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Las primas: Me impresionaba escucharlas.

dmmexico

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  • Autor: dmmexico
  • Publicado 09/06/2014
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  • T. de lectura [ 72 min. ]

Categorías eroticos

RESUMEN

Una familia de mujeres bellisimas, y fogosas, todas con historias que compartir, infidelidad, sexo de una noche, y la introducción de la vida intima de mi esposa, su hermana, y sus primas.


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ESTE RELATO HA SIDO ROBADO DE cuentorelatos.com

Me impresionaba escucharlas.

 

Me impresionaba escucharlas, jamás pensé que todas ellas fueran tan desinhibidas como ahora me daba cuenta que eran, yo estoy casado con una de ellas, y si bien, durante años había tenido sospechas de que las mujeres de su familia eran una verdadera colección de mujeres bellas y  calientes, sinceramente jamás pensé que de viva voz, y en una plática entre ellas me diera cuenta de que juntas, eran un ramillete de  putas, y que todas compartían una historia de infidelidades, y relatos eróticos para prender a cualquiera….

Todas eran primas de mi esposa y mi cuñada, todas eran bellas y atractivas en sus 30’s altos y algunas ya por arriba de los 40 años, y estaban en la sala de mi casa conversando alegremente en una reunión de mujeres debido al cumpleaños de una de ellas, la sala estaba justo debajo de la escalera que lleva al segundo piso de nuestra casa, y justo arriba, está ubicado un pequeño estudio donde tengo la computadora y un set de televisión, ahí estaba yo, sentado, en silencio, maravillado de las historias que cada una de estas mujeres se platicaban, y con mi pene duro, y totalmente excitado dándome cuenta de las intimidades de las mujeres de la familia de mi esposa, y de cuanto les gusta el sexo, y especialmente, el sexo FUERA de sus matrimonios…

Patricia, mi esposa, Carmen mi cuñada, las primas Ivette y Ana, y sus otras dos primas, Elba y Berenice tomaban vino tinto, y reían voz en cuello, parecería que no recordaban que yo estaba en el segundo piso, y tal vez asumían que no podría escuchar de que estaban hablando, pero se equivocaban….

Describirlas a cada una es ya de por sí una experiencia erótica en sí misma, son mujeres muy atractivas, sexys por naturaleza, y después de escuchar lo que les voy a relatar, todavía más cachondas, Patricia mi esposa tiene 44 años, morena, de cuerpo curvilíneo, piernas larguísimas, con unos muslos  de verdadero ensueño, senos medianos, con pezones morenos de aureolas diminutas y de color café, caderas prominentes y una brevísima cintura, rematada con unos labios enormes, y carnosos, no por algo me enamore de ella….

Carmen, mi cuñada tiene 43 años, es altísima, de piernas esbeltas, senos mucho más grandes que los de su hermana,  cadera ancha, menos acinturada, pero igualmente atractiva, con una personalidad invitante y una actitud de cojeme que simplemente es casi ineludible, sobre todo cuando sonríe y muestra esa boca verdaderamente deliciosa de labios sensuales y carnosos en una piel blanca como la leche que seguramente se ha devorado más de una vez….

El otro par de hermanas es igualmente contrastante, Ivette es pelirroja, tiene 45 años, de amplísimas caderas, y senos enormes, de tez blanca y porta igualmente esa actitud de mujer ardiente que se evidencia tan solo al verla, casada por muchos años con el mismo santo varón,   que ha tenido que soportar las múltiples infidelidades de una mujer que  abiertamente declara cuanto le gusta el sexo, y…. la variedad en el mismo…

Ana, hermana de Ivette, es blanca y alta, casi tanto como Carmen, muy delgada, de senos enormes, piernas esbeltas y tiene 40 años, su sonrisa es contagiosa, muy alegre, pero igualmente de carácter fuerte, y una historia interesante como caza fortunas que la ha llevado a utilizar su sex appeal como arma para alcanzar sus propósitos…

Las primas que complementan el grupo no se quedan atrás, Elba, de 40 años es una mujer que fácilmente podría ser utilizada como modelo profesional, de piel blanca, pelo rubio y ojos azules, piernas larguísimas, y senos voluptuosos, poseedora además de una amplia experiencia amatoria a lo largo de una vida sexual que inicio a temprana edad, dos matrimonios y muchísimos amantes.

Berenice de 39 años es una mujer de cuerpo bonito, tal vez no tan espectacular como algunas de las otras, poseedora de  un trasero de campeonato del mundo,  senos pequeños,  y piernas fuertes, e igualmente con un deseo sexual que la llevo a iniciar su paso por las artes amatorias a temprana edad, e igualmente interesada en utilizar sus encantos como la puerta para alcanzar sus objetivos de riqueza sin importar el que haya tenido que pasar por las camas de varios hombres hasta alcanzar el correcto, todo un ramillete de damas cuya principal característica común es una belleza y sensualidad que forman parte del acervo familiar.

No puedo creer que digas eso, ¿es cierto que era tan grande? La pregunta hizo que las mujeres soltaran una serie de risitas nerviosas al tiempo que cambiaban de dirección en sus asientos para poner toda su atención a Elba que les platicaba sobre una experiencia que había tenido recientemente con un fotógrafo que había conocido en su negocio mientras hacia un álbum de la nueva línea de bisutería que esperaba promocionar a través de un catalogo fotográfico.

Sucedió tan natural, desde que lo vi me llamo la atención, alto, de edad madura, y con una gran seguridad, me gusto mucho que fuera mandón, y que a los dos asistentes que traía les explicara cada cosa como quería que quedaran para la foto, la iluminación y el acomodo, me encantan los hombres ordenados, suspiro.

Me sentía incomoda, ya saben que siempre me gusta estar muy arreglada, especialmente en el  negocio, pero ese día había llegado la nueva mercancía y solo me había puesto unos jeans ajustados, con una blusa negra, con un escote en “v” – puta- le dijo Carmen, y soltaron la carcajada, -tas pendeja, no quería enseñar las tetas- asevero Elba, pero creo que él solito se engancho viéndolas, y sonrió nuevamente dejando ver esa boca que era una invitación para hacerle sexo oral, me dijo que era muy bonita y que le encantaría tomarme algunas fotos, yo desde luego le agradecí, y me dijo muy discretamente que si le aceptaba una copa después de que terminara su trabajo y que yo cerrara el negocio –no me di cuenta, pero dije si casi inmediatamente, y una vez más las sensuales mujeres estallaron en risas, una vez más Carmen volvió a llamar a Elba voz en cuello – puta, que facilita me saliste – y otra vez Elba negó que su intención inicial hubiera sido acostarse con ese hombre que acababa de conocer.

Todo salió naturalito, creo que usando términos fotográficos como corresponde con él, hicimos clic, y simplemente me deje llevar, guardo un breve silencio e Ivette le dijo con ansias que siguiera – cuenta, cuenta, no pares – Elba dio un sorbo a su trago y continuo, termino de tomar las fotografías como en una hora y media, me seguía fascinando su personalidad, y  su profesionalismo, y más cuando en medio de la sesión, se daba tiempo de buscarme con la mirada y sonreírme,  preguntándome si le agradaba la disposición de tal o cual producto cuando tomaba las fotos, finalmente llego la hora y el salió para acompañar a sus asistentes a llevar el equipo fotográfico al automóvil que estaba en el estacionamiento del centro comercial, antes de salir me miro, y me dijo, Elba, regreso por ti en cinco minutos, y me ofreció su amplia sonrisa como promesa de que lo haría lo más pronto posible, asentí con la mirada y le guiñe un ojo para que viera que realmente  lo tomaba en cuenta y que estaría ahí para cuando volviera.

- Me moría de ganas de comérmelo primas, créanme, ya estaba hasta mojada  -  afirmo Elba, - me maldije mil veces porque no había ido arreglada ese día a trabajar, como te dije antes solo llevaba una blusa negra, con un escote discreto, eso sí, pegadita y que dejaba ver que no estaba plana, para nada,  - y volvió a reír – un pantalón de vestir negro ajustado, y lo peor, llevaba mis calzones de abuelita, no mis tangas que tanto me gustan y que sé que los enloquecen – y estallo en carcajadas una vez más -  pero eso sí, afirmo mi bra esta hermoso, con encaje y se me ven las tetas muy bien, así que al menos, no tenía que preocuparme por lo de arriba  –

Todas estaban verdaderamente interesadas en el relato, Elba continuo – Llego de regreso, y me dijo que si estaba lista – por dentro lo único que dije - fue si papito, métemelo ya  – y estallaron en risas – sí, claro, solo ayúdame a cerrar el negocio a lo que el asintió, se me hacía tarde para que llegáramos a dondequiera que me llevara, después de haberme acostado con un par de jovencitos hacia unos  dos meses, uno por lastima y el otro por insistente, quería tener a un hombre, así, con todas las letras, un h-o-m-b-r-e,  y no un chiquillo – Ivette le dijo – Cabrona te acostaste con dos chamaquitos y todavía ¿ querías más? Si, ¿para qué te haces pendeja? No es lo mismo coger con un hombre ya vividito que con un chavito, es diferente, los jovencitos son muy fogosos y es divertido y rico que te quieran coger como locos, pero un hombre madurito sabe cómo tratarte, y como llevarte a la cama, y no te la quiere meter por todos lados en forma instantánea, Patricia, mi esposa, dijo – eso será a ti, ya les contare de los muchachitos y mi experiencia con ellos, y sonrió, las otras voltearon a ver a Patricia, y la inquirieron ¿cuándo? ¿Con quién? Que guardadita te la tenías, ¿así que ya anduviste de puta? Y nosotros ¡ni en cuenta! Mi esposa soltó una carcajada, y se dirigió a  Elba con voz pausada, síguele, lo mío se los cuento después.

Salimos del negocio y ahí estaba yo caminando con este macho que acababa de conocer, me tomo de la mano y me dijo que era una mujer muy hermosa, y que le gustaba que fuera tan franca y abierta, que le parecía que yo era una mujer moderna que no tiene reparos en mostrarse tal como es – obviamente yo sentía que tantos halagos tenían un solo objetivo, meterse en mi cosita, pero la verdad es que los motivos y todo lo demás salían sobrando, se me antojaba y lo iba a tener.

Llegando a su carro, me abrió la puerta, y me deslice al interior, me encantaba como me comía con la mirada,  sentía su deseo, y eso me prendía, subió apresuradamente y me dijo que me llevaría a cenar un lugar muy rico, yo sonreí y le dije que me llevara a donde él quisiera – sonrió abiertamente y me pregunto ¿A dónde yo quiera? Clavando su mirada en la mía, y bajándola para revisar mi cuerpo sin tapujo alguno, me encantaba ese descaro, yo asentí, y reafirme lo dicho – si, a donde tú quieras – e inmediatamente pregunto si me gustaría conocer su estudio, y que después de ir ahí, y dejar su equipo, nos iríamos a cenar – una vez más la voz en el interior de mi cabeza me dijo – si vamos al estudio vamos derechito a coger – y sonreí, sabia de sus intenciones y de su urgencia, pero la verdad, no era más grande que la mía, y pensé que la cena podría esperar, es más – yo quería ser su cena, y que me comiera toda – puse mi cabeza hacia un lado, y esboce mi mejor y más coqueta sonrisa y asentí – si, vamos a tu estudio, quiero conocerlo – no le dije dos veces, encendió el vehículo y lo dirigió a la salida del  estacionamiento.

Todas continuaban expectantes,  y yo, en la parte superior de la escalera mas, y mi erección no se abatía, por el contrario, era ya casi dolorosa, Elba continuo después de dar un largo sorbo a al vino tinto que degustaba – en el camino, y muy casualmente, el  ponía su mano en mi rodilla, platicaba conmigo acerca de cuanto le había gustado la línea de joyería, y lo bien que habían salido las fotos, yo, simplemente me dejaba arrastrar por su entusiasmo, y me gustaba ver como no cesaba de mirarme, y de vez en cuando, a la mitad de alguna de sus acotaciones respecto al trabajo que había ido a realizar, me decía que yo era bonita, y que yo era maravillosa, y que yo, estallo en risas una vez más, no dejaba de decirle cuanto le gustaba, y eso me tenía al borde la humedad – y rio nuevamente.

Ivette, la prima pelirroja, ya con cierta desesperación, y algo de calentura, le dijo – Elba, ¡ya, dinos, como fue!  - está bien, pero no seas desesperada, cuando llegamos a su estudio, me encanto, el lugar era muy agradable, en una zona residencial, muy limpio, con un vestíbulo decorado de forma muy cuidadosa y con enormes fotografías de su trabajo profesional en esa zona, las paredes en colores ocre y hacia adentro, un corredor que llevaba al estudio fotográfico, igualmente decorado con pequeños marcos que mostraban sus fotografías,  dentro, una pequeña salita estaba en el plato, con dos enormes lámparas incandescentes, y muchas velas creando una especie de caminito entre un taburete y un love seat cubierto con una tela de satín en color rojo que cubría el mueble – le pregunte ¿que había estado tomando? Y comente que la decoración puesta en el set era muy sensual, él sonrió y me dijo que había estado trabajando durante los últimos tres días en un portafolio fotográfico de desnudo artístico con varias modelos para una agencia de publicidad – y retomo su cascada de halagos hacia mí, diciéndome que ninguna de las modelos que había tomado era tan guapa y sensual como yo, camine hacia el sillón, y me senté viéndolo a los ojos al tiempo que cruzaba mis piernas – no creo, sonreí, todas esas chicas son muy jovencitas y con unos cuerpazos, dudo mucho que yo a mis 40 años sea tan atractiva como ellas – el volvió a sonreír, y dándome la espalda camino hacia un pequeño refrigerador que tiene en el estudio, se agacho para sacar una botella de vino blanco, y eso me dio oportunidad de volver a ver su trasero que tanto me había gustado desde que lo vi entrar con sus cámaras a la tienda esa tarde,  aclaro su garganta y con esa voz tan varonil, me dijo, Elba, tu eres una mujer más atractiva que todas ellas juntas, al tiempo que tomaba dos copas que estaban en la mesita  ubicada a un costado del sillón, dos copa altas, extendió su mano hacia mí, y me dio una de las copas, dejo la suya momentáneamente en la mesita y destapo la botella, con su amplia sonrisa puso la botella frente a mis ojos, y yo extendí el brazo para que me sirviera el frio líquido, retomo la plática, y me pregunto si me gustaba el lugar, yo dije que sí, que debía pasarse horas de diversión en él, sobre todo, rodeado de mujeres con muy poca ropa o si ella – estallo en risas, y asevero que le encantaba que muchos hombres desearían estar en su lugar – una vez más, le conteste afirmativamente, pero el volvió a hablar y me corrigió, no estoy hablando de la envidia que tienen otro hombres por mi trabajo, sino por estar aquí, a solas contigo – me mato, me volvió loquita, que rico, ese hombresote para mi solita cubriéndome de cumplidos – levanto su copa y brindo por el placer de estar solos, bebimos y el dio una vez más la vuelta y salió momentáneamente del estudio, y de pronto, una música de jazz contemporáneo sonó en el ambiente, regreso y dijo –  espero que te guste esa música – había dado en el blanco una vez más, - sí, me encanta – se acercó, extendió su mano y toco mi cara, una caricia suave, me estremecí una vez más, su mano extendida era la derecha, con la izquierda, enlazo mi cintura y me atrajo hacia él, me abrazo fuerte, sentí su pene debajo del pantalón, duro, enhiesto, listo para sentirlo dentro de mí, cerré los ojos, y sentí su aliento en mi cara, a la altura de mis labios, y me beso, su beso fue dulce al principio, labios cerrados, como sintiéndome, después, su lengua se abrió paso entre mis labios y yo respondí de igual manera, nuestras lenguas se entrelazaron, y morí doblemente de deseo, para entonces, el brazo que me había acercado a su cuerpo ya había bajado la mano y apretaba mis nalgas, yo arquee un poco la espalda, y sentí su mano más abajo, recorriendo el hueco entre mis piernas por atrás, tenía libre acceso y sentí como desde esa posición apretaba mis partes más íntimas, me tenía a punto, yo sentía que mis jugos resbalaban hasta el pequeño trozo de tela que cubría mi vagina, y los fluidos no paraban estaba totalmente empapada, y ya deseaba que me penetrara, yo baje mi mano y devolví la caricia acariciando el enorme bulto que se formaba en su pantalón, sus manos se centraron en el botón de mi pantalón de vestir, abrió el botón, y abrió el zíper, me sentí libre, quería sentir sus dedos jugando con mi hueco de placer, su mano se coló hábilmente y pudo sentir la línea delgada de vello que aparece en la parte superior de mi pubis, gemí, no pude evitarlo, su dedo índice trazo la línea dentro del pantalón, siguiendo la línea de vello, hasta posarse sobre mi clítoris, el cual comenzó a tocar con extrema habilidad, mis gemidos eran ya descarados, y sin saber de dónde mi boca dijo las palabras que según yo no diría de esa forma para no verme como una puta, pero finalmente lo dije, y la verdad, no me arrepiento – cógeme, por favor cógeme- el sonrió ante el exabrupto y de un solo movimiento, arrodillándose al unísono de m pantalón bajo, dejándome ahí, frente a él en mi horrible panty negra completa (maldije una vez más el hecho de no haber ido preparada con una tanguita de las que tanto me gustan) su cara quedo a la altura de mi vagina, retiro con delicadeza mis piernas del pantalón y ahí quede, sin mis tacones, descalza, con la blusita negra pegadita y mis pantis del mismo color, mismas que retiro en un movimiento lento, con su cara pegada a mi vientre, y siguiendo el recorrido de las mismas con todo su cuerpo, mis suspiros eran ya totales, entrecortados, lo deseaba como loca dentro de mí – Patricia (mi esposa), la morena de las primas no podía quedarse con la curiosidad y le pregunto a Elba abiertamente ¿te la comió? Elba soltó una carcajada, y le escolio directamente – ¡hay prima, como me preguntas eso si tú eres la siempre fiel y decente! A lo que todas respondieron con una sonora carcajada, - Carmen (mi cuñada de larguísimas piernas y senos enormes) les dijo con autoridad – ¡cállense pendejas, que ya viene lo bueno!, y dando un largo sorbo al vino tinto, me exigió seguir con el relato - ¡anda, sigue, sigue!

Está bien dijo Elba,  si Patricia, a en esa posición, yo de pie frente a él, y su cara a la altura de mi vagina, hizo exactamente lo que dijiste, estiro su fuerte lengua, y con los brazos me hizo abrir las piernas, así de pie frente a él, subió a las caderas, y me las empujo sujetándome de las nalgas en dirección a su boca ávida y su lengua experta, la cual introdujo en el pliegue superior de mi rajita, específicamente en el nacimiento de la misma, donde mi excitadísimo clítoris ya se asomaba de su capuchón, apoyo su lengua ahí, en el mismo botón, y mis gemidos se hicieron más audibles, siiiiiiii, le dije, ahí, mmmmmmmmmmmmm, al tiempo que se entretenía haciéndome maullar como gata en celo, su mano derecha se abrió paso con su dedo medio en la entrada de mí ya totalmente lubrico hoyito, entro y salió con enorme facilidad y el trabajo al unísono de su lengua en el clítoris y su ancho y largo dedo en mi canal de placer, me tenían a mil aun en la incómoda posición en la que me tenía, seguía lamiendo con total pericia, y sentía como mis piernas se aflojaban y temblaban ante la tensión sexual que estaba pasando, ahí estaba yo, proyectando mis caderas hacia adelante, con el arrodillado con la lengua totalmente salida de su boca y su ancha mano copando toda la parte interna de mi humanidad, no aguante, y ahí mismo me vine, grite como loquita diciéndole lo bueno que era y cuanto me hacía gozar, temblé, sople y resople, me afloje totalmente y baje arrodillándome y sacudiéndome de su lengua que aun y cuando estaba en pleno orgasmos seguía con sus movimientos largos y circulares sobre mi detonador sexual, y sus dedo salió totalmente escurriendo de mis fluidos que ahora resbalaban descaradamente por los interiores de mis dos muslos.

Me tomo entre sus brazos y me estrecho contra él, todavía vestido, me hizo sentir suya, protegida, y más, al saber que todavía no me la metía y yo ya había tenido un orgasmo era ¡increíble! Procedí a quitarle la camisa de vestir, desabotonándolo al mismo tiempo que mis  manos recorrieran su duro pecho, casi sin abdomen, plano, como me gusta, la retire y me encontré con ese pecho velludito, ralo, fino, que me ofrecía un aroma masculino irresistible, ya sin camisa nos volvimos a besar fuerte, sus manos tomaron mi blusa por la parte inferior y halo hacia arriba para retirarla, mis tetas botaron retadoras, no llevaba brassiere y ese detalle le cautivo notablemente, me dijo que eso confirmaba que yo era una mujer que apreciaba su propia belleza, y segura de mi misma para dejar esa prenda tan importante fuera de mi guardarropa – La prima Berenice no pudo callarse, siempre ha sido inquisitiva, y acida en sus críticas, y abiertamente le dijo a Elba, - pues como no, con tus tetas operadas ¿para que querías el brassiere? – las risas de todas no se hicieron esperar, pero Elba riposto de inmediato – ¡cállense pendejas! Que todas, menos Patricia y Carmen están operadas de las tetas – y tenía razón.

Yo seguía en la parte superior de la escalera, anonadado, excitado, deseando que se callaran de sus estúpidos comentarios y críticas y dejaran a Elba seguir con su cuento y escuchar finalmente cuando el fotógrafo la penetro.

Cuando me quito la blusa, bajo su torso y se entretuvo HORAS en mis pezoncitos, jugo con su lengua en ellos, los apretó con sus labios, los lamio, los succiono fuerte, se ayudó de sus manos para amasarlos y halarlos a su antojo, y yo casi me vengo otra vez, sus manotas agarraban todo, y eso que desde la cirugía soy copa D, pero le cabían fácil, me siguió tocando las tetas, y otra vez bajo su dedo para juguetonamente acariciar mis pelitos, y así, abrazados me hizo rodar con él en el suelo, se posó arriba de mí, y yo abrí las piernas para facilitarle el trabajo, sentí su vientre contra el mío, su enorme falo rebotaba contra mi piel y yo ya deseaba tenerlo entero adentro de mí, lo tome con mi mano derecha y lo puse a la entrada de mi puchita que seguía totalmente inundada, su glande era protuberante, pero no enorme, me gustaba su longitud, poco más de 20 centímetros, y delgada, ya yo he tenido otras verdaderamente gruesas dentro de mí, pero su longitud ¡me encantaba!.

Mientras arqueaba ligeramente su espalda para seguir atendiendo mis pechos y con mi mano guiándolo, su cabecita se rotaba insistentemente contra mi agujerito, con un sonido húmedo, finalmente encontró el punto exacto y se fue, larga como era, hasta tocar mi matriz de un golpe TODA entera, hasta adentro, el golpe contra mi cérvix me hizo dar un gritito, pero una vez superada la sorpresa inicial, comenzó un  mete y saca lento, haciéndome sentir cada centímetro de su larga estaca que cada vez que su pubis tocaba contra el mi golpeaba mi cérvix estremeciéndome eléctricamente, penetrada hasta donde parecía no había más, me abrase a su ancha espalda y enterré con cuidado mis uñas, quería que sintiera  como me estaba haciendo gozar, haciéndome sentir mujer deliciosamente y ¡en apenas un par de horas después de habernos conocido! – Puta – dijo Carmen soltando una enorme carcajada, secundada inmediatamente por la misma Elba, y las demás primas en aquella sala.

Mira quién habla, dijo Elba, engravando su tono, la prima a la que su propia mama y hermana le apodaban la Singer (una marca de máquina de coser de los 70s y 80s) por “facilita” y rio fuerte y amplio a su vez, el comentario no le cayó muy en gracia a Carmen, quien se defendió diciendo, - pues tu tía y tu prima no se quedan atrás, igual de putas que tú y todas las mujeres de nuestra familia – era una verdad dura, pero incontrovertible, nadie se atrevió a responderle a Carmen, y un silencio incomodo se sintió en la salita. –Era la verdad, todas las mujeres reunidas ahí habían tenido sexo de las formas más variadas posibles, y las respectivas madres de cada una jamás se habían caracterizado por su fidelidad y virtud a lo largo de su vida familiar, plagada de historias de infidelidades, incestos, intercambios y otras linduras –

Elba quiso cortar la incómoda situación y siguió, me cogió de misionero, de perrito, yo arriba de  el acostada boca arriba, yo acostada boca abajo, me la metió hasta que se hartó, simplemente me convertí en un agujero de placer ¡encantada de la vida!

Uso mi ano, mi boca, y siguió y siguió, hasta que nos dieron las 6 de la mañana, jamás pensé que un tipo al que prácticamente acababa de conocer me usara de esa forma, debo decirles que no me dio el menor remordimiento, y sé que no me equivoque en tomar esa aventura de una noche, aun y cuando él quiere repetir, desde que lo vi supuse que me haría pasar largas horas de placer y no me decepciono en lo más mínimo, durante la noche y mientras martilleaba mi ano con su garrote, me decía que su esposa (era casado el muy hijo de puta)jamás había aceptado ser cogida por el ano, y ahí estaba yo, dándole mi puerta trasera solo unas cuantas horas después de conocerlo, se vino en mi boca, en mi recto y en mi vagina, cometí el grave error de no haberle exigido el uso del condón, pero ya que, me llevo a mi casa al día siguiente y desperté totalmente adolorida como a las 3 de la tarde del día siguiente.

Mi esposa Patricia la reprendió fuertemente, señalándole lo peligroso que era tener relaciones sin protección en estos tiempos, a lo que Elba solo contesto diciéndole, con un palo de ese tamaño frente a ti querida prima, ¡todo se te olvida, créeme!

¿Te comiste su leche? Pregunto Karina  -si claro- acoto Elba, muy espesa, no mucha, pero no desagradable, ya para los últimos palos ya se venía en seco dijo Elba a carcajadas, lo deje ¡seco! JA, JA, JA, al tiempo que abría sus enormes ojos azules y viendo de frente a todas sus primas dijo, ¿Quién sigue, quien nos contara su última aventura?

Ivette, la pelirroja madura, arqueo las cejas y dijo, yo, sigo yo….

Estaba en casa de mi tía (mi suegra, madre de Carmen y Patricia) era la fiesta de cumpleaños de una de sus vecinas y para variar primitas ustedes estaban ocupadas con sus machos y mandaron a mi tía a la chingada con su invitación, la realidad es que yo hubiera hecho lo mismo que ustedes pero había una negra intención de mi parte para asistir a la aburrida fiesta, Michael, el musculoso inquilino negro de mi tía.

¡GOLOZA! Le gritaron las primas, ¡putisima! Dijo su hermana Karina, ¡mira esta cabrona! Esa no me la habías contado, reprocho su hermana menor a la pelirroja en medio de una mueca, espérate, ahorita vas a saber.

Michael me había estado flirteando descaradamente cada vez que llegaba a casa de mi tía, su mirada siempre busca mis pechos y parece que le excitan mis caderas (la prima Ivette también tenía operado el busto, y a sus 45 años de edad, siendo la más grande de todas las primas no dudo en ponerse los implantes más grandes de todos, dos enormes tetas doble D) y una vez me pidió que si podía ir a su casa para platicarme algunas cosas, obviamente yo le dije que no podía ir por ser una mujer casada, aunque la verdad me moría de ganas de estar a solas con el en su departamento.

Hay prima, ¿de cuándo acá eso te importa? Espeto Berenice con su tono de voz inquisidor y tal vez hasta grosero, tu pobre marido es el que más cuernos ha soportado de todos los nuestros asevero una vez más la insidiosa prima, Ivette mantuvo la compostura y no la insulto o le dijo algo más grave, solo se limitó a sonreír y dijo - ¿puedo continuar prima de la vela perpetua?  Si pero como que de la vela perpetua inquirió Berenice, si, por que tu borracho marido no te da y seguro te metes los cirios que compras cuando hipócritamente vas a la iglesia para simular que eres una esposa casta y piadosa primita…..

Berenice no dijo nada, se calló de golpe, y le dijo a Ivette, adelante putita, cuéntanos como te gozaste al negro -  Legue a la casa de mi tía como a las 12 del mediodía, llevaba un blusón que daba más o menos debajo de mis nalgas, de color gris, con unos leggins igualmente grises y zapatos de tacón mediano, llevaba mi pelo suelto, y un maquillaje de día muy discreto, me sentía bonita, no sexy, cuando Salí de casa me dije a mi misma que seguramente mi negro estaría encantado todo el día tratando de ver debajo de mi blusón que quedaba como una minifalda muy cortita.

Al llegar, Michael se incorporó y me pregunto en su medio inglés y medio español si se me apetecía algo de tomar, a lo que respondí que sí, un wine cooler por favor, esas bebidas me refrescan mucho, pero suelen ser peligrosas, ya que el vino rosado me pone irremediablemente caliente y desinhibida.

JA, JA, JA, estallaron las primas en risas, y mi esposa Patricia le dijo, Ivette, tu SIEMPRE estas caliente. La mayor de las primas solo sonrió, y continuo con su relato: estuvimos platicando mucho tiempo, me encanta verlo, su color y el contraste con mi piel, lo musculoso y joven que es, aquí, todas interrumpieron y asintieron a lo dicho por su familiar – si esta hecho u mango – dijo Patricia, Carmen apegada a la vulgaridad que muchas veces le acompañaba dijo fuerte – ¡que me la retaque toda, papito! Elba y Karina asintieron con sendos mmmm, negro, grandote y musculoso ¿y la tiene grandota? Preguntaron al unísono haciendo que una vez más todas estallaran en carcajadas – déjenme terminar, apenas voy para allá – haciendo un ademan levantando sus dos manos manicuradas a la perfección y blandiéndolas juntas y separadas hacia adelante semejando el tamaño descomunal que según ella se había metido en la vagina.

Ivette tomo un trago largo de vino, y pregunto ¿en qué íbamos? A si, ya, estuvimos platicando, jugando, riéndonos, coqueteando, y durante la plática me halago muchas veces, me dijo que le gustaban mucho mis piernas, que se volvía loco pensando en mi cuando me ponía minifalda, halago que me hizo sonrojar y para que miento, calentarme mucho, mientras hablaba de mis piernas, se atrevió a tocar mi rodilla, poniendo su mano descomunal y morena sobre la tela de mis leggins, y acariciando furtivamente y retirando la mano en cuanto percibía que mi tía o alguno de los invitados se aproximaba a la mesa que habíamos elegido para nuestra charla ubicada a un costado de la alberca, y del lado contrario del asador y la hielera, donde la mayor parte de los invitados a la fiesta se habían ubicado.

La reunión que había comenzado al mediodía ya se había alargado y durante la comida, en un par de ocasiones me había sugerido bajar al estacionamiento para recoger algo de su carro, pero por equis o zeta, no había aceptado, y finalmente, como a las cuatro de la tarde, después de haber comido juntos y haber bebido bastantes coolers debo decir que moría de ganas de que me abrazara, me besara, y me hiciera lo que quisiera, estaba segura de que cualquier resistencia de mi parte seria fútil, y aquel mismo día me entregaría a mi amante de ébano, así que, solo restaba esperar a que Michael hiciera el siguiente movimiento, porque yo, ya estaba decidida a ser suya.

Una vez más, Michael me dijo que bajaría a su camioneta a hacer algo que le urgía, le pregunte qué ¿que era aquello que le era tan importante? Y sin pensarlo me dijo, estar a solas contigo, ¡me derretí!  Quisiera haber podido brincar ahí mismo encima de él y que me cogiera ahí arriba de la mesa, pero obviamente tenía que moderar mi comportamiento debido a los invitados de mi tía, así que me controle, y le dije que se adelantara y que me esperara unos 10 minutos para que nadie sospechara, movió la cabeza hacia arriba y abajo, y me dijo en inglés – sure, ill be waiting – por lo que levanto su preciosa humanidad y se encamino hacia la escalera que daba al estacionamiento subterráneo de los departamentos.

Yo me hice la disimulada. Me levante y fui al baño para refrescarme, hice pipi, me limpie mí ya empapada vagina, me perfume nuevamente, retoque mi maquillaje, pinte mis labios y camine decidida a mi primer encuentro sexual inter racial de mi vida envuelta en miles de dudas, ¿y si la tenía demasiado grande y me lastimaba? Y si ya desnuda ¿yo no le gustaba? Me importo muy poco, y baje las escaleras asegurándome de que nadie me prestara mucha atención al deslizarme escalera abajo al encuentro con mi amante.

La camioneta de Michael estaba a unos 20 metros del pie de la escalera, detrás de un poste y pegada a la pared, en un sitio no muy iluminado - vaya que lo tenía todo preparado-  pensé, y camine más aprisa, y escuche como abrió la puerta al oír mi taconeo al dirigirme hacia su vehículo, se apeó, y amablemente se dirigió a mi lado adelantándoseme y abriendo la portezuela, subí sin querer abrí las piernas dándole una excelente visión a pesar de la obscuridad del estacionamiento de la parte interna de mis muslos y mis ajustadísimos leggins que se metían traviesa y profundamente entre mi labia vaginal – Tu estilo clásico primita – afirmo Carmen – te encanta ponerte los pantalones y las mallas apretadísimas y sin calzoncitos para que los hombres te vean la panocha – dijo entre risas, mismas que fueron secundada una vez más por el quórum de mujeres familiares congregadas en este conclave de relatos sexuales.

Ivette no se defendió, sabía que en varias ocasiones le había platicado a sus primas, ya sea juntas o por separado, su “truco” que además, decía ella, funcionaba a la perfección, ya que su gruesa y protuberante labia se apreciaba a la perfección debido a la dimensión de su labia mayor, que era generosamente carnosa.

Si ya saben no interrumpan, dijo, entre risas, - la verdad ¡volvió a funcionar! Se rio a carcajadas, y todas le festejaron la audaz estrategia. Sigue, sigue no pares dijo Berenice echándose para adelante en el mueble para no perder detalle, está bien, sigo dijo Ivette – ya en su camioneta puso música calmadita, s acerco y paso su brazo por detrás de mi espalda y sin perder ni un segundo me dio un beso descarado, con la lengua por delante. Sentí esa enorme lengua juguetear con mis labios, sentí como la metía en mi boca, y hurgaba en ella, saco la lengua y comenzó a morderme los labios delicadamente y su carnosa boca afroamericana me tenía perdida por él, su mano libre, la que no me apretaba contra él, toco mis piernas por encima de mis mallas, y subió directamente para con la palma de la mano copar completamente mi sexo que era ya un charco de la cantidad de jugos que había soltado en cuanto me beso, gemí de placer al sentir su tacto, que apretaba mi labia y por encima de la tela hacia que mis labios hinchados mojaran el material hasta dejar una enorme mancha en el gris claro de los leggins, como pude me separe un poco y le dije que ¿Qué pasaría si mi tía nos descubría? Él era invitado de confianza al ser muy amigo de mis primos, yo era su sobrina casada, el me silencio besándome una vez más con fuerza pero al mismo tiempo tiernamente afirmando que nadie se daría cuenta, cuando dijo eso, no me aguante más y estire mi mano para tocar su bulto, me tenía verdaderamente intrigada poder sentirlo, y déjenme decirles que no me defraudo, ¡era ENORME, estaba DURISIMA! Quise abrirle el pantalón, para ver en la carne aquella enorme tranca y el me ayudo desabrochándose el cinturón sin dejar de besarme el cuello, y diciéndome cuanto me deseaba, cando la saco, solo pude pensar en una sola cosa, ¡la quería en mi boca! Me agache y me metí el enorme capullo que casi no cabía en mí, lamí su abundante líquido seminal y me pareció exquisito, contrario a lo que muchas decían, señalando que los negros tienen un olor corporal demasiado fuerte, el olía delicioso, a macho, y yo disfrutaba cada centímetro de lo poco que podía meter en mi boquita.

 Mientras le chupaba su enorme falo, su mano jugueteaba con mi culo, lo sobaba fuertemente, y sentía como que me daba masaje, metió la mano levantando el blusón, y detectando que obviamente no traía ropa interior, - girl, you where ready – dijo (hey chica, venias preparada) sus dedos toaban mi ano, y la parte anterior de mi rajita que seguía rezumando jugos que ahora mojaban también mi anito, y su otra mano masajeaba mis tetas por encima de la tela y del brassiere, me metió uno de sus gruesos dedos por atrás, y sentir su verga enorme en mi boca, y su grueso dedo penetrándome, me llevo al clímax, yo que batallo mucho para tener un orgasmo, me estaba viniendo sin siquiera haber sido desnudada completamente ni penetrada por su bello miembro color chocolate.

Cuando se dio cuenta de que me venía, acelero el movimiento de su mano, y me penetro profundamente, yo tocaba estrellas, y casi grite,  con mis espasmos cada vez mas acelerados detuvo su mete y saca con el dedo dejándome recomponerme un poco, eso sí, sin dejar de engullirme su enorme trozo de carne, al que finalmente solté cuando me halo hacia arriba y me beso gentilmente, con esa enorme sonrisa y diciéndome que quería penetrarme, yo pensé que me desnudaría ahí mismo y me la metería toda en el vehículo, pero él tenía otra cosa completamente distinta en mente.

Bajando las escaleras, hay dos canchas de racquetbol, que casi siempre están vacías, y más, cuando hay fiesta en el área de la alberca, Michael se ajustó el pantalón y guardo su enorme falo, se bajó del auto, dio la vuelta abrió mi puerta y me tomo de la mano diciéndome – come on, follow me – lo seguí temblorosa por el orgasmo que ya me había regalado, y se metió a la cancha que estaba más alejada de la escalera, entre primero, y él me siguió, cerro la pesada puerta e concreto, y no pude evitar apreciar el contraste entre su piel obscura y el blanco inmaculado de las paredes, esto hacia que se cierra aún más grande de lo que era, y eso que todavía tenía la ropa puesta, cerro el pestillo de la puerta, y dirigió hacia mí su más tierna y lujuriosa mirada, me arrincono contra la esquina de la cancha, y comenzó a besarme al tiempo de que tomaba la parte colgante del blusón y lo jalaba hacia arriba para removerlo de mi estremecido cuerpo, lo paso por mi cabeza, y retomo el beso, ahí estaba yo, la señora casada, con un enorme negro deseándome en brassiere y mis leggins empapados de la zona púbica, no vacilo me abrazo y retiro de un solo movimiento el broche del brassiere haciendo que mis tetas quedaran libres, disfruto de mi par de doble D’s con la mirada y centro su atención en succionarme los pezones alternadamente con sus enormes labios, haciendo que me dolieran un poco ante la fuera de su succión, pero me dolió y al mismo tiempo me excitaba aún más de lo que ya estaba, la mancha en la entrepierna de mis mallas semejaba que me había orinado, y eso me daba cierta vergüenza, pero  a él, al contrario, parecía no importarle, y hasta exaltar aún más su libido por mí, tomo las mallas por la parte superior a la altura de mi vientre, y las bajo completas, de un solo golpe, asi que, la señora, madura, y casada, estaba totalmente en cueros frente a este gigante que ahora si me tenía lista para recibirlo en mi interior.

Puso mi ropa extendida en el suelo, y me invito a ayudarlo a retirar su ropa, su camisa de vestir, su pantalón de mezclilla, los zapatos tipo mocasín, de marca, habían volado no bien hubiera entrado a la cancha dispuesto al juego conmigo, sus boxers eran lo único que faltaba, y yo me arrodille frente a él y se los retire, su enorme verga quedo erecta frente a mi cara, así de rodillas, me lo lleve a la boca una vez más, y apreté sus duras nalgas con las dos manos, le acaricie el trasero que era un gusto, y ajuste más mi boca abriendo mucho más los labios para poder sentir más de aquella carne en mí.

Ninguna de las parlanchinas primas decía una palabra, me imagino que muy dentro de ellas, imaginaban el enorme palo del negro, y cada centímetro de su anatomía, todas alguna vez habían comentado lo rico que sería coger con él, tanto mi esposa Patricia, como mi cuñada Carmen, ya habían escoliado abiertamente frente a mí, lo rico que sería tener un macho como ese entre sus piernas, Elba igualmente, y hasta Karina y Berenice también comentaron en alguna ocasión lo apuesto que era Michael, y las fantasías de ser usadas por un tipo como él.

Ivette continuo – mi mamada parecía hacer que el ya de por si enorme bastón del moreno creciera aún más, si es que eso es posible, gemía con voz profunda ante mis esfuerzos para meterme lo más que podía en la boca, me tomo por el rostro, y agachándose me dio un beso más, su lengua en mi boca era algo ¡increíble! Y ya me la imaginaba entre mis piernas como preámbulo del plato fuerte.

Me acostó sobre mi ropa y su ropa en la dura cancha de racquetbol, quede ahí, boca arriba y se metió entre mis piernas para complacerme oralmente, y tal como lo imagine, ¡me volvió loca! Y tuve otro pesado orgasmo, mis piernas temblaban como hojas al viento, y sus manos fuertes abrían mis muslos muchísimo, facilitando las incursiones de su lengua experta dentro de mi vulva la cual seguía lamiendo, chupando y besando aun a pesar de la fuerza de mi orgasmo, me costaba un trabajo enorme ahogar mis pujidos y gemidos ya que, no había si alguien pudiera estar afuera de la cancha y me obligaba a limitarme de expresa con gritos como hubiese deseado todo e placer que mi negro me estaba dando, y eso que aún no me penetraba con su pene.

Se posó sobre mí, su musculoso pecho frente a mi rostro, sentí su glande rozar con mi vagina, le ayude tomándola y guiándola hacia mi lubricadisimo agujero, y sentí  como su glande se ajustó a mi entrada, abrí mas las piernas, y ¡me la metió toda de un solo golpe! Grite primas, créanme que grite - ¡y como no, papito cógeme cuando quieras! Espeto Carmen, mientras que las otras animaban a Ivette a continuar, no bien la tuvo toda adentro, comenzó a moverse a un ritmo desenfrenado, sentía que me partía en dos, me dolía pero me encantaba, sus nalgas estaban duras como rocas y yo me ayudaba de ellas para impulsar y seguir el frenético ritmo de su cadera al penetrarme, ya no había pudor alguno, yo gritaba como loca y el respiraba duro, bufaba como un toro en brama, sin cesar de moverse, llevándome a un orgasmo aún más poderoso que los anteriores, casi me convulsione, créanme no tenía control de mi cuerpo, se me pusieron los ojos en blanco y gritaba mezcla de dolor y de un absoluto placer, era suya, podía haber hecho de mi lo que quisiera, y lo sabía, agacho la cabeza y lamí mis pezones al tiempo de que disminuía su ritmo y lentamente entraba su enorme falo en mí, sentía cada centímetro, cada vena, y así, a ese ritmo semi lento, su respiración se hizo más entrecortada y estiro mucho sus poderosas piernas preparándose para llenarme de su semen hirviente, grito fuerte y dio una última embestida para sin sacarla, dejándola toda y sus casi 30 centímetros dentro de mi cálida cueva, inundándola de ese blanco y viscoso líquido que emergía con enorme fuerza dentro de mí, era tanta leche que ruidos extraños surgieron de nuestra reunión genital, enormes cantidades de semen salía por los lados de mi vagina, dejando completamente mojada la ropa debajo de mis nalgas, al retirarla, otro borbotón de su semilla salió disparado de mi interior, y él se recostó al lado mío tomándome entre mis brazos y riendo abiertamente, tome su pene y agradecida se los acaricie, simplemente no podía creer que todo eso hubiera cabido en mí, era tanto placer, me beso y lo bese, al tiempo de que me pregunto ¿y ahora que nos vamos a poner de ropa si esta totalmente mojada por ti y por mí? Reímos, y era cierto, enormes manchas de mis jugos que habían fluido libremente, y su semilla que había salido de mi al retirarse de mi interior había dejado enormes manchas húmedas y blancuzcas en mi blusón, su camisa mi pantalón y el suyo, como pudimos nos incorporamos y comenzamos la tarea de la limpieza, entre risas y besos nos fuimos poniendo la ropa, y salimos de la cancha donde sin duda, había jugado ¡el mejor partido de mi vida!

Tras salir, yo subí primero y me fui directamente al baño, ahí me encontré a mi tía, quien obviamente se dio cuenta de donde venía, mi olor era claramente sexual, y las manchas de mi ropa eran obvias, me sonreí tímidamente y le ofrecí disculpas, me dijo que no habría problemas, que me prestaría ropa, si después le contaba todo lo sucedido con lujo de detalles, asentí, y nos fuimos al cuarto donde me presto ropa, Salí y vi a Michael sentado en la misma mesa donde habíamos iniciado el día, sonriendo, tomando una cerveza, seguro de que acababa de tener una deliciosa aventura sexual con una mujer casada y complaciente.

Confirmado prima no puta, putisima dijo Carmen, carcajeándose, al igual que las otras, quienes entre risas confesaban la envidia por haber tenido esa aventura extramarital e inter racial, siendo la segunda de ellas que había probado una verga negra, ya que, la hermana menor de Ivette, Karina, ya se había acostado con un par de hombres de color antes de casarse por segunda vez.

¿Quién será la siguiente? Pregunto Ivette, a lo que Carmen dijo, yo, les voy a contar de lo que me paso en mi último trabajo de oficina, se levantó, paso las manos por su trasero, no muy protuberante como el de Ivette o Berenice, pero con lo justo para contrastar con su exquisita cadera y larguísimas piernas, meso su falda, y volvió a sentarse cruzando sus piernas, y tomando un pequeño trago del vino tinto que hacia su función de deshinibidora la perfección ya que los detalles picantes de las experiencias de las primas hacían claro que la bebida espirituosa había aflojado su vergüenza y hablaban libremente frente a las otras.

Me metí a trabajar en una compañía de seguridad, como asistente ejecutiva, Berenice no dejo pasar otra palabra antes de soltar otro dardo envenenado de los que acostumbra decir – hay prima, la clásica secretaria piruja que se acuesta con su jefe, no podía esperar menos de ti, sonrió – sinceramente pensé que ahora si Carmen insultaría a Berenice, pero se contuvo, y dijo – hay Bere, de perdida yo me acuesto con quien me gusta, y no como tú que te casas con alguien solo por interés aunque no te guste el marido, ¿Quién es más puta? Yo no cobro, ni empeño mi libertad por unos pesos chiquita.

La respuesta fue dura, contundente, Berenice se quedó callada, y bajo la cabeza, ante la reacción, y pretendiendo evitar más problemas, Karina le pidió a Carmen continuar con su historia, a lo que esta asintió dejando entrever una sonrisa maliciosa sabiendo que su respuesta había sido demoledora.

Carmen siguió con el cuento, al principio, mi jefe directo fue un señor mayor, de unos 70 años, muy amable, que me trataba maravillosamente, y a los dos días o tres, me dijo que no estaría siempre a su servicio, sino al de su socio, que estaba de viaje, y que era quien requería del auxilio en su oficina, desde que me dijo eso, pico mi curiosidad por saber cómo sería mi verdadero jefe, había algunas fotografías en el privado de el que estaba cerrado, y un título profesional colgando de una de las paredes donde se veía a un tipo moreno con un enorme bigotazo a la Clark Gable, sabía que era de unos 45 años, más o menos, y muy alto, yo mido 1.65 más los enormes tacones de aguja que uso, le ando pegando a casi 10 centímetros más, pero él era un ex basquetbolista que superaba el 1.90 según decían en la oficina.

El socio llego un día después procedente de un viaje de negocios, ahí estaba yo sentada con mi traje sastre de color azul marino, mi blusa blanca de seda, mis pantimedias negras y mis tacones altos para darle la bienvenida, quería causarle la mejor impresión posible pues realmente necesitaba del trabajo.

A su llegada, saludo amablemente y se presentó conmigo, ya me dijo el señor Ceja de usted, me dijo respetuosamente, soy el licenciado Rodríguez, y espero que lleguemos a ser un excelente equipo, y estoy seguro que embonaremos perfectamente al tiempo de que sonreía mostrando su amplia dentadura blanca, en contraste con su color de piel moreno, y el bigotillo perfectamente recortado, ¿habría sido mi imaginación o deberás hizo énfasis al momento de decir que embonaríamos muy bien?

Yo sonreí regresando su cortesía, y afirme, si usted quiere, seremos un equipo perfecto, sonriéndole abiertamente al tiempo que el extendía su mano para saludarme en la presentación – primas, olía delicioso, con un traje perfectamente planchado, loción, su estatura y figura atlética hacían que la ropa le luciera maravillosamente, y si a esto añadíamos esa sonrisa y sus modales, era simplemente irresistible –  estreche su manota, mmmm, grande de dedos largos y gruesos, sin querer las imagine jugando con mi cuerpo, y me perdí un poco en mis pensamientos, el sonrió y me dijo, ¿no me va a soltar Carmen? ¡Me había quedado agarrándole la mano sin soltarlo! Reímos juntos y tras dejar libre su mano, dio la vuelta y camino rumbo a la oficina al tiempo que me decía, la espero en 10 minutos para decirle algunas cosas que hay que hacer, me quede ahí, de pie, embobada por mi jefe y su porte de hombre de mundo, y su inmaculado arreglo masculino.

Me asome un poco desde el segundo piso, desde ahí las vi a todas, sentadas, atentas, con las copas de vino en la mano, y no pude evitar pensar en que, seguramente y después de las historias de Elba e Ivette, algunas de ellas, empezando con mi mujercita Patricia, seguramente ya escurrían humedad por sus pequeñas tanguitas, y seguramente estaban calientes ante la combinación de sus confesiones y el vino.

Carmen prosiguió con su historia, los primeros días, o semanas el trato fue estrictamente profesional, él era impecable, siempre amable, me hablaba de usted en la oficina y me hacía sentir importante, preguntándome mi opinión sobre ciertos asuntos de trabajo, cuando me llamaba a su oficina para dictarme cosas o darme instrucciones me pedía sentarme en la silla de a un costado de su amplio escritorio, y yo cruzaba las piernas para tomar sus instrucciones, y varias veces le sorprendí viéndome las piernas o ponerse de pie y caminar hacia donde estaba  yo, sin perder su profesionalismo y discretamente ver mi escote, algo que me emocionaba y legaba a excitarme un poco.

Una tarde y tras terminar una jornada matutina verdaderamente agotadora, el licenciado Rodríguez me dijo que si quería acompañarlo a comer, ya que ese día su esposa y sus hijos no estarían en casa y no quería comer solo. Berenice no dejo ir la oportunidad, había sido dominada en el último intercambio, y ahora escolio - ¡hay prima, como siempre puteando con casados! Y tenía razón, no era la primera vez que Carmen se acostaba con un casado, ya tenía varios en su haber, y pareciera que no podía tener una relación con alguien que no fuera de otra, ya que con excepción de su ex, casi todas las relaciones sexuales que había tenido eran irremediablemente con hombres casados.

Carmen no contesto, ahora la que bajo levemente la mirada fue ella, respiro hondo y dijo -déjame continuar cabrona – en la comida, en un restaurante carísimo, Rodríguez pidió una botella de tequila, y me atendió como a una reina, charlamos y finalmente en el transcurso de la comida me tuteo, se interesó por saber si yo tenía esposo, novio o amante, cuántos hijos tenia, y por qué estaba sola si, según él, yo era una mujer para vivir, no solo para una aventura, con el tequila que desaparecía rápidamente, y la confianza, terminamos las dos horas como amigos, el sentado muy cerca de mí, y yo atenta a como su mirada se desprendía constantemente hacia mi escote, como saben me gustan mucho los brassieres de encaje, y el mío lucia su delicado tejido en el borde de mi blusa desabotonada hasta la mitad de mi pecho, el, discreto, no perdía detalle, especialmente cuando me inclinaba hacia el para tomar mi bebida – Carmen, y estando sola y siendo una mujer tan bella ¿Cómo le hace para no sentirse sola? Le dije que sola no estaba, que tenía a mis hijas producto de mis dos relaciones anteriores, y que ellas eran mi alegría y motivación para trabajar, el sonrió y me dijo, espero no le moleste lo que le voy a decir, me refería a su sexualidad, está usted en el momento perfecto de una mujer, en la plenitud de su vida y estando sola debe ser difícil tener que conformarse son sus sesiones solitarias en la intimidad de su casa – Le pregunte abiertamente: ¿está usted hablando de si me toco en la intimidad Licenciado? El asintió con la cabeza, su curiosidad le había vencido, supongo que su imaginación voló viéndome, y seguramente me tenía retratada en su mente desnuda, con las piernas abiertas y masturbándome – pues si licenciado, ¿Qué le vamos a hacer? Hasta me he vuelto una experta dije, bajando un poco la cabeza y mordiendo mis labios un poco dándole a entender mi vergüenza, pero también el placer que me causaban esas sesiones en solitario.

Carmen, me dijo, espero que no le haya molestado mi pregunta, odio ser irrespetuoso con una dama, y más con alguien de mi misma oficina – no Licenciado, no me incomodo en lo más mínimo, al pan, pan y al vino, vino, usted pregunto y yo no tengo vergüenza en admitir algo que si bien es privado, la vida me ha orillado a hacer – el tomo mi mano, la acaricio cubriéndola con su enorme longitud y me dijo viéndome a los ojos, es algo que no acostumbro hacer, pero usted me parece especial, con la otra mano llevo la copa tequilera a la boca y apuro el trago, lo dejo, giro un poco hacia mí, y halándome hacia el me planto un sonoro beso en los labios, me quede ¡helada! Me había robado un beso en un segundo, descaradamente, y del frio causado por la impresión pase a un hervor caliente que recorrió mis partes íntimas y paro mis pezones, espero no me lo tome a mal, dijo, pero esos labios carnosos y rojos, me pedían un beso desesperadamente ¿y quién soy yo para negárselo? Asentó echándose para atrás y recargándose en la silla con esa sonrisa que me hacía babear.

Aclare mi garganta y le dije, muchas gracias, el beso me cayo magníficamente, es usted un hábil ladrón de besos, y sonreí para él, para no hacerles el cuento largo, de ahí nos fuimos al hotel y me cogió deliciosamente, por todos lados, desde esa primera cita me mostro su enorme verga y lo bien que sabía usarla, me enloquecía, me hacía sacar la puta que llevo dentro y me entregaba totalmente a sus deseos sexuales, en la oficina el trato era como antes, frio pero atento, y nuestras escapadas se daban tradicionalmente tras salir de trabajar y entre 6 y 8 de la noche, cada vez que hablaba con su esposa por el teléfono sentía como un aguijón que me espoleaba y me hacía preguntarme ¿Por qué esta mujer tenía la suerte que yo no había tenido? Ella es guapa, pero no bonita, 5 o 6 años mayor que yo, arriba de los 40, de apariencia elegante, y estirada, suponía que Rodríguez no le hacía ni la mitad de lo que me hacía a mí, usando todos mis hoyos para su placer (y el mío) y esa tarde, como al mediodía ella hablo para decirme que pasaría por Rodríguez como a las 3 para ir a comer, que le avisara por favor, a lo que yo accedí amable e hipócritamente, tras colgar el teléfono, me dirigí a la oficina de mi amante para darle el recado de su esposa, ese día, curiosamente traía la misma ropa con la que él me había conocido, mi traje sastre azul marino, falda poco arriba de la rodilla, blusa blanca de seda, abierta hasta el tercer botón, pantimedias blancas, y tanga y brassiere blancos de encaje con mi pelo negro suelto y mis tacones azul marino larguísimos que hacían resaltar la largueza de mis piernas, durante esa mañana, Rodríguez no había apartado su mirada de mí, se notaba cuanto me deseaba pero quería mantener la compostura en el área de trabajo, me comunico que ese día todos los empleados con excepción mía, debían salir a comer un poco más temprano, a la una de la tarde para regresar por ahí de las 3, ya casi era la hora, así que me dirigí a las demás oficinas para informarles a todos de la decisión de la gerencia, y como casi era la hora, todos salieron rápidamente dejando el área de trabajo totalmente sola, camine a la planta baja del edificio de dos pisos para poner el seguro ya que siendo una oficina céntrica, no quería que algún maleante aprovechara la hora de salida de todos para entrar y cometer alguna fechoría sin que hubiese nadie en la oficina, subí las escaleras y al llegar arriba, ahí estaba el, sentado en mi escritorio, con una mirada maliciosa, y diciéndome – Carmen tengo toda la mañana deseando decirle que quiero hacerle el amor aquí mismo en la oficina – yo sonreí sin disimular mi sorpresa eran casi las dos y su esposa estaría ahí por el en una hora o menos, pero esto pareció no importarle, me atrajo hacia él, me abrazo fuertemente por la cintura y me beso apasionadamente, yo le respondí, sentirme tan deseada me tenía empapada, y deseosa al igual que él, sentado así, en el borde del escritorio, abrí su bragueta y por la portañuela de sus slips extraje su ya completamente erecto falo y lo lleve hambrienta a mi boca, primero la enorme cabeza, luego lamí el tallo, metí cuanto pude en mi boca, al tiempo que el acariciaba mi largo pelo negro y resoplaba sintiendo mis caricias en su pene, tomo mi cabeza por los lados y poniéndose de pie me follo por la boca, llevando su glande hasta la garganta y haciéndome ahogar un poco, pero soporte, quería que viera cuanto me gustaba se usada por él, y así, con una penetración hasta el fondo, dejo su verga enhiesta dentro de mi boca, yo respiraba con dificultad pero no recule, por primera vez desde que me conoció me dijo suavemente, eres una verdadera puta Carmen, experta, eres increíble para el sexo, toda una puta, al tiempo que me decía eso apoyaba más su verga en la base de mi garganta ahogándome más, y dijo en voz más alta eres una puta, lo repitió muchas veces puta, puta, puta, come verga puta, si trágatela toda putisima, yo no hacia ningún movimiento, simplemente me dejaba llevar respirando con dificultad por la nariz, y él estaba en el séptimo cielo insultándome y haciéndome estrella de una escena tipo garganta profunda, suaves lagrimas escaparon por el rabillo de mis ojos más por la asfixia que por los insultos y tras unos segundos retiro su enorme palo de m garganta haciéndome tenderme sobre el escritorio del vestíbulo, levanto mi falda de vestir hasta dejarla enrollada en mi cintura, bajo las pantimedias blancas hasta mis rodillas y de un salvaje tirón rompió el hilo de la tanga que quedo sujetada a mi cintura, sus manos fueron a mi blusa y así, en esa posición y sin quitarme la blusa ni el brassiere extrajo mis enormes tetas por encima del bra, así empinada con las tetas colgando y mis nalgas paradas me penetro fuertemente por la vagina, sus embates era acerados, duros, su pelvis chocaba fuertemente contra mis glúteos y sus testículos campaneaban golpeando mi clítoris en cada embate, me tenía a su merced y yo gritaba más de placer que de dolor, me estaba cogiendo como no lo había hecho antes, como un animal salvaje, usándome descaradamente en el mismo escritorio donde yo atendía sus pendientes de trabajo, cuando el mete y saca estaba a todo el poder y yo ya me había venido con orgasmos simultáneos como 4veces, sonó el teléfono de la oficina, el siguió cogiéndome, disminuyendo el ritmo y solo rozando su dura verga contra el interior de mis extremadamente sensibles paredes vaginales, conteste como pude, tratando de que mi exaltada respiración no fuera a delatar que estaba siendo cogida en mi escritorio por mi jefe que aun y con el teléfono en la mano seguía metiéndomela toda – ¿bueno? Si señora, yo le aviso, si, está en el teléfono todavía ocupado, ¿dónde? ¡Que está aquí abajo esperándolo en el carro! Si, ahorita mismo le digo para que no la haga esperar, si como siempre un gusto ¿Qué por qué sueno fatigada? Hay señora estoy cambiando el papel de la copiadora y las resmas están muy pesadas, me hacen hacer ejercicio sin ir al gym dije sonriendo aun con respiración entrecortada – el seguía con su vaivén me la metía hasta el fondo, y la retiraba dejando solo la cabecita dentro de mi lubricadisima chocha, ¡Rodríguez, tu señora está aquí abajo esperándote! El sonrió y me dijo, tenemos algo de negocio sin concluir y no me voy a ir sin terminarlo, me tomo otra vez por la cintura y agarrándose de la orilla de la falda remangada sobre mi cuerpo, retomo un ritmo, feroz, metiéndomela hasta donde parecía querer meterme hasta los huevos, me golpeaba con mucha fuerza en cada embate y yo temerosa de que mis gritos llegaran hasta la planta baja o la calle, me mordía fuertemente los labios para mitigar los gritos que quería dejar escapar, me estaba cogiendo durísimo, me taladraba cada vez más fuerte, soltó la cintura y se agarró de mis tetas apretando los pezones al unísono y acelero la penetración aún más, yo estaba apoyada con las manos y con las nalgas paradas mientras el seguí con el frenético mete y saca hasta que comenzó a resoplar mucho, y soltó una enorme lechada que me lleno de un solo golpe, yo ya me había venido muchas veces y estaba totalmente hecha pedazos, tanto mi vagina como mi boca habían sido prácticamente violadas, saco unos pañuelos sanitarios de mi escritorio, se limpió el órgano, lo metió en su pantalón, camino hacia su oficina donde se puso mucha loción, y desde ahí, me veía todavía parada de espaldas a él, inclinada sobre el escritorio con las medias a la altura de la rodilla, la tanga rota y la falda echa bolas en mi cintura con el brassiere abajo, y mis tetas colgando por fuera de la blusa con los pezones rojos de los enormes pellizcos de los que habían sido objeto segundo antes, con mi respiración entrecortada y temblando,   Carmen me dijo, la felicito, es la mejor amante que cualquier hombre pudiera tener, camino pasando a mi lado y bajo las escaleras sin voltear atrás al encuentro de su señora que, ojala, no sospechara que su marido había utilizado a otra mujer sexualmente como una bestia apenas unos minutos atrás, no acertaba a moverme, sentía su semen goteando sobre la pantimedia, y escurriendo entre la cara interna de mis muslos y mis nalgas, pero no podía moverme, estaba impactada, finalmente, viendo el reloj, me di cuenta de que sería cuestión de minutos para que alguno de los compañeros de oficina regresara del improvisado horario de comida que el jefe había urdido para poderme usar, tome uno de los pañuelos sanitarios y limpie mi coño que rezumaba sus jugos y los míos mezclados, tome un sobrante y me lo lleve a la boca, y sonreí, seguramente estaría con su esposa hablando de cosas de oficina sin dar a notar que le acababa de ser infiel casi en sus propias narices, y que mientras ella hablaba por teléfono conmigo, él tenía su masculinidad enterrada profundamente en mí, limpie la parte interna de las pantis y envolví uno improvisando una toalla sanitaria para que los flujos siguieran cayendo en el papel y no en el nylon, me baje el trozo de tela en que mi tanga rota se había convertido, lo puse en el escritorio y subí las pantimedias acomodándome la falda, y arreglándome las tetas regresándolas al brassiere, y cerrándome la blusa blanca de seda, tome el hilillo de tela de mi tanguita y la metí en mi bolsa, como prueba de aquella tarde de placer en la oficina.

Todas estaban calladas y mi verga casi reventaba el pantalón, Carmen era increíblemente piruja, como Berenice le había dicho, y la intensidad de su relato tenia a las otras mujeres con la boca abierta y a mi totalmente empalmado.

Patricia mi mujer, le dijo lástima que fuera casado hermanita, hubiera sido un buen hombre para ti, si, ni hablar respondió Carmen, duramos como amantes un par de años y tuvimos muchísimas tardes como esa, hasta que él se cambió de ciudad por cuestiones de trabajo y obviamente se fue con su mujer a seguir su vida, yo deje ese trabajo poco tiempo después de que él se fue.

¿Quién será la siguiente en confesar? Pregunto Carmen, yo dijo mi esposa Patricia, pero hablen en voz baja, mi marido está arriba y no quiero que sepa lo que hice….

Cabrona, si te cachan te chingan, dijo Carmen susurrando, al tiempo que rectificaba y decía, ve nomas, yo que siempre presumo lo casta y pura de mi hermana mayor y más bien es caliente y puta, y soltó una sonora carcajada que fue secundada por las otras primas, que se apresuraron a silenciar a Carmen solicitando a la segunda prima mayor en edad que iniciara su relato.

Comenzó cuando mi marido llevo la primera computadora a la casa, no había hecho mucho caso a eso de la internet y el chat como muchas de mis amigas lo habían hecho, hasta que la tuve enfrente, e las tardes, después de que mi marido se regresaba a la oficina a trabajar, mis charlas con diferentes amigos que se entusiasmaban por mi foto de perfil era interminable, de todo, desde maduros casados en busca de una cana al aire, hasta jovencitos deseando probar la experiencia de una mujer madura como yo, los piropos y distinguir entre cada uno y su forma de tratar de llegar a mí me intrigaban y a veces, debo admitirlo, hacían volar mi fantasía  y hasta me hacían mojarme rico con sus invitaciones y cuando me contaban todo lo que deseaban hacerme, desde luego que no siempre las conversaciones trataban de sexo, muchas veces se hablaba de todo, menos de calentura, uno de ellos, Jorge, un ingeniero agrónomo de Querétaro me cautivaba con su plática amena, su diversidad de temas, y como me daba tiempo para expresarme, eso me ponía melosa con él, y realmente me picaba la curiosidad por conocerlo.

Solo Jorge me hacía sentir algo distinto a los demás, la primera vez que me mando su foto, me decepcione un poco, era bajito, sin ser un enano, y de tipo bastante común, jamás un adonis, ni siquiera atlético, se veía limpio, y con eso me bastaba, así, con el paso del tiempo, me solicito mi número de teléfono, accedí a dárselo, y las conversaciones siguieron en el chat, pero también comenzaron por teléfono, su voz era cálida,  hablaba con voz media, bajito, como murmurando, y eso me gustaba, un día me pidió una foto en bikini, y accedí a enviársela, y ya entrada, le mande una muy sexy de las fotos privadas que mi marido me toma, donde posaba con un conjuntito de lencería divino, y que enseñaba lo justo de mis curvas, sin revelar demasiado, pero tampoco cubriendo más allá de lo esencial.

Tras verme así, semidesnuda en la fotografía, Jorge se entusiasmó mucho, me dijo que estaban cerca sus vacaciones y que deseaba viajara mi ciudad, que está a dos mil kilómetros de distancia de su sitio de origen, con voz melosa, coqueteándole abiertamente le dije, si vienes a Tijuana, me le escapo a mi marido y seré tu guía de turistas y te enseñare todo lo que quieras, ¿todo? Pregunto, y volvió a cuestionar ¿lo que yo quiera? Y le respondí con otra pregunta, si, a ver ¿Qué quieres hacer? – Hacerte el amor muchas veces, y volverte loca de placer – su contestación me hizo calentarme horrores, subí a mi recamara en el segundo piso y le llame por teléfono, esa noche, me masturbe oyéndolo decirme todo lo que me quería hacer que incluía sexo oral, y presentarme personalmente a su chocolate, que era como le llamaba a su pene, que decía, tenía el tamaño perfecto para hacerme ver estrellas, me masturbe escuchándolo varias veces, me calentaba al máximo, y finalmente una tarde de julio, dijo que volaría a Tijuana para estar 6 días en la ciudad, mis conflictos comenzaron, ¿cómo le haría para ver a mi aspirante a amante y amigo electrónico sin que mi marido se diera cuenta? Pensé más, ¿deberás me atrevería a ir todo el camino con este desconocido?

Todas tenían una vez más los ojos como plato, mi querida Patricia era un modelo de mama, ama de casa responsable, muchos años de casada, y era, al menos en apariencia, la única de todas que no había tenido una aventura, yo mismo no daba crédito a lo que escuchaba, una mezcla de celos y calentura me asaltaba, sentimientos encontrados, inseguridad, me sentía traicionado, pero también recordé cuantas veces le había ofrecido a mi mujer intentar un trio con otro hombre para saciar su curiosidad, ya que nunca se había acostado con otro macho que un fuera yo, o al menos eso era lo que yo pensaba.

Aclaro la voz y siguió murmurando, Jorge venia los días 30 y 31 de julio, y se quedaba hasta el día 4 de agosto, es decir un par de días después de mi cumpleaños, que le tocaría en mi ciudad, llámenlo suerte, o que el diablo haya metido la cola, pero mi marido me comunico la siguiente semana que estaría en viaje de negocios para la ciudad de México y Guadalajara ¡toda la semana en que Jorge estaría conmigo!

Las pláticas calientes siguieron, los chats donde ya hablábamos concretamente de nuestros planes, de a donde lo llevaría, donde se hospedaría, que quería comprar, y desde luego, como me haría el amor, las sesiones de sexo telefónico vespertino continuaron hasta el día 30, el día de su llegada, y curiosamente, lleve a mi esposo al aeropuerto a tomar el vuelo rumbo a la capital, que salía a las 8 y media de la mañana, mientras que el de Querétaro, de donde venía Jorge, llegaba a las nueve en punto.

Acompañe a mi marido al aeropuerto, le di un beso y me dijo – pórtate bien – respondí con una sonrisa, y asentí con la cabeza al tiempo que le daba un beso –claro que si tontito, tu pórtate bien, nada de tabla dances o putillas por ahí he – camino rumbo a la entada de la terminal y se perdió en el acceso a la sala de salidas nacionales, verifique la pantalla y el vuelo de Jorge venia en tiempo, así que me dirigí al restaurant del puerto aéreo y me senté a tomar un café, traía una minifalda de mezclilla, debajo, una delicada tanga Victoria secret en color rosa, tan pequeña que cabría fácilmente en una cajetilla de cigarrillos, unos zapatos de tacón discretos, pero muy sexys, una blusita pegada que delineaba perfectamente mi figura, un brassiere push up que mostraba un generoso canalillo entre mis senos que asomaban con discreción en mi escote, que si bien enseñaba, no era tampoco, vulgar, mis labios rojos, y el pelo planchado me hacían ver espectacular, lo constate primero con mi esposo que se fue maravillado por cómo me veía esa mañana, los empleados del aeropuerto y los taxistas que se alineaban en las afueras del aeropuerto, me piropearon y me dijeron cualquier cantidad de linduras, algunas ingeniosas y encantadoras, y otras verdaderamente deleznables y corrientes.

Estaba segura, que mi look impactaría a la persona para quien me había arreglado ese día, la hora llego y el vuelo de Jorge aterrizaba en tiempo y forma en mi ciudad, comenzaba mi cita de varios días con aquel muchacho que me había maravillado por sus charlas en la computadora y su voz acariciante en el teléfono, ¿sería igual o mejor en persona?

Lo vi salir, llevaba solo una maleta ligera, perfectamente vestido, con los ojos, oteaba tratando de encontrar a su prometida guía de turistas, yo, camine unos pasos para dejarme ver, tenía curiosidad de ver su reacción cuando finalmente me tuviera frente a él, yo estaba muy nerviosa, y se notaba que este jovencito 11 años menor que yo, también, finalmente me localizo, su mirada no pudo evitar recorrerme de arriba abajo, desde mis discretos tacones, siguiendo mis largas y torneadas piernas, bronceadas perfectamente, mi falda, la blusita entallada, mi escote, mi rostro, se quedó mirando mis labios como si fueran una promesa, y sonrió cálida y abiertamente diciendo, - eres tan bonita y elegante como en las fotos, pero en vivo eres espectacular – dio un par de pasos para encontrarme, dejo la maleta y me tomo entre sus brazos dándome un emocionado abrazo, sentí sus manos, fuertes, su aroma era intoxicante, delicioso, suspire brevemente y le dije - ¿creías que te iba a dejar solito ? – No, simplemente pensé que tal vez no me reconocerías tan rápido – para nada, eres igualito a tus fotos acote con mi mejor sonrisa, me pregunto que si traía mis cosas, y le dije que si, habíamos acordado viajar a Ensenada, una ciudad porteña a una hora de camino en carretera, donde sería más fácil andar juntos sin que nadie de mis conocidos me reconociera, y poder así, estar solos y despreocupados  - Ve nomas, la muy puta, hasta tenia armado el plan desde antes – espeto Ivette sonriendo, y bebiendo fuerte de su vino rosado – si prima, no queríamos dejar nada a la casualidad, la verdad es que planeamos juntos el encuentro en cuanto supe que mi marido estaría fuera de la ciudad - ¡puta! Pensé, pero no hice nada, quería que las otras mujeres se callaran y que la inesperada confesión de mi esposa continuara, deseaba saber cómo ese jovenzuelo se la había cogido ese fin de semana – Patricia continuo, en el aeropuerto de Tijuana, justo a un costado, se ubica una terminal de autobuses que te lleva tanto a la frontera con Estados Unidos, como a las ciudades vecinas, tomamos uno de esos autobuses de lujo,, tipo crucero que nos llevaría a Ensenada, con el rabillo del ojo disfrutaba intensamente de las miradas de deseo de mi joven amigo, subimos al transporte y nos sentamos casi hasta atrás del a unidad, yo pegada a la ventana, el en el asiento del pasillo, conversamos como dos chiquillos, el reía y sus ojos brillaban, yo no podía evitar sonreír, me tenía fascinada, durante la plática, y una vez que el camión había iniciado el viaje, su timidez se fue rompiendo, me tomo de la mano, me acariciaba la cara, y se acercaba mucho a mi rostro murmurando a mi oído que sentía su aliento, su mano se posó sobre mi rodilla desnuda en varias ocasiones acariciando, jugueteando, haciéndome sentir deseada, nos reímos mucho, era como estar de vuelta a mi adolescencia, un tipo de flirteo totalmente distinto al de mi vida como mujer adulta, sin llegar a ser infantil, pero muy transparente, creo ambos sabíamos hacia donde llevaba todo, la anticipación y el deseo eran enormes, sentía mucha tensión sexual entre ambos, los dos somos del mismo signo, Leo, éramos muy similares en muchas cosas, a pesar de la notable diferencia de edades.

Llegamos a Ensenada, como a las 11 de la mañana, nos apeamos del camión, y abordamos un taxi, nos dirigimos a un céntrico hotel ubicado en la avenida principal, si soy sincera, sentía electricidad en mi panochita, cada roce de sus manos, cada elogio, mandaba una sensación calientita directamente a mi centro de placer, lo deseaba, y muchísimo, me tenía al borde del delirio, y se notaba que él estaba quemándose, constantemente refería que hacía mucho calor, cuando en realidad el clima estaba algo fresco y con viento,  en la recepción del hotel, el empleado tardo un poco revisando si la reservación estaba correctamente formulada, yo me paseaba junto a los enormes ventanales de cristal que daban a la calle y él se arreglaba con el empleado hotelero, pero no dejaba de voltear a mirarme, me contemplaba, me deseaba, me recorría una y otra vez con su mirada, yo tenía un vacío en el estómago, ¿sería la anticipación por saber que estaba a minutos de ser poseída? Finalmente el tipo del mostrador le entrego a Jorge los papeles de la reservación y el botones tomo las maletas y nos guio hacia la habitación que estaba en el segundo piso del lugar, el al frente, Jorge tras él y yo, tomada de la mano de mi amante detrás de ellos, al llegar a la habitación, el empleado del hotel abrió la puerta de par en par y nos invitó a pasar a nuestro cuarto, Jorge me jalo hacia adelante y libero mi mano para que fuera yo la primera en entrar, el “botones” no disimulo su mirada hacia mi trasero en la minifalda, y yo al percibir esto me contonee un poco para agradecer su mirada y provocar a mi acompañante un poco – que bonita e iluminada es – acote – si tiene mucha luz y una bonita vista al boulevard dijo el empleado depositando las maletas a un costado del closet y quedándose muy quieto y erguido esperando la propina, Jorge ni tardo ni perezoso le extendió un billete y el agradeció con una pequeña caravana, y dijo – que la disfrute – por dentro me dije ¿Qué LA disfrute? Se habrá referido a mí, o a la habitación, Jorge rio de buena gana y dijo: claro que si amigo, lo hare, gracias, y el empleado camino cerrando la puerta detrás de él.

El silencio se apodero de ambos, nos quedamos viéndonos, nadie dijo nada, parecía que teníamos un millón de años ahí, yo parada junto a la ventana del balcón, y el pegado a la puerta del cuarto, el rompió la calma yendo hacia la cama y diciendo, - un breve descanso mi querida guía, para que después me muestres las maravillas que me decías en la red – se recostó cuan largo es, y sin despegar su mirada de mis ojos extendió los brazos diciéndome – creo que tú también necesitas un descanso Patricia, ven – Me recosté a su lado, temblaba, me noto y dijo, no estés nerviosa, no haremos nada que tu no quieras, con esa voz queda pero firme, y por primera vez me beso en los labios.

Me deje llevar, su boca fue deliciosa, sus manos acariciaron con ternura mi espalda, me acerco a él pero no se extralimito, sentía su pecho contra el mío, el recorrer de sus caricias, se incorporó un poco, y con delicadeza me quito los tacones, y beso mis pies, con detenimiento, con detalle, oleadas de placer se generaban en un toque tan delicado,  así, hincado junto a mi arriba del lecho continuo besándome ahora los tobillos, mientras sus manos acariciaban alternadamente mis pies y mis pantorrillas, gemí, no pude evitarlo, me tenía a su merced, sus besos se extendieron a mis rodillas, sus manos eran suaves pero firmes y mi respiración se entrecortaba constantemente, - no estés tensa – me dijo – estas como tabla, relájate – y siguió con su camino de besos y caricias por mi cuerpo haciéndome estremecer.

Mi falda seguía ahí, cubriéndome, al igual que la blusa, pero Jorge parecía demasiado concentrado en mis pies y piernas, y yo sentía que volaba, hasta que con un movimiento ligero me giro tomándome por las rodillas, y dejándome de lado y de espaldas a él, continuo la maniobra y  me dejo boca abajo, donde continuo con el masaje, lento, pero firme, el masaje de pronto se tornaba en caricias con las yemas de los dedos, o con el dorso de la misma enviando escalofríos directamente a mi clítoris, y yo sentía que mi vagina era un torrente, sabía que estaba extremadamente mojada, me tenía no caliente sino hirviendo, y me daba un poco de vergüenza la enorme cantidad de lubricación que para ese momento bañaba la delicada tela de mi tanga, y se escurría ligeramente hacia la cara externa de mis muslos, yo percibía el olor de mi sexo, ¿sería yo solamente, o también él podría oler aquel inequívoco aroma a hembra en celo?

Sus besos recorrían la cara anterior de mis rodillas, y mis temblores eran continuos, gemía y ronroneaba como gatita, y el disfrutaba intensamente de hacerme vibrar, se tomaba muchísimo tiempo en sus expertas caricias y era evidente que tenía demasiada experiencia para ser tan joven, algo que, a final de cuentas me haría beneficiaria de una experiencia sexual extraordinaria a su lado. Largos recorridos por mis piernas, hasta llegar a los pies, y de regreso, sin siquiera inquietarme, abrió el cierre de la falda y yo levante mi trasero para facilitarle el remover la prenda, que deslizo suavemente para sacarla hacia abajo, y aprovechando para acariciar mis pies con la tela, dándome otra sensación distinta, y excitante, ahí estaba yo, la señora casada de 37 años en tanga, con solo un pequeño hilo metido entre mis inquietas nalgas, acostada siendo acariciada por el joven de 26, quien ya disfrutaba d la vista de mi respingado trasero, que besaba con función y calor, sus manos pasaban de amasar mis nalgas a acariciarlas una vez más con diferentes partes de la mano alcanzo el objetivo de casi hacerme delirar una vez más, eso combinado con sus besos, su lengua jugando con la parte baja de mi espalda, y metiéndose entre mis pliegues me estaba haciendo casi suplicarle que ya me hiciera suya, sin embargo, su juego de caricias continuaría un rato más.

Me voltee hacia él, regrese a la posición inicial y sus atenciones volvieron a la parte superior de mi cuerpo momentáneamente, me beso, me acaricio el pelo, me dijo que yo era toda una mujer y que desde hacía mucho soñaba con estar así, como finalmente estábamos ese mediodía de verano, su mano recorrió mi pierna hasta posarse delicadamente sobre mi monte de venus, me había recortado el vello púbico cuidadosamente, estaba casi ralo y con un diseño de un pequeño triangulo, al posar su mano, noto cuan mojada estaba, sus ojo se iluminaron y viéndome a la cara me dijo – estas empapada, que rico, ¿me deseas? A lo que yo asentí tomando la mano y bajándola un poco más al tiempo de abría mis piernas, la delgada tela de la tanga rosa claro estaba sumergida entre mi labia y la mancha de líquido ya desbordaba mis muslos escurriendo hacia la colcha que cubría nuestro lecho – que pena tengo contigo, debes pensar que soy una mujer fácil y que siempre me mojo así, pero te digo la verdad, pocas veces me lubrico de esta forma, ¡me vuelves loca!

Yo en mi escondite en la parte alta de la escalera recordé las partes íntimas de mi esposa, era cierto, Patricia no tenía problema alguno para lubricarse, pero jamás la había visto tan mojada como decía a lo largo de nuestros 17 años de matrimonio, yo estaba celoso, enojado, hasta triste, pero a la vez, terriblemente caliente y deseoso de escuchar la conclusión del relato que tenía a todas las primas en silencio y atentas, al igual que a mí.

Su manos acariciaron mi sexo por encima del pequeño triangulo rosa, tomo ambos hilos a los costados de mis prominentes caderas y halo hacia abajo, yo me sentía en las nubes, la excitación que sentía al verlo quitarme las pantaletas era algo ¡único! Hasta quitándome los calzoncitos me tenía estúpida por él, caliente como nunca, y ya deseosa de que me penetrara, o al menos de ver su herramienta, que ya me había mostrado en una ocasión en su webcam, pero quería conocer a mi “chocolate” personalmente y tratarlo como se merecía.

Tras retirarme la tanga, tomo mi ajustada blusa y la removió con delicadeza por encima de mi cabeza, quede así, solo con el sujetador, y totalmente a su disposición, se giró para besarme las caderas y su lengua jugueteaba con mi carne, gemí, su boca beso mi pubis prominente, y su lengua se abrió paso por la parte superior de mi vulva, tocando mi clítoris con la lengua, comenzó a recorrer su cuerpo alineándolo con el mío, y en un santiamén estaba ubicado en medio de mis piernas dándose un festín con mis jugos, y mi vulva, movimientos circulares, a lo largo de mi labia, dentro de mí una vez más hacia arriba, a torear mi botón de placer y una vez más hacia abajo, llegando casi hasta mi ano que se abría y cerraba en los primeros espasmos de un orgasmo volcánico que venía en camino, su lengua era indetenible, su ir y venir era perfecto, cada milímetro de mi intimidad era saboreado por mi amante, que se ayudó de una mano para abrir los pétalos de mi flor y atacar más dentro de mi labia interior, mi respiración era totalmente agitada, mis movimientos de cadera empujaban hacia arriba buscando su contacto, y mis piernas se abrían desmesuradamente como si tuvieran vida propia, normalmente tiendo a medio cerrar las piernas cuando recibo sexo oral, pero con él, y su sapiencia de mi anatomía, las abría descaradamente para dejarlo tocar todo lo que quisiera con su ávida lengua, no pude más, y tomando su cabeza me vine, como una catarata, como un torrente, estalle y puje, gemí, me queje, temblando de gusto y de pasión, me había hecho tener un orgasmo diferente, especial, sentía cada poro de mi cuerpo, estaba hipersensible y simplemente me llevo a un éxtasis oral que jamás había experimentado, ¡y todavía faltaba sentirlo dentro de mí!

¿Y cómo tenía el pito? Pregunto Carmen, nos has hecho imaginar todo lo que te hizo sentir hermana, ¿pero y su herramienta? Las otras repitieron algo similar – sí, ¿la tenía grande? – pregunto Elba, frotándose las manos, No sabía todavía, contesto mi esposa, después de hacerme venir en su boca, me senté en la cama para ayudarlo a quitarse la ropa, agradecida, todavía bajando de la nube, me retiro el brassiere y dedico unos segundos a besar mis pezones, mientras desabrochaba su cinturón, yo le ayude, lo quería ver ¡ya! Acaricie su paquete en la entrepierna, se sentía duro, pétreo, se notaba su excitación, pero me maravillaba como siendo relativamente joven mantenía un enorme control, salió el cinturón y me recorrí a la orilla de la cama, baje el ziper, y sus boxers me seguían impidiendo ver aquel miembro que moría por ver en carne viva, dio un leve paso hacia atrás, retiro el cinturón y lo puso sobre el buro, sonrió y me dijo – no querrás verme caer delante de ti, se sentó en la orilla de la cama y procedió a quitarse los mocasines,  yo alargue mi mano y acaricie su espalda, así como estaba desnuda, se incorporó y rápidamente bajo y se deshizo del pantalón el cual doblo propiamente poniéndolo en el mueble a un costado de la cama, volteo hacia mí, desabotono su camisa, y sonriendo me dijo, -  espero te esté gustando el espectáculo – yo acerté con una pequeña mueca mordiendo mi labio inferior, Jorge quedo solo en los boxers, que denotaban una ENORME protuberancia, me arrime a la orilla de la cama y con mi voz más sexy  JA,JA,JA, estallo en risas, le dije que yo quería quitarle lo que quedaba, me pare, y me tuvo por primera vez totalmente desnuda ante él, sus ojos me comían con la mirada, como se había comido mi sexo hasta hacerme estallar, me arrodille frente a él, y mi cara quedo a la altura de su miembro, puse las manos en sus caderas y despacio comencé a bajar la ropa interior, al hacerlo y pasar la barrera de su mástil, este quedo libre, erecto, justo frente a mi cara, su olor era fuerte, pero agradable, no dudaba ni un segundo que había mucha química entre nuestros cuerpos, hasta el aroma de su excitación me era agradable, ahí, frente a mí, a centímetros de mi boca, estaba ese enorme falo circuncidado, con una cabeza enorme y gruesa, brillante por el líquido seminal que ya había lubricado su glande, al botar hacia arriba y abajo, pude ver la dimensión desde la base de su pubis, era muy grueso como mencione antes, más que el de mi marido, y su extensión era también superior al de mi pareja, fácilmente 5 centímetros más grande, de casi 20, y ¡eran todos para mí!

Pendeja, por lo que dices la tenía más chiquita que el fotógrafo de Elba y el negrazo de Ivette dijo Karina, quien casi toda la noche no había hablado, solo escuchaba y cruzaba y descruzaba sus largas y delineadas piernas continuamente, pero como dices prima, la química es canija, y tú al parecer te encontraste a alguien con eso, que tal vez mis dos queridas prima y hermana, no tuvieron, espeto dirigiendo sus profundos ojos negros hacia la alta y hacia la pelirroja, quienes permanecieron calladas ante el comentario.

Patricia continuo: al tenerlo ahí, frente a mí, y yo de hinojos para él y su miembro tan cercano, pensé en llevármelo a la boca, pero a pesar de que su apariencia me encantaba y tenía una extraña urgencia de llevármelo a la boca, me contuve, no lo hice, termine de quitar el calzón, y lo que si hice fue tomarlo con mi mano y masturbarlo ligeramente al tiempo que decía, - mi chocolate es más bonito en persona que en foto o en la cámara Jorge, es hermoso – y es todo tuyo Patricia contesto, al tiempo que me tomaba de mi mano libre y me levantaba de la posición sumisa en la que me encontraba y me llevo de vuelta al colchón, me subí a la cama gateando, dejándole ver mi trasero, mi espalda, quería que me gozara, que me deseara más, si es que eso era posible, se recostó a mi lado, y comenzó a besarme, yo desesperada sujetaba su miembro y gozaba con cada movimiento, su cara estaba transformada, su deseo era ya inobjetable, y reculo un poco, se arrodillo frente a mi sujeto mis tobillos y abrió mis piernas para tenerme así, lista para ser penetrada por él, curiosamente, en su mano ya tenía un condón, ni cuenta me di de cuando lo había tomado, pero me encanto que pensara en su seguridad y por supuesto en la mía, se lo coloco en forma experta, rápida, y yo totalmente expuesta, gozando de su mirada clavada en mi sexo, como clavado estaría el grueso miembro que ahora apuntaba directamente a la entrada de mi vulva, sentí su glande rozar mis órganos sexuales, un sonido húmedo, resaltaba en el frotamiento de nuestros sexos, - yaaa, por favor, yaaa – gemí – lo quiero para mí, quiero mi chocolate Jorge, ¡Métemelo por favor! Estas palabras las escuche como en una radio vieja, o en una televisión encendida, de lejos, como si no hubiera sido yo misma quien suplicaba a este casi desconocido meterme su miembro, lo hizo primas, me la metió toda, primero su grueso capuchón, y de un solo golpe hasta que nuestros vellos púbicos tuvieron contacto, estaba tan mojada que fue una fácil maniobra, y casi estalle de gozo sintiéndolo chocar contra mi cérvix, sus embestidas eran lentas pero fuertes, despacio, haciéndome casi gritar en cada arremetida, yo trataba de abrirme más para facilitar su labor dentro de mi cuerpo al tiempo de que gemía y me quejaba con deleite, así, en la posición del misionero, estuvo arriba de mi fácilmente por media hora o más, cambiando constantemente de cadencia, llevándome a la cima del delirio, y deteniéndose justamente para prolongar mi placer, tenía enorme energía y poder de resistencia, su palo no amainaba en lo más mínimo y cada metida era para mí una estocada llena de sensaciones, especialmente debido a su grosor y lo largo de su herramienta que golpeaba una pared dentro de mí y que enviaba chispas hasta la punta de mi clítoris, no cambiamos de posición y me vine a gritos, desesperada de tanto placer, duramos casi dos horas así, y me vine como 3 veces más, hasta que finalmente termino llenando el condón de su semilla caliente, mismo que retiro con pericia, recostándose a mi lado sonriente, pleno, había hecho que la mujer madura que había conocido en la red, se sintiera la mujer más feliz sexualmente en el planeta, me había hecho sentir cosas que ni yo misma hubiera pensado posibles como acostarme con alguien a quien apenas había conocido personalmente hacia no más de 4 horas, - tengo hambre hermosa, ¿vamos a comer algo? Dijo acurrucándome en su pecho, y abrazándome con cariño, yo ronronee un sí, y después de estar así, abrazaditos por otros diez minutos nos levantamos, nos metimos a bañar juntos, donde le ayude a rasurarse, y nos arreglamos y salimos a caminar por las calles del puerto y a comer algo, para no hacerles el cuento largo primas, comimos regresamos al hotel, lo volvimos a hacer, nos volvimos a bañar juntos, salimos a cenar, me cogió otra vez, y ahora sí, se la mame hasta comerme su semen, que era espeso y con un sabor agradable, dormimos juntos, amanecimos abrazados y desnudos, me cogió otra vez antes de levantarnos destacando un delicioso 69, salimos del hotel, nos regresamos  a Tijuana donde me cogió por última vez en el hotel que tenía en la ciudad, 5 veces en día y medio juntos me hizo suya, cada vez mejor que la anterior, cada vez más compenetrados, cada vez más delicioso, fue una experiencia maravillosa que goce muchísimo.

Cabe decir, que el dio de mi cumpleaños, volvimos a hacer el amor, esta vez fue la mejor de todas, pero ya les contare otra vez con más detalles, es el mejor palo de mi vida, y no me arrepiento de nada, amo a mi marido, pero casi me enamore de este joven que me abrió las puertas del cielo con su forma de hacer el sexo, simplemente cada sensación de esa experiencia sigue en mí, y gozo con los recuerdos como si estuviera ahí con él, seguimos siendo amigos de internet, pero obviamente, la relación ha cambiado, esperó alguna vez, poder ser suya otra vez, porque la verdad, vale la pena como amante.

Todas las primas se quedaron calladas, hasta que Carmen rompió el silencio – ¡mira nada más, que puta saliste hermana!, ¿Quién lo hubiera creído? Ivette dijo – que guardadito te lo tenías mujer – Elba pregunto ¿crees que tu marido se haya dado cuenta de algo? Mientras que Karina solo sonrió y volvió a cruzar y descruzar sus hermosas piernas largas.

Era tarde, no quería interrumpir, mis sentimientos estaban revueltos, estaba desconcertado, me había encantado escuchar los relatos de mi cuñada y de las dos primas de mi mujer, pero la historia de mi esposa me había dado justo en el blanco, tenía una extraña mezcla de celos e impotencia, con calentura a mil, siendo sincero, siempre había querido que Patricia se acostara con alguien más, pero yo quería estar presente, desde hacía largo tiempo que le sugería que nos integráramos a un club swinger y que deseaba muchísimo verla con otro hombre en la cama, pero darme cuenta del engaño del que había sido objeto, y más, saber que su amante la había llevado a cimas de placer que al parecer yo no había alcanzado me daba enorme coraje y frustración,  me sentía un cornudo más, vejado, humillado, superado, mi pene estaba tieso como roca, y lo único que quería era masturbarme para aliviar mi tensión sexual y mi dolor interno, recordé las palabras de mi cuñadita – mira nada más que puta saliste hermana – esas palabras saliendo de la boca de una mujer que era verdaderamente  una puta, porque eso era mi cuñada, dolían brutalmente, pero me excitaban al máximo, calme mis ansias de reclamarle a Patricia y un plan maquiavélico cruzo mi cabeza, aprovecharía esa aventura para conseguir lo que siempre había querido, ver a mi mujer cogida por otro u otros,  y hacer que ella hiciera TODO lo que yo quisiera.

Se escucharon ruidos en la sala, se levantaron y decían – que tarde es – me tengo que ir dijo la acida Berenice, mi marido me va a matar – Karina asevero lo mismo – ya es hora de irnos del club de las primas putas dijo riéndose –provocando carcajadas en las demás atractivas mujeres, Carmen e Ivette se dirigieron a las dos primas más jóvenes y les señalaron ustedes no nos contaron nada Karina y Bere, la siguiente les toca a ustedes –ambas asintieron los besos de despedida, y los abrazos – me mandan bien caliente dijo Ivette, ahorita me desquito solita – Carmen dijo, yo me la voy a guardar, le traigo una ganas al chico que reparte el gas, ja,ja,ja, luego les cuento – todas rieron otra vez y mi esposa encamino a sus familiares a la puerta, escuche sus carros encender e irse, al tiempo de que mi tierna y fiel (¿fiel?) Esposa caminaba de regreso para subir las escaleras y finalmente reunirse conmigo, no bien hubo llegado a la habitación, la cogí salvajemente, la hice gritar, delirar, me vengaba de su putez, de su entrega total a un chico 11 años menor que ella, me la cogí por la boca, la vagina, el culo, simplemente me desquite a fondo sin decirle nada sobre la confesión que había escuchado, ni tampoco le revele mi plan maestro para que, a partir de ese día, donde me impresionaba escucharlas, mi esposa se convirtiera en la puta que yo siempre había deseado…..


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Nº 1057 | orestes santoyo sant | 10/05/2015 a las 02:02h.
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He regresado a leer tu primer relato y extemporaneo te doy la bienvenida que debi escribir con mayusculas. Crucial en el largo relato es que en algun momento pasas de ser el marido voyeur a una de las participantes de la reunion. A pesar de ello logras mantener la atencion del lector que estara avido de escuchar la siguiente confesion.

Grata lectura y sobresaliente punto de vista femenino en las sensaciones, donde se da a entender que en tus experiencias y las de tus amigas el tamaño si importa.

Felicidades.


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