Amor Filial - Hetero: General

Iris y yo

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RESUMEN

Iris, la prima de mis sueños...

Hace casi un año, en las fechas de fin de año, se reunió toda la familia como es costumbre, incluso amigos de la familia, y la familia política también.

Mi madre me presentó a una chava muy linda, de unos 20 años, morena clara, ojos negros, de 1.60 y algo, cuerpo esbelto y con unas caderas bien proporcionadas, total, bonito culo y unas tetas tentadoras.

Me dijo que era mi prima de no sé dónde, nunca la había visto la verdad y eso era porque era sobrina de algún familiar lejano, en fin, relativamente no éramos nada, ni apellidos, nada. Su nombre era Iris.

Durante esos días, hice mucho acercamiento con "la prima", charlábamos de cualquier cosa, de lo que estaba de moda, nos reíamos, además estábamos de acuerdo en muchas cosas, todo muy en buena onda. Cuando íbamos a la playa no podía quitarle los ojos de encima, y trataba de estar todo el tiempo cerca de ella, sus curvas eran las de toda una hembra que pocas veces miraba, y claro, todo eso se complementaba con su buen carácter y personalidad, de verdad, me tenía embobado.

En una de esas, mientras nadábamos algo lejos de la orilla, lejos de la vista de los demás, platicamos, cada vez más cerca, me abrazaba, se colgaba de mi cuello y seguíamos en la plática, era algo coqueta, como si quisiera seducirme con su boca a robarle un beso, no sé, todo un gusto estar con esa mujer. Nos calentamos y terminamos con unos cuantos besos inocentes, su intención era dejarme con ganas de más, y lo logró.

- No sé qué pretendes - Le dije entre risas y la mantenía junto a mí, rodeándola con mis brazos, mientras ella tenía sus brazos en mi cuello.

- No te entiendo - Dijo sonriendo picara y con una mirada llena de morbo.

Me tenía muy caliente ya, y no tuve más opción que hacer que notara mi erección tomándola de las nalgas por debajo del agua y empujarla hacia mi miembro.

- Espero y ya me entiendas - Le dije susurrándole y robándole un beso. Ella inmediatamente respondió mi beso y jugueteamos un poco con nuestras lenguas.

Al poco rato tuvimos que salir del mar para ir a comer, y regresar a casa. Durante todo momento compartíamos miradas y sonrisas, y yo ya le llevaba unas ganas enormes.

Así pasaron los días, compartíamos cuando podíamos y cuanto podíamos, pues temíamos que alguien de la familia se enterara, que aunque no estaba mal, por mero respeto a los mayores decidimos no andar por ahí cachondeando como si nada, aunque uno de las tías podía darse cuenta de lo que traíamos entre manos, y sin embargo, a ella tampoco le parecía importar, pues de nuevo, Iris y yo no éramos más que familia política.

Una mañana de un día que me levanté algo tarde, poco antes del mediodía, ya todos habían salido a pasear, y no regresarían hasta la noche, pensaba que estaría solo durante todo el día. Bajé a desayunar, y me sorprendió ver que Iris también se había quedado, y lo mejor, aún estaba en ropa de cama, un camisón algo viejo y ligero, no llevaba sostén y sus pezones se veían maravillosos, pequeños pero firmes.

- ¿Vas a desayunar? - Me preguntó como si nada. - Si, ¿tú ya comiste algo?

- No he comido nada, desperté hace poco y decidí esperarte - Dijo - ¿Y por qué no fuiste a pasear con los demás? - Le pregunté.

- No, tu madre me dijo desde ayer que no irías, así que decidí hacerte compañía - Contestó riéndose de la manera más sexy del mundo.

Fui a la alacena a buscar algo de comer, comencé a cocinar mientras ella preparaba la otra parte del desayuno. - Me gustaría algo de salchicha - Dijo muy seria - ¿O leche? - Dijo con algo de morbo.

- Bueno, ahorita te la doy primita - Le dije mientras me reía.

- Me gustan los hombres que hacen ejercicio - Dijo mientras tocaba mis brazos y mi pecho. - Estas bien bueno condenado primo - Rio y me dio un beso. - Yo no hago mucho ejercicio - Dijo.

- Pues estás muy bien así como estas - Le dije - ¿Tú crees? - Contestó mientras miraba su reflejo en un espejo.

Vamos, la mujer estaba tan rica como quería,  para mi esas caderas, y ese culo, no necesitaban más.

- Claro, me gustas, ya te has dado cuenta - Le respondí - Y no te lo voy a andar repitiendo, estas hermosa, mujer - Sonreí y me dirigí al refrigerador.

Abrí el refrigerador para buscar todo, ella se situó a mi lado para ayudarme a sacar lo demás, y de manera discreta, miré por debajo de su camisón mientras ella estaba distraída. Quizá durante todo el rato no había podido notarlo porque sus tetas y sus ojos me tenían embelesado, pero al mirar, pude notar que no llevaba ropa interior. Su coño se veía tan suave y hermoso, como si estuviera para mí, todo para mí. Quizá también ella se había puesto a mi lado justo en el momento en el que me incline para que yo lo notara.

- ¿Qué más necesitas? - Me preguntó, aun sin mirar hacia abajo - No, nada, ya tengo tu salchicha aquí - Dije aun embobado - Mi verga estaba por romperse, ya  no podía más, así que me incorporé, intentando que no notara mi erección y me dirigí rápidamente hacia la mesa.

Comí demasiado rápido, no podía sacarme de la mente a Iris de la mente, su cuerpo, sus ojos, todo, necesitaba su cuerpo, hacerla mía.

La dejé en la cocina, y con el pretexto de ir a bañarme, subí a mi habitación, casi desesperado, me eché en la cama y comencé a ordeñarme la verga con su figura desnuda en mi mente, la imaginaba sobre mí, moviéndose, mirándome con esos ojos que me enloquecían, era la mujer de mis sueños.

Gruñí mientras me venía, no se cuanta leche salió, mi mente estaba ocupada en Iris, solo en ella.

Cuando regresé a la realidad, vi mi abdomen y el suelo empapado de semen. Tomé una toalla y limpié.

Entré a la regadera porque era una realidad que necesitaba asearme. Al salir, Iris estaba en mi habitación, me sorprendí y lo único que pude hacer fue llevar mis manos a la entrepierna, normalmente después de secarme, dejaba la toalla dentro del baño, estaba dentro de mi habitación, ¿quién podría entrar? Pero por suerte, y con las ansias de antes, había olvidado poner seguro a mi puerta.

- Tus bíceps no son lo único grande - Dijo mordisqueándose un dedo y con la otra levantándose su camisón, dejándome ver su exquisito coñito, su abdomen marcado y finalmente sus tetas, hermosas, suaves, curveadas y con una forma de un par de gotas que caían sobre su pecho... Dios, mi verga se levantó como si no hubiera pasado nada.

Se echó a mi cama boca abajo, coqueteándome, me llamo con el dedo - Ya le puse seguro a la puerta por ti - Comenzó a reír - Aunque yo no limpié el pasillo fuera de tu habitación - Dijo con tono travieso - Yo también me vine cuando te oí gruñir mi nombre, y todos los fluidos de mi coñito se quedaron en el suelo -

- Me calentó mucho ver que te masturbabas pensando en mí, así que decidí hacer lo mismo, aunque mi dedo no se compara en nada con eso que traes ahí abajo bebé -

- No tienes que limpiar - Reí y me acerqué a la cama, hacia donde estaba ella tumbada. - Anda, déjame saborear lo que queda de ti ahí - Me dijo Iris, sujetándome y tirando tiernamente de mi endurecido miembro. - Te voy a comer - Dijo muy dispuesta.

Me mamó suavemente, sujetó mis bolas mientras con su boca le hacía maravillas a mi verga, saboreó todo el cuerpo de mi miembro y a veces, por la dificultad,  lo metía todo en su boca. - ¿Te gusta mi sabor primita? - Le pregunté -

Sacó mi verga de su boca y asintió con una sonrisa. Presionó desde la base hasta la punta de mi amigo y pasó la punta de su lengua por el orificio de mi miembro para saborear el jugo que salía de él.

Sujeté mi verga y se la saqué de la boca. Recosté a Iris en la cama y le di un dulce beso en la boca, para después pasar a besarle sus otros labios.

Lamí desesperadamente los mojados labios de su coño, metiendo mi lengua en su orificio, para clavársela intensamente mientras lamia todo lo que salía de ahí.

- Ah papi! -

Metí un dedo en su hoyito y seguí lamiendo, después metí otro para que se fuera adaptando al tamaño. Moví de atrás hacia adelante mis dedos, y con la otra mano sujeté su vientre. - Si, así! - Gemía, y con sus manos empujaba mi cabeza hacia su entrepierna.

Su interior estaba caliente, era suave y se inundaba con cada roce de mis dedos, ella gemía, me pedía más, yo le mamaba el coño, ya no aguantaba más, ya quería meterle mi verga muy adentro, hasta el fondo.

- Primo! - Gimió y tembló, sabía lo que venía, mis dedos lo sintieron venir. Pegué mi boca a su coñito, succioné, sujeté las piernas de Iris con mis brazos, manteniéndolas abiertas, ella se perdió, y me bebí su orgasmo. Sus manos aferradas a mi cabeza, temblorosas. Mi boca llena del más dulce jugo de su flor, me lo bebí, lamí lo que pude.

Me detuve, la miré a los ojos, que estaban llorosos, pero más brillantes que nunca, Iris sudaba, temblaba todavía. Llevé mis dedos a su boca para que probara su orgasmo también, después le di un beso, esperando que pudiera saborear lo que yo. Su lengua se enrollo a la mía, y mientras nos besábamos, metí un dedo nuevamente en su coño, pero ella lo rechazó después de un rato. Se separó de mi boca - Te quiero dentro, a ti y a tu musculosa verga -

- Va - Le dije, yo tampoco podía más. Pude haberle preguntado de nuevo si estaba segura de tener sexo conmigo, pero las palabras no salieron de mi boca, no podía, la necesitaba, mis instintos más primitivos me exigían copularla, besarla, hacerla mía, era mi hembra, y yo su macho, estábamos hechos el uno para el otro, y mientras una descarga de hormonas y adrenalina viajaban por mi cuerpo, y sin notarlo, por mera inercia, lamí su coño nuevamente y le permití mamarme la verga de nuevo. Ya era hora de cogerme a mi prima, lo que había deseado todo esa semana desde que la conocí.

- Te voy a coger prima, te la voy a meter tan duro que no te vas a acordar de lo que desayunamos -

- Si, métemela papi, méteme todo tu amor -

Acerque la cabeza de mi dura verga a su mojada entrada, sentí su calor y una oleada de energía se fue a mi miembro para endurecerlo más de lo que se puede imaginar, y lento pero firme le metí de un golpe mi verga en su apretado y blando agujerito. - Aaah, dale, cógeme -

El solo hecho de habérsela metida hasta el fondo hizo que me recorrieran unas ganas inmensas de correrme, pero debía aguantar, resistirme a esa deliciosa sensación de succión que generaba su coño.

- Te siento muy adentro de mí, aaah - Gimió mi hembra.

Iris estaba agotada de su orgasmo previo, así que simplemente deje que estuviera tumbada, mientras yo era el que se movía, atrás hacia adelante, adentro afuera, estaba teniendo el mejor sexo de mi vida, Iris estaba tan mojada y blanda, que al sacar mi verga irremediablemente sentía la necesidad de volver a tocar fondo dentro de ella, moverme en su interior y hacerla disfrutar.

Estuvimos cogiendo por un rato, su coño estaba tan caliente y mi verga estaba tan dura y entumecida que correrme ya no era el mero gusto, ya era necesidad. Algunas veces mientras nos movíamos podía sentir como mi verga palpitaba, Iris me sacaba la leche con su coño, pero aún estaba duro, no retrocedía ni perdía fuerza, al contrario, Iris y yo necesitábamos más.

Iris se corrió unas dos veces más en el momento más intenso de nuestra travesura. Le volví a dar algo de oral, ahora su sabor era diferente,  pude percibir algo de mi semen mezclado con sus fluidos. Pero es que era inevitable, su coño le hacía maravillas a mi verga. Lamí una vez más todo lo que pude y ahora Iris tomó iniciativa, se montó sobre mí y con su mano introdujo mi verga en ella.

- Aaaah

- Anda mami, cógeme.

De ahí en adelante, todo eran gemidos y el sonido de sus nalgas chocando con mis bolas. Éramos animales, pegados el uno al otro, haciendo que no existiera un fin o un inicio entre nosotros, éramos un solo ser.

Le besé todo el cuerpo, y mientras la penetraba, saboreaba sus dulces senos, los chupaba, los apretaba, necesitaba de esas tetas tan hermosas, me sentía feliz y seguro entre ellas, me incitaban, y cuando miraba el rostro de Iris, no podía evitar besarla, comerme todo de ella.

Entonces la sujeté con fuerza, me puse de pie y se la metí con fuerza, ella bramó de placer mientras mi verga llena de amor iba más y más adentro, el suelo y mis pies se empaparon de su orgasmo, Iris se inclinó hacia atrás víctima del placer, sus ojos se pusieron en blanco de nuevo y comenzó a temblar.

Mi verga gozaba adentro de Iris, empapándose en los líquidos de mi hembra. Su coñito se contraía, me ordeñaba, buscaba mi semen, ya no pude más.

- Me voy a correr en tu coñito, linda - Le dije, no esperé respuesta, pues ella estaba apenas con fuerzas, la besé, sus gemidos se ahogaron con mi lengua en su boca.

Me recosté en la cama, sujeté sus caderas mientras la clavaba con fuerza, ella me miró, sonreía, le sonreí. Asentía con su cabeza, y yo le respondía de la misma manera. Ella gimió, yo gruñí, la levanté con mis caderas en un intento por llegar por última vez a lo más profundo de su ser, Iris sintió como la llené de mi caliente leche como una manguera, hasta el fondo.

Me dejé caer hacia atrás, sudorosos, mis manos sobre las sabanas y las manos de Iris sobre mis brazos.

Jugueteamos un rato más con nuestras lenguas, mientras mi verga aún se encontraba palpitando dentro de su coñito, entre la mezcla de nuestros fluidos procedentes del placer.

Nos duchamos después de eso, de mi buró saqué pastillas del día siguiente que un amigo médico me regaló para situaciones similares. Que suerte es tener amigos como esos.

Más tarde tuvimos nuevamente sexo, más tranquilo, pero igual de rico, acabando juntos un par de veces.

Aquí acaba la historia con "mi prima", después de un mes chateamos y no hubo embarazo ni nada de eso según ella. Actualmente está comprometida con su novio, realmente cuando estuvimos juntos no me contó nada de él, quizá en ese entonces no lo tenía, quién sabe, lo bueno, es que no me quedé con las ganas en esas navidades....

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