trabajo y las chicas salieron de la alberca y se reunieron conmigo. Se sentaron en la mesa, frente a mí y les ofrecí un cooler a cada una.

- ¿A dónde fue mi hermana?

- Fue a la ciudad, dijo que tenía una sorpresita para mí y que iba por ella. Regresa al rato.

Bebieron en silencio entonces Jess dijo:

- Al ratito voy a salir a ver a Carlitos y Eli me va a acompañar. Ella quiere darse una vuelta por el negocio. Habitualmente estaríamos todas trabajando después de la fiesta, pero nuestras mamás querían que estuviéramos contigo para que no te sintieras solo, además hacía ya rato que no tomábamos algún tiempo libre.

- No se molesten por mí. No quiero estorbar. Yo también estoy algo inquieto. Hace semana y media que no estoy al tanto del negocio. Dejé algunas órdenes pendientes y no sé si ya se entregaron. Supongo que no hay problema, no he recibido llamada de mi padre.

Eli se me quedó viendo y en tono serio me dijo:

- No dejo de sentirme algo mal contigo por lo que pasó ayer. ¿No estás molesto?

- Hace un rato que hablamos, sentí una sensación… rara. Pero fue más bien como sorpresa, como algo que no te esperas. No te apures. Si lo disfrutaste entonces todo está bien.

- Ese es el problema. Ni siquiera recuerdo haberlo disfrutado. Es como sufrir la resaca sin haber gozado la bebida.

- No pienses más en eso. Haberse puesto una o dos borracheras fenomenales en la vida, no significa que seas una alcohólica. Fue una de esas cosas que a veces pasan. Si te gustó lo vuelves a hacer. Si no te gustó no lo haces más y ya. Yo no te estoy juzgando.  Tus hermanas y yo te queremos mucho.

- Gracias nene. Me gusta oírte decir eso.

Jess habló:

- Vamos Eli, hay que arreglarnos para salir.

Se fueron y yo me quedé solo. Entré a la casa para conectar la computadora a la corriente y seguir trabajando.

Avancé bastante y cuando me di cuenta ya era tarde. Las chicas del servicio avisaron que se iban y el jardinero también se fue. Fui a la cocina a buscar algo de comida y me preparé unos sándwiches. Después de comerlos regresé a la sala y continué con mi trabajo. Como a eso de las cuatro de la tarde, Ana llegó y se sentó a mi lado plantándome un beso apasionado en la boca. Su lengua se paseó por toda mi boca y luego dijo:

- ¡Aquí está tu sorpresa!

Karla, la chica del bar en la fiesta, apareció en la sala y saludó con una mano.

- Hola Alex.

Me le quedé viendo a Ana a los ojos y me preguntó:

- ¿Te gusta tu sorpresa?

Ana estiró la mano hacia ella y ésta se acercó, la tomó de la mano y la jaló hacia ella para darle un beso tan apasionado como el que recibí yo.

- Karlita tiene libre el día de hoy y quiere jugar un ratito contigo. ¿Qué te parece?

Por un momento tuve sentimientos encontrados. Es cierto que algo así ya había sucedido antes, pero yo quería pasármela un día solo con Ana. Como novios, por cursi que parezca. Ya sin conflictos entre nosotros ni con sus hermanas yo pensaba en nosotros como pareja. Sin embargo, la idea de que ella misma me trajera a Karla, me excitaba sobremanera.

- Tal vez tengamos que quedarnos en mi recámara. ¿Dónde están mis hermanas?

- Jess salió a ver a Carlitos y Eli dijo que quería darse una pasada por el negocio.

- ¡Genial! Tenemos la casa para nosotros solos por lo menos hasta las nueve. ¡Vámonos a la alberca!

Sin esperar respuesta Ana fue al bar de la casa y sacó una botella de whiskey y una de tequila, algunos refrescos y Karla la ayudó. Yo salí tras ellas y nos instalamos en la mesa. No bien habíamos dejado las cosas cuando Karla se acercó a Ana y la empezó a besar y a meterle mano por todos lados. Ana respondió y las vi acariciándose los senos y las nalgas mientras respiraban agitadamente. Ana se volteó a verme y me dijo:

- ¿Te gusta lo que ves? Nos estamos calentando para ti. ¿Por qué no nos sirves unos tragos y te pones cómodo?

Preparé whiskey para mí y tequila derecho para ellas. Les llevé sus vasos y se los tomaron de un sorbo. Me los regresaron y les serví otro que también acabaron de una sola vez. Nuevamente me dieron los vasos y nuevamente los vaciaron. Tres de un golpe y yo aún no había tomado un sorbo del mío.

Karla se volteó a verme y, con un tono atrevido que no me agradó mucho, me dijo:

- Tienes suerte de tener a esta dulzura contigo. Te vamos a hacer toda clase de cosas… ¿Estás listo?

Se separó de Ana y se hincó frente a mí. Bajó el cierre de los pantalones y saco mi verga completamente parada.

- Desde que vi cómo te la mamó esa puta en la fiesta he querido hacer esto.

Su boca se prendió de mi verga y la empezó a mamar, Ana se puso atrás de ella y se quitó la ropa sin dejar de verme. Una vez desnuda se hincó atrás de Karla y empezó a sobarle las tetas y a besarle el cuello. Le quitó la blusa y el sostén y luego hizo que se pusiera en cuatro para poder quitarle el resto de la ropa sin que dejara de mamármela. Cuando Karla quedó sin ropa se acercó a mí por atrás y me empezó a quitar la camisa. Sus manos acariciaban mi pecho y la espalda y su boca en mi oído decía:

- ¿Te gusta mi amor? Tu mujercita te trajo esta putita para que te la cojas. Quiero que la llenes de verga mientras te miro.

Sus manos bajaron a mi cintura y se deshicieron de mis pantalones. Karla seguía mamando y Ana animándonos.

- Mámasela toda. Hasta que se derrame en tu boca. A mi hermanito le encanta que se traguen su lechita… - Y luego en mi oído: - Cuando hayas terminado le voy a sacar tu leche de la boca con mi lengua. ¡Anda suéltasela toda!

Karla dejo de mamar un momento y me dijo sin dejar de jalarla.

- Te voy a sacar toda la leche y después me voy a coger a tu novia. Ya me contó todas las porquerías que han hecho. Son unos degenerados. Cogiéndose entre familia como los animales. Cuando acabe contigo le voy a mamar la panocha a tu primita hasta que grite como la perra que es.

Regresó a mamármela y yo jalé a Ana y la empecé a besar mientras le metía la mano por detrás de sus nalgas y le metía los dedos en la vagina y el ano. Ana empezó a masturbarse por enfrente tallándose el clítoris y jalándolo de vez en cuando.

- ¡Si mi amor! ¡Así! Caliéntame, estoy bien mojada. ¿Puedes sentirlo? Puedes sentir como estoy de mojada allí adentro.

Saqué mis dedos de su panocha y ella los tomó de inmediato para metérselos en su boca y chuparlos todos con cara de éxtasis. Yo sentía que no aguantaba más y lancé un gemido intenso. Karla volvió a separarse de mi verga y apresuró sus movimientos.

- ¿Ya estás a punto cabrón? ¿Ya te vas a venir? Termina ya. Me urge ir a cogerme a tu noviecita.

Me separé de Ana casi violentamente. Cuando la solté, la empujé con mi brazo izquierdo e hice que perdiera el equilibrio un momento. Sujeté la cabeza de Karla y empecé a cogerme su boca con furia.

- ¿Quieres leche puta? Prepárate, porque te vas a ahogar perra.

Mi verga entraba y salía de su boca mientras yo hacía su cabeza para delante y para atrás. Se pudieron oír los sonidos que hacía cada vez que mi verga tocaba su garganta. Sonidos como de quien se atraganta y de su boca a mi verga había gruesos hilos de saliva.

- ¡Sí mi vida, sí! Que la sienta hasta las anginas. ¡Llénale la boca con tu leche espesa, cabrón!

Llegó mi venida. Con una de mis manos en su nuca y la otra jalándole el cabello la atraje hacia mí y empujé mi verga hasta el fondo mientras le soltaba toda mi carga. Varios espasmos entregaron chorros de semen que salían por las comisuras de su boca mientras su nariz estaba pegada a mi vientre. Finalmente la solté y mi verga salió de su boca, todavía dura y sacudiéndose con los últimos espasmos.

Karla se dejó caer hacia atrás y quedó de espaldas en el pasto con las piernas abiertas y la boca y el pecho llenos de semen. Respiraba rápidamente y sus pequeñas tetas pendulares se agitaban con cada bocanada de aire.

Ana se pegó a mi boca y su mano acariciaba mi verga cubierta de semen y saliva, que permaneció dura.

- No aguanto más mi amor. ¡Mírala! Parece que le pasó un camión encima. Estoy hirviendo, la dejaste como que si la hubieran violado entre cuatro. ¡Pinche nene, eres una bestia!

Todavía tremendamente excitado. Me acerqué a Karla con Ana colgada de mi cuello y le dije:

- Tú no te vas a coger a mi novia… Ella te va a coger a ti.

Ana se me quedó viendo respirando agitadamente y con ojos de total calentura. Me dio un beso que me lastimó por su intensidad y luego me dijo:

- Sí mi amor. ¡Mira cómo me la cojo!

Se separó de mí y se paró frente a ella con un pie a un lado de cada una de sus tetas y se le sentó en la cara. Frotó su panocha contra su boca y Karla empezó a comérsela.

- ¿Qué te parece mi hombre, perra? Ya te llenó la boca de leche y todavía tiene la verga parada. Te va a estar cogiendo toda la tarde, pinche puta.

Ana empezó a frotar su cara con intensidad sobre el rostro de Karla y ella le correspondía agarrándole las nalgas y metiéndole un dedo por el culo. Yo me puse entre las piernas de Karla y empecé a comerme su panocha cubierta de un vello no muy tupido. Podía ver la espalda y las nalgas de Ana moviéndose y las manos de Karla amasándole el trasero y penetrándole el ano y su vagina. Mi lengua se clavó en la panocha de Karla y su sabor ácido inundó mi boca. Le metí los dedos en la vagina y mi lengua lamió su clítoris sin ninguna delicadeza. Sus piernas se retorcían y luego aprisionaron mi cabeza manteniéndome pegado a su entrepierna. Ana seguía diciéndole de cosas:

- ¡Cómeme puta, cómeme!  ¡Siente lo que hay en mi panocha, trágatelos todos!

Ana estaba a punto y aumentaba el ritmo de su cadera mientras que con una de sus manos jalaba a Karla por el cabello para mantenerla pegada a su panocha. Yo saqué mis dedos de la vagina y metí uno de ellos en su ano. Karla se agitó como poseída y sus gritos se perdían en la panocha de Ana que empezaba a sacudirse con su venida. Ana se vino y se dejó caer al frente dejándome ver cómo se contraía su ano con el orgasmo. Con la boca ya libre, Karla empezó a gritar.

- ¡Cómetela cabrón, cómetela!

Yo seguía chupándosela con fuerza y le metí otro dedo en el culo. En ese momento sus piernas dejaron libre mi cabeza para clavarse en el suelo y aventar su pelvis hacia arriba con mis dedos aún enterrados en su culo.

- ¡Hijo de tu puta madreeeee… ya me hiciste vennniiirrr, cabróóónnnn!

Aventó la pelvis hacia arriba dos o tres veces mientras mis dedos en su culo sentían su orgasmo, después se dejó caer en el césped y juntó muy fuerte las piernas. Finalmente se relajó y yo saqué mis dedos de su ano dejándola con la respiración agitada. Ana y ella permanecieron un momento acostadas con la cara al cielo y yo me senté en la mesa a beber mi whiskey.

Ana se sentó en mis piernas y Karla, aún con algo de semen en las tetas y el cuello, a mi lado. Les serví otro tequila y yo sorbí mi whiskey. Esta vez no lo vaciaron, pero sí tomaron casi la mitad.

- Todavía tienes la verga parada cochinote. ¿A quién te quieres coger primero?

- Tú eres la anfitriona, tú decide.

- Bueno, sí es así, la etiqueta indica que los invitados van primero. ¿Estás lista para un buen rato de verga Karlita? Mi hermanito ya se vino y ahora va durar más que hace rato.

- ¡Ojalá yo tuviera primos así!

Karla se acercó a nosotros y nos besó a ambos. Luego apuró su tequila y dijo:

- Hoy no estoy de servicio. ¿qué te parece si llenas mi vaso? Te conviene, entre más bebo más puta me pongo. Pero te aviso que a mí me gusta que me cojan fuerte.

Le serví otro y Ana apuró el suyo y lo llené también. Se lo tomaron de un golpe y entonces Ana le dijo:

- ¿No tenías un regalo para mi novio?

- ¡Cierto! Se me olvidaba.

Fue a su ropa y tomó sus pantaletas. Regresó y me las ofreció.

- Estas son las que usé cuando me masturbé ese día frente a ti. No las había lavado aún y cuando tu hermana me habló de tu colección, me las puse. Son tuyas ahora.

Las tomé y noté que estaban muy mojadas, como siempre, las aproximé a mi rostro para olerlas.

- Tu novia tiene razón. Eres un puerco.

Me acercó el vaso de nuevo y preguntó:

- ¿Qué tan puta me quieres?

Serví de nuevo y, de nuevo, se lo tomó de un golpe. Puso el vaso en la mesa sin soltarlo y me vio de manera retadora. Le serví de nuevo y nuevamente lo vació.

- Bueno preciosa, si quieres que me coja te vas a tener que bajar de ahí. ¿Cómo me quieres, muchachote?

Ana respondió:

- Te va a coger por atrás, como a la perra que eres. Así que ponte como ya estás acostumbrada y dale las nalgas a mi hermanito.

Karla obedeció y Ana me llevó atrás de ella. Mamó mi verga y la apuntó a su panocha y me dijo al oído:

- Sin piedad mi amor, quiero que le duela, lastímala.

Algo se apoderó de mí. La razón desapareció. La penetré de un solo golpe, duro y contundente. Ella se arqueó y levantó la cabeza con un grito de dolor. Me quedé quieto un momento para sentir como la tenía metida hasta la raíz y después empecé a metérsela sin ninguna contemplación. De alguna manera su actitud desafiante me hacía querer lastimarla. Ella empezó a respirar de manera entrecortada y a soltar pequeños gritos que parecían más de dolor que de placer. Ese sonido sólo hacía que me calentara más. La tomé por el cabello y jalé su cabeza violentamente hacia atrás. Mientras la penetraba con furia.

- Eres una pinche puta barata. Te voy a coger hasta que llores, hija de tu puta madre. No vas a poder caminar de regreso a tu casa pinche perra.

Ana se había puesto de pie a mi lado para ver cómo me la cogía mientras se masturbaba y se retorcía con fuerza los pezones.

- ¡Sí, mi amor! ¡Viólala… viola a la pinche perra! ¡Acábatela!

- ¿Te gusta fuerte, puta? Pues se te cumplió tu deseo. ¡Tómala toda, puta!

Ana seguía masturbándose furiosamente. Dejaba escapar jadeos y su respiración estaba completamente agitada. Karla, por su lado, seguía gimiendo con cada una de mis embestidas mientras mis manos apretaban sus nalguitas que quedaban marcadas con moretones por el apretón de mis dedos.

- Anda puta, anda. ¡Díselo ahora, díselo!

- Síííí´, síííí ¡Estoy casada, estoy casada! Mi esposo está trabajando y yo me vine a coger contiiigooo. ¡Maltrátame, dame durooo, viólammeee!

Sus palabras me sacaron de quicio. La poca cordura que aún quedaba se perdió en medio de la tarde que ya llegaba a su fin. Volví a tomarla del cabello con violencia y aumenté la fuerza de mis embestidas.

- Jódetela, nene. Pártele la panocha para que su marido sepa que se vino de puta a coger contigo. Pinche nene me voy a venir mientras te estás cogiendo a esta puta casada. ¡Ya no aguantooo, Ya estoooy vi…vinieendomeee!

Ana se sacudió y nuevamente dejó salir chorritos de orina que bañaron el culo de Karla y salpicaron mi vientre. Se convulsionó fuertemente y se dejó caer a mi lado en posición fetal con sus manos agarrándose la panocha y las piernas apretándolas. Su cara estaba contraída con su orgasmo y los dientes estaban apretados dejando salir cortos, pero fuertes gemidos de placer.

Karla seguía recibiendo mis embestidas violentas. Yo no estaba ni cerca de terminar. Podía sentir la fricción contra su vagina, pero el bombeo era tan rápido que no me daba tiempo de sentir plenamente el contacto.

- ¡Sí, sí lléname de vergaaa! ¡Soy una pinche perra infiel! Quiero verga, quiero vergaaaa.

Le metí con fuerza uno de mis pulgares en el culo y le di un par de jalones de cabello muy fuertes.

- ¡Sííí, asííí! ¡Trátame como a una puta! ¡Soy una sucia, una pinche perrrra suuuciiiaaa!

Se convulsionó en medio de un orgasmo violento. Se sacudió varias veces y finalmente quedó tendida en el pasto.

Ana, que ya se había recuperado, se acercó y vio mi verga parada. Me tomó de la mano e hizo que me levantara. Se colgó de mi cuello y me besó con pasión.

- ¡Pobrecito nene! Todavía tienes la verga dura, esa pinche puta no te sirvió para nada, ¿verdad? Lo que tú necesitas es una mujer de veras que te sepa aliviar. Ven nene, siéntate.

Jaló una de las sillas alrededor de la mesa y me senté. Ella con todo cariño y ternura se montó sobre mí.

- ¿Puedes sentir como estoy mojada? Estoy más mojada que nunca, dime que lo puedes sentir.

En efecto, nunca había estado tan resbalosa por dentro. Mi verga entró sin ninguna dificultad hasta la raíz y ella empezó a moverse suavemente meneando su culo de atrás hacia adelante.

- Siénteme mi vida. Siente a tu mujercita, te tengo hasta adentro. ¿Te gusta cómo se siente? ¡Te gusta sentir como está todo mojado allá adentro?

- Sí mi amor, mucho.

Ella me besaba en la boca y acariciaba mi cabello jalándome ocasionalmente para que le mamara las tetas.

- Chúpalas mi vida, chupa las tetas de tu mujer. Sé que te gustan mucho. anda, amamántate mientras yo te hago terminar. Quiero que me llenes con todo eso que tienes guardado ahí. ¿Me lo das mi vida? ¿Me lo das por favor?

El orgasmo estaba ya ahí, ella sintió como me tensaba y dijo:

- ¡Sí! ¡Esto es lo que estaba esperando! Suéltate mi amor. Déjamelos todos adentro. Así, chiquito, así. ¡Mírame a los ojos cuando los sueltes! Quiero ver tu cara mientras te vacías.

Solté mi carga. Ella sentía cada uno de los chorros viéndome a los ojos con esa sonrisa perversa que le vi la primera vez que cogimos. Recibió todo lo que tenía que darle moviendo constantemente su culo y luego se quedó quieta con su cabeza recargada en mi hombro. Mi verga finalmente perdió su dureza y salió, pude sentir como grandes cantidades de semen se escurrían sobre mi pene sin vida y mi vello púbico. Finalmente se levantó y se estiró con cara de satisfacción mientras caían algunas gotas más de su vagina. Se sentó en la silla junto a mí y tomó mi vaso para dar unos sorbos.

- ¡Esto estuvo genial! Pero todavía no hemos terminado con ella. ¿Sabes que quiero hacer? Quiero terminar de emborracharla y enviársela a su marido ebria y bien cogida. Se ha tomado ya seis o siete tequilas y con otros tres no va a saber qué le pasó.

Karla seguía acostada en el prado semidormida y Ana fue por ella y la trajo a la mesa. Hizo que se sentara en mis piernas y le dio otro tequila.

- ¿Qué te pareció Karlita? ¿Te gustó?

Con voz ya alterada por el alcohol dijo:

- Tu pinche novio es un cabrón. Nunca me habían cogido así en toda mi vida.

Ana le acercó otro vaso de tequila y le dijo:

- Te lo ganaste mi amor. Tómatelo todo.

Karla lo hizo y se fue a la boca de Ana. Se besaron y después me besó a mí.

- ¿Cuánto tiempo tienes de casada Karlita?

- Tres meses.

- ¿Tres meses y ya andas de puta cogiendo con otros?

- Soy muy puta, cómo tú. Tú y yo sabemos que eres más puta que yo…

- Oye linda quieres seguir cogiendo con mi novio.

- Déjame descansar un rato… Este hijo de su puta madre me partió en dos, todavía me duele…

Ana le puso otro vaso de tequila en la mano y le dijo:

- Pobre chiquita. Anda, tómate esto para que se te quite el dolor.

Karla le sonrió y se volvió a tomar el vaso de un jalón. Fue demasiado. Ella tan menudita no pudo tolerar tal cantidad de alcohol tan rápido y quedó completamente borracha. Ana la levantó y la llevó a uno de los reclinables. La dejó con las nalgas al borde y las piernas apoyadas en el pasto. Después regresó conmigo y se sentó en mis piernas. Me sirvió una enorme cantidad de whiskey y me dio el vaso.

- Ten mi amor. Tómatelo todo, quiero que estés a tono con nosotras. Yo ya estoy muy alegre, pero necesito un poquito más.

Se sirvió un tequila y lo vació, luego se sirvió otro y se me quedó viendo diciendo: “¡Salud!”.

Nuevamente vació el vaso mientras yo me tomé la mitad de la gran cantidad que me sirvió. Se sirvió otro y chocó su vaso con el mío vaciándolo nuevamente mientras yo terminé lo que me quedaba. El alcohol hizo su efecto. Sentía la cara y las orejas calientes y mi vista empezaba a perder algo de foco. Ana se reía y me besaba, mientras me decía cosas.

- ¡Qué buena cogida le diste! ¿La oíste gritar cuando se la dejaste ir de un empujón? Quiero que te la cojas todo el día mientras yo te veo. Ahora quiero que vayas y le rompas el culo. Jódeselo hasta que te canses nene. Se la vamos a devolver a su esposo bañada en semen y con sus agujeritos rotos. ¡Quiero que cuando acabes con ella no pueda volver a coger en un mes!

Tomó mi verga con sus manos y la empezó a tallar contra su panocha mojada mientras me besaba.

- Déjame ponértela dura otra vez.

Mi verga se paró y luego Ana se fue al vestidor y regresó con una botella de acondicionador para el cabello. Fuimos a donde estaba Karla inconsciente y le puso el acondicionador en el ano y le metió los dedos lubricándola por dentro. Luego untó mi verga masajeándola a todo lo largo y me dijo:

- Levántale las piernas y viólala.

Tomé sus piernas y las levanté mientras el resto de su cuerpo descansaba sobre el reclinable. Ana apuntó mi verga a su ano y me dijo:

- Duro mi amor rómpeselo.

Estaba muy afectado por el alcohol y la excitación. Viéndola ahí, acostada tan pequeña como era, me invadió de nuevo la sensación de partirla en dos, de meterle la verga, más para lastimarla que para darle placer. Estaba sudando y las frases de Ana me tenían al borde. La penetré de un empujón y, aun en su estado de semi-inconsciencia, Karla dejo escapar un lamento apagado y apretó los ojos. Empecé a bombearla con fuerza y rápidamente. Karla tenía los ojos y los dientes apretados y emitía voces que no se podían entender. Con una mano sostenía yo sus piernas en el aire y su culo expuesto se hundía y se estiraba hacia afuera con cada uno de mis movimientos. Ana a mi lado había empezado a masturbarse nuevamente con ambas manos y jadeaba con la boca abierta sin hablar. Una mano tallaba furiosamente su clítoris y la otra se picaba el ano.

Me cansé de sostener sus piernas así que saqué mi verga y se las hice a un lado. Ella quedó de la cintura para abajo de lado sobre el reclinable y de la cintura para arriba viendo al cielo.  Abrí sus nalgas con una mano y con la otra volví a apuntar mi verga a su ano que ya no cerraba por completo. Volví a metérsela con fuerza y reanudé mis movimientos violentos.

- Sí, pinche nene. Regrésala a su casa con el culo abierto y lleno de leche. Así me gustas cabrón, cuando no pides permiso para cogerte a una puta. ¡Dale duro, que le duela, lastímala, no quiero que se pueda sentar en un mes! Te estás volviendo una pinche máquina de coger. Te voy a seguir trayendo perras como esta para que te las acabes y luego las tires a la basura.

Seguí dándole durante varios minutos, su ano dilatado ya no oponía ninguna resistencia. Mi verga entraba y salía con toda libertad. Empecé a gemir previo al orgasmo y Ana se dio cuenta.

- ¡Eso, así! Dale todos tus mecos. Te la estás cogiendo como todo un hombre. Vacíate en ella, llénala, yo ya casi acabo. Quiero ver como se lo dejas todo abierto. ¡Termina ya cabrón, quiero venirme mientras veo la leche escurriendo de su culo abierto!

Tres embestidas violentas que vaciaron chorros de semen en su culo hicieron que Karla se quejara fuertemente. Finalmente me quedé pegado a ella con mi verga hasta adentro mientras vaciaba las últimas gotas y oía a Ana como terminaba.

- ¡Puta maaadreee, síííí… Ggghhghg. ¡Qué ricooo!

Esta vez se quedó sentada sobre sus rodillas y las manos entre sus piernas apretando su panocha, llena de sudor y sacudiéndose con su venida. Después de un rato saqué mi verga ya flácida y del culo completamente abierto de Karla escurrieron espesos hilos de semen. Me acosté en el césped y Ana llegó a mi lado acostándose sobre mi pecho.

- ¡Qué rico te la cogiste mi amor! Hasta me dio envidia. A mí nunca me has penetrado así, tan fuerte.

- Porque a ti no te cojo… a ti te hago el amor.

- Ya sé. Pero de vez en cuando cógeme como a ella. Me excitó mucho como la hiciste. Como si fuera una cosa de tu propiedad. Simplemente tenías ganas y te la cogiste. La usaste y la desechaste. Hubo un momento en que te iba a separar de ella para montarte como loca, pero estaba tan caliente viendo cómo te la cogías, como a la basura que es, que no pude hacerlo.

El cuerpo de Ana sobre mi pecho se sentía resbaloso por el sudor, sus tetas se deslizaban de un lado a otro con cada movimiento suyo, cada vez que respiraba, cada vez que se acomodaba. Su aroma tan particular por debajo de su perfume fino se mezclaba con el olor a sexo. A pesar del cansancio y la bebida sentía que mi verga empezaba a cobrar vida, aunque sin pararse del todo.

- ¡Cochinote! ¿Ya se te va a parar otra vez?

- La ventaja de ser joven, supongo.

- ¿Te gustó cogértela así?

- Mucho.

- ¿Lastimarla?

- …Sí

- ¡Qué bueno! Eso le va a enseñar a esa basura a no coquetearle a mi novio en ninguna fiesta.

- ¿Así que de eso se trataba?

- En parte.

- Me das miedo…

- Tenme mucho miedo mi amor… soy capaz de cualquier cosa.

Me llenó de besos muy tiernos y se quedó sobre mí mientras yo la abrazaba. Al cabo de un tiempo me dijo:

- Hay que devolver a esa porquería a su casa. Ven ayúdame a vestirla.

Nos vestimos y luego la vestimos a ella. La cargué hasta el auto de Ana con facilidad. Era muy ligerita a diferencia de Eli y su hermana. La acomodé en el asiento al lado del conductor e hice el intento de entrar a la parte de atrás, pero Ana me detuvo.

- No mi amor, la llevo yo sola. Espero llegar a su casa antes de que el esposo llegue de trabajar, pero si ya está ahí, no estaría bien que te viera.

- Vas a necesitar ayuda para bajarla.

- No te apures, no es la primera vez que tengo que arrastrar a alguien hasta su cama. De camino le voy a hablar a Jess y a Eli para que regresemos juntas. Si mi mamá pregunta les dices que salimos juntas y que regresamos más tarde.

Me dio un beso y se marchó de vuelta a la ciudad. Yo recogí todo lo que dejamos en el jardín y me metí a bañar en mi habitación. Bajé a la cocina y me serví un café. No llevaba yo media taza y llegaron mi mamá y mis tías. Me saludaron con un beso y me preguntaron por mis primas.

- Salieron de compras y luego dijeron que iban a ir a algún lado, no recuerdo bien a donde.

- ¿Y te dejaron sólo? – preguntó mi tía Eli. – Deja que regresen, les voy a decir un par de cosas.

- No tía. Ellas me invitaron a ir, pero la verdad es que como no pude ir en estas vacaciones de verano a adelantar mi seminario de titulación, quise quedarme para terminar unos protocolos de mi proyecto. Creo que hasta se molestaron un poco porque no las acompañe.

Mi madre se acercó a mí y me dijo:

- ¡Perdón mi vida! Yo sé que este viaje te retrasa en la universidad.

- No te apures Má. Hacía tiempo que no tenía vacaciones y me la estoy pasando muy bien… Lo siento por mi papá que va a tener que mantenerme seis meses más.

Mis tías se rieron.

- Deja que hable con tu padre. Le voy a decir que después de que te recibas te mande de viaje a dónde quieras ir. Te has ganado unas vacaciones… Excelentes calificaciones y trabajando ya en la empresa. ¡Estoy muy orgullosa! Quiero que te diviertas un poco antes de que te dediques de lleno a trabajar con tu papá.

- Gracias Má. Siempre quise un crucero por el caribe, de esos en los que te sirven bebidas exóticas con sus sombrillitas y que te tiran después de dos sorbos.

- ¡Chamaco!

Merendamos juntos y como a las diez de la noche me despedí para irme a acostar. Como Ana y Eli tendrían que esperar a Jess a que terminara su cita con Carlos, supuse que llegarían tarde. Me metí a la cama sintiéndome diferente. Jess tenía razón. La práctica me hacía sentir más seguro y Ana hacía todo lo posible para que yo tuviera toda la práctica que necesitara.

 

¡La combinación perfecta!

Jueves

No escuché llegar a mis primas. Como sea tuve una excelente noche de descanso. Me levanté a buena hora y cuando bajé a la cocina mis tías y mi madre aún estaban ahí. Después de los saludos y besos de rigor me senté a la mesa y la tía Jess me sirvió el desayuno.

- ¿Hoy van a salir como cada jueves?

- Sí, pero tal vez lleguemos un poco más tarde hoy. Una clienta, nos invitó a la boda de su hija. La recepción es en un saloncito muy mono que está rumbo a Laguna azul. Así que están por su cuenta en lo que se refiere a comida. Salgan o pidan algo.

Se fueron cerca de las once y decidí sorprender a mis primas preparándoles el desayuno. La primera en bajar fue Ana. Entró a la cocina vestida solamente con una camiseta ligera y unas panties pequeñas. Me vio con los preparativos del desayuno sin decir nada y cuando noté su presencia fui a ella y le planté un beso en la boca.

- ¡Buenos días mi amor! ¿Descansaste bien?

Con cara de niñita que busca la protección de los brazos de su papá, me abrazó fuertemente y puso su cabeza en mi pecho.

- Te quiero mucho nene… no sabes cuánto te quiero. - Le regresé el abrazo – Yo también mi vida, eres lo mejor que me ha pasado.

Ana tenía cara de preocupación.

- ¿Te pasa algo? ¿Estás bien?

- Te quiero mucho mi vida… ¡nunca lo olvides!

- ¡Cómo olvidarlo! La mujer más hermosa del mundo me ama y es sólo mía.

Ana iba a decir algo, pero en eso se oyó la voz de Eli.

- ¡Buenos días! ¿Qué bien huele el café ¡Podría tomarme dos jarras!

Ana me soltó y Eli se acercó para darme un beso en la boca.

- ¿Solo dos? ¿Me preocupas, te sientes bien? Hola Alex.

Era Jess que me besó también y ocuparon sus lugares de siempre. Todas ellas vistiendo su clásica camiseta casi transparente y sus pequeños calzoncitos. El efecto fue similar al de la vez pasada, pero en esta ocasión. Me distraje sirviéndoles el desayuno.

- Ok. Veamos. Huevo con tocino para Ana y para mí. Café negro para Eli con pan dulce y cereal con leche para Jess. - Dije al tiempo que les servía.

Eli dijo entonces:

- ¡Mmhh, aahh…! ¡Qué bien! Tenemos que pasar más tiempo juntos nene. ¡Qué rico, gracias! Empezamos a desayunar y luego les dije:

- Como bono especial yo lavo los platos hoy, pero no se acostumbren.

- ¿Y eso? preguntó Jess.

- Tengo que mantenerme distraído de alguna manera.

- ¿Distraído?

- Sí, Eli. Distraído. Ustedes siguen bajando a desayunar… ¡Así!... Con todas sus… a la vista y entonces yo… ¡En fin! me tengo que distraer…

- ¿Te refieres a estas…?

Jess empezó a mover los hombros haciendo que sus enormes preciosidades se bambolearan pesadamente de un lado al otro.

- ¿O a estas?

Eli se volteó e hizo lo mismo con su enorme y precioso trasero. Las tres se atacaron de risa y entonces les dije poniendo la cabeza en la mesa:

- Demasiado tarde. Ya no hay nada que hacer… Bueno supongo que por lo menos me salvé de lavar los platos.

Nuevamente risas. Al terminar cada quien puso su plato en el fregadero y Elí los lavó igual que la vez pasada ofreciéndole el mismo espectáculo a mi erección. Ana limpiaba la mesa y Jess regresaba las cosas a la despensa. Me paré junto a Jess y recordando lo que habíamos acordado, le pregunté: 

- ¿Y cómo salió tu cita? ¿Ahora si…?

Jess bajó la cabeza en fingida derrota y le movió negativamente.

- Eso no está bien preciosa, déjame ayudarte…

La atraje hacia mí y la besé mientras mis manos empezaban a masajear esas gloriosas tetas. Al principio se quedó quieta pero luego reaccionó, una de sus manos se fue a mi cabeza y la otra a mi verga. Las mías, por su lado, se fueron una debajo de su camiseta y la otra a sus nalgas bajo sus pantaletas. Empezamos a respirar agitadamente con nuestras bocas unidas, mi pene en plena erección y sus jugos empezando a fluir.

- ¡Nene… Jesss! Pero ¿Qué están…?

- Están cogiendo Eli. El par de cochinos están cogiendo frente a nosotras y no les importa.

Levanté la playera de Jess y agarré una de sus pesadas tetas y la chupé mientras que con la otra empecé a bajarle las pantaletas hasta dejárselas a medio muslo. Entonces la levanté e hice que se sentara en el mostrador. Le saqué las pantaletas, las arrojé sobre la mesa y cayeron casi frente a Ana. Le abrí las piernas y me la empecé a comer. Estaba absolutamente mojada. Mi lengua recorrió el interior de su vagina y chupé sus prominentes labios sintiendo su tupida mata de pelo en mi rostro. Jess jadeaba presa de la excitación y la frustración de sus encuentros fallidos con Carlos la tenía al borde.

- Ahhh, sííí. Lo necesito. Anda nene, ayúdame por favor… Me hace mucha falta. Llevo dos días sin poder acabar…

Me revolvía el cabello y se inclinaba hacia el frente haciéndome sentir sus preciosas tetas en la cabeza mientras jadeaba acercándose rápidamente al orgasmo. Me detuve y me incorporé. Me le quedé viendo a los ojos y luego la besé llevándole su propio sabor y su propio aroma a la boca. Ella me empezó a besar con una pasión que nunca había mostrado y luego me dijo con desesperación.

- ¡Por favor, por favor, por, favor! ¡Ya! ¡Tómame ya, lo necesito!

Deje caer mi short al piso e hice que la cabeza de mi verga descansara en su entrada, mientras la veía a los ojos. Ella se me quedó viendo con gesto suplicante diciendo:

- ¡Sí nene, sí! ¡Por favor… ya no aguanto más, necesito que me des un orgasmo, por favor!

La penetré lentamente anidándome en su panocha. Ella gozó cada momento de la penetración y rodeó mi cintura con sus piernas mientras yo empezaba a bombearla uniformemente. Con una mano en su cadera la sujetaba contra mí y con la otra apretaba una de sus tetas y jalaba su pezón. Ella, con una mano seguía sujetando mi nuca y con la otra se torcía y jalaba el pezón de la otra teta.

- ¿Te gusta preciosa?

- ¡Sí, sí, sí!

- A mí también. Me tienes muy caliente. Eres muy hermosa, una de las mujeres más bellas que he visto y ahora estoy dentro de ti.

- ¿Te gusto? ¿De veras crees que soy hermosa?

- Lo eres. A todos los hombres que te vemos nos paras la verga, todos quisieran estar en mi lugar, pero soy yo el que está aquí contigo. Yo soy el afortunado.

- ¡Sí mi nene! ¡Cógeme, cógeme! Dame tu verga, ¡necesito tu verga mi amor!

Estuvimos así por espacio de unos diez minutos más o menos. Nos besábamos, nos tocábamos y jadeábamos mientras sentíamos nuestros cuerpos sudorosos. El olor a sexo llenaba la cocina y los sonidos de mi verga golpeando la panocha de Jess se oían claramente. Le apretaba las tetas, le metía mi lengua en la boca y sus fluidos escurrían desde su vagina y se metían entre sus nalgas.

La penetración ya era más rápida y ella aceleró su respiración haciéndome notar que ya estaba cerca.

- ¿Lo sientes Jess? ¿Lo sientes? Ya va a llegar ¿Estás cerca, preciosa?

Nuevamente los ojos cerrados y el ceño fruncido mientras apretaba los dientes. La imagen de su inminente orgasmo se marcó en mi mente y sentí el mío ya cerca.

- Jess… me vas a hacer venir… Vas a hacer que me venga dentro de ti…

Nuevamente el espasmo. Me rodeó con brazos y piernas y se apretó contra mí.

- ¡Sííííí, sííí, sííí… Ya está… ya estááá… ¡Nada lo puede detener ahora…!

Sentí claramente como las paredes de su vagina se contraían alrededor de mi verga y con solo unos empujones más me pegué a ella dejándole ir toda mi carga a chorros.

- ¡Me estoy vinieeendooo, neneee… ngnghgngh…!

- ¡Sí, Jess, sííí…!

Se quedó apretándome mientras pasaba la última de sus sacudidas y se empezó a aflojar. Sin salirme de ella, nos separamos y nos quedamos viendo a los ojos con sonrisas satisfechas y la respiración entrecortada. Su cabello negro se pegaba a su rostro por la transpiración y sus tetas brillaban debido al sudor. Yo se las acariciaba suavemente y ella pasaba sus uñas suavemente por mi pecho.

- ¿Te sientes mejor ahora?

- ¡Muuucho mejor! – dijo con una amplia sonrisa.

Me jaló hacia ella y me plantó un beso largo en el que nuestras lenguas se acariciaron y luego se recargó hacia atrás sosteniéndose con las manos. Me salí y me fui a sentar en la silla más cercana. Ella se quedó así un momento con la cabeza hacia atrás y las piernas flojas y abiertas dejando ver como parte de mi semen escurría de su vagina y se pegaba en su hermosa mata de vello púbico.

Volteé a mi alrededor y vi a Eli con las nalgas recargadas en el fregadero y una mano bajo sus pantaletas apretándose la panocha y con la otra pellizcándose una teta por debajo de la camiseta, respirando profundamente después de su orgasmo. Ana simplemente veía a Jess mientras se acariciaba suavemente la vagina por encima de las pantaletas.

Se levantó de su lugar y fue a donde estaba Jess. Con cuidado la ayudó a bajar del mostrador, le puso los pequeños calzoncitos de vuelta que se mojaron inmediatamente con mi semen y sus líquidos y después le bajó la playera para volver a cubrir sus increíbles tetas. La besó en la boca mientras con una mano le acariciaba la panocha mojada por debajo de los calzones y le dijo:

- Carlitos no es bueno en la cama ¿Verdad?

Jess negó con la cabeza mientras empezaba a excitarse nuevamente bajo el efecto de los dedos de Ana que seguían acariciando con suavidad su entrepierna.

- ¿Con cuántos te has acostado Jess?

- Algunos.

- ¿Cuántos?

- Sólo cuatro sin contar a Carlos ni a Alex.

- Y en total ¿Cuántas veces has cogido sin contarlos a ellos?

La respiración de Jess se empezaba a entrecortar.

- Unas… diez o…doce.

- ¡Pobrecita! Por eso estabas tan frustrada toda la vida, siempre de mal humor… Sin un hombre que te diera un orgasmo… ¡Hasta que llegó el nene ¿Verdad?

- ¡Síííí….

La respiración de Jess ya estaba bastante agitada y sus redondas nalgas empezaban a moverse de atrás a adelante sobre las manos de Ana.

- Pero en este caso hay algo más ¿No es cierto? Detrás de todo ese cinismo, de esa apariencia fría de “No me importa el mundo” Hay algo más ¿Verdad?

Jess abrió los ojos y se le quedó viendo a su hermana mientras ésta seguía haciendo que se aproximara a un segundo orgasmo.

- ¡No, Ana… no… en verd…!

- ¡No mientas! ¿Lo amas verdad? Me doy cuenta de cómo te le quedas viendo, sé que hablan y se entienden. Ustedes son similares de alguna manera, han pasado por las mismas situaciones… y él te dio tu primer orgasmo.  ¡Di la verdad!

Jess jadeaba como quien ya va a llegar al orgasmo, pero sin dejar de ver a Ana con los ojos muy abiertos, tratando de decir algo sin lograrlo.

- A mí no me engañas putita. Sé que lo amas, no lo deseas o te sientes atraída por él… ¡Lo amas, dilo!

- ¡Sííí, lo amo… Perdóname Ana, yo… no quería…. es que…

Con ojos de triunfo Ana dejó de masturbarla dejándola al borde de otro orgasmo. Eli que había empezado a masturbarse otra vez, se detuvo en seco con la boca abierta al escuchar lo que Jess había dicho. Yo por mi lado veía sin dar crédito aún con una erección entre las piernas.

Jess volteó a verme, aún jadeando por las sensaciones previas al orgasmo mientras una lágrima escurría de sus ojos. Ana se acercó a ella y tomó su cabeza con las manos para recargarla en su pecho y con voz amorosa y suave como la seda le dijo:

- Te entiendo Jess y no me importa que te coja o que tú te lo cojas a él ¡Pero él es mío! Y si intentas interponerte en mi camino… te voy a destruir.

Todavía abrazándola tiernamente continuó:

-Búscate otros hombres que te satisfagan, vergas que calmen tus calenturas, ten todos los orgasmos que puedas. Si Carlitos no puede darte lo que buscas, cógete a otro, métete con varios a la cama, al mismo tiempo si gustas. Yo te puedo conseguir los que quieras, Eli también. ¿Sabes lo que hizo en la disco después de que te fuiste con Carlos? La vi meterse al baño con cuatro hombres que se tomaron turnos para perforarle el culo. Uno tras otro se la cogieron por el ano y todos se vaciaron en ella. Cuando el último terminó, el primero ya estaba listo otra vez. Dos veces se vaciaron en ella, ocho cargas de semen en su culo. Es una perra y te puede conseguir todas las vergas que quieras. Sólo pídelo. Pero ni se te ocurra querer quitarme al nene.

- Perdón, Ana. Es sólo que yo… yo nunca…

- ¡Shh, mi amor! No digas nada.

Ana caminó hacia mí y se bajó las pantaletas para montarse en mi verga y empezó a cabalgarme con esa cara de éxtasis perverso alrededor de su sonrisa malévola.

- ¡Y tú! ¿Tú estás enamorado de la perra tetona de mi hermana? ¿Su panocha peluda se siente mejor que la mía? ¿Está más apretadita que la mía porque a mí me han cogido más que a ella?

- Ana yo…

- ¡Cállate cabrón! ¿Crees que puedes llegar a nuestra casa, hacer que me enamore cómo una estúpida de ti y cogerte a mis hermanas así nomás?

Ana empezó a llorar.

- ¡Te amo nene! Por favor perdóname. Soy una puta asquerosa y no te merezco… Estarías mejor con Jess que conmigo… Ella es buena… y… y… yo soy una basura…

Ana dejó de moverse y puso su cabeza sobre mi hombro llorando desconsoladamente, aún ensartada en mi verga. Todos nos quedamos mudos sin saber qué hacer. Levanté a Ana y la llevé en brazos a su habitación seguido de sus hermanas. Le dieron una pastilla de las que tomaba mi tía para poder dormir y la dejamos en su habitación. Bajamos a la sala y nos sentamos en silencio por un momento.

- ¿Alguien sabe qué pasa? – Pregunté.

Eli se nos quedó viendo y negó con la cabeza.

- Desde ayer que nos alcanzó en la ciudad para regresar juntos ha estado muy rara. Seria, sin sonreír como de costumbre.

Jess preguntó:

- ¿Qué hicieron ayer Alex?

- Trajo a esa chica Karla, la encargada del bar el día de la fiesta de mi tía y luego la regresó a su casa.

Jess se levantó y le dijo a Eli:

- Quédate con ella y cuídala. Alex, vístete vamos a ver a esa Karla. Voy a conseguir con Ramón los datos para localizarla.

Después de media hora ya estábamos en el auto llegando a la ciudad. Ramón le dijo que podía localizarla en Mónika´s ya que no tenía ningún trabajo para ella ese día. Llegamos y el lugar estaba casi vacío. Era muy temprano todavía. No había más de ocho personas y entre ellas estaba Karla con una mujer. Nos acercamos al gabinete dónde estaban y Jess se sentó sin saludar siquiera. Yo la imité y quedamos frente a ellas. Karla y su amiga estaban bastante tomadas y se besaban y manoseaban descaradamente. Cuando Karla notó nuestra presencia se volteó y trató de reconocer mi rostro.

- ¿Dany?

- No, Alex.

- Ah, sí… Alex. y ¿Tu eres…?

Jess simplemente habló.

- Queremos saber que pasó ayer.

Karla con gesto divertido se le quedó viendo y le dijo:

- Eso te lo puede contar Alex. El muy animal me cogió por el culo como una bestia. Todavía me duele cada vez que camino o me siento.

Se volteó a ver a su acompañante y con los ojos semi-cerrados por el alcohol le dijo:

- Si alguna vez quieres una cogida épica, éste es tu hombre. Te la va meter hasta que chilles de placer…

Sin perder la compostura Jess la interrumpió.

- Lo que queremos saber es qué pasó después de que te llevó a tu casa.

Nuevamente viéndonos con su sonrisa ebria contestó:

- ¿Después… o antes… o las dos, querida? ¿Quieres los detallitos sucios?

- ¿Qué te parece si nos lo cuentas todo?

- ¿Todo? Bueno… Pero sólo si nos prestas al galán un ratito… me muero por enseñarle a mi amiguita lo que es capaz de hacer…

Se volteó para besar a su amiga y meterle la mano por debajo de la blusa y apretarle una teta mientras la besaba.

- ¡Hey!

- Ok, ok. Ana fue por mí a mi departamento y mi esposo nos cogió a las dos antes de salir para su casa.

Sus palabras nos dejaron fríos.

- Ella me había invitado a coger con su hermano así que yo la llamé, pero le dije que había una condición. Mi marido aceptaba siempre y cuando se acostara con nosotros. La muy puta ni lo pensó. Le preguntó a mi esposo qué le gustaría. Yo le había contado lo del beso lleno de semen y él dijo que eso es lo que quería, también quería llenarla de semen para que luego Alex se la metiera todavía con sus mocos adentro.

Los recuerdos de ese día me golpearon como un martillo… Claramente sentí una puñalada en el pecho.

“Ana llegó y se sentó a mi lado plantándome un beso apasionado. Su lengua se paseó por toda mi boca…”

“¿Puedes sentir como estoy mojada? Estoy más mojada que nunca, dime que lo puedes sentir.”

“En efecto, nunca había estado tan resbalosa por dentro. Mi verga entró sin ninguna dificultad hasta la raíz y ella empezó a moverse suavemente meneando su culo de atrás hacia adelante.”

“Siénteme mi vida. Siente a tu mujercita, te tengo hasta adentro. ¿Te gusta cómo se siente? ¡Te gusta sentir como está todo mojado allá adentro?”

“Quiero que me llenes con todo eso que tienes guardado ahí. ¿Me lo das mi vida? ¿Me lo das por favor?”

“¡Sí! ¡Esto es lo que estaba esperando! Suéltate mi amor. Déjamelos todos adentro. Así, chiquito, así. ¡Mírame a los ojos cuando los sueltes! Quiero ver tu cara mientras te vacías.”

Karla bebió de su copa y continuó.

- Así que se la cogió como tres veces, acabó dos veces en su panocha y la última en su boca. Al final le dijo mi marido que quería que me rompieran el culo, porque yo nunca había cogido por ahí y Ana le contestó que después de la cogidota que le había puesto no se lo podía negar. ¡Y vaya que si me lo rompió! Me desvirgaste el culito Alex… Un regalito de mi esposo para ti a cambio de tu noviecita…

- Alex, vámonos…

Yo estaba furioso, podía haberla matado ahí mismo. No pensaba claramente… quería irme, pero también tenía que saberlo todo.

- ¿Y qué pasó después? Cuando te llevó a tu casa.

- No lo recuerdo bien, estaba muy tomada. Lo único que recuerdo es que el culo me dolía muchísimo y que alguien me bajaba los calzones. No sé si él o ella y me metían los dedos para sentir cómo había quedado todo aguado…

Estaba temblando de coraje, tenía el rostro desencajado y quería gritar. En alguna parte dentro de mí, algo se negaba a creer lo que había escuchado pero la sensación de miseria no me abandonaba…

En ese momento se acercó una mesera y dejó dos copas más para ellas, iba a preguntar si nosotros queríamos algo, pero no la dejé. Saque dinero de mi bolsa y se lo di, diciéndole que no nos interrumpiera.

- No me acuerdo de mucho… pero tengo el video. ¿Lo quieren ver? Siempre nos grabamos cuando estamos con alguien más.

Debido al alcohol, sacó con dificultad su teléfono. Yo se lo arrebaté y empecé a buscar… Lo encontré.

Pude ver cómo se quitaban la ropa con desesperación, cuando quedaron desnudos le mamó las tetas y le retorció los pezones estirándoselos salvajemente para luego mordérselos. Ana jadeaba y le decía “Sí, así… duro…” después de un momento la tomó violentamente por el cabello e hizo que se pusiera en cuatro. Ana se quejó y luego le dijo:

- ¡Así, cabrón… así! ¡Cómo los machos!

El tipo se acomodó detrás de Ana apuntando su verga al culo y le dijo:

- Tu novió le rompió el culo a mi esposa así que ahora yo te lo voy a romper a ti.

- ¡Sí, cógeme como a una perra!

Él se la dejó ir por el culo de un golpe que hizo que Ana cerrara los ojos y apretara los dientes.

- ¡Sí cabrón, rómpemelo!

Él la empezó a bombear sin piedad haciendo que Ana se sacudiera con cada embestida gritando y jadeando y pidiendo más todo el tiempo. De momento el tipo le dijo:

- Voltea a la cámara y mándale un saludo a tu novio.

Ana volteó a ver la cámara y con el rostro contorsionado por el placer dijo:

- ¡Te amo, nene! ¡Te quiero muuu…chooo…!

- ¿Él te ha cogido así perra?

- Noo...ooo.

- ¡Dile que te gusta!

- ¡Me la está… metiendo muy… rico, mi vida…! Va a hacer que me venga…

- ¿Te gusta mi verga puta? ¿Te gusta más que la de él?

- ¡Sí, sííí…! Está buenísima… ¡Tú coges mejor que él...!

- ¿Vas a seguir llevándole mi semen? ¿Vas a seguir cogiendo conmigo mientras estés con él?

- ¡Sí papacito… tú me puedes coger cuando quieraaasss…!

Los movimientos de los dos aumentaron. Ana se aventaba para atrás recibiendo toda su verga en el culo y su cara se contorsionó anunciando su orgasmo. Cuando el tipo se dio cuenta, la tomó por el pelo y la hizo ver a la cámara mientras ella se venía.

- ¡Así puta, enséñale cómo te vienes con mi verga en tu culo!

- ¡Ggghhgnngh… Sííí… me estoy… vinnnn…ieeeennn…doooo!

Ana cayó bocabajo en la cama sacudiéndose con su orgasmo y el tipo acercó su cara a la cámara y dijo:

- ¡Me das lástima pinche idiota… Ahora mira cómo se lo lleno con mi leche.

La empezó a bombear con furia y con un gruñido se vino dentro de ella. Se quedó sobre Ana un rato y luego estiró la mano para poner la cámara frente a la de ellos.

- Dile que yo te cojo mejor…

Ana levantó la cabeza de la cama y con el rostro sudoroso dijo:

- Él coge mejor que tú nene… ¡Me dio un pinche orgasmote!

El video se detuvo. Perdí consciencia de mí mismo. Lo qué pasó a continuación está fragmentado…

Recuerdo que me levanté y jalé su bolsa de mano donde encontré su identificación con su domicilio… Recuerdo a Jess tratando de detenerme y luego recuerdo haber parado el carro frente al edificio de departamentos de Karla… Lo siguiente es una cara que se asoma por la puerta y después mis puños llenos de sangre y un cuerpo tirado en el piso… La sangre está en todos lados… especialmente en el cuerpo sin movimiento que yo sigo golpeando a pesar de que ha dejado de luchar… Luego el cuerpo de una mujer menudita golpeando mi espalda que me grita que lo deje… Yo la tomo con una mano por su pequeño cuello y empiezo a apretar… Unos brazos me detienen y me dicen: “Cálmate hermano… Déjalos ya…”

La carretera se ve pasar por la ventanilla de un auto y después estoy subiendo las escaleras de la casa rumbo a mi habitación… No sé cómo, pero llevo una botella en una mano y un vaso manchado de sangre en la otra… Eli trata de detener a Ana que llora al verme cubierto de sangre y trata de llegar a mí… Llantos, frases entrecortadas de perdón que salen de los labios de Ana… Entro en mi habitación y pongo el seguro… Golpes muy fuertes en la puerta que me piden que abra y que perdone… Dejo de oír… ningún sonido existe… Frente a mí está la ventana que da al océano que se mece indiferente a la miseria humana… Dejo caer el vaso y tomo de la botella… oscuridad…

Viernes

Como a las cuatro de la tarde la puerta se abrió. Yo estaba en la cama con los ojos fijos en el techo sintiendo todo el peso de mi miseria caer de manera aplastante sobre mi pecho. Lágrimas secas en mis ojos hacían que los párpados me dieran comezón. Mis ojos rojos de llorar intermitentemente y la pregunta que no dejaba de corroer mi mente… ¿Por qué?

Jess se sentó a mi lado en la cama y calló por unos momentos antes de hablar.

- Le dije a mi mamá y mis tías que tú y Ana habían comido algo que les cayó muy mal y que no iban a bajar.

- Gracias…

- Carlos se va a encargar de que esos dos no vayan a ir con las autoridades ni nada por el estilo… Se encargó de que el fulano ese fuera al hospital diciendo que lo habían asaltado… Y les dijo que en una semana tenían que largarse de la ciudad o…

- Entiendo… Dale las gracias de mi parte cuando lo veas.

- Ana…

- ¿Qué te hace pensar que quiero saber algo de Ana?

- Eli vio el video… y sabe que… Bueno… sabe que estuvo mal… pero va a proteger a su hermana…

- No esperaba otra cosa.

Jess puso su mano sobre la mía que aún estaba cubierta con manchas de sangre seca.

- ¿Estás bien nene?

- El nene ha muerto.

……….

El sábado salí con mi madre de vuelta a la capital. Mis tías insistían en que nos quedáramos un tiempo más, pero les dije que me urgía regresar a casa. Se despidieron con mucho afecto, diciéndome como siempre que me querían mucho. Mi tía Eli me abrazó muy fuerte y me agradeció una última vez por haber ayudado a sus hijas a olvidar sus diferencias.

De mis primas sólo Jess salió a despedirse. Me abrazó muy fuerte y me dijo poniendo su mano en mi pecho:

- Acuérdate, todo está ahí adentro. Lánzate al vacío.

……….

Llegamos a casa, estacioné el carro frente a ésta y mi papá salió a recibirnos. Nos abrazó y besó a mi madre. Subí a dejar la maleta en mi habitación y mi papá entró después de mí.

- Ven campeón, te quiero mostrar algo.

Bajamos a la cochera y ahí había un precioso auto deportivo. Mi madre se abrazó de papá mientras él me ofrecía las llaves.

- Pensaba esperar a que te graduaras, pero como ya es sólo un mero trámite. Pensé que podías tenerlo desde ahora. ¿Por qué no lo sacas a pasear un rato?

Le agradecí y nos abrazamos. La sensación de que siempre hay alguien que en verdad te quiere sin pedir nada a cambio, alguien que sólo desea tu felicidad simplemente porque sí, fue reconfortante. Mis padres regresaron abrazados a la casa y la imagen de dos personas que se aman y que han permanecido uno junto al otro, toda una vida me hizo sentir aún más miserable. Entre al auto y salí con él. Después de dos cuadras me detuve y lloré sin consuelo por casi dos horas.

Sábado… Quince años después

Hoy es la fiesta de mi padre para celebrar su retiro. Ha tenido algunos problemas con el corazón y el médico le recomendó que bajara el ritmo, así que me dejó a cargo. No sólo eso, ha puesto la empresa a mi nombre y ahora yo estoy a cargo de todo.

Desde que empecé a trabajar de lleno con él, no he parado. He podido hacer crecer la empresa y ahora tenemos oficinas en varias partes del país. Trabajo mucho y no descanso. Tengo ya treinta y siete años y he llevado una vida más bien agitada. En algún momento desarrollé la filosofía de que, si trabajaba mucho, también tenía derecho a divertirme mucho. Claro que eso sólo era un pretexto para tratar de llenar el vacío que quedó en mí. Me he acostado con decenas de mujeres solteras y casadas, jóvenes y maduras, con más de una al mismo tiempo, he bebido grandes cantidades de alcohol y he ido de fiesta a discotecas, bares, centros nocturnos… Pero nunca falté al trabajo… no podría hacerle eso a mi padre.

Un día desperté en un departamento que no conocía, acostado en cama con tres mujeres, de las cuales no sabía el nombre de dos de ellas. No recuerdo cómo llegué allí, sólo me fui y las dejé durmiendo la borrachera. A partir de ese momento paré un poco. He dejado de arriesgarme de manera estúpida, pero aún me acuesto con cualquier mujer que me abra las piernas y, dada mi posición acomodada, son bastantes más de las que puedo contar. No me importa si están casadas o no o que tan jóvenes sean. Las uso y luego las desecho… he llegado a la triste conclusión de que jamás seré tan afortunado o tan feliz como mi padre al lado de mi mamá.

A través de mi madre me llegan noticias de mis tías y mis primas, muy pocas en realidad porque no tengo ningún interés en saber nada de ellas y siempre que puedo lo evito.

Eli ya se ha casado y divorciado dos veces. La única con la que tengo algún contacto muy ocasional es con Jess. Una vez cada dos o tres años me escribe algún e-mail y yo lo contesto. Jess dejó el negocio de la familia y regresó a la universidad a hacer una maestría, ha escrito algunos libros y su nombre se escucha de vez en cuando en la televisión o el radio.

Ana intentó contactarme en algunas ocasiones por teléfono, pero siempre rechacé las llamadas. La última debió haber sido hace casi diez años.

Hoy tendría que verlas nuevamente. Me pude escapar de ir a las bodas de Eli, pero ahora ellas vendrían acá.

……….

El salón donde se realizaría la fiesta le pertenece a la empresa. Lo usamos para eventos, capacitación de personal, convenciones, etc. Es muy amplio y rodeado de jardines para que los niños puedan jugar. Yo personalmente me ocupaba de todos los detalles aun contra las protestas de mi madre que quería que estuviera yo sentado en su mesa al lado de ella y de mi padre. Desde luego, alguien podía encargarse de todo, pero decidí hacerlo yo en persona para evitar contacto con mis primas.

Hice que pusieran una mesa bien arreglada cercana a la cocina para atender desde ahí los detalles. Me dedicaba a que la comida fuera servida a tiempo y que las bebidas fueran las que los invitados deseaban. Cada vez que me movía entre las mesas, los invitados me saludaban. Clientes, familiares del lado de mi papá y algunas mujeres que deseaban saber si podían engancharme para casarme con ellas y otras que simplemente querían diversión. Mi fama me perseguía.

Llegaron mis tías y una camarera las guio a su mesa. Noté que mis primas no venían con ellas así que me acerqué a saludar. Me abrazaron afectuosamente y luego me enteré de que Ana y Elí viajaban por separado y llegarían más tarde. Jess por otro lado, ahora vivía sola en otra ciudad de la costa y llegaría también más tarde.

Mis padres llegaron en ese momento a saludar y mi papá lucía feliz, pudiéndoles plantar en la cara su felicidad con mi madre que se colgaba de su brazo tan enamorada como la primera vez. De nuevo me invadió esa sensación de desesperanza y las dejé para no llorar en ese momento…

 Quince años después y aún me dolía hasta el alma…

La fiesta transcurría muy animada. Estaba sentado en mi mesa junto a la cocina y llegó Susana, mi asistente. Susana es una chica joven muy bella, aunque algo bajita, tiene un cuerpo precioso y una elegancia que me encanta, esa es una de las razones por la que la nombré mi asistente, la otra es porque es sumamente eficiente y muy trabajadora. Parece una mini Miss Universo. Siempre sonriente y alegre y, sobre todo, muy leal.

- Disculpe señor, le traigo los reportes de esta semana y los envíos y recepciones de la próxima.

- ¿Tan pronto? No los esperaba sino hasta el lunes.

- Fui a trabajar un rato en la mañana para tenerlas listas hoy, así si el lunes no va a la oficina, no quedan pendientes.

- ¿Y por qué no iba a ir yo el lunes a trabajar?

- Pensé que tal vez quisiera pasar algún tiempo con su padre este fin de semana.

- Gracias, pero no se preocupe Susana. El lunes voy a estar ahí como siempre.

El rostro de Susana se iluminó con su bella sonrisa.

- Claro señor. Cómo usted diga.

- Y… Susana, no vuelva a trabajar en sábado y sobre todo no venga a trabajar aquí, ésta es una fiesta y espero que se divierta. ¿Alguien la acompaña?

- Mi hermana y sus hijos señor.

- Pues vaya y lleve a los niños a jugar al jardín. Hay algunos juguetes para ellos y personas encargadas de cuidarlos por si usted o su hermana quieren salir a bailar o algo así. Vaya y diviértase.

- Gracias señor.

Susana se retiró y una voz se escuchó tras de mí.

- ¡Guau! “Señor” suena muy diferente a “nene”.

Era Jess que me veía con una sonrisa enorme. Nos abrazamos y reímos. La hice que se sentara a la mesa y pedí que nos trajeran unas copas. Brevemente nos pusimos al día en lo más general con respecto a su vida y la mía. En eso estábamos cuando voces de niños llamaron a gritos.

- ¡Tío Alex!

- ¡Tío Ades!

Eran Diego y Mirnita de seis y cuatro años respectivamente. Se arrojaron a mis brazos y yo senté en mis piernas a Mirnita y abracé a Diego.

- ¡Princesa, campeón!

Ambos me dieron beso en la mejilla y tras ellos llegaron sus padres. Diego mi primo y Verónica, su esposa, quien dijo:

- Niños, dejen a su tío. ¿No ven que está ocupado platicando con la señorita? Perdón Alex, no sé ni cómo te vieron aquí tan escondido, parece que tienen un radar.

- Hola Vero, Diego. Dejen a mis sobrinos que vengan cuando quieran, ellos no interrumpen nunca.

- Tío Ades, Diego me empujó y me caí. Mida mi dodilla.

- ¿Tú la empujaste Diego?

- Fue sin querer, tío.

- Diego ¿Qué te he dicho?

- De veras, fue sin querer.

- ¿Qué te he dicho?

- Uno protege a las personas que uno quiere…

- ¿Qué más?

- Uno no daña a las personas que uno quiere…

- Así es. Mirnita es tu hermana y no debes dañarla nunca… Ni por accidente. Y tú, Mirnita, tienes que hacerle caso a tu hermano y quererlo mucho.

- Sí, tío Ades.

Mirnita se agachó y le dio un besito en la mejilla a su hermano.

- Ahora lleva a tu hermana de la mano al jardín y allá les van a llevar su comida.

Mis sobrinos se fueron y Diego dijo:

- Los dejamos para que sigan platicando.

- Perdón, soy un grosero. Déjenme presentarles a mi prima Jess. Jess, estos son Diego y Vero.

Diego dijo entonces:

- ¿Usted es la famosa prima Jess? ¡Es un gusto conocerla!

Ambos saludaron de beso a Jess y Diego continuó:

- Siempre que la compañía ha estado en problemas, Alex se pasea por todos lados diciendo “¿Qué haría Jess?” o “¿Si Jess estuviera aquí, que diría?” Alex ha sacado a la empresa de apuros graves en más de una ocasión, pero usted es como su inspiración. No sabe qué gusto me da conocerla. ¡Gracias a usted todavía tengo empleo!

Jess sonrió y dijo:

- Llámame Jess, por favor, Diego. Tú también Vero. ¡Tienen unos niños encantadores!

- Gracias, nunca descansan, como su tío. Pero son geniales. Bueno, los dejamos para que platiquen.

Se retiraron al jardín para ver dónde estaban sus niños y nos dejaron solos nuevamente.

- ¿Por qué tú no tienes unos tres o cuatro de esos?

Con rostro serio contesté:

- Tú sabes bien porqué.

Me tomó de la mano e hizo que me levantara.

- Ven, vamos a caminar.

Yo caminé en dirección de una de las salas donde se capacita al personal y charlamos.

- ¿Sabes que hay vida después de Ana? ¿Verdad?

- No Jess. No la hay. El día que vi ese video, literalmente morí por dentro. Debajo de este cuerpo no hay nada.

- Date una oportunidad. Seguramente encontrarás a la persona ideal. Como esa chica que hablaba contigo cuando llegué. Se nota a leguas que está enamorada de ti, no lo puede ocultar. Mereces que alguien te ame, Alex. Te lo mereces en verdad.

- Merecer no tiene nada que ver con nada. Honestamente creo que no me merecía lo que vi en ese video y sin embargo ocurrió. Las cosas simplemente pasan sin importar si te lo mereces o no.

- Esto sería diferente. Esa chica te ama en verdad. Lo puedo ver en su mirada. Jamás te haría daño.

- Ana también me amaba. ¿No es cierto? Y mira lo que pasó.

- Si. Ana te amó mucho y aún lo hace. Pero ella estaba dañada, como yo y como Eli. No había mucho futuro para ustedes. Con esta chica sería distinto. Y si no ella, con alguna otra. No te rindas Alex. Lánzate al vacío.

- No, Jess. Ya no soy ese jovencito de la universidad que quería… lanzarse al vacío. Me he dado cuenta de que no hay gratificación para mí, salvo la que me procuro yo mismo. Nadie me va a amar nunca como mi madre ama a mi papá. Y si acaso la hubiera, lo más probable es que fuera yo quien la dañara.

Jess guardo silencio un momento y dijo:

- Ana quiere hablar contigo, llegamos juntas y me pidió que te lo dijera.

- No hay nada que hablar. Si lo que quiere es venir en busca de redención, no la va a encontrar aquí.

Jess se acercó a mí y me besó profundamente nuestras lenguas se encontraron y la apreté contra mí. Una lágrima escurrió por sus ojos y me dijo.

- Yo te amé desde el momento en que platicaste conmigo en la playa. Nunca he dejado de amarte, ¡nunca! Los días pasaban y yo te veía enamorado de Ana y lo soporté pensando en que eras feliz y en que por pequeños momentos un poquito de tu amor me salpicaba. Jamás pude volver a tener un orgasmo con otro hombre y, aunque tuve la oportunidad, nunca me casé porque sabía que no podría ser feliz si no era a tu lado.

Se limpió las lágrimas y continuó:

- ¿Crees que tengo algún interés en el bienestar de esa perra? ¡Esa maldita puta destrozó a la única persona que he amado en el mundo! No, Alex. ¡Lo hago por ti, mi amor! Acaba con esto. Cierra este asunto ya y sé feliz. Lo único que quiero es verte feliz. Sé que no puede ser a mi lado porque sólo se abrirían heridas que están tratando de sanar. Los recuerdos de esas dos semanas vendrían a nuestras memorias tan sólo al vernos. Pero puedes acabar con esto. Acaba con la maldita infeliz y vuelve a vivir. Así me podré marchar sabiendo que el amor de mi vida será feliz una vez más.

Se separó de mí y se marchó para regresar con Ana unos minutos después. Ana seguía viéndose realmente hermosa, su cuerpo conservaba esa cualidad de modelo, aunque las líneas de expresión le quitaban esa apariencia infantil que me gustaba tanto. Se paró frente a mí y Jess permaneció dos pasos atrás de ella. Con gesto inseguro inició la conversación:

- Hola, mi amor… Ha pasado mucho tiempo nene.

Con gesto serio y algo de intensidad en mi voz, producto del enojo, contesté:

- No soy tu amor y mi nombre es Alex. Jess me dice que quieres hablar conmigo. Di lo que tengas que decir y terminemos con esto.

Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos y con la boca contraída por el llanto continuó:

- He venido a pedirte perdón. Sé que te hice mucho daño, y yo sólo quiero…

- ¡No, Ana! No me hiciste daño. ¡Me mataste! Ese día dejé de vivir para convertirme en este saco vacío… ¡No! En este recipiente de odio… Así que no, Ana. No te perdono... Hubiera muerto por ti. Te hubiera dado mi vida… Hasta… hasta hubiera dejado que continuaras con tu vida de puta con cuanto hombre se te acercaba…

Una lagrima salía de mis ojos ahora.

- Te dije que no me interesaban otras mujeres, ni tus hermanas, ni nadie… Hicimos promesas y yo sólo te pedí que no hubiera mentiras… No sólo te fuiste a revolcar como la puta que eres con el fulano ese, me mentiste y luego…

Tuve que detenerme para componerme un poco y tomar aire.

- Y luego lo que vi en el video… está grabado a fuego en mi mente y cada día me va matando poco a poco… ¿Por qué Ana?... ¿Por qué?... Yo jamás te hubiera lastimado así… ¿Qué pensabas que iba a pasar…?

Ana con un llanto incontenible dijo al tiempo que se acercaba para abrazarme.

- Está muerto…, ya no nos estorba mi amor… ¡Por favor perdóname! ¡Dame otra oportunidad…! ¡Por favooorr…! ¡Te amooo…!

La tomé de los brazos para impedir que me abrazara y luego la solté. Ella se dejó caer al piso y siguió llorando con sollozos que parecían alaridos. Yo voltee a ver a Jess y ella se acercó para decirme:

- La golpiza que le pusiste a Emilio, así se llamaba el infeliz, lo mandó al hospital por tres semanas. Cuando por fin salió, él y Karla se largaron de la ciudad como se los ordenó Carlos. Año y medio después, Emilio murió por un coágulo producto de la golpiza que bloqueó una arteria. Murió de una embolia. Karla murió de una sobredosis dos semanas después.

Mientras yo estaba aún en shock por la noticia, Jess acercó una silla y la puso frente a Ana, se sentó en ella y le dijo:

- Destruiste cuatro vidas Ana. La de Emilio, la de Karla, la de Alex y la mía. Y no me digas que lo lamentas. Tres días después de que Alex se marchara, dejaste que dos tipos te cogieran en la disco en frente de todos los asistentes… y no has parado desde entonces ¡Maldita basura! ¿Cómo te atreves a llegar aquí pidiendo perdón y diciendo que lo amas? ¡Destruyes todo lo que tocas! Y ahora déjame decirte a ti algo que tú me dijiste hace quince años. ¡Amo a Alex! Aunque él te amaba a ti, no me importó. Pero ahora las cosas son distintas. ¡Amo a Alex con toda mi alma y si te atreves a dañarlo una vez más… te voy a destruir!

Jess se puso de pie y regresó al fondo de la habitación. Ana, aún en pleno llanto me dijo:

- ¡Por favor, Alex! ¡Ayúdame! No puedo más… te prometo…

- No, Ana. Es demasiado tarde. Entre tú y yo acabamos con la vida de dos personas… Y… yo al menos, no puedo vivir con eso…

Ocupé la silla que había dejado Jess y le dije:

- Déjame contarte algo. El día antes de ver el video donde te dejaste ver como la inmunda basura que eres, yo había pensado en dejar la empresa de mi padre para irme a vivir contigo… como marido y mujer. Hasta investigué si había impedimento legal para casarnos y averigüé que no lo había. Estaba dispuesto a renunciar a todo, a mis padres a la familia completa, a la empresa de mi padre y regresar por ti para hacerte mi esposa.

Mi llanto había cesado, sólo un sentimiento de vacío ocupaba el lugar donde antes estaba mi alma.

- Tengo el departamento en donde vivo y mandé a construir una casa enorme en el mejor rumbo de la ciudad. La amueblé con lo mejor y está equipada con todas las comodidades que puedas imaginar, nunca me he quedado en ella y lleva ya ocho años vacía, por lo menos. En esa casa, salvo los muebles, sólo hay una caja de galletas en la despensa, una mantita en la alfombra de la sala y en el closet de la recámara principal, una maleta que contiene… mi corazón. En ella hay unas pantaletas usadas, playeras, shorts, ropa de buena marca y un reloj muy caro con nuestros nombres grabados…

El llanto de Ana no cesaba, su rostro estaba desfigurado por el dolor mientras que yo era incapaz de sentir emoción alguna y mi cara parecía labrada en piedra.

- El lunes a primera hora voy a hacer que derriben la casa y voy a dejar ahí los escombros para recordarme a mí mismo que… no hay nada que recordar.

Me puse de pie y me marché de ahí. Pensando que las vacaciones de verano se aproximaban. Llevaría a mamá y a papá de vacaciones e invitaría a mi primo Diego y su familia a ir con nosotros y me divertiría con los niños. Después de todo, no he tomado vacaciones en quince años. Y ¡quién sabe! Tal vez después, hasta fuera a ver a Jess en su casa y pasaríamos un rato juntos… sanando, como dos viejos perros que se lamen las heridas.

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