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Verónica, una lectora que se convierte en uno de mis relatos - Parte 3


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  • Verónica de 18 años, convence a su amiga Lizbeth para que concierte un encuentro sexual con el mismo hombre de 49 años que le dado mucho placer cuando le quitaba su virginidad… ¿Será que llegaran a hacer un trío?

    Por la tarde, ya estando a solas en la suite del hotel, todavía podía respirar el olor del perfume de Verónica.  Sé que esto me pasa cuando realmente me ha gustado una chica y quedo con esas ansias juveniles que el siguiente día llegue pronto.  Doy un vistazo al baño y puedo ver las toallas con evidencia de mi semen mezclado con los jugos vaginales y aquel rasgo de sangre cuando le limpié la panochita y posteriormente el rico culo de Verónica.  Me sorprende que esta linda y pequeña muñequita no se haya quejado mas del dolor al ser penetrada por primera vez por ambos orificios y especialmente el de su ano, pues en mi experiencia de 49 años y las mas de 80 mujeres que me he cogido, Verónica sin lugar a dudas es la mas pequeña y la más apretada de todas.  Hizo gestos de dolor, pero al final parecía que el placer que experimento compensaba todo.

    Me fui al gimnasio del hotel a levantar pesas y de esa manera dejar de idealizar aquel momento, pues tenía ese juvenil sentimiento que le da a un viejo como yo, la posibilidad de vivir como pareja con esta linda chica, pues de alguna manera lo hablamos hipotéticamente.  Como la ardua rutina de levantar pesas por 40 minutos no me alejaban a Verónica del pensamiento, me fui a correr por la playa, con la intensión de borrar su imagen, pero sabía que a la vez me preparaba para el maratón sexual del siguiente día.  Si me había echado tres ricos polvos con Verónica en el día, pero una de las cosas que he descubierto con el ejercicio, es que me da un vigor no solamente físico pero también mental y puedo dormir plácidamente toda la noche.  Eso fue lo que ocurrió aquella noche, después de un par de copas de vino, sucumbí al ver la cama y el martes me despertaba a las cinco de la mañana.

    Descubrí que Verónica me había enviado varios textos diciendo que estaría en el restaurante del hotel para el desayuno, que su amiga Lizbeth estaba de acuerdo en conocerme y que tomaría desayuno con nosotros, pero debido a que su madre es enfermera registrada y trabaja por 12 horas consecutivas después de las cinco de la tarde, que por la mañana no podría quedarse mucho tiempo, pero si yo estaba de acuerdo, ella vendría después de las 5 de la tarde.  De esta manera imagine que el maratón sexual seria mucho mas demandante y me mentalicé para de esta manera complacer a dos chicas jóvenes, cuya vitalidad sexual solamente se pueden superar con la experiencia que me han dado mis años.

    Estoy en el restaurante como el día anterior, en esa espera que siempre me llena de ansiedad y con un nerviosismo que parezco un jovenzuelo en su primera experiencia.  He visto las fotos de Lizbeth, y parece ser una chica guapa, algo flaca y obviamente más alta que Verónica, quien parece idealizar a su amiga, pues creo que entre las dos, Lizbeth parece ser el alfa, aunque me parece que es mucho más bonica Verónica.

    Las veo llegar a las dos.  Verónica viste una minifalda azul de tela de mezclilla y una blusa de un color de un tierno durazno.  Lizbeth viene con un atuendo deportivo de pantalón rojo para sudar y su blusa blanca que de alguna manera dejan ver un bustier que sostienen firmemente sus dos pequeños pechos.  Debo decir que es bonita, algunas cuantas pecas en su rostro, cabello castaño, tez clara, ojos verdes: calculo que mide 5 pies con 5 pulgadas.  Su cuerpo se puede criticar como flaca, aunque sus glúteos resaltan con su pantalón deportivo, que creo que darán una buena vista en posición de perrito en la cama.  Pero en este momento solo comía ansias, realmente no sabía si aquella oportunidad se iba a dar.  Era el momento de conocernos y ver si esa aventura era algo que Lizbeth deseara.

    Verónica me la presenta, me levanto de la mesa para estrechar su mano.  Veo en los ojos de Lizbeth que hay una mirada de sorpresa, pero que no puedo intuir realmente si es de aprobación o simplemente se cuestiona como su amiga pudo enredarse con un viejo como yo, su mirada es algo ambigua, quizá me equivocaba y era realmente cohibida. Hablamos y mientras platicamos tomamos un jugo de naranja, pues a conocimiento que ambas venían, pues he ordenado un pichel de la bebida.  Obviamente la plática fue toda en el idioma de Shakespeare, pues Lizbeth, aunque de padre mexicano y madre norteamericana, solo maneja un idioma.  Intento que la plática sea más trivial para aminorar el nerviosismo de Lizbeth, pues Verónica por obvias razones es más libre para expresarse y es ella la que va al grano y es lo único que me pregunta en español:

    ¿Qué le parece mi amiga?

    ¡Es muy bonita! le he contestado.

    Luego Verónica se toma la libertad por hablar por Lizbeth, diciendo que porque su madre esta esperándola en casa, ella se tiene que ir, pero que está de acuerdo en regresar después de las cinco de la tarde, si es que yo estoy de acuerdo también.  Miro a Lizbeth a los ojos y contesto que estoy de acuerdo y que me agrada la idea de compartir un tiempo con Lizbeth.  Ella como que quiere evadir mi mirada, sé que no se siente confortable e intento sacarle plática en los últimos minutos de aquel encuentro.

    —Lizbeth, ¿qué estudias en el colegio?

    —Contabilidad. contesta.

    —Esta tarde, ¿gustas que te espere aquí o quieres llegar directa a mi habitación?

    —Como tú gustes.

    ¿Deseas cenar conmigo?

    —Si, podrías cenar juntos.

    —En ese caso, espérame en la sala de visitas e iremos a comer a otro lugar.  ¿Hasta qué horas estarás disponible de la noche?

    —Tengo toda la noche, mi madre regularmente regresa a eso de las 5:30 de la mañana de trabajar.

    Aquellas fueron las pocas palabras que hablamos con Lizbeth en ese encuentro que hasta el momento me parece extraño, pues aquí estoy platicando con dos lindas muñecas que apenas se acercan a su segunda década de sus vidas, para concertar un encuentro sexual, mientras Verónica a quien ya me cogí el día anterior y con quien comenzaré este maratón sexual, escucha nuestra conversación.  Por el momento aquella tensión mental se mitiga con la idea que no estarán las dos a la vez, pues a pesar que siempre he tenido mucha imaginación para los negocios y otras cosas de mi vida, me veo limitado en pensar que se puede hacer con dos mujeres a la vez.  He tenido la oportunidad de estar con dos mujeres a la vez, pero por alguna razón las he evitado.

    Ahora que las posibilidades de estar con Lizbeth por la noche se han hecho más factibles, considero que si le echo dos polvos a Verónica en una faena que puedo alargar a mi antojo, me quedará energía para dos polvos mas para intentar satisfacer a Lizbeth.  Debo reconocer que a mi edad tres polvos en tres horas son ya demandantes, pues a pesar que cuido mi dieta y hago mucho ejercicio, he notado que mi contenido de esperma se reducen después del segundo polvo.  Pero considerando el tiempo entre ambas, tengo la confianza que estaré ya energético con las ansias de descubrir como Lizbeth luce desnuda.

    De alguna manera me rio de mi mismo al contemplar este pensamiento.  Pues todos lo que están en esta edad de los cincuentas, recordaremos los siete u ocho polvos que les dejábamos ir a nuestras chicas a esa edad de los veinte.  Últimamente, solamente recuerdo una faena sexual de cinco polvos en un día, pero creo que no estaría repuesto para otra faena igual para el siguiente.  A nuestra edad es la experiencia la que nos saca a flote y es por eso que hay una gran verdad en ese dicho popular que reza, valga la ironía: Mas sabe el diablo por viejo, que por diablo.

    La verdad que el coito sexual, ese accionar físico que nos lleva al paraíso, es cuestión de unos diez minutos.  Infortunadamente para las mujeres de la edad de Verónica y Lizbeth, la mayoría de los jóvenes por su inexperiencia son eyaculadores precoces y tienen tanta energía sin control, que en promedio de dos minutos queman el primer cuete y si no tienen tiempo, porque también la mayoría de esas ocasiones hablamos de relaciones afuera del matrimonio o sin estabilidad de pareja, no tienen la oportunidad de quemar otro, puesto que el otro las posibilidades de durar más tiempo son mucho mayores.

    Yo debo realmente dar gracias a Tamara, una chica que conocí a mis 16 años y que su madre nos encontró cuando hacíamos el 69.  Ella era un poco mayor que yo, en aquel tiempo de esta experiencia ella tenía 19.  La primera vez que tuve una experiencia de sexo oral en mi vida, eyaculé en su boca en menos de dos minutos.  Ella me lo ha recriminado, pero también tuvo el cariño y la excitación a enseñarme a controlar tal exquisita experiencia.  Me la mamaba por 20 segundos y me soltaba.  Volvía de nuevo con el proceso de 30 segundos y hacía lo mismo.  Obviamente algunas veces terminaba a los 6 minutos y otras veces me la pasó mamando hasta por más de 20 minutos.  Desde aquel tiempo, ella me sembró la idea que ella debería venirse primero antes que yo.  La realidad que es una delicia acabar escuchando los gemidos de una mujer cuando se está corriendo, o por lo menos cuando uno sabe que esa mujer ha sido satisfecha. Con el tiempo me he mentalizado que por lo menos debo de mantener mi pene erecto, por lo menos dos minutos después que mi pareja llegue al orgasmo.  La mayoría habla de esa exquisita sensación de ser taladradas y algunas experimentan múltiples orgasmos, algo que los hombres desearíamos experimentar.

    Aquel día, con más confianza subimos a la habitación del hotel, Verónica se sujetó de mi brazo y tan pronto llegamos a los pasillos solitarios del hotel, comenzaron los besos que prontamente hicieron que mi verga se parara. Le pregunto si tuvo reacciones colaterales por haber ingerido la píldora del día después y lo único diferente que sintió fue el sueño que le provocó, pero no sintió otras cosas adversas.  Por lo que leímos en las instrucciones concluimos que no debería tomarla de nuevo el día de hoy, pero por seguridad si teníamos sexo el día miércoles, que hasta entonces volvería a tomar otra.

    Verónica se siente en su casa, ha encendido la televisión y de esta manera nos sentamos juntos y me conversa mientras de vez en cuando sigue con sus besos.  Le gustan esos besos de lengua, esos besos largos que sé que le excitan, al igual cuando le beso el cuello, que ahora se siente más libre pues sabe que nunca será mi intención dejarle marcas, que le puedan poner en problemas con sus padres.  Me cuenta que le ha contado todo a Lizbeth, que a pesar que ella me ha conocido y hemos intercambiado algunas palabras, para Lizbeth sigo siendo una ficción, pues no puede creer que una verga como la que le describió le haya desvirgado la panocha y su rico culo.  Ya me ha contado que Lizbeth no es virgen, pero está segura que nunca se la han cogido por el culo, de otra manera ella ya se lo hubiera contado, pues son amigas intimas, se cuentan todo.

    Aquello, no sé si Verónica intuye que me excita, saber que su amiga me pueda dar también su culo, pero me excita mas el hecho que verónica a abierto sus piernas, se sienta por sobre mis rodillas mientras yo estoy con mi espalda contra el sofá, nos damos besos tan profundos y veo su carita de excitación, que quiere que ya me la coja.  Realmente es mi deseo ardiente, pero son las 10 de la mañana y tengo que calcular muy bien mis tiempos, sino estas dos jovencitas me dejaran los testículos secos y ardiendo.  He levantado su falda que se ajusta a su bonita cadera y descubro que esta vez lleva puesto un bikini de color naranja, un poco más oscuro y brillante que el color durazno de su blusa.  Se mira exquisita esa colita que realmente me da deseo de culearla de nuevo, pero no sé si su perforado y lastimado ano pueda recibir de nuevo mi verga.  Se lo pregunto:

    ¿Me darás ese rico culito otra vez?

    ¡Lo puedes romper cuando tú lo desees!  con una voz muy sensual y sugestiva.

    Realmente Verónica me asombraba, pues de todas mis experiencias rompiendo culos, ella era la primera que estaba dispuesta en darme ese placer de nuevo en tan corto tiempo.  La mayoría o por decir las otras, siempre se habían quejado del dolor, de la incomodidad al intentarlo de nuevo en horas posteriores de haber sido desvirgadas de sus pequeños orificios.  Ahí estaba Verónica, la más pequeña, la del culo de apariencia infantil dispuesta a recibir más verga.  Tuve que preguntarle:

    ¿De veras, no te duele?

    —Ahorita no, me dolió ayer, pero si voy a pasar lo que pase ayer con esa corrida tan rica, me expongo al dolor.

    Estoy admirado y obviamente excitado que una chica tan bonita y con ese rico culo que te diga que te lo quiere dar, que ese culo es mío cuando yo lo desee.  Y mientras yo le masajeo sus lindos glúteos, Verónica sigue con sus besos, que realmente tuve la idea de llamar a este relato: Verónica, la chica de los ricos besos.

    La he llevado cargando al cuarto de la suite, donde me doy a la excitante faena de desnudarla de nuevo.  Su olor es exquisito, no sé qué perfume usa, pero me hipnotiza las neuronas y las mantiene en ese letargo de un trance donde el vibrar de sus gemidos hacen que el palpitar se acelere.  Recorro de nuevo ese bonito y sensual cuerpo de Verónica, quien yace en la cama sobre su espalda, todavía con su sostén color naranja, que hace juego con el bikini de color también naranja.  No sé si los besos le excitan tanto o lo que imagina de antemano que sabe va suceder disparan sus sentidos, pero también tengo en cuenta que esta niña me ha contado que ha tenido orgasmos en sus sueños.  Como le dije el día anterior: todo está en la mente.

    Tiene el bikini tan mojado, que un espeso liquido es evidente por sobre la parte que regularmente lleva esa tela de algodón para comodidad de quien lo usa, y su olor me atrae, ese olor que desde que lo descubrí a mi edad de 15 años, no me canso de buscar y redescubrir.  No puedo evitarlo, y sobre la tela de su bikini ya empapado de los jugos de la pequeña verónica, le he pasado mi lengua un par de minutos para volver a escuchar los gemidos de Verónica, que esta vez con más confianza frota con sus dedos mi cabeza que tiene entre sus piernas, mientras a la vez mis dedos juegan con sus pezones y vuelve la euforia de su jadeo, pues con mi lengua intento quitar esa barrera para llegar a su clítoris.  No habrá pasado más de cinco minutos cuando la luz de otro orgasmo hace que Verónica eleve de nuevo su voz: ¡Dios mío! Me vengo, me vengo, me vengo Y su pelvis intenta con enorme fuerza elevarse, y yo la contramino hacia la cama, donde ahora succiono su clítoris con todo y su calzón.

    —Tony, me tienes loca.  ¿No sabré que hacer cuando te vayas?

    —Vente conmigo si quieres eres mayor de edad.

    —Sabes, me gustaría.  Sabes que me gustaría.  Pero tú me lo has dicho y sé que tienes razón.  Lo nuestro no tiene futuro.

    —Es la verdad es cuestión de ser honestos con nosotros mismos.

    —Pero, vendrías por mí a verme…¿algunas veces?

    —Por ti vendría las veces que pueda y que tú quieras.

    Me da esa mirada de satisfecha por mi respuesta y me pide que ella quiera quitarme el pantalón, el cual todavía llevo puesto.  Lo hace dándome besos alrededor del ombligo, ella a la orilla de la cama y yo frente a ella.  Quita el botón y baja el cierre, y mis pantalones caen dejándome solamente con mi bóxer, el cual ya tiene esa mancha de mis fluidos seminales.  Verónica me los baja con una mirada de excitación, quiere volver a ver esa verga que le abrió la panocha y el culo por primera vez en su vida.  Me habla que le gusta el olor, el olor de mis fluidos seminales, los cuales con sus dedos esparce por todo mi glande para luego llevárselo a la boca.  Aquella imagen es exquisita y permito que me la mame por algunos minutos, simplemente para que ella se dé gusto, pues en mi mente está la idea de simplemente darle a esta hermosa niña, todo el placer que pueda darle.

    La invito a que por primera vez me cabalgue.  La dirijo y ella va sobre mi y creo que a ella le gusta tanto esa posición, pues al frente tiene ese espaldar de la cama, que en realidad es un enorme espejo y puede ver esa imagen que creo idealizará por un buen tiempo, pues puede ver a la vez la verga que se hundirá en su pequeño orifico.  Toma posición con una parsimonia, pues intuyo quiere guardar esa imagen en ese cerebro inquieto y juvenil y me ha tomado la verga que desesperada se mantiene bien erecta y se la pone a la entrada de ese pequeño paraíso.  Se soba delicadamente con mi glande su panochita y ve con enorme excitación como centímetro a centímetro mi verga desaparece y la tiene ahora acariciando sus entrañas.

    Aquella imagen tuvo que ser tan emocionante para Verónica que no solamente la quería llevar en su memoria, quería tener el eco de esta recreándolo con su vista y me pregunta:

    ¿Puedo tomar video de esto?

    ¿Qué pasa si alguien te encuentra esto?

    —Yo se que hacer para que eso no suceda

    Me da una explicación que para ella es segura, pero acuerdo a que seré yo quien lo tome desde mi ángulo, pues yo no quiero mostrar mi rostro en video alguno, y que si ella se quiere exponer a esto, pues ya es su responsabilidad.  Ella está de acuerdo y se baja para ir por su celular inteligente, el cual está a solo unos cinco pasos de la cama.

    Por primera vez en mi vida estaré en un video y fotografía teniendo sexo, aunque obvio, mi rostro no será parte del paisaje, pues realmente me gusta mucho mi privacidad.  Verónica me da su celular, me dice que es lo que debo hacer y es obvio que a ella no le importa que el lente apunte a su lindo rostro y su riquísimo cuerpo totalmente desnudo.  Por instrucciones de Verónica aprendo a usar esa función de acercamiento y alejamiento de la cámara incorporada a su teléfono y a punto a esa pequeña panocha que mágicamente hace desaparecer mi verga en su pequeño orificio nuevamente.

    Yo capto la escena lo mejor que puedo y la luz incorporada en el aparato ayudan a tener una buena imagen a la acción.  Por alguna razón encuentro que para Verónica aquello de grabarse es tan excitante, que gime profusamente y vuelve ese implorar de Dios, que creo que ni cuándo va a la iglesia lo implora tanto: ¡Oh Dios mío, que rico! Oh Dios que rica verga! ¡Por Dios dame verga!  y así sucesivamente es un rezar que quizá ella misma se excita y en seis minutos llega de nuevo a otro orgasmo.  Es en ese momento que me olvido que estoy fungiendo como director de cine y me olvido de la calidad de la película y mientras Verónica se da esos sentones que le llenan de placer, yo intento chocarla para que se deleite con el empujar de mi verga.  Ella minimiza los movimientos, ahora son pausados, pero siguen siendo violentos los sentones que se da contra mi verga y en menos de dos minutos vuelva esa onda de choque que le revolotean las neuronas y la hacen subir hasta el cielo.  Esta vez se olvido de Dios y su aullido es de un decir: Tony, me vengo, me vengo, me vengo otra vez.

    Toda mi parte de la pelvis está saturada de los jugos vaginales de Verónica, es exquisita ver aquella escena y yo se la estoy grabando en video a esta pequeña princesa.  Obviamente lo del concentrarme haciendo video me sacó de la concentración del juego sexual y en lo que Verónica había vivido 3 orgasmos, yo seguía con mi verga parada sin alcanzar el primero.  Obviamente lo hacía adrede, pues mi idea era sacarle algunos orgasmo a Verónica, para dejar algo de jugo por si de verdad Lizbeth se presentaba.  Aquello del video me ayudo a salirme de la excitación para no liberar esas ganas de irme.  Aun así, todo esto es lindo, ver venirse a cualquier chica es rico y excitante.  El rostro divino de excitación alcanzando dos orgasmos seguidos de Verónica, son una poesía, un grandioso poema.

    Ella ha pasado al baño, pues su entrepierna y sus nalgas están llenas de toda la lubricación que producimos.  Me limpia con una toalla alrededor de la zona pélvica y me pregunta si no me puedo ir.  Le contesto que estaba concentrado en tomar el mejor video, el cual se que quiere ver, pero a la vez ella quiere ver que me libero de esa presión que yo sé puedo extender a mi antojo, y ella me entusiasma con ofrecerme su culo diciendo:

    ¿Cómo quieres mi culo?

    ¿Vas a querer que lo filmemos?

    ¿Crees que puedes? ¿Quieres?

    Le pido que hagamos la misma posición, pues a la vez que le puedo filmar, ella puede seguir viendo a través del cristal del espaldar de la cama, la acción de cómo se le sume mi verga en su rico culo.  No lo duda ni un minuto, yo tomo su celular de nuevo, ella se acomoda por sobre de mí, y extendiendo una de sus manos para encontrar apoyo en mi rodilla, con la otra toma mi verga y se lo apunta a su precioso culito.  Yo hago las tomas cercanas y las alejo, y veo como Verónica se va enterrando toda mi verga con un signo de dolor que literalmente fusiona con la excitación de sentir mi verga completamente adentro de su pequeño ano.  Es una escena divina, rica, ver mi verga perforar ese hermoso y pequeño culo.  Me pregunta:

    ¿Te gusta?

    ¡Me encanta!

    —Mira como me tienes mira como me he metido tu deliciosa verga.

    ¡Que rico Verónica, tienes un culito delicioso!

    —Tú eres un hombre malo, eres un hombre muy malo

    — ¿Por qué lo dices?

    ¡Porque no has tenido compasión de mi culito!

    Mientras decía aquello, me daba esa mirada picara llena de excitación y a la vez, contraía sus músculos en su ano al igual que habíamos hecho el día anterior cuando en una posición similar, le desvirgaba su panochita.  Esta vez aquellas contracciones se extendieron por unos breves minutos y Verónica comenzó con ese ritmo del vaivén, sentándose en mi verga y esta vez, era ella la que tenía el control del ritmo y yo aunque excitado, de alguna manera quería captar la imagen con su celular, especialmente cuando verónica elevaba el ritmo y volvía con sus plegarias de connotaciones religiosas: ¡Dios mío que delicia!  Por amor de Dios, dame más duro.  Y en el génesis de su cuarto orgasmo de Verónica, donde los gemidos eran despavoridos con las notas diciendo: Cógeme, dame duro, párteme el culo La batería del celular se agotó y me dio la libertad esta vez de moverme violentamente y hundirle con gran fuerza mi verga, con quien me volvía a unir en esa sensación y explosión de un nuevo orgasmo.  Se sacudió enormemente y supe que experimentaba una súper nova de orgasmo.  No le deje de taladrar su rico culo, hasta que ella con señas me pidió que cesara.

    Me miró con una sonrisa sorpresiva, pues mi verga seguía erecta y potente, y a lo que de nuevo me preguntaba si no me podía ir.  Le contesto que simplemente la estoy disfrutando y que quiero experimentar una posición que nunca había experimentado antes.  Parece que eso le atrae y ella está dispuesta a complacerme, pues creo que ha saboreado orgasmos de todas las magnitudes y de todos sentidos.  Le digo que pasemos al baño a darnos una ducha y que quiero que me siga dando ese rico culo mientras nos bañamos.

    Abro el grifo para regular el agua, Verónica comienza de nuevo con sus besos y luego la agarro por debajo de sus piernas y la elevo al nivel de mi abdomen.  Ella intuyendo lo que quiero, flexiona sus músculos y encorva su cuerpo hacia atrás, y como Verónica es pequeña y de menos de 110 libras, aquella maniobra es ligera y fácil de conllevar con esta niña.  Su culo está al nivel de mi verga y con ella quien me abraza con sus piernas, la sostengo y con su culo ya bien dilatado y bien abierto, mi verga se vuelve a sumir en esa posición que nunca en mi vida había experimentado.  Es tan grande el morbo y la excitación, que se que me voy a venir y taladro ese rico culito hasta que Verónica se que puede ver mis ojos cerrarse de excitación y a la vez sentir esa corriente caliente que le cae adentro de su delicioso orificio.  Ella lo siente y me besa los pectorales, haciendo más deliciosa aquella eyaculación.

    Nos terminamos de bañar, nos secamos y observo que el culo de Verónica tiene un leve sangrado, se mira irritado, pero en broma le pregunto si me lo daría otra vez, y ella me vuelve a repetir lo que me ha dicho horas antes: Es todo tuyo, cógelo cuando tu lo desees.

    Continua

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