«La Familia de Gonzalo… 01»

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Amor Filial

(Sexo con maduras)


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RESUMEN

Dejé de amasarle las tetas para desabrocharle la blusa sacando sus tetas por encima del sostén. Mis dedos comenzaron a frotar sus grandes pezones. Los dos nos dejábamos llevar por la locura y la lujuria de momento, hasta que la voz de mi hija Mónica se escuchó fuera de su casa.


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  • Autor: Valterich73
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La Familia de Gonzalo…

 

Capítulo 1: Mi Cuñada Sonia. El Comienzo de Todo

 

Antes que nada, quiero comentar que hago esto por puro placer, ya que un buen amigo me comento que el también relata sus historias sexuales e incestuosas por internet, así que decidí escribir las mías y pedirle a él que las puliera un poco debido a que pues yo no soy muy leído.

Mi nombre es Gonzalo aun que todos en el pueblo me conocen como Chalo, actualmente tengo 50 años cumplidos, comencé en los andares sexuales muy joven, casi siendo un niño, teniendo mi primera relación de incesto con mi propia madre, pero esa es una historia trágica y dolorosa que no quiero relatar, nací en Iguala Guerrero, México, aunque después de todo lo que paso en mi casa tuve que emigrar al pueblo de Valle de Bravo, Estado de México, con apenas 14 años a cuestas.

Los inicios fueron difíciles, trabaje de todo, hasta que logre encontrar un trabajo que me gustaba y me daba a ganar buen dinerito, me convertí en taxista, dos años después de haber llegado al pueblo. Y desde entonces ha sido mi oficio principal, dos años más tarde me enamore de una mujer hermosa, con la cual me case, su nombre era Sandra, con ella forme una familia numerosa, teniendo en nuestro repertorio 6 hijos, 3 hombres y 3 mujeres, Simón, Mónica, Matías, Sandra, José y Fernanda, en ese orden y todos con dos años entre cada uno.

Durante toda mi vida me olvide de las relaciones incestuosas, ya que me habían traído muchos problemas de más joven, me concentre en mi familia y en el trabajo, mi esposa me ayudaba limpiando casas oficio por el cual la conocí una tarde cuando abordo mi taxi. Ella era originaria del pueblo, por lo que mis suegros nos cedieron un terreno, en donde fincamos nuestra casita, al principio el techo era de láminas de plástico y no había puertas, solo sabanas cubriendo los marcos, había solo tres cuartos, dos para mis hijos e hijas y el nuestro, un baño sala, comedor y una cocina.

La vida era buena, a pesar de vivir al día y no tener lujos éramos una familia unida, y gozábamos de ello. Con mi esposa Sandra el sexo era increíble, ella era una mujer guapa al menos a mí me lo pareció siempre, con 1.75 de altura, 60 kilos de peso, cara ovalada, ojos verdes, nariz chata, boca pequeña, labios delgados, cuello largo, tés blanca, cabello castaño claro hasta la mitad de la espalda, senos medianos, cadera ancha, nalgas gordas y firmes, piernas largas y bien formadas, no había alguien en el pueblo que no me envidiara a la hora de salir a la calle. Sandra era una mujer dispuesta, le gustaba experimentar a pesar de vivir en un pueblo, llegamos a tener sexo vaginal, anal, oral, me cogía sus tetas cada que podía, usábamos juguetes sexuales, nos gustaba el sado, y hasta pensamos en intercambiar pareja alguna vez más nunca lo realizamos. Nunca entendí como es que tuve la suerte de que se casara conmigo, yo no soy un galán ni mucho menos, mido 1.80 soy moreno, cuerpo mediano sin mucha panza, sin mucha belleza física pues, pero si dios no me la dio, al menos me dio algo para compensar. Dotándome de una herramienta masculina bastante buena, la cual en su máximo esplendor tiene 22 centímetros de largo, 6 de ancho y un par de huevos que hasta hoy no dejan de producir litros de semen.

Todo cambio cuando la vida nos arrebató a mi esposa Sandra, en un accidente carretero, cuando regresaba de visitar a sus padres, hace ya 20 años, a mis 40 años me convertí en viudo, todos en la familia sentimos mucho la muerte de Sandra mi esposa. Pero a pesar de ello nos mantuvimos unidos, mis dos hijos mayores Simón quien en ese entonces rondaba los 20 años y Mónica con 18 estudiaban y trabajaban para ayudarme con los gastos de la casa y sus hermanos.  Entre los dos sacábamos adelante a la familia, mientras que los demás seguían con la escuela.

Mi vida como era de esperarse se volvió un caos, entre alcohol, putas, parrandas y demás vicios comencé a descuidar a mi familia, una noche estando ebrio y en pleno desvarió estacione el taxi frente a la que suponía era mi casa, llorando y perdido en alcohol pase la noche en el taxi. A la mañana siguiente unos golpecitos en el vidrio me despertaron del letargo.

—Chalo! ¡Chalo! ¿Estás bien? Chalo contesta -decía una voz femenina muy parecida a la de mi mujer.

Por un momento creí estarme volviendo loco, como pude abrí los ojos bien frotándomelos para enfocar a aquella mujer que me hablaba, la luz del sol hacia más difícil ver quien era. Hasta que por fin mis ojos se adaptaron al resplandor y vi a mi cuñada Sonia la hermana menor de mi fallecida esposa. A la cual su marido o el padre de su hija la abandono por ir en busca del sueño americano, y yo creo que se le cumplió porque nunca volvió.

Baje el vidrio y el tufo de alcohol salió de inmediato, la cara lastima de mi cuñada lo decía todo.

—Gonzalo! ¡Mira nada más como estas! ¡Ándale ven a darte un baño! ¡Tus hijos te deben estar buscando!  – dijo Sonia abriendo la puerta del taxi.

Como pude baje del auto aun ebrio, por lo que Sonia me ayudo a entrar a su casa, me di un baño recuperando un poco la noción de las cosas, Sonia ya preparaba el desayuno el olor de los huevos rancheros me hizo ir en busca de mi cuñada. Al verla en la cocina me trate de disculpar con ella.

—Perdóname Sonia! ¡Pensé que estaba frente a la casa! No quería… - decía, pero me interrumpió.

—Deja de decir tarugadas, ¡no te das cuenta de lo que le haces a tus hijos y al recuerdo de mi hermana andando así! ¡Ándale siéntate y desayuna algo!  – dijo ella molesta.

Los dos desayunamos sin decir palabra alguna, hasta que explote en llanto recordando sus palabras.

—¡Tienes razón, cuñada! ¡Pero es que me siento tan solo!  – dije quebrado en llanto.

Sonia se conmovió al verme así, por lo que levantándose de la silla fue y me abrazo dándome consuelo.

—No está solo! ¡Chalo! ¡Me tienes a mí! ¡A tus hijos!  – dijo susurrando en mi oído.

Aquello me llego como agua en el desierto, mis brazos la rodearon por la cintura, por lo que termino sentada en mis piernas, nuestras caras quedaron muy cerca, las miradas de ansiedad por el momento incomodo se notaban en los dos.

—Perdón Sonia! No quise… - no me dejo terminar cuando sus labios se embarraron en los míos.

Después de habernos besado apasionadamente, los dos no supimos que hacer, por lo que ella se levantó de mis piernas y camino hacia el fregadero intentando lavar los trastos. Me levante de la silla y sin darle tiempo a nada me abalance sobre su cuerpo. Sonia es una mujer guapa, con ojos verdes iguales a los de mi mujer, tés morena clara, cabello castaño obscuro, boca grande con labios gruesos, nariz fina, cara ovalada, unas tetas enormes y algo caídas, cintura definida, un culo gordo y levantado, piernas hermosas como las de mi Sandra.

Tomándola por la cintura, la pegue a mi cuerpo sin dejarla escapar del agarre.

—Gonzalo! ¿Qué haces?  – exclamo intentando zafarse.

—Porque me besaste? ¿Y ahora me preguntas que hago? ¡Creo que sabemos que los dos necesitamos de esto!  – dije mordisqueando su cuello y oreja.

Sonia, se resistía tomando mis brazos con las manos intentando apartarlos de su cuerpo, mi verga se endureció de golpe debido a su culo rozándola.

—Gonzalo! ¡No! ¡Mi hermana!! ¡No!! ¡Chalo! ¡No puedo!!  – decía gimiendo al sentir mi verga entre sus nalgas.

—Mamita! ¡Los dos estamos solos! ¡Y creo que a tu hermana le parecería mejor que fueras tu quien me hiciera feliz y no otra!  – dije perdido en la locura.

Mis manos subieron de golpe tomando sus tetas, ella dejo de resistirse un poco frotando mi verga con sus nalgas y pasando sus brazos por mi cuello alborotándome el cabello.

—Chalo! ¡Uh! ¡Así cuñado! ¡Uh! ¡Que rico!  – gemía diciendo Sonia.

Deje de amasarle las tetas, para desabrocharle la blusa sacando sus tetas por encima del sostén. Mis dedos comenzaron a frotar sus grandes pezones. Los dos nos dejábamos llevar por la locura y la lujuria de momento, hasta que la voz de mi hija Mónica se escuchó fuera de su casa.

—Tía Sonia!!! – grito mi hija.

Los dos son apartamos, ella se vistió de nuevo se arregló el cabello y salió a ver a mi hija. Yo me quede sentado en la cocina arreglándome el cabello e intentando que mi verga bajara de tamaño. La casa de mi cuñada Sonia está ubicada a una cuadra de la mía, por lo que es fácil llegar caminando desde mi casa. Mónica entro acompañada de Sonia, sabía que venía la letanía de siempre, por lo que me prepare para ello. Esa mañana entre las dos me hicieron jurar en la iglesia que no volvería a beber, con lo que mi vida mejoró, pero había algo que me tenía inquieto, las nalgas de Sonia mi cuñada.

Paso cerca de un mes después de aquella mañana en la que Sonia y yo nos tocamos, mismo tiempo en que fantaseaba con su cuerpo. Una tarde mientras regresaba de un viaje, la vi caminando hacia su casa, me detuve a su lado, sonando la bocina para llamar su atención.

—Sonia! ¡Te llevo!  – dije.

Ella lo pensó un poco, pero al fin subió al taxi. En un principio nadie decía nada, solo nos mirábamos fugazmente cuando el otro miraba hacia otro lado.

—Y cómo has estado, ¿vienes del trabajo?  – pregunte rompiendo la tensión del momento.

—Bien! ¡Gracias! ¡Si vengo de la chamba! ¡Y tú que tal ya te ves mejor Chalo!  – dijo mirándome a los ojos.

—Si ya mejor! ¡Llevo un mes sin gota de alcohol! ¿Como ves?  – dije gustoso.

—¡Pues que bien, me alegro por ti y por tus hijos!  – dijo sonriente.

Llegamos hasta su casa, ella tomo sus cosas y abrió la puerta del taxi, de momento se detuvo, volteo a verme fijamente.

—Aquella mañana porque me dijiste eso, en verdad crees que mi hermana este contenta con que yo ocupe su lugar? – pregunto directa.

—Pues no veo porque no! ¡Eres su hermana, eres su familia! ¿Qué mejor que la familia no?  – respondí.

Ella bajo del taxi caminando por enfrente del mismo. Abrió su puerta y se quedó parada antes de entrar, me miro por unos segundos y cerró la puerta. Al día siguiente la espere afuera de su trabajo, al salir y verme ahí, sonrió amablemente, abrió la puerta del taxi y subió.

—Hola cuñado! – dijo sonriendo.

—Buenas tardes cuñada! – respondí.

Arranque tomando camino hacia su casa, al llegar abrió la puerta del taxi, bajo camino hasta la entrada de su casa, abrió la puerta, volteo a verme, sonrió y dijo.

—Qué esperas te invito un café!

Como alma que lleva el diablo baje del auto y entre cerrando la puerta. Al entrar note que la casa estaba en silencio por lo que pregunte.

—Sonia! ¿Y Bety?  – dije.

—A de estar con Mónica! ¡Ya sabes que son uña y mugre!  – respondió desde la cocina.

Entre a la cocina mirando el trasero de mi cuñada, la calentura me invadió en ese momento, comencé a frotarme el pito por encima del pantalón, llego el momento en que mi erección era evidente, al voltear Sonia miro aquella carpa de circo que traía debajo del pantalón, sonrió caliente y volvió a su posición de antes. Di unos pasos anunciándole que me acercaba a ella. Su cuerpo se tensó cuando mis manos le agarraron las nalgas.

—Chalo!! Ahhh! ¡Así no más! ¡Y ya!  – dijo jadeante.

—Así no más qué? Soni! – pregunte.

—Así no más me agarras las nalgas sin si quiera un besito! – dijo ella girando un poco la cara.

Le di un beso suave en sus labios, mientras que mis manos amasaban sus nalgas gordas. Poco a poco subí por su cintura hasta sus chichis, apretándolas por encima de su blusa.

—Chalo! ¡Nos va a cachar Bety! ¡No tarda en llegar!  – susurro.

—Pus tu dime y vamos a algún lado! – respondí.

Me separo de ella dándome con empujón con las nalgas, le apago al agua que había puesto en la estufa, tomo su chamarra y salimos de su casa. Maneje por unos minutos ya que a ella no le parecía ir a un hotel, ya que en el pueblo todos nos conocían, por lo que su sugerencia me dejo sin palabras.

—Vamos a casa de mi mama! ¡Yo sé de un lugar donde podemos estar solos y sin que nadie nos moleste!  – dijo acariciándome la cara.

Llegamos a la casa de mi suegra, ella es una mujer mayor y vive sola por lo que al entrar Sonia me pidió que la esperara en la cocina, fue a ver a su mama y después de unos minutos volvió.

—Ven chalo! ¡Por aquí!  – dijo tomándome la mano.

Salimos de la cocina por la parte de atrás, caminamos hasta lo que suponía era un cobertizo de herramientas, ella abrió la puerta de madera la cual chirrió al moverse.

—Se va a dar cuenta tu mama! – dije asustado.

—Ja! ¡Hace cuanto que no vienes Chalo! ¡Mama ya está más sorda que nada!  – dijo riendo.

Entramos al cobertizo, Sonia camino hasta el final haciéndome señas para que la siguiera, al llegar señalo el piso, una gran aldaba se veía entre un poco de paja, la tome y jale con fuerza. Esta abrió una puerta grande que conducía a una escalera. Bajamos despacio por que la oscuridad no nos dejaba hacerlo más rápido.

—Espero que el pinche foco funcione! – exclamo al accionar el interruptor.

Por suerte el foco funciono bien, lo que vi me dejo sin palabras, el cuarto que era un sótano del que no sabía hasta ese día, estaba cubierto de posters de mujeres desnudas, una pequeña un catre y muchas revistas porno de una mesita.

—Que carajos es esto? – pregunte sorprendido.

—Es el cuarto de mi papa! ¡más bien el cuarto secreto de mi papa!  – respondió persignándose ya que mi suegro había muerto antes que mi esposa.

—Y que hacia aquí? – dije analizando todo el lugar.

De inmediato vi que Sonia bajo la cabeza, sentándose en el pequeño catre.

—Debes saber la verdad! ¡mi papa era mi hombre cuando Juan se fue!  – dijo algo apenada.

Lejos de asombrarme por lo que había dicho y ya que yo también sabía lo que era el incesto, respondí.

—Afortunado el viejo! ¡Oye y Sandra!...

—No ella no lo hacía con papa! ¡solo yo!  – respondió.

Camine hasta sentarme a su lado, la abrace por los hombros recargando su cabeza en mi pecho.

—Yo también tengo un secreto Soni, ¡me cogí a mi madre cuando era un niño! ¡Por eso mi padre me echo de la casa!  – dije besándola en la frente.

Dicho eso Sonia me miro buscando mis labios, la bese y comenzamos a tocarnos. Mis manos desabrochaban su blusa y ella hacia lo mismo con la mía. Nos levantamos para seguir con los pantalones, quedando solo con la ropa interior. Su cuerpo lucia bastante sabroso, con algunos kilitos de más pero no importaba, la acaricie por unos minutos después de quite el sostén, dejando que sus chichis gordas salieran a tomar aire, de inmediato las tome amamantándome de ellas.

—Ahhh! ¡Chalo! Mmm! ¡Si! Ahhh! ¡Síguele chúpame las chichis! ¡Cuñado! ¡Ah! Muhh! – pujaba Sonia.

Su mano frotaba mi reata con suavidad mientras que yo seguía chupando sus tetas. De momento sus manos bajaron mi ropa interior, dejando que mi verga dura y gorda saltara de dentro.

—Pa su madre! ¡Chalo! ¡Dios mío! ¡Que vergota tan rica!  - exclamo al ver mi herramienta.

—Uy! ¡Ahora sé porque Sandi, nunca se quejó de ti!  – prosiguió.

Su mano me empezó a masturbar mientras que mis labios le besaban los senos y el pecho.

—Soni, que ricas chichis tienes! – dije disfrutando de sus senos.

Sonia giro de golpe colocándose de perrito sobre el catre, sin decir nada. Su pucha es enrome, y cubierta de vello, un poco ennegrecida pero sabrosa, su culo por igual muy negro pero apetecible. Me puse de rodillas para darle unas chupadas a ese papayón loco. Mi lengua paso por lo largo de su vagina, logrando que Sonia se estremeciera y pujara.

—Uhhh!!! ¡Rico!!!  – pujo al sentir mi lengua en su sexo.

Seguí lamiéndole el chocho, por varios minutos, para después lamerle el culo.

—Ahhh!! ¡Chalo! Ahhh! ¡que ricura de lengua tienes! ¡Y esa vergota! ¡Uh! ¡Ya métemela!  – dijo Sonia.

No hice caso inmediatamente a sus suplicas y seguí mamando ano y chocho por otro rato, hasta que sus jugos se derramaron por primera vez, sus pezones saltaron de golpe haciéndose más grandes de lo que son. Deje que terminara de disfrutar su orgasmo, para después ponerme de pie colocándome detrás de ella, tome mi pene apuntándolo a su vagina, deje que mi glande tocara a la puerta.

—Ricura! ¡Ahí te voy!  – exclame morboso.

—Dámelo chalo! ¡Ya!  – exclamo Sonia.

Empuje un poco y sin problema mi glande desapareció dentro de su peludo sexo, poco a poco todo mi garrote se comenzó a introducir en la vagina de mi cuñada, el placer y el calor de su sexo me hicieron sentir feliz como hacía mucho no estaba, sexualmente hablando claro está.

—Ohh!! ¡Chalo uhh! ¡Que sabrosa! Uhmmm! ¡Así chalito dame despacito! ¡Uh! ¡Quiero saborear ese pito rico! ¡Ah!  – decía mi cuñada.

—Mamacita! ¡Uh! ¡Que rico chochito! ¡Me lo voy a comer todo! ¡Uh!  – respondí morboso.

Mis manos frotaban sus nalgas gordas mientras mi verga comenzaba a entrar y salir de su chocho húmedo y caliente. Sus tetas comenzaron a bailar al ritmo de mis penetraciones, primero despacio y después se agitaban locamente.

—Uh! ¡Uh! ¡Chalo! ¡Así! ¡Papacito! ¡Uh! ¿Así te gusta Sonia? ¿Uh? ¡Aja! ¡Me gusta tu verga dura y gorda en mí! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Mas! ¡Así!  – gemíamos los dos.

¡De pronto mi verga salió por completo de la pucha de mi cuñada con un sonoro plop! Mi verga quedo embarrada entre sus nalgas.

—Hay! Wey! ¡Uh!  métemela chalo! ¡Métemela!  – decía pujando.

—Pero móntate Sonia! ¡Quiero chuparte las chichis!  – exclame.

Rápidamente me dio vía libre para recostarme sobre el catre, que por cierto chirriaba bastante. Pasando una de sus piernas por encima de mi cuerpo se montó sobre mi pene, ella misma dirigió la penetración.

—Ohh! ¡Dios que rico pito! ¡Mejor que cualquiera que haya probado en mi vida!  – dijo sentándose en mi verga.

Sonia subía y bajaba despacio gozando cada centímetro de mi pito, me aferre a sus tetas apretándolas entre mis dedos.

—Que mi hermana me perdone! ¡Pero que rico pito tienes cuñado! ¡Ah! ¡Me encanta! Uhh!  – susurro mi cuñada recordando a su hermana.

—Pues cómetelo todo! – respondí jadeante.

Sus nalgas comenzaron a rebotar con más fuerza sobre mi cuerpo, el sonido que tanto me gusta comenzó a escucharse en la habitación; ¡plap! Plap! Plap!...

—Oh! ¡Oh! ¡Así mi amor!  uh! ¡Que sabroso! ¡Uh Sonia! ¡Cómetela toda! ¡Mamita! ¡Uh! ¡Aja!  – gemíamos ambos.

Mi culada dejo de propinarse tremendos sentones, para mover solo la cadera encima de mi verga, de adelante hacia tras y en círculos.

—Oh! Sonia! ¡Qué bien te mueves! Uhh! ¡Síguele! ¡Ah!  – decía yo al sentir como mi pito se retorcía dentro de ella.

Así estuvimos otro rato largo, hasta que se desplome encima de mi víctima de su segundo orgasmo de la tarde. Su respiración agitada y el sudor de su cuerpo me hacían sentir que estaba en la gloria. Permanecimos así por unos minutos para después girar sobre su espalda y sin sacarle la verga seguir con las bombeadas.

—Chalo! ¡No tienes llenadera! ¡Uh! ¡Ah! ¡Si papito! ¡Mas! ¡Cógete a tu cuñada putita!  – gemía Sonia.

—Eres mi putita? ¿Mm? ¿Serás mi putita?  – pregunte mientras la penetraba.

—Aja! ¡Lo seré cuando quieras y necesites!  – respondió.

Le seguí propinando tremendas embestidas a su sexo, hasta que decidí sacar al pervertido que en realidad soy, saque mi verga de su sexo, montándome sobre ella le pedí que se juntara las tetas, poniéndole la verga tiesa en medio de sus chichis.

—Uh! Chalito mi amor! ¡eres un cabrón! ¡Me gustas! ¡Ah! ¡Ah! ¡Si! ¡Papito! ¡Ah que rico se siente y ve!  – decía mi cuñada al ver como mi garrote salía por en medio de sus tetas.

— Chúpame la cabecita cuando salga mamita! – exclame.

Ella lo hizo sin durar un segundo, chupaba y lamia mi glande al salir de entre sus tetas. Después de unos minutos más, le deje ir la verga dentro de la boca.

—Ahhh! Sonia! ¡Chúpamela! ¡Traga verga mamita!  – exclame sintiendo su lengua saboreando mi garrote.

—Mmhhgg! Mmmhggg! Mmhhhgg! Ahhhh! Mmmhhggg! Mmmhhggg! Mmhhgg! – se escuchaba salir de su garganta.

Mi culada no es la mejor mamadora del mundo, pero lo hace bastante bien, en ese momento ya perdidos en la lujuria y el deseo, Sonia se comía la mitad de mi verga sin hacer gestos.

—Ahhh! ¡Esta gorda! Ummm! ¡La tienes bien grande chalo! ¡Más que la de juan o mi papa!  mmmhggg! Mmhhgg! Mmhhgg! Ahhh! ¿Te gusta que te la mame papito?  – preguntaba y gemía.

—Uy! ¡si! La mamas rico Sonia! ¡Cómetela toda!  – dije lujurioso.

—Toda!! Uyy! ¡A ver si puedo!  – dijo jalando aire.

Se metió lo que hasta ese momento se tragaba en la boca y poco a poco comenzó a entrar más hasta lograr tres cuartas partes dentro. Las arcadas de su garganta y su panza contrayéndose me indicaban que se ahogaba con mi garrote.

—Así mamita! Uhh! ¡Ya casi Sonia! ¡Ya casi!  – dije viendo como mi verga se hundía en su garganta.

Los ojos de Sonia saltaban de sus orbitas, poniéndose rojos y llorosos. Sus manos palmearon mis muslos, señal de que ya no podía más. Saque mi verga de inmediato de su garganta, dejándola respirar de nuevo.

—Hay güey! No te pases la tienes bien gorda, ¡casi me matas! ¡Chalo!!  – exclamo cuando tuvo aire.

Gire para hacer un 69 inverso, dejándole mi pito en la boca, mientras mis dedos y lengua hurgaban en su vagina, los gemidos de los dos parecían una sinfonía del mejor compositor del mundo.

—Uh! ¡Uh! ¡Chalo! ¡Métemela de nuevo papito! ¡Si! ¡Por fa! ¡Ah! ¡Uh!  – gimió Sonia.

—Pero por el culo! – exclame.

—Uyy! ¡Por el chiquito! Ummm! ¡Bueno, pero despacito! ¡Porque hace mucho que no me lo hacen! ¡El último fue papa, imagínate!  – respondió.

La acomode boca abajo metiéndole un cojín en el estómago, le pedí que se abriera las gordas nalgas para dejarme ver mi blanco, apunte mi verga a su ano. Al hacer contacto con su culito ella salto un poco, pero sin dejar de abrirse las nalgas.

—Ahu! Ahu! Papito estas enrome! Uuhhh!!! ¡Despacio!  – gimió al sentir que mi verga penetraba su culito.

Poco a poco mi pito comenzó a ser tragado por el agujero de mi cuñada.

—Ohh! ¡Chalo! Ummm! ¡Así papi! ¡Uhm! ¡Si la tienes bien rica!  – decía Sonia mientras se la clavaba en el ano.

Hasta ese momento solo una mujer había aguatado mi verga completa en el culito, mi amada Sandra que dios la tenga en su gloria. Sonia se convertiría en la segunda, ya con más de tres cuartas partes dentro del ano.

—Ah! ¡Que sabroso! ¡Tienes el chiquito soni! ¡Uh! ¡Apretado y caliente! ¡Como más me gusta!  – dije sintiendo como mi pubis llegaba a sus nalgas.

Mi cuñada se tapó la cara con una almohada vieja que había en el catre, ahogando sus gemidos, no sé si de placer o en ese momento de dolor, después de unos segundos sin movimiento de ninguno de los dos, por fin volvió a hablar.

—Uhy! ¡Papi! ¡Cógeme ya! ¡Me duele, pero se siente bien rico! Nada mas no me des tan duro porque me sacas la popo! – dijo graciosa.

Me empecé a mover suave, sacando la mitad de mi pito del chiquito de mi cuñada, para luego volvérselo a hundir hasta el fondo.

—Uh! Soni! ¡Aprietas bien rico! ¡Mamacita!  – exclamaba mientras me cogía a mi cuñada por el culo.

—Si? ¡Uhm! ¡Uhm! ¡Y como no apretarte papi! ¡Si la tienes enorme! ¡Uhm! ¡Así! ¡Mi amor!  déjame tus moquitos adentro! ¡Uhm!  – gemía Sonia disfrutando de mi pito.

Seguí cogiéndomela por el culo despacio, por varios minutos más, hasta que ya no aguanté más derramándome dentro de sus entrañas, justo como ella me lo pidió.

—Oohhh!! Sonia! Oohhh! ¡Ten mis mocos! Ahhh! ¡Mamita! ¡Que rico!  – gemí al venirme.

—Uhm! ¡Papito! ¡Que sabroso! ¿Me llenaste bien el chiquito? ¡Uh!  dijo ella.

Me tire encima de ella, volviendo a tomar aire y dejar que los efectos de la eyaculación terminaran, aun sin sacarle la verga del culo, mi pito no dejaba de estar duro como piedra, cosa que hasta la fecha no ha pasado. Sonia se movió inquita por deshacerse del intruso en su culo, así que me golpe se lo saque.

—Hayyy! ¡Cabrón! Chalooo!! ¡Cabrón! ¡Me lastimaste!  – grito molesta.

La tome del mentón y la bese haciendo que el dolor pasar a segundo término.

—Perdón mamita! ¡No lo vuelvo hacer!  – dije mientras la besaba y le chupaba las chichis de nuevo.

Mi verga salió con un poco de suciedad, por lo que Sonia se levantó del catre, para tomar un poco de papel higiénico que traía en su bolsa. Me limpio el pito con delicadeza, hasta ver que ya no hubiera nada de nada.

Volvimos a recostarnos en el catre, Sonia miraba mi pene aun duro, pero ya menos, su mano me acariciaba los huevos mientras me besaba despacio.

—Me gustas Chalo… volvamos a hacerlo… – dijo ella.

—Pero, claro que si… lo haremos seguido, veras… – respondí.

Los dos nos abrazamos, quedándonos en el catre un rato más, para después vestirnos y regresar a casa. Esa tarde Sonia mi cuñada se convirtió en mi amante, meses después en mi mujer, con la muerte de mi suegra. Pero la historia no termina ahí, la vida me tenía preparadas más sorpresas incestuosas…

¡Continuará!...

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