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Encuentros con Sofía (Cap. 1)

andrewotero

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  • Autor: andrewotero
  • Publicado 15/12/2016
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  • T. de lectura [ 14 min. ]

Categorías eroticos

RESUMEN

La invité a bailar, ella tomó mi mano y juntamos nuestros cuerpos, ella puso sus manos sobre mis hombros y yo la tenía por la cintura. Nuestras bocas inmediatamente se buscaron, como si de un par de imanes se trataran.


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ESTE RELATO HA SIDO ROBADO DE cuentorelatos.com

Basado en el relato “Más que una fantasía con mi madre”, algunos encuentros esporádicos con el amor de mi vida.

**************

Una vez que Sofía y yo habíamos decidió vivir nuestra vida como pareja, dio pie a una serie de encuentros sexuales, los cuales iré detallando poco a poco.

Nuestros horarios de trabajo eran diferentes y es por eso que muchas veces yo salía antes de la casa, mientras Sofía tomaba una ducha y se preparaba para salir después de mí.

Como ya he dicho antes, me encantaba de sobremanera verla con uniforme, y en su trabajo los días viernes la ropa con la cual podían asistir era informal.

Sin embargo, Sofía siempre tuvo un excelente gusto al vestirse, y sabía cómo sin importar cómo se vistiera, ser muy sensual y sexy, sin caer en el parecer una cualquiera.

Los viernes me encantaba ir a verla a la hora del almuerzo, porque recién ahí me enteraba como iba vestida, ya no que no vestía el típico uniforme que ya conocía, sino siempre era una sorpresa para mí, porque ese día iba vestida de manera informal.

Un viernes de esos, por situaciones de mi trabajo y un poco más de tráfico me demoré en llegar a verla, ella había estado esperándome en la puerta del edificio donde trabajaba.

Estacioné el vehículo a una cuadra cerca de su oficina, ya que por allí no suele haber nunca lugar libre, y me dirigí a buscarla a pie.

Me acercaba a su encuentro cuando pude captar una visión que me dejó perplejo.

La vi de espaldas por donde yo iba, obviamente estaba desesperada porque yo no llegaba, vestía un pantalón jean azul apretado, el cual se acomodaba perfectamente a su figura, su ancho trasero se lo veía muy redondo, firme y provocador, tenía puestos un par de zapatos de tacón, que hacían lucir más largas sus deliciosas piernas.

Su pose era con las piernas un tanto abiertas, en su mano izquierda su cartera, y en la derecha unas hojas con las que se abanicaba el rostro, debido al intenso calor que hacía.

Llevaba una blusa de color rosa casi transparente sin mangas, que hacía ver un top blanco que llevaba puesta debajo. Su cabello suelto caía sobre sus hombros y se movía al ritmo del viento.

Al acercarme, mi pulso iba en aumento, quizá por lo apurado que caminaba o tal vez por la hermosa visión que tenía frente a mí.

Me acerqué sin que se diera cuenta, y la abracé por su cintura, mientras me apegaba a su escultural cuerpo le decía al oído:

—Hola preciosa, disculpa la demora

—Hola amor, me estaba desesperando, me contestaba mientras yo sentía su cuerpo temblar entre mis brazos

—¡Te ves hermosa!!, le dije, mientras me acercaba a su oído y le decía, que me encantaría darle un largo beso en la boca, pero como estábamos en la calle no podía hacerlo. Sin embargo, pude hacerle sentir mi miembro duro como un tronco posarse en esas caderas de muerte.

—A mí también me encantaría, vamos cariño, me decía mientras me soltaba los brazos de su cintura.

Pero la pasión era tanta que tuve que conformarme con un beso en la mejilla.

La tomé del brazo y nos dirigimos al coche para ir a almorzar. Yo sentía como varios hombres le regresaban a ver de lo buena que estaba, pero esto en lugar de molestarme me excitaba más.

Ya en el coche, mientras cambiaba de marcha podía colocar mi mano derecha sobre su pierna izquierda y acariciarla dulcemente, ella ponía su mano izquierda sobre la mía, intentando entrecruzar nuestros dedos.

Nos dimos cuenta de la hora y no teníamos mucho tiempo, así que comimos algo ligero por un local cercano. Estábamos a punto de terminar cuando Sofía recibe un mensaje en su teléfono celular.

—Me indican de la oficina, que tengo que ir a una de las agencias que se encuentra en la ciudad cercana, a revisar algo relacionado con unas ventas importantes, me dijo. ¿Me llevas amor? Me preguntó.

—Claro, déjame llamar a mi trabajo para indicarles que iré a visitar unos clientes en esa misma ciudad, que pospongan cualquier cosa relacionada conmigo y podemos ir.

No tuve ningún problema en coordinar mi trabajo, así que, nos fuimos para allá, la dejé en la sucursal y mientras ella realizaba su labor, yo hacía la mía. Quedamos en toparnos a la hora de salida normal, para regresar juntos.

Acabé mis labores antes que ella, así que la esperaba afuera de la sucursal escuchando algo de música. En cuanto salió me percaté que venía tiritando y como dándose calor ella mismo, había comenzado a caer el frío de la noche y ella no llevaba chaqueta.

Subió al coche, y pude ver lo marcados de sus pezones por el frío, lo cual obviamente me encendió rápidamente.

—Gracias por esperar precioso, me dijo.

—No te preocupes amor, le decía mientras sobaba su pierna dulcemente.

—Vamos de regreso, me dijo.

—Ok, vamos

Como ya nos daba hambre por la hora, íbamos buscando por la carretera algún lugar donde comer algo, pero lo único que encontrábamos era letreros de moteles.

Los moteles aquí son lugares privados, donde pueden ir las parejas a tener intimidad, con total discreción, algunas inclusive son temáticas y uno puede escoger entre una simple y tradicional y otras tan variadas con temas como escuelas, hospitales, árabes, japonesas y un largo etc.

Sofía obviamente se había percatado de eso, y la notaba como que quería preguntar algo, pero no se animaba.

—¿Preciosa, te puedo preguntar algo? Le dije

—Claro amor, dime, me contestó

—Alguna vez has ido a un lugar de esos, señalándole el último letrero de motel que pasábamos.

—La verdad nunca, contestó, poniéndose roja como un tomate.

—Te gustaría ir conmigo a conocerlos, le pregunté

—Mmm, no lo sé, mmm claro, porque no, contestó tras dudarlo un poco.

No faltaba más palabras y me dirigí al siguiente motel que vimos en la carretera.

Sofía iba un tanto intranquila, claro no conocía estos lugares y de seguro le daba recelo que alguien conocido pudiera vernos entrar ahí, uno nunca sabe quién va a esos lugares.

Llegamos y por un intercomunicador, yo pedía una habitación, sin bajar del coche.

—¿De qué tipo de habitación, y precio? me dijo el hombre al otro lado del intercomunicador.

—La que tiene yacusi, le dije, mirando las opciones que presentaban en un letrero junto a la puerta de entrada.

—Ok señor, diríjase al número 5, me respondieron

Sofía iba obviamente inquieta y como queriéndose ocultar de mirada curiosas. No decía nada.

Entramos y nos dirigimos al lugar indicado, cada habitación tenía su propio parqueadero, de tal manera que se pudiera guardar el coche ahí, y nadie que entrara por ahí podría ver quién está también allí.

Se cerró la puerta del garaje de la habitación escogida, y ayudé a bajar a Sofía del coche, ella iba con recelo.

Tuve que indicarle que el lugar era seguro y que no había forma que alguien nos espiara.

Ya entrando en confianza pudimos ver la habitación.

Tenía una cama matrimonial con sábanas blancas en el centro, una pequeña mesa junto a ella con un teléfono, al otro lado había una mesa, con un par de sillas y una cartilla con una serie de bebidas disponibles para pedir. Más allá un baño, el cual tenía ducha con puertas de vidrio. A un costado estaba el yacusi, había una televisión y unos parlantes en los costados. Finalmente, una especie de pequeña puerta por la que nos pasarían los pedidos que hagamos. Todo se veía muy limpio la verdad.

Sofía, ya más en confianza, miraba curiosa todos los detalles del lugar.

Y suena el teléfono.

—¿Algo en lo que le pueda servir señor? ¿Todo bien? Me pregunta una voz

—Todo perfecto, le dije y mirando la cartilla, le pedí una botella de vino y 2 copas. Sofía me miraba con cara de asombro.

—Entendido señor.

No pasó mucho tiempo, cuando con unos pequeños golpes pude ver como por la compuerta de comunicación, nos pasaban el vino y las copas solicitados, todo muy discreto era una puerta giratoria en verdad, así que nadie podía vernos.

Serví las copas, y ofrecí una a Sofía. Con la finalidad que se relajase.

—Brindemos, le dije

—¿Y por qué? Me preguntó con una sonrisa pícara.

—Yo, por la hermosa compañía que tengo esa noche. Contesté

—Y yo, por estar contigo amor, me dijo.

Y así brindamos el uno por el otro.

En cuanto terminamos, encendí la música, y busqué un set romántico agradable.

La invité a bailar, ella tomó mi mano y juntamos nuestros cuerpos, ella puso sus manos sobre mis hombros y yo la tenía por la cintura. Nuestras bocas inmediatamente se buscaron, como si de un par de imanes se trataran.

Dábamos unos pequeños pasos en el mismo sitio, mientras yo le decía lo feliz que estaba por estar con ella. Mientras que Sofía, ya más tranquila se movía más sensualmente y me decía que me amaba.

—Te amo, sabes, me dijo

—Yo a ti preciosa., le contesté

—Me encanta estar contigo, ¿cuánto tiempo podemos estar aquí? Preguntó

—A mí también me encanta, y no te preocupes podemos estar hasta el amanecer si así lo queremos.

—Perfecto, contestó, mientras me daba un beso que rápidamente sería correspondido. Solo déjame avisar en casa, que tengo que quedarme en esta ciudad por algo del trabajo.

Así lo hizo, y mientras bailábamos, empezábamos una lucha de besos apasionados, nuestras manos iban acariciando nuestros cuerpos.

Qué dulce sensación, la de sentir entre mis manos esa tela de su blusa rosada, la cual no estuvo mucho tiempo más sobre ella, la dejé solo con su top blanco, el cual resaltaba sus grandes y deliciosos pechos.

Sofía iba desabotonando mí camisa, mientras seguíamos con nuestra danza del amor.

Los besos cada vez eran más apasionados, ya no solo estaban en nuestras bocas, sino recorrimos nuestros cuellos y yo iba tras sus pechos, Sofía hacía lo mismo.

Nuestros zapatos volaron por algún lado, mientras intentaba zafar su pantalón, el mío cayo primero, yo tuve que esforzarme por bajar el suyo que estaba ceñido a su cuerpo, para lo que me agaché un poco, para quedar mi nariz a la altura de su entrada a la perdición, la cual besé por encima de unos provocativos calzones blancos.

Ya prácticamente desnudos los dos, la llevé a la cama, donde ella recostada esperó que yo subiera a su lado.

Le besé todo el cuerpo de forma literal, mientras acariciaba y recorría con mis manos cada centímetro de su piel. Ella se dejaba mientras de su boca salían algunos gemidos de pasión y sentía que su cuerpo se estremecía cuando mis labios tocaban alguna parte en especial.

Subí a sus labios, mientras mi mano bajaba a sus labios vaginales, y buscaba jugar con su clítoris, empecé alocando sus labios vaginales y luego intentando introducir mi dedo índice, costó un poco pero luego entró con facilidad, debido a la excitación que tenía Sofía.

Con un dedo estaba llevándola a la gloria, mientras nos besábamos de la manera más dulce y apasionada posible, en momentos bajaba a besar sus pechos, hasta que mi dedo medio quiso acompañar el juego y ahora eran dos los que entraban y salían por su vagina, yo los veía entrar y salir, entrar y salir, mientras Sofía se retorcía de excitación, viraba los ojos y me decía que ya no puede más.

Sentí mi mano mojarse, Sofía había tenido su primer orgasmo de la noche, esto estaba por empezar.

Yo jugaba con su vagina, cuando ella se soltó, me viró y quería estar sobre mí. Se colocó sobre mi cuerpo y restregaba su vagina sobre mi miembro, sin entrar, yo sentía como me mojaba todo, mientras me acariciaba todo el cuerpo y no dejaba de besarme. Yo la besaba y acariciaba, especialmente sus caderas, que deliciosas caderas.

Sofía quería sentirme dentro suyo y mientras jugábamos intentó introducirse mi miembro, el cual ingresó sin ningún problema como dueño y señor de ese lugar tan especial.

Sofía me cabalgaba como poseída, mientras sus manos estaban en mi pecho y ella sentada sobre mí. Yo aprovechaba para acariciar sus pechos a manos llenas, de vez en cuando Sofía me brindaba de uno en uno sus senos, para que yo hiciera lo quisiera con mi boca.

Pronto la sentí convulsionarse y terminar mientras me decía cuánto me amaba, y lo feliz que era.

Yo le decía igual, mientras aguantaba lo que más podía, al ver que ella terminó antes, decidí ir por más.

La bajé de mí y la recosté de lado, me puse a sus espaldas y me dijo:

—¿Que vas a hacer? Seguramente con miedo de que quisiera entrar por su ano.

—Tranquila le dije, mientras la abrazaba y besaba, noté inseguridad en ella y para calmarla me bajé un poco, mi miembro entre sus piernas buscaba su vagina, su rosada y mojada vagina.

Sofía entendió lo que intentaba y se fue relajando, mientras logré ingresar nuevamente, a modo de un perrito acostado. Nuevamente cogimos el ritmo y ahora me gritaba

—No sabía que se podía hacer esto, wow, woow wooooo .... ow

—Dime si te gusta amor, le decía

—Sigue papito, te amo taaanto, eeeres miiiiio, mientras la bombeaba desde atrás.

Estuvimos un rato así, hasta que saqué mi miembro, y la recosté boca arriba.

Abrí sus piernas y las levante a modo de compás, y la jalé al filo de la cama, yo parado en el suelo y al filo igual para empezar a ingresar en ella nuevamente

—¿Que haces? Me gritaba mientras seguía gimiendo de placer

—Siennto que me estaaas usando, creo que assi lo deeben hacer las mujeerzuelas, entre gemidos decía

—No amor, solo estoy dando rienda suelta a mi imaginación, mientras seguía en el bombeo, sentía que mi miembro ya dolía de tanto entrar y salir

—Siiigue que siennto quue mme mueeero, vooy aaa explotaar, me dijo

—¡Yo también!!!

Está vez terminamos los dos a la vez, yo sentía estremecerme mientras expulsaba todo el semen que podía, a la vez que sentía como llenaba su útero, aquel útero donde alguna vez yo crecí ahora estaba siendo regado por mi semen.

Terminamos juntos...

Quedamos los dos rendidos, uno junto al otro, felices y exhaustos luego de tan brutal batalla.

—Primera vez que topo el cielo más de una vez, me decía excitada e incrédula todavía Sofía

—Todavía no terminamos preciosa, le dije, mientras le guiñaba el ojo. Déjame tomar fuerza y verás.

Nuestros cuerpos sudados y agotados, quedaron tendidos en la cama por un tiempo.

Antes que se durmiera Sofía, la invité a darnos una ducha, la llevé de la mano mientras contemplaba el pedazo de mujer con el que estaba, la música seguía sonando, la habitación olía a sexo y pasión.

En la ducha, nos bañamos juntos, y aproveché para acariciar todo su cuerpo y jabonarlo como ella lo había hecho alguna vez conmigo.

La refregué toda, y ella hizo lo mismo conmigo, mientras estaba en lo mío mi miembro se ponía duro nuevamente, debido al tremendo deseo que tenía por ella, me agaché para fregarle las piernas y aproveché para besar su vagina. Me quedé ahí un momento y empecé a hacerle un sexo oral, ahí mismo en el baño.

Sofía se apegaba a la pared, mientras yo la llevaba al cielo nuevamente, mi lengua acariciaba sus paredes internas y jugueteaba con su clítoris, como un gato juega con una pelota, la escuchaba gemir y sabía que se vendría pronto, debido a los espasmos que estaba teniendo. Sentía sus piernas se volvían flácidas.

No demoró mucho, y la hice correr nuevamente, era la cuarta vez en la noche. Ella me veía con unos ojos extraviados e incrédulos. Y yo me sentía el mejor de los amantes.

Pero todavía faltaba el yacusi ....

La sentía desfallecer, pero con la mejor de las sonrisas, luego de haber sido satisfecha por cuatro ocasiones seguidas esa noche. Mi intención era lograrlo una vez más y vaciar por completo mi esperma en su interior.

Salimos de la ducha, los dos completamente desnudos, Sofía quería dirigirse a la cama para reponerse, pero yo la llevé al yacusi. Ingresamos y procedimos a recostarnos, mientras abría las llaves para que comenzara a llenarse y burbujear el agua, el agua era caliente, pero más calientes estaban nuestros cuerpos luego de tanta pasión.

Sofía se recostó y me dijo que era una sensación deliciosa la que sentía allí, yo me recosté al contrario de ella y la veía relajarse, en cuanto la sentí que estaba como adormitándose, me acerque a ella por sus piernas, me refundí en el agua y acerqué mi rostro a su vagina, no tenía mucho tiempo, pues bajo el agua no se puede respirar.

Sentí sus piernas abiertas y pasé mi lengua por su vagina, mientras Sofía se despertaba y me veía, con ojos incrédulos, y me decía:

—No puede ser, ¿quieres más todavía???

—Una última vez amor, le dije

—Yo no creo poder soportar tanta pasión, me dijo, ¿de donde sacas tanta fuerza?

—Es mi deseo por ti, le contesté, mientras la besaba, y me sentaba junto a ella, mientras mi mano buscaba su vagina y empezaba una nueva sesión de masturbación.

Y como no aguantar tanto, si era mi deseo acumulado de tantos años por ella, que ahora eran realidad, y ya no eran unas fantasías, que se convertían en verdad. Una serie de ideas, sueños eróticos, fantasías sexuales, morbo acumulado, y deseo reprimido por tenerla, por poseerla, siempre de la manera correcta, nada de masoquismo o sexo fuerte, siempre apasionado y amoroso, pues ella se lo merecía.

Pronto la sentía estremecerse nuevamente entre mis manos, mientras yo besaba su boca, su rostro, su cuello, y bajaba hasta sus pechos, que de tanto mamarlos, los sentía más flácidos y colorados.

Mi mano hacía de las suyas en su parte baja, entraba y salían dos dedos de ella, y jugaba con sus paredes y su clítoris, pues ahora ya la conocía a la perfección, sabía por dónde estar.

Ella gemía y se retorcía, ya no tenía fuerzas para resistirse, solo se entregaba a la pasión desbordada que nos unía. La sentía estremecerse, signo de que estaba por terminar por última vez esta noche de lujuria.

La hice arrodillarse boca abajo y apegarse al filo del yacusi, posando sus redondos pechos en el filo del yacusi, sus brazos cruzados soportaban su cabeza, mostrándome su redondo y perfecto trasero, le abría sus piernas y busqué con mi mano la entrada a su vagina.

Yo me arrodillé detrás de ella y coloqué mi miembro en su vagina para empezar una última bombeada. No sé si por el calor del agua, o por la pasión, pero nuestros cuerpos hervían como nunca.

Yo la bombeaba como el macho que me sentía con ella, ella solo gemía, y se retorcía como una loca. En eso empezó a gritar, por primera vez en nuestros encuentros sexuales. Pero no gritaba malas palabras ni nada por el estilo, sino eran sus gemidos convertidos en gritos, un “!!AAA aaaa AAA!!!!” continuo, imparable.

Yo sentía como entraba y salía de ella, como si fuera la última vez que lo haría. Como si mi vida dependiera de ello. Entraba y salía una y otra vez, en ritmo acelerados, cada vez más acelerados y fuertes, como si quisiera volver a entrar a ese lugar del cual había salido alguna vez, al momento de nacer.

Sofía se convulsionaba entre mis manos, y su trasero soportaba mis brutales embestidas, por mi parte no quería olvidarme que ella era mi madre, y eso me tenía como loco.

—¡ya no aguanto más!!, me gritó, ¡termina yaaaaaaa!!

Y así lo hice, aumenté el ritmo y provoqué una explosión incomparable, inmejorable, vacié todo lo que me quedaba dentro de ella. Sentía pasar mi líquido seminal por mi uretra y vaciarse por completo mis testículos, sentía como mi glande abría su boca para expulsar un gran chorro de semen, reservado solo para ella.

—¡Aaahhh!!!  ¡ohhhhh, ahhhh!!  Gritamos los dos.

Mientras nuestros cuerpos terminaban de convulsionar, y yo la mantenía lo más apegada a mí, como si no quisiera soltarla nunca, Sofía tensaba su vagina y su trasero, apegándolo lo más posible hacia mí.

Terminamos, juntos esta vez, ella por cuarta ocasión y yo por segunda vez esa noche.

Salimos juntos del yacusi, mientras lo dejamos vaciarse. Y nos dirigimos a la cama, nos recostamos juntos, ninguno decía nada, tuve que hacerla apoyarse en mí, pues la sentía desfallecer.

Nos recostamos y nos abrazamos, nuestros cuerpos agitados no podían calmarse.

Por fin, casi al unísono dijimos “¡Te amo!”, un beso sutil y nos dormimos abrazados y completamente satisfechos.

Al otro día nos dormimos de más, casi despertamos al medio día, eso porque el encargado del motel nos llamó al teléfono de la habitación par a preguntarnos si todo estaba bien.

Nos vestimos, cancelamos todo y salimos rumbo a la ciudad. Paramos a desayunar, mientras la pasábamos de lo más bien, reíamos, nos molestábamos, nos besábamos, nos abrazábamos, éramos la pareja perfecta.

Los “Te amo”,  sonaban a cada instante en nuestras bocas, por fin sentía a Sofía como mi mujer, solo mi mujer, atrás había quedado su imagen de madre abnegada, ahora y para siempre sería mi mujer.


Esta obra está bajo una .

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