Mi hija y el MSN - Parte 5

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RESUMEN

Ahora Cristina se pone valiente y veremos de qué manera solventa esta situación Ricardo.

Era viernes por la tarde, casi noche cuando llegué de nuevo a la casa. El tráfico, como toda tarde de viernes había estado terrible y, aunque había dejado la oficina temprano, me había mantenido manejando durante un poco más de una hora. Apenas entré, sentí que había ingresado a otra dimensión ante la perspectiva de otra noche de acción con mi apetitosa hija sumisa. Cerré la puerta con cuidado y entré a la casa donde había un silencio sepulcral. La laptop de Cristina seguía en el mismo lugar donde la había dejado esa misma tarde cuando le pedí que estuviera con el pizzero. Me asomé a la sala y no encontré a Cristina tampoco ahí. Finalmente le llamé y me contestó desde el fondo de la casa, cuando me acerqué vi la puerta del baño entreabierta y de nuevo su voz llamándome.

—Papi, ven, Acércate.

—Dónde estás? – le pregunté

—Acá en la tina. Ven.

Me metí al cuarto de baño y ella corrió la cortina. Como una sirena, se encontraba sumergida en el agua de la tina de la que solo salía su cabeza con su largo cabello mojado y las puntas de sus senos puntiagudos con sus pezones oscuros desafiando la gravedad. Se hallaba estirada cuan larga era y su silueta se dibujaba por la ondulante superficie del agua cristalina a la que aún no le había añadido jabón.

—Ven. Métete a bañar conmigo. – Me dijo

—Estas loquita. Cómo crees?

—No estoy loquita. Te diría lo que estoy pero te vas a ruborizar. ¿No te va a dar pena bañarte conmigo después de que hayamos dormido juntos…

—Bueno, es diferente…

—Anda, no te hagas del rogar.

—Está bien. – Dije quitándome la ropa. – Hazte a un lado.

—Vaya, creo que el amiguito está muy despierto ahora. Me sorprendes papito.

—No juegues. Ya te dije que no soy de palo.

—Lo sé. – Dijo moviéndose para permitirme entrar. Al meterme a la tina, se desbordó una buena cantidad de agua y como pude me acomodé para quedar sentado con su trasero reposando entre mis piernas. – Ya lo sentí.

—Como te fue hoy? Pediste la pizza que me dijiste que querías?

—Sí, claro. Estuvo muy rica. Le pagué al muchacho con cuerpomático.

—¿Como? – Dije fingiendo sorpresa.

—Ay, tú te crees todo, papito. Tranquilo, no te pongas celoso.

—No, si no es por eso. Es que no me gustaría verte co…

—Cogiendo con otro? – Dijo interrumpiéndome

—No, olvídalo. No dije nada. A ver platícame que sucedió en tu fantasía con el chico de las pizzas.

—En caso de que hubiera ocurrido, aclaro. – Dijo riendo.

—Por supuesto. Soy todo oídos. – Dije moviéndome un poco para sentir aún más la presión de sus nalgas en mi entrepierna.

—En realidad tú tuviste la culpa, malvado. – Me dijo Cristina tomando mi mano con la suya y acariciando mis dedos mientras hablaba

—¿Y eso por qué? – Dije genuinamente sobresaltado.

—Es que no encontré el dinero que me dijiste que estaba en el cajón del escritorio…

—Te dije en mi buró, tontita.

—Ah, pues no te escuché bien. ¿Ya ves lo que pasa por no explicarte bien?

—Continua. – Dije ya sin ánimo de guardar las apariencias. Su mano tomada de la mía, fue a reposar junto a su seno izquierdo y sentí sus palpitaciones aceleradas y la suavidad de la piel. Rocé suavemente sus pezones y sentí su dureza, lo que hizo que mi verga se pusiera aún más dura. Seguí acariciándola mientras contaba su historia.

—Pues cuando le quise pagar al muchacho vi que no tenía dinero y me dijo que si de qué forma nos podríamos arreglar. Yo me puse un poco nerviosa pero al ver su insistencia, le dije que se llevara la pizza pero él me dijo que ya no se podía regresar porque se la cobrarían a él.

—¿Y qué le dijiste? – Dije mientras cambiaba mi mano a la otra teta y acariciaba su pezón. Sentí cómo se estremecía mientras continuaba.

—Pues es que ya no quise molestarte para llamarte de nuevo porque se lo ocupado que estás siempre así que le dije que se la iba a chupar y que ese iba a ser su pago.

—¿Y acepto? – Pregunté haciéndome el sorprendido.

—Apenas se lo había dicho cuando se bajó el pantalón y me mostró su pene.

—Ve nomás. ¿Te excitaste?

—¿Tú que crees? La tenía grande y gruesa. Le acaricie la cabecita con la lengua y en cuanto me la metí a la boca empezó a gemir. Sentí como se ponía dura dentro de mi boca y como la iba llenando con mi saliva caliente, y me dije, estoy comiéndome una verga. Como me gustaría que mi papi me viera”’

—Eso pensaste?

—Si. Te hubiera gustado verme?

—No lo sé

—Dime…

—No lo sé. Esto es confuso para mí. – Respondí.

—Confuso pero la tienes bien parada. Eso quiere decir que te excita el pensarlo.

—Tal vez. No admito nada

—No tienes que hacerlo. Tu amiguito lo hace por ti. – Al hacer esto puso su mano en mi entrepierna y acarició mi pene. Yo, por instinto, acaricié ambos senos con las dos manos. En eso tenía razón. Estaba ardiendo.

—Quieres que te la chupe como a el?

—Sígueme platicando. – Dije con voz ronca.

—Pues ya que estaba bien caliente, se quitó y me dijo que me quería hacer sexo oral el también. Como tu dices, no soy de palo, así que lo dejé…

—¿Cómo ibas vestida?

—Con la ropa que viste que traía puesta que está aquí en el baño.

—¿Esa blusa diminuta? Ibas vestida como una putita. Y supongo que no traías ropa interior

—Adivinaste papi. – Me bajó el short y me levantó la blusa y empezó a comerme las tetas. En cuanto sentí su boca succionándolos me empecé a mojar todita. El chico chupaba tetas de maravilla y no te platico cuando se bajó entre mis piernas y me empezó a comer el coñito. Ah, maravilloso, así como tú anoche. Me empezó a rozar el clítoris con sus dientes y empecé a gritar como una desesperada. Quería agarrarlo de los cabellos y que me metiera su lengua más adentro y entonces me vine, me arqueé ahí en la silla de la cocina y me estremecí, entonces me acostó en el suelo y me empezó a rozar la tripita con su cabeza toda mojada con mi saliva

—Uff. Que imaginación tan asombrosa tienes.

—Te incomoda? O te hubiera gustado verme?

—Lo segundo.- Dije en un susurro.

—Lo sabía. – Dijo triunfante levantándose y girando para verme de frente. – Te excita verme puteando. Admítelo.

—Lo admito. ¿De acuerdo? ¿Qué pasó después?

—Cuando me la iba a meter, le dije que si no traía condón y me dijo que no.

—No me digas que lo hiciste sin…

—Descuida. Como no tenía hulito, pues no lo dejé que lo hiciera.

—Y se fue así tan tranquilo?

—No, pero eso lo dejo a TU imaginación. Solo quiero que sepas que no lo dejé que me cogiera.

—Menos mal. – Dije como si estuviera aliviado.

—El punto es que como comprenderás, estoy que ardo y ni el baño me quita la calentura. La pregunta es… ¿Qué vas a hacer tú al respecto?

—¿Qué ofreces?

—Ah, te pones los moños, papá cachondo?

—Estamos negociando, hija putita.

—Quiero que me cojas, así sin más, lo ansío tanto.

—No lo ansías lo suficiente, por lo que veo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Ya lo verás. Ven vamos a salir del baño porque ya me dolieron las nalgas.

—Está bien, dijo saliendo de la tina.

Mientras se secaba con una toalla, su coñito chorreante de agua quedó a escasos centímetros de mi boca. Ansiaba comerme ese manjar lo antes posible. Me dolían los huevos con ese dulce dolor de anticipación del deseo. Las gotas de agua adheridas a su joven piel, sus formas turgentes, eran una visión encantadora. Finalmente se agachó para secarse las piernas, y sabiendo lo que hacía, me mostró sus nalgas en todo su esplendor antes de terminar de secarse y guiñarme el ojo con coquetería. Como pude me salí de la tina también y me sequé con la toalla que ella había dejado mojada. Mientras me secaba salió del baño y me dijo un sugerente “te espero” moviendo sus caderas con un vaivén enloquecedor. Con la verga en posición de ataque, me salí desnudo del cuarto de baño y me asomé a su cuarto vacío. Seguí caminando hasta mi recamara y me la encontré tumbada en mi cama completamente desnuda, como un manjar a mi entera disposición. Me acosté junto a ella y sin esperar más, le devoré esos labios carnosos con un apasionado beso que ella correspondió. Nuestras lenguas se buscaban frenéticamente y recorrían cada espacio de nuestras bocas con el ansia de la espera prolongada. Mientras la besaba, mis manos acariciaron sus senos duros y mis dedos aprisionaron sus pezones con fuerza un poco desmedida. Ella solo profirió un quejido, no supe si de dolor o de gozo. No me importó. Estaba desesperado por hacerla mía ya. Bajé lentamente por su cuello y empecé a besar sus senos con mi boca ansiosa. Ella estaba arqueada con sus ojos cerrados, tratando de intensificar el momento de placer.

—Hazme el amor, cógeme. – Me susurró mientras la besaba. – Ya no aguanto más. Te deseo tanto.

—¿Que tanto? – Le pregunté jadeando también.

—Tú juzga. Pídeme lo que quieras y lo haré.

—¿Lo que yo quiera?

—Siii. – susurró.

—Y si te pidiera que te cogieras a un desconocido en el cine, lo harías?

—Lo que tu quieras – Repitió. – Si quieres que se la chupe a un mesero en un restaurante o me deje tocar en el autobús. Tu pide, papito. Eres un perverso

Mientras decía esto, fui bajando mi mano hasta tocar su coñito. Como lo imaginaba, estaba empapado y gotitas de su fluido resbalaban por su entrepierna. Lista para el amor. Con mis dedos sabios, fui penetrándola lentamente y sus gemidos se fueron convirtiendo en quejidos.

—Eres un papito perverso que le gusta que su hija sea una puta. Cabrón…

—¿Te gusta?

—Me encanta. Tú si sabes hacer feliz a una mujer. Ahghg

—Mámamela. – Dije poniéndome frente a ella a un lado de la cama. Ella, obedientemente se puso frente a mí y empezó a chupar mi glande con gran pericia. Era una mamadora experta, y nada de eso se lo había enseñado yo, debo admitir.

—Ay cariño que rico lo haces. – Dije. Era delicioso sentir su boca húmeda aprisionando toda mi verga y dejando correr rastros de saliva que llegaban hasta mis huevos.

—¿Dee gufta? – Dijo con la boca ocupada en complacer a mi miembro.

—Siii, eres una putita mamadora de vergas…

En ese momento, sonó el teléfono a un escaso metro de nosotros. Cristina, sobresaltada, se sacó mi verga de su boca, y esta contrariada, se quedó escurriendo saliva por todo el tronco.

—Es mamá. – Dijo Cristina mirando el identificador de llamadas.

—Déjala. Ya llamará después. – Dije con un ligero dejo de desesperación. Quería entrar en esas carnes húmedas que se abrían ante mí como una boca sonriente y mojada.

—Tengo una idea mejor.- Dijo cogiendo el auricular.

“Hola mami. Cómo estás?” Contestó al teléfono. –Yo bufaba de la rabia y desesperación. Cómo se le había ocurrido contestarle a su madre cuando estábamos a punto de hacer lo que ambos estábamos deseando tanto? Quería nalguearla ahí mismo!

“Hola hija. Bien” Dijo mi esposa con la voz apenas audible desde donde yo me hallaba.

“Mami, me agarraste haciendo ejercicio. No te molesta si te pongo en altavoz? ”

“¿Tú, ejercicio? Desde cuándo, Cristina? – Dijo mi esposa con una voz más audible cuando mi hija puso el auricular en altavoz. Mientras lo hacía, cogió mi pene con su mano derecha y me lo empezó a acariciar, jugando con mis vellos púbicos y mis huevos hinchados de tanto placer anticipado.

“Es que en la escuela me dijeron que ya me estaban empezando a ver un poco pasada de peso” – Al decir esto, me guiñó un ojo y me mandó un beso silencioso. Su mano libre seguía masturbándome delicadamente.

“Tus amigas están locas. Tienes un cuerpo envidiable, hija. No les creas a esa bola de envidiosas”

“No te preocupes, Mami. Un poco de ejercicio no me cae nada mal.” – Cristina dejó de hablar y me besó mi pectoral derecho mordiendo suavemente mi tetilla mientras me miraba con cara de deseo. Después deslizó su lengua hasta llegar a mi otro pectoral e hizo lo mismo con mi tetilla izquierda. Todo esto mientras su madre le decía lo mal que le caían sus amigas del colegio.

“ No les hago caso, no te preocupes. Como te está yendo a ti” – Dijo Cristina dejando brevemente de hacer su viaje erótico por mi cuerpo. Cuando terminó de hablar, se arrodilló frente a mí y empezó a seguir el contorno de mi vientre y bajo vientre con su lengua, dejando rastros de humedad en toda mi piel. Casi desde una lejanía desconocida, escuché la voz de la puta de mi esposa.

“Estoy bien, me regreso ya la próxima semana. ¿Cómo se ha portado tu padre? No lo he podido localizar ni en casa ni en la oficina”

“Pues papa no se ha portado muy bien que digamos. Ayer durmió con una mujer en tu recamara” – Cuando dijo eso yo brinqué haciéndole el gesto de que se callara. Ella solo sonrió y alcanzó mi zona púbica con sus labios, tocando mis vellos con la punta de su lengua. Del otro lado de la línea, hubo un silencio sepulcral por varios segundos. Finalmente se escuchó la voz de mi esposa:

“¿Qué quieres decir con eso, Cristina, otra mujer, en mi cama? ¿Hizo el amor con ella en mi cama?”

“Eso no lo sé mami. Yo me quedé profundamente dormida y no supe de mí hasta en la mañana siguiente” – En este punto tomó la cabeza de mi verga y con delicadeza fue devorándola con sus labios húmedos. Sentí el calor de sus labios y mi verga se puso dura como no la había sentido desde hacía bastante tiempo.

“Eso que me dices es muy grave, hija. Estás hablando en serio?”

“Ay mamá, porqué tomas en serio todo lo que digo? – De un golpe se metió toda la extensión de mi pene en su boca. Sentí sus labios rozar todo el tronco y su ahogo mientras hacia desesperados esfuerzos por alojar la punta en su garganta. Se estaba esmerando en darme una súper mamada. Yo hacía esfuerzos sobrehumanos para no gemir de placer.

“Me asustaste, hija. Una nunca sabe…”

“Papá se ha portado muy bien conmigo. Me ha cumplido todos mis caprichos…” – Finalmente dejo de chupármela y se levantó pasando una pierna por encima de mí para quedar a horcajadas viéndome de frente mientras yo continuaba acostado. Sentí la humedad de su vagina rozando mi piel con sus vellos humedecidos por su calentura. Estaba lista para el amor. Sólo esperaba que terminara la llamada con su madre para abalanzarme sobre ella.

“Muy bien, menos mal. No me gusta que estés solita todo el tiempo…”

Estamos bien, mami. De verdad, agh“. Al decir esto guio mi verga hasta su cuevita y sin miramientos, se la metió mientras platicaba con su madre.

“Dile a tu padre que me llame cuando pueda…”

“Yo le digo cuando se venga, no te preocupes. Seguramente ya no debe tardar, ahh” – Al decir esto me guiñó el ojo de nuevo y se dedicó a cabalgarme lentamente. Yo cerré los ojos mientras sentía esa carne joven, caliente y tan prohibida, siendo poseída por mi. En uno de los embates fue tan intenso la sensación que le provoqué que no pudo evitar el soltar un gemido.

“Que te pasó? – Dijo su madre al escuchar el ahogado grito.

“’Es que me pegué en la orilla de la cama. Estoy brincando mientras platicamos. NO me has dicho como te ha ido. Anda, platícame.” – Al decir esto, puso el botón de “mute” para enmudecer nuestro lado de la línea. Su madre siguió hablando de su viaje, de que había ido a las cataratas del Niagara y no sé qué más. Acá empezó el concierto de gemidos y palabras cachondas mientras Cristina seguía cabalgándome sin piedad. Mi verga entraba y salía mientras ella brincaba por encima de mí.

“Cógeme papito, méteme esa rica verga, ahgg, que rico coges, mmhhh, me encanta”

En un punto, paré de cogerla y me levanté pidiéndole que ella se acostara en la cama. Tomó el teléfono y me hizo el gesto de que guardara silencio, presionando el botón para deshabilitar la función de mute. Su madre seguía hablando aún y le preguntaba algo de la escuela.

“La escuela va bien, mamá. No te aburro con los detalles. Desearía estar allá contigo para disfrutar todo eso que me platicas. Platícame como está tu departamento en Nueva York”

Cristina volvió a poner el auricular en silencio y me invitó a cogérmela de nuevo con la mirada. Sin miramientos, me acomodé entre sus piernas y me volví a hundir en ese paraíso húmedo dejando que mi pene se deslizara suavemente en ella hasta que mis huevos sintieron la suavidad de su pubis. Su madre seguía enfrascada en su plática del departamento y empecé a moverme más rápidamente y a penetrarla con más fuerza, cada vez. Tomé uno de sus senos y empecé a besarlo sin darle tregua. Sus gemidos se intensificaron hasta casi convertirse en gritos. Estaba gozando esa cogida de lo lindo.

“Hija, sigues ahí”- Dijo su madre tras el prolongado silencio.

“Contesta y cuelga” Le sugerí. Ella negó con la cabeza y con mi verga aun dentro de ella, volvió a contestar.

“Aquí sigo mami”

“Pensé que había perdido la llamada, hija. Te dejo entonces, no se te olvide recordarle a tu padre…

“Si, yo le recuerdo cuando se venga… “

“Cuando llegue, querrás decir” – Dijo mi esposa.

“Cuando se venga para acá para la casa, mami.“ - Dijo Cristina. Yo seguía con mi suave vaivén mordiendo suavemente uno de sus pezones mientras ella hacía esfuerzos por no hacer notar a su madre lo que sucedía.

“Ah, bueno eso. Solo recuérdale que me llame. No es nada importante en realidad”

“Yo le digo. Déjame ir por algo para apuntar”

Poniendo de nuevo el teléfono de nuevo en mute me dijo

“Ahora si, cógeme y haz que me venga mientras tu esposa está en la línea. Cógeme que soy tu puta”

Escucharla hablar así me prendió aún más si cabe y empecé el mete saca con la desesperación de un náufrago. Ella siguió gimiendo y yo sentí como hervían mis huevos mientras se iba formando un orgasmo monumental en mi interior.

“Eres una puta cabrona”- Le dije con una voz ronca e irreconocible. ”Ven, cógete a tu padre, pinche puta incestuosa. Déjame meterte la verga hasta dentro, te gusta coger ¿verdad putita?””

“Ah, siiii, cabrón, méteme la verga, lléname de leche mi coño. Anda papá, te gusta ver a la puta de tu hija, eres un cabrón pervertido. Cabrón dame más que me estoy viniendo, cogemeeee…”

“Hija, sigues ahí? Ya te tengo que dejar que llegaron unas visitas”

“Sigue ahí mientras me coge tu marido. Me está metiendo esa verga rica que era para ti. Quédate mientras me hace sentir una mujer de verdad”- Le dijo al teléfono en silencio. Yo le seguí el juego:

“Si, pinche puta de mierda. Toma una sopa de tu propio chocolate mientras me cojo a tu hija. Es riquísima y está más buena que tú, pinche puta callejera.” Gemí. Estaba a punto.

“Hija, responde, Hija”

Ahhggggg – Gritamos al mismo tiempo los dos. Una oleada de placer pasó como electricidad por todo mi cuerpo mientras sacaba la verga y grandes borbotones de semen salieron disparados a la tripita, el abdomen y los senos de Cristina. Era una cantidad impresionante de leche que caía como lluvia blanca en el lienzo de su piel. Cristina se arqueaba al sentir aun los espasmos de un orgasmo brutal que también ella había sentido junto conmigo. Su grito se fue convirtiendo en susurro mientras veíamos el desastre que habíamos creado en la cama con su cuerpo cubierto de leche tibia.

“Cristina, te voy a tener que colgar…”

“Perdón, mami, es que no hallaba la pluma”

“Te decía que tengo que colgar”

“Si está bien... Yo ya acabé.”

“Chao, besos”

“Chao, mami. Tomé algo prestado tuyo para esta noche”

“Claro, hija. Toma lo que quieras, al fin que casi somos de la misma talla…”

“Gracias ma, por compartir. Te quiero. Chao”

Y tomando un poco del semen que reposaba en su abdomen, lo llevó a su boca, colgó el auricular y me sonrió con un nuevo guiño.

“Ahora sí, platícame de esa fantasía tuya del cine…” – Me dijo.

Dark Knight

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